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viernes, 26 de enero de 2024

CÓMICS DE TERROR Y RELIGIÓN

RELIGIÓN Y TERROR 

Vivimos un interesante resurgir del género de terror en el cómic. Imitando el éxito de ciertas películas, algunos autores exploran nuestros miedos a través de espeluznantes viñetas.


roman ritual comic religion el torres
Roman Ritual
El Torres, Jaime Martínez y Sandra Molina

Karras Comics, España, 2023
120 páginas, 20 euros

Es de justicia comenzar con un caso nacional, el de El Torres, un guionista que lleva años haciendo la guerra por su cuenta, descubriendo a autores como Walta o Sanna y publicando con su propio sello en Estados Unidos y España. Siempre lo he considerado uno de los mejores guionistas de cómics de este país. Sin embargo, nunca aparece en ninguna lista de premios ni la crítica lo tiene especialmente en cuenta. Y es que El Torres hace algo que está prohibido: busca un público masivo con tebeos populares y de género. Salta con facilidad de la espada y brujería al puro terror y evita cualquier tentación indie. Así es imposible que las niñas de la FNAC se fijen en él. Recuerden que vivimos una peculiar paradoja. Durante el franquismo el cine y el cómic eran medios de masas. Había lectores y espectadores dispuestos a consumir lo que luego se consideraron “españoladas” y productos de muy bajo nivel cultural. Cuando los comisarios se hicieron con el mando, el pueblo salió corriendo. Ahora se nos explica que nuestros autores facturan tremendas obras maestras... que no interesan a nadie. Mi explicación se ahorra ciertos factores adicionales, como la multiplicación de los medios, con la aparición de los videojuegos y de unas pantallas multiformato que, lógicamente, han dividido la atención de los posibles espectadores/lectores. Pero la actitud elitista y anti-género no ayuda a despertar el entusiasmo de los posibles seguidores, pueden creerme.

A lo que iba, El Torres crea artefactos narrativos muy entretenidos y que además no ofenden nuestra inteligencia. Sus tebeos sobre posesiones diabólicas no solo nos enganchan con imágenes tan impactantes como la del Papa poseído. Es que además sabe engarzar muy bien ciertos miedos mundanos, como las matanzas étnicas o la pederastia encubierta por las instituciones, con su trama de curas, monjas y demonios. Maravillosa esa punch line en el segundo volumen: “Dios existe”, una frase que se convierte en un puñetazo a la cara del malo.




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viernes, 21 de abril de 2017

CAMISA DE FUERZA de EL TORRES y SANNA

Camisa de fuerza de El Torres y Guillermo Sanna, edita Dibbuks - terror comic psiquiatra
Dib•Buks, 2017.
112 páginas, 16 euros.

LOCAS Y CUERDAS


La protagonista despedaza a su hermano gemelo sobre la mesa de la cocina en la introducción de esta historia. Dos páginas más allá nos la encontramos recluida en una institución psiquiátrica.


De esta forma tan simple El Torres plantea las piezas de su nuevo juego, un entretenimiento que especula, como tantas películas de terror, con los límites de lo real. El lector contempla el relato a través de la mirada del Dr. Hayes, un psiquiatra en silla de ruedas que debe hacerse cargo del difícil caso de Alexandra Wagner.

No solo asesinó a su hermano en su niñez sino que además tiene la extraña costumbre de desaparecer cuando le apetece. Los episodios siguen algunas sendas clásicas, empezando por la construcción de una dificultosa complicidad entre el médico y la enferma. Pronto se nos ofrecen vistazos de un más allá que no sabemos si es real o un puro delirio. Camino de su casa el doctor también se ve asaltado por criaturas terroríficas. Pero es Alexandra la que se lleva la peor parte. Los sanitarios que la atienden no son exactamente lo que parecen y descubrimos con horror que quizás parte de su locura tengo algo de sentido.

El momento culminante se alcanza en el segundo episodio, cuando el doctor enfrenta a su atormentada paciente con sus brutales actos, comenzando por el asesinato de su hermano. En ese momento no tenemos claro si el guión seguirá la senda de la “razón”, buscando una explicación lógica para los extraños sucesos relatados, o bien se abandonará a la magia y las maravillas del “más allá”.

El tercer episodio cuenta con un protagonista que para mi gusto parlotea demasiado, ese cómico que pretende aportar un tono más filosófico al conjunto de la historia, pero que en realidad quiebra el ritmo de la acción con su verborrea. El último capítulo recupera el vigor inicial, con un final sangriento y estremecedor a la altura de las circunstancias.

Camisa de fuerza de El Torres y Guillermo Sanna, edita Dibbuks - terror comic psiquiatra
Si El Torres ya ha demostrado con anterioridad que es un guionista interesante (no se pierdan su simpática serie Bribones) aquí la auténtica novedad la constituye el dibujante, el mallorquín Guillermo Sanna. Hasta ahora era conocido por su labor underground, sus series cómicas y grotescas para el Temeo o el recopilatorio de Los Potaje. Pero ahora ha saltado con fuerza a la arena del comic realista. Aunque posterior a esta Camisa de fuerza, a España llegó antes su episodio para Deadpool. En la actualidad sigue trabajando para Marvel, en una miniserie de Bullseye. Su colaboración con El Torres fue lo que le abrió las puertas del mercado americano. Y no extraña. Es un tebeo excelentemente dibujado.

Sanna es grande en las expresiones, sus personajes actúan muy bien. También mima la iluminación, algo crucial en un relato de terror como éste. Se nota que es un aficionado a las películas de miedo porque de manera natural su narrativa nos ambienta a la perfección, transmitiendo la atmósfera de pesadilla y paranoia necesarias. Su estilo entronca con los grandes: Toth, Mazzuchelli, Weeks o Samnee. Autores más interesados en la sencillez que en el detalle barroco. Se trata de narrar con limpieza y claridad. Excelente también el uso de la segunda tinta, ese rojo que señala los instantes de locura absoluta, el salto a los abismos que pueden devorarnos. Es un trabajo tan recomendable como estremecedor.
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viernes, 20 de noviembre de 2015

VIRTUAL HERO de EL RUBIUS

Virtual Hero de El Rubius
Editorial Planeta. Barcelona, 2015.
56 páginas, 15,90 euros.

DE PUDRIDERO A EL RUBIUS


Este es un comic diseñado por una “personalidad” que proviene de un mundo cercano al de la historieta, pero que en general puede decirse que está sustituyendo a ésta en las preferencias de lectores cada vez más “gamers” (y, por tanto, menos lectores).


Según lo que puedo observar en mis propios retoños de cinco y ocho años respectivamente, la lectura es un rollo, da igual que se trate de cuentos o tebeos. Cualquier producto audiovisual es más entretenido en comparación, ya sea una serie de animación o un videojuego.

Supongo que todo esto cambiará con el paso de los años, pero por el momento nada parece sustraerlos de la fascinación que les provocan los vídeos en los que otros jugadores proclaman con sonoridad sus hazañas. A mis críos parece gustarles un tal Vegeta777, que también ha publicado algún libro y cuya vocecilla incansable está a punto de acabar con mis nervios. Pero si alguien sobresale entre todos los jóvenes héroes del ciberespacio ese es sin duda El Rubius, un tipo con millones de seguidores dispuestos a reírle las gracias y a quien las compañías adoran hasta permitirle convertir en una forma de vida lo que no dejaba de ser una afición, un divertimento.

Este “yutuber” acumula tal número de fans que lógicamente no podía tardar en dar el salto a otros medios. Se rumorea que se han lanzado cien mil ejemplares de su comic, una cifra realmente brutal en un mercado en el que rara vez se superan los mil de tirada. Ciertas mentes se escandalizarán ante un éxito que considerarán despreciable. A mi no me cabe duda de que se va a vender como churros (¡es de El Rubius!), más cuando compruebo que mis niños, a quienes ya he dicho que les cuesta leer, lo han devorado y esperan por el siguiente. Así que ahí se encuentra la primera clave que no debe ser olvidada.

Virtual Hero de El Rubius, EL Torres, Lolita Aldea
El Rubius habla un lenguaje que muchos jovencitos comprenden y aborda temas que les interesan y que ocupan gran parte de su tiempo. Básicamente chicas y videojuegos. Y no necesariamente por ese orden. La trama es una excusa para que el héroe, convertido en personaje virtual, se pasee por diversos mundos digitales, todos fácilmente reconocibles por los lectores. La acción se salpimenta con unos cuantos chistes y el humor grueso que caracteriza los vídeos de El Rubius y el resultado es un álbum que se lee de un tirón y que llega a provocar más de una sonrisa.
Otro cuyo nombre artístico empieza por “El” firma el guión. El Torres es un profesional y aquí vuelve a demostrarlo. No sé si se avergüenza o se enorgullece de asociar su talento a esta aventura, pero seguro que el cheque merecerá la pena. Del dibujo se encarga Lolita Aldea, que resuelve con un estilo manga muy adecuado a lo narrado. Los diversos videojuegos se reconocen con facilidad y emplea con eficacia la gestualidad desmesurada típica de los nipones.

Mi sensación es que la aventura es positiva para el medio. Algunos autores se quejan de la ausencia de lectores pero cuando estos regresan atraídos por productos como este, también protestan. Es más probable que un lector salte de un comic popular a otro más alternativo que al contrario. Y, además, en los tiempos posmodernos que vivimos, el mismo concepto de lo popular no es tan ingenuo como antes. El Rubius basa su fama en la parodia, trasteando con los universos digitales en una operación que agradaría a cualquier intelectual. Se trata de desmontar las claves sobre las que funciona el juego, para seguir jugando con él. Hay muy poca inocencia en eso. Quienes disfrutaron con las aventuras autoirónicas de “Pudridero” deberían de engancharse a El Rubius. Aquí se ha cuidado más el dibujo pero la intención conceptual es similar, una descerebrada vuelta a la infancia, sin complejos. ¡Pimentel, este se te ha escapado!
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viernes, 23 de octubre de 2015

EL FANTASMA DE GAUDÍ

El fantasma de Gaudí -El Torres y Jesús Alonso Iglesias
El Torres y Jesús Alonso Iglesias
Dib•Buks. Madrid, 2015.
124 páginas, 22 euros.

ROMPECABEZAS SANGRIENTO


No extraña que El Torres, un guionista que habitualmente escribe pensando en públicos masivos, firme un trabajo de encargo a partir de una idea de su editor. ¿Qué tal algo sobre Gaudí? ¡Perfecto, claro que sí!


Como el propio escritor confiesa en el epílogo, tras esa aceptación inicial tardó más de dos años en dar con un concepto alrededor del cual construir el álbum. Empleó sus propias dudas respecto al personaje y al proyecto para dar forma a la figura del villano que es, ya lo adelanto, el punto más débil del relato. La cuestión es que finalmente se puso manos a la obra acompañado como acostumbra de un dibujante joven pero talentoso. En este caso se trata de Jesús Alonso Iglesias que, como tantos otros autores de comics en los últimos años, proviene del mundo de la animación. Se le nota en lo enfático de sus puntos de vista y en el carácter un poco caricaturesco de sus figuras, que lo emparentan con creadores como Rubén del Rincón, por ejemplo. Pero es un correcto narrador, ha hecho sus deberes en cuanto a la representación de los edificios de Gaudí (un asunto no menor en esta obra) y aplica una gama de color muy ajustada a lo que cuenta, quizás un poco más oscura de lo necesario, supongo que a causa del papel elegido, mate y poroso.

En general el apartado gráfico no decepciona, permitiendo que el lector pasee por algunos de los edificios más emblemáticos de Gaudí, subrayando su particular simbolismo, su expresividad y hasta su sugerente surrealismo, anticipo de otros delirios a los que el arte se abandonaría con posterioridad. Y que la arquitectura dejaría de lado para encerrarse en el árido mundo del minimalismo y las formas más despojadas.

Sobre ese marco tan atractivo El Torres construye una historia de asesinatos en serie, cajeras videntes, juezas insatisfechas, excéntricos expertos en arte e inspectores que intentan hacerse perdonar anteriores fracasos. Un conjunto de elementos que maneja con aparente facilidad y evitando los innumerables tópicos que rodean estas ficciones. No es sencillo, en tiempos del C.S.I., abordar asuntos como estos sin resultar ridículo o caer en el cliché de polis duros y brillantes psicópatas. El Torres se las apaña para esquivar muchos de los errores habituales confirmando su posición como uno de los guionistas más interesantes de este país.

La trama avanza sin desmayo, los personajes son creíbles y hablan con naturalidad y los escenarios, una parte fundamental del conjunto, se integran en la narración sin que nada chirríe. Porque al final de eso se trata: emplear una excusa que lleve al lector de una obra de Gaudí a la siguiente, intercalando por el camino datos e ideas que permitan comprenderlo mejor. Ese objetivo se consigue sin duda y con creces. No sólo se adopta el lenguaje de la serie negra, el asesino viene acompañado por fantasmas que susurran a los protagonistas desde el más allá, un guiño coherente con la espiritualidad de Gaudí. El gran problema, la mayor debilidad y probablemente único defecto del álbum es el villano, como ya he adelantado.
El Torres trata, a través de él, de mencionar un asunto peliagudo, como ha sido la relación de amor y odio que el mundo del arte ha mantenido con el genial arquitecto. Despreciado durante años, arrinconado, con la ciudad avergonzándose de unas excentricidades que no tenían cabida en el proyecto moderno, delirios de un católico y conservador, han sido finalmente los turistas, también menospreciados, quienes primero reivindicaron la obra de Gaudí, hasta alcanzar el respeto del que disfruta hoy en día. Nada nuevo, quienes acudan a la Casa-Museo de Víctor Horta en Bruselas, otro extraordinario arquitecto, podrán admirar en el sótano la maqueta de su Casa del Pueblo. El original fue derribado en los sesenta para erigir alguna mierda más moderna. Y todos conocemos casos cercanos de edificios o monumentos cuya presencia molesta a algunos rabiosos iconoclastas.

Esa incomodidad hacia un creador al que por otro lado se admira es encarnada por El Torres en la figura de su malo. Pero como es sabido no todas las buenas ideas construyen buenos personajes. Lo que no impide que este sea un trabajo que se puede disfrutar por muchos motivos y muy recomendable.
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viernes, 3 de abril de 2015

HISTORIAS DE ESPADA Y BRUJERÍA: BRIBONES, LA MALDICIÓN DE LA GALLINA

Bribones, la maldición de la gallina, con ElTorres, Ryp, Galindo, Genlot edita Dibbuks, conan bárbaros brujería espadas
Dib•Buks, 2015.
144 páginas, 16 euros.

MÁS ALLÁ DE CIMERIA

El Torres vuelve a demostrar que es uno de los guionistas más interesantes del panorama nacional. Si antes nos sorprendió con sus historias de terror ahora le ha tocado el turno a la espada y brujería acompañado en la parte de dibujo de Ryp, Galindo y Genlot.


El género tiene una tradición muy consolidada entre los aficionados, desde que la Marvel adaptara en los setenta las aventuras de Conan al comic. Luego vinieron muchos más héroes bárbaros, que marcaron un punto de no retorno en la identidad del aventurero clásico.

Frente a los tradicionales ideales caballerescos, los bárbaros se burlaban de las normas, despreciaban los buenos modales, peleaban por dinero, desafiaban a los dioses y a los reyes y estaban más que dispuestos a encamarse con toda moza que se cruzase en su camino. Y, por supuesto, no tenían piedad con unos enemigos que, todo hay que decirlo, en muchos casos merecían la muerte. Por tanto el género fue como un soplo de aire fresco que actualizó y aportó realismo (a pesar del contexto fantástico de las aventuras) a las historias de caballería de antaño. Una cierta ironía siempre estaba presente así que plantear una aproximación burlesca a estos universos implicaba una acumulación de relecturas, parodia sobre parodia.

Y eso es precisamente lo que intenta El Torres. Sustituye al machote habitual por una pareja en la que digamos la Red Sonja de turno es la lista y el bárbaro el animal descerebrado al que resulta sencillo engañar. A partir de ahí juega con las claves que nos permiten reconocer el género, dándoles la vuelta. Nada es lo que parece.

Bribones, la maldición de la gallina, con ElTorres, Ryp, Galindo, Genlot edita Dibbuks - Conan, espada y brujería, bárbaros, comic
Si a los héroes les cae una maldición no les perseguirá un hombre lobo sino ¡gallinas! Ya metidos en materia, el guión acumula un gag tras otro con bastante fortuna. Las escenas de la chica en la cárcel de mujeres son descacharrantes, tanto como los intentos del bueno por rescatar a su compañera. El grupo salvaje que forman es todo un festival del humor, con una suerte de Lobezno medio calvo y un Conan de pacotilla empeñado en untar de aceite a sus compañeros. Hay grandes matanzas, conspiraciones absurdas, diálogos chispeantes y un ritmo trepidante. Para recordar las tramas entre conspiradores ocultos tras cortinas que todo el mundo puede ver. Hay un guionista que de verdad merece tal nombre y yo le felicito por su trabajo, que es excelente.

Viene acompañado por un ejército de dibujantes. El primer episodio lo firma el muy barroco Ryp, que se recrea en la imposible anatomía de la protagonista hasta el punto de que luego le crecen los pantalones y se abandonan completamente estos desparrames erótico-visuales. Los lápices van pasando de un grafista a otro en cada capítulo, aunque el conjunto es coherente y se sigue bien. Sobre todo, aunque es una serie muy divertida, no se burla de las claves del género.

El humor no es corrosivo, al contrario, funciona como un lubricante que activa unos engranajes demasiado usados, da vida a unas situaciones que de tan vistas ya no eran creíbles. Los brujos, reyes, gobernadores taimados y reinas pervertidas son tan amenazadores como deberían, más o menos, y las correrías de los protagonistas son realmente emocionantes y yo ya espero nuevas aventuras de estos bribones.
 

 

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viernes, 9 de mayo de 2014

LAS BRUJAS DE WESTWOOD de El TORRES, HERNÁNDEZ Y GARCÍA

Las brujas de Westwood de El Torres, Hernández y García, edita Dibbuks Terror y comic
Dib.buks, 2014
112 páginas, 16 euros

LAS BRUJAS DE WESTWOOD

El Torres vuelve con otro relato de terror. En este caso se trata de un aquelarre de brujas dispuestas a probar (¡otra vez!) que los mayores horrores se agazapan en lugares muy cercanos.


El Torres es un caso peculiar. Un guionista español que trabaja para el mercado americano, una excepción en un territorio donde reinan los dibujantes. Si ya es casi habitual que nuestros artistas gráficos se encarguen de los más conocidos superhéroes, son muy contados los escritores capaces de saltar las barreras culturales e idiomáticas y establecerse en la industria americana. Él lo ha conseguido con cuentos de horror que interesan a públicos globales. Más allá de la evidente popularidad de los géneros que transita, cabe subrayar su talento para contar historias que nos enganchan, llevándonos de una secuencia a la siguiente sin darnos apenas respiro.

En este relato clásico de brujas no espera a que nos situemos, ni nos presenta a sus personajes, ni se toma su tiempo para sugerir un clima, ni nada por el estilo. En la primera escena cortan a un tipo en pedacitos, convocan al demonio, que se muestra en una de sus manifestaciones más clásicas y luego se comporta como cabría esperar: de forma engañosa y brutal. Eso en las seis primeras planchas. Luego pasa al héroe de la historia, un guionista de Hollywood que ha triunfado con una novela al estilo Crepúsculo y que no parece nada satisfecho con su vida. La muerte de su hermano le hace volver al pueblo de su infancia donde ¡oh, sorpresa! viven las brujas.

A partir de ahí El Torres nos ofrece algo así como una parodia de Mujeres Desesperadas, con las brujas en lugar de las histéricas amas de casa de la insoportable serie. El argumento también tiene ecos del clásico de Ira levin Las poseídas de Stepford, que no hace tanto era adaptado al cine en una mediocre versión de Frank Oz. Como allí, pero invirtiendo los papeles, notamos que las mujeres de Westwood guardan un secreto y que sus maridos no son lo que parecen.

"Las brujas de Westwood" de El Torres, Hernández y García, edita Dibbuks - comic de terror
Estamos en una historieta de horror moderna y por supuesto no tarda en llegar la sangre y la destrucción. Lo que ocurre es que El Torres es lo bastante listo como para dar constantes giros a su argumento y desviarlo de sus premisas iniciales hasta alcanzar terrenos casi metalingüísticos. No quiero asustar a nadie ni desvelar el final. Baste decir que se reflexiona sobre el poder de la memoria y la creación literaria, que nunca se pierde de vista que esto es un relato de género, con unas normas que son respetadas y que su desenlace quizás no satisfaga a todos pero no se puede discutir que el guionista ha intentado jugar con nosotros y confundirnos en todo momento, como es su obligación.

Le acompañan dos dibujantes que cumplen con su labor, con una gama de color adecuadamente siniestra y la consabida paleta de texturas y recursos gráficos que acaban de aportar el necesario toque morboso. Destacaría las planchas de Ángel Hernández, con un dibujo un tanto vaporoso en los acabados pero de factura clásica y muy elegante, contenido pero potente. Para no perderse el texto que escribe el guionista al final del volumen, donde cuenta cómo recibió una carta de una verdadera hermandad de brujas, muy ofendidas tras la publicación del primer episodio en los USA. Después de leer la misiva todo empezó a salir mal, hasta el punto de que se plantearon interrumpir la miniserie. En fin, no creo que este trabajo sea tan redondo como El bosque de los suicidas pero es otra buena muestra del talento de El Torres. Yo seguiré comprando todo lo que publique.
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viernes, 13 de abril de 2012

TAMBORES de EL TORRES, GARCÍA y GAMBOA

Tambores - El Torres, García y Gamboa - Edita Dibbuks
Dib.Buks
104 páginas, 16 euros.

ZOMBIES HÚMEDOS

En tiempos de crisis emigrar se convierte en necesidad. Pero no todos los que abandonan su país de origen son iguales. Compadecemos a algunos, admiramos a otros. Como a El Torres.


Es un caso único. Hay dibujantes, cada vez más, que colaboran con otros mercados, especialmente el norteamericano y el francés. Los grafismos saltan fronteras y con la suficiente habilidad y si el estilo y la narrativa son los requeridos, los autores van encontrando huecos por los que colarse. Pero la escritura es otra cosa. No sólo por la dificultad de escribir en un idioma que no es el propio. Es que además los temas deben interesar a otra cultura, participar de su contexto y eso sí que me parece complicado. De alguna manera El Torres lo ha logrado y le felicito por ello. Pero de la misma manera en que respeto y admiro la capacidad para hacerse un hueco en un mercado ajeno y lejano, debo añadir que eso no asegura necesariamente la calidad de los productos. Lo que gusta fuera no es necesariamente bueno. Ni todo lo de dentro, por supuesto.

Pero es que El Torres viene demostrando que su triunfo no ha sido casual ni fruto del azar. Viene demostrando su talento, su habilidad para escribir historias inteligentes y entretenidas. Artefactos de ficción que participan de muchas claves genéricas, en su caso sobre todo de terror, pero sin menospreciar a un lector al que consigue enganchar desde la primera plancha y sorprender en numerosas ocasiones según avanza la acción. Y no hablo de sorpresitas, de trucos para mantener nuestra atención, sino de auténticos giros, lógicos en el desarrollo del relato, pero que demuestran su capacidad para ir más allá de lo previsible.

Tambores - El Torres, García y Gamboa - Edita Dibbuks
En Tambores, su última entrega, mezcla elementos tomados de la realidad, como esa tormenta “a lo Katrina” que pesa sobre los personajes a lo largo de toda la historia, o mitología tomada de diversas religiones afroamericanas. Todo esto, por supuesto, adobado con una batalla entre dioses, muertos que se alzan de la tumba y ambientes realmente escalofriantes. El dibujante es un poco sucio y el color tan oscuro como se acostumbra en los modernos tebeos de terror, pero el ambiente funciona y todo se sigue sin dificultad. Es curioso el planteamiento inicial, esa fusión de santería y otros ritos variados que se dan a lo largo del Caribe y otras zonas de Latinoamérica. El Torres las reúne en una lucha imposible contra el mal que viene del más allá. Fascinante también la elección del bueno, un “niño-milagro” manipulado por su padre, cristiano fundamentalista, que no quiere saber nada de la religión y sus alrededores. Al final, esos “alrededores” lo alcanzan obligándole a tomar determinaciones muy serias.

Como siempre, es el talento y no el género lo que cuenta. No se trata de defender o atacar las series de zombies, sino de reconocer aquellas historias con calidad. Ésta o la aclamada creación de Kirkman, Walking Dead, la tienen. Y además salen algunos zombies, ya ven qué cosas.
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viernes, 6 de enero de 2012

EL BOSQUE DE LOS SUICIDAS de EL TORRES y G. HERNÁNDEZ

El bosque de los suicidas de El Torres y Gabriel Hernández, edita Dibbkus desde el blog TBEO Y NO LO CREO
Dib•Buks. 
104 páginas, 16 euros.

ESPERANZA Y MIEDO


Empieza a resultar habitual que dibujantes españoles trabajen para el mercado americano. Mucho más extraño es que un guionista lo consiga. Es el caso de Juan Antonio Torres, que firma como El Torres


 Tras unos esforzados comienzos en el campo de los comics de bárbaros, hacía tiempo que le había perdido la pista a este personaje realmente curioso en el mundo de la historieta española. Desde el principio queda clara su voluntad de transitar los géneros más populares, de la fantasía heroica a, en la actualidad, el terror. Ha tenido la suerte y el talento de entrar en la industria americana, para la que ha escrito, entre otros encargos, dos obras en colaboración con el también español Gabriel Hernández. Ahora Dib•Buks las ha traducido y constituyen una muy agradable sorpresa.

Primero fue El velo y ahora El bosque de los suicidas, dos historias llenas de atmósferas lúgubres y sugerencias cromáticas. Comenzando por el dibujo, es adecuado a lo que se nos cuenta. Recuerda al Vince Locke de Una historia de violencia, con las texturas y el tratamiento digital necesarios para ensuciar el ambiente enfermizo que retratan los relatos de El Torres. En ocasiones sus deudas con Egon Schiele nos remiten a otro deudor del pintor expresionista, Ashley Wood, que por cierto firma las portadas. En general Hernández es un narrador correcto y aporta el tono siniestro que estos tebeos precisan.

Viñeta de "El bosque de los suicidas" de El Torres y Gabriel Hernández, edita Dibbkus desde el blog TBEO Y NO LO CREOSi el trabajo del dibujante es interesante, el guionista consigue ir algo más allá. Parte aparentemente de algunos lugares comunes. En El Velo reconocemos enseguida ciertos pasajes de El sexto sentido o de Entre fantasmas, que además se citan con evidente ironía. En El bosque de los suicidas se recorren sin pudor escenarios propios de modernos terrores japoneses como The ring y compañía. Más las inevitables citas a King, el moderno emperador del horror. Pero pronto El Torres demuestra su dominio del medio desembarazándose de esas deudas y transitando territorios realmente originales, apropiándose con autoridad de esos contextos terroríficos para descubrirnos nuevos miedos y asegurarnos diferentes escalofríos.

Estas dos novelas gráficas cumplen con las expectativas de todo amante del género. No sólo contamos con protagonistas que cargan con pasados conflictivos y cuya salud mental siempre está a un paso del desmoronamiento definitivo, además no se ahorran los necesarios clímax de sangre y destrucción que todo tebeo de poseídos, fantasmas y hombres-babosa requiere. Pero además El Torres se atreve con algo que comienza a ser casi inaudito, como es culminar estos relatos con algo parecido a un final feliz. Explora los archipiélagos de la culpa, sí, pero también los océanos de la expiación. Hay redención para los justos y para los que, más allá de toda esperanza, se mantienen firmes frente a la corrupción o se compadecen de quienes sufren. En ese sentido el discurso del guionista es tan sorprendente como bienvenido. El héroe duda y padece pero finalmente consigue cerrar las compuertas que permitían la extensión del mal.

Un gran trabajo que nos obliga a revisar anteriores obras de este autor.
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