viernes, 18 de enero de 2019

X9 AGENTE SECRETO CORRIGAN COMIC

X-9 AGENTE SECRETO CORRIGAN de Archie Goodwin y Al Williamson, edita Dolmen
Archie Goodwin y Al Williamson
Dolmen, 2018.
194 páginas, 29,90 euros

ELEGANCIA EXTREMA
La editorial Dolmen se ha puesto a la cabeza de la política de reediciones de material clásico americano. Tras clásicos imprescindibles como The Phantom o Prince Valiant, nos llega ahora el X-9 de Williamson y Goodwin.


Quizás algunos puristas consideren mejor la etapa de Raymond, con Hammet al guión. Yo no. Goodwin apenas necesita presentación. Con Warren, recuperó a la plana mayor de dibujantes de la mítica EC. Los juntó en publicaciones que intentaban alcanzar la calidad interrumpida por la aplicación del Comics Code.

A veces fracasaba comercialmente, como en su revista bélica Blazing Combat, en otras ocasiones conseguía grandes éxitos, como con sus revistas de miedo Creepy y Eerie. Goodwin no solo eligió a los mejores autores, también escribió para ellos intensos relatos de intriga y terror. Luego se marchó a dirigir Marvel y más tarde sentó las bases de muchos comics actuales en publicaciones pioneras como Epic. Sus credenciales son sólidas y amplias. Como director, editor o guionista, Goodwin es sinónimo de entretenimiento y buenas historias. Más cuando, como en este caso, le acompaña un gigante como Williamson. El sonriente artista inició su carrera muy joven, ayudando a Burne Hogarth con las entregas de Tarzán.

Wally Wood comentó cómo le envidiaban él y sus compañeros de clase en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York, cuando Al se dejaba caer para pasarle los bocetos de las tiras a un Hogarth más atento a su escuela que a sus propios dibujos. Más tarde Williamson y su grupo de amigos, Torres, Krenkel o Frazetta entre otros, participaron en la sección de fantasía de la E.C.

Comic X9 agente secreto de Archie Goodwin y Al Williamson, edita Dolmen
Luego saltó a Warren, Marvel y lo que le ofrecieran. Fue de los primeros en apreciar el valor de los originales de comic y es muy conocida la anécdota que protagonizó. En cierta ocasión le dieron para envolver un bocadillo la mítica plancha del puente de Prince Valiant. No sabemos si el bocadillo llegó a su destino pero durante años la página adornó el despacho de Al. Siempre se aseguró de recuperar su obra y coleccionó con avidez el trabajo de sus colegas.


Se encargó con toda justicia del agente del FBI que ya había pasado por las manos de Raymond. Pocos como él podían competir con la elegancia del trazo original del dibujante de Rip Kirby. Williamson demuestra que es uno de los grandes en esa escuela realista, aportando una dinamicidad extra a sus figuras, un toque más cinematográfico a sus encuadres y una sensualidad más moderna a sus mujeres. Fue un gran seductor y un eterno aficionado al cine. Y esas pasiones se trasladaron a sus dibujos.

El volumen se devora con facilidad y cada viñeta es una lección de entintado, composición y buen gusto. ¡Qué bien dibuja las arrugas de los trajes! ¡Cómo distribuye las masas negras en sus viñetas! Se notan las referencias y deudas con Raymond y la presencia de un ayudante que nunca pasa desapercibido, Neal Adams. Los guiones son correctos y nos pasean por los tradicionales escenarios de serie negra y espías, con una generosa ración de estrafalarios villanos, depravadas malvadas y exóticas protagonistas.

Goodwin y Williamson se mantuvieron durante una década en la tira así que todavía nos quedan muchas horas de sano entretenimiento y diversión. ¡Guau!
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viernes, 11 de enero de 2019

MILES MORALES EL NUEVO SPIDERMAN de BENDIS, SAMNEE

Miles Morales el nuevo Spiderman de Bendis, Samnee, Pichelli y Marquez comic superheroes marvel
Bendis, Pichelli, Samnee y Marquez
Panini, 2018.
288 páginas, 27,50 euros

ARAÑAS Y GRAFITIS
Aprovechando el tirón de la película de Spiderman, se reeditan en un bonito tomo las aventuras de Miles Morales, el adolescente que encarna al héroe en el siglo XXI.


Publicadas originalmente en 2011 respondían a una ola de corrección política que sacudió Marvel y que propició esas noticas que aparentemente encantan a los periodistas pero que los lectores… Perdón, corrijo, que YO odio.

No dispongo de datos para saber cual fue la respuesta de los aficionados en cada caso. Pero tengo la sensación de que cada vez que oímos hablar de un héroe gay, gorda, con pañuelo en la cabeza o lo que se les ocurra, las razones son siempre más comerciales que artísticas. Habrá quien aplauda cómo todo esto ayuda a la normalización, la visibilización, la sensibilización y todos los “ciones” que se les ocurran. Yo no. Y el padre de Spiderman, el fallecido Ditko, tampoco. Recuerdo sus burlas cuando Stan Lee sugirió que detrás de la máscara del héroe podía esconderse cualquiera, sin importar su etnia o credo.

Ya en aquel momento Ditko vio la corrección política que latía bajo aquella afirmación, cuando él había diseñado originalmente la máscara completa para esconder al adolescente Peter Parker, por razones prácticas, no para facilitar la “identificación” de nadie. Entendía que el lector debía asumir los principios morales subyacentes (abraza el bien, combate el mal), independientemente de sus preferencias u orígenes étnicos o religiosos.

Miles Morales el nuevo Spiderman de Bendis, Samnee, Pichelli y Marquez comic superheroes marvel
El caso es que años después alguien decide llevar esa idea hasta sus últimas consecuencias y convierte a un preadolescente chicano en el nuevo Spiderman. Pues muy bien. Bendis firma el guión, lo cual suele ser una garantía. No decepciona, plantea un inteligente juego de opuestos entre las dos figuras paternas del protagonista, el tío enrollado pero malvado, y el padre aburrido pero bueno. Asumiendo que nos vamos a enfrentar a una variante del relato original, el guionista sale bastante bien parado. Tan solo se me ocurre una pega. Hace unas semanas tuve ocasión de repasar algunos de los westerns clásicos de Anthony Mann, con James Stewart de protagonista. Son narraciones muy puras y despojadas, donde graves dilemas morales se presentan bajo la forma de entretenidísimas aventuras. Uno de los aspectos que más llama la atención es el escaso peso de los diálogos, la presentación visual de conflictos y personajes, siempre a través de las acciones. Aunque en este Spiderman no faltan largas secuencias con golpisas y batacazos, los diálogos del joven protagonista con sus familiares lastran más de lo debido el desarrollo dramático. Aparte de eso, los grafismos van de un extremo a otro. Por un lado tenemos la fría perfección fotográfica de Sara Pichelli, narrativamente bastante plana. Y por el otro la simplicidad con toques cartoon de Chris Samme, al que cuento entre mis dibujantes actuales preferidos. Qué pena que no dibuje más episodios dentro del recopilatorio.

En fin, si esta nueva aproximación al héroe clásico les gusta, no duden en ir a ver la película de animación que ha inspirado. Y si no, vayan igualmente. Hablamos de un producto para adolescentes. El guión no ofende a la inteligencia y tiene pasajes muy divertidos. Aunque el verdadero festín viene con la parte visual. Consiguen un arrollador equilibrio de texturas, de los puntos de la cuatricromía barata propia de los comic-book, a las saturadas gamas de color de los grafitis, pasando por referencias a los más variados mundos animados y otras citas visuales, todo ello integrado en un todo convincente y embriagador. Hasta los créditos son una divertida locura.

El libro de arte sobre la película  El cómic

Hay varios aspectos que no me encajan con la memoria de Ditko.
El primero se refiere a los grafitis, que como he dicho inspiran una buena parte de la estética del film. Ditko opinaba que los grafiteros eran destructores, tipos que arruinaban el trabajo de otros, frente a los creadores, los que generaban material original.
Miles Morales el nuevo Spiderman de Bendis, Samnee, Pichelli y Marquez comic superheroes marvel
Dos, la figura del Spiderman en B/N, una clara referencia a los mundos pulp, pero también a la filosofía de Ditko. Como saben, abogaba por una razón sin grises, las cosas son o buenas o malas, no hay término medio. Ese Spiderman que se viste con la gabardina de otro de sus personajes, Question, es motivo de burla en el film. Le dan un cubo de Rubik y flipa ¡qué tonto! Obviamente delata la posición de los guionistas respecto a una filosofía personal que nunca intentaron comprender. Lo que les lleva al error conceptual más grave. Esa afirmación de que “todos podemos ser héroes”, si consiguiéramos los poderes de araña como le pasa al joven Miles Morales. En realidad eso contradice otra opinión muy difundida entre los actuales guionistas de cómic: la de que todo gran poder conlleva una gran corrupción. De nuevo, creo más a Ditko y su fe en los individuos. Algunos habrían usado bien esos poderes. Otros no. Es una decisión individual, nunca colectiva, universal.

Menudencias aparte, la peli de Spiderman es fascinante. Es uno de los productos visuales más excitantes que he visto en mucho tiempo. Y además con componente mallorquín. Martín Campos, que lleva años abriéndose camino en el difícil mundo de la animación, ha participado en esta producción. Puede sentirse bien orgulloso de su trabajo.

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viernes, 4 de enero de 2019

KILL OR BE KILLED de BRUBAKER y PHILLIPS

Panini, 2018.
128 páginas, 16 euros

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

De repente las librerías se han llenado con las obras completas del guionista Ed Brubaker y el dibujante Sean Phillips. Lujosos tomos llenos de impactantes dibujos y un sugerente color.



Todo tiene buen aspecto. El dibujo es sólido, lleno de sombras y con una apariencia casi fotográfica, muy noir. A mí el trabajo de Phillips me recuerda a Williamson (de quien se acaba de reeditar su imprescindible Agente X-9), con algo de Gray Morrow y del Bruce Jones dibujante, que también era muy deudor de las referencias fotográficas.

Notamos una narrativa de aire clásico y contenido, con una estructura de página que no evita ciertos atrevimientos compositivos. Y sus coloristas siempre son buenos y climáticos, redondean unos productos que dan ganar de comprar. Sin embargo, me resistí a adquirir los dos gruesos recopilatorios de Fatale. Recordaba haber leído algo de estos creadores, pero permanecía muy desdibujado en mi memoria. Y eso no suele ser una buena señal.



Finalmente me decidí por dos de los últimos tomos que les han publicado: Incógnito y Kill or be killed. Y entonces lo comprendí todo.

No supongan que estos dos autores son unos negados. Más bien todo lo contrario, se nota cómo se esfuerzan por ofrecer un producto de calidad.

En el caso del dibujo, Phillips es muy grande con las ambientaciones y la iluminación. Su escuela es tradicional y no conoce atajos, dibuja hasta la última sombra y la más pequeña arruga. El problema es que no supedita esos juegos lumínicos a la narración.

En Incógnito se acaba el comic sin que tengamos muy claro qué aspecto tiene el protagonista ya que el dibujo se empeña en representarlo siempre con sombras cruzándole la cara. Esto resulta muy irritante. Lleva el peso del relato y nos cuesta seguir a un tipo cuya apariencia no tenemos clara. En Kill or be killed pasa algo parecido. Phillips es impresionante en el entorno de los personajes, pero frío en las actuaciones de sus héroes, lo que como lector me saca de lo narrado.

Sumen a ello los guiones de Brubaker. Como en la parte gráfica, no puede decirse que sean malos. Al contrario, plantean situaciones interesantes, hay juegos con los tiempos, profundas reflexiones sobre la naturaleza del bien y el mal, relaciones adultas entre hombres y mujeres… Todo es tan clásico y bien construido como el dibujo. Deberíamos sentirnos como si paseáramos de la mano de Humphrey Bogart o James Cagney. Pero no es así.

En Incógnito se nota más. Se nota la tesis, la voluntad de establecer un discurso sobre los grises, contra la idea de la pureza del bien o del mal, la misma murga que muchos guionistas (sobre todo ingleses) nos llevan dando desde Watchmen. Lo siento, pero ya me lo sé. Los buenos no son tan buenos como aparentan, tampoco los malos, etc. En Kill or be killed creo que consigue diluir su cháchara en una aventura más interesante, también con un dibujo mejor y una estructura de plancha llamativa. Con todo, vuelvo a tener la misma sensación que con el dibujo: noto el esfuerzo, la voluntad de hacerlo bien para que tenga buen aspecto. Nada que objetar, esa debería de ser la voluntad de todo artista. Pero, como añadiría Degas, “lo más importante es que luego esa dificultad no se note”.

En resumen, los productos de la pareja Brubaker-Phillips me parecen dignos y bien fabricados. Pero yo tardaré bastante en comprarme otro de sus libros. Me resultan previsibles y sin ritmo, faltos de énfasis y con personajes poco humanos, construcciones intelectuales carentes de emoción y vida.




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viernes, 28 de diciembre de 2018

BELLEZA de HUBERT y KERACOET COMIC

Belleza de Kerascoet y Hubert comic fábula hadas
Astiberri, 2018.
162 páginas, 25 euros


LA MIRADA DE LOS OTROS


No deberían de dejar escapar esta extraña obra. Es una fábula para adultos servida con un dibujo casi infantil de engañosa apariencia, que revela crueles verdades sobre la naturaleza voraz del deseo.


Como todo buen cuento empieza con una enseñanza. Hedionda, una pescadera que está harta de ser maltratada por su fealdad, solicita a un hada que la vuelva hermosa. Su petición es concedida de manera paradójica: no adquiere belleza pero sí resulta increíblemente guapa a los ojos de los demás. Esto provoca una innumerable sucesión de problemas. El deseo es contagioso e incendiario. Pronto la desvalida protagonista debe abandonar su casa para refugiarse en los brazos de quien puede protegerla, su señor feudal.

Pero el guión no abandona las sendas clásicas así que Hedionda no se vuelve sabia con la misma rapidez con la que ha conseguido su peligroso atractivo. Muy al contrario, su nuevo poder dispara los peores aspectos de su personalidad. Se comporta de forma mezquina y arrogante y pronto el noble es poco para ella. Salta a la corte donde por un lado los problemas se multiplican y por el otro conocemos a nuevos personajes, entre quienes destaca la hermana del rey. Es la única que parece tener algo de sensatez entre un océano de imbéciles. Pero nadie le hace caso, no es bonita y no está interesada en los hombres.

Belleza de Kerascoet y Hubert comic fábula hadas
A pesar de toda la atención que despierta, Hedionda no es feliz. Tampoco quienes la rodean. El rey enferma de celos, cuando tiene un niño sospecha que no es suyo, inflamado por el deseo otro monarca le declara la guerra… En fin, que la hermosura acaba siendo un auténtico imán para un cúmulo de desgracias que se suceden a un ritmo trepidante. Curiosamente, una de las víctimas de ese amor no correspondido, el primer noble que acoge a Hedionda, recorre su propio camino de mejora y maduración, que acaba llevándole a establecer una relación con la intrépida y lista hermana del rey.

Pero salvo esta excepción el libro plantea una crítica radical hacia la belleza y la fascinación que provoca. Nada bueno puede salir de esa absoluta adoración que despierta un personaje vacío cuyo única (y aparente) virtud es su atractivo exterior. Pero el argumento no se detiene en reflexiones pedagógicas.

Notamos que esa guapura superficial es peligrosa y dañina mientras suceden un montón de cosas, sin descanso. Hay celos, asesinatos, guerras, nacimientos, envidias y risas. Y hasta se nos cuenta una historia sobre las hadas y sus trifulcas. La narración no ofrece un descanso al lector, que agradece la voluntad épica de un divertimento que sin perder su ligereza consigue construir todo un elenco de personajes muy convincente.



Sumen a esto un dibujo, firmado por una pareja de artistas, de lo más agradable. Su sencillez es engañosa. Sacan un excelente partido de la segunda tinta plana, como puede apreciarse sobre todo en algunos paisajes. Los personajes, que son muchos, se distinguen con facilidad. Resuelven con limpieza los constantes saltos de la fealdad real de Hedionda a la imagen que los demás tienen de ella. La ambientación es sólida y discreta, pasamos de los pueblos más miserables a magníficos palacios con naturalidad. En fin, todo es expresivo y bonito y no se puede pedir más de la parte gráfica.

No es un tebeo para niños. Es una parábola pensada para lectores adultos que puedan disfrutar con las reacciones y contradicciones que la maldición de la belleza provoca.




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viernes, 21 de diciembre de 2018

EL PRÍNCIPE Y LA MODISTA de JEN WANG

"El príncipe y la modista" de Jen Wang, comic editado por Sapristi
Sapristi, 2018.
284 páginas, 17,90 euros


PRÍNCIPE Y PRINCESA


Jen Wang, dibujante afincada en Los Angeles, firma un cuento con grafismo de película de Disney pero que esconde tras sus amables acabados uno de los guiones más brillantes que he leído en mucho tiempo.


Todo es sorprendente en esta novela gráfica. Empezando por el dibujo, que es tan encantador como expresivo. Las fuentes clásicas de las que bebe saltan a la vista, con citas no solo al mundo de la animación sino a los grafismos de ese fin de siglo en el que transcurre la acción. Pero al mismo tiempo se nota que han sido asimiladas e integradas en un estilo propio, personal y muy efectivo en el que destacan una perfecta línea de contorno y un color cálido y embriagador. Sumen a eso una narrativa arrolladora y una estructura de página abierta y cambiante.

Todo es luminoso y bonito, cada centímetro está resuelto con primor y dedicación, sin perder frescura y sin que nada en el delicioso dibujo estorbe a la narración. Pero si la parte gráfica no defrauda las expectativas creadas al hojear el volumen, las verdaderas sorpresas se encuentran en el terreno argumental.
La dulce carcasa esconde profundidades insospechadas, un cuento de hadas moderno, adulto y que pone en el centro de lo narrado la movediza identidad sexual de los protagonistas. Sumen a eso una segunda línea de interés de carácter aparentemente más tradicional: la historia del desclasamiento, del ascenso social de la modista del título. Pero incluso a eso Jen Wang sabe cómo darle la vuelta.


"El príncipe y la modista" de Jen Wang, comic editado por Sapristi
El título nos remite al clásico de la Monroe, “El príncipe y la corista”, aunque en realidad quizás tenga más que ver con “Príncipe y mendigo”. O con ninguno de los dos.

Como fuera, la autora desvela pronto sus intenciones. Se nos cuenta la historia de Frances, una modistilla a la que se brinda la oportunidad de salir del taller donde es explotada, para ir a crear modelos para un misterioso cliente. Ella cree que va a trabajar para una princesa cuando descubre que en realidad se trata de un príncipe.

A partir de esa primera sorpresa descubrimos que el relato no cede a la tentación de la farsa o de la reivindicación sexual. El protagonista no es exactamente un gay, tan solo le gusta travestirse de vez en cuando. Pero por supuesto eso resulta inaceptable para un miembro de la familia real. Si la figura del príncipe Sebastian está llena de matices, no todos divertidos, Wang se preocupa por no descuidar a su modista.
Nos mostrará no solo su crecimiento profesional y creativo, también sentimental y emocional. No se detiene solo en las tradicionales barreras de clase sino también en las aspiraciones creativas de Frances, que ella misma debe descubrir, y en la compleja psicología del príncipe, que es al tiempo hombre y mujer, lo que dificulta un posible acercamiento afectivo.

A pesar de su ambiente decimonónico, esta novela gráfica es rematadamente moderna. Como en el Moulin Rouge de Baz Luhrmann, el París de Lautrec y Riviere se emplea como telón de fondo de preocupaciones más actuales.

Frente a una sociedad donde los roles sexuales se remarcan hasta la saturación visual, la obra reflexiona sobre el papel de la ropa a la hora de definirnos, cómo nuestras elecciones determinan la mirada de los otros. Y cómo es posible jugar con esos roles, casi a voluntad. Es muy complicado el tono que se mantiene a lo largo de toda la narración, oscilando entre la comedia sentimental y el más puro drama. Hay que ser realmente bueno para manipular materiales tan delicados sin bajar el listón ni perder la atención del lector.

Es un verdadero festín que no deberían perderse.

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viernes, 14 de diciembre de 2018

TOM WOLFE - EL REINO DEL LENGUAJE - RIP

Tom Wolfe El periodismo canalla y otros artículos - RIP obras

EL TRAJE INVISIBLE DEL REY

Las noticias que llegaban sobre el último libro de Wolfe eran alarmantes. Que si negaba la Teoría de la evolución y abrazaba el creacionismo, que si se atrevía a criticar a Chomsky… 

Ahora que se ha traducido comprobamos la buena forma que el autor mantuvo hasta el fin de sus días.


Sus libros se presentaban con portadas de grafismos suaves en la onda de Milton Glaser, eran tan “pop” como sus temas: hippies, movimientos alternativos, surf, tuneo de coches, panteras negras...
Glosó las vidas de gurús y abanderados como Kesey, McLuhan o Hall. Siempre estuvo a la última. Sus libros sobre arte moderno o arquitectura contemporánea ofrecían la mirada del no especialista, lo que muchos pensaban pero nadie osaba poner por escrito. Él sí.

Tom Wolfe - Lo que hay que tener - Editorial anagrama  rip
Sus ensayos no brindaban excusas intelectuales para abandonarse al desenfreno juvenil y las actividades antisistema. Al contrario: nos golpeaba con sentido común poniéndonos en guardia contra la pedantería y la pretenciosidad. Admiraba a los que hacían algo, ya fuera reformar su coche o diseñar hoteles de lujo. Y despreciaba a los que se tiraban el rollo, a quienes pretendían imponer su voz, ocultando apenas su voluntad despótica.

El alegato siempre venía servido con humor. Podía denunciar los excesos de los Panteras Negras, pero lo hacía en el contexto de una cena de alta sociedad, con Preminger discutiendo con los musulmanes negros sus planes para aniquilar a los judíos. El Wolfe periodista era arrollador, sin término medio: a un lado los hacedores, los héroes que conforman nuestra realidad, al otro los farsantes, necios cargados de indignación moral.

La hoguera de las vanidades - Tom Wolfe - Editorial Anagrama - RIP escritorTodos estos asuntos saltaron con naturalidad a sus cuatro novelas. La primera contó con una adaptación al cine, “La hoguera de las vanidades”. Aunque al escritor no le interesó la película afirmó que solo el cine seguía intentando explicar el mundo que nos rodea.

Si la literatura había dejado de atraer a las masas era porque se había vuelto autocomplaciente, prescindiendo de la investigación y la ardua documentación necesarias para construir obras a la altura de Zola o Balzac. No era su caso. Su conocimiento profundo de los temas que abordaba le permitió dibujar escenarios trufados de intereses contrapuestos, con tribus que anidaban en barrios e instituciones, debatiéndose por afianzar su poder.

Sus libros están llenos de gente que triunfaba de una forma u otra (“¡Soy el máster del universo!”). Fuertes o listos o guapos o ricos o lo que sea. Luego podían caer y pasar las de Caín, pero sus descripciones de cómo los vencedores, los triunfadores, veían el mundo eran embriagadoras.

Al lado de esos pequeños césares se situaba todo el trapicheo y la corrupción de las calles, esos “bancos de favores”, esas mafias que se instalaban en la policía, los juzgados o el mundo del arte. No miraba los asuntos desde las alturas sino desde dentro, borracho de información y detalles. Como periodista, le costaba dar por terminadas sus historias. Sus novelas seguían y seguían y no parecían acabar jamás. Carecían de un final a la altura de lo narrado.

La misma sensación producía Todo un hombre”, su segunda novela. En ella destacaban dos pasajes de nuevo espléndidamente periodísticos: el del refrigerador y el de la cárcel, con su secuencia nocturna llena de gemidos y poluciones, tan sórdida como fascinante.

       

Tom Wolfe Charlotte Simmons - novela RIP
Sus problemas con los finales se mitigaron en Soy Charlotte Simmons”, ambientada en la universidad. Un alegato salvaje contra la corrección política y otras memeces académicas. Atención al recorrido vital de la virginal protagonista y al incierto héroe que acababa siendo su novio.

Con Wolfe las cosas nunca eran del todo como parecían. “Bloody Miami”, por último, era una lúcida descripción de las guerras raciales en Miami, con cubanos, afroamericanos y haitianos luchando por imponer sus puntos de vista frente al retroceso de los anglos. Por el camino aprovechaba para hablar de pornografía y disparar algunos tiros contra los expertos en arte moderno. Era un trabajo dinámico y divertido. Sus personajes no solo ambicionaban poder o dinero, también recompensas sexuales.

Siempre atento a la realidad, podía ver las señales sexuales que se encendían a su alrededor, cada vez con mayor descaro. Y así aparecían en sus novelas, entre onomatopeyas y letras de rap. Hasta se inventó una página web: withonehand.com.

Tom Wolfe El reino del lenguaje, edita Anagrama  obituario obras182 páginas, 17 euros
Anagrama, 2018.

Su ensayo “El reino del lenguaje, lo devolvió al centro de la polémica. Empezaba con la teoría de la evolución, criticando la voluntad de muchos científicos, incluyendo al propio Darwin, de convertirla en una Teoría del Todo. Afirmaba que si muchos fenómenos podían explicarse en el ámbito de la evolución, otros no.

Luego llegaba el turno de Chomsky, que consideraba el lenguaje como una manifestación más de la evolución. Para discutir este punto Wolfe se apoyaba en los descubrimientos de Daniel L. Everett, un lingüista que se había pasado años en la selva estudiando una oscura lengua, el pirahá. No desvelaré toda la historia, que es apasionante, pero los pasajes que como lector se disfrutan más son aquellos en los que se enumeran las andanzas del investigador en la selva amazónica, luchando con arañas, serpientes y los propios nativos, con su mujer al borde de la muerte por unas fiebres, frente a la cómoda vida de Chomsky. Uno está con los pies hundidos en el barro, el otro en las moquetas universitarias. Ya pueden suponer de parte de quién está el autor.

Lo que nos describe es un mundo académico dominado por una casta que no permite discrepancias y que hará todo lo posible por arruinar la carrera de Everett, llegando a acusarlo de “racismo”. La parte en que invitan a Chomsky a que viaje a la selva para comprobar cómo es en realidad una comuna anarquista es tronchante.

Se estará o no de acuerdo con sus conclusiones sobre el lenguaje y la mnemotécnica, pero no se puede dejar de disfrutar con su ironía y su capacidad para desvelar las mentiras de los poderosos. Muerto Wolfe, ¿quién gritará ahora “¡el rey está desnudo!”?

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viernes, 7 de diciembre de 2018

REY CARBÓN de MAX

Rey Carbón de Max, Ediciones La Cúpula
Ediciones La Cúpula, 2018.
160 páginas, 16,90 euros


¡SOY MINERO!


Nueva entrega de Max, en la línea de sus últimas obras. En este caso la excusa para sus devaneos gráficos es un viejo cuento griego sobre el origen de la pintura.


Me llama la atención que haya coincidido en su título con el elegido por un creador que se encuentra en sus antípodas. Mark Schultz llevaba años publicando recopilatorios con sus pulidos dibujos en Flesk bajo el prosaico rótulo de “Dibujos varios”. Cuando llegó al quinto volumen decidió cambiar y optó por “Carbón”.

Lo explicaba recordando que era el elemento que formaba parte de muchas de sus herramientas, tinta, lápiz, carboncillo… Si es negro, seguramente llevará carbón.

Carbon Mark Schultz - Flesk
Además, es el componente clave de la vida sobre la tierra, lo que lo mantiene todo unido ¡Y además es un nombre muy chulo! El material que Schultz agrupa en “Carbon” no podría ser más lejano al que encontramos en el “Rey Carbón” de Max. El primero es clásico y realista, el segundo poético y despojado.

Uno nos transporta a los mundos de la aventura y los grandes relatos, el otro a un desierto helado donde reina el ascetismo y el dibujo se conforma con ser, sin necesidad de contar. Curiosamente ambos fabrican esos universos tan enfrentados con materiales similares: el grafito, la tinta y sus huellas sobre el papel.

El cuento que Max emplea en el centro de su obra ha sido comentado y citado por numerosos autores, es una de las fábulas más populares sobre el inicio del arte. En una publicación denominada Comercial de la pintura el brillante Ángel González (el poeta no, el otro) le dedicaba un artículo titulado “A propósito de algunos cuentos sobre pintura entre los antiguos” (1984). En él pasaba revista no solo a la versión de la que parte Max sino a cuentos similares y hasta a atribuciones diversas de la misma historia.

El rey carbón de Max, Ediciones La Cúpula - comic
Se consideraba que aquella despedida entre los amantes era el origen no del dibujo sino de la cerámica. Y que lo que había hecho ella era modelar a su amor en lugar de trazar su retrato sobre la pared. González también citaba una de las interpretaciones más famosas de un cuento similar, el de las tres líneas a cargo de Gombrich. Como saben esa historia se consideraba una alusión a la destreza, al virtuosismo, hasta que el historiador del arte lo relacionó con los secretos de los pintores para crear la ilusión de volumen. Tendríamos la sombra, la zona de luz y la tercera línea sería el brillo, la parte cegadora. Luego González pasaba a reflexionar sobre el concepto y el trazo, la línea y el diseño y todos esos matices que suelen manejarse en el mundo del dibujo. Concluía con un apunte sobre la luz y la sombra aplicado a la moralidad. La línea correcta separaría lo bueno de lo malo. Zip!

Hay algo de todo eso en el “Rey Carbón”. Vuelve a aparecer la urraca que ha acompañado los últimos trabajos del dibujante, una especie de yeti blanco y narigudo y otro personaje negro. La línea se estiliza hasta la perfección en los contornos y se duplica con insistencia en tramas muy regulares. Hacia el final ya nada queda del argumento.

El autor se deja ir y los rallados invaden las planchas sin intención narrativa alguna, tan solo dibujos hablando con dibujos. Hay una transformación en la que se nos recuerda la importante presencia del carbón en las modernas revoluciones industriales, pero al fin y al cabo todo son trazos en la pared, parece decir Max. Creo que tras muchos años transitando los mundos del cómic y la ilustración el autor ha decidido que lo que le gusta es acumular dibujos. Si luego esos conjuntos de imágenes fascinantes acaban construyendo una narración coherente bien. Y si no, también.



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viernes, 30 de noviembre de 2018

STAN LEE, MUERTE DE UN VENDEDOR - RIP

Amazing fantastic incredible Stan Lee RIP

El pasado 12 de noviembre fallecía Stan Lee, una de las personalidades más populares de la industria del comic. También una de las más controvertidas.

Cuando se hablaba con creadores que lo habían tratado, las respuestas eran habitualmente extremas. O lo adoraban o lo detestaban. Como se sabe, antes de ser reconocido por aparecer unos segundos en todas las películas del Universo Marvel y en series como The Big Bang Theory, aquel señor tan simpático de gafas oscuras y bigotillo había dirigido una editorial. Allí creó a muchos de los superhéroes que ahora pueblan las salas de cine. A finales de los setenta se trasladó de Nueva York a Los Ángeles con la convicción de que sus personajes tenían un futuro prometedor en el mundo del celuloide.


Su biografía oficial plantea una extraña paradoja. Tras entrar como chico para todo en Marvel-Timely, Lee fue escalando puestos como guionista y acabó convertido en director editorial. El interés por los superhéroes, populares años atrás, se había desplazado hacia otros géneros, del terror a los crímenes o el western.

La industria todavía estaba intentando recuperarse del mazazo que había supuesto la instauración a mediados de los cincuenta del Comics Code. Lee y el equipo de creadores que participaban en la editorial experimentaron todas las fórmulas posibles, intentando dar con algo para recuperar a un público cada vez más enganchado a la televisión. Jack Kirby, que había creado al Capitán América con anterioridad, firmó con Lee el primer episodio de la serie que abriría las puertas a toda una nueva era: Los Cuatro Fantásticos.

Comic Stan Lee Comic DEP
Al principio no se diferenciaban mucho de otras historias de monstruos que habían facturado aquellos años. Pero los lectores lo convirtieron en un rotundo éxito. Sobre todo por algo que luego se convirtió en un tópico: la idea de “héroes con pies de barro”. Lee hizo de esa premisa su slogan. Los héroes de Marvel no serían aquellos semidioses de la competencia, con Superman a la cabeza. Al contrario, tendrían debilidades y contradicciones, permitiendo que los lectores se identificasen con ellos. Al menos en teoría.

Es en este punto donde los relatos dejan de coincidir. La tremenda popularidad que Lee consiguió obedece a su carisma personal, a la simpatía con que trataba a cualquiera que estuviera interesado en su obra. Casi desde el principio entendió el poder de los fans y los mimó, viajando a convenciones y universidades y siempre trató de prestigiar y popularizar el medio en el que trabajaba. Entre sus colaboradores suscitó no pocas simpatías.

Roy Thomas, que se hizo cargo de los guiones de algunas de sus series, se refería a él como una persona con una gran intuición que resolvía problemas creativos con golpes de genio. Cuando Thomas lanzó la colección de Conan, que acabaría siendo uno de los grandes éxitos de la editorial, descubrió que los primeros números no vendían lo esperado. Se lo comentó a Lee que le respondió: “Quita los animales de las portadas”. Así lo hicieron y milagrosamente las ventas se dispararon.

Son muchos los dibujantes que explican cómo Lee les dio su primera oportunidad y lo mucho que le deben. Prácticamente fue él quien levantó la actual amalgama de cine y viñetas, nadie más supuso que aquellas historias con tipos con los calzoncillos por fuera pudieran funcionar. Él sí. Creyó en su producto y sobrevivió a todos los proyectos abortados sin perder la cabeza en Hollywood.

Si sus capacidades como vendedor son innegables, la cosa se complica cuando descendemos a los terrenos creativos. Hay un dato innegable: después de parir ese universo superheróico Lee apenas hizo nada más. Participó en muchas series pero resulta difícil recordar ninguno de sus guiones. Cuando se publicó su biografía en viñetas daba la sensación de que su principal ocupación en los últimos treinta años era… ¡ser reconocido! Presume de haberle dado la mano a Clinton, a Bush, a Spielberg… Pero en realidad ¿dónde están esas grandes historias escritas por él?


Stan Lee Comics Journal
Para algunos creadores era el mal absoluto, la perfecta representación de todos los editores aprovechados, vampiros de ideas ajenas que sin hacer nada acaparaban derechos y pasta. La expresión más directa de esta idea la ofreció Dan Clowes en “Pussey!”, que parodiaba con dureza la relación entre Kirby y Lee. Kirby se largó de Marvel harto de que sus creaciones no fueran suyas sino propiedad de la compañía. Lo mismo hizo Wood y por supuesto Ditko. Buscema contó cómo eran los guiones de Lee, apenas unas frases alrededor de las cuales los dibujantes debían construir todo un conjunto de páginas a las que luego se añadían los diálogos. No olvidaré el énfasis con que repetía “¡Quince minutos! En quince minutos me soltaba de qué iba la historia y yo me las tenía que apañar ¿Cómo voy a respetar eso?”.

En junio de este año moría Ditko. Lee, conocido como “padre de Spider-Man” se aseguró de incluir en su biografía una plancha de la primera historia del personaje, con su popular traje de telarañas. Pero en realidad nadie ha visto aquellas páginas desde que Kirby las dibujó. Lee repitió que no le gustó aquella versión, que quería un Spider-Man más humano y que por eso se lo pasó a Ditko. En realidad se suponía que lo iba a entintar. Pero antes le comentó a Lee que aquello se parecía mucho a The Fly. Así que aquella versión no se publicó y fue entonces cuando el encargo cambió de manos. Ditko inventó el uniforme actual, que no estaba en las páginas de Kirby. Y añadió otros elementos arácnidos. Escribió y dibujó la serie solo durante años, algo que el propio Lee reconoció en una entrevista.

Supongo que la controversia continuará. Lee fue una figura necesaria, que jugó un papel importante atrayendo a masas de lectores hacia el comic, un genio de la autopromoción que sin duda utilizó y explotó a algunos de sus colaboradores, firmando trabajos en los que apenas había intervenido. Al final tendremos que leer Hulk como un autorretrato: tras la fachada del tímido hombrecillo con gafas se escondía una fuerza destructiva de color verde. Échenle la culpa a los rayos gamma.

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