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domingo, 16 de julio de 2023

DR. URIEL INTEGRAL COMIC SENTO

Dr. Uriel Integral de Sento Novela gráfica guerra civil
Astiberri, España, 2017
432 páginas, 35 euros


LAS PERIPECIAS DEL DR. URIEL
Sento firma una arrolladora novela gráfica ambientada en la Guerra Civil Española, evitando los lugares comunes, sorteando con elegancia no pocas dificultades narrativas y emocionándonos con un personaje cargado de fuerza dramática.


El protagonista es el suegro del dibujante. A partir de sus cartas y de la memoria familiar reconstruye sus andanzas durante el conflicto bélico. La obra se inicia con una suerte de prólogo, el “mundo ordinario” del personaje, recién salido de la facultad de medicina y a quien el inicio de la guerra pilla ejerciendo de sustituto del doctor de un pequeño pueblo. Vuelve a una Zaragoza ocupada por los nacionales y, aunque se alista para no resultar sospechoso, es denunciado y encerrado en prisión. Ahí es donde su verdadera aventura comienza. Esta es una prueba ardua para un guionista. Página tras página se nos cuenta la angustia de unos personajes encerrados en una celda, pendientes de todo sonido que pueda indicar que vienen a darles el paseíllo. Animar visualmente tales escenas no era tarea fácil y es sin duda la parte más sosegada del integral. Con todo, tiene interés y además Sento la anima con ocurrencias como la de la fila de muertos camino del paraíso. Ya desde las primeras secuencias notamos algo cada vez menos habitual. Independientemente del bando, de la adscripción ideológica, lo que encontramos son personas. Gente que se comporta con honestidad y humanidad o lo contrario. Como el cura que intercede por los presos y que desde su púlpito protesta contra la guerra. Luego paga las consecuencias. Un personaje poco habitual en las ficciones hispanas y que Sento construye con mimo. Su vida concluye en el ya citado pasaje del cielo, en el que podría pensarse que los textos se llevan el protagonismo pero que está tan bien escrito que se despacha de un tirón. Una gran idea en un libro lleno de ellas. Sento sale bien librado de esa situación inicial de “habitación cerrada” y lanza a Uriel al frente de combate, donde la narración se vuelve más ligera y expansiva.

Dr. Uriel Integral de Sento Novela gráfica guerra civil
En Belchite, donde transcurre el segundo acto, el autor vuelve a mostrarnos que las personas son más importantes que las ideologías. Conocemos primero al alférez Ruiz, un falangista descerebrado, pero también al capitán Pellicer, un militar profesional que se porta con mucha nobleza con el médico, sin importarle su fama de rojo. Poco a poco se filtra una idea como es la importancia del azar, con personajes cuya adscripción a un bando u otro depende más de dónde estaban al inicio de la contienda que de verdaderas y profundas convicciones. Más importante aún, para algunos la guerra es una excusa para imponer su voluntad, para otros un momento en el que resulta obligado mantener una reglas de juego mínimas. Algunos de los mejores momentos de la obra suceden cuando los soldados se olvidan de sus jefes y llegan a pactos con los contrarios, para poner un poco de orden en una situación tan trágica como irracional. Una de esas secuencias es un alto el fuego que acuerdan para enterrar a unos muertos que ya apestan en exceso y, de paso, intercambiar tabaco por papel de liar. Otra, especialmente poética, es la escena navideña cuando un negro de la brigada Lincoln se pone a cantar “Silent Night” y luego todos le siguen y acaban saliendo de las trincheras para celebrar la Nochebuena. Un pasaje mágico y enternecedor, que acaba con el encarcelamiento de todos los presentes.

Por el camino se cuentan muchas cosas: Leer más...

viernes, 2 de febrero de 2018

CARVALHO - TATUAJE DE MIGOYA y SEGUÍ

Carvalho  Tatuaje comic de Seguí y Migoya sobre la obra de Manuel Vázquez Montalbán
Norma editorial. 
Barcelona, 2017
80 páginas. 19,50 euros.

MONTALBÁN EN VIÑETAS
Debo confesar que jamás me he leído una novela de Vázquez Montalbán, así que cuando se anunció su adaptación al cómic pensé que mi única ventaja era que, al menos, mi mirada no se vería enturbiada por los prejuicios. No diré eso de “la novela era mejor”.


Suma y sigue, no soy un fan de la novela negra. Me da igual quién es el asesino. Una vez lo intenté con una de Agatha Christie y tuve que dejarla a la mitad, perdido entre los incontables personajes. En fin, que mi cerebro se resiste a acompañar a los esforzados sabuesos de una pista a la siguiente.

Tan solo lo consigo a medias cuando el narrador es excepcional, digamos un Ellroy en América o un Polansky en Chinatown. Y aun así, me cuesta. Así que a priori no suelo abalanzarme sobre comics protagonizados por detectives. No niego sus méritos, la razón por la que muchos intelectuales ensalzaron el género: esa capacidad para comportarse como espejo de la sociedad. Mientras el protagonista busca al malo comprobamos la corrupción del tejido social y lo débiles que son las hebras que mantienen el equilibrio entre clases, también que los ricos hacen siempre lo que les viene en gana y que los pobres son quienes pagan el pato de los pecados de otros. Esa idea del reflejo sé que es muy del agrado de una buena parte de la crítica, pero yo no estoy en esa onda. Aplaudo toda denuncia que promueva cambios y mejoras pero el arte es otra cosa, creo.


Tatuaje no peca por ese lado. Al contrario, muestra con precisión todos los vericuetos y las miserias de esa España del 74. Ahí, Bartolomé Seguí no falla y dibuja a la perfección la fauna que puebla el guión de Hernán Migoya (y el original de Montalbán, supongo), así como el complicado conjunto de escenarios, de Barcelona a Holanda. En un tebeo tan oral como este, con personajes intercambiando densos diálogos en todas las páginas, es importante que el dibujante aporte variedad y anime lo que si no serían innumerables secuencias de bustos parlantes. Vemos que se pelea con la planificación y que hasta se esfuerza por dibujar chicas monas, como exige el argumento. Me fastidia un poco la clave baja del color, con tendencia al gris, que adivino es un comentario sobre la época, pero que aporta una innecesaria monotonía a las planchas, ya bastante cargadas de por sí.

Carvalho  Tatuaje comic de Seguí y Migoya sobre la obra de Manuel Vázquez Montalbán
Considero que la mecánica de la historia también es correcta, se ajusta a la estructura que hemos visto tantas veces en el cine: aparece un muerto, alguien encarga al protagonista que lo investigue y a partir de ahí vamos pasando de una pista a la siguiente, hasta el inevitable final. De hecho, toda la parte en que se desvela la identidad del asesino y se nos muestra el turbio entorno de la gorda, es bastante eficaz, mantiene el interés del lector. Más cuando se sazona con escenas tan sugerentes como la de la naranja en las escaleras. Tengo la sensación de que el guionista de alguna manera conecta bien con los componentes más sexuales del original.

Llegamos así a la parte indigesta del trabajo, como es el protagonista, ese Carvalho que no se calla ni debajo de la ducha. Si como ya he dicho los personajes hablan mucho a eso debe añadirse un héroe que constantemente puntúa todo lo que sucede con comentarios supuestamente ingeniosos. Digo supuestamente porque a mí no me hacen ninguna gracia, la verdad. Acabo harto de sus citas sobre comida y de su filosofía vital. Paradójicamente lo peor del álbum es lo que al mismo tiempo mejor refleja la época que se pretende retratar.
Hubo muchos cínicos, muchos listillos como este que vivieron muy bien despotricando contra todo y, al mismo tiempo, incapaces de hacer nada positivo. A través de él he recordado a aquellos militantes perpetuamente enfadados con el mundo, que jamás entendieron (ni admitieron) la transición y que hoy se perpetúan atrincherados en sus cátedras universitarias. Viejos comisarios opinando dogmáticamente sobre lo divino y lo humano, comiendo lo mejor posible mientras intentaban cepillarse a las militantes de turno. Supuestamente, para liberarlas de sus “represiones burguesas”, a las pobres. Por favor, en el siguiente volumen ¡que quiten la voz en off!

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viernes, 26 de enero de 2018

ZAP Nº 16: COMIC UNDERGROUND

Zap Comix nº16 comic underground
La Cúpula. Barcelona, 2017
114 páginas. 18 euros.

EL ÚLTIMO ZAP COMIX
En 1968 se publica el primer número de Zap Comix, con historietas firmadas exclusivamente por Robert Crumb. Luego invita a colaborar a algunos de sus amigos: S. Clay Wilson, Gilbert Shelton, Spain Rodriguez, Robert Williams, Victor Moscoso y Rick Griffin. Cuando este último murió en 1991, fue sustituido por Mavrides.


Quince números en casi medio siglo no es una gran producción, pero eso no evitó que la publicación se convirtiera en una de las más influyentes de la historia del comic. Lo fue desde el principio. A Shelton le llegó a Texas, donde gestionaba una head-shop y dibujaba carteles para una sala de conciertos, la Vulcan Gas.
Le sirvió de inspiración para publicar Feds’n’heads comics, un recopilatorio donde ya salían unos héroes cuyas aventuras había empezado a serializar en un periódico universitario local, The Rag. Con su revista se pagó el viaje a California y más tarde una prensa desde la que tiraría millones de ejemplares de sus Freak Brothers. Crumb le invitaría a participar en Zap Comix pero antes el propio Shelton animó a otros autores incipientes como Skip Williamson y Jay Lynch, los recientemente fallecidos creadores de Bijou Funnies, otra de las revistas en las que también participaría Crumb.


  Zap fue la publicación que señaló el inicio “oficial” del underground (sin olvidar ilustres precedentes como “God Nose” de Jaxon o “The adventures of Jesus” de Stack). Se caracterizaba por tres claves que pueden aplicarse a todo el movimiento: una absoluta libertad de expresión, que no evitaba los asuntos espinosos y se saltaba todas las prohibiciones; la propiedad de los autores sobre sus creaciones, sin mediaciones industriales; y una nueva distribución a través de las “head shops”, tiendas para fumetas donde, además de la habitual parafernalia hippie, también se vendían comics.

Zap Comix nº16 comic underground
A esa primera línea de distribución, que más tarde sería sustituida por las librerías especializadas en comics, se sumaba la de los periódicos universitarios, que acogían entre sus páginas las salvajes parodias alternativas. También numerosas páginas de saunas y contactos así como anuncios de estrenos de películas de destape que nos recuerdan que en España tan solo llegamos una década tarde a la famosa libertad sexual. No nos llevaban tanta ventaja, al menos en los USA.

El éxito de Crumb y de Shelton fue rápido, todo lo que ponían en la calle se vendía con facilidad. En ese sentido Zap Comix nunca fue tan popular como otras aventuras editoriales pero todo el grupo inicial permaneció fiel a una propuesta cuyo prestigio no hizo sino crecer con los años. Se juntaban y montaban indigestas jam sessions en las que resultaba difícil distinguir quién había dibujado qué en cada viñeta.

Por otro lado las aproximaciones al medio del heterogéneo grupo de artistas eran muy diversas. Algunos eran más narrativos, como Crumb, Shelton o Spain, también recientemente fallecido, que firman las partes más legibles de este volumen. En el caso de los dos primeros también las más divertidas, cada uno a su estilo. Y luego están los otros, ilustrativos y psicodélicos. Y Clay Wilson, que es como una categoría en sí mismo, más raro que un perro verde. El conjunto es como siempre, extraño y atractivo, el Zap te deja sin palabras. Lleva haciéndolo medio siglo, desafiando la censura y las autolimitaciones, en aumento en un mundo donde prima la corrección política y los espacios para la libertad individual son cada vez menores. El volumen viene con un subtítulo: “el último”. Sinceramente, espero que no sea así y que estos locos gloriosos sigan dando guerra unos cuantos años más.
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viernes, 5 de enero de 2018

EMPRESS de MILLAR y IMMONEM

Panini Comics, 2017.
192 páginas, 19,95 euros

NUEVOS HÉROES EN LA GALAXIA
Mark Millar sigue produciendo a su frenético ritmo habitual. Recientemente pudimos disfrutar su Huck, una revisión del mito de Superman. Y no se me ocurre mejor manera de empezar el año que zambulléndonos en su Empress.


Se ha convertido en una figura muy popular gracias en buena medida a las adaptaciones cinematográficas de sus tebeos, algunas de tanta calidad como Kingsman. Otras no tanto como Kick-Ass (el tebeo era mejor).

Tampoco podemos olvidar que es su trabajo el que en buena medida inspira la primera de las películas de Avengers y Capitán América Civil War.

Recientemente saltaba a todos los medios la noticia de que Netflix compraba su compañía, Millarworld, quedándose con los derechos de adaptación de sus obras a otros medios. Así que es probable que se convierta en una de las figuras dominantes en los mundos de fantasía que devoraremos en los próximos años. Esto lógicamente no le ha granjeado muchas simpatías y aquí y allá leemos comentarios sobre la mediocridad de su trabajo, su falta de imaginación o su incapacidad para tener una idea original. Y además es un facha. Doy por supuesto que quienes tales cosas afirman son los mismos que llevan décadas proclamando las bondades de Warren Ellis, Grant Morrison y alguno más que me callo. Autores todos ellos que me parecen auténticos petardos. Así que olvidémoslos y concentrémonos en Millar.

En los últimos años he tenido muchas oportunidades de mencionarlo. Casi todo lo que hace me entretiene y me emociona a partes iguales. Y además, tiene una idea clara del bien. No se ha dejado llevar por esa corriente que ha arrastrado a tantos guionistas hacia los abismos anti-heroicos, seducidos por el convencimiento de que el bien es aburrido y, ya saben, “las chicas malas van a cualquier parte”. Olvidaron contarles que normalmente van directas a los brazos de idiotas que las maltratarán. En fin, que los que estamos convencidos de que es bueno que los niños crean en los Reyes Magos disfrutamos como enanos con los mundos de Millar.

Y con su Empress nadie va a sentirse decepcionado. De nuevo, sus enemigos ya están señalando los parecidos con Star Wars y la voluntad del guionista de hacer pasta, como si creara pensando solo en las posibilidades audiovisuales de sus productos. Me parece que todo eso no tiene ninguna importancia. Veo la superproducción que podría hacerse con este comic pero también lo disfruto como lo que es: una actualización muy dinámica de Flash Gordon.

Si ya su colaboración en Starlight con Parlov suponía una reescritura del héroe de Raymond, aquí notamos que más allá de los enredos políticos y los vericuetos sentimentales de sus protagonistas, lo que le interesa a Millar es la sucesión de escenarios. Los mundos se acumulan con extraordinaria rapidez y solo un dibujante tan dotado como Stuart Immonen podría mantener ese vertiginoso ritmo. Sin inmutarse visualiza una miríada de universos mientras el sanguinario emperador persigue a su espantada familia de un extremo de la galaxia al otro. La factura global del comic es buenísima, gran entintado y mejor color. Todo funciona como un mecanismo bien engrasado: la historia no se permite un segundo de descanso, los personajes están bien construidos, el malo es aterrador y el final es adecuadamente inesperado.

Si les gustan las heroínas fuertes y decididas, aquí encontrarán una que les asombrará. No lo duden y pídanselo a sus majestades los reyes de oriente. Si han sido buenos seguro que se lo traen.

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jueves, 28 de diciembre de 2017

PARACUELLOS - LAS MADRES NO TIENEN LA CULPA - GIMÉNEZ

Comic Paracuellos Carlos Giménez Las madres no tienen la culpa - reservoir books - TBO BD
Reservoir Books. Barcelona, 2017
82 páginas. 17,90 euros.

GANAS DE LLORAR

Aparentemente Giménez deseaba dedicar su último (hasta el momento) libro de Paracuellos a las madres. Según explica en su introducción siempre había prestado atención a los sufrimientos de los niños. Pero sin duda sus madres eran más conscientes y padecían con mayor intensidad aquella forzosa separación.

Ya saben que esta es la obra de su vida. Él fue uno de aquellos críos condenado a vivir en un “Hogar”, lejos de su familia. Lleva una buena parte de su carrera profesional contándolo, describiendo la maldad de unas cuidadoras más atentas al adoctrinamiento y a sus propias necesidades y frustraciones, que a las carencias de unos chavales sometidos a unas condiciones de vida inhumanas.

Si algo nos ha enseñado Giménez es que con los niños no se juega. Cuando alguien antepone su ideología, religión o codicia al bienestar de sus hijos, cuando cree que puedo usarlos como barrera o moneda de cambio, toda razón se ha perdido, ya sabemos que nos encontramos frente a un desalmado capaz de cualquier desatino. Por supuesto hay otros Giménez más allá de Paracuellos: Hom, Koolau, Barrio… Su obra es ingente y magistral, ha sido el Autor con mayúsculas del cómic español. Y pasarán muchos años antes de que nadie pueda sustituirlo. Porque además su voz fue la de toda una generación. Fue la voz de un pueblo que se alzaba y recordaba. Y al tiempo construía y se mostraba dispuesto a avanzar… sin olvidar. Creo que pocos creadores como Giménez pueden presumir de haber sabido, en un determinado momento histórico, expresar los deseos, los miedos, los atrevimientos de una sociedad. Pocos entre quienes le antecedieron o sucedieron lo han vuelto a conseguir. Pero Giménez sí: hace años, él habló por todos nosotros.

Ya saben que últimamente me cuesta seguirlo. Pero creo que con este último trabajo lo ha vuelto a conseguir. Por un lado uno espera una mayor presencia de las madres, de acuerdo al título que propone y a su introducción. No es exactamente así. Sobre todo el último episodio subraya su posición. Él sigue contando desde su experiencia, que es la de un niño maltratado, abandonado.

Desde esa sensación de pérdida explica la ausencia de la madre, ese espacio de amor y calor que los niños echan especialmente en falta. Como comenta el autor los críos se adaptan con más facilidad que los adultos. Las madres sufrían sin tregua mientras los niños se ajustaban a la nueva realidad, pero a veces no era tan fácil. Y ahí está Giménez para contarnos la historia de ese niño que se sube a un banco en espera de que aparezca una madre que no acaba de llegar nunca. Con ese zoom al rostro de Peribáñez nos explica que lo peor es no tener una madre a la que abrazar cuando llegan las ganas de llorar. Alguien lo calificará de sensiblero. Yo no, creo que Giménez ha vuelto a contar lo que mejor conoce y lo ha vuelto a hacer bien.

Otra sorpresa es la dedicatoria del álbum y el epílogo donde nos relata la existencia de ese personaje que les ponía películas. Un funcionario que de forma desinteresada ayudó a los niños sin familia tanto como pudo, a lo largo de toda su vida. Una figura heroica a la que apenas dedica unas viñetas en un episodio. Pero si Giménez no se atreve a desarrollar más la figura de ese santo laico, parece servirle de inspiración para el primer episodio, en mi opinión el mejor del libro y una pequeña joya. El relato es uno más en el conjunto de Paracuellos: niños que padecen, en este caso por sed ya que en el verano el agua se reducía a un vaso al día. Pero aparece un señor, el jardinero, que marca la diferencia.
Como vivimos en un universo donde reina la sospecha, lo primero que vemos planear es la sombra de la pederastia, algo que curiosamente apenas asoma en esta saga. Hay constantes brutalidades, golpes, bofetadas, palizas, pero apenas se alude a tocamientos u otros abusos sexuales. Pero en este caso, cuando los niños han bebido el agua del botijo del jardinero y deciden sustituirla por orina, el momento en que uno de ellos se la saca dispuesto a dar el cambiazo y se ven interrumpidos por el trabajador, uno supone que cualquier cosa puede pasar. Y lo que sucede es lo más inesperado. En medio de sus penalidades los niños descubren a un buen hombre que se hace amigo suyo y los ayuda cuanto puede.
Giménez lo cuenta con una sencillez y naturalidad pasmosas, todo resulta conmovedor. Sobre todo porque nos recuerda algo no muy habitual en la serie: que queda bien en el mundo y que esa bondad suele deberse a una decisión personal. El jardinero podía ser un bicho, frustrado por las limitaciones de su existencia. Pero como el hombre del cine, la señorita Ester Alvar o hasta el señor delegado, ha decidido ser bueno. Y eso es ya de lo poco que podemos esperar y agradecer en esta vida. ¡Feliz Navidad a todos los hombres de buena voluntad!
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viernes, 22 de diciembre de 2017

LARGO WINCH: 20 SEGUNDOS de VAN HAMME Y FRANCQ

Largo Winch de Philippe Francq y Jean Van Hamme 20 segundos, edita Norma  comic negocios espionaje
Norma Editorial. Barcelona, 2017
48 páginas. 15 euros.

CON Y SIN VAN HAMME
Han coincidido en las librerías el último álbum de Thorgal y el último de Largo Winch. Ambos personajes son creación del genial guionista belga Jean Van Hamme aunque ahora, a punto de cumplir los ochenta años, ha decidido separarse del primero.


El dibujante original de la serie, el polaco Grzegorz Rosinski, sigue a cargo de los lápices pero los guiones los escribe Yves Sente. Es un creador notable que acudió al rescate de Blake y Mortimer, una saga tan venerable como insufrible y que, en manos de Jacobs, el autor que la concibió, era un verdadero tostón. Sin embargo cuando Sente toma las riendas, sobre todo si además le acompaña Juillard, todo cambia a mejor. Juntos han firmado un conjunto de episodios maravillosos.

Thorgal, el fuego escarlata #35 de Senté, Rosinsky Dorison
Así que cuando pasó a escribir Thorgal, con el brillante Rosinski como compañero, no era fácil suponer que los resultados iban a ser tan decepcionantes. Pero de alguna forma lo son. La serie del vikingo galáctico ha volado muy alto, algunos de sus episodios clásicos se cuentan entre lo mejor que yo he leído: “Los arqueros”, “Loba” y tantos otros. Y ahora, siendo un producto digno, no alcanza esas cumbres. No toda la culpa es de Sente. No ayudan los caprichos pictóricos del dibujante. Cansado del tradicional acabado a línea del cómic clásico, el polaco ha decidido darle rienda suelta a su arte.
Los resultados son tan curiosos como antinarrativos. Cuanto más nos fijamos en la fuerza de su color o en los atrevimientos de su pincel, que recuerda en ocasiones a Moreau o a Dufy, más nos alejamos de lo narrado. Cuando las imágenes nos impresionan como cuadros, dejan de funcionar como viñetas. Y eso es lo que en gran medida ocurre con este Thorgal. Tiene mal arreglo ya que no creo que a Rosinsky le apetezca volver a su antiguo sistema de trabajo. Una pena.



Mientras tanto el maestro sigue haciendo lo que mejor sabe: entretener. Y lo hace acompañado del fiel Philippe Francq, un autor que empezó pareciéndose a Hermann y que ha acabado encontrando su propio lenguaje, estilizando el dibujo y mejorando la puesta en escena y el cuidado de la ambientación. Ahora mismo nadie le alcanza en su capacidad para situarnos en el centro de la acción y hacernos sentir como si estuviéramos dentro de una película filmada en viñetas.


En20 segundos concluye la aventura que Largo había iniciado en “Encrucijada”. Terrorismo, espías, altas finanzas y mucho embrollo sexual. Van Hamme se suelta el pelo y firma una historia en la que todos se lían con todos, con el desenfreno cachondo de quien ya tiene la edad de permitirse cualquier frivolidad. Para recordar el personaje de la comandante Veestra, una mujer de armas tomar. Espero que su creador la recupere en próximas entregas porque promete. Y no es la única señora con carácter que aparece en el relato.

El resto es tan impecable como era de esperar. Todo perfectamente dibujado y contado, un mecanismo de relojería bien engrasado que nos permite disfrutar con las andanzas del millonario en tejanos al tiempo que asistimos a conspiraciones a todos los niveles: desde los tramposos y estafadores más miserables a los chanchullos de la C.I.A. pasando por las manipulaciones religiosas de imanes sin escrúpulos o el enamoramiento del protagonista, el más primario de los enredos y también uno de los más complicados.

Al final todo acaba bien excepto para los malos, como debe ser. Para recordar todas las escenas con el intento de atentado en la vanguardista sede de Winch, todo un tour de force a cargo de Francq, el dibujante que puede con eso y mucho más.

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viernes, 15 de diciembre de 2017

IDIOTIZADAS de RAQUEL CÓRCOLES (Moderna de Pueblo)

Idiotizadas, un cuento de empoderhadas de Moderna de Pueblo
Editorial Planeta-Zenith. 
Barcelona, 2017
208 páginas. 14,90 euros.

EL MUNDO AL REVÉS
Podría decirse de la autora conocida como Moderna de pueblo que “progresa adecuadamente”. En este nuevo libro tiene pasajes verdaderamente divertidos con los que cualquiera, no importa su sexo o condición, puede disfrutar. 


Esta creadora es una de las mejores representantes de esos mundos para mi casi esotérico de las blogueras, los yutubers, las influencers, los instagramers o como quieran llamarlos. Universos paralelos habitados por gente cuya principal ocupación consiste en hacerse fotos o soltar comentarios sin parar mientras realizan actividades siempre molonas.

Este no-hacer-haciendo los convierte en figuras irresistibles que congregan a miles sino millones de followers, antes fans. Ahora mismo cuando mis alumnos van a buscar curro los editores les preguntan cuántos seguidores tienen en las redes. Si no se cuentan por miles no vale.

Y es que los empresarios se han percatado con rapidez de la fuerza comercial de estas pasiones digitales. Normalmente son públicos muy fragmentados por sectores. Tal autor se dirige a las chicas, pero solo a las de quince años y solo a las que les gustan los animes y solo aquellos animes con brujitas con ligas o lo que sea. Así que cuando muchas de estas creadoras digitales publica (y empiezan a ser legión) a lo que nos enfrentamos suelen ser lamentos o bromas generacionales, que solo alcanzan al grupito o grupazo concreto para el que fueron concebidas.


De vez en cuando los creadores con verdadero talento, sin abandonar sus preocupaciones más cercanas, abordan asuntos universales, arquetipos que todos podemos entender. Y esto es un poco lo que pasa en Idiotizadas. La autora da la vuelta de forma sistemática a los cuentos de hadas clásicos, de la Sirenita a la Cenicienta, para extraer nuevas conclusiones, denunciando lo rancio de algunos supuestos y planteando nuevas premisas morales. Esta es la parte más sistemática y digamos militante del volumen. La más evidente también y sin duda la que más flaquea en su voluntad programática y pedagógica. Sin embargo acierta en otros aspectos.

Primero en el narrativo. La puesta en escena es impecable. Se parte de una renuncia al modelo clásico de narración en viñetas, adoptando una estructura abierta con constantes guiños al lector. Las páginas son al tiempo complejas y fluídas y la mezcla de niveles narrativos funciona como un reloj. Por ese lado todo va bien. También son buenos los chistes, que abundan. Afortunadamente, además de la “instrucción” (no hagáis esto, niñas, haced aquello) hay diversión a raudales.

Idiotizadas, un cuento de empoderhadas de Moderna de Pueblo
El punto gamberro del cómic es muy efectivo y es lo que pone en marcha a los personajes. Como esa amiga que adivina el tamaño de los miembros de sus conquistas (“Plutón me comunica que tiene un pollón…”) o esa compañera que aprende a liberarse con sus amigos gays. La parte que de manera más descarada adopta la forma de sit-com es sin duda lo mejor. Y consigue que las vivencias de esa treinteañera en crisis resulten creíbles y entrañables.

Luego está el fondo de la cuestión, las lecciones que se nos dan. En un resumen rápido la protagonista se enfrenta a dos vías posibles: por un lado la de la amiga embarazada e idiotizada por su marido e hijo, una insatisfecha que al final debe admitir que su mundo perfecto es una mierda; al otro lado las compis guays, dos liberadas que se cepillan sin remordimientos todo lo que se les pone por delante. En uno de los pasajes más lúcidos se insiste en la necesidad de desprenderse de la mirada acusadora de todas esas otras mujeres que te van a llamar puta si haces lo que te sale de allá. Nuestra heroína debe elegir entre ambos caminos vitales, con la presión añadida de un novio que ¡insiste en tener hijos!

A mi todo esto me ha recordado a una película que me impactó de niño. Protagonizada por Jack Lemmon, “Cómo matar a la propia esposa” contaba la historia de un dibujante de tiras de prensa que vivía todas las aventuras que luego dibujaba. Su mayordomo le seguía y fotografiaba todas sus hazañas. Luego él copiaba las fotos con plumilla y pincel. Pero un día esa vida trepidante se acababa. Conocía a una exuberante rubia (Virna Lisi) y se casaba con ella. A partir de ese momento lo que saltaba a la tira eran sus aburridas vivencias como marido. Cansado de una existencia tan poco glamurosa decidía cargarse a su mujer, al menos en la ficción. No les desvelo el final pero debo confesar que cuando ya mayor decidí revisarla me sorprendió el tono radicalmente misógino del argumento, algo muy característico del momento en que la película se concibió (1965). Hay una escena especialmente brutal, cuando en pleno juicio Lemmon invita al jurado a apretar un hipotético botón que les permitiría librarse de esas brujas castradoras que los mantienen retenidos en casa, impidiendo toda diversión. Cuando los hombres presentes en la sala se abalanzan sobre el inexistente artilugio es un momento salvaje, de liberación de una rabia contenida que decía mucho sobre la posición de muchos maridos ante el matrimonio.

Pues bien, he sentido lo mismo leyendo este tebeo. Lo mismo pero al revés, claro. Si en la cinta la misión de toda mujer es cazar primero y jorobar después a todo hombre, Moderna de pueblo viene a decirnos que la misión de toda mujer es escapar de esos pelmas que tan solo quieren atrapar a mujeres con talento y expectativas laborales y engancharlas a la rutina del matrimonio y la maternidad. Hay que deshacerse de esos pelmas como sea. ¡Faltaría más!



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viernes, 8 de diciembre de 2017

SUPERVIVIENTES. ANOMALÍAS CUÁNTICAS de LEO

Supervivientes -anomalías cuánticas, comic de Leo ciencia ficción, edita ECC
ECC Comics, 2017.256 páginas, 26 Euros.

REGRESO A ALDEBARÁN

¡Leo ha vuelto! Y además regresa a los mundos de fantasía con que nos cautivó. Tras Aldebarán, Betelgeuse y Antares ahora llegan estos Supervivientes, dispuestos a demostrar (una vez más) que su creador es el más grande.


Permítanme que comience con algunas fechas. Corben y Shelton nacieron en 1940, Neal Adams y nuestro Carlos Giménez en 1941, Robert Crumb en 1943, Leo en 1944 y Posy Simmonds en 1945. En años posteriores encontramos a otros autores muy famosos: Walt Simonson en 1946, Milazzo y el recientemente fallecido Taniguchi en 1947, el español García López y Wrighston, que también moría este año, en 1948, y Barry Smith, Starlin y Berardi en 1950. Todos ellos son artistas a quienes conocemos bien, que iniciaron sus carreras a principios de los setenta y que llevan más de cuarenta años en activo. Creo que, junto a la inglesa Simmonds, Leo es el menos popular por aquí. De hecho, hace diez años lo ignorábamos todo sobre él.

Luego llegó el ciclo de Aldebarán con sus tres tomos, el de Kenia y los recopilatorios de Trent, el policía montado del Canadá. A estas alturas ya nos hacemos una idea bastante aproximada de sus capacidades y de su extraordinario talento. Leo es uno de los grandes, a la altura de cualquiera de los autores citados más arriba. No solo cuenta con un dibujo sólido y atento a las caracterizaciones y actuaciones de los personajes. También es un maestro de la ambientación y la creación de animales exóticos. Sus mundos son sólidos y creíbles, hermosos y aterradores. En sus historias pasan cosas constantemente, se encadenan los sucesos inesperados pero también entran en liza los sentimientos, presta una atención constante a las emociones de sus protagonistas, sabemos en todo momento qué temen, qué desean, a quién desprecian…

Supervivientes - anomalías cuánticas, comic de Leo ciencia ficción, edita ECC
En este ciclo añade a sus peligrosos entornos extraterrestres una dificultad más: alteraciones cuánticas. Funcionan como auténticas puertas inter-dimensionales que transportan a quienes se cruzan con ellas a otros momentos temporales. Así que de repente pueden haber pasado varias décadas y eso solo se descubre cuando se producen reencuentros entre compañeros que se han separado. Las consecuencias emocionales y psicológicas de tales saltos enriquecen mucho el devenir de la historia.

Además, no se conforma con escribir una trepidante aventura intergaláctica. Sus orígenes brasileños aportan una peculiar profundidad a sus relatos. De forma más evidente en los paisajes, donde predominan las junglas y los entornos marinos, también en cuanto a la fauna, siempre variada y abrumadora. Los avisos ecológicos, la reflexión sobre nuestro lugar en una naturaleza habitualmente hostil, se repiten. Otro aspecto es la sexualidad de sus personajes. Tanto ellos como ellas son activos y naturales. Sus figuras son atractivas y seductoras, pero no idiotas. La sensualidad aparece como un factor de movimiento más. En los mundos de Leo el que se queda atrás palma. Hay que tener ganas de vivir y de pelear, siempre. Y el sexo se presenta como una celebración de la vida además de prestarse a muchos posibles juegos de relación entre personalidades fuertes.

En fin, que todo se disfruta en este tebeo. Como en anteriores obras del autor, nos apabulla por la velocidad de sus tramas y lo fascinante de sus aventuras, por su tremenda imaginación y porque hasta el último detalle está pensado para sumergirnos en un viaje del que no deseamos apearnos nunca. Yo ya espero por su siguiente obra…


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viernes, 1 de diciembre de 2017

EL ARTE DE CHARLIE CHAN HOCK CHYE de SONNY LIEW

El arte de Charly Chan Hock Chye, una historia de Singapur de Sonny Liew, edita Dibbuks
Dib•Buks. Madrid, 2017.
320 páginas, 30 euros.

SINGA ¿QUÉ?


Entre los galardonados con los Premios Eisner de este año destacaba este volumen de Sonny Liew

Ganó en tres categorías: mejor edición americana de un material internacional (sección asiática), mejor diseño de publicación y mejor guionista-dibujante.


A pesar de que su tema y procedencia son bastante exóticos, Dib•Buks acababa de publicarlo en España. Así que me lancé sobre el volumen para disfrutar de sus virtudes, que debían ser numerosas. La decepción fue mayúscula. Reconozco las bondades de la edición, que imita una suerte de libro-catálogo que describiría toda la trayectoria de un imaginario dibujante de comics de Singapur, el Charlie Chan del título.

Se mezclan las historietas que habría dibujado a lo largo de su carrera, con constantes cambios de estilo, se incluyen pequeños episodios donde asistimos a momentos de su vida “real” o se simulan entrevistas, y se complementa todo con abundante material gráfico, portadas, ilustraciones, bocetos y otros. Visualmente el libro es rico y variado, con saltos constantes del color al B/N. A priori siempre son bien recibidos los relatos que nos permiten asomarnos a temas que desconocemos. Mi ignorancia sobre la historia de Singapur es monumental, hasta me costaría situarla en un mapa. Tengo cierta idea de que vive una gran prosperidad económica pero que le queda un largo camino por recorrer en temas de derechos civiles. Suponía que leyendo este libro me enteraría mejor de lo que pasa por allí. Me equivoqué. Después de leerlo me he quedado como estaba, si no peor.

No es un problema de dibujo. El arte de Liew es agradable y firme, imitando con seguridad los estilos de otros autores, de Walt Kelly a Frank Miller pasando por Frank Hampson, Carl Barks y otros muchos. El protagonista va descubriendo tebeos occidentales y los incorpora a su obra, saltando de formas más realistas a otras más satíricas y estilizadas, según van transcurriendo los años y las modas. No solo cambia de estilo, además se mueve de la realidad histórico-política de Singapur a su traslación-estilización en las distintas series que dibuja Charlie Chan.

El arte de Charly Chan Hock Chye, una historia de Singapur de Sonny Liew, edita Dibbuks
Si ya es difícil seguir los vaivenes sociales de la ciudad-estado, imagínense si además hay que interpretarlos a través de sofisticadas fábulas que transforman a unos en animales y a los otros en invasores alienígenas. En resumen: la puesta en escena no es que sea complicada es que acaba resultando ininteligible. Perderse el trasfondo cultural del relato podría ser un problema menor si el héroe estuviera bien construido y nos preocupáramos por sus desdichas.

Pero ocurre que también falla por ahí. Pronto descubrimos que el verdadero centro de la narración es el fondo, no la figura. Y que esta no deja de ser poco más que una excusa para ir enhebrando sucesos históricos que se desea comentar. Así que a la confusión del fondo debe sumarse un protagonista desenfocado, a quien apenas le preocupa nada más que dibujar. No dudo que autores así han existido, y muchos. La edad de oro está llena de mulas de carga a las que el sistema explotó y luego olvidó. Pero para que eso nos interese como lectores hay que contarlo bien.

Charlie Chan acaba siendo algo así como un Pepito Grillo que irrita por sus constantes comentarios, capaz de arreglarlo todo salvo su propia y miserable vida. En general provoca indiferencia. Lo cual no deja de ser paradójico en un comic donde se supone que constantemente se abordan asuntos “relevantes”. Lamentablemente no consigue que lo parezcan. Las discusiones sobre raza, idioma, clase y desigualdades sociales acaban siendo tan liosas que nos dan igual. No dudo del talento de Sonny Liew pero a veces los listos se pasan de listos.


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viernes, 24 de noviembre de 2017

VALEROSAS 2 de PÉNÉLOPE BAGIEU

Valerosas 2- de Penelope Bagieu - biografías de mujeres comic edita Dibbuks
Dib•Buks. Madrid, 2017.
168 páginas, 18 euros.

VULCANÓLOGAS, ATLETAS, RAPERAS Y TODO LO DEMÁS


Pocos meses después de la publicación en español de Valerosas 1 nos llega el segundo volumen. Así que cabe suponer que el primero no se vendió del todo mal. Me alegro porque el trabajo de Bagieu es excelente.


Sigue en la misma línea: pequeñas historietas con un dibujo fresco, como un Rius mejorado, que resumen a un ritmo acelerado las hazañas de señoras no tan corrientes. Algunas de sus heroínas son un auténtico catálogo ambulante de diversidad. Como la que abre el libro, Temple Grandin: autista, animalista ¡y mujer! Si una pauta se repite una biografía tras otra es esa voluntad por escapar de un destino configurado de antemano. Sus protagonistas son pioneras, abren caminos que ninguna fémina (y en ocasiones ningún hombre) ha pisado antes. Y lo hacen con resolución y sin quejarse.

Más allá de la reivindicación de género, que lógicamente está presente en todas sus historias, lo que les aporta una encantadora naturalidad es su carácter radicalmente individual. Admiramos a Katia Krafft no por ser la primera vulcanóloga si no por su incuestionable determinación. Nada consiguió apartarla de su pasión, el estudio de los volcanes. Y al final acabó ardiendo en las llamas de su insaciable voluntad investigadora.
Valerosas 2- de Penelope Bagieu - biografías de mujeres comic edita Dibbuks
O Hedy Lamarr, una de las más conocidas. Su desnudo en la película “Éxtasis” ha sido muy comentado. Pero Bagieu consigue trascender el mito de la estrella de Hollywood para explicarnos a la inventora y a la mujer de múltiples intereses que fue Lamarr. Otra vida apasionante es la de Frances Glessner Lee, a quien supongo que CSI rinde homenaje con su asesino miniaturista. Resulta que esta señora es como quien dice la madre de la actual medicina forense. Pasó de realizar miniaturas por placer a confeccionar minuciosas reconstrucciones de la escena del crimen. Maquetas que luego servían para entrenar a los futuros investigadores. Sorprende que tras su muerte Harvard clausurara el departamento forense arrojando todo su trabajo a la basura, literalmente.

Me gusta especialmente la voluntad de Bagieu de reforzar el carácter alentador de sus argumentos. No faltan anécdotas en las que los hombres quedamos como capullos integrales, impidiendo de forma reiterada los avances de mujeres con talento. Pero la autora no se enfanga en eso. Por ejemplo, en el caso de Cheril Brydges se indica que su padrastro abusó de ella en su infancia. Y que empezó a correr para dejar atrás esas situaciones. Con el tiempo correr acabó siendo su forma de demostrarse a sí misma y a los demás que era mejor de lo que le habían dicho. En los juegos olímpicos de Munich, en 1972, no la dejan competir “porque las mujeres no pueden correr largas distancias”. Pero en 2008 su hija Shalane gana el bronce en Pekín. Abundan los ejemplos de señoras a las que alguien (su jefe, su padre, su marido) les dice que no puede ser, que es imposible. Y que a base de decisión y pura fuerza de voluntad convierten esa negación en un trampolín, le dan la vuelta alcanzando finalmente sus metas.

Un último apunte: las mujeres son vanguardia. De la Guggenheim a Jemison, la primera astronauta negra, pasando por Betty Davis y tantas otras, las protagonistas de Valerosas demuestran que el género no les impide situarse en puestos adelantados, abriendo nuevos caminos y tolerando situaciones incómodas, con la mirada puesta en unas metas a priori inaccesibles. No para estas señoras. Sumen a unos guiones trepidantes e informativos un dibujo pleno de fuerza y expresividad y un color encantador y el resultado es un tebeo para no perderse.
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viernes, 17 de noviembre de 2017

EL LARGO Y TORTUOSO CAMINO de PELLEJERO y CHRISTOPHER

El largo y tortuoso camino" de Pellejero y Christopher
Astiberri. Bilbao, 2017.
184 páginas, 28 euros.

EN BUSCA DEL PADRE

Que Pellejero publique siempre es una buena noticia. Por muy flojo que sea el guionista que le acompaña él invariablemente ofrece un extra de elegancia y delicadeza con su dibujo. Hasta cuando se embarca con Corto Maltés.


Confesaba el dibujante en el pasado Comic Nostrum que hacerse cargo del personaje de Hugo Pratt había supuesto un punto de inflexión en su carrera. Acostumbrado a tiradas más bien flacas, con Corto los números se disparaban. Me alegro por él, creo que es uno de los grandes y a pesar de que imita casi al pie de la letra los formalismos de Pratt, todavía notamos cómo mejora los fondos y cómo en ocasiones permite que su dibujo aflore con toda su personalidad.

Equatoria -  Corto Maltés de Pellejero y Díaz Canales
Lamentablemente Díaz Canales también mimetiza las tortuosas estructuras argumentales originales, así que en esta nueva entrega, Equatoria, salimos de Venecia, pasamos por Alejandría, nos adentramos en África, pero todo acaba pareciendo lo mismo, con la actitud displicente y sabihonda del protagonista presidiendo el relato y distanciándonos con su cinismo. Admito los esfuerzos del guionista por insuflar nueva vida a una saga que ha envejecido muy mal, sus denuncias de la esclavitud y el ingenio con el que presenta a algunos de los comparsas históricos como Churchill, por el que no parece sentir muchas simpatías. Incluso reconozco que ciertos secundarios son interesantes, como el enfermo y debilitado oficial colonial, que parece extraído de una novela de Conrad. Creo que entre Díaz Canales y Pellejero construyen el mejor Corto posible. Pero aun así… (disculpen el casi inevitable chiste malo) se me hace demasiado largo.

Su colaboración con el escritor francés Christopher, es más entretenida. De nuevo, el trabajo del dibujante es impecable. Vuelve a la línea gruesa que ha estado desarrollando en los últimos años y que tenía arrinconada en Corto. Y a una gama de color contenida que realza la diferencia entre las escenas situadas en el presente y las que pertenecen al pasado. Conviene aclarar que le acompañan en el dibujo algunos colaboradores, a quienes cita en los agradecimientos. También menciona a su hija en el álbum del maltés, por ayudarle con los colores. Conviene recordar que Sonia, que firma sus propios trabajos como Sasa, presentó recientemente su primer álbum como dibujante. Lamentablemente el más bien pobre guión oscurecía sus posibles virtudes gráficas.

El largo y tortuoso camino" de Pellejero y Christopher,
El largo y tortuoso camino comienza como una típica reivindicación del padre roquero, recientemente fallecido. Su hijo pequeño burgués se ve obligado a cumplir sus últimos deseos: transportar sus cenizas en una vieja furgoneta hasta la isla de Wight. El progenitor había estado allí durante el mítico concierto de 1970 y urgía a su hijo a repetir el mismo trayecto iniciático. Por el camino se topa con tres colegas de su padre, que parecen una actualización de los Freak Brothers. Ellos van descubriendo los misterios de la vida y del rocanrol al aburrido protagonista y tal parece que al final se transformará en un tipo enrollado como dios manda. Con un poco de suerte se reconciliará con su hijo, un rebelde al que le gusta plantar y consumir maría, y repudiará a la plasta de su mujer, una frustrada que ya no le quiere.

En realidad pasa un poco de todo eso y mucho más. Se desvelan tantos secretos relativos al padre como verdades descubre el hijo. Al final se aclaran muchos malentendidos y todo queda unificado por el agradable dibujo de Pellejero, que no falla a la hora de encajar un bonito paisaje o crear una bella mujer. No hay apenas ajustes de cuentas en un relato que insiste en los errores que cometemos una generación tras otra. Sobre todo con los hijos, platos rotos en medio de conflictos que los pequeños no alcanzan a comprender. En gran medida esa voluntad de encajar las piezas de rompecabezas incompletos, por parte de adultos que cargan con penas de la infancia, es lo que preside este largo trayecto. A veces, y esto sería un poco la conclusión, los errores pueden enmendarse.

Es un trabajo agridulce e irregular, con los sueños de juventud como punto de partida. Sueños que a veces se desvían en direcciones insospechadas. Pero como también dirían los Beatles “todo lo que necesitas es amor”. ¡Oh, yeah, beibi!

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viernes, 10 de noviembre de 2017

LAMIA de RAYCO PULIDO PREMIO NACIONAL DE COMIC 17

LAMIA de Rayco Pulido, Premio Nacional de Cómic de 2017 en España; edita Astiberri
Astiberri. Bilbao, 2016.
88 páginas, 16 euros.

ELOGIO DE LA VIOLENCIA


Lo reconozco: antes de que le dieran el premio Nacional de este año no había sido consciente de este tebeo. Me lo compré con escasas esperanzas. Las comisiones que otorgan esos galardones no destacan por su amor a los comics.


Me equivocaba a medias. Yo creo que en el año en que se publicaron álbumes como el último de Rocco Vargas, o la segunda parte de la epopeya revolucionaria de Zapico y, si me apuran, algunos de los tebeos de horror de El Torres, señalar Lamia como mejor obra es cuanto menos discutible.

Algunos de los ejemplos citados alcanzan la categoría de obras maestras o de trabajos con destellos de genialidad. La obra de Rayco es, como mucho, interesante. ¿Qué marca entonces la diferencia? Un valor tan inestable como irritante. Los comics de Torres o Zapico pueden considerarse de género (histórico o de fantasía), son trabajos con una clara voluntad clásica: contar una historia de la mejor forma posible. La obra premiada pretende justo lo contrario y por eso excita al sesudo jurado: usar el relato como mera excusa para un discurso formal pretendidamente innovador. También para soltar una diatriba ideológica supuestamente rompedora. Ni lo uno ni lo otro, en realidad.

Lamia parte de una estructura de thriller, con un asesino en serie como elemento central. Sobre esa capa negra se superponen otras, derivadas de la época en que se enmarca, una posguerra en la que el consultorio de Elena Francis ocultaba numerosos casos de violencia doméstica, aconsejando a las víctimas que se aguantaran. Aunque el conocido show radiofónico arrancó en el 47 y la acción del comic transcurre en el 43, es perfectamente reconocible. En ese programa trabaja la protagonista, una extraña mujer que se pasea fingiendo un embarazo inexistente. El dibujo remite a una sencillez propia de los años veinte, del primer Tintín o de algunos colaboradores del TBO. Esa aproximación tan fuera de la actualidad le da un toque irresistiblemente moderno. Más cuando a la limpieza de su muy contrastado blanco y negro se suma una estructura de página que llama la atención por su ritmo y variedad. Las figuras son un poco rígidas pero su simplificación geométrica es encantadora.

LAMIA de Rayco Pulido, Premio Nacional de Cómic de 2017 en España; edita Astiberri
Tampoco está mal el desarrollo del argumento. Pronto se nos descubre que esa falsa madre es la verdadera asesina y solo resta explicar el porqué de sus actos. Aquí es donde todas las costuras de la historia empiezan a deshilacharse. Comparto la necesidad de recordar un periodo especialmente oscuro, como fue el de la posguerra, con unos niveles de represión sexual y de control de las costumbres por parte de la iglesia católica, difíciles de igualar. Así me lo han contado todos los que lo vivieron. Y algo de eso aparece en Lamia: las penalidades de unos homosexuales siempre ocultos, los sufrimientos de señoras casadas vapuleadas por unos maridos brutos como gorilas, curas con todos los vicios mundanos y policías corruptos y peores que los criminales. En fin, lo que esperamos de una buena serie negra, que actúe como reflejo de la sociedad que se desea criticar. El problema es cuándo se justifica lo mismo que se está cuestionando, en una curiosa vuelta de tuerca digo yo que posmoderna.

El otro día asistí a un aquelarre neo-feminista. En plena mesa redonda una de las ponentes declaró que la única respuesta a la violencia machista era la reorganización de las mujeres su (sic) “empoderamiento” y devolver a los hombres esa violencia que ellos aplicaban a las mujeres. Daba miedo. No quiero decir miedo físico ya que la doctora y master del universo que pronunció aquel alegato parecía una niña de doce años. Daban miedo las bobadas que se dijeron, por parte de unas personas que en pocos años estarán mandando en sus universidades correspondientes. Esta es un poco la sensación que se desprende de Lamia. Al final los horrendos crímenes que comete quedan sin castigo, pone una bomba en la emisora y se larga tan fresca. “Libertad de explosión”. O de cómo enfatizando la violencia de un lado se justifica la respuesta violenta del otro. Una es obscena y despreciable, la otra justa y hasta divertida. Ese empieza a ser el discurso dominante. No es nuevo. Al contrario, el ojo por ojo es viejo como el diablo. Y sus consecuencias muy conocidas… Leer más...

viernes, 20 de octubre de 2017

RAGNARÖK de WALT SIMONSON

Ragnarök - el señor de los muertos de Walter Simonson, edita Panini -Thor comic
PaniniComics. Barcelona, 2017.
160 páginas, 18 euros.

DE LA NADA, ALGO

Walter Simonson consiguió un lugar en todas las historias del comic tras su paso por Thor. Renovó la clásica serie de Marvel y demostró que los límites del lenguaje podían ampliarse con soluciones nuevas, originales y, sobre todo, ajustadas al tono épico de unos relatos salpicados de humor y drama.


En los últimos años, además de constantes reediciones de su héroe nórdico, se han ido publicando aleatoriamente algunas muestras de su trabajo. Su Orión nos llegó en un formato ridículamente pequeño; Elric era un poco más grande pero no lo suficiente, etc.

Ahora le ha tocado el turno a una de sus últimas obras, ese Ragnarök que a priori parece una revisión de su obra más popular. Es bastante habitual que autores que consiguen un gran éxito se pasen el resto de su carrera volviendo una y otra vez a ese triunfo inicial, sin dar de nuevo con las claves que propiciaron aquel primer bombazo.

Debo confesar que esa fue mi sensación con el primer volumen de esta nueva serie. El dibujante repitiendo formalismos que ya conocíamos, sus viñetas-página y sus viñetitas fragmentadas, todas ellas salpimentadas con sus particulares onomatopeyas. Nada nuevo bajo el sol. A ello se sumaba una pretensión algo ridícula: para que su dios vikingo no pareciera el de siempre lo convertía en un muerto viviente que deambulaba de una página a la siguiente mostrando su ausente mandíbula inferior. Pero no engañaba a nadie. Seguía siendo Thor, reconocíamos su pelazo y casi todos sus gestos. ¿A qué jugaba Simonson? Pero con el volumen dos todo cambia. Tanto que he vuelto a releer el primero para constatar cuan equivocado estaba. Nunca se fíen de un crítico, vayan a los hechos.

Ragnarök - el señor de los muertos de Walter Simonson, edita Panini -Thor
El autor vuelve a demostrarnos que es uno de los grandes. Y sí, su Ragnarök no deja de ser una relectura de su Thor para Marvel. Pero también es mucho más, empezando por la premisa de partida. Como sabemos, toda la mitología escandinava está presidida por la amenaza del gran apocalipsis final, ese Ragnarok en el que todos los dioses perecerán.

Lleva esa idea al extremo y nos narra la vida en un mundo tras el fin de todo. Todo es marrón y gris plomo, sin vida. Y eso es lo que predomina y manda: los no-muertos, los demonios, las cenizas de los dioses que fueron. En ese desolador paisaje se alza el dios de piedra, alimentado con manzanas secas por una ardilla enviada por Odín. Como podrán suponer ese dios que no es otro que Thor se alza pronto del trono en el que está encadenado. A partir de ahí todo es rocanroll.

Con insultante facilidad Simonson nos habla de familias de elfos, crea villanos dispuestos a matar a sus propias hijas, trolls negros de buen corazón, cabras mágicas, muchos zombies descerebrados, enanos ingeniosos, legiones de ardientes diablos y, por supuesto, recupera a algunos de sus viejos comparsas, de la serpiente que ya había destrozado la cara de Thor en su etapa en Marvel, a Surtur, el más poderoso de todos los demonios de fuego. En gran medida consigue insuflar vida a sus personajes gracias a la palabra.

Y no es que sus grafismos carezcan de fuerza, sigue siendo uno de los tipos más avanzados respecto al lenguaje del comic, cada una de sus páginas es una lección de cómo narrar. Pero es que además escribe muy bien, sus diálogos son siempre buenos, ingeniosos. Evita uno de los mayores peligros cuando se abordan tramas épicas, desmesuradas, como esta: nunca es pretencioso ni solemne. Cada declaración demasiado grave se compensa con una broma, con ironía. No se trata de hacer el payaso.

El fin del mundo es cosa seria y aquí se trata de cómo los vivos vuelven a ponerse al mando derrotando a las fuerzas del mal, a los que no saben querer ni se preocupan por sus semejantes. Pero no por eso vamos a ponernos pedantes. Así que cada tragedia (y abundan) se compensa con una ligereza, cada muerte con una celebración y un paso hacia adelante. Todo tiene un precio, especialmente lo que importa.

No se dejen asustar por el aparentemente desmañado dibujo. Porque lo que consigue con tan humildes componentes es muy grande. Vuelve el héroe, que está casi muerto y nunca fue muy inteligente. Pero alguien tenía que hacer el trabajo. ¡Bienvenido sea!

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viernes, 13 de octubre de 2017

KEN PARKER DE BERARDI y MILAZZO

Ken Parker de Berardi y Milazzo. edita ECC Ediciones - comic western vaqueros
ECC Ediciones. Barcelona, 2017.
200 páginas, 9,95 euros.

VUELVE PARKER


Ken Parker nació a finales de los setenta. Debía mucho a westerns como Las aventuras de Jeremiah Johnson (S. Pollack, 1972). 

Parker tenía un cierto aire a Redford y compartía con él una actitud amistosa hacia animales e indios.


Sin renunciar a unas profundas raíces clásicas, que afloran en la serie en citas evidentes a películas de Hawks o Ray entre otros, esta saga resultaba más “moderna” que otras aproximaciones europeas al género. Aunque ya Blueberry, Comanche o Jerry Springs contenían no pocos elementos de crítica y una posición pro-india evidente, Parker iba desde su primer episodio más allá.

En la serie abundaban las aventuras marcadas por una evidente preocupación ecológica. El asunto del racismo también estaba muy presente así como las mujeres, que desempeñaban con frecuencia papeles protagonistas. Preguntado el guionista al respecto su respuesta era que aparecían por la misma razón que los niños. Porque normalmente eran los más débiles y se les negaba la voz. Así que él tenía como misión contar sus historias, que habían permanecido silenciadas.

Primero, recordar que este no es el primer intento de edición de Ken Parker en España. Zinco publicó bastantes números en los ochenta pero la serie se interrumpió y luego nunca llegó a completarse. Aquella edición mantenía el formato italiano original que era pequeño pero no tanto como el actual de ECC. En todo caso la actual es mejor que la segunda edición, a cargo de Norma en 2004. Una aproximación demasiado lujosa y que no convenía al sencillo material de partida, creo yo.

Ken Parker de Berardi y Milazzo. edita ECC Ediciones - comic western vaqueros
Ken Parker es un tebeo humilde y popular y debe parecerlo. Lo de Norma también tuvo un final abrupto. Ahora se ha vuelto a la casilla de partida, lo cual resulta un tanto arriesgado. Los lectores viejos como yo esperaremos a que la colección alcance el número donde se cortó la edición de Zinco. ¿Habrá suficientes nuevos compradores como para que esta aventura editorial no se venga abajo? Tendrán que sortear algunos escollos.

Los que conocemos el material que facturaron Berardi y Milazzo podemos afirmar que merece la pena. La serie contiene algunas de las mejores historietas que se hayan dibujado (y escrito) jamás. La balada de Pat O’Shane era una obra maestra, pero no dejaba de ser un episodio más en una saga que siempre se mantuvo a gran altura. Milazzo tardó un poco en madurar. Su dibujo fue despojándose de detalles innecesarios hasta convertirse en uno de los más impresionistas y sugerentes que hemos conocido, pero le llevó un tiempo conseguirlo. Además, no siempre se encargó él de los lápices. Durante bastantes números se alternaba en la realización gráfica con otros dibujantes no tan inspirados. Como habrá podido comprobar cualquiera que haya leído las dos primeras entregas, al principio todo es un poco torpe y demasiado explícito. Pero yo les ruego que le den una oportunidad y que tengan algo de paciencia. Porque en seguida vienen episodios en los que Berardi demuestra que se cuenta entre los mejores guionistas del mundo, un humanista con un tremendo talento para construir personajes creíbles y variados.
Y Milazzo va paso a paso transitando un camino de sumas y restas que a la postre le llevaría a separarse de su colega escritor. Llegó un momento en la serie, en los episodios que nunca se publicaron aquí, que su grafismo era tan simplificado que Berardi consideró que no transmitía bien sus historias. Así que se separaron abandonando al personaje. Cada cierto tiempo se rumorea que van a volver a juntarse para facturar un último álbum de Parker. En todo caso yo aconsejaría a los de ECC que alternaran los episodios cronológicos de la serie con algunos de los álbumes especiales como Adah, una brillante historia a color inédita en España. Nos darían una alegría.
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jueves, 5 de octubre de 2017

UNA HERMANA de BASTIEN VIVES

Diábolo Ediciones. Madrid, 2017.
212 páginas, 21,95 euros.

UN VERANO
Vivès no es ningún desconocido para el lector español. Desde El gusto del cloro hasta Polina pasando por Los melones de la ira o En mis ojos, sus obras han demostrado que es tan versátil como sutil y sorprendente.


Lo último que nos había llegado eran sus colecciones de gags, El amor, Los videojuegos, La familia y algunos otros. Con pequeñas historias nos demostraba la velocidad de su trazo digital, lo innecesario que resulta repetir un dibujo si el mismo sirve una viñeta tras otra y, sobre todo, lo explosivo de su humor. Vivès puede ser irrespetuoso y salvaje si con ello consigue un buen chiste. También profundo y delicado como demostró con creces en Polina, hasta ahora su obra maestra.

Yo lo cuento entre los autores actuales más interesantes, hasta cuando se equivoca me gusta. Es moderno en el mejor sentido de la palabra, sus personajes son realmente nuestros contemporáneos, parece tener una ventanita desde la que se asoma a las neuras y fascinaciones de los adolescentes y sus movedizos intereses.
Y luego nos lo cuenta con precisión mediante un dibujo seco y despojado. Entiendo que a quien le guste el barroquismo y el detalle desprecie la labor de Vivès. Pero a mí me fascina cómo elimina de sus planchas lo que no es esencial para su relato, las vacía y se queda tan solo con breves fragmentos de escenario, pocos grises, algunas miradas, bocas que se abren…

Una hermana es una obra mayor, lo mejor que he leído en mucho tiempo. Es también un clásico instantáneo en tanto aborda un tema viejo como la humanidad, nos suena y parece nuevo al tiempo. Me refiero al primer amor, ese cuelgue de verano por una persona a la que de repente miramos como si no existiera nadie más en el mundo. Esa atracción absoluta suele venir acompañada de otros síntomas, no siempre agradables.

Vivès los repasa, empezando por la violencia que protagoniza una de las primeras escenas. Violencia ante la que el adolescente protagonista apenas sabe cómo reaccionar y que flota como un regusto amargo como fondo de toda la narración. Lo peor puede ocurrir en cualquier momento. La amiga de la familia que pasa en casa del muchacho ese verano despierta en él una irresistible atracción sexual, pero al mismo tiempo los peligros que deben sortearse son muchos, empezando por el inevitable miedo a hacer el ridículo. O la presencia de los otros, chicos mayores que ya conocen las claves de lo que debe hacerse. Entre dudas y torpezas y aguijoneado por un maravilloso y realista hermano menor, el protagonista va descubriendo un universo femenino tan hermoso como perturbador. El guión de Vivès es formidable, tanto como la sutileza de su dibujo. No hay mojigatería en él y los niños no se dan solo besitos cuando tienen oportunidad de avanzar posiciones. Pero ningún toqueteo parece vulgar o fuera de tono gracias al refinado trabajo gráfico. Al contrario, sus personajes se mantienen elegantes y contenidos, los acercamientos son siempre emocionales.


Al fin y al cabo hablamos de sentimientos. En un momento en que Internet pone al alcance de nuestro ojo los mayores excesos corporales o sexuales, recobrar las claves sentimentales que se esconden detrás de ese primer amor es una tarea al alcance de pocos. Vivès sale muy bien librado de este empeño. Acompañamos a su pequeño héroe, compartimos su enamoramiento, miramos ese pecho por un instante, esas nalgas, y al mismo tiempo se habla, se comparten secretos en voz baja. Es una delicadísima puerta que se abre a una madurez todavía lejana. Fascina pero también aterra. Todos hemos pasado por lo mismo y Vivès nos permite recordarlo y volver a sentirlo. No se lo pierdan.

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