viernes, 30 de noviembre de 2018

STAN LEE, MUERTE DE UN VENDEDOR - RIP

Amazing fantastic incredible Stan Lee RIP

El pasado 12 de noviembre fallecía Stan Lee, una de las personalidades más populares de la industria del comic. También una de las más controvertidas.

Cuando se hablaba con creadores que lo habían tratado, las respuestas eran habitualmente extremas. O lo adoraban o lo detestaban. Como se sabe, antes de ser reconocido por aparecer unos segundos en todas las películas del Universo Marvel y en series como The Big Bang Theory, aquel señor tan simpático de gafas oscuras y bigotillo había dirigido una editorial. Allí creó a muchos de los superhéroes que ahora pueblan las salas de cine. A finales de los setenta se trasladó de Nueva York a Los Ángeles con la convicción de que sus personajes tenían un futuro prometedor en el mundo del celuloide.


Su biografía oficial plantea una extraña paradoja. Tras entrar como chico para todo en Marvel-Timely, Lee fue escalando puestos como guionista y acabó convertido en director editorial. El interés por los superhéroes, populares años atrás, se había desplazado hacia otros géneros, del terror a los crímenes o el western.

La industria todavía estaba intentando recuperarse del mazazo que había supuesto la instauración a mediados de los cincuenta del Comics Code. Lee y el equipo de creadores que participaban en la editorial experimentaron todas las fórmulas posibles, intentando dar con algo para recuperar a un público cada vez más enganchado a la televisión. Jack Kirby, que había creado al Capitán América con anterioridad, firmó con Lee el primer episodio de la serie que abriría las puertas a toda una nueva era: Los Cuatro Fantásticos.

Comic Stan Lee Comic DEP
Al principio no se diferenciaban mucho de otras historias de monstruos que habían facturado aquellos años. Pero los lectores lo convirtieron en un rotundo éxito. Sobre todo por algo que luego se convirtió en un tópico: la idea de “héroes con pies de barro”. Lee hizo de esa premisa su slogan. Los héroes de Marvel no serían aquellos semidioses de la competencia, con Superman a la cabeza. Al contrario, tendrían debilidades y contradicciones, permitiendo que los lectores se identificasen con ellos. Al menos en teoría.

Es en este punto donde los relatos dejan de coincidir. La tremenda popularidad que Lee consiguió obedece a su carisma personal, a la simpatía con que trataba a cualquiera que estuviera interesado en su obra. Casi desde el principio entendió el poder de los fans y los mimó, viajando a convenciones y universidades y siempre trató de prestigiar y popularizar el medio en el que trabajaba. Entre sus colaboradores suscitó no pocas simpatías.

Roy Thomas, que se hizo cargo de los guiones de algunas de sus series, se refería a él como una persona con una gran intuición que resolvía problemas creativos con golpes de genio. Cuando Thomas lanzó la colección de Conan, que acabaría siendo uno de los grandes éxitos de la editorial, descubrió que los primeros números no vendían lo esperado. Se lo comentó a Lee que le respondió: “Quita los animales de las portadas”. Así lo hicieron y milagrosamente las ventas se dispararon.

Son muchos los dibujantes que explican cómo Lee les dio su primera oportunidad y lo mucho que le deben. Prácticamente fue él quien levantó la actual amalgama de cine y viñetas, nadie más supuso que aquellas historias con tipos con los calzoncillos por fuera pudieran funcionar. Él sí. Creyó en su producto y sobrevivió a todos los proyectos abortados sin perder la cabeza en Hollywood.

Si sus capacidades como vendedor son innegables, la cosa se complica cuando descendemos a los terrenos creativos. Hay un dato innegable: después de parir ese universo superheróico Lee apenas hizo nada más. Participó en muchas series pero resulta difícil recordar ninguno de sus guiones. Cuando se publicó su biografía en viñetas daba la sensación de que su principal ocupación en los últimos treinta años era… ¡ser reconocido! Presume de haberle dado la mano a Clinton, a Bush, a Spielberg… Pero en realidad ¿dónde están esas grandes historias escritas por él?


Stan Lee Comics Journal
Para algunos creadores era el mal absoluto, la perfecta representación de todos los editores aprovechados, vampiros de ideas ajenas que sin hacer nada acaparaban derechos y pasta. La expresión más directa de esta idea la ofreció Dan Clowes en “Pussey!”, que parodiaba con dureza la relación entre Kirby y Lee. Kirby se largó de Marvel harto de que sus creaciones no fueran suyas sino propiedad de la compañía. Lo mismo hizo Wood y por supuesto Ditko. Buscema contó cómo eran los guiones de Lee, apenas unas frases alrededor de las cuales los dibujantes debían construir todo un conjunto de páginas a las que luego se añadían los diálogos. No olvidaré el énfasis con que repetía “¡Quince minutos! En quince minutos me soltaba de qué iba la historia y yo me las tenía que apañar ¿Cómo voy a respetar eso?”.

En junio de este año moría Ditko. Lee, conocido como “padre de Spider-Man” se aseguró de incluir en su biografía una plancha de la primera historia del personaje, con su popular traje de telarañas. Pero en realidad nadie ha visto aquellas páginas desde que Kirby las dibujó. Lee repitió que no le gustó aquella versión, que quería un Spider-Man más humano y que por eso se lo pasó a Ditko. En realidad se suponía que lo iba a entintar. Pero antes le comentó a Lee que aquello se parecía mucho a The Fly. Así que aquella versión no se publicó y fue entonces cuando el encargo cambió de manos. Ditko inventó el uniforme actual, que no estaba en las páginas de Kirby. Y añadió otros elementos arácnidos. Escribió y dibujó la serie solo durante años, algo que el propio Lee reconoció en una entrevista.

Supongo que la controversia continuará. Lee fue una figura necesaria, que jugó un papel importante atrayendo a masas de lectores hacia el comic, un genio de la autopromoción que sin duda utilizó y explotó a algunos de sus colaboradores, firmando trabajos en los que apenas había intervenido. Al final tendremos que leer Hulk como un autorretrato: tras la fachada del tímido hombrecillo con gafas se escondía una fuerza destructiva de color verde. Échenle la culpa a los rayos gamma.

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viernes, 23 de noviembre de 2018

JANE de ALINE BROSH y RAMÓN K. PÉREZ

Jane adaptacion al comic de Aline Brosh y Ramon k. Perez edita Panini Charlotte Bronte
Panini Comics, 2018.
224 páginas, 22 euros


MOHÍNES Y CARANTOÑAS


La traslación de una obra literaria a otro medio, en este caso el cómic, es siempre una operación de riesgo. No se espera tanto una adecuada traducción como una nueva creación, una pieza diferente y con sentido propio.


Así que si esta Jane Eyre ambientada en el Nueva York actual no me funciona, no es tanto por su infidelidad al original de Charlotte Brontë sino por su incapacidad para llegar a algún nuevo destino interesante.

Desde la primera secuencia se nos advierte de que la atmósfera y el tono del relato van a ser muy diferentes, pero lamentablemente perdemos el opresivo ambiente gótico original y no acabo de ver qué ganamos a cambio.

Recuerdo una adaptación televisiva de mi infancia en la que primaba un enfoque casi de película de terror, con el misterioso personaje de la habitación secreta paseándose por la noche y dándole sustos a la protagonista. En sucesivas revisiones de la obra pude disfrutar con las sutiles relaciones entre la heroína y su patrón, las dificultades que debían sortear y los cambios que se producían en ambos. Lo que aquí se nos ofrece es algo bastante más pedestre.

Es cierto que el dibujo es encantador y el color muy bonito y agradable. De hecho se percibe una preocupación por la puesta en escena poco habitual. El dibujante juega con la distribución de las viñetas en la página, fracciona las secuencias, emplea los zooms y todo tipo de recursos visuales con un entusiasmo loable. Pero su trabajo tiene una carencia insalvable. No ajusta bien las expresiones de sus personajes.
Jane adaptacion al comic de Aline Brosh y Ramon k. Perez edita Panini Charlotte Bronte
Así que la prota nos ofrece todo un repertorio de gestos propios de una becaria descontrolada con demasiadas horas del Actors Studio encima: me muerdo el labio inferior, me toco el pelazo, pongo morretes, frunzo el ceño, etc.

Mientras que él se mantiene en su actitud de tipo-inaccesible-con-un-gran-misterio-que-ocultar. Más Stanislavski, con mucha mirada hacia abajo. En fin, un horror.

El argumento no consigue construir dos protagonistas interesantes, así que a la falta de garra de la escritura se superponen unas interpretaciones desentonadas, a veces exageradas y otras contenidas en exceso, hasta lo incomprensible.

Se nos informa de que la guionista es la responsable de otra adaptación, la de El diablo viste de Prada y que ha participado en otros films y series de televisión. Esta novela gráfica tiene algo de ficción televisiva, con secundarios imprescindibles como el compañero de piso gay o el guardaespaldas afroamericano rudo-pero-simpático.

Al final todo nos devuelve a Pretty Woman o a Hombres y mujeres y viceversa. El fornido y adinerado protagonista se enamora perdidamente de la irresistible chica y su sedosa cabellera. Ella se ocupará de cuidar de la niña del ricacho, que ni siquiera ha enterrado del todo a su anterior esposa. Para engrasar la trama y que los aspectos más chirriantes del decimonónico original no den el cante, se añaden elementos del thriller, mafiosos y pistolas.

También la dimensión artística de la heroína, demostrando así que no es una cabeza de chorlito sin pizca de materia gris. Pero todo acaba siendo demasiado mono y encantador para resultar creíble. Que ella pinte en sus ratos libres no tiene apenas importancia al lado de su carisma, de lo maravillosa que es y de lo bien peinada que va. Supongo que si es usted un fan de Sexo en Nueva York a lo mejor le encuentra el punto a esta historia, yo desde luego no lo consigo, me deja completamente frío, a pesar de los incendios y las abrasadoras pasiones.



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viernes, 16 de noviembre de 2018

ESTAMOS TODAS BIEN de PENYAS

Ana Penyas - Estamos todas bien, edita Salamandra
Ediciones Salamandra, 2017.
112 páginas, 16,15 euros


ABUELAS Y NIETAS

En 2017 Ana Penyas ganaba el premio de cómic de la FNAC con esta obra. Luego el de autora revelación en el Salón de Barcelona de 2018. Y ahora el Premio Nacional de Cómic.



Debo confesar que llevaba un año topándome con su libro y que cada vez que lo hojeaba volvía a depositarlo en la alacena de la librería. Pero con esto del Nacional me he visto obligado a adquirirlo, con la sensación de “nunca consigo leer lo que realmente mola”. Tras repasar las reseñas que se han escrito sobre esta obra, comenzando con la argumentación del jurado, me preparo para endilgarme algo realmente sobresaliente, tanto en el plano formal como en el de los contenidos.

Tratándose de una ilustradora, cabía esperar un especial interés del apartado gráfico. A mí me ha recordado a aquella serie que aparecía en Trinca, “Una escuela en la torre de los contrabandistas”. Creo que fue la primera vez que me enfrenté a un dibujo “infantil”. Hasta entonces yo entendía que los comics se dividían entre los humorísticos a lo Ibáñez o Uderzo, y los realistas, a lo Giraud o Víctor de la Fuente. Pero con aquella saga y las de Calatayud (¿recuerdan “Peter Petrake”?) comprendí que había muchas otras posibilidades.

Ya entonces se vendían aquellos tratamientos alternativos como lo más. Con el paso de los años hemos asistido a la aparición de diversas variantes de Cesc, Steinberg, Grosz y similares. Todos muy respetables pero hace ya mucho que clásicos, en absoluto “modernos”. Así que el dibujo temblón, feísta de Ana Penyas me parece muy respetable y personal, pero también visto, reconozco la fórmula y no me impresiona. La supuesta mezcla de recursos tomados de otros medios no la veo por ninguna parte. Sí un relato que avanza con dificultad, que se detiene en exceso en las impresiones, en las sensaciones, pero que renquea cuando se trata de narrar algo de forma secuencial. Y que se remata con una abultada presencia de textos en el tramo final.
Ana Penyas - Estamos todas bien, edita Salamandra comic abuelas nietas
En pocas palabras, me ha parecido bastante plomizo. Alguien dirá que esa recuperación sentimental de la memoria (palabra fetiche donde las haya) no se presta a una narrativa espectacular, sino que se prima lo sentimental frente a la acción convencional. Yo lo dudo mucho. Estamos cansados de leer novelas gráficas con relatos autobiográficos más interesantes. Este año sin ir más lejos el fenomenal “Nieve en los bolsillos” de Kim. Que ya era mejor que el trabajo que realizó con Altarriba y que sí le valió el nacional. Y es, en mi humilde opinión, un tebeo que durará mucho más que este “Todas estamos bien”.

También se podría argumentar que es muy difícil crear una obra con abuelas, señoras mayores con sus despistes y enfermedades. Y es cierto pero resulta que en ese terreno contamos con una obra maestra, firmada por la dibujante americana Roz Chast. Me refiero a la extraordinaria “¿Podemos hablar de algo más agradable?” que Reservoir Books publicó en 2015. Contaba su experiencia como hija obligada a cuidar a sus padres al final de sus días. No se ahorraba ningún detalle. El resultado era una obra tan demoledora como realista, un trabajo verdaderamente duro, emocional y rotundo. A su lado esto no deja de ser un apunte, un capricho.

Mientras, Daniel Torres, sin duda el mejor dibujante de comic español en activo, sigue sin captar la atención del jurado nacional. Ya pasaron por alto su monumental “La casa” en 2015, su “Roco Vargas. Júpiter” en 2017. Y “Picasso en la guerra civil” este año. Ya comenté en su momento que me parecía irregular. Pero solo por su ambición y por las partes que funcionan ya vale bastante más que el trabajo de Ana Penyas. Obviamente, hay gente que no opina lo mismo.

     
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viernes, 9 de noviembre de 2018

BAJO EL CIELO ROJO DE MARTE de AENEAS Y PUJADAS

Bajo el cielo rojo de Marte de Gonzalo Aeneas y Enric Pujadas, edita Apache libros
Apache libros, 2018.
19,90 euros


REVOLUCIÓN EN MARTE
El año pasado Gonzalo Aeneas y Enric Pujadas ganaban el Art Jove de Cómic. 

Ahora, de acuerdo a las bases del premio, han convertido su proyecto en una realidad, un álbum publicado con el patrocinio del IEB.


Bajo el cielo rojo de Marte cuenta con un sugerente título y una buena portada que anuncia lo que encontraremos en el interior. Una gama de colores que alude a esos cielos anaranjados y a esos paisajes rojizos que asociamos con el planeta más veneciano. También una actitud en el personaje central que insinúa los aires manga que invaden las páginas.

Para los lectores de cómic siempre es una alegría volver a Marte. John Carter y sus compañeros del ciclo de Burroughs tuvieron sus adaptaciones a las viñetas, pero no son muy conocidas por aquí. Estamos más familiarizados con el afortunado paseo del Flash Gordon de Dan Barry por el planeta rojo. También con el de Jeff Hawke, la maravillosa tira de ciencia-ficción del británico Sidney Jordan. En la actualidad apenas queda ya nadie que suponga que los canales marcianos escondan alguna misteriosa forma de vida. Sin llegar al ascético realismo del excelente “Marciano” de Ridley Scott, en el terreno del fantástico fue Verhoeven el que marcó nuestra idea de Marte para los próximos años. El “Desafío Total” de Schwarzenegger (rechace imitaciones) se apoyaba levemente en un cuento de Philip K. Dick. Pero sobre todo describía una sociedad marciana explotada, mestiza y muy convincente. Y creo que es ese contexto el que sirve de punto de partida para este álbum. La ambientación no se parece, cambia el atrezzo inclinando los fondos y vestuarios más hacia la Nausicaa de Miyazaki. También noto algunas gotas de western y un leve toque Mad Max. Pero lo que cuenta es que una vez establecida la premisa de la historia, todo el planteamiento es bastante original.

Bajo el cielo rojo de Marte de Gonzalo Aeneas y Enric Pujadas, edita Apache libros
Y lo es aun más en el actual contexto del comic español. Hemos vuelto a un realismo casi obligatorio, una situación que es cíclica en nuestro mercado. Cada cierto tiempo alguien decreta que los cómics de género no son serios, son “evasión para las masas”. Y que lo que toca es ser realista y denunciar los excesos del capitalismo, el patriarcado o lo que mole esa temporada.
Así que llevamos unos cuantos años bastante deprimentes. Puede ser que de vez en cuando surja una autobiografía interesante. Pero en general el panorama es tan repetitivo como poco estimulante. Así que este álbum marciano ha resultado serlo realmente. Me devuelve al Rocco Vargas de Daniel Torres, en los ochenta. Entre las historias del Víbora y las confesiones generacionales de otros autores, la aparición de una serie de ci-fi tan tradicional como aquella era un verdadero escándalo. Como esto. Hay acción sin complejos, muchos personajes y luchas entre facciones rebeldes. ¡Y es en Marte!

A mí al menos me parece un soplo de aire fresco. No es un trabajo redondo pero tampoco el primer Vargas lo era. Si a Torres le costó mucho reducir la rigidez de sus personajes a Aeneas también le queda un largo camino por recorrer. Es un primer trabajo y se nota. Más allá del esfuerzo que supone culminar una primera obra, es evidente que le servirá para detectar errores y corregir ciertos componentes, si quiere mejorar su narrativa. Una breve lista incluiría aspectos como: variedad en la planificación, incrementar los escorzos y reducir las vistas frontales y laterales, mejorar la movilidad de los personajes y planificar con más cuidado las escenas de acción para hacerlas comprensibles. A su favor juegan sus ganas y un guionista interesante que no teme resultar entretenido. Yo ya espero por su siguiente obra.

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viernes, 2 de noviembre de 2018

HAUNTED LOVE - recopilatorio terror

Diábolo Ediciones, 2018.
144 páginas, 29,95 euros

LA NOVIA DE LA MUERTE
En los USA hace años que se dedican a recopilar historias de las décadas de los cuarenta y cincuenta. No son obras de grandes autores sino entresacadas de lo que podríamos calificar como la “serie B” del mundo del cómic. Ahora se ha traducido uno de esos libros.


Generalmente el interés es más antropológico que artístico. No cuentan tanto la calidad de los dibujos o la fuerza estructural de la trama como el bizarro planteamiento de las historias y los atrevimientos de los guionistas. La sensación general es que cualquier cosa era posible y que ahora ya no vivimos esos tiempos.

En algunos aspectos hemos mejorado pero en otros notamos las risas que nos estamos perdiendo. El libro va dirigido a un público de aficionados al terror que buscan esos relatos esenciales, ese momento previo a la imposición del Comics Code, donde se gestó todo el gore y muchas de las fantasías que vendrían años después.

Si algo puede afirmarse de estas historias cortas es que van cargadas de ganas. No hay tiempo para sutilezas, se dirigen a un público que necesita emociones inmediatas y aquí hay un nutrido grupo de autores dispuestos a dárselas. En un relato el marido despedaza y congela al amante de su mujer, en otro nos encontramos con una señora que es la novia de la muerte, en sentido literal, luego está el de la mujer tigre y aquel del hechizo para que ella le ame eternamente, la del bígamo que se casa con una vampira y… algo peor. Y tantos otros. Todos son cuentos sin moraleja, de final fatal, dibujados con más ganas que talento y tan terroríficos como divertidos. Incluyen todos los lugares comunes del miedo: cementerios, asesinos, demonios, brujas y zombies.

Entre ellos los lectores más veteranos notarán en seguida los que fueron realizados por artistas de primera categoría, muchos en los inicios de sus carreras. Por ejemplo, Nick Cardy en “Nothing can save her”, posiblemente la mejor del volumen; “The weirdest suicide pact of all times!”, dibujada con muchas ganas por Jack Sparling; o “The widow’s lover”, firmada por dos de los grandes, Infantino a los lápices y Kubert a la tinta. Son más las excepciones que la regla. En general notamos que los dibujantes no eran muy expertos y hasta se aprecia cuando copiaban a otros autores como Wood.

Apenas tiene importancia cuando nos ponemos a leer. Casi diría que resulta conveniente no contar con dibujos muy sofisticados. Las disparatadas tramas se ajustan bien al tratamiento que tienen, con esos grafismos torpes, urgentes y populares. El que abre el libro ya marca el tono. Una atractiva bruja aprende de su abuela que todos los hombres son unos gusanos. En consecuencia cada vez que se topa con alguno lo transforma con sus artes mágicas. Como es natural acaba encontrando el amor y recibe su merecido. Las viñetas finales con la venganza de los gusanos son impagables. ¿Qué el dibujo es básico y estereotipado? ¿Y a quién le importa?

Creo que mi favorita es “Death do us apart”, la historia de una babuina que se enamora de un cazador. Él consigue escapar de sus brazos y la simia lo persigue para impedir que vuelva con su amante rubia. El final es trágico. Tan alucinante como suena.

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