viernes, 25 de mayo de 2018

STAN SAKAI - SAMURAIS MALLORCA

Stan Sakai - foto de J.L Martín
Stan Sakai - foto de J.L Martín

EL AÑO DEL CONEJO


Stan Sakai aprovechó su paso por el Salón de Barcelona para escaparse unos días a Mallorca, donde explicó su sistema de trabajo en un inolvidable encuentro con algunos aficionados en la Escola de Disseny.


Tras unos escarceos publicitarios, se inició en el mundo del comic de la mano de Sergio Aragonés, para quien rotula Groo the Wanderer. Más tarde le llamaría el “otro Stan”, para encargarle la rotulación de las tiras dominicales de Spiderman. A esas tareas como rotulista pronto sumó su primer héroe, Nilson Groundthumper, pensado para una larga saga a lo Tolkien. Nunca llegó a contar su historia completa porque en uno de sus episodios apareció un conejo samurái del que acabaría dibujando más de 6.000 páginas.

Usagi Yojimbo de Stan SakaiLa primera aventura de Usagi se publicó en Albedo (1984), luego saltó a Critters (1987) y después Fantagraphics lo sacó de forma regular. Tras un intermedio a color en Mirage (la editorial de las tortugas ninja) pasó en 1997 a Dark Horse.

Allí continúa en la actualidad, alternando aventuras cortas y largas. Sakai las escribe, las rotula, las dibuja a lápiz, las entinta y realiza las portadas a color. Intenta facturar un cómic completo de 24 páginas cada cinco semanas. Luego esos tebeos de grapa se agrupan en volúmenes anuales, que se corresponden con la edición que conocemos en España.

Usagi Yojimbo es muchas cosas a la vez. Por un lado, un tebeo de personajes. Repasando con él la doble viñeta con la batalla en el puente de Duelo en Kitanoji (2003), explicó que se había inspirado en la antológica imagen de Prince Valiant. Como Foster, se preocupa de que sus personajes evolucionen y crezcan en un relato trufado de secundarios que aportan matices y diversidad. Como Gen, ese doble del héroe, el Sancho Panza del Quijote Usagi. Si uno es noble y desinteresado, el otro es práctico y vulgar, aunque al final el contacto entre ambos los transforma y consigue que el conejo no sea tan ingenuo y el rino algo más desprendido. Hay muchos más: Katuichi, el sensei de Usagi y también de su hijo Jotaro, protagonistas de los mejores pasajes. Sobre todo cuando se enfrenta a Nakamura Koji. En un alarde de sabiduría narrativa, estira hasta el paroxismo ese duelo entre ambos, introduciendo todos los elementos que pueden hacerlo más interesante: el sensei no está en plena forma, Usagi sabe cómo derrotar al samurái pero el honor le impide revelar ese secreto, Koji acaba luchando junto a Katuichi y casi puede hablarse de amistad entre ambos… Todo se olvida ante la lucha final, que decide quién es el mejor. Muchos asuntos son siempre a vida o muerte, sin tonterías. Sigamos: Sanshobo, monje y antes guerrero, Ishiba, el inspector, Sasuko, un mago que lanza hechizos a la manera de Dr. Strange, etc. Hay personajes recurrentes a los que no llega a bautizar, como la pareja de monos leñadores o el chivato.

Mención aparte para el nutrido conjunto de mujeres. Algunas cargan con papeles tradicionales, como la novia de la infancia a la que debe abandonar para abrazar su destino de samurái. Ella se casa con Kenichi, que sabe que el hijo que ha de venir no es suyo, sino de Usagi. Más interés tienen otras señoras como Tomoe, una samurái inspirada en la muy real Tomoe Gozen. O Chizu, que nos recuerda que también existieron mujeres ninja. Encontramos bastantes campesinas, como Fujiko, que se casa con Zato el samurái ciego; también camareras, cortesanas como la Dama Arce o buscavidas como la tierna Kitsune. Siempre son mujeres fuertes que hacen lo que deben para sobrevivir en un mundo de hombres.

Usagi Yojimbo de Stan Sakai - historias de samurías y ninjas
Todo género tiene cabida aquí, de la comedia al drama pasando por el terror. Y a veces el humor se mezcla con el horror. Estrafalarios monstruos extraídos de la mitología japonesa pueblan los episodios. La historia de Gen (1996) incluye el relato del general que muere sin que sus enemigos le permitan hacerse el seppuku y vaga eternamente asustando a los mortales. Usagi le ayuda a completar la ceremonia, en un pasaje emotivo y sobrecogedor. La madre de las montañas (2007) presenta una secuencia final (sin fantasmas) con la villana Noriko atrapada en una mina de la que intenta escapar como sea. Toda la escena es impresionante y aterradora. Jei, un asesino poseído por los demonios, es otro buen ejemplo de la atracción de Sakai por el horror.

Usagi es un gran cómic de aventuras, un intenso drama romántico y un perfecto western. El ronin es siempre el sheriff o el forastero que llega a la ciudad dispuesto a desfacer entuertos. En ocasiones homenajea al cine japonés, con Kurosawa a la cabeza. Clásicos como Yojimbo o Los siete samuráis ya habían sido trasladados al cine americano antes de que en Usagi Yojimbo el héroe confundiera a bandas rivales y se enfrentara a la tortura y todo tipo de peligros. Pero algo se echa en falta: los indios. Muchos westerns ganaban profundidad al reflexionar sobre la eterna lucha entre civilización y barbarie. En realidad Usagi es un western contado desde la perspectiva “india”. Son los salvajes los que nos explican sus códigos, por eso “los otros” son esos extranjeros de barcos negros que apenas se mencionan. Solo se habla de ellos para comentar la última enfermedad o desgracia que han propiciado. Todo ello es coherente con la idea de explicar la cultura japonesa desde dentro. Con una excepción, el episodio “Contrabando” de Visiones de muerte (2006). Describe la enésima conspiración de los diablos extranjeros. Muchos personajes ofrecen su vida para preservar lo que han recibido. Al final descubrimos cual es la razón de tantos sacrificios: una cruz. La fidelidad hacia las tradiciones japonesas tiene un límite, la compasión. Ningún samurái se comportaría con la nobleza y la comprensión que demuestra Usagi. Esa es la única “trampa” de la serie, si se puede decir así. Es un guerrero con el que nos podemos identificar. Obviamente su amabilidad no casa bien con la verdad histórica, una contradicción que recorre toda la obra de Sakai: por mucho que se esfuerce por hablar desde una perspectiva oriental, su mirada sigue siendo la de un occidental.

Se le concede un papel a la naturaleza a través del paisaje y de los fenómenos meteorológicos. Se suceden las lluvias y las tormentas, la nieve da paso al verano y uno de sus recopilatorios se titula no por casualidad Estaciones (1999). Es además un dibujante extraordinario y cuyo trazo cambia constantemente. Si todavía no lo han leído, corran a comprarlo porque lo disfrutarán.

CAMPESINOS Y SAMURÁIS 

Aunque criado en Hawai, Stan Sakai nació en Osaka. Su padre era un soldado americano de origen japonés y su madre había trabajado en una fábrica de armas en Nagasaki. Sobrevivió porque una colina se interpuso entre ella y la bomba atómica. Tuvieron problemas para casarse y no por la nacionalidad americana del padre sino por sus orígenes familiares. Su progenitor venía de una casa de campesinos y su madre era de ascendencia samurái. De hecho el dibujante ha obtenido mucha información directamente de los recuerdos de su madre. Pero esas distintas procedencias hacían casi imposible el enlace. La jerarquización inherente a la sociedad japonesa del XVI y de la que todavía quedan vestigios muy evidentes, explica episodios como “Shizukiri”, en el volumen Puente de lágrimas (2009). Unos samuráis pasean por la calle con una espada nueva. Para probar su filo asesinan a un mendigo que se cruza con ellos. Sin inmutarse. O “El orgullo del samurái”, en Padres e hijos (2005), donde se habla de un samurái venido a menos, a quien su orgullo le impide mejorar su miserable vida. Con su hijo como testigo, algunos trágicos momentos recuerdan “Ladrón de bicicletas”.

Usagi Yojimbo de Stan Sakai - historias de samurías y ninjas
Aunque Sakai es capaz de desarrollar relatos en clave social, no acostumbra a hacerlo. Asume esa realidad histórica sin criticarla, mostrando su idiosincrasia sin ocultar sus defectos. Los mundos de campesinos y samuráis apenas llegan a encontrarse, de los últimos admira el valor y la fidelidad, pero no esconde su compasión hacia los primeros. Son parte del paisaje, víctimas propiciatorias de unos guerreros que los consideran menos que nada, seres cobardes y despreciados por una buena parte de una sociedad rígidamente jerarquizada y de estructura feudal. La mirada amable hacia los agricultores se hace explícita en la historia de Ikeda, un general que acaba trabajando en el campo y que aparece en el volumen Estaciones (1999). Muestra con precisión todas sus contradicciones, la vida militar que echa de menos y a la que vuelve cuando se le presenta la oportunidad. En la brevísima “Saya”, en La caza del zorro (2011), Usagi aleja a un matón para que su sangre no contamine la plantación del arroz. La dialéctica campo-ciudad nunca se simplifica, al contrario, se dibuja con los matices que evitan el maniqueísmo.

En esa disyuntiva entre quienes se preocupan sobre todo por su honor y aquellos que riegan la tierra con su sudor, debe situarse el interés de Sakai por los oficios. Aunque él lo remite a su atención general hacia las tradiciones japonesas, hay algo más profundo en su descripción de las artesanías. Siempre desde el más exigente rigor documental: necesitó tres años para investigar el proceso de elaboración de la cometa que aparecía en Cabra solitaria y su hijo (1992). Incluir esas detalladas visualizaciones se convirtió en una costumbre. Se nota su admiración hacia los artesanos, sus saberes nos alejan de la guerra y la destrucción, concentrados en la creación de objetos útiles, necesarios y bellos. Explica cómo fabricar una espada en Daisho (1998), cultivar algas en Al filo de la vida y de la muerte (1998), modelar un tazón en La máscara del demonio (2001), hacer un tambor en Escorpión rojo (2014), o la complicadísima elaboración de la salsa de soja en Doscientos Jizo (2015), entre otros. Todos sus artesanos son orgullosos profesionales que se sienten muy satisfechos del conocimiento que han adquirido tras largos años de práctica y búsqueda de la perfección. El autor parece identificarse con ellos, aportándoles una dignidad casi épica.

En el sobrecogedor “Chano Yu”, publicado en La historia de Tomoe (2008), Usagi y Tomoe comparten un té en una ceremonia que adquiere para los japoneses un carácter casi religioso. El relato supone la culminación de una larga historia de amor imposible, debido a las obligaciones que los atan impidiendo toda relación. Así que esos gestos sacralizados son el único contacto posible entre ellos. Sakai no hace aparentemente nada, más allá de la enumeración pormenorizada de los momentos que componen la ceremonia del té. No necesita más. El giro de la taza, las miradas, la limpieza de los bordes… gestos mínimos que trascienden toda sensualidad para fundir a los amantes en un instante de increíble intimidad. Una verdadera comunión a la que el lector asiste con cierta incomodidad, por la intensidad con que se expresan los sentimientos reprimidos por los protagonistas. Como en todo oficio desarrollado con amor, lo que siempre es igual acaba siendo siempre diferente y al tiempo eterno. Tal es la sabiduría del campesino.



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viernes, 18 de mayo de 2018

NIEVE EN LOS BOLSILLOS DE KIM

Norma editorial, 2018
200 páginas, 25 euros.

¡VENTE A ALEMANIA, PEPE!
En esta nueva aventura narrativa el dibujante Kim se libra del guionista Antonio Altarriba y en solitario construye un tebeo tan emotivo como admirable.


La acción se sitúa a principios de los sesenta, cuando un joven Kim, a la sazón estudiante de Bellas Artes, decide abandonar España y viajar hasta Alemania con la intención de buscarse la vida por allí. El resto es vida de emigrante, con los amigos que se van conociendo por el camino, las pequeñas aventuras y dificultades, los problemas con el dinero y los papeles y hasta algún escarceo amoroso, contado con la intensidad sensual que caracteriza al autor.

Es un tebeo excelente. El dibujo, como siempre, cuidado, riguroso y atento a las expresiones de los personajes sin por ello perder detalle de los escenarios. No voy a descubrir a estas alturas la calidad del grafismo de Kim porque es uno de los grandes. Lo que para mí ha supuesto una sorpresa es la calidad del guión. Kim había dibujado El arte de volar y El ala rota con Altarriba, cosechando, como suele decirse, gran éxito de crítica y público. Con la primera lograron el premio nacional y ha sido traducida a varios idiomas. Sin embargo, más allá del brillante grafismo de Kim, yo le encontraba pocas virtudes a unos trabajos que me parecían estirados y cargados de resentimiento.
Sobre todo “El arte de volar” participaba de esa revisión edípica de la transición, cada vez más común con los años. Mi sensación es que mucha gente que vivió con comodidad los últimos años del franquismo de alguna forma debe reivindicarse practicando el asesinato del padre. En esa denigración simbólica hacia la figura paterna parece encontrase cierta justificación respecto a una transición que ahora se juzga como blanda. Cuando uno empieza a interpretar la historia con tonos épicos, a lo “Juego de Tronos”, nos acercamos a las matanzas. Demasiados muertos dejamos por el camino, creo yo. No necesito más.

No hay nada de eso aquí. Nos encontramos en un territorio moral completamente distinto. El joven Kim se interna en una Europa llena de contradicciones pero que con todo le permite vivir con mucha más libertad que en el país que ha dejado atrás.
Hay nostalgia hacia la patria lejana en la mirada de algunos compañeros de emigración, también relatos de miserias que adoptan matices de crítica social o sexual. Destacan la historia del cantante o la de la hermana de la monja. En ellos prima el factor humano. Antes que indignarnos ante un discurso sociológico lo que sentimos es compasión por personas que no han tenido suerte en la vida. No es el caso del protagonista. Aunque abundan las tristezas entre sus compañeros de reparto, el héroe tiene suerte y el cómic realza la aparición de esos ángeles que se cruzan en su camino y le echan una mano, gente buena que le hace más agradable su estancia en la fría Alemania. Incluso desconocidos, como esas familias que los ven recogiendo nieve en la calle y les abren las puertas de sus casas para ofrecerles una bebida caliente. Además, todo está contado con precisión y sin adornarse, no sobra nada en relato donde no dejan de pasar cosas.

Sin perder ni por un momento su carácter realista, “Nieve en los zapatos” es posiblemente el momento en que el cómic español ha estado más cerca de Capra. Yo se lo agradezco. No creo que le vuelvan a dar el premio nacional, pero esta vez sí que se lo merece.

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viernes, 11 de mayo de 2018

JANITOR de SENTE Y BOUCQ -30 DENARIOS de KORDEY

SICARIOS DE DIOS
Han coincidido en las librerías dos recopilatorios que, además de abordar asuntos similares, han sido dibujados por dos autores tan diferentes como habilidosos.

El Janitor de Sente y Boucq - Integral edita Ponent Mon -comic
EL JANITOR. INTEGRAL
Yves Sente y François Boucq
Ponent Mon, 2018
272 páginas, 45 euros

Creo que Boucq, dibujante de Janitor, ha tenido más suerte que Kordey, a cargo de Los 30 denarios. El primero trabaja sobre textos de Yves Sente, guionista de probada calidad. De Pécau, que ya había colaborado con Kordey en la interminable La historia oculta, lo mejor que puede decirse es que su nueva saga es bastante más asequible que la anterior, un insufrible tostón trufado de textos tan desmesurados como intragables. Como para compensar, considero que Janitor no es el mejor guión de Sente. Con todo, es entretenido, está muy bien construido y se lee de un tirón.

Las dos sagas nos hablan de conspiraciones y guerras secretas entre sectas. La religión deja de ser un asunto puramente espiritual para formar parte de los habituales juegos de poder. Y como son muchos los que pretenden disputar ese poder es necesario defenderse. En el caso de Janitor, Sente imagina un cuerpo de guardaespaldas, de agentes secretos al servicio de la fe católica. Y lo hace sin ironía alguna, lo cuenta con total seriedad y asumiendo su premisa con todas las consecuencias. El protagonista viste como un cura pero enseguida comprobamos que su comportamiento es muy mundano. Lo cual es lógico ya que debe ser capaz de llevar a cabo cualquier acción con tal de conseguir sus objetivos, proteger a la iglesia. Como comprenderán, si puede matar, acostarse con azafatas apenas tiene importancia. Sente no desaprovecha las oportunidades visuales que le ofrece su concepto, rodeando al héroe de cardenales y paseándolo por barrocos escenarios romanos.

El Janitor de Sente y Boucq - Integral edita Ponent Mon -comic
Uno de los grandes atractivos de la saga se encuentra en sus escenarios. Las conjuras siempre son internacionales, así que se nos pasea de Malta a Nueva York pasando por paisajes alpinos y junglas sudamericanas. Este es un dato menor que se convierte en una gran noticia ya que el increíble Boucq está a cargo de los lápices. Y en plena forma. Cada plancha es una demostración de buen hacer y talento narrativo. Hace años se publicó el primer tomo y supongo que fue un fracaso de ventas porque nadie se atrevió a sacar los siguientes. Ahora nos llegan cinco de golpe y lo cierto es que la calidad de la saga es muy alta, compensando el elevado precio del volumen. A esa trama inicial de agentes secretos de Dios Sente va añadiendo subtramas que desvelan el pasado del protagonista, además de relacionarlo con una peligrosa organización nazi. No faltan las alusiones a otros grupos clandestinos y ciertas pinceladas románticas para redondear un producto muy digno y perfectamente ejecutado. Si el dibujo de Boucq destaca por su expresividad y capacidad para comunicar, Sente no se queda atrás. Siempre mantiene el equilibrio entre la complejidad de sus tramas y una claridad expositiva que le honra.


Los 30 denarios de Pecau y Kordey- comic edita ECC
LOS 30 DENARIOS. INTEGRAL
Jean Pierre Pecau e Igor Kordey
ECCComics, 2018
312 páginas, 30 euros

En Los 30 denarios Pécau mantiene algunos de los rasgos de su anterior obra, La historia secreta. Como allí, unos elementos misteriosos tiene poder suficiente para dominar el mundo y lo hacen de forma subrepticia y sin que la humanidad se dé cuenta de las luchas por el poder que tienen lugar entre oscuras organizaciones secretas.

Aquí se parte de la idea de que los treinta denarios de plata que recibió Judas eran en realidad un conjunto de monedas con poderes que se han venido repartiendo algunos individuos desde la noche de los tiempos.

Pero esos talentos apenas son más que una excusa narrativa en un relato en el que lo que cuenta es la preocupación del protagonista por su hija, muy enferma y a la que una de esas monedas puede curar.

A partir de esa premisa asistimos a las hazañas que ese héroe va a realizar para mantener a su niña con vida. Descubrimos con él los entresijos de un universo paralelo en el que unos luchan por conseguir las monedas, otros las roban y otros intentan reunir el mayor número posible de ellas. También aprendemos cuales son las características de cada talento y lo que ocurre cuando caen en las manos equivocadas.

Los 30 denarios de Pecau y Kordey- comic edita ECC
Hay mucha acción, fantasía, flash-backs, personajes llenos de color y en general se deja leer muy bien, a excepción del último capítulo en el que el guionista vuelve a las manías de su saga anterior y consigue que todo se complique innecesariamente. Pero hasta ese quinto volumen todo va como la seda.

Aquí el que marca la diferencia es Igor Kordey, dibujante extraordinario y que pongo a la altura de los clásicos. Ahora mismo es el único sucesor serio de Corben. Ilumina como él y exhibe, cuando el relato lo precisa, su mismo gusto por la sensualidad y las señoras rotundas. Aquí tiene al jugoso personaje de la regente List para lucirse y no desaprovecha la ocasión. Pero es que además su narrativa es magistral. Cada conversación, cada escena de acción, cada persecución es aprovechada para jugar con los encuadres, con la situación de los personajes o el punto de vista.

Se percibe cómo le da vueltas al esquema de página, siempre buscando la variedad y atraer la atención del lector. Como además puede con cualquier perspectiva y sus juegos de luces son maravillosos, la diversión está garantizada. Obviamente, hay que ponerle una gran pega a esta edición: su formato. El tamañito este casi manga en que se ha publicado no le hace ningún bien a la obra. Basta comparar con el excelente aspecto de Janitor, en el formato de álbum europeo que le corresponde. Los 30 denarios resulta pequeño, no nos permite disfrutar del dibujo y cuesta leer algunos textos. A pesar de ello Kordey sobrevive porque su trabajo es muy grande. Fíjense en las expresiones de sus personajes, en la rotundidad de sus sombras, en cómo rebota la luz en las zonas oscuras de las caras… No se lo pierdan.



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viernes, 4 de mayo de 2018

PROVIDENCE de MOORE y BURROWS - LOVECRAFT COMIC

Providence el miedo que acecha alan Moore Jacen Burrows Lovecraft comic
Panini Comics, 2017
168 páginas, 18,95 euros

YA VIENE


A finales del pasado año se completaba la trilogía dedicada a los mundos de Lovecraft escrita por el guionista Alan Moore. Ya había tanteado el terreno previamente con su intranquilizador “Necronomicón”.


Pero si aquella había sido una aproximación adecuadamente horrorosa, aquí no tiene tanto éxito. No es que no consiga asustarnos. Eso lo logra con creces en varias secuencias de antología. A Moore nunca le ha faltado el ingenio así que sus argumentos siempre incluyen ideas novedosas que dejan al lector con la boca abierta.

Encontramos el primer pasaje impactante en el episodio 2. Hasta ahí se ha mantenido fiel a una estructura repetitiva de cuatro viñetas horizontales. Nada sorprendente, llevamos una buena temporada en la que los guionistas parecen incapaces de pensar en otra cosa que no sean viñetas panorámicas. De repente esa monotonía se rompe y salta a verticales a toda página. Lo hará en muy pocas ocasiones a lo largo de la historia, así que cada vez que ocurre sabemos que estamos ante algún momento fuerte. Este lo es. El protagonista, un gay de cuando no habías gays (como en Irán), que Moore emplea básicamente para reírse de los prejuicios de Lovecraft, desciende al clásico sótano adonde le han dicho que no baje. Allí se topa con un súcubo tetón y risueño que le da caza en una genuina y terrorífica persecución.

Providence el miedo que acecha alan Moore Jacen Burrows Lovecraft comic
Citaría como segundo hallazgo todo el episodio 5. Moore juega con los saltos en el tiempo y compartimos el estupor del héroe cuando nota que las cosas no están en su sitio y su realidad empieza a desmoronarse. La secuencia onírica con el mamón es especialmente desagradable.

El tercer pasaje, probablemente el más perturbador, se sitúa en el episodio 6. El héroe intercambia su mente con la de una niña y, desde el cuerpo de la menor, ve como él mismo (su cuerpo poseído) abusa de ella/él. Tan difícil de describir como de imaginar. Un horror, pero hace ya mucho que Moore demostró su talento para el mal.

Episodio 7: la escena del rey George. Es una variante del relato de Pickman, el pintor que habla con los seres del más allá. En un eficaz plano secuencia, el protagonista se sitúa a la izquierda de una viñeta que se repite a lo largo de seis opresivas planchas. Al fondo se sientan el pintor y una bestia a la que es mejor no mirar. Cuando se acerca al primer término y casi roza al héroe, es imposible no sentir escalofríos.

En el episodio 10 destaca, por supuesto, la visita de Carcosa. Viene precedida por esa alucinante aproximación de la torre, en otro plano secuencia que se remata con el efecto de movimiento, un recurso muy visual y que refuerza el carácter alucinatorio de la acción. También cuenta con su momento repugnante, cuando descubrimos lo que se oculta tras el velo. El mismo personaje vuelve a intervenir al final del pasaje del parto, en el episodio 12, el último. Moore se despide con un festival de escenas fuertes, desmembramiento y locura.

Providence el miedo que acecha alan Moore Jacen Burrows Lovecraft comic
A lo largo de todo el relato la puesta en escena insiste en las simetrías, en los juegos de espejos, en forzar la presencia de una mirada que se impone a la del lector, a través de angulaciones, zooms, juegos de planos y contraplanos y los ya mencionados planos secuencia. También queda patente el conocimiento que Moore parece tener de la obra de Lovecraft, cada episodio juega con uno o varios de los argumentos de sus novelas y al final se especula con una invasión de nuestra realidad por parte del mundo del sueño, de los dioses otros que habitan en dimensiones alternativas, que desean recuperar esta realidad como propia. De acuerdo al concepto de Moore, Lovecraft habría facilitado su retorno facturando fantasías que permiten a esos horrores poner un primer pié en nuestro mundo. Y la popularidad del escritor de Providence solo ha aumentado en los últimos años, así que el apocalipsis se aproxima. Eso está muy bien. Como también resulta original que el héroe, en lugar de flirtear con secretarias o bibliotecarias, haga manitas con policías o se calce a atractivos estudiantes. Jacen Burrows visibiliza a la perfección al primer héroe gótico-terrorífico-homosexual de la historia del cómic.

Pero… el problema es el habitual en Moore. Primero, sus personajes no callan nunca. Hasta que pasa algo hay que deambular por decenas y decenas de planchas saturadas de bocadillos, no siempre entretenidos. Segundo, se pasa de listo, como acostumbra. No le basta con intercalar citas y referencias, además lo hace de la forma más complicada posible. Al final, tenemos esa sensación de “todo está interconectado” seguido de “no podría importarme menos”. El conjunto es tan prolijo y confuso que, yo al menos, no haré el esfuerzo de releer los episodios en busca de esas pistas que se supone ha ido intercalando entre acciones. Porque me aburre, me deprime, no merece la pena tanto esfuerzo. Supongo que habrá quien disfrute con este galimatías. Yo no.


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