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viernes, 22 de enero de 2021

PAPER GIRLS. LIBRO 1 DE VAUGHAN Y CHIANG

Paper Girls comic de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang
Planeta. Barcelona, 2020.
456 páginas, 50 euros.


CHICAS DE PAPEL
Admiré a Brian K. Vaughan cuando escribió “Y, el último hombre”. También me pareció interesante su novela gráfica “Los leones de Bagdad”. Y leí con interés el arranque de “Runaways”.


Pero después, de alguna forma, nada de lo que firmaba conseguía engancharme. Supongo que es alguna tara por mi parte ya que él ha seguido acumulando premios y halagos con series tan mencionadas e integradoras como “Saga”. O estas “Paper Girls”, que iniciaron su andadura hace cinco años y que ahora nos llegan en un espectacular volumen integral. La serie finalizó el año pasado y se anuncia una adaptación televisiva, algo que no extraña a nadie, teniendo en cuanta su atmósfera, que recuerda a la de la exitosa “Strangers Things”.
 
Reconozco que cuando empezó a salir en grapa lo dejé porque cada vez me cuesta más meter en casa los humildes y clásicos comic-books. Sabiendo que esos tebeillos van a ser reeditados en pocos meses en atractivos tomos de almacenamiento más sencillo y mucho mejor aspecto en la estantería ¿a qué idiota se le ocurre acercarse a la grapa? Yo desde luego me estoy desenganchando, aunque siempre hay algún comic tentador. Pero me espero. Esa no fue la única razón para dejar a las chicas repartidoras de Vaughan. Es que me pasaba algo que ya había sentido con sus “Runaways” y en “Saga”. Que eran culebrones que se estiraban como el chicle y en los que nunca acababa de pasar nada.

En manos de un guionista de talento una buena serie puede prolongarse durante décadas y seguimos disfrutando con las situaciones familiares y los giros argumentales, también con la evolución de los personajes, en el caso de que el talento del escritor haya conseguido que nos preocupemos por ellos. Y en esto Vaughan falla. No le ocurría en el pasado. Recuerdo haber leído “Y, el último hombre” con la misma atención del primero al último episodio. Pero creo que ha perdido parte de su magia.

En “Paper Girls” cuenta con un colaborador de primera, el talentoso dibujante Cliff Chiang, pero
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viernes, 15 de diciembre de 2017

IDIOTIZADAS de RAQUEL CÓRCOLES (Moderna de Pueblo)

Idiotizadas, un cuento de empoderhadas de Moderna de Pueblo
Editorial Planeta-Zenith. 
Barcelona, 2017
208 páginas. 14,90 euros.

EL MUNDO AL REVÉS
Podría decirse de la autora conocida como Moderna de pueblo que “progresa adecuadamente”. En este nuevo libro tiene pasajes verdaderamente divertidos con los que cualquiera, no importa su sexo o condición, puede disfrutar. 


Esta creadora es una de las mejores representantes de esos mundos para mi casi esotérico de las blogueras, los yutubers, las influencers, los instagramers o como quieran llamarlos. Universos paralelos habitados por gente cuya principal ocupación consiste en hacerse fotos o soltar comentarios sin parar mientras realizan actividades siempre molonas.

Este no-hacer-haciendo los convierte en figuras irresistibles que congregan a miles sino millones de followers, antes fans. Ahora mismo cuando mis alumnos van a buscar curro los editores les preguntan cuántos seguidores tienen en las redes. Si no se cuentan por miles no vale.

Y es que los empresarios se han percatado con rapidez de la fuerza comercial de estas pasiones digitales. Normalmente son públicos muy fragmentados por sectores. Tal autor se dirige a las chicas, pero solo a las de quince años y solo a las que les gustan los animes y solo aquellos animes con brujitas con ligas o lo que sea. Así que cuando muchas de estas creadoras digitales publica (y empiezan a ser legión) a lo que nos enfrentamos suelen ser lamentos o bromas generacionales, que solo alcanzan al grupito o grupazo concreto para el que fueron concebidas.


De vez en cuando los creadores con verdadero talento, sin abandonar sus preocupaciones más cercanas, abordan asuntos universales, arquetipos que todos podemos entender. Y esto es un poco lo que pasa en Idiotizadas. La autora da la vuelta de forma sistemática a los cuentos de hadas clásicos, de la Sirenita a la Cenicienta, para extraer nuevas conclusiones, denunciando lo rancio de algunos supuestos y planteando nuevas premisas morales. Esta es la parte más sistemática y digamos militante del volumen. La más evidente también y sin duda la que más flaquea en su voluntad programática y pedagógica. Sin embargo acierta en otros aspectos.

Primero en el narrativo. La puesta en escena es impecable. Se parte de una renuncia al modelo clásico de narración en viñetas, adoptando una estructura abierta con constantes guiños al lector. Las páginas son al tiempo complejas y fluídas y la mezcla de niveles narrativos funciona como un reloj. Por ese lado todo va bien. También son buenos los chistes, que abundan. Afortunadamente, además de la “instrucción” (no hagáis esto, niñas, haced aquello) hay diversión a raudales.

Idiotizadas, un cuento de empoderhadas de Moderna de Pueblo
El punto gamberro del cómic es muy efectivo y es lo que pone en marcha a los personajes. Como esa amiga que adivina el tamaño de los miembros de sus conquistas (“Plutón me comunica que tiene un pollón…”) o esa compañera que aprende a liberarse con sus amigos gays. La parte que de manera más descarada adopta la forma de sit-com es sin duda lo mejor. Y consigue que las vivencias de esa treinteañera en crisis resulten creíbles y entrañables.

Luego está el fondo de la cuestión, las lecciones que se nos dan. En un resumen rápido la protagonista se enfrenta a dos vías posibles: por un lado la de la amiga embarazada e idiotizada por su marido e hijo, una insatisfecha que al final debe admitir que su mundo perfecto es una mierda; al otro lado las compis guays, dos liberadas que se cepillan sin remordimientos todo lo que se les pone por delante. En uno de los pasajes más lúcidos se insiste en la necesidad de desprenderse de la mirada acusadora de todas esas otras mujeres que te van a llamar puta si haces lo que te sale de allá. Nuestra heroína debe elegir entre ambos caminos vitales, con la presión añadida de un novio que ¡insiste en tener hijos!

A mi todo esto me ha recordado a una película que me impactó de niño. Protagonizada por Jack Lemmon, “Cómo matar a la propia esposa” contaba la historia de un dibujante de tiras de prensa que vivía todas las aventuras que luego dibujaba. Su mayordomo le seguía y fotografiaba todas sus hazañas. Luego él copiaba las fotos con plumilla y pincel. Pero un día esa vida trepidante se acababa. Conocía a una exuberante rubia (Virna Lisi) y se casaba con ella. A partir de ese momento lo que saltaba a la tira eran sus aburridas vivencias como marido. Cansado de una existencia tan poco glamurosa decidía cargarse a su mujer, al menos en la ficción. No les desvelo el final pero debo confesar que cuando ya mayor decidí revisarla me sorprendió el tono radicalmente misógino del argumento, algo muy característico del momento en que la película se concibió (1965). Hay una escena especialmente brutal, cuando en pleno juicio Lemmon invita al jurado a apretar un hipotético botón que les permitiría librarse de esas brujas castradoras que los mantienen retenidos en casa, impidiendo toda diversión. Cuando los hombres presentes en la sala se abalanzan sobre el inexistente artilugio es un momento salvaje, de liberación de una rabia contenida que decía mucho sobre la posición de muchos maridos ante el matrimonio.

Pues bien, he sentido lo mismo leyendo este tebeo. Lo mismo pero al revés, claro. Si en la cinta la misión de toda mujer es cazar primero y jorobar después a todo hombre, Moderna de pueblo viene a decirnos que la misión de toda mujer es escapar de esos pelmas que tan solo quieren atrapar a mujeres con talento y expectativas laborales y engancharlas a la rutina del matrimonio y la maternidad. Hay que deshacerse de esos pelmas como sea. ¡Faltaría más!



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viernes, 20 de noviembre de 2015

VIRTUAL HERO de EL RUBIUS

Virtual Hero de El Rubius
Editorial Planeta. Barcelona, 2015.
56 páginas, 15,90 euros.

DE PUDRIDERO A EL RUBIUS


Este es un comic diseñado por una “personalidad” que proviene de un mundo cercano al de la historieta, pero que en general puede decirse que está sustituyendo a ésta en las preferencias de lectores cada vez más “gamers” (y, por tanto, menos lectores).


Según lo que puedo observar en mis propios retoños de cinco y ocho años respectivamente, la lectura es un rollo, da igual que se trate de cuentos o tebeos. Cualquier producto audiovisual es más entretenido en comparación, ya sea una serie de animación o un videojuego.

Supongo que todo esto cambiará con el paso de los años, pero por el momento nada parece sustraerlos de la fascinación que les provocan los vídeos en los que otros jugadores proclaman con sonoridad sus hazañas. A mis críos parece gustarles un tal Vegeta777, que también ha publicado algún libro y cuya vocecilla incansable está a punto de acabar con mis nervios. Pero si alguien sobresale entre todos los jóvenes héroes del ciberespacio ese es sin duda El Rubius, un tipo con millones de seguidores dispuestos a reírle las gracias y a quien las compañías adoran hasta permitirle convertir en una forma de vida lo que no dejaba de ser una afición, un divertimento.

Este “yutuber” acumula tal número de fans que lógicamente no podía tardar en dar el salto a otros medios. Se rumorea que se han lanzado cien mil ejemplares de su comic, una cifra realmente brutal en un mercado en el que rara vez se superan los mil de tirada. Ciertas mentes se escandalizarán ante un éxito que considerarán despreciable. A mi no me cabe duda de que se va a vender como churros (¡es de El Rubius!), más cuando compruebo que mis niños, a quienes ya he dicho que les cuesta leer, lo han devorado y esperan por el siguiente. Así que ahí se encuentra la primera clave que no debe ser olvidada.

Virtual Hero de El Rubius, EL Torres, Lolita Aldea
El Rubius habla un lenguaje que muchos jovencitos comprenden y aborda temas que les interesan y que ocupan gran parte de su tiempo. Básicamente chicas y videojuegos. Y no necesariamente por ese orden. La trama es una excusa para que el héroe, convertido en personaje virtual, se pasee por diversos mundos digitales, todos fácilmente reconocibles por los lectores. La acción se salpimenta con unos cuantos chistes y el humor grueso que caracteriza los vídeos de El Rubius y el resultado es un álbum que se lee de un tirón y que llega a provocar más de una sonrisa.
Otro cuyo nombre artístico empieza por “El” firma el guión. El Torres es un profesional y aquí vuelve a demostrarlo. No sé si se avergüenza o se enorgullece de asociar su talento a esta aventura, pero seguro que el cheque merecerá la pena. Del dibujo se encarga Lolita Aldea, que resuelve con un estilo manga muy adecuado a lo narrado. Los diversos videojuegos se reconocen con facilidad y emplea con eficacia la gestualidad desmesurada típica de los nipones.

Mi sensación es que la aventura es positiva para el medio. Algunos autores se quejan de la ausencia de lectores pero cuando estos regresan atraídos por productos como este, también protestan. Es más probable que un lector salte de un comic popular a otro más alternativo que al contrario. Y, además, en los tiempos posmodernos que vivimos, el mismo concepto de lo popular no es tan ingenuo como antes. El Rubius basa su fama en la parodia, trasteando con los universos digitales en una operación que agradaría a cualquier intelectual. Se trata de desmontar las claves sobre las que funciona el juego, para seguir jugando con él. Hay muy poca inocencia en eso. Quienes disfrutaron con las aventuras autoirónicas de “Pudridero” deberían de engancharse a El Rubius. Aquí se ha cuidado más el dibujo pero la intención conceptual es similar, una descerebrada vuelta a la infancia, sin complejos. ¡Pimentel, este se te ha escapado!
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