160 páginas, 28,90 euros
DISTINTOS COLLARES DE PERRO
Howard Chaykin ataca de nuevo, en esta ocasión con una farsa política muy desmelenada donde vuelca sus obsesiones habituales: lencería, violencia, conspiraciones y travestis.
Escribió la obra pensando que Hillary Clinton iba a ganar. Por eso describe un futuro en el que hay una mujer al mando de unos Estados Unidos al borde del colapso. Siempre ha sido un agitador, lo suyo es la provocación, el forzar los límites. En épocas en que no era tan sencillo saltarse ciertas convenciones (y contenciones), demostró que podía hacerse.
Primero dentro del sistema, en series como “Dominic Fortune” donde iba deslizando pequeños atrevimientos sexuales. O en “Red Sonja”, definiendo el origen de la amazona a partir de su violación. Luego se volvió más explícito, según las normas se iban relajando. “American Flagg” primero y, “Black Kiss” después, demostraron que el escándalo podía resultar rentable. Pero el aplauso de la crítica no le aseguró lectores. Nunca fue un autor popular. Su narrativa adolece de falta de claridad y tiende a liarse con los textos. Sus personajes hablan mucho y todos a la vez.
Preguntado sobre su voluntad constante de ser el Pepito Grillo que denuncia los excesos del poder, su respuesta era muy sencilla: “alguien tenía que hacerlo”. Y le tocó a Howard. Así que cada vez que nos enfrentamos a un nuevo trabajo suyo, sabemos más o menos qué nos espera. El mejor Chaykin es un calentorro al que le gusta dibujar a Catwoman e imaginar a Batman enfundado en un traje sadomaso. Su visión nunca es inocente ni idílica, más bien al contrario. Siempre pendiente de nuestras más bajas pasiones, en lo político y en lo sexual. Con él lo que puede ir mal siempre va a peor.
Aquí se cumple la norma. Todas las normas. El protagonista es un chicano agente secreto que se equivocó provocando el asesinato del presidente. Con ese muerto encima, el comic se construye como un relato disparatado de redención. Para vengarse de los terroristas que descabezaron los USA monta un equipo que consigue que los “Doce del Patíbulo” parezcan hermanitas de la caridad.
Junta a cuatro psicópatas que de alguna enrevesada manera son su único medio para acceder a los conspiradores. Aquí es donde entra en juego lo peor y lo mejor del guión.
Lo peor es el desarrollo dramático de los hechos. Se trata de una conspiración entre líderes de ideas enfrentadas, pero que se ponen de acuerdo para cargarse la América que odian. Esto lo cuenta de forma muy embarullada.
Lo mejor o lo más interesante, es la visión de Chaykin de la política actual, a partir de un lugar común: “Los neoyorkinos
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