viernes, 27 de abril de 2018

CÓMO CREAR CÓMICS de GIBBONS y PILCHER

Cómo crear cómics de Dave Gibbons y Tim Pilcher, edita Norma
Norma Editorial, 2018
192 páginas, 25 euros

LECCIONES DE UN MAESTRO


Es corriente que dibujantes de éxito facturen libros en los que explican los secretos de su arte. Lo hizo Buscema en su momento, también Kubert o Eisner entre tantos otros. Y ahora le ha llegado el turno a Gibbons.


Es un creador tan sólido como concienzudo. En el libro nos habla de sus estudios de arquitectura, que ayudan a entender determinados aspectos de su arte.

Como Daniel Torres, otro arquitecto transformado en dibujante, su dibujo parece más construido que modelado. Ambos facturan figuras que acusan cierta rigidez pero compensan esa carencia de dinamismo con rigor. Todo lo que ha podido ser planificado o previsto se traslada a sus páginas. Esas ganas de hacerlo bien, de mimar los detalles asegurándose de que todo colabora en la mejora de los resultados, es bienvenida por el lector. Al final siempre tenemos la sensación de que tanto Torres como Gibbons no lo hacen mejor porque no se puede.

Gibbons realizó un excelente trabajo en Watchmen y siempre cumple con creces, tanto en historias creadas por él mismo como ilustrando las ideas de guionistas como Len Wein, colaboración reeditada recientemente, o Millar, a quien acompañó en la disparatada Kingsman. Y ahora ha decidido enseñarnos lo que sabe en un libro tan ameno como humilde. Gibbons es un artesano, su ausencia de pretenciosidad es admirable y se traduce en un conjunto de consejos directos, claros y sencillos. Pero no se dejen engañar: Gibbons sabe cómo se hace y también cuánto cuesta hacerlo. Y se nota.

Llama la atención la autoridad con que aborda todos los apartados, del guión al entintado pasando por los bocetos o el color. Nada le resulta extraño y siempre se aprecia que se ha esforzado y peleado con aquello que comenta, ya sea el diseño de la portada o la rotulación.

Cómo crear cómics de Dave Gibbons y Tim Pilcher, edita NormaTambién el diseño de escenarios, vestuario y personajes, la posición de los negros en las viñetas, o la distribución y necesaria variedad de los planos.

El capítulo dedicado al lettering es especialmente sabroso ya que, según comenta, entró en la industria como rotulista. Explica cómo usar la mítica regla Ames y casi consigue que hasta yo lo entienda. Sus reflexiones sobre la posición de los bocadillos y cómo ayudan (o estorban) al flujo de la página son muy interesantes, también sus ejemplos de paginación o los saltos de una estructura a otra de acuerdo al guión. Pero es que esa es la norma en el volumen.

Da igual lo que sepamos o hayamos leído sobre cualquier aspecto de la producción de un cómic. Sus consejos siempre son inteligentes y nos ayudan a afianzar o a descubrir nuevas facetas. Y, como ya he dicho, no se deja nada. Su control sobre el proceso como un todo es admirable. Y está muy bien explicado. No olvida citar a sus referentes en los distintos campos, su narrador favorito, su dibujante favorito, su colorista favorito, etc. Hasta dedica un espacio a Wally Wood y sus famosas veintidós viñetas.

Me parece que se trata de una guía que entretendrá a cualquier aficionado, que tendrá la ocasión de asomarse a las entretelas del trabajo de Gibbons y de disfrutar con sus bocetos y su rigurosa metodología de trabajo. Y por supuesto un manual perfecto para estudiantes o aspirantes que deseen tener una primera visión del oficio.

Si finalmente se consigue que la Consejería de Educación autorice el ciclo de Cómic aquí en Palma pienso que será un excelente libro de texto para los alumnos. Desde aquí les sugiero que se lo vayan comprando. Ya falta menos.


Digital Artist 2009 Masterclass #1 - Dave Gibbons from Intel Digital Artist 2009 on Vimeo.
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viernes, 20 de abril de 2018

EL ORIGEN DE LA LLAMA VERDE de MIGNOLA, ROBERSON, MITTEN, STEWART

El origen de la llama negra Hellboy - Mignola, Roberson, Mitten Stewart
Norma Editorial, 2018
136 páginas, 17,50 euros

CON Y SIN 


Con gran regularidad, Mike Mignola mantiene en pie el universo Hellboy produciendo obras con autores que procuran siempre ajustarse a las inconfundibles pautas estéticas de la serie.


Recuerdo cuando hace lo que parecen mil años se presentó en el Salón de Gijón, empeñado en dibujar un personaje al que nadie conocía y que nadie deseaba tener en sus cuadernos de dedicatorias. “No quiero esta mierda, quiero un Batman”, era la queja habitual entre los aficionados.

En aquel momento Mignola no era popular por su Hellboy sino por sus colaboraciones con diferentes héroes en Marvel y DC. Pero estaba obsesionado por alcanzar una mayor independencia creativa y suponía que su diabólica creación se la iba a conseguir, como así fue. La jugada le ha salido bien y todo el mundo parece rendido a los pies de su chico infernal. Las adaptaciones cinematográficas a cargo de Guillermo del Toro han respetado su imaginario, ampliándolo más allá del papel y asegurándole una confortable posición y la autonomía artística que anhelaba.
Sus logros son considerables, más en una industria tan volátil como ésta. Recuerden que en su primera historia, como no se sentía demasiado seguro de sus capacidades como escritor, contó con la ayuda del autor más de moda, el tipo que lo dibujaba y lo escribía todo y a quien los fans veneraban. Hoy en día ¿queda alguien que se acuerde de John Byrne?

El origen de la llama negra Hellboy - Mignola, Roberson, Mitten Stewart
Lo he dicho con anterioridad, como dibujante el trabajo de Mignola es absolutamente respetable. Ha conseguido imponer su estilo minimalista y de alto contraste y creo que su influencia ha sido muy positiva sobre otros autores.
También respeto su panoplia de intereses temáticos, esas historias de fantasmas que beben de todas las fuentes posibles, de los cuentos clásicos a Lovecraft pasando por la mitología o lo que se les ocurra. Nada gótico le es ajeno y esos mundos son especialmente agradecidos para cualquiera educado a los pechos del tío Creepy como yo. Su problema siempre han sido los guiones.
De vez en cuando consigue resultar entretenido, como le ocurría en algunas de sus afortunadas colaboraciones con Corben. Pero en general leer un Hellboy o cualquiera de sus series adyacentes es como no leer nada, da lo mismo. Sabemos que tendremos una ración de bonitos dibujos asegurada pero que luego los hechos que se nos van a contar serán irrelevantes, planos y sin apenas emoción. De alguna manera Mignola no consigue transmitir, es frío como el hielo, distante.

Los muertos vivientes de Kirkman y Adlard Planeta Comic zombies Muerte Segura #28
Le he echado un vistazo a “El origen de la llama negra”, escrito por él. El dibujante tiene un estilo en su onda y todo presenta un buen aspecto. Hasta que nos ponemos a leer. Reconocemos la atmósfera, esos ambientes orientales con sectas asesinas que tantos buenos momentos nos han asegurado en el cine clásico. Pero aquí nada, pasan muchas cosas, los personajes no se callan nunca, hay monstruos del averno y todo da igual. Emoción cero, interés ninguno. No hay manera. Si no me creen les propongo que comparen el distanciamiento brechtiano de Mignola con la intensidad de Kirkman en otra conocida serie de terror. “Los muertos vivientes” también ha conocido una adaptación audiovisual, en su caso como serie de televisión. Por lo que he visto, con temporadas mejores y peores. Pero recuerden: el tebeo es otra cosa. Y milagrosamente el guionista se las ha apañado para mantener nuestro interés sobre sus personajes. Prácticamente hablaría de la serie en cada nueva entrega porque número a número siempre hace algo que me sorprende. A veces son buenos episodios y otras muy buenos. El último era realmente excepcional. Como suele ser habitual coincidía con la muerte de unos de los protagonistas, algo normal en la saga y al tiempo siempre diferente. La gente se muere “de verdad” en Los muertos vivientes. Tanto que el creador se ha visto obligado a introducir una carta en mitad del relato, para explicar lo mal que se sintió cuando se cargó a ese personaje. Y les aseguro que no sonaba a truco de guionista. Pero donde realmente demuestra su maestría es en una escena en mitad de la agonía de la heroína, que ha sido mordida por un zombi y sabe que el fin se acerca. Habla sobre el amor y niega el concepto de la media naranja, de esa pareja ideal que cada cual tiene reservada, esperándole en alguna parte. Al contrario, defiende que “cualquiera puede amar a otro si quiere hacerlo”. Argumenta que nadie está hecho para ajustarse a otro, pero que todos podemos aportarnos felicidad. La escena es tan conmovedora como sugerente y nos mantiene pegados al relato hasta su dramático desenlace. Kirkman sí tiene lo que esperamos de un buen guionista. Mignola, lamentablemente, no.




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viernes, 13 de abril de 2018

LA MUJER LEOPARDO de Schwartz y Yann

Comic la mujer leopardo de Yann & Schwartz edita Dibbuks
Dib•Buks, 2018
126 páginas, 22 euros


NAZIS EN LA SELVA
El guionista Yann y el dibujante Olivier Schwartz unen sus fuerzas para insuflar un nuevo aliento al clásico Spirou. No son los primeros que lo intentan.


Aunque el personaje es anterior a Franquin todos lo asociamos con el genial dibujante belga ya que fue él quien dibujó sus mejores aventuras, incorporando secundarios tan maravillosos como el marsupilami. Álbumes como “El refugio de la morena” son auténticas joyas, referentes que permanecerán como clásicos de la historia del comic.

Franquin consiguió siempre un delicado equilibrio entre el humor y la aventura y sus relatos se caracterizaron por un ritmo trepidante y muy difícil de imitar. Obviamente el personaje ha sobrevivido a su “padre adoptivo” y en las últimas décadas ha sido reinterpretado por diversos equipos creativos. Su mejor reinvención fue sin duda el “pequeño Spirou” firmado por Tome y Janry. Entre las últimas aportaciones destaca la de Emile Bravo, aquel “Diario de un Ingenuo”. En ella imaginaba unas primeras aventuras del botones Spirou, justo antes de que Alemania y la URSS se repartieran Polonia.

Yann y Schwartz podría decirse que eligen el momento siguiente, cuando los alemanes ya han ocupado Bélgica. Nos hablan de ese momento histórico, trufándolo de homenajes nada discretos a Hergé y hasta justificando su participación en un periódico “colaboracionista” durante la guerra, algo que casi todo el mundo le ha echado en cara al padre de Tintín.

En esa primera obra, “El botones de verde caqui(publicado originalmente en 2009), abundan las citas a la gráfica de la época y alusiones a todo tipo de referentes culturales. También llaman la atención los personajes femeninos, Úrsula y Glu-Glu, que actualizan el gusto de Franquin por las chicas audaces, añadiéndoles un extra de picardía.


En 2014 se publicaba la primera parte de “La mujer leopardo”, que se completaba en 2017. Ahora han llegado los dos álbumes a nuestro país como un tomo único. Schwartz mantiene las citas a Chaland en su dibujo, que es limpio y atractivo. No olvida los constantes guiños a una época que parece conocer bien.

Este segundo ciclo nos traslada a una posguerra en la que aún pesa mucho la reciente ocupación nazi. Esta aventura es más viajera, en la tradición del Spirou clásico, así que pronto nos trasladamos a París primero y a África después. La parte parisina es especialmente afortunada, con muchos invitados especiales, de Boris Vian a Sartre pasando por Simone de Beauvoir. Algunas de las réplicas de la “salvaje” protagonista al pedante filósofo son brillantes y muy divertidas. Toda esa atmósfera existencialista y al tiempo frívola está perfectamente representada, tanto gráfica como conceptualmente.

Comic la mujer leopardo de Yann & Schwartz edita Dibbuks
Después, cuando la aventura se traslada al continente negro, pierde algo de fuelle. Se mezclan demasiadas tramas y da la sensación de que no acaba de darse con el tono adecuado. Con todo, el nivel es muy alto y el dibujante nunca desfallece. Aunque a veces su narrativa resulta un poco confusa y eso no ayuda a mejorar un ritmo siempre entrecortado. Ese es uno de los grandes misterios del comic. Da igual que la estructura narrativa sea aparentemente impecable, que los dibujos sean buenos y que en teoría todo esté pensado para que el lector salte con suavidad de una viñeta a la siguiente. Esa naturalidad de la transición entre viñetas en ocasiones se produce y en otras no.

Y en estos dos álbumes he tenido muy a menudo la sensación de que me salía de la historia. O bien porque se volvía más enrevesada de lo necesario, porque los diferentes tonos, de la farsa al drama pasando por un cierto erotismo y hasta gotas de crítica política, no estaban bien integrados, o que los malos me resultaban forzados o poco interesantes, o yo qué sé qué. Pero de alguna forma, reconociendo las indudables virtudes del cuidadoso trabajo de Yann y Schwartz, no acabo de entrar, no me arrastran, no me llevan de un lado a otro como estoy convencido de que sí habría logrado Franquin. Con todo, insisto: un intento muy respetable, denle una oportunidad.



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viernes, 6 de abril de 2018

EL DÍA 3 de DURÁN, GINER BOU Y BALLESTER

Artículo sobre la obra "El día 3" de Cristina Durán, Miguel A. Giner Bou y Laura Ballester sobre el accidente de metro de Valencia, edita Astiberri
Cristina Durán, Miguel A. Giner Bou y Laura Ballester 
Astiberri, 2018.
216 páginas, 18 euros.

VERSIONES OFICIALES
Esta reconstrucción del trágico accidente del metro de Valencia ganó el premio Ciudad de Palma de cómic en 2016. En ella se critica la posición adoptada por algunos políticos.


Escribo estas líneas a pocos días del decimocuarto aniversario del atentado del 11-M en Madrid, otro asunto que también presenta muchas zonas grises. Pero la indignación que llevó a muchos ciudadanos enfurecidos ante las sedes del PP en aquellos primeros días parece haberse desvanecido con los años. Aquí el asunto valenciano se aborda con un dibujo muy estilizado pero correcto. Hay dos secuencias al inicio que en cierta medida marcan el tono de lo que vendrá. Me refiero a la primera, con el padre dando de comer a las palomas, y la del accidente, con ese zoom al interior del túnel. Enseguida se adopta un aire muy documental que conmueve precisamente por su sencillez, con las llamadas al centro de emergencias y los primeros momentos de desconcierto. Pero nunca se abandonan del todo las metáforas visuales.

En la página 20 salen los responsables políticos y vemos que se les presenta como fregonas, figuras con tentáculos por cabeza. Chirría la primera vez y sigue haciéndolo a lo largo de todo el volumen. Cuando luego aparecen “el follonero”, Joan Ribó o cualquier político que no sea del PP los autores se aseguran de que se parezcan. Si son del PP son monstruos, esa es la idea que se traslada al lector. Después viene toda la explicación de las posibles causas técnicas del accidente, las declaraciones, la destrucción de pruebas y la construcción de la “versión oficial”. Toda esa parte es interesante y acerca la obra al género judicial, con pistas que seguir y misterios que desentrañar. Esos momentos en que se confrontan los argumentos del gobierno regional con las dudas razonables de los expertos son sin duda los más interesantes y provechosos del comic.

Comic Ciutat de Palma 2017 accidente valencia metro
Pero lamentablemente no se sigue esa vía. Pronto nos damos cuenta de que si los responsables son como bestias lunares sin rostro, las víctimas a duras penas se individualizan. Están el padre y su hija, el padre y su hijo y poco más. Se nos dan los nombres de dos de los directores de la asociación de víctimas pero se insiste en el colectivo, en la fuerza del grupo. Lo cual supongo que políticamente tiene sentido pero narrativamente es letal, distancia del posible drama.

No consigo acabar de interesarme por unos personajes apenas esbozados y a los que se rodea de gusanos y otras sutiles alusiones gráficas. Si el énfasis no se pone ni en los protagonistas ni en los hechos desnudos ¿qué es lo que se nos cuenta?, se preguntarán. Pues básicamente el tebeo deriva hacia la agitación y la propaganda. Los responsables del PP son unos monstruos, los que los sustituyen unos santos. Los del PP estaban preocupados por la visita del Papa, los nuevos montan comisiones de investigación. Los de Canal 9 no hablan del accidente… hasta que casi pierden su puesto de trabajo, entonces dedican al suceso amplios publirreportajes. En fin, durante años la gente es idiota y no apoya a la asociación, pero entonces llega “el follonero” y consigue llenar plazas antes vacías.

Es indignante que gente que ha perdido a sus familiares en tan trágico acontecimiento, además deba soportar cómo se intentan ocultar las causas de ese drama. En un buen relato judicial (“En el nombre del padre”, “Algunos hombres buenos”, “Anatomía de un asesinato”…) tras la exposición de las pruebas se llega a alguna conclusión y se condena a los culpables.

Aquí la atención se centra en la rabia de unas víctimas a las que nadie escucha… que se desvanece en cuanto les empiezan a poner medallas y a sacarlas por la tele. En una pequeña nota al final se indica que el caso ha vuelto a ser archivado. ¿No era eso lo importante? Esclarecer la verdad, descubrir las razones últimas del accidente, decidir cuánto se podía haber hecho para evitarlo… o para que no vuelva a ocurrir. No es esa la sensación que transmite la obra. Más que a una verdadera preocupación por la justicia, asistimos a la instrumentalización política de unos hechos lamentables. O sea, más de lo mismo.
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