NIÑAS EN EL BOSQUE Garth Ennis es el mejor guionista de cómics que existe. Ésta es la clásica afirmación que divide a los lectores en dos bandos irreconciliables. Cada cual tiene su propia lista de escritores favoritos. Sin pensarlo mucho, la mía incluiría a Yann, Berardi, O’Donnell, Millar, Leonard Starr, Carlos Giménez, Greg, Eisner, Van Hamme...
Todos ellos son talentos sólidos que nos han brindado horas de reflexión, emoción y entretenimiento. A su lado, Ennis resulta irregular. Su talante burlón y gamberro consigue que su trabajo les parezca a muchos menos serio, menos intelectual que el de otros guionistas más valorados. Admitámoslo: el irlandés patina a menudo. Pero cuando acierta, ¡es el mejor guionista del mundo! Para muestra, algunos botones recientes.
Empiezo por el que me parece peor: The War. Es su versión de Cuando el viento sopla, la sobrevalorada novela gráfica de Raymond Briggs. Ya saben: se acerca el fin del mundo nuclear. Ennis consigue no ser tan pesado como su predecesor, el dibujo es agradable y al final todos mueren, como debe ser.
HISTORIAS DE LA GUERRA. INTEGRAL 2.
Garth Ennis, Cam Kennedy, David Lloyd, Carlos Ezquerra, Gary Erskine Aleta. Madrid, 2026
240 páginas, 29,90 euros
Sigo con sus Historias de Guerra, reedición de sus cuentos bélicos, que cuento entre lo más decepcionante de su producción. Se ha pasado años contando historias de la IIGM, un tema que
MUJERES DE PAPEL
En Navidad recordamos momentos del pasado, con sus tristezas y alegrías. También es una buena ocasión para recuperar algunos tebeos. Los dos son excelentes, los publicó Ponent Mon en 2019 y se escaparon a mi radar.
KELLY GREEN
Stan Drake y Leonard Starr
Ponent Mon. Madrid, 2019
272 páginas, 32 euros
Uno ya lo conocíamos en parte, Kelly Green. Se publicaron varios de sus álbumes serializados a principios de los ochenta, en Totem y revistas similares. Este volumen los agrupa todos, incluso los que permanecían inéditos por aquí ¡y además en B/N! Este último dato es importante porque nos permite disfrutar con claridad del fenomenal trabajo de Stan Drake, uno de los grandes en el terreno del cómic realista.
La serie tiene su miga porque ofreció al dibujante la posibilidad de quedarse a gusto después de toda una vida dibujando las aventuras de la comedida Juliet Jones. Aquellos de ustedes que la hayan leído recordarán lo entretenidísima que era la serie, un culebrón con desventuras amorosas y tramas sin fin con las que resultaba imposible aburrirse. Y además con el prodigioso trazo de Drake, de quien se cuenta que dibujaba tan bien los pelos de las chicas porque se había casado con una rubia, una morena y una pelirroja. El buen señor debía tener muchas pensiones que pagar y además ganas de dibujar bellas señoritas sin contención alguna. En ese momento entró en escena su compañero de estudio Leonard Starr, escritor y dibujante de Mary Perkins on Stage, otra tira de prensa de la que hablaremos algún día. Le ofreció colaborar con él en un jugoso proyecto internacional. Los cantos de sirena de Dargaud incluían la tradicional ligereza francesa en cuanto a la representación del cuerpo femenino se refiere. Así que Drake se zambulló en el proyecto, trufándolo de secuencias con la protagonista y otras muchas comparsas ligeras de ropa y con pocas inhibiciones. Hoy en día más de una erudita de nuevo cuño se sentirá tentada a hablar de la cosificación del cuerpo femenino y todas esas mandangas. En el contexto de la época, aquellas historias resultaban liberadoras. Recuerden: no teníamos Internet. Y Kelly era una empoderada “avant la lettre”. Una viuda de dudoso pasado que hablaba sin tapujos del sexo y que sobrevivía con ingenio en un mundo muy masculino. Al releer sus aventuras es posible que algunos aspectos hayan envejecido un poco, pero los argumentos son tan sólidos como atractivos. Del dibujo de Drake ya no se puede esperar más, es fenomenal ¡Qué pelos dibujaba este señor! Es uno de esos tebeos que hay que tener.
También “Regreso a Belzagor”, la adaptación de Silverberg a cargo del equipo formado por Thirault y la dibujante Laura Zuccheri. No he leído la novela original pero esta adaptación me ha gustado tanto que me la he pedido para Reyes. El argumento es
EL ÚLTIMO YANA
No sé qué tebeos se han comprado en lo que llevamos de año. Pero sí cual no deberían perderse: el nº 47 de la serie Ken Parker, uno de los mejores guiones que he leído en mi vida.
No es la primera vez que la serie aborda el problema indio. Si la colonización española se caracterizó por el mestizaje y la integración de los indígenas en la corona, en el norte la norma fue el exterminio. Esa tragedia se ha visto reflejada en muchas películas y ficciones. En la propia saga de Ken Parker ya se ha mostrado en incontables ocasiones la relación del héroe con los nativos, más compasiva que la de otros congéneres blancos. Los creadores italianos Berardi y Milazzo vuelven sobre el asunto para ofrecernos una nueva mirada sobre un tema que ya resulta cansino. Antes de que nadie se me escandalice debo recordar que hablo en términos dramáticos. Cuando una tragedia real se repite mucho en la ficción, acaba perdiendo su eficacia narrativa. ¿Quiere eso decir que ya no nos preocupamos por las repercusiones históricas de los hechos originales? En absoluto, pero debemos de ser conscientes de qué funciona y qué no, en una narración. En el ejemplo que nos ocupa, lo más trillado, lo menos emocionante de la historia, son precisamente los pasajes en que malvados blancos atacan poblados de indefensos indios, con sangrientas masacres de ancianos, mujeres y niños. Porque desde “Soldado azul” para acá ya lo hemos visto muchas veces. En cambio el tebeo acierta a lo grande cuando explora otros territorios menos conocidos.
Comienza con un prólogo: durante una exploración por tierras desconocidas Parker tropieza con los restos de una tribu casi prehistórica. Un patético conjunto de famélicos nativos, a punto de perecer por falta de alimentos. Les permiten quedarse con la pieza que habían cazado y, a cambio, los desgraciados les regalan unas humildes cestas. El episodio no explica nada más pero crea el clima emocional que luego presidirá todo el relato.
En el primer acto se produce el reencuentro de Ishi, uno de aquellos indios, con Parker en un pueblo donde el nativo buscaba comida. El sheriff, un claro homenaje a John Wayne que hasta se llama Duke, le salva de la multitud que intenta lincharle. El sheriff y su encantadora hija lo cuidan e intentan comunicarse con él. Otro indígena le habla pero Ishi solo reconoce el dialecto de su tribu. Se dan cuenta de los años que puede haber pasado en soledad y de que probablemente
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Penguin Random House, Barcelona, 2020.
232 páginas, 18,90 euros
NUESTRO GRAN VIAJE Agustina Guerrero abrió su blog “Diario de una volátil” hace una década. Su impacto en las redes le permitió saltar de lo digital a lo analógico y ya lleva publicada media docena de libros.
La red propicia la aparición de fenómenos muy localizados, experimentos que buscan satisfacer las necesidades de grupos concretos, ya sean nostálgicos o fanáticos de cualquier tema. Veo en las librerías una inflación de Modernas de pueblo, croquetas, bananas y similares, trabajos que a mí me aburren como a otros les repatean Los Guardianes de la galaxia. Puedo tolerar algunos lloriqueos, ataques de ansiedad y devaneos amorosos, pero pasado cierto punto digo basta, lo siento, me vuelvo con Conan. En realidad, los creadores con talento saltan con elegancia sobre las barreras de género, para disfrutar con Berardi, Lust o Simmonds basta con un poco de cerebro y corazón. Aquellas obras que consiguen atraparnos siempre nos enseñan algo sobre esos opuestos que nos fascinan. Fue el caso de Ulli Lust y su “Cómo traté de ser una buena persona”, un cómic intenso y revelador.
Guerrero no llega tan lejos en “El viaje” pero su aproximación es respetable. Por un lado el aspecto del volumen es impecable. Muy bien encuadernado, buen papel y un uso exquisito de las tres tintas, rojo, negro y rosa. La composición de texto e imágenes es perfecta, cada página un ejemplo de claridad y diseño. Si quiere usted regalar un bonito libro sobre turismo en Japón, éste es muy recomendable. Todo rezuma verdad, todo se cuenta de forma sencilla y directa. “El viaje” apareció en
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Ya saben que algunas de las mejores y más populares series europeas son del oeste: Tex, Blueberry, Jerry Spring, Comanche, Ken Parker... Recientemente nos llegaba un álbum con guión de Franz, una rareza escrita y dibujada por él y uno de sus últimos trabajos. No es un autor al que yo prestara mucha atención. Tuvo la mala suerte de continuar sagas iniciadas por monstruos como Hermann, a quien sustituyó en Yugurta, o Jijé, en Jerry Spring. De repente apareció en las estanterías Wyoming doll, un volumen que abordaba de manera realista un tema clásico del cine, el de los niños blancos secuestrados y criados por los indios. Sin ir más lejos, Ford lo tocó en dos clásicos, “Dos cabalgan juntos” y, por supuesto, “Centauros del desierto”. El enfoque de Franz es novedoso, realista y descarnado, con muchos personajes que se entrecruzan, momentos cómicos y dramáticos y un dibujo sucio y detallado hasta la extenuación. Es una obra rara y de tono seco y distante, como si el autor nos dijera “esto es lo que hay”. No agradable pero sí real.
Ya mencioné en su momento la nueva versión de Lucky Luke, que es bastante razonable, una más entre el aluvión de westerns que van llegando. De Undertaker solo he leído un álbum y el guión no me interesó, aunque reconozco la fuerza de la puesta en escena.
Makan y Kordey Marshall Bass 6. Los lobos ECC. Barcelona, 2022.
56 páginas, 12,95 euros.
Si hablamos de dibujo, hay una saga que va muy por delante de todas las demás, demostrando que Igor Kordey es en la actualidad el mejor dibujante realista del mundo. Marshal Bass alcanza su sexto episodio y cada uno es mejor que el anterior. Los guiones de Macan no despiertan mi entusiasmo. Nos recuerda que el mundo es un infierno en el que apenas podemos hacer otra cosa que luchar por sobrevivir. Cambian los escenarios y los protagonistas, en una admirable variedad racial y sexual. Pueden ser indios, mexicanos, tullidos, veteranos de guerra o psicópatas. Al final todos intentarán matar al protagonista y a quien se les ponga por delante. Es un universo sin compasión ni redención. Admitida esa premisa, la serie se disfruta sin reparos. Kordey se asegura de iniciar siempre sus historias con una doble página que nos aguarda en el primer pliego y que nos deja invariablemente sin aliento. Puede ser una vista de un pueblo polvoriento, una feria universal o, como en este caso, una hacienda mexicana. Pero siempre es espectacular y deslumbrante. Por su profundidad, por su magistral dominio de la perspectiva, por el detalle de caballos, perros, vacas o árboles. En una saga protagonizada por un sheriff negro resultaba crucial una perfecta representación de los afroamericanos y aquí lo es, sin reparo alguno. A Kordey le gustan las sombras, lleva años llenando las figuras de matices oscuros hasta límites insospechados y sin perder por ello la dignidad y hasta la belleza de los rostros. Maravillosos los retratos de las hijas del héroe y de su mujer. Tampoco falla en la caracterización de los mexicanos ni en los gestos de los villanos y la plasmación de sus felonías en un conjunto de expresiones exageradas y grandilocuentes.
La razón para seguir Marshall Bass es el dibujo. No es un motivo menor. Más bien al contrario, sobre todo cuando le sumamos el vibrante color de Vitkovic y del propio Kordey, que figura como “supervisor de color”. Para no olvidar la increíble portada de este número seis. Cuesta creer que alguien se hay atrevido a diseñar algo así. En fin, un placer para los sentidos que no deberían perderse.
A TRAVÉS DE LAS ROCOSAS
Berardi, Mantero y Ortiz Ken Parker. La caravana Donaver (I y II) ECC. Barcelona, 2022. 136 páginas, 9,95 euros.
Ken Parker juega en otra liga. Primero, porque es una reedición y en B/N. Publicada originalmente en Italia entre 1977 y 1984, reapareció en varias revistas a finales de los ochenta para resucitar después como Ken Parker Magazine y más tarde Ken Parker Speciale. En España hubo un primer conato de publicación en los ochenta que, a pesar de la indudable calidad del producto, se quedó a medias. Recientemente ECC se comprometió a editar la saga completa y parecen dispuestos a cumplir su promesa, algo que los aficionados les agradeceremos eternamente.
Es una de esas series que dividen las aguas. Dos lectores de comics pueden discrepar en cuanto a quien les gusta más, si Greg o Goscinny, siempre hay terrenos sujetos a discusión y con cierto grado de ambigüedad. Luego hay obras que definen el medio. “Esto es un buen tebeo”. Y si a alguien no le gustan es, simplemente, porque
UN HOMBRE LIBRE
A finales de diciembre de 2021 fallecía en Gijón Faustino Rodríguez Arbesú. Su último libro, escrito en colaboración con su hija Sofía, fue un profundo análisis de “Little Nemo”, una obra que ya había comentado en su revista “El Wendigo” en dos artículos antológicos que les recomiendo revisar. En sus publicaciones se centró en la relación de Asturias con el cómic. También escribió textos biográficos con motivo de exposiciones como la dedicada a los hermanos De la Fuente. Y guiones para cómic, sobre todo en colaboración con el dibujante Isaac del Rivero Jr., con historias que todavía hoy sorprenden por lo avanzado de su lenguaje, como “Sureño”.
Además de una carrera profesional como perito industrial primero y profesor de soldadura en la universidad después, desarrolló desde la infancia un amor por el cine y los tebeos que marcaría su trayectoria intelectual. En ambos campos mantuvo una posición decididamente popular. Para él los buenos tebeos y los mejores films debían ser universalmente comprendidos y admirados. Así que cuando el Festival de Cine de Gijón dedicó una sección a “las peores películas de la historia” sugirió que incluyeran unas cuantas de la Nouvelle Vague. Volcó sus afectos primero en un cine-club que llegó a tener incontables socios y luego en la revista “El Wendigo” y en el Salón Internacional del Cómic del Principado de Asturias.
Su labor como director del Salón (primero en Oviedo y luego en Gijón) destaca por la abultada lista de maestros que consiguió atraer hacia un evento de presupuesto tan reducido. No hacía distingos entre cómic europeo y americano, clásico o moderno. Si, según sus criterios, la obra tenía calidad, no le importaba si era seria o de humor, para niños o adultos, americana o belga. Lo que puede confirmarse repasando los Premios Haxtur, que él mismo creó, o la interminable lista de invitados: Eisner, Moebius, Lee Falk, Williamson, Joe Kubert, Neal Adams, Daniel Torres, Sakai, Carlos Giménez, Mignola, Van Hamme, Berardi, Yslaire, Neil Gaiman, Bess, Simonson, etc, etc.
Tan importante como su gestión del Salón fue su labor al frente de la revista “El Wendigo”, una de las más longevas en el campo de la crítica de cómic. Allí aplicaba sus conocimientos del lenguaje cinematográfico al ámbito del cómic, comparando parecidos y diferencias y enseñando el valor de
INTENCIONES Y RESULTADOS
Las librerías se llenan de tebeos bienintencionados. Algunos son estupendos, otros no tanto. No conviene confundir los buenos deseos con los resultados. Una cosa es predicar y otra...
Beradi y Milazzo
Ken Parker. Un soplo de libertad
ECC, Barcelona, 2021.
176 páginas, 9,95 euros.
Desde que comenzó la reedición de Ken Parker he ido acumulando reseñas porque los episodios magistrales se suceden. Permítanme que mencione otro más, con el héroe en la cárcel. Llevaba mucho tiempo acosado injustamente por la policía. Su estancia en la penitenciaría brinda a Berardi la oportunidad de escribir un intenso drama cargado con los secundarios habituales. Tenemos al jefe mafioso que dirige el cotarro ayudado por un guardaespladas lleno de matices, un alcaide con buena voluntad que ve cómo su penal se desintegra ante sus ojos, el clásico preso institucionalizado, que ya no concibe la vida fuera de las paredes de su celda y muchos más. Si pensaban que ya sabían todo lo que podía llegar a pasar en una prisión se equivocaban. Ya lo demostró Tom Wolfe en “Todo un hombre” y Berardi vuelve a probar que las viejas historias son siempre las mejores. Sobre todo cuando te acompaña un maestro del dibujo como Milazzo. Su dibujo se reduce a un puro juego de luces y sombras y sus tendencias impresionistas se acentúan, sin perder emotividad ni su gran habilidad para expresar los sentimientos de los personajes. De obligada lectura.
La versión de “Cinema Purgatorio” de Ennis no es tan redonda pero se disfruta de lo lindo. Ayuda el imposible dibujo de Caceres, que hace de la saturación su principal virtud. Apenas quedan milímetros de las viñetas sin rellenar, rayar o puntear de alguna forma. Pero tanto esfuerzo le sienta bien a un relato terrorífico como éste. Se trata de un mundo en el que vampiros, momias, zombis y hombres lobo conviven con los humanos.
Ennis aporta su peculiar y salvaje humor a una historia que nunca decae. Se lee de un tirón y al final el vampiro con tendencias suicidas nos deja con ganas de más.
Tamaki y Jones
Supergirl. Fuera de lo común.
Editorial Hidra, 2021.
208 páginas, 14,95 euros.
NO TODOS ERAN SUS HIJOS Teresa Valero firma un álbum ambientado en la España de los cincuenta, protagonizado por dos compañeros inesperados y, como toda novela negra que se precie, va cargada de sospechosos.
La estructura se ajusta al clásico ¿quién lo hizo? Comienza con una mujer hallada muerta y los investigadores siguen las pistas que los conducirán hasta su asesino. El lector sabe tanto como los sabuesos, así que adelanta sus propias conclusiones, desconfiando de unos y descartando a otros. Vaya por delante que nunca he sido un fan de la novela policíaca. Tanto en cine como en literatura llega un momento en que los nombres de los personajes se lían en mi cabeza y la emoción asociada a la caza, al esclarecimiento de quién es el culpable, se disuelve en la argamasa que conforman las diferentes identidades, que acaban, como mi cerebro, fundidas. Una vez lo intenté con Agatha Christie y tuve que dejarlo, era incapaz. Y lo mismo me pasa con las pelis de Marlowe y compañía. En Chinatown, todavía intento determinar quién era el padre y quién el marido. Exagero pero reconozco mis limitaciones al respecto. Algunas de las historias de El Cubri en los noventa con el detective Peter Parovic me fascinaron por su claridad. También los primeros Alack Sinner, antes de que sus autores empezaran a abusar de los hongos y la pedantería. Por supuesto, Marvin el detective de los inevitables Milazzo y Berardi me parece una obra maestra. Pero es un género que me cuesta abordar. Considero que son argumentos que deben estar muy bien contados para permitir al lector diferenciar a los personajes y seguir la acción con claridad.
En “Contrapaso” eso se consigue a medias. Teresa Valero exhibe un dibujo detallista y encantador, aunque en ocasiones adquiere un protagonismo inadecuado, distrae más que cuenta. Más allá del agradable dibujo, se esfuerza por construir una trama en la que cualquiera podría ser el culpable. Tres médicos enfrentados más su maestro, unos investigan sobre deformidades, otros analizan a los presos para averiguar si todos los marxistas son unos tarados, los de más allá roban bebés a mujeres de clase baja, aquellos intentan “curar” lesbianas a base de electro-shocks, mujeres insatisfechas ingresan en clínicas de lujo para que las seden y se les pase la ansiedad...
No se vayan, todavía hay más. “Contrapaso” no pertenece solo al género citado (¿Quién lo hizo?), también
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SERIES EN MARCHA
Algunos de los mejores comics que se publican aparecen dentro de sagas que pueden prolongarse durante años o décadas. Conviene recordar algunos de ellos, en concreto estas 5 o 6 para que no los dejen pasar.
Walter Simonson
Ragnarok 3. La destrucción de Helheim
Panini Comics, 2021.
160 páginas, 19 euros
Simonson vuelve con su nueva versión de Thor, muy alejada de la que creó hace años para Marvel. Se alcanza el cuarto volumen de “Ragnarok” con una épica aventura en la que viajamos con el dios del trueno a un peculiar infierno donde se encontrará con un valiente grupo de guerreros transformados en lobos.
El trágico héroe ha vuelto de una muerte que no era del todo definitiva y se hace acompañar de una irónica ardilla. Y muchas cosas más. Imprescindible.
Leo-Rodolphe-Janjetov
Centaurus 4. Tierra de angustia
ECC. Barcelona, 2021.
48 páginas, 10,95 euros.
“Centaurus” llega al cuarto volumen de una serie a la que solo puede ponérsele una pega: que no la dibuja Leo. Solo la escribe, junto con su cómplice Rodolphe. Janjetov nos mete inmediatamente en materia y consigue recrear las atmósferas de las otras sagas del genial creador brasileño, como la recientemente reeditada “Aldebarán” o su secuela “Betelgeuse”.
Aventuras cósmicas a gran escala, fauna y flora muy terroríficas y un constante flujo de sorpresas. No se lo pierdan.
Stan Sakai
Los Ocultos
Planeta cómic, 2021
200 páginas, 12.30 euros.
Poco más puedo añadir a todo lo que ya he escrito sobre Usagi Yojimbo. En “Los ocultos” retoma un asunto que ya había aparecido en una aventura anterior y aquí lo desarrolla hasta ocupar todo el volumen.
Con un tono detectivesco, los protagonistas buscan la primera versión de La Biblia en japonés. Emotiva y estremecedora y con un final de altura. Sakai no afloja y escribe un relato entretenido y enternecedor a partes iguales.
Ken Parker nº 31. Donde mueren los titanes.
ECCComics. Barcelona, 2021.
216 páginas, 14,95 euros.
DE TITANES Y HOMBRES
Ya he hablado en muchas ocasiones de Ken Parker, una serie italiana de hace treinta años que se reedita en la actualidad. Solo sus primeros episodios habían conocido una publicación en español a finales de los ochenta.
Cada vez que aparece otra historia magistral pienso “ya está, es la última vez que hablo de Parker”. Pero luego sacan otra aun mejor que la anterior. Así que aquí estoy de vuelta, maravillado por la recuperación de una obra que nunca pensé que llegaría a leer completa, las cuatro estaciones que protagonizan esta entrega. Cuatro relatos mudos, con todas las dificultades de lenguaje que ello conlleva, ¡y a color! Aparecieron en parte en la revista Cimoc pero esta es la primera vez que se agrupan y además con un color cuidado. Para redondear vienen acompañadas de otros dos episodios a color, ambos muy interesantes. En todos los casos con dibujos del extraordinario Milazzo. Berardi, a cargo de los guiones, es un valor seguro. Pero cuando unía fuerzas con Milazzo las cotas de calidad que alcanzaban eran extraordinarias. Como aquí. No dudo en calificar esta entrega como uno de los grandes comics de la historia, sin exageraciones.
“El aliento y el sueño” fue un proyecto especial en el conjunto de una serie publicada en blanco y negro. Para que esas aventuras en color fueran aun más exóticas decidieron hacerlas sin palabras. Cada parte no solo reflejaba una estación, asegurando una variedad climática y cromática, ambiental, además abordaban asuntos graves como la caza, la vida y la muerte, la reproducción o el paso del tiempo. No de forma grandilocuente sino con una apabullante sencillez y una tremenda naturalidad. Todo es divertido y triste a la vez, épico y ridículo y sobre todo profundamente humano. Cuesta decidir cual es el
UNA POBRE NIÑA NEGRA Me había prometido a mí mismo no volver a escribir sobre Ken Parker. Pero el último episodio publicado es un trabajo de tal envergadura que sería un pecado no comentarlo.
La historia de “Adah” se publicó originariamente en 1982. Han tenido que pasar casi cuatro décadas para que un editor español reconociera la calidad de este episodio ¡Demasiados años!
Cuando he comentado con otros lectores las virtudes de Ken Parker observo que es un producto que tiende a ser menospreciado. Al fin y al cabo es un western. Agua pasada, una cosa rancia. Reconozco que mi entusiasmo disminuye cuando Milazzo no se encarga de los lápices (y los “penninos”, como decía él). Pero en esta última entrega hay dos capítulos que no deberían perderse.
En el primero Berardi escribe una intensa historia sobre un indio medio blanco que huye con su amor para vivir una dramática aventura, enfrentado a blancos y rojos. Se titula “La mujer de Cochito” y la dibuja Carlo Ambrosini, que se esfuerza de forma muy meritoria por parecerse a Milazzo. Está muy bien.
Y luego tenemos “Adah”, que es uno de los diez mejores tebeos que yo he leído en mi vida. ¿He dicho diez? Dejémoslo en cinco. A mí “Adah” me vuelve loco. Conocí la versión italiana a color en cartoné. Supongo que antes se publicó en grises en la serie regular, como en la edición española. Pero lo cierto es que muchos de los matices de esa versión a color, con el salto de los tonos planos a viñetas con lavados de acuarela, se pierden en un formato que iguala en exceso los diversos niveles del relato. Y que directamente oculta aspectos importantes, como en la escena de la regla. Adah acaba de tener su primera menstruación y se despierta sobresaltada en medio de la noche. Obviamente la mancha colorada que luego ensucia sus manos en la viñeta siguiente se esfuma en la versión en B/N. Hasta aquí las quejas. El resto es puro disfrute.
Si usted es de los que compra un cómic por su tema aquí tiene excusas de sobra para adquirirlo.
Se nos cuenta la historia de una esclava, de una mujer que pasa por múltiples peripecias que incluyen la explotación laboral y sexual, violaciones y violencias varias, su paso de niña a mujer, su relación con su madre y su abuela, el padre ausente o inalcanzable…
Por supuesto Berardi aprovecha para escribir el mejor comic sobre la esclavitud que yo recuerde. Y sus seguidores ya pueden suponer que no solo aborda la violencia contra la mujer, también el desamparo de la infancia y los abusos a los que cualquier niño puede ser sometido. En muchos casos sin tener siquiera la oportunidad de quejarse o denunciarlo. Pero todo esto no es más que la superficie. Lo verdaderamente profundo, lo bueno, está por debajo de estas excusas argumentales.
Con Milazzo en su mejor momento dibujando personajes tremendamente expresivos, con una narrativa contenida pero al mismo tiempo magistral en cuanto al empleo de masas negras. Ayudado por ese dibujo prodigioso Berardi da vida a unos personajes a los que pronto aprendemos a amar, con reacciones individuales ante unos sucesos históricos que casi se los llevan por delante y complejas relaciones entre todos ellos. “Adah” es el gran tebeo sobre la esclavitud en Norteamérica, justo al inicio de la Guerra Civil.
Nos describe a la perfección las complejas interacciones que se daban entre amos y esclavos. También se apunta a la situación tras la guerra, más mísera y enrarizada de lo deseable. Berardi encadena flash-backs a toda velocidad, cada secuencia mejor que la anterior, con la seca brevedad de los clásicos.
Todo lo que se cuenta es importante y juega un papel en este fenomenal drama. “Adah” es el apasionado retrato de una mujer desde su infancia hasta su madurez, explicando el duro trayecto necesario para conseguir su libertad. Una libertad que no es solo social o económica, también mental y emocional. Es un tour de forcé donde caben todos los matices del universo femenino, con sus fortalezas y debilidades. Háganme un favor: dejen de leer esto y corran a comprar el volumen 23 de la serie Ken Parker.
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EL DEBER CUMPLIDO Escribo esto un 8 de mayo, el día en que Kazuo Koike habría cumplido 83 años. Lamentablemente el venerable guionista japonés nos dejó un poco antes, el pasado 17 de abril de 2019.
Se va uno de los grandes, a la altura de Kurtzman, Hergé, Goscinny, Berardi o Holdaway.
Participó en series de televisión, escribió algún guión para Marvel, fundó una escuela de manga por la que pasaron figuras tan relevantes como Rumiko Takahashi y colaboró con múltiples dibujantes. En España lo descubrimos en 1992, durante la primera oleada japonesa, con “Crying Freeman”, que luego sería adaptada al cine. Reconozco que aquella historia de yakuzas con genitales vaporosos y dibujos a cargo de Ryoichi Ikegami no me pilló. Pero ahora mismo solo pienso en revisarla.
En 2003 se publicó “El lobo solitario y su cachorro”, la saga que nos demostró hasta dónde podía llegar el talento de Koike. Además allí le acompañaba otro creador notable, el especialísimo ilustrador Goseki Kojima. La serie venía precedida por una fama mundial y no defraudó.
En años posteriores se fueron editando muchos de sus trabajos. Reconozco cierta pereza a la hora de abordar aquellos no ilustrados por Kojima, como “Lady Snowblood” (publicado en 2006) o “El nuevo lobo solitario y su cachorro”•(en 2016). También me costó hincarle el diente a sus delirios mitológicos, su versión del rey mono, “Son Goku” (2016) o “La leyenda de Kujaku” (2017).
El resto de su producción es tan disfrutable que ahora mismo corro a conseguir los volúmenes que me faltan, porque seguro que contendrán elementos de interés que no supe apreciar en su momento. Empezó a publicar en los setenta y estuvo escribiendo prácticamente hasta el final de sus días. Aquí conocimos su trabajo de forma desordenada y una buena parte todavía permanece inédita.
Es justo recordar que en los últimos años nos pegamos un verdadero festín de obras de Koike y Kojima. En muchas teníamos esa sensación que a veces nos invade con las películas de Ford o de Berlanga.
Que aunque las situaciones y los tiempos cambien, siempre encontramos la misma troupe de personajes.
Los guiones de Koike trazan una geografía familiar en la que los personajes de una serie se pasean por el fondo de otra. Y todos comparten una misma responsabilidad, una misma fuerza vital. El autor defendía que eran los personajes los que construían las historias, un principio que comparten muchos grandes guionistas. Los hechos no importan, cuenta la caracterización, la capacidad para insuflar vida en esas creaciones de papel. Koike tenía ese don.
Los héroes de Koike se enfrentaban a las más duras pruebas con la mirada serena del samurai. En muchos casos esos principios eran negados por una realidad corrupta y amoral. Son en general vasallos con señores que no merecen a tan leales servidores. Aunque no en todos los casos. Uno de los aspectos llamativos en “Hanzo” era la admiración mutua que el ninja y su señor se profesaban y cómo uno aprendía constantemente con el otro.
Otro asunto digno de mención era el tratamiento de las mujeres. Por un lado abundaban en la obra de Koike las escenas de amor apasionado, en eso era un digno hijo de los setenta y nunca dudó a la hora de mostrar los sentimientos y la violencia implícitos en el sexo. Sus personajes hacen el amor como pelean: a vida o muerte. Sentía una genuina compasión hacia las mujeres que sufren. Podía describir a auténticas brujas, Lady Macbeths capaces de las mayores atrocidades. Pero también era muy capaz de explicar el dolor femenino ante los abusos de algunos hombres. Para recordar la escena en que el héroe se ponía a llorar ante un grupo de fulanas, conmovido por sus padecimientos cotidianos. Los sentimientos, en Koike, siempre eran más grandes que la vida.
Ya solo nos queda revisar todo lo que no leímos en su momento y recuperar sus últimas series, como “Shingen Takeda. El tigre de Kai” o “El Carterista” (ambas publicadas en 2017), confiando en que durante los próximos años continúen llegándonos trabajos inéditos de Koike.
SOCIALISMO REAL La reedición de “Jonas Fink” nos permite recuperar uno de los escasos tebeos que intentan describir la vida tras el telón de acero. Como testimonio de la miseria que el comunismo provocó en media Europa es irreprochable.
Más cuando recordamos que el asunto apenas ha saltado a los comics. Recuerdo una clásica historieta de Spain, su breve pero afilada biografía de Stalin, donde plasmaba la dureza del gulag en dos viñetas. También “El Vals del Gulag”, de Pellejero, una bienintencionada aproximación al infierno de los campos de exterminio soviéticos. Si la monumental tragedia soviética casi no ha sido mencionada, la triste vida cotidiana en sus países satélites no parece interesar a nadie. Así que el esfuerzo de Giardino es aun más meritorio considerando que da voz a víctimas prácticamente olvidadas.
Quienes hayan leído anteriores obras de este creador italiano ya saben a qué atenerse. Lo descubrimos en “Sam Pezzo”, una serie negra con un dibujo de línea clara que acentuaba los contrastes de luces y sombras de forma muy ajustada a lo narrado. Allí ya pudimos comprobar su afición a dibujar chicas guapas. Le cuesta incluir en sus repartos a mujeres normales, todas sus protagonistas son espectaculares bellezas a las que desnuda en cuanto el guión se lo permite.
Todo mejoró en “Max Fridman”, donde aportaba un color encantador y abandonaba a Hammet para inclinarse hacia Graham Greene. Era una serie de espías plagada de dilemas morales y, otra vez, señoras estupendas. Su exquisito dibujo acompañaba con naturalidad unos argumentos de ritmo sosegado y lectura pausada.
Por el camino dibujó algunas obras más, como “Vacaciones fatales” o “Little Ego”, otra vez pobladas por féminas con tendencia a perder la ropa. Cuando decidió llevar a Fridman a la Guerra Civil española le perdí la pista. Giardino es un creador académico y meticuloso. Pero como guionista carece del genio que caracteriza por ejemplo a uno de sus paisanos, Berardi, con cuyas obras seguimos disfrutando mes a mes (si todavía no lo están leyendo, dejen esto y corran a pillar su “Julia” o su “Ken Parker”).
En “Jonas Fink” Giardino demuestra que ha alcanzado una madurez clásica. Todo está perfectamente documentado, sus personajes se distinguen fácilmente y actúan con naturalidad. El protagonista, un niño al que veremos crecer de un episodio al siguiente, asiste al encarcelamiento de su padre, condenado a una pena injusta y de la que casi no pueden ni quejarse. Se visualiza muy bien la opresión de un régimen en el que el individuo no cuenta nada frente al poder del estado.
Luego mantiene un delicado equilibrio entre las andanzas y los sentimientos del joven Fink y la presión de un sistema que desborda paranoia y voluntad de control. Todo el proceso de enamoramiento del adolescente se beneficia del gusto del dibujante por las bellas señoras. No nos cuesta compartir la fascinación del joven por esa atractiva jovencita a la que finalmente perderá, ya que sus padres no permiten que salga con el hijo de un enemigo del pueblo.
Desgraciadamente el diálogo entre el drama personal y el colectivo se pierde en la última parte. Allí se aborda el pasaje más conocido del drama checo, la famosa primavera de Praga. De alguna forma el Fink maduro resulta antipático y sus líos con su amor actual (una vietnamita) y el del pasado (la rusa) no nos interesan como sí lo hacían los sentimientos de su yo adolescente. El telón político de fondo adquiere demasiada importancia y el final parece no llegar nunca. Pese a esa decepcionante conclusión, la obra contiene elementos muy atractivos y secuencias excelentes. A su autor le ha costado casi tres décadas concluirla, así que bien se merece que le den una oportunidad.
UN VAQUERO NEGRO El guionista Darko Macan-y el dibujante Igor Kordey nos llevan de paseo por un oeste tan salvaje e intenso como poco habitual.
Aunque todos recordamos westerns protagonizados por afroamericanos, de “El sargento negro” a “Sin perdón” (con Morgan Freeman como secundario), lo cierto es que su presencia más allá de la Guerra Civil y sus alrededores no es común en el género.
Macan decide construir su argumento alrededor de un sheriff negro, con todas las tensiones y conflictos raciales que ello conlleva. Es este un volumen de presentación, la primera aventura de un personaje que apenas consigue salvarse de la horca en la secuencia inicial, ni librarse del todo del patíbulo, como se comprueba al final. Obligado por las circunstancias, se infiltra en una peligrosa banda de antiguos esclavos comandada por un depravado hombre blanco.
El relato no presenta demasiadas sorpresas. Macan y Kordey, testigos ambos del desmoronamiento de la antigua Yugoslavia, llevan tiempo ofreciéndonos la mirada más pesimista posible sobre la condición humana. Los hombres son o malos o peores, queda muy poco resquicio para la esperanza o la decencia.
Aquí el héroe pelea para que su familia pueda sobrevivir y se zambulle en medio de una manada de sanguinarios lobos que no le ponen las cosas fáciles.
En realidad el argumento no importa mucho en el conjunto de la obra. Lo que le aporta verdadero valor es la puesta en escena de Kordey. Según se indica en los créditos, también supervisa el color, que es excelente, cargado de tonos insospechados y matices tan maravillosos como los de la vista del pueblo al atardecer.
En cuanto al dibujante es un viejo conocido de los lectores. Nos conquistó con su “Batman-Tarzán”, nos fascinó en X-Men y le hemos seguido en su ya larga trayectoria. Es un eminente discípulo de Corben, de quien hereda el gusto por los juegos de claros y sombras y la predilección por las luces rebotadas.
Nunca se conforma solo con el blanco y el negro así que sus zonas oscuras se llenan de matices que describen con precisión unos rostros siempre interesantes. Sus figuras son tan humanas como realistas. Es un creador singular y un gran maestro de la historieta. No construye dos páginas iguales y su dominio de la anatomía y los espacios perspectivos queda patente en imágenes impresionantes como la doble plancha del asalto a la ciudad.
Salta con naturalidad y aparente facilidad de poderosos primeros planos a complejos planos generales donde con sencillez y rigor encaja a múltiples personajes sobre detalladísimos fondos. Nada se le resiste, cada página es una lección de dibujo. Además, su narrativa es muy fluida así que, aunque los protagonistas hablan mucho, el relato se sigue con facilidad y sin que resulte pesado.
En esta ocasión destacaría los expresivos rostros de sus personajes, sobre todo la descripción que hace del villano, un excesivo psicópata al borde de la locura, un secundario muy teatral al que el dibujante saca todo el partido posible. La portada, fenomenal.
No es este el western más interesante que se publica en la actualidad. Ya saben que es difícil competir con el Ken Parker de Berardi, sobre todo cuando lo dibuja Milazzo. Pero solo por la intensa presencia de Kordey merece la pena comprarse este álbum.
A punto de cumplir los noventa, Jodorowsky demuestra que sigue en plena forma. Con el dibujante Jérémy presenta su última saga, una delirante aventura histórica protagonizada por un hijo de Luis XVI.
Como con el guionista chileno nada es sencillo, el héroe es un hermafrodita que milita en una secta, esos “Caballeros de Heliópolis” que dan título a la obra. El relato trenza con habilidad la pura acción, los misterios que acechan en las sombras y esa visión cruel de una realidad en la que amor, deseo y muerte juegan una eterna partida no apta para timoratos.
Los héroes de Jodorowsky siempre se enfrentan a lo peor y habitualmente consiguen salir victoriosos, aunque diferentes. Esa metafísica de la transformación es la clave principal para enfrentarse a sus textos, un largo camino que asegura los desafíos y los consiguientes cambios. Para los protagonistas pero también para los lectores. Aquí no cuenta con alguno de los gigantes con los que colaboró en el pasado, como Moebius, cuyo Incal se reedita de manera ritual. O Bess, de quien recientemente se publicaba el Integral de Juan Solo, su aventura mexicana. Aquí Jérémy cumple con creces. El color es un tanto saturado y oscuro pero la narrativa es eficaz y el tomo se lee sin problemas. Impresionante la secuencia en que Marat le arranca el corazón a quien considera sucesor del rey pero que no es más que un pobre bastardo sin cerebro.
Otro veterano que pervive en nuestras librerías es Van Hamme. Cumple ochenta el año que viene y se dedica solo a Largo Winch. Pero podemos disfrutar con algunas reediciones, como la de los Maestros Cerveceros que acaba de publicar Dolmen.
Agrupa en un único volumen con un formato digno todos los álbumes de una gran saga. A ver si así nos olvidamos de la deprimente y diminuta edición anterior.
De paso mencionar que la actual política de reediciones de Dolmen está llenando las estanterías de productos interesantes: ojo al Pumby que acaban de sacar, a su Flash Gordon, Phantom o al Príncipe Valiente.
Berardi cumple setenta en 2019. Y su Ken Parker sigue en marcha. Ya lo he dicho con anterioridad y lo repito: esta reedición es una gran noticia.
Hay un abismo entre las historias que dibuja Milazzo y las que caen en manos de otros artistas. Pero da igual, los guiones son para no perdérselos. Confiemos en que se complete la edición con todos los episodios de la serie.
Puestos a citar reediciones, no debe olvidarse el último trabajo de Jijé en Tanguy y Laverdure. Hay una parte que no dibuja él, qué se le va a hacer. Ha sido una tremenda alegría asistir a la recuperación de este grandísimo autor para el mercado español.
Muerto en 1980, han tenido que pasar más de treinta años para que a alguien se le ocurriera publicar su obra. Pero finalmente ha ocurrido y con ediciones de gran calidad. Así que ¡albricias!
Finalmente ha llegado el día. La reedición de Ken Parker ha superado los números publicados por Zinco en los ochenta y ya han llegado a las librerías los primeros episodios inéditos en España.
Ya saben que el guionista estaba muy acompañado en esta aventura. Para satisfacer las necesidades de los lectores no bastaba con un único dibujante, nadie habría sido capaz de facturar la enorme cantidad de páginas que saltaban a las prensas cada mes. Así que esa labor se repartía entre varios artistas, algunos tan prestigiosos como Alessandrini, que firma algunos de los capítulos ya publicados en este relanzamiento. Otros, como Marraffa, Trevisan o Calegari, sin alcanzar el nivel del citado, son sólidos artesanos de estilo realista y acabados cargados de tramas y detalles.
Y todos ilustrando a Berardi, que asegura siempre la calidad del producto. Será más o menos bueno, pero sabemos que tendrá interés y que no ofenderá nuestra inteligencia como lectores. Esto son historias clásicas del oeste, con situaciones que hemos visto muchas veces en el cine: el preso al que el populacho intenta linchar, la venganza del mestizo, el planeadísimo asalto al banco, el desalmado que vende armas a los indios, etc. Relatos con el sabor de lo conocido a los que el guionista aporta nuevos matices, con personajes convincentes y vivos, comentarios sociales y críticos y una genuina preocupación por la vida y las penurias de la gente corriente.
Berardi es un creador original, aunque trabaje sobre material muy trillado. Eso se aprecia en todos sus argumentos y resulta mucho más evidente cuando le acompaña su cómplice y amigo Ivo Milazzo. Este fabuloso dibujante firma “Un hombre inútil”, un enternecedor capítulo sobre un militar que se jubila. Si ya el tema nos recuerda la clásica “La legión invencible” (“She wore a yellow ribbon”) de Ford, los parecidos se evidencian cuando vemos al viejo soldado acercarse al cementerio para visitar por última vez la tumba de su mujer.
Pero como ya he dicho Berardi hace mucho más que citar a los maestros. Una vez que ha establecido el asunto le da la vuelta y convierte una narración nostálgica, elegíaca, en una afirmación vital. El recién jubilado, forzado por las circunstancias, se ve obligado a reconocer que aún le queda cuerda para rato. El final es tan positivo como emocionante, una afirmación de la vida que se abre paso, pese a lo duras que resultan algunas circunstancias.
Por el camino además se nos presenta a algunos personajes pintorescos, como esa familia que engaña al héroe y juega con fuego en el poblado indio. O la mujer del comandante, que inicia el viaje muy embarazada y luego desafía todos los peligros hasta conseguir que su retoño nazca sano y salvo. Y todo, dibujado con el maravilloso pincel de Milazzo. Es un genuino heredero de los grandes maestros de la mancha, de Sickles a Toth pasando por Caniff.
Al final, su grado de simplificación fue tan extremo que Berardi se acabó “divorciando” de él, cuando creyó que su dibujo ya no servía para contar bien las historias. En Ken Parker podemos disfrutar y maravillarnos ante su evolución. Había más rayas en los primeros episodios y ahora ya empiezan a desaparecer, todo se sacrifica en el altar de un contraste absoluto de blanco y negro. Como él mismo explicaba, “lo dibujo todo y luego borro y borro”. Maravillosos sus paisajes y las expresiones de sus personajes. No pueden perdérselo.Leer más...
¡Leo ha vuelto! Y además regresa a los mundos de fantasía con que nos cautivó. Tras Aldebarán, Betelgeuse y Antares ahora llegan estos Supervivientes, dispuestos a demostrar (una vez más) que su creador es el más grande.
Permítanme que comience con algunas fechas. Corben y Shelton nacieron en 1940, Neal Adams y nuestro Carlos Giménez en 1941, Robert Crumb en 1943, Leo en 1944 y Posy Simmonds en 1945. En años posteriores encontramos a otros autores muy famosos: Walt Simonson en 1946, Milazzo y el recientemente fallecido Taniguchi en 1947, el español García López y Wrighston, que también moría este año, en 1948, y Barry Smith, Starlin y Berardi en 1950. Todos ellos son artistas a quienes conocemos bien, que iniciaron sus carreras a principios de los setenta y que llevan más de cuarenta años en activo. Creo que, junto a la inglesa Simmonds, Leo es el menos popular por aquí. De hecho, hace diez años lo ignorábamos todo sobre él.
Luego llegó el ciclo de Aldebarán con sus tres tomos, el de Kenia y los recopilatorios de Trent, el policía montado del Canadá. A estas alturas ya nos hacemos una idea bastante aproximada de sus capacidades y de su extraordinario talento. Leo es uno de los grandes, a la altura de cualquiera de los autores citados más arriba. No solo cuenta con un dibujo sólido y atento a las caracterizaciones y actuaciones de los personajes. También es un maestro de la ambientación y la creación de animales exóticos. Sus mundos son sólidos y creíbles, hermosos y aterradores. En sus historias pasan cosas constantemente, se encadenan los sucesos inesperados pero también entran en liza los sentimientos, presta una atención constante a las emociones de sus protagonistas, sabemos en todo momento qué temen, qué desean, a quién desprecian…
En este ciclo añade a sus peligrosos entornos extraterrestres una dificultad más: alteraciones cuánticas. Funcionan como auténticas puertas inter-dimensionales que transportan a quienes se cruzan con ellas a otros momentos temporales. Así que de repente pueden haber pasado varias décadas y eso solo se descubre cuando se producen reencuentros entre compañeros que se han separado. Las consecuencias emocionales y psicológicas de tales saltos enriquecen mucho el devenir de la historia.
Además, no se conforma con escribir una trepidante aventura intergaláctica. Sus orígenes brasileños aportan una peculiar profundidad a sus relatos. De forma más evidente en los paisajes, donde predominan las junglas y los entornos marinos, también en cuanto a la fauna, siempre variada y abrumadora. Los avisos ecológicos, la reflexión sobre nuestro lugar en una naturaleza habitualmente hostil, se repiten. Otro aspecto es la sexualidad de sus personajes. Tanto ellos como ellas son activos y naturales. Sus figuras son atractivas y seductoras, pero no idiotas. La sensualidad aparece como un factor de movimiento más. En los mundos de Leo el que se queda atrás palma. Hay que tener ganas de vivir y de pelear, siempre. Y el sexo se presenta como una celebración de la vida además de prestarse a muchos posibles juegos de relación entre personalidades fuertes.
En fin, que todo se disfruta en este tebeo. Como en anteriores obras del autor, nos apabulla por la velocidad de sus tramas y lo fascinante de sus aventuras, por su tremenda imaginación y porque hasta el último detalle está pensado para sumergirnos en un viaje del que no deseamos apearnos nunca.
Yo ya espero por su siguiente obra…