viernes, 13 de julio de 2018

EL CASTIGADOR: PELOTÓN DE ENNIS Y PARLOV

El castigador: el pelotón de Garth Ennis y Goren Parlov de Marvel, edita Panini
Panini, 2018.
144 páginas, 15,95 euros.


¡TODOS A UNA!


Ennis ha vuelto a conseguirlo. Tras la sentida pérdida de Dillon, regresa del brazo de su actual dibujante estrella, Goran Parlov, un genio narrativo de dibujo sintético y expresivo. Juntos firman uno de los grandes tebeos del año. Otra vez.


Si está usted harto de novelas gráficas, lloriqueos adolescentes y otras chorradas pretendidamente modernas, vuelva siempre a Ennis, es un valor seguro. Obviamente es humano y a veces se equivoca.

Le fascinan los temas bélicos y es en ese género donde lo hemos visto patinar más estrepitosamente. Pero él insiste y al final acierta. Su último comic sobre Vietnam contiene momentos realmente memorables. ¿Es redondo? Creo que no. La batalla final es confusa y la antagonista, esa norvietnamita obsesionada con el héroe, resulta un tanto forzada, apenas una excusa que nos permite asomarnos al “otro lado”. Pero cuando el guión se centra en el núcleo de la historia, ese pelotón que da título a la obra, alcanza cimas gloriosas.

Se nos cuenta cómo Frank Castle, que luego se convertirá en El Castigador, se hace cargo de su primera unidad. Aunque es un comic de guerra y Ennis se asegura de ofrecer una visión equilibrada de ambos bandos y una adecuada dosis de acción y escaramuzas guerreras, el guión no pierde el foco sobre los soldados, las razones que convierten a unos muchachos desesperados en un verdadero grupo que se esfuerza por sobrevivir. Cómo se crean los lazos que unen a unos desconocidos y los entrelazan para siempre. Y, por supuesto, el papel que desempeña alguien que por azar está al mando y se ocupa de lo único importante: esquivar una muerte casi segura.

Hay muchos matices por el camino. Si en el lado de los norvietnamitas a través de la guerrillera se nos citan las matanzas de campesinos, también tenemos la confesión del coronel Letrong Giap, veterano luchador que ya se enfrentó a franceses y japoneses, antes de lidiar con los americanos y que admite, comentando lo de My Lay, que “yo he ordenado cosas peores”. Las relaciones entre él, la guerrillera y el subordinado son perfectas y preparan con sutileza el drama que se desata al final.

Viñeta El castigador: el pelotón de Garth Ennis y Goren Parlov de Marvel, edita PaniniHay dos secuencias que destacan sobre el resto y que constituyen toda una lección de perfecta escritura y narrativa visual. Porque por muy sugerente que sea el texto de Ennis necesitaba a alguien capaz de dibujarlo sin subrayados y ahí está Parlov cumpliendo ese papel a la perfección. La primera es la del bombardeo. Como quien no quiere la cosa, el teniente segundo Castle acompaña a sus hombres en una primera patrulla.

De manera casual habla con uno de ellos sobre los peligros que les acechan. Se informa de que apenas les prestan atención y de que nunca reciben el apoyo necesario. Así que cuando les toca inspeccionar una aldea, lo primero que hace es pedir un ataque aéreo. Varios francotiradores mueren y Castle empieza a ganarse la confianza de sus reclutas. El proceso es similar al que describía Eastwood en su incomprendida El sargento de hierro, la mejor película de profes que se ha filmado jamás. Pero allí se hacía hincapié en el aprendizaje de los soldados. Aquí es más bien el teniente el que está dispuesto a escuchar y aprender. Coinciden en esa progresiva relación que se construye entre el teniente y su grupo y que aquí se afianza en las batallas. Eastwood encarnaba a un tipo deslenguado y sentimental y en cambio el Castle que describe Ennis es el clásico héroe parco en palabras, que lidia en silencio con sus demonios aunque también encuentra momentos para la nostalgia.

Ennis nunca duda a la hora de mostrar la crueldad de toda guerra y aquí no hace una excepción. Pero Castle sigue decidido a proteger a sus hombres lo que le lleva al siguiente episodio memorable. Llueve mucho y las armas que tienen no les sirven, se encasquillan y eso los deja en desventaja. Así que deciden conseguir del modelo anterior, más básico pero más fiable. Utilizando la corrupción del ejército a su favor, intercambian los fusiles de los enemigos muertos por las viejas armas, más potentes que las actuales. Por el camino se hace una cita a la heroína que corre entre los reclutas y Ennis nos muestra cómo la ventaja que terminan consiguiendo tiene como consecuencia la muerte de un enemigo, casi adolescente.

Por supuesto toda la parte en la retaguardia es espectacular, con esa maravillosa splash del “polvo númelo uno”. Pero lo mejor es esa apenas esbozada amistad entre el teniente y sus hombres, que se filtra en diálogos breves y confesiones mínimas. Al final ya no se trata de éste o de aquel sino de la fuerza que se obtiene como grupo y que aumenta las opciones de supervivencia. No se pierdan el prólogo de Ennis, que también es excelente.



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viernes, 6 de julio de 2018

LA JOVEN FRANCES de HARTLEY LIN

La joven Frances, obra de Hartley Lin - edita Astiberri
Astiberri, 2018.
146 páginas, 18 euros.

ABOGADAS Y ACTRICES
Esta es la historia de dos amigas. Una trabaja en un despacho de abogados y la otra como actriz. Ambas ven cómo sus carreras despegan llevándolas en direcciones diferentes.


Se presenta esta novela gráfica como la primera de su autor, un canadiense de rasgos asiáticos. Hartley Lin tiene un dibujo sintético y con un leve aire vintage, muy agradable y sin duda uno de los puntos fuertes del volumen. Todo es limpio y directo y el aire cartoon aporta una ligereza necesaria en un relato con una elevada densidad textual.

Convendría recordar lo arriesgado que resulta basar una historieta en los textos. Eso, que tiene mucho sentido en una serie televisiva o en un film, es mucho más delicado en un comic. Hay que escribir muy bien para evitar que el lector caiga en la tentación de saltarse los bocadillos y se ponga a seguir la historia a partir de los dibujos. Tiene que realmente merecer la pena leer lo escrito. Ennis habitualmente lo consigue. Lin más o menos.

Primer aviso: esto no es Ally McBeal, la cosa no va de amoríos entre abogados. Tampoco Friends, aunque uno de los polos alrededor del cual gravita la narración es la relación que une a las dos protagonistas, Frances y su amiga la actriz. Ordenada y cabal una, caótica y chispeante la otra. Con falta de confianza una, sobrada de amor propio la otra.

Cuando finalmente Vickie consigue un papel en una serie y se traslada a Los Angeles, ambas empiezan a darse cuenta de cómo se necesitan y se echan en falta. Por el camino aparece un ex de Vickie que lentamente se enreda con Frances. Pero esta parte, siendo importante, no es lo que tiene más interés. El segundo polo se refiere al trabajo. Frances tiene un empleo como ayudante en un bufete. Ni siquiera piensa en estudiar derecho, no se siente mal en su puesto pero todo el mundo le echa en cara su falta de ambición y la animan a participar en los juegos jerárquicos que son constantes en la empresa. Está rodeada por personas frustradas que sienten que han echado su vida a perder en una carrera de ratas que no pueden ganar. Así que ella misma, que padece de insomnio, empieza a plantearse si acierta en sus decisiones vitales. Esta es la parte más jugosa del comic.

La joven Frances, obra de Hartley Lin
Para llegar a ella hay que sortear algunas páginas de jerga, donde se habla de las horas que deben cumplirse y otros aspectos del mundo legal. Todo suena muy auténtico pero no ayuda mucho a que el lector se aclare. Cuando nos sobreponemos a esto y empezamos a situarnos en el complejo organigrama empresarial, descubrimos al peculiar jefe de Frances, al que Lin dibuja como si de La Cosa se tratara, un tipo enorme de costumbres extravagantes y temido por todos sus empleados. No hace falta comentar que los despidos son constantes, paralizando a unos empleados demasiado pendientes de agradar a sus jefes como para pensar por sí mismos.

Finalmente Frances encuentra su camino en toda esa maraña social y laboral pero por el camino se nos da una lección respecto a lo difíciles que son algunas decisiones, más allá del tópico “vida o trabajo”. Yo le agradezco a Hartley Lin que traslade al comic temas tan áridos como éste, construyendo un tebeo muy realista al que quizás se le pueda poner como pega un desarrollo un poco tortuoso. Pero su propuesta es adulta y seria, un trabajo a tener en cuenta. Y las conclusiones también son dignas de mención. Al final, quienes hacen bien su trabajo y no pierden el tiempo con juegos de poder son recompensados. Ya me imagino que esto no ocurrirá en todas las empresas pero es agradable comprobar que algunos directivos realmente saben lo que hacen y que son los empleados más cualificados quienes consiguen ascender, más allá del “banco de favores”.

Yo le daría una oportunidad.


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viernes, 29 de junio de 2018

COMIC DANIEL TORRES Y PICASSO EN LA GUERRA CIVIL

Daniel Torres de PICASSO EN LA GUERRA CIVIL edita Norma
Norma, 2018.
148 páginas, 25 euros.

SUEÑOS Y MENTIRAS DE PICASSO

Daniel Torres lleva varios años en estado de gracia. Levantó la colosal historia de La Casa, estuvo especialmente afortunado en la última entrega de su héroe cósmico Rocco Vargas y ahora se atreve con Picasso.


Como siempre, la factura es excelente. Todas las planchas tienen esa laboriosidad que caracteriza al mejor Torres. Aquí además debemos sumar el extra de varios estilos, que se ajustan a los diferentes niveles que componen esta obra.

En cada caso Torres genera un pastiche tan convincente como atractivo. No abandona el blanco y negro aunque en una parte lo acompaña con un sobrio tono verde.

La idea de partida es tan sencilla como brillante. En los años cincuenta un dibujante español exiliado en Francia, un trasunto del propio Torres, recibe un encargo misterioso. Viaja al sur donde se reúne con Picasso. Las planchas del primer encuentro son tronchantes, con el dibujante completamente alucinado con el mito viviente. Luego se concreta el macguffin del álbum: Picasso quiere que Torres dibuje sus (inexistentes) aventuras en la Guerra Civil española.

Así que el dibujante, tras no pocos desencuentros, elabora un álbum en el que se inventa a un Picasso militante, primero en Barcelona y después en el frente, adonde viaja con una imprenta móvil y hace su propia guerra a base de propaganda. La traca final es una reconstrucción en historieta de la famosa serie de grabados Sueño y mentira de Franco. El epílogo nos muestra la reacción de Picasso ante el encargo. Vaya por delante que me parece un trabajo muy atractivo, lleno de aciertos. Toda la relación entre Torres y Picasso es chispeante y creíble.

Daniel Torres de PICASSO EN LA GUERRA CIVIL edita Norma
Consigue construir un personaje auténtico, con sus enfados y depresiones pero también con su volcánica creatividad y sus ocurrencias geniales. Tarea nada fácil. Picasso ha sido sobradamente comentado y visitado y la reciente producción televisiva sobre él no mejoraba las cosas, dada su cuidada documentación y la calidad de sus guiones. Torres sin embargo sale muy bien librado del intento. Nos creemos su Picasso por su humanidad y arrogancia. Y abundan las reflexiones interesantes sobre la creación, las normas, la narración y la pintura.

Respecto al álbum dentro del álbum también está muy bien dibujado. Se adorna la aventura bélica con constantes alusiones a diversos trabajos de Picasso que se hilvanan en la trama con primorosa habilidad. Tanto la visión de la retaguardia como del frente son rigurosas, convincentes y están bien dibujadas. Quizás estas aventuras adolecen de un desarrollo no tan arrollador como la parte con el “verdadero” Picasso y el duelo con Fusil, el alter ego dibujante en el otro bando, no queda bien resuelto.

El escollo principal de esta obra es estructural. Torres construye una pieza dramática excelente. Todo funciona tan bien, los personajes son tan fascinantes que, cuando llega el momento de presentar esa historieta sobre la Guerra Civil, es casi un estorbo. Se disfruta porque tiene una calidad indudable. Pero al mismo tiempo estamos deseando que acabe para saber cuál es la reacción del Picasso “real”. Así que se hace demasiado larga. Cuando llega el maravilloso final la sensación es que hemos tenido que esperar mucho para disfrutarlo. No se me ocurre una solución fácil a este problema. ¿Poner al principio la historieta para leerla sin condicionantes? ¿Y pasar después al encargo, como epílogo? No sé si eso funcionaría. Quizás otros no hayan sentido esa urgencia, esa necesidad de conocer el final como me ha pasado a mí.

La obra contiene elementos de interés más que suficientes y en sus mejores secuencias es muy grande. Otro gran trabajo de Torres.

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viernes, 22 de junio de 2018

COMIC NOVEDADES MODERNAS Y ROMPEDORAS

DELIRIOS INDIS
Constantemente llegan a las librerías tebeos que intentan saltarse todas las normas preestablecidas, obras arriesgadas donde ya sabemos que nada de lo que nos espera es lo habitual y en las que la transgresión se convierte en la única regla a seguir.

viñeta de unreal city de Bryant comic moderno experimental

Recientemente leía dos: una editada por La Cúpula, que no casualmente recuerda y mucho al trabajo de Daniel Clowes; y otra a cargo de Autsaider, que lucha denodadamente por alcanzar el primer puesto en el ranking de editoriales rompedoras y modernas. Aunque la pelea es dura. A nadie le interesa hoy en día publicar comics normalitos. Los que molan son esos engendros con dibujitos cutres que con un poco de suerte consiguen que aparezcas en algún programa cultural de la tele. En fin, ya saben que en general no soy un fan de los tebeos para universitarios. Pero no todos los experimentos son sonoros fracasos. Algunos son curiosos y otros hasta interesantes. Como en los casos que nos ocupan.

El método Gemini de Magius, edita Autsaider comic
El método Gemini de Magius
Autsaider Comics, 2018.
216 páginas, 21 euros.

Comienzo por Autsaider, que lanza una historia de gangsters con un aire irreprimiblemente ochentero. Y no hablo de la ambientación de la historia, en ese Nueva York que parece sacado de una peli de Brian de Palma. Me refiero al grafismo, con todo el descaro de ciertos dibujantes underground y algunos formalismos que no desencajarían en cualquier publicación de la movida. No me extraña que Martí, el de Taxista, lo haya recomendado.

En El método Gemini lo mejor y lo peor es el dibujo. Me gusta su paleta reducida y la brutalidad de sus protagonistas, me gustan las limitaciones del dibujante y cómo se sobrepone a ellas. El problema es que no lo consigue del todo. El listón estaba muy alto. Desde obras maestras como Uno de los nuestros a series excelentes como Los Soprano, el género de mafiosos ha sido muy abordado, desde todas sus posibles aristas sociales, psicológicas o morales. Así que cualquiera que vuelva al tema sabe que debe medirse con auténticos colosos. No nos olvidaremos fácilmente de Tony Soprano o de los miserables interpretados por Joe Pesci.

Magius relata una historia de escalada social, dentro del violento contexto mafioso. Y lo hace con garra y abundante humor negro. Aplaudo su voluntad realista y el trepidante ritmo que imprime a su relato. Pero comete dos errores graves. El primero son los juegos con la estructura narrativa. Una narración lineal debía parecerle sosa así que abundan los saltos espacio-temporales, para desesperación del lector. Ese es un recurso que bien empleado puede ser muy satisfactorio. Pero aquí se une al segundo problema: cuesta diferenciar a los protagonistas. El dibujo tiene, ya lo he dicho, una torpeza simpática. Pero le traiciona en cuanto a afianzar la continuidad de los personajes. En muchos casos no sabemos quién es quién y eso, lógicamente, no ayuda a que nos interesemos por lo que pasa. Buen intento, con momentos muy peculiares como esa estrambótica reivindicación del origen español de la mafia. Como siempre con Autsaider, la edición es perfecta.


Unreal City de D. J. Bryant. edita La Cupula comic moderno experimental
Unreal City de D. J. Bryant
La Cúpula, 2018.
106 páginas, 26,50 euros.

Lo mismo en el caso de La Cúpula. Cuidada presentación para un trabajo sofisticado y muy personal. En la onda del David Lynch más rarito (más cercano a Cabeza borradora que al Hombre elefante, para entendernos) se nos cuentan episodios al borde del delirio onírico, con una inventiva visual muy curiosa y unas chicas muy guapas y sexys y dibujadas con esmero.

Las citas a Clowes son constantes aunque es justo reconocer que el autor va más allá del homenaje y encuentra su propio estilo, elegante y preciso. En Unreal City todo es muy experimental y transgresor, con relaciones profundamente problemáticas, viajes en el tiempo y argumentos circulares pero reconozco que el envoltorio es espectacular y los acabados delicados y muy atractivos. Hipnótico. Tampoco redondo ni especialmente innovador, pero aquí hay un talento digno de ser tenido en cuenta.
Denle una oportunidad.
A los dos.

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viernes, 15 de junio de 2018

LOS PUENTES DE MOSCÚ de ZAPICO

Los puentes de Moscú de Alfonso Zapico, edita Astiberri
Astiberri, 2018.
200 páginas, 14 euros.

LAS HUELLAS DEL CRIMEN

El nuevo trabajo de Zapico surge a raíz de una entrevista, la que le realiza Eduardo Madina a Fermín Muguruza para la revista Jot Down. Allí acudió Zapico en calidad de ilustrador.


Se le ocurrió que trazando las vidas paralelas de aquellas dos personas, músico y militante abertzale uno, socialista y víctima de ETA el otro, podía construirse un reportaje, un panorama del actual país vasco.
La novela gráfica se abre con una advertencia, parafraseando a Magritte: este no es un libro sobre ETA o el PSOE. Se nos da a entender que lo que se cuentan son dos historias personales, sin intención de ofrecer una visión completa de los hechos. Son, pues, dos verdades subjetivas.

Se nos brindan algunas pinceladas de la guerra civil, para situar a los padres de los protagonistas. Después Zapico establece cuál es su relación con cada uno de ellos y ya encontramos una primera mención a La pelota vasca, la cinta de Medem de 2003.

De ahí salta a la juventud de Madina y luego a un intento de atentado contra el grupo de Muguruza en Barcelona. La bomba les estalla en las manos y los aprendices de terroristas son detenidos. En el mismo apartado se narra el atentado contra Madina, que le costó la mitad de la pierna izquierda. Cierra el episodio repitiendo las declaraciones de Muguruza en La pelota vasca, que ya había incluido al principio: “Me pareció un tremendo error volver a las armas”. Ahora acompañadas por las de Madina, hablando de la enorme tragedia que se vive en el mundo de Batasuna.

Corte a… la entrevista. En el piso de Muguruza, él y el socialista conversan sobre música. Además, se narra un atentado del GAL de 1985, que se salda con la muerte de tres miembros de ETA. Luego se comenta la corrupción de Galindo y el caso Yoyes.

Corte a… Madina de niño. Zapico se pregunta por qué atentaron precisamente contra él… Pero renuncia a encontrar una explicación a algo que considera absurdo. Así que avanzamos.

Corte a… Egunkaria. Muguruza comenta su cierre, que considera “tremendo”. Curiosamente no se alude a Baltasar Garzón, a cargo de la instrucción. Se menciona la AVT, que calificó uno de los temas del cantante de “apología del terrorismo”. Nueva cita a La pelota vasca.

Corte a… Chiapas. Muguruza se va de turismo con el subcomandante Marcos y Danielle Mitterand. “Estoy en contra de la violencia de ETA y a favor de la lucha indígena del EZLN”, declara. En las últimas secuencias salen sus hijos, se van todos juntos a comer y celebran lo bien que se vive en el país vasco. Y fin.


Hace unas semanas el ilustrador Alex Fito presentaba en Palma unos murales que había pintado para un restaurante mexicano. Iba comentando cada uno de los elementos que los componían cuando le tocó el turno a un monigote que representaba al subcomandante. En palabras de Fito, un luchador por la libertad de los pueblos. Uno de los mexicanos presentes le corrigió con sorna: “Sí, pero antes se lo quedaba todo para él”. Me pareció un buen recordatorio de lo fácil que nos resulta justificar ciertas formas de violencia política. Porque al fin y al cabo de eso es de lo que va esta última obra de Zapico.

Los puentes de Moscú de Alfonso Zapico, edita Astiberri
No me extraña que La pelota vasca se cite tanto porque participaba del mismo espíritu conciliador. Medem realizaba un primoroso montaje en paralelo comparando los sufrimientos de los familiares de presos, recorriendo los caminos de España, con las declaraciones de parientes de los asesinados por ETA.

Zapico no se despega de ese modelo. Revisen los pasajes donde la violencia surge: intento de atentado contra Muguruza, la bomba contra Madina, asesinato de etarras a manos del GAL, Galindo y Yoyes (“Lo de Yoyes nos dejó muy tocados”), la ensoñación sobre lo enredados que están los odios y finalmente la gloriosa revolución zapatista. Todo muy equilibrado para transmitir el previsible mensaje final: hay que perdonar y olvidar… o algo así. Pero dos cosas chirrían.

La primera, los rastros del crimen. No aparecen. Más allá del caso Madina, ¿qué vemos? La panoplia completa del argumentario etarra: nosotros también sufrimos, nos atacó el GAL, nos cerraron los periódicos, la policía estaba corrupta y nos persiguieron… Y hasta estamos a punto de la lagrimita con el caso Yoyes, al fin y al cabo era “uno de los nuestros”. No voy a discutir cuántos muertos habría sido necesario mostrar para equilibrar los argumentos, porque no creo en tal equilibrio.

La comparación con los zapatistas es la clave. Hay momentos en que es moral que la lucha política se vuelva violenta. Hay momentos en que hay una violencia justa. Para que esto sea así es necesario acumular “razones”. Que son las que Zapico se esfuerza en mostrar. Pero olvida algo, muy elemental: en democracia cuando la discusión pasa de las palabras a las manos primero y a las pistolas después, abandonamos el territorio de la política. Y saltamos a zonas propias de toda mafia. O estás con nosotros o contra nosotros. Como recordaba el maestro Gustavo Bueno, todas las personas son respetables, pero no todas las ideas son respetables. Algunas ideas nos llevan al sacrificio de seres humanos.

Ya que se cita el caso de Egunkaria quizás convenga acordarse de otro periódico muy popular y de uno de sus titulares más ingeniosos. Cuando Ortega Lara, funcionario de prisiones secuestrado por ETA, fue rescatado del agujero donde lo habían dejado para que se muriera, tras casi dos años de tortura, Egin lo contó así: “Ortega vuelve a la cárcel”. ¡Qué graciosos que son estos muchachos!
¡Camarero, otra de gambas!


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viernes, 8 de junio de 2018

KEN PARKER COMIC WESTERN de MILAZZO y BERARDI

Ken Parker - Un hombre inútil de Berardi, Milazzo y otros edita ECC
ECC, 2018
200 páginas, 9,95 euros.

ESTO NO HA HECHO MÁS QUE EMPEZAR


Finalmente ha llegado el día. La reedición de Ken Parker ha superado los números publicados por Zinco en los ochenta y ya han llegado a las librerías los primeros episodios inéditos en España.


Ya saben que el guionista estaba muy acompañado en esta aventura. Para satisfacer las necesidades de los lectores no bastaba con un único dibujante, nadie habría sido capaz de facturar la enorme cantidad de páginas que saltaban a las prensas cada mes. Así que esa labor se repartía entre varios artistas, algunos tan prestigiosos como Alessandrini, que firma algunos de los capítulos ya publicados en este relanzamiento. Otros, como Marraffa, Trevisan o Calegari, sin alcanzar el nivel del citado, son sólidos artesanos de estilo realista y acabados cargados de tramas y detalles.

Y todos ilustrando a Berardi, que asegura siempre la calidad del producto. Será más o menos bueno, pero sabemos que tendrá interés y que no ofenderá nuestra inteligencia como lectores. Esto son historias clásicas del oeste, con situaciones que hemos visto muchas veces en el cine: el preso al que el populacho intenta linchar, la venganza del mestizo, el planeadísimo asalto al banco, el desalmado que vende armas a los indios, etc. Relatos con el sabor de lo conocido a los que el guionista aporta nuevos matices, con personajes convincentes y vivos, comentarios sociales y críticos y una genuina preocupación por la vida y las penurias de la gente corriente.



Berardi es un creador original, aunque trabaje sobre material muy trillado. Eso se aprecia en todos sus argumentos y resulta mucho más evidente cuando le acompaña su cómplice y amigo Ivo Milazzo. Este fabuloso dibujante firma “Un hombre inútil”, un enternecedor capítulo sobre un militar que se jubila. Si ya el tema nos recuerda la clásica “La legión invencible” (“She wore a yellow ribbon”) de Ford, los parecidos se evidencian cuando vemos al viejo soldado acercarse al cementerio para visitar por última vez la tumba de su mujer.

Ken Parker - Un hombre inútil de Berardi, Milazzo y otros
Pero como ya he dicho Berardi hace mucho más que citar a los maestros. Una vez que ha establecido el asunto le da la vuelta y convierte una narración nostálgica, elegíaca, en una afirmación vital. El recién jubilado, forzado por las circunstancias, se ve obligado a reconocer que aún le queda cuerda para rato. El final es tan positivo como emocionante, una afirmación de la vida que se abre paso, pese a lo duras que resultan algunas circunstancias.

Por el camino además se nos presenta a algunos personajes pintorescos, como esa familia que engaña al héroe y juega con fuego en el poblado indio. O la mujer del comandante, que inicia el viaje muy embarazada y luego desafía todos los peligros hasta conseguir que su retoño nazca sano y salvo. Y todo, dibujado con el maravilloso pincel de Milazzo. Es un genuino heredero de los grandes maestros de la mancha, de Sickles a Toth pasando por Caniff.

Al final, su grado de simplificación fue tan extremo que Berardi se acabó “divorciando” de él, cuando creyó que su dibujo ya no servía para contar bien las historias. En Ken Parker podemos disfrutar y maravillarnos ante su evolución. Había más rayas en los primeros episodios y ahora ya empiezan a desaparecer, todo se sacrifica en el altar de un contraste absoluto de blanco y negro. Como él mismo explicaba, “lo dibujo todo y luego borro y borro”. Maravillosos sus paisajes y las expresiones de sus personajes. No pueden perdérselo.
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viernes, 1 de junio de 2018

OJO DE HALCÓN: MÁSCARAS DE THOMPSON y ROMERO

ojo de halcón cómic máscaras de thompson y romero, edita panini - marvel
Panini Comics, 2018
136 páginas, 13 euros.


¡PURA DIVERSIÓN!
Ojo de Halcón, habitualmente un secundario en el Universo Marvel, había captado cierta atención cuando el español David Aja se hizo cargo de él. Ahora el carcaj ha pasado a Kate Bishop, una arquera dibujada por el brasileño Leonardo Romero.

Y debo confesar que para mi gusto todo mejora. Primero el guión. La escritora Kelly Thompson firma unas aventuras desenfadadas e irónicas, pero al mismo tiempo aborda sin complejos una trepidante trama super-heroica donde no faltan los guiños freudianos mientras la protagonista intenta averiguar si su padre realmente mató a su madre o solo lo parece.

Es un delirio pop, con chistes constantes y unas irresistibles ganas de que el lector se lo pase bien. Y yo creo que lo consiguen.

La ciudad de Los Ángeles constituye el escenario perfecto para una serie en la que se reflexiona sobre el paso del tiempo y lo que algunos están dispuestos a hacer para mantener una fachada presentable. Todo servido con abundantes secuencias de acción y no pocos homenajes cinematográficos. Para recordar el pasaje en la discoteca con la mala adoptando el papel de la protagonista y seduciendo a todos sus amigos. Muy divertido y sexy.

ojo de halcón cómic máscaras de thompson y romero, edita panini - marvel
Si el guión es correcto el dibujo consigue que el producto final salte al siguiente nivel. Muchos admiraron la puesta en escena de Aja, con guiños a la narrativa de Ware y una voluntad gráfica decididamente moderna. Tan moderna como fría diría yo. Hay un momento en que la forma de contar se hace tan presente que estorba a la narración y creo que algo de eso pasaba con Aja. Admirábamos sus invenciones, hasta que nos percatábamos de que sus trucos visuales nos sacaban del relato. Tuve esa sensación en los episodios que le leí, que debo confesar no fueron muchos.

Con Leonardo Romero las emociones son muy diferentes. Participa de la misma voluntad de síntesis de Aja, o de Samnee, por citar a otra estrella de la actualidad que prima la sencillez. Y une su amable dibujo a una sabia narrativa. Cada página es tan despojada como eficaz. Y aquí sí, la estructura no se superpone al relato sino que se ajusta a él y ayuda a su representación. Solo hay un aspecto que pienso que descuida. En algunas dobles páginas no queda suficientemente claro que la lectura salte de la primera fila de la izquierda a la de la página derecha. Pero aparte de esto, que no le ocurre siempre, el resto es un festival. Zooms, viñetas panorámicas, insertadas, inclinadas, perfecta coreografía de la acción, planificación ajustada…

Si en el terreno de la síntesis gráfica, del puro dibujo, Samnee todavía gana a Romero, en la puesta en escena están igualados. De hecho el brasileño demuestra una preocupación constante por las soluciones ingeniosas y los hallazgos en cuanto a la disposición de las viñetas, que convierten a esta serie en un auténtico disfrute visual. Además, el color acompaña. Se opta por una gama muy controlada, que alcanza momentos realmente lisérgicos como en la ya citada escena de la disco, una orgía de rosas y magentas.
Les aconsejo que le echen un vistazo.


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viernes, 25 de mayo de 2018

STAN SAKAI - SAMURAIS MALLORCA

Stan Sakai - foto de J.L Martín
Stan Sakai - foto de J.L Martín

EL AÑO DEL CONEJO


Stan Sakai aprovechó su paso por el Salón de Barcelona para escaparse unos días a Mallorca, donde explicó su sistema de trabajo en un inolvidable encuentro con algunos aficionados en la Escola de Disseny.


Tras unos escarceos publicitarios, se inició en el mundo del comic de la mano de Sergio Aragonés, para quien rotula Groo the Wanderer. Más tarde le llamaría el “otro Stan”, para encargarle la rotulación de las tiras dominicales de Spiderman. A esas tareas como rotulista pronto sumó su primer héroe, Nilson Groundthumper, pensado para una larga saga a lo Tolkien. Nunca llegó a contar su historia completa porque en uno de sus episodios apareció un conejo samurái del que acabaría dibujando más de 6.000 páginas.

Usagi Yojimbo de Stan SakaiLa primera aventura de Usagi se publicó en Albedo (1984), luego saltó a Critters (1987) y después Fantagraphics lo sacó de forma regular. Tras un intermedio a color en Mirage (la editorial de las tortugas ninja) pasó en 1997 a Dark Horse.

Allí continúa en la actualidad, alternando aventuras cortas y largas. Sakai las escribe, las rotula, las dibuja a lápiz, las entinta y realiza las portadas a color. Intenta facturar un cómic completo de 24 páginas cada cinco semanas. Luego esos tebeos de grapa se agrupan en volúmenes anuales, que se corresponden con la edición que conocemos en España.

Usagi Yojimbo es muchas cosas a la vez. Por un lado, un tebeo de personajes. Repasando con él la doble viñeta con la batalla en el puente de Duelo en Kitanoji (2003), explicó que se había inspirado en la antológica imagen de Prince Valiant. Como Foster, se preocupa de que sus personajes evolucionen y crezcan en un relato trufado de secundarios que aportan matices y diversidad. Como Gen, ese doble del héroe, el Sancho Panza del Quijote Usagi. Si uno es noble y desinteresado, el otro es práctico y vulgar, aunque al final el contacto entre ambos los transforma y consigue que el conejo no sea tan ingenuo y el rino algo más desprendido. Hay muchos más: Katuichi, el sensei de Usagi y también de su hijo Jotaro, protagonistas de los mejores pasajes. Sobre todo cuando se enfrenta a Nakamura Koji. En un alarde de sabiduría narrativa, estira hasta el paroxismo ese duelo entre ambos, introduciendo todos los elementos que pueden hacerlo más interesante: el sensei no está en plena forma, Usagi sabe cómo derrotar al samurái pero el honor le impide revelar ese secreto, Koji acaba luchando junto a Katuichi y casi puede hablarse de amistad entre ambos… Todo se olvida ante la lucha final, que decide quién es el mejor. Muchos asuntos son siempre a vida o muerte, sin tonterías. Sigamos: Sanshobo, monje y antes guerrero, Ishiba, el inspector, Sasuko, un mago que lanza hechizos a la manera de Dr. Strange, etc. Hay personajes recurrentes a los que no llega a bautizar, como la pareja de monos leñadores o el chivato.

Mención aparte para el nutrido conjunto de mujeres. Algunas cargan con papeles tradicionales, como la novia de la infancia a la que debe abandonar para abrazar su destino de samurái. Ella se casa con Kenichi, que sabe que el hijo que ha de venir no es suyo, sino de Usagi. Más interés tienen otras señoras como Tomoe, una samurái inspirada en la muy real Tomoe Gozen. O Chizu, que nos recuerda que también existieron mujeres ninja. Encontramos bastantes campesinas, como Fujiko, que se casa con Zato el samurái ciego; también camareras, cortesanas como la Dama Arce o buscavidas como la tierna Kitsune. Siempre son mujeres fuertes que hacen lo que deben para sobrevivir en un mundo de hombres.

Usagi Yojimbo de Stan Sakai - historias de samurías y ninjas
Todo género tiene cabida aquí, de la comedia al drama pasando por el terror. Y a veces el humor se mezcla con el horror. Estrafalarios monstruos extraídos de la mitología japonesa pueblan los episodios. La historia de Gen (1996) incluye el relato del general que muere sin que sus enemigos le permitan hacerse el seppuku y vaga eternamente asustando a los mortales. Usagi le ayuda a completar la ceremonia, en un pasaje emotivo y sobrecogedor. La madre de las montañas (2007) presenta una secuencia final (sin fantasmas) con la villana Noriko atrapada en una mina de la que intenta escapar como sea. Toda la escena es impresionante y aterradora. Jei, un asesino poseído por los demonios, es otro buen ejemplo de la atracción de Sakai por el horror.

Usagi es un gran cómic de aventuras, un intenso drama romántico y un perfecto western. El ronin es siempre el sheriff o el forastero que llega a la ciudad dispuesto a desfacer entuertos. En ocasiones homenajea al cine japonés, con Kurosawa a la cabeza. Clásicos como Yojimbo o Los siete samuráis ya habían sido trasladados al cine americano antes de que en Usagi Yojimbo el héroe confundiera a bandas rivales y se enfrentara a la tortura y todo tipo de peligros. Pero algo se echa en falta: los indios. Muchos westerns ganaban profundidad al reflexionar sobre la eterna lucha entre civilización y barbarie. En realidad Usagi es un western contado desde la perspectiva “india”. Son los salvajes los que nos explican sus códigos, por eso “los otros” son esos extranjeros de barcos negros que apenas se mencionan. Solo se habla de ellos para comentar la última enfermedad o desgracia que han propiciado. Todo ello es coherente con la idea de explicar la cultura japonesa desde dentro. Con una excepción, el episodio “Contrabando” de Visiones de muerte (2006). Describe la enésima conspiración de los diablos extranjeros. Muchos personajes ofrecen su vida para preservar lo que han recibido. Al final descubrimos cual es la razón de tantos sacrificios: una cruz. La fidelidad hacia las tradiciones japonesas tiene un límite, la compasión. Ningún samurái se comportaría con la nobleza y la comprensión que demuestra Usagi. Esa es la única “trampa” de la serie, si se puede decir así. Es un guerrero con el que nos podemos identificar. Obviamente su amabilidad no casa bien con la verdad histórica, una contradicción que recorre toda la obra de Sakai: por mucho que se esfuerce por hablar desde una perspectiva oriental, su mirada sigue siendo la de un occidental.

Se le concede un papel a la naturaleza a través del paisaje y de los fenómenos meteorológicos. Se suceden las lluvias y las tormentas, la nieve da paso al verano y uno de sus recopilatorios se titula no por casualidad Estaciones (1999). Es además un dibujante extraordinario y cuyo trazo cambia constantemente. Si todavía no lo han leído, corran a comprarlo porque lo disfrutarán.

CAMPESINOS Y SAMURÁIS 

Aunque criado en Hawai, Stan Sakai nació en Osaka. Su padre era un soldado americano de origen japonés y su madre había trabajado en una fábrica de armas en Nagasaki. Sobrevivió porque una colina se interpuso entre ella y la bomba atómica. Tuvieron problemas para casarse y no por la nacionalidad americana del padre sino por sus orígenes familiares. Su progenitor venía de una casa de campesinos y su madre era de ascendencia samurái. De hecho el dibujante ha obtenido mucha información directamente de los recuerdos de su madre. Pero esas distintas procedencias hacían casi imposible el enlace. La jerarquización inherente a la sociedad japonesa del XVI y de la que todavía quedan vestigios muy evidentes, explica episodios como “Shizukiri”, en el volumen Puente de lágrimas (2009). Unos samuráis pasean por la calle con una espada nueva. Para probar su filo asesinan a un mendigo que se cruza con ellos. Sin inmutarse. O “El orgullo del samurái”, en Padres e hijos (2005), donde se habla de un samurái venido a menos, a quien su orgullo le impide mejorar su miserable vida. Con su hijo como testigo, algunos trágicos momentos recuerdan “Ladrón de bicicletas”.

Usagi Yojimbo de Stan Sakai - historias de samurías y ninjas
Aunque Sakai es capaz de desarrollar relatos en clave social, no acostumbra a hacerlo. Asume esa realidad histórica sin criticarla, mostrando su idiosincrasia sin ocultar sus defectos. Los mundos de campesinos y samuráis apenas llegan a encontrarse, de los últimos admira el valor y la fidelidad, pero no esconde su compasión hacia los primeros. Son parte del paisaje, víctimas propiciatorias de unos guerreros que los consideran menos que nada, seres cobardes y despreciados por una buena parte de una sociedad rígidamente jerarquizada y de estructura feudal. La mirada amable hacia los agricultores se hace explícita en la historia de Ikeda, un general que acaba trabajando en el campo y que aparece en el volumen Estaciones (1999). Muestra con precisión todas sus contradicciones, la vida militar que echa de menos y a la que vuelve cuando se le presenta la oportunidad. En la brevísima “Saya”, en La caza del zorro (2011), Usagi aleja a un matón para que su sangre no contamine la plantación del arroz. La dialéctica campo-ciudad nunca se simplifica, al contrario, se dibuja con los matices que evitan el maniqueísmo.

En esa disyuntiva entre quienes se preocupan sobre todo por su honor y aquellos que riegan la tierra con su sudor, debe situarse el interés de Sakai por los oficios. Aunque él lo remite a su atención general hacia las tradiciones japonesas, hay algo más profundo en su descripción de las artesanías. Siempre desde el más exigente rigor documental: necesitó tres años para investigar el proceso de elaboración de la cometa que aparecía en Cabra solitaria y su hijo (1992). Incluir esas detalladas visualizaciones se convirtió en una costumbre. Se nota su admiración hacia los artesanos, sus saberes nos alejan de la guerra y la destrucción, concentrados en la creación de objetos útiles, necesarios y bellos. Explica cómo fabricar una espada en Daisho (1998), cultivar algas en Al filo de la vida y de la muerte (1998), modelar un tazón en La máscara del demonio (2001), hacer un tambor en Escorpión rojo (2014), o la complicadísima elaboración de la salsa de soja en Doscientos Jizo (2015), entre otros. Todos sus artesanos son orgullosos profesionales que se sienten muy satisfechos del conocimiento que han adquirido tras largos años de práctica y búsqueda de la perfección. El autor parece identificarse con ellos, aportándoles una dignidad casi épica.

En el sobrecogedor “Chano Yu”, publicado en La historia de Tomoe (2008), Usagi y Tomoe comparten un té en una ceremonia que adquiere para los japoneses un carácter casi religioso. El relato supone la culminación de una larga historia de amor imposible, debido a las obligaciones que los atan impidiendo toda relación. Así que esos gestos sacralizados son el único contacto posible entre ellos. Sakai no hace aparentemente nada, más allá de la enumeración pormenorizada de los momentos que componen la ceremonia del té. No necesita más. El giro de la taza, las miradas, la limpieza de los bordes… gestos mínimos que trascienden toda sensualidad para fundir a los amantes en un instante de increíble intimidad. Una verdadera comunión a la que el lector asiste con cierta incomodidad, por la intensidad con que se expresan los sentimientos reprimidos por los protagonistas. Como en todo oficio desarrollado con amor, lo que siempre es igual acaba siendo siempre diferente y al tiempo eterno. Tal es la sabiduría del campesino.



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