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viernes, 24 de junio de 2022

ADIÓS A UNOS GRANDES DEL CÓMIC RIP

LOS HOMBRES QUE DIBUJARON DEMASIADO
Miguel Gallardo murió el pasado 21 de febrero, Neal Adams el 28 de abril y George Perez el 6 de mayo. 2022 está siendo letal para los dibujantes de historietas.


Wonder Woman de George Pérez DEP RIP comics
VIDAS OPUESTAS

Nacidos con apenas un año de diferencia George Perez (1954) y Miguel Gallardo (1955) tenían muy poco en común. El primero representó la continuidad en el mainstream, un currante aplicado que dedicó toda su carrera a los superhéroes, cosechando éxitos en las dos mayores editoriales americanas. El otro, el underground más sucio al principio, con su icónico Makoki, y otras realidades más adultas después. Saltando de la ilustración al cómic Gallardo encontró la manera de seguir contando historias para públicos cada vez más huidizos, con un dibujo directo y despojado y un humor que no le abandonó nunca, incluso cuando le tocó hablar de su propio cáncer.

En el caso de Pérez, él también tuvo ocasión de hablar de sus dolencias, paseando su desmejorado aspecto por las redes y recibiendo el cariño de incontables aficionados. No en vano había estado en la cima del mundo del cómic y todos conservamos un rincón en nuestro corazoncito para él y sus personajes. Nacido en el Bronx, trasladó su experiencia del barrio a uno de sus primeros personajes, un secundario aparecido en “Los hijos del tigre”, una violenta saga de luchadores de kung-fu que parecía la ONU. Uno era negro, el otro blanco y un tercero oriental y a ellos se sumó el Tigre Blanco, un hispano. Luego Perez se encargó de otros populares grupos de Marvel, destacando Los Vengadores. Con ellos demostró su verdadero superpoder: podía dibujar cientos de personajes en la misma página, aparentemente sin despeinarse. Volvió a probarlo cuando se trasladó a DC. Pasó por varios títulos hasta dar la campanada con la madre de todas las sagas, Crisis en Tierra Infinitas”, la aventura que reunificaba y aportaba sentido al multiverso de la editorial. Allí Perez dibujó no cientos sino miles de personajes por página. De alguna forma conseguía resultar claro, a pesar de la innegable densidad de las planchas.

Después se convirtió en autor total, escribiendo y dibujando una muy valorable (y feminista) Wonder Woman, sin duda una de sus mejores etapas. También le seguimos en otras colaboraciones, como las que desarrolló con Peter David. Una muy entretenida historia de Hulk y, sobre todo, Sachs & Violence, una trepidante, sexy y violenta serie negra. Más tarde se dejó llevar por su propia leyenda y mientras los aficionados celebraban el desmesurado número de figuritas que era capaz de incluir en cada página, su narrativa se ralentizó y sus cómics perdieron interés. Pero fue uno de los grandes y así lo recordaremos.



 

El gran libro de los perros de Miguel Gallardo y Karen du Croo
De Gallardo destacó su capacidad para reinventarse. Hubo muchos Gallardos. El amigo de Mariscal que participó en sus series de animación, el colega de Mediavilla que dibujó disparates de drogatas, el hijo que narró con afecto la historia del padre en la Guerra civil (“Un largo silencio” permanece como el mejor entre todos los cómics dedicados a nuestra contienda), el padre de María, a quien dedicó dos cómics que pusieron el autismo en el centro del debate público... Y a título póstumo nos ha llegado “El gran libro de los perros” donde expresa su amor por los animales y también por su compañera durante tantos años, Karin du Croo, que firma el volumen con él. Cuando preparamos el catálogo que acompañaba a la exposición que le dedicamos en el Casal Solleric en 2006 tuvimos ocasión de pasar un día con él en Barcelona, entrevistándolo y seleccionando el material. Yo apenas lo conocía así que se me ocurrió dirigirme a él por su nombre completo, “Miguel Ángel”. Me corrigió, con su sorna habitual. “Solo mi madre me llama Miguel Ángel, mis amigos me llaman Miguel”. Fue un tipo encantador al que ya echamos de menos.



 


Neal Adams RIP 2022
CUANDO EL MUNDO NO ES SUFICIENTE

Conocí a Neal Adams en 1999 en Gijón, adonde acudió como invitado del Salón del Cómic dirigido por Faustino Rodríguez Arbesú. Otros ilustres autores que asistieron aquel año fueron Glenn Fabry, Chris Claremont, Lee Weeks, Yslaire, Dave Gibbons, Violeta Suárez, Pau o Gallego y Rey. Aunque el nivel de los invitados era muy alto, Adams fue la gran estrella, una leyenda con una larga trayectoria a sus espaldas. Nacido en 1941 se había hecho popular con su tira Ben Casey, donde imitaba el estilo foto-realista de Stan Drake, el padre de Julieta Jones. De allí saltó a las dos grandes, DC primero y Marvel después. Una de sus peculiaridades es que, contrariamente a la política de la época, él nunca se escondió. Entendió que
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viernes, 14 de julio de 2017

WONDER WOMAN: RENACIMIENTO

Greg Rucka, Liam Sharp, Nicola Scott y otros.
ECC, 2017
96 páginas, 8,50 euros.


NOSOTRAS
El estreno de la película dedicada a Wonder Woman ha propiciado la aparición de innumerables volúmenes dedicados al personaje. Es una ocasión tan buena como cualquier otra para tomarle el pulso a la que ha sido calificada de “primera super-heroína feminista”.


No puedo presumir de haber leído todas las aventuras de la guerrera del lazo dorado. Me fascinó la versión de George Pérez de finales de los ochenta pero desde entonces apenas le había vuelto a poner el ojo encima. Cuando Chiang la dibujó atrajo mi atención, pero lamentablemente los guiones del sobrevalorado Azzarello enseguida me hicieron desertar.

He vuelto a intentarlo con Rucka, que escribió la serie regular hasta hace pocos meses. Entre paréntesis es importante destacar la labor de ECC con los recopilatorios de personajes DC. Interesen o no los autores que publican, su tarea de recuperación es muy importante y desde aquí la aplaudo. Pero como ya hemos comentado con anterioridad, las verdaderas obras maestras no abundan, tampoco en el caso de Wonder Woman.
Rucka se hizo cargo de ella hace más de una década, incidiendo en algunas de las reivindicaciones feministas exploradas por creadores anteriores. Pero lo que cuenta no es interesante y además lo emparejaron con dibujantes sin garra. En ese sentido, cuando un grafista con más ganas como Sadowsky dibujó uno de los episodios, el del interrogatorio de “la mala”, la serie mejoró mucho. Pero el tono general era muy anodino.

El cambio más notable respecto a la etapa que en la actualidad se publica en nuestro país está precisamente en los dibujantes, un grupo encabezado por el barroco Liam Sharp que exhibe unas destrezas que yo no había percibido antes. Su denso entintado recuerda en ocasiones a Solano López, sus personajes tienen fuerza y personalidad y todo en su arte muestra al mismo tiempo un insospechado vigor y una sorprendente delicadeza, una peculiar combinación que por supuesto casa muy bien con Wonder Woman. Sumen a ello un realmente bonito y atmosférico color de Laura Martín. Sharp no está solo en esta función. Entre el plantel de dibujantes que le acompañan encargándose de otros episodios destaca Nicola Scott. Su aproximación es algo más cartoon pero este tío sabe dibujar y su entintado está lleno de sutileza. Tanto él como Sharp se aseguran de que la protagonista luzca siempre encantadora y super-atractiva. ¿El guión de Rucka? No le he leído nada tan bueno como el trabajo con el que entró en la industria, aquel gélido y sugerente Whiteout. Pero seguiremos probando a ver hacia dónde quiere ir, mientras siga en compañía de dibujantes tan capacitados.

Respecto a la peli, confieso que me entran sudores fríos ante cada nueva adaptación cinematográfica. Pienso ¿es posible que a mi me gusten estas estupideces? Al traducir o reinterpretar los mundos de fantasía de las viñetas en un entorno realista, los resultados son a menudo chirriantes, todo queda reducido a lugares comunes, polvo y ruido.
En ocasiones asistimos a momentos excepcionales, como la batalla en el aeropuerto en Captain America: Civil War, o algunas de las secuencias con hormigas de Ant-Man. Momentos en que sentimos que el director ha capturado la magia que nos fascinó en aquella primera lectura. Pero ya digo, son breves destellos entre un arsenal de efectos que nos arrancan de la butaca.
Wonder Woman tiene algo de lo uno y de lo otro. Toda la batalla final con Ares es deprimente y anticlimática, la seriedad de Robin Wright resulta impostada y colabora a que la isla de las amazonas parezca una peli de romanos pero de las que se hacían en Italia, las malas. Sin embargo, Chris Pine, al que supongo que habrán visto en su vídeo sobre “los cuatro Chris”, defiende con talento un papel muy complicado, el del querido de la diosa, y está en todas las escenas más emocionantes del film.



Y por supuesto hay que hablar de Gal Gadot. La actriz de origen israelí resulta muy verosímil en todas las escenas de acción, escenas que, a pesar del toque Snyder, que anda por ahí en la producción de la película, no son del todo insufribles. Es una auténtica diosa y exuda confianza a cada paso que da. Pero además comparte una característica con el mejor Superman que ha habido, el pobre Christopher Reeves. Ambos no solo son guapos a rabiar, sino que además transmiten muy bien una cierta inocencia, consustancial a los personajes que representan. Ella me ha recordado a las amazonas que incluía Crumb en sus historietas sobre feministas. ¿Saben a qué me refiero? Con revolucionarias como esta dan ganas de apuntarse a lo que sea. Yo también creo en el amor. En serio.


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