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viernes, 7 de febrero de 2025

VARIOS COMICS CLÁSICOS Y UNA MODERNA

Si algo caracteriza la industria del cómic español es su precariedad. Muchos dibujantes sobreviven con encargos en otros ámbitos como el de la ilustración, o a base de premios y subvenciones. Pero el torrente de novedades no se detiene.


LEZO II - LA DEFENSA DE CARTAGENA
LEZO. PARTE II: LA DEFENSA DE CARTAGENA

Ángel Miranda, Ramón Vega, Guillermo Mogorrón y Miguel Ángel Abad

Espadas del fin del mundo, España, 2024
96 páginas, 22 euros


Entre las últimas novedades del mercado encontramos agradables sorpresas, como la segunda entrega de “Lezo”. 

Sus autores lo han publicado gracias a un nutrido grupo de mecenas, indicados al final de la obra. Ya reseñé en su momento el primer volumen y este mantiene las características iniciales, con un dibujo bienintencionado pero en ocasiones confuso y un gran color. 

Se trata de recuperar una figura histórica muy llamativa y de la que apenas se nos ha contado nada. A mí me parece una obra necesaria y agradezco su aire clásico, como de película de Michael Curtiz, con todo el vigor de la modernidad en su puesta en escena.



Comic Roco Vargas. Memoria de un futuro que no fue. Daniel Torres
ROCO VARGAS.  MEMORIA DE UN FUTURO QUE NO FUE

Daniel Torres
Norma editorial, España, 2024
96 páginas, 24 euros

Mucho más tranquila es la apuesta de Daniel Torres, que nos brinda un nuevo episodio de su aventurero espacial Rocco Vargas, a quien descubrimos en los ochenta en las páginas de la revista “El Cairo”. Torres ha recorrido un largo camino desde entonces, convirtiéndose merecidamente en uno de los dibujantes españoles más internacionales. El problema de estas “Memorias” que presenta es que es escasamente narrativo. El héroe es entrevistado no por un periodista sino por un dibujante llamado (¡oh, sorpresa!) Daniel Torres. 

A partir de ahí el álbum se configura como una recolección de estampitas sin apenas estructura dramática que las unifique. El autor se ha dado el gustazo de dibujar unas ilustraciones excelentes, que no esconden su deuda con la obra de Moebius. Pero si cualquier seguidor de Torres puede disfrutar sin complejos con sus imágenes, quienes esperen algo a la altura de “El octavo día” se sentirán decepcionados. Aquí se trata simplemente de sumergirse en sus evocadoras ilustraciones y poco más. No es para quejarse, teniendo en cuenta su capacidad para la mímesis gráfica y las referencias cruzadas. Los lectores podrán entretenerse un buen rato descifrando las diferentes claves gráficas y simbólicas de sus láminas.




CORTO MALTÉS. LA LÍNEA DE LA VIDA de pellejero y díaz canales
CORTO MALTÉS. LA LÍNEA DE LA VIDA

J. Díaz Canales y Rubén Pellejero
Norma editorial, España, 2024
80 páginas, 23 euros



Otro dibujante de larga trayectoria, Rubén Pellejero, firma una nueva entrega de Corto Maltés. Como en anteriores episodios nos sorprende su capacidad para imitar el trabajo de Pratt, mejorando sus fondos y la caracterización de los personajes. Lamentablemente los guiones mantienen esa estructura de acá para allá que definía las aventuras del Corto original. Mucho andar para no llegar a ninguna parte. 

Debo confesar que no soy un gran fan del contexto en que se desarrolla esta aventura. Un México que tal parece el de la clásica novela de Graham Greene “El poder y la Gloria”, con la que ya patinó el gran Ford. Me aburre el rollo “Pedro Páramo”, esos paisajes soleados llenos de gente desesperada. Vargas Llosa consiguió animar esos delirios donde la exaltación religiosa y la pobreza se dan la mano para provocar cataclismos en “La guerra del fin del mundo”, trasladando la acción a Brasil. En México, para mí la gran excepción es “Los profesionales”, la energética peli de Brooks que explica la revolución sin aburrir al personal. Pero si no, siempre acabamos en “Gringo viejo” o “Bajo el volcán”, relatos en los que la miseria y la amargura convierten en una pasta intragable todo intento narrativo. Este es un producto muy bien fabricado, que olvido al finalizar su lectura. Dormir, tal vez soñar.



Crave Maria Llovet comic
CRAVE
 

María Llovet
Norma editorial, España, 2024
176 páginas, 28 euros

Lo mejor para el final. Hace tiempo que le sigo la pista a un talento ya bastante consolidado. María Llovet lleva años alternando obras de producción propia (guión y dibujo) con encargos para el mercado americano, que imagino son los que le dan de comer. Con un dibujo veloz y de entintado sucio y descarado, nos ha acostumbrado a sus mundos góticos, sexys y salvajes. En una primera aproximación podríamos suponer que nos encontramos ante productos modernillos dirigidos a seguidores de “Crepúsculo” y similares, con vampiros guapos chupando todo lo que se les ofrece y lánguidas protagonistas entregadas sin reparos a los placeres de la carne. Todo eso está en la obra de María Llovet, pero también una voluntad narrativa y unas ganas de contar historias diferentes, que la honran. 

En un momento de empacho de autoras-víctimas que se empeñan en explicarrnos lo mal que lo pasaron sus abuelas, cómo las acosaron en el instituto o sus angustias mentales y sexuales, resulta refrescante sumergirse en las páginas de una creadora que lo primero que busca es entretenernos. Y a lo grande. Y, además, aborda temas tan actuales como universales. Como pura diversión les aconsejo que le echen un vistazo a “Loud”. Por momentos uno se siente en una película de Gaspar Noe o de Tarantino. Afortunadamente, más el segundo que el primero. Llovet tiende a abusar de las viñetas horizontales y en ocasiones su ritmo es tan veloz que cuesta situarse o tenemos la sensación de que la viñeta no nos cuenta bien la acción. Pero en general su puesta en escena es tan vertiginosa como eficaz. Con grandes secuencias como la de los disparos y las balas voladores. Si “Loud” era una obra muy visual, sin apenas textos y con onomatopeyas muy bien empleadas, en “Crave” apuesta por mezclar todas las herramientas textuales de la modernidad, con profusión de diálogos a través de móviles e interacciones entre la acción real y la virtual. 

El cómic va de una aplicación que interfiere en las vidas de los protagonistas hasta casi dirigirlas. Todo es trepidante, fresco y sexy, una lectura sin complejos para disfrutar. Si estos dos trabajos les gustan están de suerte porque Llovet tiene otros muchos anteriores a los que echar un vistazo. No la pierdan de vista.


 

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viernes, 29 de junio de 2018

COMIC DANIEL TORRES Y PICASSO EN LA GUERRA CIVIL

Daniel Torres de PICASSO EN LA GUERRA CIVIL edita Norma
Norma, 2018.
148 páginas, 25 euros.

SUEÑOS Y MENTIRAS DE PICASSO

Daniel Torres lleva varios años en estado de gracia. Levantó la colosal historia de La Casa, estuvo especialmente afortunado en la última entrega de su héroe cósmico Rocco Vargas y ahora se atreve con Picasso.


Como siempre, la factura es excelente. Todas las planchas tienen esa laboriosidad que caracteriza al mejor Torres. Aquí además debemos sumar el extra de varios estilos, que se ajustan a los diferentes niveles que componen esta obra.

En cada caso Torres genera un pastiche tan convincente como atractivo. No abandona el blanco y negro aunque en una parte lo acompaña con un sobrio tono verde.

La idea de partida es tan sencilla como brillante. En los años cincuenta un dibujante español exiliado en Francia, un trasunto del propio Torres, recibe un encargo misterioso. Viaja al sur donde se reúne con Picasso. Las planchas del primer encuentro son tronchantes, con el dibujante completamente alucinado con el mito viviente. Luego se concreta el macguffin del álbum: Picasso quiere que Torres dibuje sus (inexistentes) aventuras en la Guerra Civil española.

Así que el dibujante, tras no pocos desencuentros, elabora un álbum en el que se inventa a un Picasso militante, primero en Barcelona y después en el frente, adonde viaja con una imprenta móvil y hace su propia guerra a base de propaganda. La traca final es una reconstrucción en historieta de la famosa serie de grabados Sueño y mentira de Franco. El epílogo nos muestra la reacción de Picasso ante el encargo. Vaya por delante que me parece un trabajo muy atractivo, lleno de aciertos. Toda la relación entre Torres y Picasso es chispeante y creíble.

Daniel Torres de PICASSO EN LA GUERRA CIVIL edita Norma
Consigue construir un personaje auténtico, con sus enfados y depresiones pero también con su volcánica creatividad y sus ocurrencias geniales. Tarea nada fácil. Picasso ha sido sobradamente comentado y visitado y la reciente producción televisiva sobre él no mejoraba las cosas, dada su cuidada documentación y la calidad de sus guiones. Torres sin embargo sale muy bien librado del intento. Nos creemos su Picasso por su humanidad y arrogancia. Y abundan las reflexiones interesantes sobre la creación, las normas, la narración y la pintura.

Respecto al álbum dentro del álbum también está muy bien dibujado. Se adorna la aventura bélica con constantes alusiones a diversos trabajos de Picasso que se hilvanan en la trama con primorosa habilidad. Tanto la visión de la retaguardia como del frente son rigurosas, convincentes y están bien dibujadas. Quizás estas aventuras adolecen de un desarrollo no tan arrollador como la parte con el “verdadero” Picasso y el duelo con Fusil, el alter ego dibujante en el otro bando, no queda bien resuelto.

El escollo principal de esta obra es estructural. Torres construye una pieza dramática excelente. Todo funciona tan bien, los personajes son tan fascinantes que, cuando llega el momento de presentar esa historieta sobre la Guerra Civil, es casi un estorbo. Se disfruta porque tiene una calidad indudable. Pero al mismo tiempo estamos deseando que acabe para saber cuál es la reacción del Picasso “real”. Así que se hace demasiado larga. Cuando llega el maravilloso final la sensación es que hemos tenido que esperar mucho para disfrutarlo. No se me ocurre una solución fácil a este problema. ¿Poner al principio la historieta para leerla sin condicionantes? ¿Y pasar después al encargo, como epílogo? No sé si eso funcionaría. Quizás otros no hayan sentido esa urgencia, esa necesidad de conocer el final como me ha pasado a mí.

La obra contiene elementos de interés más que suficientes y en sus mejores secuencias es muy grande. Otro gran trabajo de Torres.

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viernes, 28 de abril de 2017

JÚPITER de DANIEL TORRES

Roco Vargas - Júpiter - Daniel Torres edita Norma editorial
Norma Editorial, 2017.
80 páginas, 18 euros.

EL PROFUNDO VERDE


Tras su monumental La casa Torres vuelve al personaje con el que consiguió su primer éxito: Rocco Vargas. 

No soy el fan número 1 de este héroe sideral pero con este álbum me ha dejado con la boca abierta.


Vargas era algo así como una recuperación posmoderna de Flash Gordon. O así lo vivimos cuando comenzamos a leerlo en las páginas de la revista Cairo. Después demostró ser mucho más, al tiempo que mejoraban y se depuraban los grafismos de Torres. Pero de alguna manera, aunque todo en el universo de Vargas está pensado, diseñado con cuidado y bien planificado, a pesar del evidente cariño que el dibujante pone en todo lo que hace, la serie siempre adoleció de cierta frialdad. Sus últimas entregas partían de supuestos tomados de la ciencia-ficción más dura, con interrogantes sobre la relación entre hombres y máquinas y otras disquisiciones cósmicas. Pero yo no conseguía entrar en estas ficciones, no me entusiasmaban como sí lo hacían otras obras de Torres, como la ya citada La casa o El Octavo Día.

Pero “Júpiter”, su última entrega, es otra cosa. Tiene el arranque más disparatado, visual, psicodélico, trepidante, embriagador y estimulante que yo haya leído en mucho tiempo. Para mi está a la altura de las descripciones que Lem hace de su mundo Solaris, con esos océanos que parecen cobrar vida y que nos provocan estremecimientos casi sagrados.

Roco Vargas - Júpiter - Daniel Torres edita Norma editorial - ciencia ficción
Torres comienza la obra con un abrumador despliegue de fuerza creativa, un conjunto de viñetas panorámicas aparentemente inconexas, pero cada una por sí sola cuenta una historia, tal es su poder evocador.

Luego deriva hacia un mundo de fantasía donde dominan los verdes y por el que nos desplazamos a través de una serie de zooms vertiginosos, todo ello acompañado con un dibujo que recuerda los mejores tiempos de Druillet, con ecos de Moebius y Caza.

La aventura adquiere pronto ciertos tintes ecologistas, mientras nos trasladamos de Júpiter a la Tierra. Los dibujos espectaculares se suceden, alternando visiones maravillosas con pesadillas, sueños de un adicto al LSD. Por momentos las viñetas presentan la densidad de detalles de un Ernst Haeckel con toques underground, hasta alcanzar un clímax apocalíptico.

El relato vuelve al presente y se nos prepara para un viaje en el tiempo. Torres juega a que el pasado y el presente se comuniquen e interfieran mientras por el fondo desarrolla una salvaje guerra interestelar que puebla su álbum de dobles páginas apabullantes. Con hermosísimas escenas de destrucción y matanza. El autor demuestra que no le da pereza dibujar multitudes página tras página mientras se impone la lógica de un agua de aspecto casi medieval, que va disolviendo las veleidades de la carne. Todavía nos brinda alguna doble plancha espectacular más, antes de precipitarse hacia el final, con un guiño a otro de sus episodios más recordados, “La estrella lejana”.

Quizás en algunos pasajes hay demasiada información o los personajes hablan de más. Pero es este un trabajo realizado con muchas ganas y que nos muestra a un creador excepcional en un absoluto estado de gracia. Gran color y mejor entintado. Para quitarse el sombrero.
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viernes, 8 de enero de 2016

LA CASA de DANIEL TORRES

La casa, crónica de una conquista de Daniel Torres, edita Norma arquitectura, historia,
Norma, 2015.
576 páginas, 49,50 euros.

EL ESPACIO INDIVIDUAL


El pasado año me encontré con Daniel Torres en el Salón de Angouleme. Hacía mucho que no nos tropezábamos y rememoré algunos de sus mejores trabajos, especialmente El octavo día. En sus últimas obras parecía haber perdido su fuerza creativa. De repente, presenta el que es uno de los grandes libros del año.


Debo confesarlo: no me lo esperaba. Tras un retorno poco inspirado a su personaje más conocido, el aventurero espacial Roco Vargas, daba la sensación de que ya no tenía nada nuevo que contar. Sin embargo, este autor con estudios de arquitectura, que siempre se habían apreciado en los fondos de sus ilustraciones, he recuperado parte de lo que debió de aprender en la carrera creando un volumen sorprendente y arrebatador.

A mi me recuerda a la Alice in Sunderland de Talbot porque como allí el producto es de difícil clasificación. Tiene algo de enciclopedia, con textos abundantes e ilustraciones explicativas, sin olvidar los pequeños relatos con viñetas que nos guían de un apartado al siguiente. Tratándose de un narrador tan solvente como Torres ya supondrán que el entretenimiento está garantizado, reforzado además por una amena historia que no evita el rigor científico y la reflexión y que nos lleva más allá de los hechos, hasta trazar un discurso en el que casa e individuo crecen juntos y se nos convence de que el desarrollo de uno es impensable sin la otra. La casa no es un fondo para la narración, como en el caso de Ware con Building Stories o Eisner con la Avenida Dropsie antes que él, donde la arquitectura era un puro escenario. No, aquí se trata de elaborar un discurso erudito en torno a la evolución de la casa, en el que se inscriben un conjunto de relatos que ejemplifican los diferentes momentos históricos.

La casa, crónica de una conquista de Daniel Torres, edita Norma, arquitectura, historia ilustrada
Es, en resumen, un libro tan sólido como bonito, adjetivos que resulta sencillo atribuirle a Torres.

Su dibujo siempre ha transmitido una cierta sensación de esfuerzo, de trabajo bien hecho pero no fácil, de construcción que inevitablemente nos devuelve a sus estudios de arquitectura, otra vez. Como en los casos del ya citado Talbot o Gibbons, sus grafismos no brotan de una habilidad natural sino de una mente que piensa y de la voluntad de traducir las ideas en formas narrativas.
No siempre parece fluido y elegante, pero al final alcanza sus objetivos. Cuenta muy bien, compone a la perfección y sus perspectivas son admirables. En la parte gráfica el libro vuela muy alto. No sólo por sus cuidadas reproducciones históricas, también por el ingenio que demuestra buscando soluciones visuales que nos sitúan en cada periodo. Como el papel sobre el que se cuenta la aventura medieval, el paralelismo entre la fantasía musical a lo Astaire y la vida real de los habitantes de Nueva York, la estética teatral con que nos describe los interiores del XVIII, etc. Todo está bien pensado y mejor representado.

Hay otro elemento visual que no debe pasarse por alto, como es la adaptación de diversas estéticas visuales, de los códices medievales a los grabados de Doré pasando por el cartelismo fin de siglo a las formas arriñonadas de los cincuenta, unificadas en un discurso gráfico que pese a la variedad de sus fuentes consigue una gratificante unidad. El color también es excelente y muy narrativo, ilumina en los paisajes más optimistas y deprime cuando debe hacerlo. Hasta el último detalle visual del volumen ha sido estudiado y tiene una función que cumplir. En algunas vistas de edificios no puedo evitar el recuerdo de David Macaulay, autor del fenomenal Cómo funcionan las cosas, pero es una más entre las muchas referencias que Torres asimila y engloba dentro un estilo propio y eficaz.

Pero es que además el punto de partida es original. No una historia de la arquitectura sino de la casa, como hogar. Lo primero que comprobamos es que nuestro moderno concepto del espacio individual es una conquista que lleva siglos alcanzar. Llaman la atención esos modelos comunales que se repiten a través de las eras, habitaciones en las que las personas se amontonan mientras los tabiques, las puertas y las habitaciones van surgiendo con exasperante lentitud.

En ese sentido, defiende sin dogmatismos ni subrayados la relación entre espacio privado y desarrollo individual, y lo demuestra de forma natural a lo largo de las páginas del libro, que acaba convertido en una gran loa al progreso y a la capacidad del hombre para sobreponerse a las dificultades y mejorar. Y había mucho que mejorar, como también se demuestra un capítulo tras otro.

En ese terreno el volumen es tremendamente honesto. No se ahorra episodios brutales como el de la casa medieval asaltada por los bárbaros, o la espantosa vida de los mineros en los primeros días de la revolución industrial, prácticamente pasando todas las horas del día a oscuras, o las lamentables condiciones en el Londres de mediados del XIX, que espantarían al mismísimo Dickens. Tampoco evita la crítica hacia ciertos utopismos, con matices muy divertidos en el episodio de la casa moderna, customizada por sus incultos habitantes, o a la presencia de la televisión y su carácter invasor y alienante en los hogares actuales. Pero, repito, cada pincelada que dedica a hablar de ratas y enfermedades, de falta de intimidad y seguridad, se ve compensada por pequeños pasos adelante, por avances y mejoras que permiten secuencias tan deliciosas como las de las amas de casa holandesa y americana, presumiendo con orgullo de sus eficientes hogares.


Todo esto por supuesto viene servido por la inteligente puesta en escena a la que ya nos tiene acostumbrados Torres, uno de los grandes narradores de este país. Las soluciones visuales que se le ocurren son constantes, empezando por esas dobles páginas con vistas del interior de cada casa que en las diversas épocas nos permiten hacernos una idea de cómo eran. Después, cada capítulo busca algún procedimiento narrativo diferente, algunas historietas son mudas, otras llevan voz en off, otras diálogos y bocadillos… Se detiene en los detalles constructivos pero también en el contexto económico y social que permite la aparición de cada choza o palacio, también en los vericuetos urbanísticos, que por ejemplo protagonizan el pasaje romano. Por el camino se citan las diversas costumbres higiénicas, sexuales o alimenticias y cómo iban cambiando con los siglos. Aunque atento a las injusticias y a los constantes conflictos entre clases, no reduce todo a un bregar entre buenos y malos sino más bien entre buenas y malas ideas, entre la tradición y el florecimiento de nuevos conceptos, como en los emocionantes capítulos del Renacimiento o de la construcción de la catedral.

Hay mucho más. Ya digo que el episodio con la casa holandesa es especialmente enternecedor, también el de Sunset Hills. O el delicioso paseo en coche por los Estados Unidos de los años 30 o el pasaje “moderno” de los cincuenta, con el padre que se trae el trasto a casa para ensamblarlo ante la atenta mirada de su familia. Finalmente, el autor encuentra una forma ingeniosa de cerrar el libro y hablar del futuro de la vivienda, enfrentando dos visiones opuestas, una muy tecnológica y esperanzada y la otra más pesimista y crítica. La sensación que nos invade tras la lectura es “¡de la que nos hemos librado!”. El alivio da paso al escalofrío cuando se piensa que cualquier paso atrás es posible. Es una obra tan científica como humana, Torres consigue un difícil equilibrio entre la descripción de hechos probados y la trascendente aventura de unas personas en las que nos reconocemos, con sus éxitos y también con sus fenomenales fracasos. Es un trabajo mayor y que nadie debería perderse, una obra que nos devuelve la fe en el medio y nos recuerda que con el talento necesario siempre se encuentran nuevas fórmulas con las que estremecer a los lectores. ¡Bravo, maestro!


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viernes, 22 de junio de 2012

BRADBURY Y LOS CÓMICS

Weird Fantasy - Ray Bradbury - Biblioteca grandes del cómic -Clásicos de la ciencia ficción

Ray Bradbury fallecía el pasado 5 de junio, con 92 años de edad. Su relación con los comics fue tan prolongada como intensa. Especialmente interesantes son algunas de las adaptaciones que la mítica editorial EC realizó de sus relatos.


En su infancia había disfrutado siguiendo en los periódicos las alucinantes aventuras de Buck Rogers o las no menos fantasiosas andanzas del Tarzán de Foster, sobre todo el ciclo en que aparecía una civilización egipcia olvidada por la humanidad. Así lo comentó en una entrevista que aquí se publicó en el nº 3 de Relatos Salvajes (1974). En ella explicaba también su temprana relación con otros conocidos aficionados a la ciencia ficción, como Forrest J. Ackerman o Ray Harryhausen, a quien muchos años más tarde acompañaría cuando recibió un Oscar honorífico por su extraordinaria trayectoria cinematográfica.

Más cercano en el tiempo es “Encuentro nocturno”, una maravillosaadaptación que Daniel Torres realizó de uno de sus relatos marcianos y que se puede contar sin exagerar entre las mejores versiones de Bradbury en viñetas. Torres capturó como pocos el ambiente nostálgico, la poética de la pérdida que inundaba las páginas del escritor. Aunque asociamos la ciencia-ficción con el futuro que viene, en su caso ese porvenir es sólo una excusa para reflexionar sobre lo que hemos dejado atrás. El dibujante español no fue el único que se atrevió con Bradbury, otros como Gibbons firmaron también excelentes adaptaciones.

Clásicos de la ciencia ficción en cómic - BradburySus historias saltaron al comic casi desde el principio de su carrera. Encontramos la lista completa de historietas publicadas en la EC inspiradas en sus relatos en Tales of terror!: 27 maravillosas obras firmadas por algunos de los mejores artistas de la editorial como Davis, Crandall, Severin, Williamson, Krigstein o Wood. Curiosamente, las tres primeras versiones se hicieron sin permiso del autor, que fue rápidamente advertido por sus fans y se puso en contacto con la editorial. Les envió una divertida carta donde les advertía de que todavía no había recibido su cheque. Gaines, el astuto director, le contestó inmediatamente llegando a un acuerdo económico que normalizó la situación.

Toda esta historia ha sido contada con detalle por el también recientemente fallecido Jerry Weist y pueden leerla en el catálogo que dedicamos a Wood, Woodwork, con motivo de su exposición en el Solleric. En un interesante artículo Weist precisa algunas fechas que nos permiten apreciar la velocidad a la que se sucedieron los hechos. En 1948 Bradbury había vendido “Mars is heaven”, uno de los relatos que componen sus célebres Crónicas marcianas, a la revista Planet Stories. En 1950 “There will come soft rains”, otro episodio marciano, apareció en el número de mayo de Colliers. Como señala Weist, “una revista muy alejada tanto en su tirada como en su número de lectores de publicaciones como Planet Stories”. En 1952 es cuando la EC empieza a adaptar esos relatos, al principio sin permiso y luego de forma autorizada y regular.

Curiosamente estos días se está procediendo a la subasta de parte de la colección privada de Weist, un reconocido estudioso fundador del fanzine Squa Tront. Entre sus piezas se cuenta una de esas dos célebres adaptaciones realizadas por Wood. Me refiero a “Mars is heaven”. Este trabajo barroco, cargado de detalles y trufado de técnicas diversas, se cuenta entre las historietas más citadas y reproducidas de la historia del comic. Bradbury en su momento expresó por escrito su satisfacción ante estas obras, no sólo por su evidente calidad artística, también por su capacidad para transmitir las sensaciones que él había imaginado. Antes de su muerte se especulaba con que las ocho páginas de “Mars is heaven” podían fácilmente alcanzar los 50000 $. Ahora ya quién sabe. Les mantendré informados.
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