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viernes, 3 de octubre de 2014

DERECHO A LA FELICIDAD: LA MUJER REBELDE de BAGGE

La mujer rebelde, la historia de Margaret Sanger por Peter Bagge, edita la Cupula, sexo, aborto, feministas
La Cúpula, 2014

EL DERECHO A LA FELICIDAD


La Declaración de Independencia de los Estados Unidos define como “derechos alienables” la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Bagge dibuja la biografía de una defensora de esos derechos, con un tono que oscila entre la épica y la comedia.


Hace ya tiempo que demostró que es el heredero natural y mejor dotado de la primera generación underground. No imita el estilo ni los temas de quienes le precedieron, pero comparte con ellos una libertad absoluta a la hora de elegir y plantear los asuntos que aborda en sus historietas. Si antes nos había sorprendido con un conjunto de ensayos sobre temas diversos para una revista libertaria, ahora le hinca el diente a una feminista de vida controvertida.

Según explica el propio autor le interesaba la discusión generada en torno a Margaret Sanger, cómo era atacada desde una orilla política como racista y desde la otra como “inventora del aborto”. Bagge demuestra que según su propia investigación gran parte de las declaraciones que se atribuyen a Sanger o bien no son suyas o bien han sido sacadas de contexto para distorsionar su pensamiento y caricaturizarla. En ese sentido resulta fascinante el personaje poliédrico que nos desvela esta biografía gráfica, admirable en su determinación pero tremendamente humano en sus debilidades y sus excesos, que no son pocos. También se agradece el completo apéndice que nos permite contextualizar los protagonistas y hechos que van apareciendo a lo largo de la densa historia.

Bagge relata la vida real de una de aquellas feministas de finales del XIX, una heroína social que hubo de sobreponerse a sus propias dificultades y prejuicios y se dedicó a mejorar las condiciones existenciales de las mujeres, incluyendo el control de natalidad. Sin él, estaban sujetas a los vaivenes de la biología por no decir que a los caprichos de sus maridos. Bagge no nos ahorra descripciones cruentas de abortos y partos practicados en las peores condiciones higiénicas. Esa lucha para introducir cambios supone por un lado un reconocimiento del progreso tecnológico. Se habla de importar condones y otros mecanismos y de los primeros pasos en el desarrollo de las píldoras anticonceptivas, como ahora mencionaríamos lo más novedoso en tecnología, con esperanza, respeto y temor.

La mujer rebelde, la historia de Margaret Sanger por Peter Bagge, edita la Cupula, feminismo, aborto
También supone forzar los límites de la libertad de expresión. Aunque la heroína desafía a no pocos alcaldes, policías y gobernadores, en muchos casos esa lucha tiene más de juego que de verdadero enfrentamiento, con las diversas fuerzas en conflicto tensando la cuerda y buscando la complicidad de la prensa. Como verdadera luchadora moderna Sanger es muy consciente del peso de la opinión pública en todo proceso de cambio, así que gran parte de su labor consiste en escribir manifiestos y publicar panfletos desde los que explica sus posiciones. Por supuesto, al llevarle su preocupación social hacia un ámbito tan personal como el de la sexualidad los problemas aumentan. No sólo pisó territorios nuevos desde un punto científico, también moral o ético. Ese derecho a la felicidad podía ser fácilmente acusado de inmoralidad, pero eso no la detuvo.

Aquí es donde el tebeo realmente demuestra su calidad. Más allá de lo interesantes que son todos los hechos que se nos cuentan, admira la capacidad de Bagge para construir un personaje, una Margaret ególatra, divertida y deslenguada que nos atrapa desde su primera aparición. Si su lucha política es apasionante, su trayectoria vital, sus relaciones sentimentales lo son aún más. Su curiosidad, su optimismo, su capacidad para meterse en jardines donde nadie le mandaba entrar son tan admirables como tronchantes en ocasiones. Para recordar la conferencia que da a las chicas del Ku-Kux-Klan, con la gran pregunta “¿Qué es la vagina?” o su disparatada charla con el sexólogo Ellis, que también concluye con brillantez: “¿Quiere que haga pis para usted?”. “Sí, se lo ruego” es la respuesta del terapeuta. Eran otros tiempos, sin duda.

Que no les asuste el distorsionado dibujo ni la densidad de los textos. Todo resulta interesante y está narrado a la perfección. A pesar de su aparente ligereza es una obra mayor que no deberían perderse.

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viernes, 11 de julio de 2014

ROBERT CRUMB. ENTREVISTAS Y CÓMICS

Robert Crumb Entrevistas y cómics, edita Gallo Nero - The comics Journal
Gallo Nero Ediciones, 2014. 
336 pág. 24 € 

CRUMB NO SE RINDE


Los seguidores de Crumb sin duda disfrutarán con esta recopilación de entrevistas que el autor concedió a la revista especializada The Comics Journal entre 1984 y 1995.


Guste o no su trabajo, el volumen no decepciona por razones diversas. En principio, por lo que tiene de testimonio de una época. El dibujante vivió la explosión hippie de los sesenta y sorprenden sus historias de San Francisco, sus relaciones con el LSD o sus constantes viajes de un lado a otro del país. Llama la atención cuando declara que nunca compró drogas, que simplemente “corrían por ahí”, lo barato que resultaba vivir en el Oeste o cómo sobrevivió, antes de empezar a sacar pasta con sus dibujos, gracias a la asistencia social. Por supuesto, otros recuerdos más personales son igualmente llamativos e interesantes. Como cuando habla de sus hermanos, a quienes descubrimos en el documental de Terry Zwigoff, pero cuyas rarezas el propio Crumb confirma que son muy superiores a lo que podíamos sospechar. Explica que uno de ellos se limpiaba los intestinos introduciendo una larga ristra de tela por la boca y sacándosela por el ano. Había momentos en que la tela ya asomaba por abajo cuando todavía podía verse colgando por arriba. Como además mendigaba por la calle, en ocasiones algunos graciosos se dedicaban a tirarle dolorosamente del extremo superior. También llaman la atención las menciones a su hijo mayor. Así como Sophie, la niña que tuvo con su segunda y actual esposa Aline Kominsky, ha aparecido en numerosas historietas y dibujos suyos, apenas teníamos noticias de Jesse, su primer vástago. El autor explica con claridad la distancia que siente hacia él y cómo eso le impidió utilizarlo en ninguna historieta. Los pasajes que dedica a su hijo son entrañables y dolorosos.

La parte más delirante es cuando habla de política, donde llega a afirmar que los “chinos han hecho unas cuantas cosas bien”, al tiempo que critica la “centralidad” de la Unión Soviética. Menos incoherente se muestra cuando critica a los ciudadanos de USA, a los que dedica una serie de diatribas cargadas de mala leche, desde la comodidad de su retiro francés. Tiene algunas buenas palabras para los europeos, aunque acaba reconociendo que aquí, como en los Estados Unidos, “todo está lleno de idiotas”. Muy divertida es su experiencia colaborando con una revista alternativa. Aunque aboga por la vida en comuna, reconoce que no soporta estar rodeado de “monjas y curas” que le dicen a cada momento cómo debe comportarse y qué debe dibujar y hacer.

Robert Crumb Entrevistas y cómics, edita Gallo Nero - The comics Journal
Sorprendentemente, es más lúcido todo lo que explica en relación con las mujeres. Quizás porque lleva más años en lucha con las feministas, que han criticado con ferocidad las aristas más salvajes de su trabajo. Reconoce su misoginia para, a continuación, afirmar que “también odio a los hombres y a los negros”. En fin, Crumb es un humorista a quien no le preocupa exagerar. Y lo hace constantemente. Lo que intenta es ser sincero consigo mismo. Es muy interesante cuando explica la pauta que reconoce en muchas mujeres a las que descubre atraídas por tipos malos, poderosos. Y agradece que su pequeña fama como dibujante underground le permitiera acercarse a chicas con las que antes no se atrevía ni a soñar. Así puede, según confiesa, descargar gran parte de las frustraciones y la ira que tenía acumuladas contra todas las tías que ni siquiera le habían dirigido la mirada en el Instituto. En fin, la eterna lucha de sexos, que el creador intenta zafar de la esfera política para devolverla al terreno de lo personal.

En ese sentido es curiosa su visita a la Mansión Playboy, adonde acudió acompañando a su mentor Harvey Kurtzman. Crumb nunca ha negado su deuda con él, que le concedió algunas de sus primeras oportunidades laborales y le aconsejó profesionalmente. Pero se muestra muy crítico hacia la fascinación que el maestro sentía por Hefner y el universo Playboy. Kurtzman debía sufrir las constantes correcciones del director, que le pagaba muy bien por producir la serie cómica Little Annie Fannie. Para Crumb, Kurtzman se sentía atraído por el lujo y la diversión que rodeaban a Hefner. Él no se lo pasó bien en la Mansión, donde se dedicó a preguntar a las conejitas si no se sentían manipuladas. Según cuenta, se comportó como un auténtico aguafiestas. En fin, Crumb siempre será ese tipo amargado incapaz de ser feliz, pero que consigue reírse de sus desdichas y además divertirnos con ello.
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viernes, 14 de febrero de 2014

MI AMIGO DAHMER de D. BACKDERF

Mi amigo Dahmer de Derf Backderf, edita Astiberri desde TBEO Y NO LO CREO
Astiberri, 2014.
224 páginas, 18 euros.

DE ASESINOS Y VÍCTIMAS


Una novela gráfica que explica la vida en el instituto del carnicero de Milwaukee, justo antes de que iniciara su carrera criminal. Viene avalada por creadores como el dibujante Robert Crumb o el novelista James Ellroy.


Cuando Derf Backderf descubre que el famoso asesino fue uno de sus compañeros de clase decide narrar esa historia, tal y como él la vivió. Lo que resulta más abrumador es la banalidad de los hechos que se nos cuentan. Dahmer, el futuro criminal, tiene sus problemas en casa, sus padres se divorcian, su despertar sexual es morboso y enfermizo, vive en una profunda soledad, aislado del resto de compañeros y prácticamente abandonado por sus progenitores. En un determinado momento intenta mitigar sus impulsos bebiendo como un descosido lo que le lleva a un estado de embriaguez casi constante en su último año de instituto, sin que ninguno de sus profesores haga nada para evitarlo. Aunque Backderf deja clara su posición desde el prólogo, él no siente lástima por su antiguo compañero, es un asesino despiadado que debe pagar por sus crímenes, sí que se esfuerza por intentar entender el origen del mal y descubrir si en algún momento se pudo atajar tanto dolor y sufrimiento. Su mirada compasiva se extiende al asesino y consigue que comprendamos el infierno por el que pasa este siniestro personaje justo antes de dejarse arrastrar al abismo de sus abominables pasiones, que incluían el sexo con cadáveres y el asesinato de diecisiete personas. Finalmente él mismo fue liquidado brutalmente por uno de sus compañeros de cárcel.

Viñeta de "Mi amigo Dahmer" de Derf Backfderf, edita en España Astiberri
En general, sorprenden los territorios al que el autor consigue transportarnos, más cuando prestamos atención a su limitado dibujo, cargado de soluciones ocurrentes pero que no ocultan sus carencias. Backderf se sobrepone a esas dificultades porque tiene una historia que contar. No logra mantener la intensidad de sus primeras planchas, con esos pies del asesino que pasea hasta toparse con el gato muerto. Pero mantiene un buen nivel y la obra se sigue con interés y sin apenas desmayos. Quizás la última parte se estira un poco y se abusa de una de las escasas rarezas públicas de Dahmer, su caricatura de una crisis nerviosa. Pero son pecados menores en un conjunto lleno de virtudes y que sin duda alcanza su principal objetivo: mantenernos alerta. ¿Cuándo la travesura se convierte en algo peor, cuando la excentricidad es realmente un síntoma que debería alarmarnos? ¿En qué medida contamos con las armas necesarias para defendernos de la aparición de monstruos semejantes?

Backderf insiste mucho en el tremendo egoísmo del criminal y en que nada hay de admirable en su vida. Pero precisamente lo que más critica es su falta total de empatía, su incapacidad para ponerse en la piel de otro. Por eso todo el libro reflexiona sobre la soledad del monstruo, sobre su marginación. Es un constante ¿por qué no hicimos nada? Cuando le ven matar alimañas, cuando se ríe de alguien que se ha hecho daño, cuando bebe como un alcohólico… Muchos pasajes nos recuerdan situaciones parecidas en las que tuvimos la oportunidad de hacer algo y preferimos mirar hacia otro lado. Porque era lo más fácil o porque no era asunto nuestro. Mi amigo Dahmer acaba convirtiéndose en un sentido alegato contra la indiferencia. Sin excusas.
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viernes, 26 de abril de 2013

EL RAYO MORTAL de D. CLOWES

«El rayo mortal» de Daniel Clowes Editado por Reservoir Books
Reservoir Books
Barcelona, 2013. 17,90 euros.

UN GRAN PODER


Daniel Clowes aborda el problema moral que subyace en todo tebeo de superhéroes: ¿qué hacer cuando se nos otorga un poder que nos sitúa por encima de los demás?


Ya saben cual es la respuesta clásica de Lee y Ditko: un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Todas las revisiones contemporáneas de esa afirmación han tendido a burlarse de ella, cuando no a negarla directamente. Si Ditko había llevado la premisa hasta sus últimas consecuencias, en personajes como Mr. A o sus héroes para la Charlton, la siguiente generación de creadores opinó justo lo contrario. El poder conlleva corrupción y cuando el poder es absoluto también la corrupción lo es. Esa es la evidente premisa en Watchmen, que no por casualidad nació como una actualización de las criaturas de Ditko. Lo que en principio iba a ser una puesta a punto acabó convertido en algo muy diferente, una gran farsa en la que la inversión de valores era casi completa. Pasábamos del mundo en blanco y negro del creador de Spiderman al universo plagado de matices de gris de Moore, donde la ambigüedad moral era la regla.

A Moore le siguieron otros escritores que demostraron que ambos puntos de vista podían convivir en el mercado. Morrison y muchos otros investigaron los diferentes tonos del gris, mientras que creadores como Ennis o Millar nos traían de vuelta a héroes clásicos, que debían enfrentarse a un mundo ya no tan simple como el de sus ancestros. Pero las bases se mantenían. En Kick-Ass, por ejemplo, el protagonista puede ser un desgraciado a quien su novia desprecia y todo el mundo da palos, pero eso no disminuye su coherencia moral ni la firmeza de sus convicciones. En todo caso, este era un debato del que el comic alternativo en general parecía bastante apartado. ¿Qué interés pueden tener estas discusiones sobre el bien y el mal cuando nos entregamos a la parodia más enloquecida o reflexionamos sobre el (sin) sentido de la vida?


Hasta ahora Clowes apenas había rozado estos asuntos. Sus héroes se mueven en unos territorios devastados, donde es el azar (y no nuestro libre albedrío) quien realmente causa unos cambios que siempre escapan a nuestro control. Ese protagonismo del absurdo provoca que sus relatos tiendan a avanzar sin rumbo, como si la atención del autor se desplazara del desarrollo de la historia hacia los ambientes. Con todo, su talento es indudable y se ha ido volviendo más refinado y sofisticado con los años. En sus últimas obras le ha dado un mayor protagonismo al color y ha depurado sus juegos con los diferentes registros del lenguaje del comic, incorporándolos a su discurso no siempre de forma afortunada.

Pero en este caso construye una historia sorprendentemente rotunda. Parte de un argumento clásico, como ya he indicado. Su “héroe”, el eterno perdedor adolescente, consigue una pistola que lanza ese rayo mortal que indica el título. Y lo usa con sus enemigos. Lógicamente, nada es lo mismo tras un asesinato y Clowes explica con mucha inteligencia esas consecuencias atroces que la violencia siempre provoca. Lo hace a su manera elíptica y retorcida, pero toda la estructura narrativa se pone al servicio de la idea central y no pierde nunca ese rumbo. El resultado es un tebeo sólido e inteligente, sin concesiones y con la frialdad y distancia que caracterizan al autor. No se lo pierdan.
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viernes, 30 de noviembre de 2012

LA BIBLIA de B. WOLVERTON

La Biblia de Wolverton. El Antiguo Testamento y el Libro del Apocalipsis. Diabolo Ediciones.
Diabolo Ediciones. Madrid, 2012. 
312 páginas. 24,95 euros. 

FASCINANTE Y TERRIBLE


Basil Wolverton es un autor tan peculiar como querido por sus lectores. La publicación de su monumental esfuerzo ilustrando el Antiguo Testamento es sin duda una gran noticia.


Este creador, conocido sobre todo por su participación en revistas de humor como Plop! o Mad, nos deslumbró también en fantasías de ciencia-ficción donde llaman la atención sus extraños monstruos y sus acabados siempre tan elaborados como personales. No extraña que se le considere un antecedente del underground ni que reconozcamos su influencia en dibujantes como Crumb, Shelton o Sacco. Cuando contemplamos su trabajo más serio, como el que encontramos en esta Biblia, nos recuerda también las abigarradas viñetas del primer Nazario. Ambos comparten una entrañable torpeza, evidente de manera especial en las figuras, que los emparenta. Aunque obviamente los temas de uno y otro se sitúen a galaxias de distancia.

La Biblia de Wolverton. El Antiguo Testamento y el Libro del Apocalipsis. Diabolo Ediciones.
Wolverton es el rey de la distorsión, el adalid de los tramados heterodoxos, el emperador del humor bizarro. Siempre es raro, incluso cuando se esfuerza por parecer normal, y eso es lo que le da un toque de modernidad incomparable. Da igual lo que cuente, consigue llevarlo a su terreno y ofrecernos su visión, tan personal e intransferible como sería posible. Como en esas páginas en las que recrea la lista de animales “puros” e “impuros” para los israelitas. No son más que un conjunto de dibujos adecuados para ser incluidos en la Enciclopedia Álvarez, con una línea aparentemente neutra y una apariencia objetiva, casi vulgar. Pero en cuanto los miramos dos veces ya comprobamos que incluso aquí Wolverton es capaz de conseguir algo más. Si no me creen revisen el cerdo o la siniestra monumentalidad de la vaca.

La Biblia de Wolverton. El Antiguo Testamento y el Libro del Apocalipsis. Diabolo Ediciones. Tbeo y no lo creo por F. Flórez
Esta Biblia fue un encargo de un amigo del dibujante que lo mantuvo ocupado durante años, según explica el apasionante prólogo escrito por el hijo del artista. Al contrario que la reciente versión de Crumb del Génesis, no se emplea un formato de comic. Hablamos por tanto de una versión profusamente ilustrada y decididamente formal. Sus patronos no se andaban con bromas, todo era muy serio, los temas a ilustrar eran sagrados y su interpretación debía ser muy rigurosa. Aunque, como vemos al final del libro, sí permitieron que Wolverton enseñara su cara más humorística en algunas de sus colaboraciones para el periódico de la congregación.

Pero como ya he dicho es muy difícil para el dibujante mantenerse neutral así que su contribución oscila entre la naif imaginaría propia de los panfletos de grupos como los Testigos de Jehová y similares y algo muy personal, emocionante y terrible, fruto de su talento diferenciado y anómalo. Sumen a eso algunos recursos tomados de ilustradores de ciencia-ficción como Virgil Finlay, cuya presencia notamos sobre todo en la excelente serie del Apocalipsis, y el balance final es tan divertido como sobrecogedor.

Wolverton en estado puro, interpretando un tema universal con absoluto respeto y, al tiempo, con una libertad que le permite ofrecernos una versión muy fresca de la Biblia y que todavía nos alcanza por su intensidad, aunque ya haya transcurrido más de medio siglo desde que la realizó.
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viernes, 5 de octubre de 2012

TODO EL MUNDO ES IMBÉCIL MENOS YO Y... PETER BAGGE

Todo el mundo es imbécil menos yo y... de Peter Bagge. Editorial La Cupula
La Cúpula, 2012.
122 páginas, 19 Euros.


LIBERALES LIBERTARIOS

Cuando empezábamos a pensar que el creador de Buddy Bradley había perdido su chispa nos sorprende con un álbum cómicamente instructivo. Peter Bagge consiguió una sólida reputación en los noventa como digno sucesor de la primera oleada underground. Los “hijos” de Shelton, Crumb y compañía se caracterizaban en general por ser más serios y tétricos que quienes los precedieron. De Burns a Clowes el panorama alternativo exhibía un humor demasiado intelectual y con una clara inclinación hacia lo negro. Hasta que llegó Bagge, demostrando con su serie Odio que se podía hacer crítica social sin dejar de ser tremendamente divertido. Su protagonista Buddy era el espejo distorsionado donde se reflejaban las realidades menos glamurosas de América, un país que se nos mostraba lleno de contradicciones y problemas culturales, laborales y sexuales. Había muy poca autocomplacencia en Bagge y así continuó a lo largo de infinitos volúmenes. 


Últimamente su fórmula parecía repetitiva y agotada. Con una tendencia a los diálogos profusos que no ha disminuido con los años, el creador nunca nos brindaba un trabajo menor pero tampoco parecía capaz de salir de sus mundos suburbanos y siempre un pelín cutres. Pero con este recopilatorio demuestra que sigue teniendo una mirada muy afilada y que es capaz de pensar más allá de convenciones y lugares comunes. El mayor problema del volumen es la habitual abundancia de textos. Eso, unido a un formato quizás algo pequeño, acarrea ciertas dificultades de lectura. No intenten zampárselo de un tirón sino en pequeñas dosis y con ganas. Esta es la sabia recomendación que me hizo mi amigo Ramón F. Pérez, que fue quien me señaló esta obra que yo había dejado pasar.

Este conjunto de historietas se publicó inicialmente en la revista Reason y no ocultan su origen periodístico. Son como reportajes o pequeños ensayos sobre temas variados que pueden interesar al público americano. Como español evidentemente algunos me resultan más cercanos que otros. Pero todos tienen su miga. La única alusión a España marca el tono. Bagge observa en una convención de comics varias cosas que llaman su atención: su anfitrión le invita a un porro por la calle, la pornografía se vende al lado de las revistas infantiles… En todos los casos pregunta sobre la legalidad de tales situaciones. La respuesta que recibe es que nada de eso es legal pero a nadie le importa, más o menos. Frente a ese mirar hacia otro lado, su visión del interior de la política estadounidense es un continuo debate. Bandos que apoyan una postura, grupos que defienden la contraria y en medio Bagge, intentando mantener sus posiciones liberales.

El derecho a tener un bazooka... de Peter Bagge. Editorial La Cupula


Como se sabe hay un grave problema de traducción con la palabra “liberal” según se emplee a un lado u otro del Atlántico. En Estados Unidos es más o menos el equivalente de nuestros progres. Cuando nos venimos a este lado del charco, “liberal” era el término con el que se insultaba a Esperanza Aguirre y lo más cercano al infierno es ser un “neoliberal”. Quizás eso explique que en la traducción de estas historietas se emplee el término “libertario” en lugar de “liberal”. Pero el fondo sigue siendo el mismo. Básicamente un liberal defiende la libertad, especialmente las libertades individuales. Y cree, como Reagan que “el estado no es la solución, es el problema”. Por tanto se trata de mantener la mayor cantidad posible de espacios privados, al margen del estado. Esta visión se traduce en muy poca doctrina y poco habitual. Si normalmente oímos pestes de los grandes centros comerciales, Bagge reconoce que le encantan y enumera sus ventajas. Si todo el mundo bendice el tren como el mejor medio de transporte posible, Bagge explica en qué consiste realmente un viaje en tren.

Es realmente un libro con el que pueden aprenderse muchas cosas, si no permiten que sus prejuicios se lo impida. Y muy cómico, además. No se pierdan el capítulo dedicado al derecho a tener un bazooka.
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jueves, 17 de junio de 2010

NOT QUITE DEAD - G. SHELTON & PIC


Not quite dead. El último bolo en Shnagrlig de Gilbert Shelton. Edita La Cúpula
La Cúpula, Barcelona, 2010
50 páginas, 15 euros.


ROCK EN SHNAGRLIG


Cuando hace dos años organizamos la exposición sobre Shelton en el Palau Solleric de Palma, él ya contaba entre sus proyectos inmediatos esta nueva aventura de Not Quite Dead, el grupo de música más estrafalario del universo. 


Llegó a mostrarnos algunas planchas que en aquel momento estaban coloreando y definió la historia como su particular homenaje a Carl Barks, una de sus influencias más reconocidas. Más concretamente a una de sus aventuras, la de los huevos cuadrados. Shelton lleva mucho tiempo produciendo a su propio ritmo y ésta podía haber sido una de sus obras anunciadas y nunca terminadas, como esa de los Freak Brothers en Amsterdam, de la que lleva años hablando pero que todavía no ha visto la luz.

Afortunadamente no ha sido así, con lo que este descacharrante tebeo redondea un año espléndido para los clásicos del underground, marcado por la aparición del Génesis de Crumb, al que ahora se suma este nuevo clásico. Los seguidores de Shelton ya saben que Not Quite Dead no son lo mismo que los Freak Brothers. A pesar de su evidente calidad, nunca han sido tan divertidos y aunque resulta difícil explicar el humor o dar razones por las que algo nos hace gracia o no, tengo una teoría al respecto. En los Freak los tres personajes, además de ser unos hippies aficionados a las sustancias estupefacientes, tienen unas personalidades muy diferenciadas, del viva la virgen al concienciado, pasando por el macarra. Eso les da vida y los torna creíbles. Los Not Quite Dead, al contrario, nunca han dejado atrás su condición de estereotipos. Tenemos al músico de jazz, al reagge, el roquero... pero no pasan de ser una banda, no consiguen individualizarse. Por supuesto el talento de Shelton es capaz de extraer situaciones cómicas de donde sea. Pero con ellos siempre hemos tenido esa sensación de que se queda un poco corto, de que todo funcionaría mejor si diferenciara mejor a sus héroes.

Dicho esto, El último bolo en Shnagrlig está a la altura de algunos de sus mejores trabajos. Es una aventura trepidante a lomos de otra de las pasiones del dibujante: los coches. En este caso un flamante Cadillac del 59, que se convierte en un protagonista más del relato. La banda tiene un bolo en un país exótico, de acuerdo con un plan urdido por una organización muy parecida a la C.I.A. Por supuesto, luego nada sale como estaba previsto y Shelton, con la ayuda del artista francés Pic, tiene ocasión de dibujar esas escenas de masas y persecuciones que tanto le gustan. Además, si su amigo Crumb abordaba los asuntos religiosos de manera directa en su última obra, él también se acerca al tema, con la ironía que le caracteriza. Siempre se ha definido como un autor satírico, alguien que comenta lo social con un inevitable cachondeo. Aquí nos ofrece su versión de los burkas, transformados en bolsas de papel, mientras inventa una religión, que inevitablemente nos recuerda otras muy conocidas sobre las que no conviene hacer bromas. El pasaje con los rezos se cuenta entre lo más divertido del álbum.

En fin, que el viejo maestro sigue en buena forma y todavía puede darnos algunas sorpresas, además de hacernos reír y reflexionar al mismo tiempo. Su puesta en escena resulta tan impecable y eficaz como siempre.
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viernes, 17 de abril de 2009

BREAKDOWNS de ART SPIEGELMAN

Breakdowns de Art Spiegelman, edita Random House Mondadori
Random House Mondadori S.A.
Barcelona, 2009.
80 páginas. 21,90 euros

MAMÁ, QUIERO SER ARTISTA


En resumen: no es tan malo como me esperaba.
Las reacciones ante la reedición ampliada de este libro de Spiegelman de finales de los setenta son encontradas. Básicamente podríamos decir que representan la posición del lector ante el medio. 


Para los conservadores el autor tuvo cierta fortuna con Maus, pero el resto de su obra, al menos aquellos fragmentos que ya habíamos visto en El Víbora y que ahora volvemos a encontrarnos aquí, es basura experimental, masturbaciones intelectuales sin relación con el cómic. El sector progresista establece una continuidad entre la convencional narrativa de Maus y sus ocurrencias más vanguardistas. Todo es más de lo que parece y Art es un genio, uno de los grandes en el comic del siglo XX. Perdón: ¿he dicho comic? Quería decir arte.

Y es que, si algo caracteriza la labor de Spiegelman es su marcada voluntad artística. Ahí sigue los pasos de uno de sus maestros, el también judío Eisner. Al contrario que otra de sus fuentes de inspiración, Kurtzman, que siempre abogó por el carácter de entretenimiento del medio, tanto Eisner como más tarde Spiegelman defendieron que con viñetas se podían desarrollar obras tan interesantes como con otros medios. Eisner nació en el momento equivocado y con mucho esfuerzo consiguió convertir la novela gráfica en un concepto habitual. Pero Art fue más allá, ganando un Pulitzer con un trabajo inferior a muchos de los firmados por Eisner, el ya citado Maus. Paradojas de la fortuna, Spiegelman sí había encontrado un contexto favorable. Además se inventó una segunda oleada underground con su revista Raw. Desde ella proclamó su evangelio artístico y dejó de dirigirse al pueblo, buscando a la élite.

De alguna forma se hizo oír, lo cual no deja de tener mérito. El siguiente paso era abordar un tema muy serio, con una escritura más convencional.
Después de la explosión Maus, con su mujer a la cabeza de la dirección artística del New Yorker, con la cuota de poder que ello supone, Spiegelman permanece instalado en su torreta de vaca sagrada del comic experimental, con un pie en las artes mayores y mirando siempre desde arriba a la comunidad de simples fabricantes de viñetas. A veces nos bendice con alguna genialidad, como su autocomplaciente reflexión sobre el 11-S.

Así que, sinceramente, no esperaba con entusiasmo este recopilatorio. Y ¿qué quieren que les diga? Me ha entretenido. Toda la introducción, una autobiografía a la peculiar manera del autor, se lee con interés. Sorprende su arrogancia, pero también nos desarma con su sinceridad. ¿Por qué ocultarlo? Él siempre ha querido ser artista. Así que nos muestra algunos de los componentes de su trabajo, incluida la mentira, pero también la magia y la repetición. Muchas de las historietas de la segunda parte ya las conocíamos, pero al cabo de los años nos resultan casi tiernas en su desparpajo experimental. Y además tienen una virtud innegable: son breves. En ellas encontramos sus conocidos juegos descontructivos, sus mezclas, sus pastiches, sus rodeos compulsivos...

Todo ello, por supuesto, con una presentación impecable: buen papel, barnices, buena reproducción... Así que, si pensaron que lo de las dos torres era una tomadura de pelo, creo que comprobarán que esto es algo mejor. Pueden darle otra oportunidad a Art, sin duda se lo merece.
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viernes, 10 de abril de 2009

CHE. UNA BIOGRAFÍA GRÁFICA de SPAIN RODRÍGUEZ

"Ché, una biografía gráfica"de Spain Rodríguez, edita Siglo XXI editores
Siglo XXI de España Editores. 
 Madrid, 2008 
106 páginas 14 €

EL COMANDANTE AMÉRICA


Llevaba tiempo esperando alguna traducción de Spain Rodríguez. Una de las figuras clave del movimiento underground americano permanecía casi inédita por estos lares. Algunas historietas cortas publicadas en El Víbora y en alguna otra revista alternativa y poco más. Podía deducirse que su grafismo era muy interesante y más limpio de lo habitual en otros compañeros suyos; además, algunos relatos presentaban una peculiar mezcla de erotismo y política que resultaba intrigante. De ahí la decepción ante este su primer álbum en castellano.


Primero, porque el dibujo, aunque mantiene algunas de sus señas de identidad, parece resuelto con precipitación. Figuras extremadamente delgadas, desproporcionadas y sin movimiento, contrastes de luces y sombras (otro de sus puntos fuertes) poco desarrollados, falta de expresividad en general y, para rematar, una infame rotulación en la edición española. Si en lo gráfico resulta mediocre y apresurado, tampoco esperen sorpresas en el apartado argumental.

No es éste el primer tebeo que nos cuenta la vida del líder guerrillero. El mexicano Rius publicó su >ABChé a finales de los setenta, en su línea revolucionaria habitual. Y los argentinos Oesterheld y Breccia, padre e hijo, su expresivo Ernesto Guevara, Ché, que por aquí editó Ikusager en 1987. Esta versión, aunque contaba con unos potentes dibujos y unos textos que en ocasiones alcanzaban una sentida dimensión poética, lo cierto es que narrativamente no despegaba, resultando pesado y confuso.

El relato de Spain es más llevadero, su álbum se puede leer de un tirón y se nos ofrecen no pocos datos sobre la figura del héroe. El problema surge cuando buscamos algún resquicio de humanidad en su pétrea figura. Se ha discutido lo suficiente sobre el Ché como para que Spain no pueda evitarse determinados episodios, como la aventura africana o los fusilamientos de la fortaleza de La Cabaña. Lo que hace con ellos es inscribirlos en la lógica revolucionaria y sostener el mito. Aparece una tímida crítica cuando cita sus comentarios sobre los negros, pero es el único resquicio. En ese sentido, la posición del autor, como la de quienes le precedieron, es la clásica: “Print the legend!”.

Viñeta de "Ché, una biografía gráfica"de Spain Rodríguez
Estos acercamientos me recuerdan a un personaje muy conocido, el superhéroe de Marvel llamado Capitán América. Sin duda ha sido uno de los que más burlas han recibido, como teórica representación del espíritu americano. En realidad, como en su momento demostró Gracia de Paz en una afortunada comunicación, el capi es justo lo contrario: un tipo atormentado que siempre duda de las acciones de su propio país. Si en un primer momento representa la confianza de la democracia en la derrota del nacionalsocialismo primero y el comunismo después, con el tiempo su crítica se dirige hacia el interior, cuestionando aquellos comportamientos que alejan a los USA de la utopía democrática.

Los biógrafos del Ché no tienen estos problemas. Se fusila sin juicio en nombre de la revolución, se practica el imperialismo revolucionario en África o en Bolivia con la bendición de los camaradas, o se presenta a Mao como el líder genuino que salvó a las masas del hambre, frente a la corrupta Unión Soviética, a la que no se critica por expansionista, sino por blanda en sus posiciones revolucionarias. En fin, se repite la imagen de un iluminado sanguinario cuyas acciones encuentran una justificación última en la supuesta explotación que padecían los pueblos por los que pasó.

La cara oculta del Ché de Jacobo Machover
Quizás si hubiera concluido sus estudios de medicina les habría podido ayudar más. Si realmente aman la crítica y buscan la verdad, yo compensaría la lectura del Ché de Spain con algo más cañero como La cara oculta del Ché, de Jacobo Machover, donde se le presenta como un títere en manos de Fidel. Una marioneta que acabó molestándole por inútil en Cuba y de la que intentó deshacerse primero en el Congo y finalmente en Bolivia. Eso y unas cuantas cosas más. Leer más...

viernes, 27 de febrero de 2009

HISTORIA DEL UNIVERSO EN CÓMIC de L. GONICK

Historia del Universo en comic de Larry Gonick, edita Ediciones B
Ediciones B.
Barcelona, 2009

LA LOCA HISTORIA DEL MUNDO


No sé si con motivo del aniversario de Darwin o por otras razones, Ediciones B ha vuelto a publicar el clásico tratado de Larry Gonick, una obra curiosa, por más de una razón. Por un lado, por su editor original en los USA: Rip Off Press. Como muchos de ustedes saben, esa es la imprenta que Gilbert Shelton montó con unos colegas con la intención original de publicar carteles de conciertos rock. Pronto comprobaron que los tebeos underground vendían más. Primero los de Crumb y luego los del propio Shelton, cuyos Freak Brothers se convirtieron en un éxito sostenido y duradero.


Así que aquellos peludos metidos a impresores se lanzaron sobre el filón, arriesgándose con nuevos talentos que iban desde viejos conocidos de Shelton, como Stack o Jackson, a novatos como Gonick. Lo curioso con este último es que no encajaba en el habitual e irreverente esquema underground. De hecho su Historia acabó convertida en libro de texto en no pocos institutos. Pero como sus ventas fueron bien desde el principio, a los chicos de Rip Off les importó bien poco si sus credenciales eran lo bastante alternativas o no.

El trabajo de Gonick no escapa del todo al ambiente en que se comercializó. Por supuesto su labor es seria y está muy documentada y su historia, más allá del humor que emplea para engrasar las secuencias, es un trabajo académico impecable, un esfuerzo tremendo en el que se resumen miles de años de evolución y política. Pero además notamos de vez en cuando cómo pone el énfasis en el papel de la mujer o cómo argumenta a favor de las pautas cooperativas, frente a las estrategias competitivas. Notamos los aires de San Francisco suavizando determinados sucesos históricos, algo evidente hasta en el irónico párrafo con que nos recibe en su web: "Ayudo a la gente a tomar decisiones más sabias sobre su futuro. Tan sólo intento salvar al mundo."

Historia del Universo en comic de Larry Gonick, edita Ediciones B
Cachondeos aparte, esta es una gran recuperación. Si el guión es muy divertido y consigue aligerar los pasajes históricos más indigestos, el dibujo se mantiene a la altura del alto nivel literario. Es ágil y expresivo y no se ve limitado por las contenciones que invadieron los tebeos educativos (y de los otros) pasados los setenta. Este trabajo anterior a la corrección política ofrece una mirada muy desprejuiciada sobre el sexo, con el que realiza constantes bromas, y la violencia, cuya justificación es puesta en evidencia y cuya aparición se emplea en no pocos gags. También resultan curiosas algunas de las presentaciones de los capítulos, cuando el autor se disculpa por tratar asuntos como la pederastia en la antigua Grecia o los episodios de zoofilia de la mitología.

Gonick ha realizado otras obras de divulgación, que permanecen inéditas por aquí. Si son de la calidad de ésta, la verdad es que hay que reclamar ya su traducción. En pocos casos he visto resuelta de forma tan afortunada la vieja ecuación de rigor y amenidad, información y entretenimiento. Resumiendo: un volumen tan extenso como recomendable. No se lo pierdan.
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jueves, 9 de octubre de 2008

GILBERT SHELTON - CASAL SOLLERIC

Gilbert Shelton - Exposición Casal Solleric - Palma 2008

YO ESTUVE ALLÍ ASÍ QUE PROBABLEMENTE NO RECUERDE NADA


Ese es el lema que Gilbert Shelton incluye en una página donde nos explica su actual vida en la campiña francesa. Allí el antiguo cronista del fenómeno hippie se autorretrata como un hacendado que defiende su propiedad, armado con una contundente escopeta. Al fondo, su mujer arregla un gigantesco seto. Es una broma, una más en una vida dedicada al noble arte de hacer reír. Les aseguro que su memoria es muy buena. Su asistencia a la inauguración de la muestra que se le ha dedicado en Palma nos sirve de excusa para hablar de uno de los padres fundadores del comic underground: el comix.


Cartel de "Freak out" - Exposición sobre el arte de Gilbert Shelton en el Casal Solleric. Comisario: Florentino Flórez
EN LA CARRETERA
Gilbert confesaba el impacto que sobre su generación tuvo el clásico de Kerouac. Quizás es una de las razones que le impulsaron a llevar una vida tan agitada. Natural de Texas, el empleo de su padre hizo que su familia se trasladara de un lado a otro. Ya en la Universidad, continuó desplazándose y pronto lo encontramos en Nueva York, donde consigue su primer empleo en una revista de coches. Esa pasión no le abandona y aparece en su serie sobre consejos automovilísticos, sus serigrafías y, por supuesto, en las aventuras de sus personajes, de los Freak Brothers a los Not Quite Dead.

Esa primera ocupación no le dura mucho y vuelve a la universidad. Será en una revista universitaria donde nacerá su primer héroe popular: Superserdo, parodia salvaje de los superhéroes y la policía, con un Shelton todavía muy crudo de dibujo. Su personaje le llevará de una publicación a otra y le servirá para darse a conocer, practicar y pulir su estilo. Continúa desplazándose, primero a California, luego de vuelta a Nueva York y a Texas. Por el camino se pone a dibujar carteles psicodélicos, como los que había visto en su paso por el oeste. Finalmente vuelve a California a principios de los setenta y allí se queda.

Con unos colegas y la intención de imprimir carteles para conciertos funda Rip Off Press. Pronto comprueban que los comics daban más pasta que los posters. Sobre todo aquellos protagonizados por las creaciones de Crumb y por sus propios personajes, los Freak Brothers, tres sujetos sin oficio conocido que sobreviven como pueden. Tendemos a interpretarlos como una crónica del movimiento hippie, pero su autor insiste en que cuando el llegó a San Francisco los hippies ya se habían ido y que tan sólo dibuja algo muy tradicional: chistes de borrachos. Eso sí, añadiendo a las botellas toda clase de estupefacientes.

La serie funciona tan bien que busca colaboradores que le permitan atender la creciente demanda. Destacan Sheridan primero y Mavrides más tarde. Shelton afirma que no había una división clara del trabajo, no tenían reglas. “Sólo buscaba trabajar con dibujantes mejores que yo. Fumábamos mucha marihuana y trabajábamos muchas horas seguidas”.
Gilbert Shelton art- Exhibition & Catalog  Casal Solleric - Palma 2008

Es a principios de los setenta cuando se inventa al gato de Fat Freddy, un personaje que podría recordar al de su amigo Crumb. “Mi gato está inspirado en Cicero’s Cat, un tebeo muy antiguo, con un gato de rasgos humanos. Crumb decía que el modelo para Fritz fue el gato de su familia. El Gato de Fat Freddy apareció primero, en Los Angeles Free Press, en 1970. Era para completar el formato de la página del periódico”.

Pronto los Freaks popularizan expresiones como “es más fácil vivir con drogas y sin dinero, que con dinero y sin drogas”. Shelton todavía sonríe cuando se la recuerdan. “Es verdad. Pero no es mía, la oí en la calle”.

Toca de vez en cuando y su pasión por la música le ha llevado a crear un nuevo grupo, los Not Quite Dead. “Sí, yo prefiero la música de los 50, la de mi juventud: Be-Bop, jazz y rock&roll. La escucho mientras trabajo. Crumb dice que no, que hay que escuchar con las dos orejas. A él no le gusta nada de después del año 36”. Cuando comparamos sus músicos con los Freak, echamos en falta la marcada personalidad que caracteriza a estos últimos. Sus músicos fracasados no se distinguen tan claramente. “Es difícil porque son seis. Pero no son muy diferentes de los Freak Brothers. Es un tebeo humorístico, cambia el tema: es la música rock, no hay marihuana”.

A sus casi setenta años el maestro sigue en plena forma, a punto de terminar un álbum y otros proyectos en mente. Mantiene además ese buen humor que se filtra a través de toda su obra y que transmite en la distancia corta. Le preguntamos por su buen carácter, que contrasta con el mal rollo de algunos de sus colegas. “No sé porqué, pero yo soy optimista. Crumb es justo lo contrario. Como Chris Ware, muy depresivo”. En realidad, gran parte de la segunda oleada underground se caracterizaba por ese tono depresivo: Burns, Clowes y compañía. “No sé. Yo creo que es la influencia de Robert Crumb. Me gustan mucho sus dibujos, pero su influencia sobre los demás no ha sido positiva. Cuando los otros hacen autobiografía no son tan buenos. El estilo de Crumb es humorístico, pero no sus contenidos, es muy negativo”.

Gilbert Shelton art- Exhibition & Catalog  Casal Solleric - Palma 2008
RAÍCES PERDIDAS
El afán viajero de Shelton le llevó a Barcelona a principios de los ochenta, donde participó en la creación de el Víbora y se codeó con los que entonces eran jóvenes promesas: Martí, Max, Gallardo, Nazario y compañía. Finalmente, se instaló en Paris, donde reside en la actualidad.

Cuando la revista The Comics Journal publicó el listado de los 100 mejores comics de la historia incluyó La vuelta al mundo de los Freak Brothers. Shelton se ríe cuando le pedimos su opinión al respecto. “Me cae bien Gary Groth, el editor de TCJ, porque es muy peleón. Pero esa lista era una tontería. Perdí la cuenta de los comics de los Hernández que incluía”. Conviene aclarar que Groth edita el trabajo de estos hermanos. La cuestión es, si Shelton no piensa que La vuelta al mundo sea su mejor trabajo, entonces ¿cual? No duda en señalar Grass roots (Raíces de Hierba).

Sin duda es una de sus obras maestras, una cómica descripción de las fantasías y las decepciones de una generación. Shelton muestra el sueño hippie en todo su esplendor, pero también su cara más fea, el fracaso de la comuna, la imposibilidad de llevar una vida más libre, el desastre de las utopías cuando intentan volverse reales.

Gilbert Shelton - Freak out.
Lamentablemente no incluyó ninguna página de este trabajo en su exposición y yo daba por supuesto que se debía a que no deseaba mostrar planchas realizadas en colaboración con otros autores, en este caso Sheridan. Pero la razón es un poco más complicada. Hace ya tiempo que Shelton tiene otras fuentes de financiación, además de la venta directa de sus tebeos. La más conocida es la cesión de derechos para la adaptación cinematográfica de sus historias. Ya lo ha hecho en innumerables ocasiones, obteniendo pingües beneficios con ese negocio y sin que hasta el día de hoy se haya hecho realidad ninguna de esos proyectos.

Pero también ha vendido parte de sus originales. Y eso es lo que pasó con Grasss roots. El comprador no fue cualquiera, sino Kevin Eastman, el co-creador de las Tortugas Ninja. Como sabrán, se hizo multimillonario con sus extraños quelonios; su dinero le permitió concederse ciertos caprichos, entre los que se cuenta la adquisición de originales entre los colegas a los que admiraba. Shelton era uno de ellos y le vendió Grass Roots completo, suponemos que a buen precio. Las planchas fueron a parar al museo que Eastman montó en Northampton, Massachusetts: The Words and Pictures Museum of Fine Sequential Art. Cuando su fortuna cambió, se vio obligado a subastar parte de sus piezas. Shelton supo que su historia encontró un nuevo comprador a través de Sothebys y poco más. Ignora quién es su actual propietario. Una pena, ya que lo cuento entre los diez mejores tebeos del siglo XX. Repásenlo y verán.
Y, por supuesto, no se pierdan su exposición en el Solleric. Si ya admiraban al Shelton narrador, sin duda les permitirá descubrir al excelente y expresivo dibujante que es. Tienen hasta noviembre.
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