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martes, 21 de agosto de 2018

EL ÚLTIMO DITKO R.I.P

The hero comics - Ditko y Snyder

El pasado 29 de junio fallecía en su apartamento de Nueva York Steve Ditko, conocido creador de Dr. Strange, Spider-Man, Question, Mr. A o Shade the Changing Man, entre otros.


Cuando los policías entraron en su piso se dieron cuenta de que su muerte, a causa de un ataque al corazón, había tenido lugar algunos días antes.

Él había elegido vivir solo y así murió, aunque sus seguidores y amigos son legión y han llenado las redes con declaraciones que recuerdan su tremendo impacto en la cultura popular.

Todas las necrológicas escritas tras su defunción insisten en sus personajes más conocidos, en sus polémicas con las grandes compañías y en las peculiaridades de su carácter. Permítanme que describa aquí a un Ditko menos comentado.

Empiezo por algo cercano, como fue su expo en el Palau Solleric de Palma el pasado año. Él consideraba que una vez que se cobraba por el trabajo eso era suficiente. Había escrito sobre el complicado asunto de su propiedad, afirmando que la editorial tenía derecho a una parte, también el colorista, el guionista y todo aquel que hubiera participado en el proceso de elaboración de un comic.

Ditko Unleashed - catalogue Palma Casal Solleric
Y pensaba que muchos coleccionistas no tenían en cuenta esos derechos. Ditko conservaba todas las planchas que había dibujado al margen de las grandes compañías y ahora lo que muchos aficionados se preguntan es quién se hará cargo de ellas. Esas páginas que tan celosamente guardó ¿verán la luz algún día? Ahora mismo es un misterio. Por eso para la expo en el Solleric tan solo pudimos contar con aquellas planchas que se habían escapado de sus manos, historietas de Spider-Man que en algún momento saltaron al mercado y que hoy se venden por precios millonarios. También algunas de sus páginas entintadas por otros dibujantes, su material para Warren… Quienes acudieron a la muestra recordarán piezas tan icónicas como la secuencia del alzamiento de Spider-Man.

Blake Bell había ofrecido en “Strange and Stranger. The worlds of Steve Ditko” la versión que se ha impuesto sobre el dibujante en los últimos años. Se le presenta como un reaccionario chiflado que había tenido un momento de gloria inicial y que más tarde había perdido su creatividad y el favor del público. Versión que desde luego no comparto y así lo expresé en “Ditko Unleashed”, el libro-catálogo que publicamos con motivo de la expo de Palma.

Aprovecho para mencionar un error que Snyder me señaló después de recibirlo: el famoso autorretrato de Ditko como máscara de hierro y con el cigarrillo en los labios ¡no es un autorretrato! Fallo mío.

La semana pasada llegaba lo último que Snyder y Ditko han producido: “The Hero Comics nº 26, uno de esos fanzines blancos de formato pequeño que llevaban años editando juntos. En esas humildes publicaciones Ditko tanto dibujaba como escribía, reflexionando sobre lo divino y lo humano. En este último ejemplar se reeditaban algunas historietas ya conocidas: Killjoy, The Mask, Mr. Quiver, The Hero… Más interés tenía la parte escrita, un largo artículo sobre Blue Beetle donde invitaba a prescindir de las verdades subjetivas, del principio de autoridad, de las interpretaciones.

Apela a los hechos, a la necesidad de apoyar las informaciones con pruebas. Explica su experiencia con Blue Beetle y lo que había sido hasta llegar a él, con apariciones en prensa y radio incluidas. Al final se centra en lo que ocurrió cuando DC compró la línea de héroes de acción de Charlton. El editor de DC, Giordano, afirmó que no había pensado en Ditko porque no estaba de acuerdo con sus ideas. En su ensayo el dibujante niega la mayor. Aporta como prueba los esquemas y líneas argumentales que preparó con Snyder para el relanzamiento del personaje. Como Ditko concluye: “Hay algo más preciso que la memoria o los testimonios, como son las evidencias”. Siempre defendió la atención a los hechos, la racionalidad, la objetividad. Y muchos se burlaron de él por eso.

Mocker de Ditko
Para aquellos que deseen adentrarse en el Ditko menos conocido yo les recomendaría The Mocker (1990), una de sus producciones independientes con Snyder. Este thriller constituye una de sus últimas obras maestras en cuanto a conceptos y narrativa. Dibujada en un alucinante blanco y negro y con una densísima estructura de página, es un prodigio de ritmo lleno de grandes ideas.

Otra de sus mejores series es Static. Llegó a ser usada como ejemplo de su abuso de los textos pero les aconsejo que le den una oportunidad. En el terreno de las grandes compañías hay varias sagas que nunca han sido suficientemente valoradas.

Para DC, Shade the Changing Man (1977) y Starman (1980). En la primera Ditko se hizo cargo de todo, del guión a la tinta. Y se nota, es un derroche de imaginación a la altura de sus trabajos más conocidos. Starman, donde solo firmó los lápices, es un trabajo especialmente afortunado, más allá de su aparente simpleza. De su vuelta a Marvel en los ochenta destacaría ROM. Aunque entintado por otros nos muestra la labor de un Ditko en plena forma. Es obligado mencionar su abultada colaboración con Charlton. Tenía fama de ser la editorial que peor pagaba, pero cogían todo el material que Ditko les pasaba. Así que en sus momentos de mayor agobio económico Charlton le servía para pagar facturas con páginas que dibujaba a una velocidad pasmosa. Una buena parte de ese material de fantasía y terror es muy interesante, repásenlo, sobre todo algunas historietas de principios de los setenta con viñetas horizontales entrelazadas, un recurso que pocos emplearon como él.

Mr. A fue el personaje a través del cual expresó sus ideas de una forma más directa. Luego lo suavizó cuando en Charlton le pidieron un héroe con el que completar la publicación dedicada a Blue Beetle y creó a Question. Es muy interesante comparar las aventuras de uno y otro y cómo ambos reaccionaban frente al mal.

The amazing spider-man Steve Ditko
Su paso por los comics de terror de Warren, con guiones del gran Archie Goodwin, fue memorable y recientemente se ha recuperado en un bonito volumen. Cualquiera de sus colaboraciones con su buen amigo Wally Wood es digna de revisión. Y sin duda Spider-Man y Dr. Strange continuarán siendo una gran influencia en los próximos años. En cuanto al gran dilema, quién creó Spider-Man, les sugiero, como haría Ditko, que se centren en los hechos. Lee encarga a Kirby, su dibujante favorito, que realice cinco planchas del personaje. Las páginas pasan a Ditko para que las entinte. En la versión de Ditko, advierte los parecidos con The Fly, otro héroe anterior de Kirby, y así se lo dice a Lee. Luego le piden a él que ofrezca su propia interpretación del héroe arácnido. Según Lee, “porque no le gustaba la de Kirby”. Entonces ¿por qué llegaron sus páginas a Ditko, por qué estuvo a punto de pasarlas a tinta? Nadie lo ha explicado. Y Lee nunca ha permitido que las cinco páginas de Kirby vieran la luz. Nadie sabe cómo eran, solo contamos con la descripción de Ditko. Las pruebas, los hechos, siempre tan obstinados…

Ha muerto uno de los grandes, un creador de mundos alternativos y un autor que realmente creía en el bien y en nuestra capacidad para ser mejores. No se traguen nada de lo que les hayan contado sobre él. Léanlo y verán.

Foto de Ditko joven
Ditko es el sonriente chico con gafas, (empezando por arriba el 3º desde la izquierda)

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viernes, 27 de junio de 2014

COMICS OBJETO: CHRIS WARE & JOE SACCO

Han llegado a las librerías dos comics con tamaños poco habituales que demuestran la capacidad del medio para reinventarse y captar así nuevos lectores.


La gran guerra de Joe Sacco, edita Random House - comic bélico historia muda
La gran guerra
Penguin Random House, 2014.
16 págs. 23,90€

En La gran guerra de Joe Sacco sorprende tanto el formato en acordeón como que la historia sea sin palabras, dada su tendencia a llenarlo todo de texto. 


Una única ilustración se despliega ante nosotros de manera apasionante. Un folleto redondea la publicación, con un ensayo histórico y un gráfico que señala los aspectos más interesantes. El dibujo es tan preciso y limpio como narrativo y ronda los siete metros de largo, cuando se abre por completo. Antes de la invención del libro abundan los dibujos sobre largas tiras de papel, más en rollo que plegados. Últimamente estos recursos se han multiplicado debido a la presión de lo digital sobre el mundo editorial tradicional. Algunos creadores como Koudelka ya se han decantado por el acordeón y también ciertas editoriales como Nobrow en la serie Leporello. Es un soporte complicado y se necesita mucho talento para sacarle partido. Sacco lo consigue, firmando una obra memorable.
La gran guerra de Joe Sacco, edita Random House.  Comic Leporello Acordeón


Fabricar Historias de Chris Ware edita  Penguin Random House
Fabricar Historias. 
Penguin Random House, 2014.
260 págs. en total. 59,90 €.

El caso de Ware es diferente. Es uno de los grandes referentes del comic de vanguardia, partiendo de unas bases que no disimula: los Sundays de los periódicos de principios del XX. No duplica esos modelos sino que le sirven para recordar que el comic es un medio joven, con muchas posibilidades por desarrollar. 

Como la dirección de lectura de la página, las tipografías, los grafismos y sus mezclas, las funciones de las imágenes y su relación con los textos, etc. Es el niño mimado de la crítica ya que sus experimentos se prestan al comentario erudito y sus acabados son definitivamente impecables. Su línea es mucho más sutil y cuidada de lo que parece; bajo su apariencia fría y vectorial hay una delicadeza formidable. Lo mismo pasa con su color, de gamas armoniosas y perfectas. Otro asunto son sus argumentos, que Mark Schultz resumía así: “La vida es una mierda y al final te mueres”. Un lloriqueo generalizado recorre sus historias, restándoles credibilidad.

Y en eso llegó la caja. Agrupa historietas que Ware había ido sacando desde 2005 en varias revistas, incluyendo el New York Times Magazine. No esperen, como sí ocurría en The Acme Novelty Library, puzzles o láminas para recortar y ensamblar. Tan sólo un conjunto de libros, folletos o pliegos en formatos diversos que desde su disparidad construyen esta aventura gráfica. Pero su especialidad sigue siendo el lado oscuro. La madre ve crecer a su hija en lo que debería ser una secuencia de plenitud y felicidad y no puede evitar rematarla con una pregunta de la niña: “¿Seré lo más importante que hagas en tu vida?”. Las dos viñetas que siguen, con la madre sumida en un silencio deprimente, nos indican que en este universo es imposible escapar a la decepción, la decadencia, el dolor o la soledad. Tanto que casi acaba siendo un chiste. Pero aparecen tímidos rayos de sol en su nublado panorama, aportando complejidad y riqueza, y yo los agradezco. Ware no es el primer autor en fijarse en un edificio, dotándolo de un carácter casi humano. Eisner ya lo hizo en su momento, para luego seguir las peripecias de sus habitantes. Si el planteamiento inicial no es del todo original sí lo es la forma en que el autor lo desarrolla y modula. Hay muchos momentos en que lo seguimos totalmente fascinados por terrenos narrativos nuevos y excitantes, especialmente cuando emplea los formatos más grandes.

Fabricar Historias de Chris Ware edita  Penguin Random House

Lo primero que nos topamos al abrir la caja es un librito en tapa dura titulado 23 de septiembre, 2000. De proporciones casi cuadradas, contiene vistas generales del edificio y las primeras informaciones sobre sus ocupantes. La letra es ridículamente pequeña, irritante, un vicio que mantiene de anteriores trabajos. Habla de gente que vive sola o mal acompañada: la casera, la pareja que discute, la lisiada… Sorprendentemente cierra el volumen con algo que casi parece un final feliz.

Branford es un folleto grapado de formato más pequeño con las aventuras de una abeja, una digresión humorística que también es característica del autor. Es más bien repetitivo y sin mucha gracia, con un color agradable. Después viene otro folleto grapado con historias autoconclusivas de la casera y textos más legibles. Deprimentes pero bien contadas y a veces a doble plancha, su color es excelente y acompaña bien a la narración. Emplea el mismo formato en el siguiente, dedicado a la pareja del segundo piso. Es muy triste, con un final incomprensible como de ciencia ficción. La chica del tercero protagoniza varias partes en formato tira. La primera va grapada y describe su vida y la de su hija en un relato bonito pero melancólico. Los personajes se sitúan de espaldas al lector, mirando hacia otro lado. También usa mucho la representación isométrica, una mirada desde las alturas que parece recordarnos nuestra insignificancia. Las otras dos partes van plegadas en cuatro cuerpos impresos por ambas caras, manteniendo el formato apaisado. Se estructuran como bucles, fragmentando el tiempo y enlazando situaciones. En una de ellas la lisiada sale a la calle en plena nevada y se pregunta dónde encuentra la gente la felicidad. Es lo que hay.

Fabricar Historias de Chris Ware edita  Penguin Random House comic
En otro libro de tapa dura y lomo entelado agrupa relatos de la chica antes de casarse, algunos realmente buenos como cuando trabaja en casa de un matrimonio un poco especial. Alterna secuencias del presente en página izquierda, muy rutinarias y melancólicas, con recuerdos del pasado en la derecha. Habla de una enciclopedia anatómica con acetatos y luego emplea un recurso similar con un dibujo completo de la chica, que va desnudando por capas. También nos habla del edificio a lo largo de la historia. La relación con el novio modelo es triste y la parte del aborto resulta conmovedora. Ware sigue siendo capaz de inventar nuevos recursos en cada página, pero de una forma cada vez más ajustada a lo narrado. “Desconecta” es una publicación grapada que nos cuenta la vida de casada de la chica coja. Emplea algunas viñetas a plancha completa y el texto tiene un tamaño decente. Dedica una larga parte a hablarnos del fin del mundo.

The Daily Bee incluye más aventuras de Branford la abeja, sin gracia. En una suerte de poster plegado nos habla de un novio del instituto por un lado y reflexiona sobre cómo nos vemos en el otro, todo muy bien dibujado. Mantiene el tamaño grande en lo siguiente, cuatro páginas sobre una plancha tipo sábana, doblada por la mitad. En su interior hay una impresionante doble página con un dibujo enorme de la lisiada de niña. Empieza con la muerte por cáncer de su padre, sigue con su vida, la de su casa y su felicidad actual. Más o menos. En “dios…” varios pliegos conforman una publicación con la experiencia de la chica en un barrio residencial donde se levantan varios edificios de Wright. El tamaño gigante es un poco incómodo pero chulo. Los dibujos son realmente espectaculares y los textos se leen bien. Al final consigue emocionarnos con la muerte de un gato.

Por último encontramos una especie de tablero de juego de base rígida que se despliega en cuatro cuerpos, azul y blanco por un lado y a todo color por el otro. Cada pala cuenta la vida de un inquilino. Atractivo pero muy jeroglífico, cuesta seguir las explicaciones. Hay muchas partes de la obra en que el autor parece más preocupado por su pirotecnia gráfica que por la narración. Pero también es cierto que en sus páginas encontramos mucha verdad, que sus personajes nos conmueven, que tiene un talento innegable y que su mundo es subyugante y personal. Atrévanse a probarlo.
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