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viernes, 8 de abril de 2022

DOS CÓMICS DE TRASTORNOS AMOROSOS

DESVARÍOS EMOCIONALES
Empleando estilos opuestos, dos equipos de creadores españoles nos hablan de trastornos amorosos. Salvando las distancias de género y generación, las conclusiones no son tan diferentes.


la mala leche henar álvarez y Ana Müshell comic tbeoynolocreo
Henar Álvarez y Ana Müshell
La mala leche
Editorial Planeta, 2021.
142 páginas, 15,90 euros.


Por un lado tenemos a Henar Álvarez y Ana Müshell. El nombre de la primera va más grande en la portada que la segunda, que figura simplemente como ilustradora. Henar tiene cierto recorrido como figura radio-televisiva y pueden encontrarla con facilidad en la red, perreando con campeones de la democracia como Pablo Iglesias o Mónica García. Emplea muchos recursos que asociamos con Woody Allen: chistes sobre sus frustraciones sexuales, interpela directamente al lector, nos explica su miedo a la enfermedad y la muerte... Y además lo mal que la tratan por ser mujer y sus problemas para dar con un tío que beba de sus pechos lactantes. Todo comienza con el nacimiento de ese hijo que viene dispuesto a arruinar su entretenida vida anterior. Ella no lo consentirá y así comienzan las aventuras que se narran en el volumen. El dibujo no es gran cosa, la ilustradora parece más preocupada por sacar mona a su protagonista que otra cosa. Todo es rígido, envarado, sin expresión. Follan, se enfadan, gritan, pero siempre están estupendos y estupendas. En cuanto al guión, consigue algún buen gag, sobre todo en la relación con el becario. En la escena del museo asistimos a un curioso momento de lucidez, cuando ella piensa: “Me comporto como todos aquellos señores a los que detesto que tiraban de labia para llevarme a la cama. Qué ascazo”. Y sigue: “O a lo mejor no detestaba a aquellos hombres y solo envidiaba su posición en la escala social”. El momento pasa pronto y enseguida la prota se entrega a su logorrea habitual, quejándose de cómo sufre mientras se la pega al pánfilo de su marido con un yogurín. Al final hay más niños que lloran y nuevas enfermedades en lontananza. Todo muy repetitivo, aburrido y feminista. Un feminismo siempre conectado al poder. La felicidad que la libertad sentimental y erótica debía traer aparejada no acaba de aparecer. Madonna, señora vieja con pareja joven, es el nuevo ideal.

 


Cuando acaba la fiesta de Montesol y Ramón de España comic tbeoynolocreo
Javier Montesol y Ramón de España 
Cuando acaba la fiesta 
Editorial Almuzara, 2021. 
102 páginas, 17 euros. 

La situación que plantean Montesol y Ramón de España no es más halagüeña. Los dos son viejos conocidos de los lectores, juntos firmaron
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viernes, 20 de julio de 2012

Speak low. Montesol

Speak Low de Montesol, edita Sins Entido
Sins entido, 2012.
150 páginas, 24 euros.

NACIMIENTOS Y MUERTES

Si hace semanas comentaba el retorno de Ramón de España ahora es el turno de su compañero Montesol. Ambos firmaron dos curiosas novelas gráficas en los ochenta, antes incluso de que el término fuese inventado.

Pero Montesol hizo mucho más que ilustrar los guiones de otros. También creó sus propias historias, agrupadas en la desternillante serie “Vidas ejemplares” que todavía hoy constituye un perfecto reflejo de nuestro accidentado viaje hacia la modernidad. Si Ramón de España tendía a la solemnidad y el drama, sin evitar constantes pinceladas de humor, Montesol era abiertamente cómico y sus episodios resultaban frescos y divertidos, además de muy realistas. Les aconsejo su relectura. Inolvidable aquella viñeta de otra de sus series en la que Pascual Maragall, a la sazón alcalde de Barcelona y en pleno subidón olímpico, hacía su entrada en un salón lleno de diseñadores, arquitectos y otras garrapatas de la cosa pública. Brillante el desenfreno de todos los presentes que se lanzaban como impelidos por un resorte hacia el alcalde, mientras intentaban hacerse notar y de paso conseguir algún chollo.

Montesol fue uno de los mejores sino el mejor cronista de ese momento. Luego abandonó las viñetas para dedicarse en exclusiva a la pintura y ahora, más de veinte años después, vuelve para sorprendernos con Speak Low. El tono es muy diferente, olvida la farsa para entregarse a un drama casi sin concesiones. Ignoro cual es la relación de lo que se nos cuenta con la realidad. Pero todo parece verdadero y resulta conmovedor en no pocos pasajes. Nos creemos la muerte del hijo y entendemos la tormentosa relación con el padre. Una relación que por cierto explica en gran medida la virulencia con la que se comportan muchos antifranquistas actuales. Siempre me ha llamado la tención el hecho de que gran parte de nuestros dirigentes de izquierdas sean hijos de capos franquistas. Nunca había visto expresado con tanta claridad el conflicto edípico subyacente, la vergüenza y hasta el odio hacia el padre cuyo comportamiento se desea enmendar acudiendo a conductas compensatorias que tienden a la exageración. O quizás es más sencillo: que todo cambia para seguir siendo lo mismo.

Viñeta de Speak Low de Montesol
En fin, la culpa heredada del padre aflora en un relato en el que prima el dolor y las grandes preguntas y que Montesol trufa con recuerdos personales, algunos tan emotivos y cercanos como los que se refieren a sus vacaciones en la vecina Francia. Hoy en día ya casi nadie lo recuerda pero hubo un momento en que los galos nos servían como referente cultural, se imitaban sus películas y forma de escribir y comportarse. Francia representaba el placer y la libertad, ideales que hoy se confía alcanzar copiando a los nativos del Bronx. Creo que en gran medida los franceses, sobre todo su élite intelectual, se ganaron a pulso ese distanciamiento pero incluso un apóstata de lo francés como yo puede emocionarse ante las sentidas ensoñaciones de Montesol. Además, elige bien sus modelos, de Tati a Dufy, una imagen del país vecino que todos podemos admirar. Y por supuesto mucho Tintín, que era belga.

Montesol vuelve con su estilo de siempre, quizás algo más veloz y expresivo si cabe. No hay tiempo para el arrepentimiento o la corrección y el protagonismo se lo lleva un pincel enérgico que circula frenético hasta quedarse seco. Es un gran trabajo de dibujo donde todo detalle queda eliminado, reduciendo el trazo a lo esencial. El mayor problema se deriva de una estructura argumental quizás ambiciosa en exceso. Es como si el autor quisiera ajustar cuentas con demasiados frentes, lo que provoca cierta dispersión. Barcelona, Madrid, Francia… el paseo y los rodeos que da la historia acaban pesando mucho desinflando la trama inicial protagonizada por la ausencia del hijo.

En fin, no es una vuelta tan atropellada como la de Ramón de España, pero tampoco es redonda. Contiene pasajes muy intensos y como ya he dicho realmente conmovedores, al lado de secuencias quizás menos creíbles. Esperamos nuevas obras de Montesol porque en todo caso ha demostrado que sigue en forma.
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