152 páginas, 25 euros.
CANÍBALES, VAMPIROS Y OTROS MONSTRUOS
Boucq lleva años trabajando con el escritor Jerôme Charyn, desde los lejanos tiempos de “La Mujer del mago” y “Boca de Diablo”. Ahora vuelven a juntarse, recuperando al protagonista de “Little tulip”.
Aquellas dos primeras colaboraciones habían permitido a Boucq escapar del género del humor grotesco en el que parecía haberse atascado, abordando tramas más dramáticas pero sin abandonar su gusto por lo bizarro. Lo mejor de Charyn eran aquellos momentos en que la realidad y la fantasía se desdibujaban hasta confundirse. Cuando le salía bien era surrealista y estremecedor, pero eran operaciones de riesgo con el ridículo como mayor amenaza. Hay una larga tradición de autores en los que la tendencia hacia lo estrafalario, lo peculiar, pesa más en ocasiones que la estructura dramática, que acaba abandonada, permitiendo que el relato se convierta en un desfile de freaks. En ese sentido, “La mujer del mago” era inferior a “Boca de diablo” donde el equilibrio entre un poderoso drama realista y lo delirante estaba más conseguido. Luego Boucq se pasó varias décadas ilustrando las fantasías de otro famoso iluminado, Jodorowsky, para quien la división entre el sueño y lo real no existe. Juntos levantaron “Cara de luna” primero y el western “Bouncer” después. Además, el dibujante seguía publicando sus propias invenciones cómicas sin descanso, mientras su arte se iba refinando y afianzando.
Hace poco sorprendió volviendo a reunirse con Charyn, retomando una colaboración interrumpida en los noventa del pasado siglo. Recuperaron algunos de los ambientes soviéticos ya transitados en su anterior trabajo, “Boca de diablo”. Como allí, viajábamos del infierno del gulag comunista a la ciudad de Nueva York, en una narración tensa y agria, que Boucq visualizaba con su destreza habitual. Aquí conviene hacer un inciso