Mostrando entradas con la etiqueta Ediciones B. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ediciones B. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de febrero de 2018

MORTADELO Y FILEMÓN DE IBAÑEZ CUMPLEN 60

SESENTA AÑOS HACIENDO EL BURRO
Este año Mortadelo y Filemón cumplen seis décadas de vida. Más que personajes de comic son toda una industria. Así que toca reportaje sobre Ibáñez y sus dos famosos agentes de la T.I.A.


Pueden encontrar abundante documentación sobre ellos en cualquiera de los numerosos libros publicados por Guiral sobre las épocas heroicas del tebeo español. También en la web de la editorial que continúa lanzando las historias de los superagentes o simplemente echar un vistazo a la Wikipedia, donde comprobarán que el número de álbumes de la extraña pareja supera ya los doscientos. Una cifra difícil de igualar.

Yo les recomiendo la “Página no oficial de Mortadelo y Filemón”, un impresionante compendio de datos donde toda curiosidad queda satisfecha.

Cuando me encargaron redactar estas líneas me sentí obligado a repasar algunas de las últimas entregas de Ibáñez, como ese “Drones Matones” donde, además de abordar a su manera el tema de moda, los drones, aparecen como secundarios Rajoy, Trump ¡y hasta Pablo Iglesias!
Se publicó en 2017 y ahora se ha reeditado junto con otras historias, como “Sueldecitos más bien bajitos” en un tomo de la colección Super Humor. Para 2018 se anuncia un álbum dedicado al Mundial de fútbol, entre otros proyectos. Lo cierto es que la lectura del volumen me resultó muy deprimente, me costó horrores acabarlo. Luego aparecieron otros elementos que compensaron en parte esa impresión (depresión) inicial.

Por un lado la dulce nostalgia. Tuve que remover algunas cajas de tebeos a la busca de imágenes para ilustrar este texto y reconozco que aproveché para revisar algunas de las variadas historietas que poblaban las revistas de Bruguera. Siempre es un placer reencontrarse con Blasco, Raf, Figueras y tantos otros creadores de la editorial. Por supuesto, también con el propio Ibáñez. Repasando fechas compruebo que sus tebeos abarcan y me acompañan a lo largo de toda mi infancia. Como es sabido los personajes aparecen como serie en 1958, en la revista Pulgarcito. Su popularidad permitió que dieran el salto al álbum de formato franco-belga en 1969. Yo tenía ocho años cuando se publicó “El sulfato atómico”, el primero de una larga lista. Todavía puedo recordar con precisión algunos de los primeros títulos, como “Chapeau el esmirriau” o “Valor… ¡y al toro!”. Más tarde la cosa fue cogiendo inercia y a lo largo de los setenta los personajes protagonizaron su propia cabecera y sus derivados: Mortadelo, Mortadelo Gigante, Super Mortadelo… El resto es historia: se tradujo a numerosos idiomas, se convirtió en serie de televisión, en película de animación, luego se pasó a 3D y finalmente he perdido la cuenta de las adaptaciones cinematográficas, a cual más histérica.

No puede olvidarse que Mortadelo y Filemón son La Historieta. Todavía hoy muchos de mis alumnos dibujan como Ibáñez cuando se les pide algo humorístico. Es o eso o el manga, sin transición. La sombra y la influencia de Ibáñez son muy alargadas. Hablamos de una marca obligada a publicar una serie de álbumes al año y con distribución mundial, un tremendo negocio que ha prosperado durante décadas, una fórmula que nadie ha sabido copiar y que a mí me resulta inexplicable.

Como toda industria, presenta un abultado conjunto de obreros, autores que ayudaron en la sombra para cumplir con las necesidades del mercado: dibujantes, entintadores, guionistas y no pocos calcadores. Los aficionados se acostumbraron a encontrarse con las mismas posiciones repetidas una y otra vez. La fidelidad al original era más importante que la innovación. Entre esa larga lista de “negros” sorprenden algunos nombres, como el de Ratera, el de Jan o el del maestro Bernet Toledano (¿Recuerdan Altamiro o Los Guerrilleros?). Encontrarán cumplida información al respecto en la ya mencionada “Pagina no oficial…”.

Allí también se da cuenta de la otra cara de esta moneda: los calcos del creador. Mucho se ha especulado sobre las influencias y las fuentes de Ibáñez. Sobresale un autor: Franquin. Cuando se repasan las viñetas de uno y otro la verdad es que poco cabe añadir. El español ha empleado en incontables ocasiones dibujos del gran creador belga, sobre todo de Gastón el gafe.

Quizás más irritantes aun que esas referencias (¿no son todo copias de copias al fin y al cabo?) sea la actitud del autor. Hace años le invitamos al Salón de Gijón y pude comprobar en qué consistía la “fábrica Ibáñez”. Se le veía acostumbrado a lidiar con masas de aficionados que le veneraban a los que despachaba con dibujillos bochornosos. Hasta Stan Sakai, el creador de Usagi Yojimbo, recibió uno de esos bocetos cutres cuando le expresó su admiración por su trabajo. A Ibáñez le daba lo mismo. Repetía una y otra vez las mismas respuestas, de forma mecánica. Supongo que cuando se está hasta las cejas de contestar lo mismo se pasa al automático.
Pero si al cliché le unimos el tonillo gracioso con que se siente obligado a responder, la sensación final era muy irritante. Es el payaso oficial de este país, el tipo que ha sobrevivido a cambios generacionales y políticos, él se dirige al pueblo y les da lo que necesitan. Es uno de ellos. Una respuesta en particular lo definió, en mi opinión. Se trataba de averiguar por qué “El sulfato atómico había sido dibujado con un cuidado que no aparecía en álbumes posteriores. Respuesta de Ibáñez: “Me lo pidieron así, querían igualar la calidad de los álbumes franco-belgas”. Pero haciéndolo de esa forma solo podía producir un álbum al año. De la otra manera podía lanzar tres o cuatro, que se vendían igual de bien. Por tanto, ¿para qué esforzarse? Si alguien esperaba alguna explicación respecto a que le explotaban y no le habían dejado expresarse como quería, debió de quedarse bien pasmado. No había nada de eso. No lo hacía mejor porque no le daba gana, porque no iba a ganar más dinero. Todavía hoy, que es un éxito mundial, podría hacerlo. ¿Para qué?

Y este es un poco el mundo que refleja la serie. Un mundo en el que “lo peor ya ha pasado”. Quiero suponer que eso es el humor en muchas ocasiones: descerebrado y brutal. Como los Keystone Cops o El Gordo y el Flaco. Trompisas y batacazos. Si me apuran, hasta me hace gracia el toque rancio de parte de sus chistes de caca y culo, con maderas insertándose en los traseros de sus personajes y gags con tipos a los que les ponen un cepo en el baño. Pero es que no hay forma de dar con algo parecido a ritmo, a progresión dramática, a un argumento mínimamente desarrollado.
Tan solo se eligen los temas como excusas para desplegar la fórmula, la previsible sucesión de mamporros y violencia pretendidamente humorística. Johnson, en su libro sobre el humor, recordaba la importancia del “número”. La idea de que todo humorista al final se sostiene sobre un número que se pasa la vida refinando. Él menciona el borracho que Chaplin ensayó en los teatros londinenses y que más tarde perfeccionó en Hollywood. El número de Ibáñez lo lleva a esa eterna sucesión de errores, a esa expresión de un mundo de inútiles cuya propia torpeza acarrea siempre un castigo desmesurado. Esa es su visión como creador.

Pues que le aproveche.




Leer más...

viernes, 30 de junio de 2017

COMICS PARA APRENDER Y DISFRUTAR

Desde que a mediados del pasado siglo Eisner pusiera los cimientos del comic entendido como herramienta pedagógica, han sido numerosos los autores que han transitado esa senda. Ahora nos llegan dos nuevos ejemplos.

El teatro del cuerpo humano de Maris Wicks, edita Norma
Maris Wicks
El teatro del cuerpo humano
Norma Editorial, 2017
234 páginas, 25 euros

Maris Wicks emplea a un esqueleto como presentador de su trabajo, un recorrido por las maravillas del cuerpo humano, del sistema óseo al nervioso, pasando por el respiratorio o el digestivo, entre otros. A pesar de su aspecto luminoso e infantil, el texto no pierde el necesario rigor científico y los diferentes apartados son abordados con detalle y también humor. En este género es muy importante encontrar un equilibrio entre textos e imágenes. Si no, es preferible usar solo ilustraciones. Wicks es muy consciente de ello y recurre a la eliminación de viñetas cuando no puede dramatizar lo que cuenta. Pero más allá de algunas splash básicamente descriptivas, casi todo se explica con pequeñas secuencias de tono divertido y ligero, que nos permiten descubrir, casi sin darnos cuenta, muchas cosas sobre nuestro sofisticado interior.

Un libro muy recomendable para leer en familia, perfecto para ser comentado por padres e hijos, que permite un primer acercamiento a asuntos complejos. Como ejemplo basta recordar el apartado dedicado a las bacterias, presentadas como “las coristas infecciosas”. Después de que esas chicas ligeras hayan descrito su comportamiento, se nos explica que no son tan malas como los virus, unos tipejos realmente desagradables.

Historias breves de objetos cotidianos de Andy Warner, Ediciones B comic
Andy Warner
Historias breves de objetos cotidianos
Ediciones B, 2017
222 páginas, 16 euros

Andy Warner  también emplea el humor en su libro de divulgación sobre algunos de los objetos que nos rodean haciéndonos la vida más fácil. En su caso prescinde del color, una herramienta que suaviza y aporta un tono más humorístico al libro sobre el cuerpo humano. Aquí es sustituido por grises que enfatizan el carácter periodístico de estos breves relatos históricos.

Por muy sorprendente y exagerado que nos parezca, todo lo que se nos cuenta es real. Warner divide su trabajo en ámbitos: el cuarto de baño, el salón, la oficina, la cafetería… Y luego, en esos espacios tanto públicos como privados, centra su atención en algunos de los elementos que los caracterizan. Ya sean juguetes, electrodomésticos o comida, el autor se asegura de que la anécdota que se esconde detrás de un simple lápiz sea jugosa y nos sorprenda.

No considero que sea un volumen para leer de un tirón, la cantidad de información que contiene es grande y puede acabar resultando abrumadora. Pero en pequeñas dosis es muy interesante y revelador. Por ejemplo llama la atención la presencia de un nutrido grupo de emprendedoras, mujeres con una idea y la capacidad de llevarla a cabo que en muchos casos se vieron frenadas por la incompetencia masculina y unas costumbres que no permitían prosperar ninguna iniciativa femenina. La moraleja es la facilidad con la que esas barreras y cortapisas fueron aplastadas por la voluntad de auténticas amazonas empresariales.

Historias breves de objetos cotidianos de Andy Warner,
Hay episodios realmente tronchantes, como el de la invención del edulcorante, con una serie de químicos probando combinaciones de sustancias de manera completamente alocada y que tiene una frase final muy lograda: “¡La química es deliciosa!”. El volumen se completa con algunos micropasajes en los que se aportan datos en una sola viñeta. Sobre todo tiene el valor de recordarnos el ingenio y el esfuerzo que encontramos tras objetos cotidianos, en algunos casos tan minúsculos como un clip.

En los márgenes de los capítulos aparecen con frecuencia los inversores y otras figuras no creativas, que suelen aprovecharse de los desvelos de los nobles inventores. También se reflexiona sobre los recorridos comerciales de algunos productos, como el Slinky, el muelle que baja solo las escaleras, que primero no se vendía nada y luego se convirtió en un éxito. En fin, si su hijo se ha vuelto loco y no quiere ser líder sindical de mayor sino empresario, este es el libro que debería comprarle. Ese pequeño bastardo se lo agradecerá.
Leer más...

viernes, 27 de febrero de 2009

HISTORIA DEL UNIVERSO EN CÓMIC de L. GONICK

Historia del Universo en comic de Larry Gonick, edita Ediciones B
Ediciones B.
Barcelona, 2009

LA LOCA HISTORIA DEL MUNDO


No sé si con motivo del aniversario de Darwin o por otras razones, Ediciones B ha vuelto a publicar el clásico tratado de Larry Gonick, una obra curiosa, por más de una razón. Por un lado, por su editor original en los USA: Rip Off Press. Como muchos de ustedes saben, esa es la imprenta que Gilbert Shelton montó con unos colegas con la intención original de publicar carteles de conciertos rock. Pronto comprobaron que los tebeos underground vendían más. Primero los de Crumb y luego los del propio Shelton, cuyos Freak Brothers se convirtieron en un éxito sostenido y duradero.


Así que aquellos peludos metidos a impresores se lanzaron sobre el filón, arriesgándose con nuevos talentos que iban desde viejos conocidos de Shelton, como Stack o Jackson, a novatos como Gonick. Lo curioso con este último es que no encajaba en el habitual e irreverente esquema underground. De hecho su Historia acabó convertida en libro de texto en no pocos institutos. Pero como sus ventas fueron bien desde el principio, a los chicos de Rip Off les importó bien poco si sus credenciales eran lo bastante alternativas o no.

El trabajo de Gonick no escapa del todo al ambiente en que se comercializó. Por supuesto su labor es seria y está muy documentada y su historia, más allá del humor que emplea para engrasar las secuencias, es un trabajo académico impecable, un esfuerzo tremendo en el que se resumen miles de años de evolución y política. Pero además notamos de vez en cuando cómo pone el énfasis en el papel de la mujer o cómo argumenta a favor de las pautas cooperativas, frente a las estrategias competitivas. Notamos los aires de San Francisco suavizando determinados sucesos históricos, algo evidente hasta en el irónico párrafo con que nos recibe en su web: "Ayudo a la gente a tomar decisiones más sabias sobre su futuro. Tan sólo intento salvar al mundo."

Historia del Universo en comic de Larry Gonick, edita Ediciones B
Cachondeos aparte, esta es una gran recuperación. Si el guión es muy divertido y consigue aligerar los pasajes históricos más indigestos, el dibujo se mantiene a la altura del alto nivel literario. Es ágil y expresivo y no se ve limitado por las contenciones que invadieron los tebeos educativos (y de los otros) pasados los setenta. Este trabajo anterior a la corrección política ofrece una mirada muy desprejuiciada sobre el sexo, con el que realiza constantes bromas, y la violencia, cuya justificación es puesta en evidencia y cuya aparición se emplea en no pocos gags. También resultan curiosas algunas de las presentaciones de los capítulos, cuando el autor se disculpa por tratar asuntos como la pederastia en la antigua Grecia o los episodios de zoofilia de la mitología.

Gonick ha realizado otras obras de divulgación, que permanecen inéditas por aquí. Si son de la calidad de ésta, la verdad es que hay que reclamar ya su traducción. En pocos casos he visto resuelta de forma tan afortunada la vieja ecuación de rigor y amenidad, información y entretenimiento. Resumiendo: un volumen tan extenso como recomendable. No se lo pierdan.
Leer más...