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viernes, 13 de enero de 2023

COMICS CORTO MALTES PARACUELLOS

VIEJOS PERSONAJES
Los autores envejecen como todo el mundo. Sus personajes, en ocasiones, no. Giménez se despide de otra de sus series mientras Pellejero nos presenta una nueva aventura de Corto Maltés.


Paracuellos Carlos Giménez Comic Un hogar no es una casa Reservoir Books
Carlos Giménez
Paracuellos. Un “Hogar” no es una casa
Reservoir Books. Barcelona, 2022
140 páginas, 19,90 euros


Ya lo he dicho con anterioridad. Giménez permanecerá como uno de los autores de historietas más brillantes de todos los tiempos. No solo de este país. Creo que no somos conscientes de su grandeza. Es cierto también que en sus últimas obras ya se nota el peso de los años. Pero su trabajo siempre es respetable porque es mucho lo que le debemos. Cuento Hom, Paracuellos, Barrio o Romances de andar por casa entre lo mejorcito del cómic mundial. 
Últimamente al autor le ha dado por despedirse. Presentó la última aventura de Gringo y de Dani Futuro, que ya comenté en su día. Y ahora dice adiós a su serie estrella, Paracuellos, con la que nos impactó en los ochenta y con la que lleva emocionándonos desde entonces. A menos que le dé un parraque, dudo que ésta sea su última incursión en una saga que es mucho más que una historieta. Giménez nos cuenta su infancia, a veces con rabia, otra con nostalgia, siempre con ternura. Y de paso es un gran ajuste de cuentas con un sistema que le maltrató haciéndole pasar múltiples penurias. Para los lectores volver a Paracuellos es regresar a un terreno conocido, casi familiar. Ya hemos leído muchas de sus historias en una saga que se acerca a los diez volúmenes y que encontró una natural prolongación en otra obra tan estimable como Barrio. En este tomo 9 quizás el dibujo acusa cierta debilidad, absolutamente normal en un señor que pasa de los ochenta años. Aparte de eso se sigue leyendo con la facilidad y frescura del Giménez de siempre. No hay innovaciones ni se esperan. Nos reencontramos con esa enternecedora amistad entre iguales y esa denuncia de los abusos de gente despreciable. Se suponía que debían cuidar de unos niños a los que en realidad martirizaban. Yo no pido más.




Corto Maltés Nocturno Berlinés comic Díaz Canales Pellejero
Díaz Canales y Pellejero
Corto Maltés. Nocturno berlinés
Norma Editorial. Barcelona, 2022
88 páginas, 22 euros

Si Giménez parece plantear que sus creaciones van a morir con él, otros personajes
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viernes, 3 de enero de 2020

MI AMIGO LUIS DE CARLOS GIMÉNEZ

Mi amigo Luis comic de Carlos Giménez Reservoir Books
Reservoir Books. Barcelona, 2019
80 páginas, 17,80 euros.

ALTO, GUAPO... ¡Y MALO!
¿Qué mejor manera de empezar 2020 que leyendo un tebeo de Carlos Giménez? El autor vuelve a territorios conocidos para ofrecernos nuevas y emocionantes historias.



Sobresale la que cuenta con un argumento de Josep Mª Beà y que da título al álbum, “Mi amigo Luis”. En todos los episodios el autor vuelve sobre personajes que ya había presentado en anteriores álbumes, aportándoles nuevos matices. Como la novia de la juventud que recupera en “Crepúsculo”. Si en la primera versión se nos contaba el arco completo de la protagonista, de su gloriosa juventud a su terrible decadencia, en esta ocasión se le da una nueva vuelta de tuerca, mostrando que aun se puede caer más bajo. Esa mujer vapuleada por la vida confiesa que su mejor etapa fue cuando se dedicó a la prostitución en Portugal. El dibujante lleva años transmitiendo la desesperación del que está al final de un camino ya demasiado largo. Así que sus personajes más desgarradores acaban siendo los más creíbles. Ese encuentro entre la mujer acabada de hoy y su novio del pasado, que la recuerda como en la foto que se intercambian, con la lozanía de su espléndida juventud, resulta tan emotivo como desolador.




Mucho más ligeros son los otros dos capítulos, dedicados a las andanzas del joven dibujante. Giménez ha dedicado muchas páginas a sus compañeros artistas, “Los profesionales”. En general son un conjunto de anécdotas entretenidas y que describen muy bien cual era el ambiente y las costumbres cuando se inició en el oficio. Estas se ajustan a la norma, están bien contadas y poco más.

Pero la primera es algo diferente. Como el propio autor comenta en la introducción él acostumbra a desarrollar historietas que sus amigos le cuentan. En el caso de Beà, también dibujante, no solo le explica el relato con todo lujo de detalles, también le aporta documentación y le facilita bastante la tarea. Con ese material Giménez se lanza a lo que mejor sabe hacer: duplicar la mirada de un niño. Lo demostró con brillantez en “Paracuellos”, también en “Barrio”. Ahora quizás se toma más tiempo que entonces y su narrativa es en general más pausada, pero aun mantiene la magia con la que siempre nos conmueve. Se describe la relación entre un niño y un mozo de almacén, un tipo alto y fuerte al que el chaval adora. Estamos casi ante el reverso de aquel otro episodio que incluyó en uno de los últimos volúmenes de “Paracuellos” y que tuve ocasión de comentar en las Navidades de 2017. Allí aparecía un jardinero que se portaba bien con unos niños acostumbrados a ser maltratados por sus mayores. Aquí a esa amistad entre niño y adulto se le da un giro tenebroso. El asunto tiene miga tratándose de Giménez, uno de los autores más comprometidos de este país. Sus diferentes obras siempre reflejan su ideología y su preocupación por los débiles, por los que trabajan y son explotados, por los que padecen humillaciones que no se merecen. Si alguien ha idealizado a la clase trabajadora ese es Giménez. Pero además lo ha hecho desde dentro. Ahora muchos autores parecen hijos de papá que vienen a perdonarnos la vida y a redimir las culpas de sus progenitores ayudando a los necesitados, o eso nos dicen. Nunca fue así en el caso de Giménez, él nunca jugó a ser pobre. Nos contó las miserias de su infancia y su ascenso social, pero cuando hablaba de la construcción de una chabola en una noche lo hacía desde dentro, desde la verdad. Sus héroes eran perdedores con dignidad y orgullo. Por eso sorprende más lo que ocurre en “Mi amigo Luis”. Cuando la amistad entre el niño y ese “primo de Zumosol” alto y rubio, ese trabajador capaz y honrado queda establecida, se dispone la siguiente pieza del drama: en el almacén donde trabaja empiezan a producirse robos. Él colabora en su resolución. O eso parece.

Ya he contado demasiado. Solo Giménez se atreve a día de hoy a firmar unas páginas como las que cierran esta historia. Ya mayor el niño de ayer vuelve a encontrarse con su viejo amigo el gigante rubio. El cruce de emociones que se describe a continuación será calificado por muchos como sensiblero y hasta empalagoso. Yo creo simplemente que el autor vuelve a demostrarnos que no teme expresar sentimientos y que sigue siendo el más grande.

Entrevista con Carlos Giménez
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viernes, 31 de mayo de 2019

PUNTO FINAL de CARLOS GIMÉNEZ

Punto final de Carlos Giménez Gringo y Dani Futuro comic español edita Reservoir Books
Reservoir Books, 2019
94 páginas. 24,90 euros


DESPEDIDA Y CIERRE
Giménez firma un extraño trabajo en el que se despide de dos de los personajes que marcaron sus inicios en el medio y que se sitúan en dos géneros muy diferentes: el western y la ciencia-ficción.


Si “Gringo” conecta a Giménez con el pasado, con el cómic español más tradicional y popular, “Dani Futuro” fue la serie que lo lanzó hacia un porvenir donde cada una de sus obras redefinía la evolución del medio. Recuerdo como si fuera ayer el momento en que leí aquel primer episodio lleno de ocurrencias narrativas y un color insolentemente pop, tanto como los grafismos de aquel joven Giménez que exhibía su talento desde las páginas de “Gaceta Junior”. Era 1970 y ahora, casi cincuenta años después, el autor decide ponerle punto y final a su serie.

Aunque ni en este caso ni en el de “Gringo” liquida a sus héroes así que quién sabe si en el futuro alguien se atreverá a redibujarlos. Es curioso que estos dos trabajos no estuvieran escritos por él, que más tarde se convertiría en el autor completo más importante de este país, con obras como “Paracuellos”, “Barrio”, “Sabor a menta”, “Hom” o “Primer amor”, auténticas obras maestras que todo aficionado debería conocer, estudiar y admirar.

Sin embargo, ya digo, “Gringo” fue escrito por Manuel Medina, a quien Giménez rinde homenaje en un sentido prólogo. Por supuesto, Víctor Mora fue el guionista de “Dani Futuro” y en su caso las palabras que le dirige ya no son solo de respeto, también de amistad y admiración.


Esa introducción resulta especialmente emotiva por la deuda afectiva e intelectual que el creador confiesa tener con Mora. También por detalles como la corrección que introduce en su última historia, respecto a lo que considera un desliz del original. Me refiero a la secuencia en la que el protagonista, tras un largo periodo de hibernación, intenta levantarse y cae desmayado. Es una viñeta apaisada en la que Giménez muestra diferentes posiciones del personaje, expresando lo que va de los titubeos iniciales hasta que se desploma.

Punto final de Carlos Giménez Gringo y Dani Futuro comic español edita Reservoir Books
En la versión de los setenta Dani corría hacia la izquierda (hacia afuera de la página ya que la viñeta era la primera de la plancha izquierda) y se desmayaba hacia el interior, a la derecha. Según apunta el autor ahora lo ha dibujado siguiendo la dirección “correcta”. Me llama la atención esa actitud crítica hacia su propio trabajo, esa voluntad de, medio siglo después, hacerlo “bien”. Debo añadir que no cambiaría nada del primer episodio. Me enloquecen sus saturadas planchas, sus decorativos motivos, sus diseños futuristas, por mucho que Giménez admita sus deudas con Mezieres… y hasta la viñeta del desmayo. Sí, como comprobamos en su revisión, hacia la derecha es más natural. Pero ese tirón del personaje que intenta correr, se ve detenido y casi atraído hacia la derecha donde se desploma sobre el primer plano de Iris ¡es irresistible!

Nostalgias aparte el álbum se lee muy bien. Sorprendentemente, mejor el episodio de “Gringo” que el de “Dani Futuro”. En este último intenta construir un relato áspero, como si se empeñara en agriar la dulzura de la serie original. Hay brutalidad, una violación, muy mal rollo y una proclama ecologista al final. Pero si el inicio espacial no carece de fuerza la conclusión africana es difícil de tragar. En cambio “Gringo”, que en el original era un western muy anodino, le permite levantar un episodio durísimo y este sí nos lo creemos. Tiene un algo de “Sin perdón”, un vaquero que no quiere líos y tan solo desea vivir en paz con su mujer e hijos. Primero Giménez introduce un apunte contra el racismo y luego se marca un final tremebundo, que incide en el existencialismo de que ha hecho gala en sus últimas obras. Si algo puede salir mal no duden de que irá a peor. Muy duro pero narrativamente impecable.

El maestro sigue de despedida, cada una de sus últimas entregas es una incógnita. A veces factura trabajos que no están a la altura de su talento o donde se nota el peso de los años. Pero el que tuvo retuvo y pasará mucho tiempo antes de que alguien consiga arrebatarle a Giménez su corona de rey del comic español.



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jueves, 28 de diciembre de 2017

PARACUELLOS - LAS MADRES NO TIENEN LA CULPA - GIMÉNEZ

Comic Paracuellos Carlos Giménez Las madres no tienen la culpa - reservoir books - TBO BD
Reservoir Books. Barcelona, 2017
82 páginas. 17,90 euros.

GANAS DE LLORAR

Aparentemente Giménez deseaba dedicar su último (hasta el momento) libro de Paracuellos a las madres. Según explica en su introducción siempre había prestado atención a los sufrimientos de los niños. Pero sin duda sus madres eran más conscientes y padecían con mayor intensidad aquella forzosa separación.

Ya saben que esta es la obra de su vida. Él fue uno de aquellos críos condenado a vivir en un “Hogar”, lejos de su familia. Lleva una buena parte de su carrera profesional contándolo, describiendo la maldad de unas cuidadoras más atentas al adoctrinamiento y a sus propias necesidades y frustraciones, que a las carencias de unos chavales sometidos a unas condiciones de vida inhumanas.

Si algo nos ha enseñado Giménez es que con los niños no se juega. Cuando alguien antepone su ideología, religión o codicia al bienestar de sus hijos, cuando cree que puedo usarlos como barrera o moneda de cambio, toda razón se ha perdido, ya sabemos que nos encontramos frente a un desalmado capaz de cualquier desatino. Por supuesto hay otros Giménez más allá de Paracuellos: Hom, Koolau, Barrio… Su obra es ingente y magistral, ha sido el Autor con mayúsculas del cómic español. Y pasarán muchos años antes de que nadie pueda sustituirlo. Porque además su voz fue la de toda una generación. Fue la voz de un pueblo que se alzaba y recordaba. Y al tiempo construía y se mostraba dispuesto a avanzar… sin olvidar. Creo que pocos creadores como Giménez pueden presumir de haber sabido, en un determinado momento histórico, expresar los deseos, los miedos, los atrevimientos de una sociedad. Pocos entre quienes le antecedieron o sucedieron lo han vuelto a conseguir. Pero Giménez sí: hace años, él habló por todos nosotros.

Ya saben que últimamente me cuesta seguirlo. Pero creo que con este último trabajo lo ha vuelto a conseguir. Por un lado uno espera una mayor presencia de las madres, de acuerdo al título que propone y a su introducción. No es exactamente así. Sobre todo el último episodio subraya su posición. Él sigue contando desde su experiencia, que es la de un niño maltratado, abandonado.

Desde esa sensación de pérdida explica la ausencia de la madre, ese espacio de amor y calor que los niños echan especialmente en falta. Como comenta el autor los críos se adaptan con más facilidad que los adultos. Las madres sufrían sin tregua mientras los niños se ajustaban a la nueva realidad, pero a veces no era tan fácil. Y ahí está Giménez para contarnos la historia de ese niño que se sube a un banco en espera de que aparezca una madre que no acaba de llegar nunca. Con ese zoom al rostro de Peribáñez nos explica que lo peor es no tener una madre a la que abrazar cuando llegan las ganas de llorar. Alguien lo calificará de sensiblero. Yo no, creo que Giménez ha vuelto a contar lo que mejor conoce y lo ha vuelto a hacer bien.

Otra sorpresa es la dedicatoria del álbum y el epílogo donde nos relata la existencia de ese personaje que les ponía películas. Un funcionario que de forma desinteresada ayudó a los niños sin familia tanto como pudo, a lo largo de toda su vida. Una figura heroica a la que apenas dedica unas viñetas en un episodio. Pero si Giménez no se atreve a desarrollar más la figura de ese santo laico, parece servirle de inspiración para el primer episodio, en mi opinión el mejor del libro y una pequeña joya. El relato es uno más en el conjunto de Paracuellos: niños que padecen, en este caso por sed ya que en el verano el agua se reducía a un vaso al día. Pero aparece un señor, el jardinero, que marca la diferencia.
Como vivimos en un universo donde reina la sospecha, lo primero que vemos planear es la sombra de la pederastia, algo que curiosamente apenas asoma en esta saga. Hay constantes brutalidades, golpes, bofetadas, palizas, pero apenas se alude a tocamientos u otros abusos sexuales. Pero en este caso, cuando los niños han bebido el agua del botijo del jardinero y deciden sustituirla por orina, el momento en que uno de ellos se la saca dispuesto a dar el cambiazo y se ven interrumpidos por el trabajador, uno supone que cualquier cosa puede pasar. Y lo que sucede es lo más inesperado. En medio de sus penalidades los niños descubren a un buen hombre que se hace amigo suyo y los ayuda cuanto puede.
Giménez lo cuenta con una sencillez y naturalidad pasmosas, todo resulta conmovedor. Sobre todo porque nos recuerda algo no muy habitual en la serie: que queda bien en el mundo y que esa bondad suele deberse a una decisión personal. El jardinero podía ser un bicho, frustrado por las limitaciones de su existencia. Pero como el hombre del cine, la señorita Ester Alvar o hasta el señor delegado, ha decidido ser bueno. Y eso es ya de lo poco que podemos esperar y agradecer en esta vida. ¡Feliz Navidad a todos los hombres de buena voluntad!
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viernes, 30 de diciembre de 2016

PARACUELLOS 7. HOMBRES DEL MAÑANA de GIMÉNEZ

Hombres del mañana de Carlos Giménez. Edita Reservoir Books. Comic huérfanos
Reservoir Books. Barcelona, 2016.
76 páginas, 17,90 euros.

...LLENOS DE FE Y DE ILUSIÓN

Carlos Giménez alcanza el séptimo tomo de Paracuellos, una gran noticia sobre todo tras leer su trabajo anterior, un testamento siniestro, una amarga despedida que parecía anunciar su retirada del medio.


Afortunadamente no ha sido así y ahora recupera una de sus series más populares, aquella que nos hizo seguirlo y admirarlo, que nos emocionó por su contenido y nos impactó por su precisa puesta en escena.

Mucho antes de que nadie hablara de “memoria histórica” Giménez nos desveló la suya, que por personal consiguió ser universal. Y, si había una intención política detrás de aquellos recuerdos, iban por delante los aspectos humanos, dar testimonio del sufrimiento de unas víctimas perfectas, unos niños brutalizados sin razón ni necesidad y cuyo dolor muchos sentimos como propio.

Durante años Giménez contó sus desgracias y las de sus compañeros en una catarsis colectiva a la que como lectores fuimos invitados y que fascinaba por la precisión con que conseguía acercarse a aquellas criaturas con las que resultaba sencillo identificarse. Hubo quien le acusó de sentimental, echándole en cara que su trabajo fuera tan popular. No en vano muchos han preferido siempre la exquisitez de lo minoritario, la diferencia que permite a unos pocos sentirse superiores.

Luego llegó la continuación de aquellas memorias en Barrio, otra gran serie que ha retomado, siempre con fortuna. Su vida como profesional quizás no constituyó un relato tan emotivo ni profundo, pero no estaba exenta de interés. Sumen a todo ello una larga lista de obras maestras como Hom, Sabor a menta, Primer amorGiménez es EL dibujante.

Si hay que seleccionar a un autor que represente lo mejor del comic español, debe citarse su nombre, sin duda. Durante años nadie se le acercaba en el terreno de la narrativa, nadie tenía su sentido de la estructura visual, de la interacción entre imágenes y textos, nadie tampoco su capacidad para crear personajes humanos, creíbles, con los que podíamos empatizar, por los que nos preocupábamos y cuyas vidas eran más reales que las nuestras. Es uno de los grandes y no debemos nunca olvidarlo.

Hombres del mañana de Carlos Giménez. Edita Reservoir Books. Comic huerfanos
Pero, pese a ello, sus últimas obras habían sido muy decepcionantes. Empiezo a contar desde 36-39. Malos tiempos, su tetralogía dedicada a la Guerra Civil.

Alguien que como él siempre había ofrecido una versión muy creíble de la realidad nos sorprendía con un relato de buenos y malos, una aproximación maniquea en la que se daban pelos y señales cuando los verdugos eran fachas mientras que los muertos parecían caer del cielo cuando sus asesinos eran de izquierdas. En alguien que ha convertido Paracuellos en una marca personal sorprende esta doble vara de medir, esta desmemoria por un lado y esa precisión por el otro. Desde entonces todo ha ido de mal en peor. Dedicó cinco álbumes a contarnos la vida de su amigo el dibujante Pepe González. Reconozco que era una crónica muy interesante y vívida de un personaje que sin duda merecía tales esfuerzos. Pero ¡cinco álbumes!
El ritmo, uno de los puntos fuertes del autor, desaparecía devorado por la repetición y la insistencia. Con todo Giménez siempre consigue transmitir la idea de que lo que cuenta es importante y que debemos prestarle atención. Pero llega un momento en que cuesta hacerlo.

Peores son sus otras entregas de estos años. Por un lado la fallida Peste escarlata y por el otro Crisálida, una confesión de un señor de la tercera edad al que ya no le quedan muchas ganas de vivir. Conmueve por su franqueza pero deprime por su insistencia y su (de nuevo) falta de ritmo. Nunca pensamos que acabaría convertido en ese abuelo que nos cuenta batallitas. La afirmación anterior es una crueldad, y el peor Giménez sigue teniendo mucho más interés que casi todo el resto de autores españoles. Pero precisamente por haber sido tan grande, duelen más sus actuales patinazos.

Y así llegamos a Paracuellos 7. Es mejor que sus últimas obras. Creo que no alcanza a sus episodios de hace años, pero no desmerece en el conjunto de la serie y mantiene su capacidad para llevarnos a un mundo de niños, que se comportan como tal y que por eso provocan nuestra compasión. Sus ilusiones, sus esperanzas, sus sueños, son tan infantiles como creíbles y cuando alguien les hace daño también nos lastima a nosotros. Yo creo que en el pasado Giménez no habría dejado pasar algunos diálogos, como el que dedica al padre que vivía en Francia. Pero en general es un gran producto que nos reconcilia con un autor al que siempre hemos admirado y querido.

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viernes, 8 de mayo de 2015

VIEJAS GLORIAS DEL CÓMIC

Llegan a las librerías productos que por un lado agrupan material clásico, hace tiempo descatalogado o inédito, y por el otro suponen nuevas creaciones de autores veteranos que en muchos casos mantienen un numeroso grupo de fieles seguidores.


Hombre de Peter Wiechman y Rafael Méndez Aleta Ediciones
Hombre
Peter Wiechman y Rafael Méndez
Aleta Ediciones, 2015.
192 páginas, 19,95 euros.

En la primera categoría incluiría la necesaria recuperación de Rafael Méndez, en su momento uno de los mejores dibujantes realistas de este país, que trabajó durante años para Alemania y es casi un perfecto desconocido para los aficionados actuales. Hace tiempo que se retiró de una profesión que acabó destrozándole los nervios e incapacitándole para el dibujo.

Ahora se traduce uno de sus westerns, Hombre, donde podemos disfrutar con sus extraordinarias dotes para la representación de animales y ambientes. Aunque los guiones son muy setenteros, se dejan leer. Al menos son breves y tienen ese punto sincopado propio de guionistas como O’Neill, que le pegaba tales empujones a las historias que se acababa con la sensación de que faltaban viñetas. El trabajo con el pincel de Méndez, increíble. Durante años estuvimos incluyendo planchas suyas en la revista El Wendigo ya que su director, Faustino Rodríguez Arbesú, no podía entender que nadie se acordara de este auténtico artista maldito. Finalmente ha llegado su momento y eso es bueno.

García López - Superman Otros Mundos y Batman - Episodio Perdido; edita ECC
Superman Otros Mundos, 184 páginas 18,95 €
Batman Episodio Perdido, 96 páginas 12,95 €
Edita ECC

En la segunda categoría, la de veteranos en activo, situaría a García López, que acaba de sacar otro comic de Batman. En este caso la excusa es recuperar un episodio de la serie clásica de la tele que no se llegó a producir. Ahora se adapta en viñetas y la ñoñería pop de la serie original parece contagiar y ablandar la labor de un grafista tan poderoso como Jose Luis García López, medio gallego y medio argentino que lleva mil años asentado en los USA.

Más interés tienen otras recuperaciones de su trabajo, como sus colaboraciones en la serie de Superman o sus Elseworlds. Ya conocíamos su versión medieval del personaje, con guión de Gibbons y que se incluye en este recopilatorio. Pero no las otras dos, donde exhibe sus poderosas dotes. El problema es que no se entinta él y los encargados rebajan un tanto el vigor de sus lápices. Con todo, recomendable.


Los espíritus de los muertos de Poe por Corben, edita Planeta Comic
Los espíritus de los muertos de Poe
Corben
Planeta Comic
216 páginas, 30 € 

Otro veterano que vuelve es Corben, de quien constantemente se recopila material. Ahora nos da nuevas versiones de Poe, con color digital. El problema es que Corben es mucho Corben. Y que una vez leída su primera versión de “El Cuervo”, no se puede olvidar y su reinterpretación no es TAN buena.

Pero aunque inevitablemente estemos comparando con la fuerza de su trabajo pasado, notando lo que ha perdido por el camino, Corben sigue siendo mucho y no seré yo quien se atreva a meterse con él. Todavía disfruto con sus sombras, con sus volumetrías, sus imposibles hembras y casi diría que me gustan hasta sus errores.



La peste escarlata de Carlos Giménez Edita Panini
La peste escarlata
Carlos Giménez
Edita Panini, 96 páginas

El siguiente es un caso parecido. Carlos Ginémez ha sido el dibujante y autor de comics más grande de este país. Y aún pasarán años hasta que alguien pueda arrebatarle esa posición. Creo que esto nunca se ha dicho lo bastante alto ni lo bastante claro. No era solo que fuera bueno, es que era mucho más bueno que los demás, su trabajo estaba a años luz de todo lo que se hacía. La mezcla de dibujo, guión, voluntad narrativa y visión del mundo, sus ganas de contar, convertían sus comics en un continuo disfrute.

Pero ese momento pasó. Es duro decir esto de alguien que ha sido tan importante y durante tanto tiempo. Y no es que sólo haya hecho una o dos obras interesantes. No, su carrera está cargada de trabajos para citar y recordar. Pero la edad no perdona y salvo contadas excepciones, pocos autores sobreviven al paso (y peso) de los años. Me temo que eso es lo que le ha pasado a Giménez. Su ciclo dedicado a la Guerra Civil ya me pareció bastante flojo. Sus álbumes sobre Pepe González, más allá del interés documental, resultaban estirados y repetitivos y el balance final tampoco estaba a la altura de anteriores trabajos.

Y ahora llega esta Peste escarlata, otra adaptación de London, como el Koolau que dibujó hace tanto. Le ha dado un aire futurista, un género que ya había transitado, con Dani Futuro primero, Hom o Érase una vez en el Futuro después, entre otras ocasiones. Y el resultado es pobre. Giménez es demasiado profesional para ofrecer un mal comic. Pero está muy por debajo de anteriores productos suyos, le falta fuerza, interés, verdad. La humanidad de sus personajes, uno de sus rasgos distintivos, ha sido sustituida por la ideología y la denuncia de vuelo corto. Él siempre ha sido un autor comprometido y crítico, pero no anteponía los discursos al relato. Ahora sí, y es una pena.
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viernes, 3 de enero de 2014

PARA REYES, ¡TEBEOS!

A pocos días de nuestra tradicional fiesta de Reyes siempre queda algún regalo por resolver. Los tebeos son una opción conveniente, más en un año caracterizado por la recuperación de clásicos incontestables.


El arte de Caran D'ache, editado por El Nadir
Empecemos por El arte de Caran d’Ache, publicado por El Nadir. Un tomito delicioso que nos permite admirar el trabajo del gran maestro francés, incluyendo varias láminas a color realmente espléndidas. No sólo sorprende la modulación de su línea y la elegancia de su estilo, también su humor, con ocurrencias tan refinadas como la de la vaca mirando pasar un tren. Es prehistoria, pero todavía nos conmueve y divierte.


Little Sammy Sneeze de Winsor Mc Cay, editado por Los tebeos de Cordelia
Los Tebeos de Cordelia recuperan el personaje eternamente constipado de Mc Cay, el gran padre fundador del cómic y la animación. Si disfrutaron con su Little Nemo sin duda amarán a este Little Sammy Sneeze, que nos llega ahora en una cuidada edición a color. Imprescindible, sorprendente y de una modernidad apabullante.



Felix el Gato, edita Kraken
Otro bonito volumen es el que agrupa las aventuras de Felix el gato. La edición americana original corre a cargo de Craig Yoe, un apasionado del medio cuyas entregas suelen ser siempre interesantes. Aquí lo publica Kraken y es más bien recomendable para un público infantil, aunque cualquiera puede disfrutar con las redondeadas formas de su dibujo.

Avanzando en el tiempo llegamos a Simon y Kirby de quienes se han editado dos recopilatorios agrupando algunas de sus primeras obras. Primero nos llegó la dedicada a sus historietas policiacas y ahora otro volumen con episodios de ciencia-ficción.

Science Fiction de Simon & Kirby, edita Diábolo
La iniciativa corre a cargo de Diábolo, que ya se había hecho cargo de los tomos de Ditko. Cuidada edición para un material que interesará más a los estudiosos e historiadores del medio que a los aficionados. Como lector prefiero sin dudarlo el material que Panini va recopilando en sus impresionantes tomos Marvel Gold. ¿Ya tienen el último? No se lo pierdan. Además, los colores respetan la crudeza de la edición original, sin aberraciones como la cometida recientemente con el Thor del pobre Simonson. Uno de los mejores tebeos de la historia arrastrado por el fango digital. ¡Qué horror!

Panini se encarga también de devolvernos a un clásico del tebeo español que se mantiene increíblemente fresco. Me refiero al Dani Futuro de Carlos Giménez y Víctor Mora.
Dani Futuro, de Giménez y Víctor Mora, editado por Panini Comics
Se agrupa toda la serie en un único y elegante volumen y volvemos a disfrutar con el Giménez más dibujante. Aunque luego se reveló como un autor completo, que impactaba por la seriedad y profundidad de sus temas, este divertimento de ciencia-ficción permanece como un trabajo bien hecho, perfectamente dibujado y mejor narrado. Reviso sus páginas y todavía siento el impacto de la primera lectura, con los rabiosos colores con los que apareció en Gaceta Junior, sus guiones bienintencionados y políticamente correctos y la calidad del dibujo más realista del que era capaz Giménez. Imprescindible.

Dejo para el final otra recuperación europea, el Integral de Bruno Brazil, con guión de Greg y dibujos de Vance. Ya saben que no soy un fan del dibujante de XIII, que aquí resulta tan envarado como de costumbre y además nos recuerda constantemente al encargado de llevar a James Bond al comic, el peculiar e impresionante Yaroslav Horak.
Bruno Brazil de Greg y Vance, edita Ponent Mon
No es casual, se había hecho cargo del personaje en 1966 y Brazil aparece dos años después. Teniendo en cuenta que este último tiene una reconocida deuda con el popular espía británica, es lógico que Vance estudiara a su “rival”. El problema es que Horak es mucho más dinámico y versátil y lo único que Vance consigue al imitarlo es que notemos más sus debilidades. Con todo, Brazil sigue siendo un tebeo de lectura fácil ya que al menos el artista es preciso con los fondos y el guionista es Greg, uno de los grandes creadores europeos: editor, dibujante y guionista, un auténtico genio con un peculiar sentido del humor y que raramente decepciona. Si a todo ello suman que este integral viene acompañado de unas precisas y amenas introducciones con mucha información para contextualizar la época en que apareció la obra, coincidirán conmigo en que es una compra muy recomendable. Edita Ponent Mon.
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viernes, 16 de noviembre de 2012

PEPE de C. GIMÉNEZ

Pepe de Carlos Giménez. Edita Panini Comics
Panini Comics. Barcelona, 2012.
96 páginas, 15 euros.

CARLOS Y PEPE

Tras su ciclo sobre la Guerra Civil, Carlos Giménez vuelve con un álbum dedicado al recientemente fallecido Pepe González.
Todos recordamos a González por su labor en Vampirella. Allá por los setenta fue uno de los miembros de la “armada española” que desembarcó en los USA colaborando en las revistas de terror de Warren. 


Salvo excepciones, esa invasión española marcó el principio de la decadencia de aquellas publicaciones. Había autores, como Víctor de la Fuente, que podían codearse con los clásicos de la EC que habían dominado los primeros números de Creepy, Eerie y compañía. Otros, como Beá, ofrecían cierta exótica novedad. Pero en su mayor parte eran ilustradores con muchas pretensiones y una pésima narrativa. Algunos sabían copiar fotos con eficacia, como Luis García, y otros ni eso, como Maroto. Coincido con Larry Hama, quien explicaba toda la operación en términos económicos: no es que los españoles fueran mejores, es que resultaban más baratos. Cuando luego aparecieron los filipinos, cobrando aún menos, sustituyeron rápidamente a aquellos maravillosos artistas europeos.

Pepe de Carlos Giménez. Edita Panini Comics
Dicho lo cual, es de justicia añadir algo más. El carácter más artístico de aquellos dibujantes impresionó a no pocos creadores americanos. Eisner así lo reconocía, también Buscema o Kubert. Su enfoque ayudó a que ciertos autores se sintieran menos artesanos y se preguntaran si había otras formas de encarar y considerar su propio trabajo. Pero cuando revisamos las opiniones de los guionistas que trabajaron con ellos, todos repiten lo mismo. Los españoles sin duda eran muy buenas personas y muy simpáticos, pero a ser posible, mejor que sus historias fueran ilustradas por Corben, Wrightson, Heath y similares.

Pepe González fue uno de los más conocidos de aquel grupo ya que tuvo la fortuna de hacerse cargo de la muy sexy Vampirella, una vampira alien que portaba un imposible y ajustadísimo minivestido rojo.

Tres años después de la muerte de González, su compañero Carlos Giménez firma un sentido álbum homenaje a su memoria que además se anuncia como el primero de una serie de cinco. No es la primera vez que nos habla de su colega, ya lo hizo con anterioridad en Los profesionales, donde el finado protagonizaba algunas divertidas anécdotas, en parte a causa de su condición sexual. En esta primera entrega Giménez parece que va a mantener el tono un poco frívolo que empleó en su descripción de sus compañeros de faena. Pero no es así del todo. Dedica gran parte de las páginas a repetir hasta la saciedad lo que luego ha dicho también en entrevistas. Que González era uno de los mejores dibujantes de este país, que era capaz de dibujar cualquier cosa y que sus mujeres eran las más hermosas que se hayan dibujado nunca. Él debe saberlo ya que sus chicas nunca han escondido la deuda que tienen con las de González.

Pepe de Carlos Giménez. Edita Panini Comics
Pero quien tuvo retuvo y Giménez es capaz de mezclar sus panegíricos y su indudable admiración por el amigo muerto, con la inclusión de escenas no especialmente complacientes. En ese sentido nos confirma algo que como lectores ya sospechábamos. Que la increíble habilidad técnica de González, su indudable destreza, iban acompañadas por una desidia casi absoluta que lo distanciaba de forma casi automática de todo lo que pasaba por sus manos, inyectando una insoportable frialdad en el producto final.

No niego sus méritos. No lo considero un gran narrador, pero su Vampirella es un producto correcto (donde cuenta con la inestimable ayuda de Goodwin). Y cuando sólo realiza chistes, como en su serie Pamela, podía ser muy grande. Agradezco que Giménez no esconda al personaje tras una montaña de halagos y sea capaz de contarnos historias tan fascinantes como la del grupo musical con la que cierra el volumen. Porque al mostrar las flaquezas y no sólo las virtudes de su amigo, construye algo muy verdadero que consigue emocionarnos. Yo ya espero la continuación.
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