viernes, 19 de mayo de 2017

LA BÚSQUEDA EN SUEÑOS DE LA IGNOTA KADATH de CULBARD & LOVECRAFT

La búsqueda en sueños de la ignota Kadath de Culbard y Lovecraft  edita NormaNorma editorial, 2017
144 páginas, 22 euros.

EN LA MESESTA DE LENG

 

Los seguidores de Lovecraft reconocerán en seguida la frase con la que se inicia una de sus novelas con Randolph Carter como protagonista: “Tres veces soñé con la maravillosa ciudad…”. Ahora nos llega su adaptación al comic.


Culbard lo intenta, no es su primera vez con el escritor de Providence. Lo que nos ofrece es un producto pulcro, estructuralmente correcto, con un dibujo minimalista y muy estilizado, una narrativa fluida y un color muy agradable. Si no han leído el relato original esta podría ser una buena manera de hacerse una idea de su contenido.

La traslación es bastante literal, aunque Culbard introduce algunas variantes que resultan lógicas. Por ejemplo, la visualización del malo, ese “caos reptante” al que en el original se cita casi en susurros. El dibujante se ve obligado a concederle más papel para que los lectores puedan visualizar esa amenaza. Si esto resta cierto misterio que Lovecraft dosificaba muy bien, más discutible parece la segunda desviación.

Hay una subtrama en la historia, que se refiere al papel de los recuerdos infantiles en la vida. Kadath mezcla varios géneros muy reconocibles: el policiaco, con el protagonista buscando pistas que le lleven a esa intrigante ciudad; el de aventuras, con hechos que se suceden a un ritmo trepidante con un frenético cambio de localizaciones que no se detiene en ningún momento; y finalmente el terror, a la inconfundible manera de Lovecraft, con sus bestias innombrables y sus escurridizos bichos de texturas oleaginosas. A pesar de todo ello también incluye una reflexión sobre nuestra relación con los sueños y la transitoriedad de la existencia. Pues bien, ya en el original el escritor se permite un subrayado en relación con ese asunto, como es la conversación con el rey Kuranes.

La búsqueda en sueños de la ignota Kadath de Culbard y Lovecraft
Conversación que adelanta y en cierta medida pisa la gran revelación final. Culbard decide no solo no ocultar o mitigar esa parte sino reforzarla, dándole más protagonismo y usándola como introducción para Pickman, otro de los personajes. Está bien en lo que respecta al pintor transformado en alimaña. Pero no tanto cuando se trata de enfatizar unos contenidos que deberían transmitirse de forma más sutil.

En cuanto a la puesta en escena, funciona en algunos escenarios como las canteras gigantes. Pero en general los fondos no son muy imaginativos y más bien buscan evitar el detalle adoptando un tono impresionista que niega la precisión científica del texto de partida. Lovecraft era grande con los adjetivos, escalpelos con los que diseccionaba sus pesadillas transmitiéndolas con frialdad y “objetividad” al lector. Culbard no nos lleva a los páramos y cavernas que encontramos en el original. Falta detalle, contraste, texturas y masas negras, falta carne y sangre. Y sustituye los pasajes de acción, aquellos en los que la lucha es física, las persecuciones, las amenazas, por secuencias en las que prima la palabra, tipos que rajan. En un relato de estas características eso es letal. Es cierto que el texto de Lovecraft contiene todas esas peroratas, esas alusiones poco veladas a Dioses del Sueño y Dioses Otros, pero se incluyen en un contexto sobrecogedor que las acoge dándoles sentido. En resumen, esta es una adaptación bonita de Lovecraft. Que es justo lo que NO debería ser.
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viernes, 12 de mayo de 2017

HILDA Y EL BOSQUE DE PIEDRA de PEARSON

Barbara Fiore editora, 2017.
80 páginas, 18 euros.

DE AVENTURA CON MAMÁ


Las aventuras de Hilda alcanzan su quinto volumen y siguen situadas en la sección de literatura infantil de las librerías. Obviamente los más pequeños disfrutan con su lectura pero los adultos también pueden apreciar las habilidades de su creador, Luke Pearson.


Se mantienen los rasgos que ya conocíamos de anteriores entregas: guiones ingeniosos y realmente aptos para todos los públicos, un dibujo ágil e imaginativo, un color precioso que se mueve en una gama cálida y contenida y una edición excelente. El papel hasta huele bien, es adecuadamente mate y pesado, la encuadernación tiene un lomo entelado y con dibujitos, las guardas son encantadoras y la portada cuenta con los necesarios realces en barniz brillante. De Hilda gusta todo y no bromeo.

La historia parte de la clásica disputa madre-hija, con Hilda escaqueándose para ir a correr aventuras lejos de la inquisitiva y protectora mirada de su progenitora. Pero cuando la mayor intenta detener a la alocada pequeña, ambas se precipitan hacia uno de los espacios de fantasía que habitualmente Hilda transita sola. Y todo se complica. Acaban perdidas en un paisaje con ecos de Lovecraft, rodeadas por espacios inmensos poblados de seres de pesadilla. Aunque en Hilda no hay nada extremadamente terrorífico, Pearson gradúa muy bien los elementos que incluye y las peripecias de sus protagonistas, así que algunos pasajes son moderadamente angustiosos.

Pero incluso entre los monstruos hay clases así que al final encuentran aliados insospechados que las ayudan a salir de las tenebrosas cavernas en las que estaban atrapadas. Les adelanto que el volumen continúa de manera dramática, así que se pueden imaginar que el final no es tan feliz como se podría suponer. Al contrario, el álbum se cierra con una tremenda sorpresa que nos deja con ganas de leer más.

Si la factura de Hilda es excelente en cuanto a su escritura, dibujo, color y edición, permítanme que destaque un aspecto que creo sobresale especialmente en" este libro: la narrativa, la puesta en escena.

Aunque algunos autores experimentan en sus planchas con la relación entre viñetas y las posibilidades por explorar en cuanto al flujo de un plano al siguiente, normalmente esos juegos distancian al lector de lo leído, adquieren tal protagonismo que se imponen al contenido, anulándolo. En Hilda, no.
Pearson nos ofrece en cada plancha soluciones gráficas que convierten sus páginas en un festín visual. Acumula hasta cinco filas de viñetas pequeñitas que luego opone a amplias visiones con apenas tres viñetas por página. No solo eso, estira constantemente sus contenedores, en sentido vertical u horizontal, juega con sus formas, las fracciona, crea grupos, todo dentro de una estética minimalista en la que el color sirve en muchos casos de guía y elemento de cohesión. Además, ayudado por unos márgenes mínimos y muchos dibujos sangrados, sus planchas parecen desbordarse de información, transmitiendo al lector la sensación de que vamos a recibir una buena recompensa por el dinero que hemos invertido en el libro. Allí no se desaprovecha nada.

En fin, que a pesar de su aparente sencillez Hilda es un tebeo muy grande, pleno de sabiduría narrativa, un entretenimiento cargado de imaginación y ganas de fascinar al lector. Y lo consigue.
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sábado, 6 de mayo de 2017

DITKO UNLEASHED NOMINADO A LOS PREMIOS EISNER

Florentino Flórez con su obra Ditko Unleashed
Fotografía de Alejandro Maestro
Como ya nos ocurriera en 2013 con Woodwork, Fréderic Manzano y yo hemos vuelto a entrar en las nominaciones a los Premios Eisner. Nuestro catálogo "Ditko Unleashed" se ha colado en la categoría Best Comics-Related Book. 


Los otros nominados son:

  • Blanc et noir: takeshi obata illustrations, by Takeshi Obata (VIZ Media)
  • Krazy: George Herriman, A Life in Black and White, by Michael Tisserand (Harper)
  • The Life and Legend of Wallace Wood, vol. 1, edited by Bhob Stewart and J. Michael Catron (Fantagraphics)
  • More Heroes of the Comics, by Drew Friedman (Fantagraphics)

Todo se decidirá en julio en la Comic-Con de San Diego. Hay otros seis españoles incluidos en diferentes categorías. ¡Suerte a todos!



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viernes, 5 de mayo de 2017

WRIGHTSON y TANIGUCHI RIP

RAZONES PARA VIVIR... ¡Y PARA MORIR! 

Con poco más de un mes de diferencia nos han dejado dos gigantes del medio: el japonés Jiro Taniguchi y el americano Bernie Wrightson. Los dos habían nacido a finales de la década de los cuarenta (1947 y 1948, respectivamente) y alcanzaron un éxito global.

Empezamos a saber de Taniguchi cuando la primera gran oleada manga alcanzó España, a principios de los noventa.

k de Jiro TaniguchiNo puedo decir que recibiera con entusiasmo Hotel Harbour View, una novela gráfica negra con formalismos propios del spaguetti western. Tampoco la serie que realmente hacía honor a su título, El Caminante, publicada por entregas en “El Víbora”. Luego descubrimos que pertenecían a momentos diferentes en la carrera del autor. Pero al llegar una detrás de otra remitían a una cierta esquizofrenia creativa, violencia muy física por un lado y ascetismo contemplativo por el otro. En realidad en eso consistió toda la carrera de Taniguchi: en conciliar los aspectos reales y espirituales que conforman nuestras vidas, en encontrar un equilibrio entre los hechos del presente y los fantasmas de nuestra memoria, entre lo que deseamos y lo que logramos.

Pronto empezó a destilar obras maestras que le dieron fama mundial. Entre sus imprescindibles yo destacaría: El almanaque de mi padre, El olmo del Cáucaso, K, La cumbre de los dioses y Seton. Su obra es mucho más extensa y no dudo que disfrutarán de sus otros trabajos. Pero estos son los que le sitúan en un lugar de excepción. En algunos casos él mismo escribió el guión, en otros se apropió de argumentos ajenos. Pero siempre mantuvo sus preocupaciones principales, destacando una reflexión constante sobre el sentido último de la vida.

A veces reconstruía los acontecimientos esenciales en el recorrido de algún familiar o artista como él. O centraba su interés en aspectos más cercanos y personales. En otras ocasiones empleaba la naturaleza como espacio sagrado del que extraer respuestas, bien a través de las impresionantes montañas de K o La cumbre de los dioses, o de elementos más cotidianos como en El olmo del Cáucaso. No había en su obra las veleidades que caracterizaban a otros compatriotas, ni robots gigantes ni excesos gestuales, Taniguchi era comedido y contenido y la emoción era frecuentemente interior, casi como un susurro. Aunque podía ser impactante y brutal si lo consideraba necesario. Al contrario también que otros muchos mangakas, sus sagas podían ser largas pero no interminables. A veces, como en Seton o La cumbre de los dioses, empleaba varios volúmenes, pero tras ellos llegaba un fin que era definitivo.

Era algo más que un correcto dibujante, un gran narrador y un guionista interesante, era un sabio capaz de emocionarnos hablando de cosas cercanas, del amor, la pérdida y la memoria. Personalmente no comparto los babeos con sus obras más ensimismadas, como El caminante o El Gourmet solitario. Pero las respeto, como también me parecen entretenidos algunos de los mangas de sus inicios, más aventureros y macarras.
Supongo que será recordado por sus trabajos más personales, aquellos en los que encontró un lugar desde el que hablarnos de asuntos tan universales como humanos, a veces a través de animales y otras de escaladores. Se le ha catalogado también como “el más europeo de los dibujantes de manga”. No se pueden negar sus coqueteos con la industria europea. Ni las diferencias entre su obra y el resto de productos que nos llegan de Japón. Pero a pesar de ello sus intereses parecen tan íntimamente relacionados con la espiritualidad y los lugares comunes que asociamos con el país del sol naciente, que calificarlo de europeo resulta casi insultante.


Bernie Wrightson En cuanto a Bernie Wrightson podría decirse de buenas a primeras que no era un autor tan completo como Taniguchi.

Básicamente era un dibujante y, en algunas etapas de su carrera ni siquiera dibujó comics, solo ilustraciones, como su fenomenal Frankenstein. Era la época, mediados de los setenta, en que compartía estudio con otros tres genios del comic y la ilustración: Jeff Jones, Barry W. Smith y Michel Kaluta. Todos ellos han alternado trabajos en el mundo de las viñetas con esporádicas intervenciones en el campo de la ilustración.

Wrightson había aterrizado en la editorial DC en 1968. En 1971 firmó una de sus obras cumbre: La cosa del pantano, con guión de Len Wein.

Después saltó a Warren para apabullar a los lectores con un conjunto de historietas cortas que estaban a la altura de los maestros de la EC con los que lo había aprendido casi todo en su infancia. Adaptaciones de Poe y Lovecraft que permanecen en la memoria de los aficionados, al lado de brillantes muestras de horror firmadas por Bruce Jones y otros. Demasiadas para enumerarlas todas aquí. ¿Recuerdan Jennifer? ¿Y El monstruo de Pepper Lake?.

Bernie Wrightson  VampusPero después nada volvió a ser lo mismo. El autor tuvo un problema físico que le impedía entintar correctamente. En 1988 debía ilustrar The Shadow, con lápices de su amigo Kaluta, trabajo que al final acabó en manos de Russ Heath debido al papel empleado por Kaluta para dibujar la novela gráfica. A principios de los noventa comenzaron sus colaboraciones con Marvel y DC, ilustrando guiones de Starlin. Ya no era lo mismo, parte de la fuerza inicial se había perdido. Pero daba lo mismo, las historias eran buenas y su narrativa más que correcta.

En años posteriores siguió trabajando y alcanzando al público de formas diversas. No solo a través de los comics, también con películas. Colaboró y dibujó adaptaciones de films como Creepshow y diseñó monstruos y escenarios para Los cazafantasmas y otras producciones hollywoodienses.

Ahora que tras su muerte tantos han insistido en catalogarlo como “gótico” (¿sabe alguien qué significa eso?) yo recordaría más bien otra característica de su dibujo, que sí asoma en incontables productos de los ochenta. Me refiero a su gusto por la casquería, por el desparrame de tripas y los monstruos de mil bocas cargadas de dientes y saturados de pústulas. Esa estética del exceso y la acumulación encontró un fiel reflejo en muchas fantasías de la época, entre las que destacaría el remake de Carpenter de La Cosa.

Bernie Wrightson  Spiderman
Hablamos del apogeo de una técnica que se desvaneció pronto, apagado su brillo por el de los emergentes destellos digitales: aquella mezcla de látex, silicona y mecanismos hidroneumáticos. ¿Cómo olvidar la transformación del Hombre lobo americano en Londres, o las sucesivas mutaciones de La Cosa y tanta otra viscosidad que vivieron su momento de gloria en aquellos años? Si quieren ver algo parecido en viñetas, no duden en echarle un vistazo al Spiderman de Wrightson.

El autor, es cierto, podía mostrar esa cara más clásica y negra cuya cumbre alcanzó en su Frankenstein o en historias cortas como su adaptación de El gato negro. Pero su enfoque nunca fue convencional, le gustaban los encuadres extremos y su visión era profundamente dinámica y cinematográfica. Atención a su trabajo con las sombras, nadie las alargaba distorsionando las figuras con ellas como él lo hizo. Manejaba a la perfección las texturas, ya fueran hojas, arrugas o agua y, aunque algunos lo han intentado, era muy difícil de imitar. Fue un gran maestro y lamentaremos mucho su pérdida.
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viernes, 28 de abril de 2017

JÚPITER de DANIEL TORRES

Roco Vargas - Júpiter - Daniel Torres edita Norma editorial
Norma Editorial, 2017.
80 páginas, 18 euros.

EL PROFUNDO VERDE


Tras su monumental La casa Torres vuelve al personaje con el que consiguió su primer éxito: Rocco Vargas. 

No soy el fan número 1 de este héroe sideral pero con este álbum me ha dejado con la boca abierta.


Vargas era algo así como una recuperación posmoderna de Flash Gordon. O así lo vivimos cuando comenzamos a leerlo en las páginas de la revista Cairo. Después demostró ser mucho más, al tiempo que mejoraban y se depuraban los grafismos de Torres. Pero de alguna manera, aunque todo en el universo de Vargas está pensado, diseñado con cuidado y bien planificado, a pesar del evidente cariño que el dibujante pone en todo lo que hace, la serie siempre adoleció de cierta frialdad. Sus últimas entregas partían de supuestos tomados de la ciencia-ficción más dura, con interrogantes sobre la relación entre hombres y máquinas y otras disquisiciones cósmicas. Pero yo no conseguía entrar en estas ficciones, no me entusiasmaban como sí lo hacían otras obras de Torres, como la ya citada La casa o El Octavo Día.

Pero “Júpiter”, su última entrega, es otra cosa. Tiene el arranque más disparatado, visual, psicodélico, trepidante, embriagador y estimulante que yo haya leído en mucho tiempo. Para mi está a la altura de las descripciones que Lem hace de su mundo Solaris, con esos océanos que parecen cobrar vida y que nos provocan estremecimientos casi sagrados.

Roco Vargas - Júpiter - Daniel Torres edita Norma editorial - ciencia ficción
Torres comienza la obra con un abrumador despliegue de fuerza creativa, un conjunto de viñetas panorámicas aparentemente inconexas, pero cada una por sí sola cuenta una historia, tal es su poder evocador.

Luego deriva hacia un mundo de fantasía donde dominan los verdes y por el que nos desplazamos a través de una serie de zooms vertiginosos, todo ello acompañado con un dibujo que recuerda los mejores tiempos de Druillet, con ecos de Moebius y Caza.

La aventura adquiere pronto ciertos tintes ecologistas, mientras nos trasladamos de Júpiter a la Tierra. Los dibujos espectaculares se suceden, alternando visiones maravillosas con pesadillas, sueños de un adicto al LSD. Por momentos las viñetas presentan la densidad de detalles de un Ernst Haeckel con toques underground, hasta alcanzar un clímax apocalíptico.

El relato vuelve al presente y se nos prepara para un viaje en el tiempo. Torres juega a que el pasado y el presente se comuniquen e interfieran mientras por el fondo desarrolla una salvaje guerra interestelar que puebla su álbum de dobles páginas apabullantes. Con hermosísimas escenas de destrucción y matanza. El autor demuestra que no le da pereza dibujar multitudes página tras página mientras se impone la lógica de un agua de aspecto casi medieval, que va disolviendo las veleidades de la carne. Todavía nos brinda alguna doble plancha espectacular más, antes de precipitarse hacia el final, con un guiño a otro de sus episodios más recordados, “La estrella lejana”.

Quizás en algunos pasajes hay demasiada información o los personajes hablan de más. Pero es este un trabajo realizado con muchas ganas y que nos muestra a un creador excepcional en un absoluto estado de gracia. Gran color y mejor entintado. Para quitarse el sombrero.
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viernes, 21 de abril de 2017

CAMISA DE FUERZA de EL TORRES y SANNA

Camisa de fuerza de El Torres y Guillermo Sanna, edita Dibbuks - terror comic psiquiatra
Dib•Buks, 2017.
112 páginas, 16 euros.

LOCAS Y CUERDAS


La protagonista despedaza a su hermano gemelo sobre la mesa de la cocina en la introducción de esta historia. Dos páginas más allá nos la encontramos recluida en una institución psiquiátrica.


De esta forma tan simple El Torres plantea las piezas de su nuevo juego, un entretenimiento que especula, como tantas películas de terror, con los límites de lo real. El lector contempla el relato a través de la mirada del Dr. Hayes, un psiquiatra en silla de ruedas que debe hacerse cargo del difícil caso de Alexandra Wagner.

No solo asesinó a su hermano en su niñez sino que además tiene la extraña costumbre de desaparecer cuando le apetece. Los episodios siguen algunas sendas clásicas, empezando por la construcción de una dificultosa complicidad entre el médico y la enferma. Pronto se nos ofrecen vistazos de un más allá que no sabemos si es real o un puro delirio. Camino de su casa el doctor también se ve asaltado por criaturas terroríficas. Pero es Alexandra la que se lleva la peor parte. Los sanitarios que la atienden no son exactamente lo que parecen y descubrimos con horror que quizás parte de su locura tengo algo de sentido.

El momento culminante se alcanza en el segundo episodio, cuando el doctor enfrenta a su atormentada paciente con sus brutales actos, comenzando por el asesinato de su hermano. En ese momento no tenemos claro si el guión seguirá la senda de la “razón”, buscando una explicación lógica para los extraños sucesos relatados, o bien se abandonará a la magia y las maravillas del “más allá”.

El tercer episodio cuenta con un protagonista que para mi gusto parlotea demasiado, ese cómico que pretende aportar un tono más filosófico al conjunto de la historia, pero que en realidad quiebra el ritmo de la acción con su verborrea. El último capítulo recupera el vigor inicial, con un final sangriento y estremecedor a la altura de las circunstancias.

Camisa de fuerza de El Torres y Guillermo Sanna, edita Dibbuks - terror comic psiquiatra
Si El Torres ya ha demostrado con anterioridad que es un guionista interesante (no se pierdan su simpática serie Bribones) aquí la auténtica novedad la constituye el dibujante, el mallorquín Guillermo Sanna. Hasta ahora era conocido por su labor underground, sus series cómicas y grotescas para el Temeo o el recopilatorio de Los Potaje. Pero ahora ha saltado con fuerza a la arena del comic realista. Aunque posterior a esta Camisa de fuerza, a España llegó antes su episodio para Deadpool. En la actualidad sigue trabajando para Marvel, en una miniserie de Bullseye. Su colaboración con El Torres fue lo que le abrió las puertas del mercado americano. Y no extraña. Es un tebeo excelentemente dibujado.

Sanna es grande en las expresiones, sus personajes actúan muy bien. También mima la iluminación, algo crucial en un relato de terror como éste. Se nota que es un aficionado a las películas de miedo porque de manera natural su narrativa nos ambienta a la perfección, transmitiendo la atmósfera de pesadilla y paranoia necesarias. Su estilo entronca con los grandes: Toth, Mazzuchelli, Weeks o Samnee. Autores más interesados en la sencillez que en el detalle barroco. Se trata de narrar con limpieza y claridad. Excelente también el uso de la segunda tinta, ese rojo que señala los instantes de locura absoluta, el salto a los abismos que pueden devorarnos. Es un trabajo tan recomendable como estremecedor.
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jueves, 13 de abril de 2017

COMICS VIRILES DE AUTORAS EMERGENTES

DOS DURAS MUY BLANDAS


Dos comics escritos por autoras emergentes que abordan temas muy viriles. Cloonan intenta revitalizar al machote Castigador y Deconnick se embarca en una delirante aventura carcelaria.


Becky Cloonan y Steve Dillon
El Castigador. En la carretera.
Panini Comics, 2017.
136 páginas, 15 euros.

En cuanto a la primera, escribe el último trabajo del dibujante Steve Dillon, que no era ni mucho menos un debutante en Punisher, ya había creado muchas páginas para su compañero de viaje Garth Ennis. 

En ellas consiguieron una extraña mezcla de humor y brutalidad, de ironía, sangre, culpabilidad y buenas intenciones que tan difícil ha resultado de imitar. Muchos autores posteriores a Ennis han creído que bastaba con ser provocador y decir animaladas para alcanzar la calidad de sus textos. Y no es así.

El guionista irlandés bebe de una tradición muy rica que ha sabido aprovechar y renovar. Muchos nos reconocemos en sus mundos, al tiempo que admiramos la frescura de sus propuestas.
No basta con imitar su tono, su valor se sitúa en regiones algo más profundas. Y esto es algo que quienes compiten con él parecen olvidar. En este caso su amigo Dillon vuelve a cumplir pero el guión no hace justicia a la verdad del dibujo. Hay mucha violencia gratuita pero apenas humor, todo resulta impostado y artificioso y como lector no consigo entrar en la historia. Una triste despedida para un gran creador.


Kelly Sue Deconnick y Valentine De Landro
Bitch Planet
Astiberri, 2017.
136 páginas, 18 euros.

Bitch Planet ha sido creado por dos autoras, una a cargo del guión y la otra del dibujo. Pero encontramos más de lo mismo, corregido y aumentado. El dibujo es mucho peor, el relato roza lo incomprensible y lo que se llega a entender es insufrible. 


Las pelis de cárceles femeninas solían ser una oportunidad para voyeurs, fantasías masculinas que, en muchos casos con la excusa de la denuncia social, ofrecían la oportunidad de disfrutar de los cuerpos desnudos de lúbricas lesbianas tan enjauladas como cachondas. Aquí hay un buen puñado de señoras encarceladas pero muy poco cachondas, más bien prima el cabreo generalizado. Las autoras parecen decididas a renovar el género, mezclándolo con todos los componentes posibles del ámbito pulp y pop.

Como en todo relato posmoderno que se precie, exhiben una elevada dosis de autoconciencia. No se trata de suspender la credibilidad del lector según la fórmula clásica, sino todo lo contrario: mostrar el artificio y desvelar sus mecanismos de manipulación ideológica. Las autoras se esfuerzan por adoctrinarnos y al final se incluye una “guía de lectura” para que debatamos con nuestros amigos y amigas todo lo que hemos aprendido gracias a ellas. Por supuesto, se discuten los límites entre la cooperación y la sumisión, la revolución y las imposibles reformas, etc.

Más allá de sus intenciones, que son muchas y evidentes, Bitch Planet es otro tebeo malo, torpe en su narrativa y en la creación de personajes. Supongo que sus denuncias son necesarias, pero contar una historia no es tarea de predicadores sino de narradores, se necesitan protagonistas por los que podamos interesarnos y villanos que sean algo más que un cliché.

Lo único que consiguen es que su producto no sea ni un buen entretenimiento, ya que la matraca ideológica es demasiado evidente, ni cumpla con sus funciones educativas, doctrinarias, ya que los machistas a los que se trata de corregir sin duda saldrán corriendo espantados ante la propuesta. En conclusión, falta en la portada un aviso que diga: “Solo apto para Consejeras de Igualdad y sus mariachis”. A esto le llamo yo convertir a los conversos.
El mundo de la historieta está lleno de grandes autoras. Pero no todas las autoras de historietas son grandes.
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viernes, 7 de abril de 2017

COMICS POSROMÁNTICOS: KEI y SUNSTONE

POSROMÁNTICOS


Ha coincidido en las librerías el último volumen de Kei, crónica de una juventud con la aparición del tercer volumen de Sunstone. Ambas series suponen dos aproximaciones al fenómeno del amor quizás no tan diferentes como podríamos sospechar.


Comic Manga Kei Crónica de una juventud  de Koike y Kojima, amor
Ya comenté Kei cuando empezó a publicarse. Es otra obra monumental de los maestros Koike y Kojima, editado en España por ECC (356 páginas. 13,95 euros).

En este caso se habla del amor romántico, de la total dedicación del protagonista hacia la que desea como su mujer. Por ella está dispuesto a sacrificar toda su vida. Pero ella enloquece y se comporta como una niña así que el héroe debe afrontar una terrible realidad. Por mucho que haga por su amor ella apenas parece darse cuenta. En un determinado momento del relato la amada vuelve en sí. Pero, para permitir que él recupere parte de lo que ha perdido por su culpa, se larga, con la intención de convertirse en prostituta. Es en ese punto en el que arrancaba la narración.

Tras muchas penalidades Kei consigue recuperar a su mujer y finalmente logran algo así como una vida tranquila, se casan y el final es razonablemente feliz. Hasta que llega ese último capítulo todo son penalidades y obstáculos que Kei debe superar para reunirse con su amante. A menudo le asaltan las dudas sobre la pureza de su amor. En fin, es un trabajo grandísimo que bebe de una ya larga tradición, esa idea de dedicación y concentración en la persona amada. No pensando que tal esclavitud nos degradará y limitará sino todo lo contrario: nos permitirá conocernos de verdad y así también conocer al otro. Es cierto que en ocasiones esos enamoramientos pueden convertirse en servidumbre, pero tal cosa solo ocurre cuando se da una situación de desequilibrio, cuando uno se enamora del otro y el otro de sí mismo. El comic nos ha dado algunos grandes ejemplos de parejas románticas en las que era difícil determinar quién tenía más fuerza y personalidad, como nos ocurre con Kei y su mujer. Ya nos pasaba con El Príncipe Valiente y Aleta, un personaje femenino maravilloso.



comic amor Sunstone de Sejic volumen 3 lesbianas sadomaso
Curiosamente volvemos a encontrarnos esas dudas amorosas en un comic aparentemente más moderno y que debería de superar esas relaciones tan clásicas. Hablo de Sunstone, la obra de Stephan Sejic sobre lesbianas sadomasoquistas. En realidad describirlo así es un reduccionismo.

Ya hemos alcanzado el tomo tres y se aprecia un cierto bajón en esta última entrega. Se nos presentan personajes “normales” pero que tienen aficiones quizás no tan habituales. A una de las dos protagonistas le gusta el mando y a la otra la obediencia. Así que llegan a un acuerdo muy satisfactorio para ambas. Estamos en territorio bonobo. Aquí no se trata de amor, solo pura diversión. Pero resulta que según avanza la narración la cosa se complica. Y solo puede hacerlo en una dirección, que es la de los afectos.
Eso enriquece la historia ya que la pura biología es enemiga del erotismo. La única forma de aportar variedad es en el terreno sentimental así que Sejic lo intenta. Para mi gusto el resultado es un tanto blando y verboso.

Hablan mucho, piensan cantidad y la acción no avanza. Pero el intento es honorable y el dibujo sigue incluyendo un montón de trajes ajustados y sexys. ¿Acabará la esclava enamorada de su ama? Ya ha ocurrido antes. Por ejemplo, a la idiota de Dale Arden con el machote Flash Gordon. Aquello nunca llegó a funcionar del todo…
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