viernes, 6 de marzo de 2020

HARLEY Y HIEDRA DE DINI Y TIMM

DOS BUENAS AMIGAS

El estreno de la película dedicada a Harley Quinn ha propiciado un pequeño boom. A la serie de animación sobre la (ex) novia del Joker se suman varios comics, tanto nuevos como reeditados.



HARLEEN, Libro 1 de Stjepan Sejic comic harley Quinn
Harleen. Libro Uno
Stjepan Sejic
ECC. España, 2020.

de A priori el más interesante debería de ser el que viene firmado por Stjepan Sejic, conocido sobre todo por su serie “Sunstone”.
Si en aquella fantasía sado-maso encontraba un delicado equilibrio entre la monería y la brutalidad y su encantador dibujo suavizaba las aristas de un relato protagonizado por pavas aficionadas al látigo y el cuero, aquí no acaba de dar con el tono adecuado.

Construye una especie de “Harley Quinn Año 1”, donde se nos narran los antecedentes de la psicóloga chiflada. Pero todo resulta redundante y pretencioso y acabamos hartos de personajes encantadores y sonrisas monas. Falla en las escenas de acción, que se quedan en cromos muy poco dinámicos, se le encasquillan las actuaciones de los personajes, teatrales y poco convincentes, y no acierta con el Joker, a quien retrata como una especie de estrella del rock, un señor Grey no exento de atractivo. Demasiadas páginas para contar más bien nada. Y además, es solo el primer episodio.


BATMAN, HARLEY Y HIEDRA de Paul Dini y Bruce Timm edita ECC
Paul Dini & Bruce Timm.
Harley y Hiedra
ECC. España, 2018.
136 páginas, 15,95 euros.

Mucho más afortunada es la reedición de “Harley y Hiedra”. Conecta con la última versión del personaje, que se ha librado del pesado de su ex, el Joker, e intenta vivir su propia vida acompañada por su mejor amiga, Hiedra Venenosa. Esta última, compañera en el crimen y con la que comparte piso, no oculta en la serie de animación unos sentimientos de los que Harley parece no percatarse nunca.
La cuestión es que el volumen incluye tres historias, la última de las cuales firma Joe Chiodo y es preferible olvidar.
La primera es un divertimento de Ronnie del Carmen, simpática, muy bien dibujada y de narrativa chispeante. Por supuesto lo mejor corre a cargo de los creadores originales de Harley. Si en su momento el comic de presentación, “Mad Love”, constituyó una auténtica cumbre de lectura obligada y revisión más que recomendable, Paul Dini y Bruce Timm vuelven a demostrar que son los que mejor entienden al personaje y su volátil psicología. Harley es una chiflada pero también un arlequín, una payasa, y en ningún momento debería de abandonar su tono desenfadado, siempre tan atolondrada como chispeante.

En una clásica estructura en tres actos se nos cuenta en primer lugar la entrada y fuga de la cárcel. En el nudo las chicas se trasladan a las selvas amazónicas en busca de una misteriosa planta. Ya de vuelta a casa se detienen en Hollywood donde deciden rodar una enloquecida película. Finalmente Batman pone a todo el mundo en su sitio y las chicas vuelven al trullo, más o menos. Por el camino se nos brindan algunas pinceladas sobre la imposible relación entre esas dos amigas tan diferentes y las viñetas se saturan de chistes que en ocasiones recuerdan los tiempos más gloriosos de Mad.

El increíble dibujo de Timm asegura un ritmo trepidante y las dosis justas de humor y sensualidad. Él y Dini tienen el secreto de una fórmula que parece fácil de imitar pero que nadie asimila (y desarrolla) tan bien como ellos. Hay apuntes ecológicos y cierta burla de las costumbres de la meca del cine. Pero sobre todo lo que cuenta es la sucesión de hechos, el encadenado de secuencias y bromas hasta la traca final. Un cómic sin pretensiones, maravillosamente dibujado y que no deberían perderse.










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viernes, 28 de febrero de 2020

KICK-ASS LA CHICA NUEVA DE MILLAR Y ROMITA JR.

KICK ASS: LA CHICA NUEVA Libro primero de Mark Millar y John Romita Jr.
Evolution-Panini. España, 2019.
160 páginas, 18 euros.


"TENÉIS QUE APRENDER..."
Tras las adaptaciones cinematográficas y varias secuelas, la saga de Millar y Romita Jr.  no parecía capaz de ofrecer nuevas alegrías. Sin embargo, esta última entrega resulta tan sorprendente como satisfactoria.


Primero un apunte para el buen estado de forma de Romita Jr. No lo tenía fácil. Su padre es una figura legendaria, un dibujante sólido al que asociamos con una de las etapas más brillantes de Spider-Man. A su lado el hijo siempre parecía más estilizado y blandito. Pero ha hecho de ese rasgo virtud, se ha concentrado en los personajes y sus emociones y con cada nuevo trabajo nos deslumbra. Resulta muy convincente y apropiado para el “Superman Año I” que está facturando con Miller. Y no se me ocurre un artista mejor para este nuevo “Quick-Ass”. Porque Romita Jr. es muy eficaz en las escenas de acción, que suele despachar en espectaculares y enormes viñetas, pero también expresa muy bien la poética, los sentimientos de sus actores. Y eso, en guiones como los del dúo Miller-Millar, es crucial.


Respecto al argumento lo más destacable es su protagonista. Millar abandona a Peter Parker y a todos los quinceañeros bienintencionados que aquel representa y desplaza su concepto hacia territorios muy diferentes. El “Quick-Ass” original partía de una idea muy simple: todos podemos ser héroes. Es una cuestión de convicciones y disciplina. Hay que tener la voluntad necesaria para enfrentarse al mal. En este caso la heroína es una suerte de “Teniente O’Neill” que cuando regresa de pelear en Oriente Medio descubre que su maridito artista la ha dejado colgada.

KICK ASS: LA CHICA NUEVA Libro primero de Mark Millar y John Romita Jr.Sus planes de volver a la universidad deben aplazarse ante la necesidad de encontrar un trabajo con el que alimentar a sus hijos. Esas primeras secuencias que sitúan los sucesos que se desarrollarán a continuación son especialmente eficaces. Millar describe a una auténtica heroína de clase trabajadora, esa veterana que ha de adaptarse a una nueva situación que para nada encaja con lo que tenía planeado. Se nos brinda una descripción muy objetiva de la vida de algunos ciudadanos no demasiado afortunados, al tiempo que se nos recuerda la escasa atención que los políticos prestan a sus problemas. Millar aprovecha para criticar a Trump, a quien retrata como la solución desesperada que buscan muchos de esos desgraciados abandonados por el sistema.

La protagonista de este nuevo “Quick-Ass” no es la Capitana Marvel, pero al final consigue ser una super-heroína mucho más empoderada que todas las pavas glamurosas que hemos visto desfilar últimamente por tebeos y salas de cine. Decide que los malos amasan mucha pasta y que ella tiene las habilidades necesarias para conseguir ese dinero. Se pelea con unos cuantos mafiosos y reparte sus ganancias entre los más necesitados, empezando por ella y su familia. Luego la cosa se complica cuando su cuñado, que trabaja para el jefe de una banda, está a punto de descubrirla. No quiero desvelarles mucho más. Tan solo apuntar que todo en el relato de Millar es emocionante, en un crescendo de violencia y acción sucia y trepidante que culmina en un final satisfactorio y que nos deja con ganas de más. Se presta especial atención a algunos problemas como el “ahí-te-quedas” o el maltrato, que queda reflejado en uno de los pasajes más intensos del álbum.

No es solo que esté bien escrito, es que se disfruta de principio a fin y además los malos reciben su merecido. ¿Qué más se puede pedir? ¡No se lo pierdan!







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viernes, 21 de febrero de 2020

WALLY WOOD EN MAD - GRANDES GENIOS DEL HUMOR

Wally Wood en Mad. Grandes Genios del humor, vol. 1, edita ECC
Mad. Grandes genios del humor. Vol. I
ECC Ediciones. España, 2017.
77 páginas, 9,95 euros.


En 2015 se publicó en USA un recopilatorio con las historietas de Wood para los primeros 23 números de “Mad”. Dos años después se tradujo aquí, disminuyendo innecesariamente el formato original y recortando el contenido. Se suponía que un segundo volumen, que no llegó a aparecer, incluiría el material restante.


Kurtzman (director de la publicación) y Wood nunca se llevaron muy bien. Habían colaborado en series bélicas y a Wood le irritaba la voluntad de controlarlo todo del editor-guionista. Él prefería trabajar a su aire y Kurtzman en cambio acostumbraba a no dejar nada al azar, facturando innumerables apuntes y bocetos que sus dibujantes debían seguir sin desviarse.

Para Wood Mad” constituía un nuevo desafío ya que se había especializado en un estilo más realista. Toda la plasticidad heredada de Eisner salió a la superficie, exageró el carácter caricaturesco de las caras y poco más. Su entintado, su volumétrica iluminación y su amor por los detalles permanecieron, al servició del humor. Aunque se ha insistido en su capacidad para cambiar de una clave seria a otra humorística, conviene recordar que no fue el único.

Le acompañaron los mismos tipos que, como él, firmaban sólidas historias de guerra en los otros títulos de Kurtzman. Severin y Elder sobre todo, también Jack Davis. Así como este último apenas disimulaba su inclinación hacia la distorsión más expresiva, a los dos primeros no se les notaba tanto. El dibujo de Severin era más estructuralmente serio y él también saltó al humor sin problemas. Costaría más imaginar a Al Williamson cambiando de registro. Pero Frazetta lo hacía sin pestañear. Como muchos dibujantes clásicos han afirmado, si se domina el dibujo realista, el giro hacia el humor no es tan complicado. El camino inverso, de la distorsión al realismo, parece más difícil. No se trata de quitarle méritos a Wood, solo situarlo en el contexto en el que su transformación cómica tuvo lugar.



Wally Wood en Mad. Grandes Genios del humor, vol. 1, edita ECC  comic
En los primeros números en color no había muchas sorpresas. Los guiones contenían historias similares a las que el dibujante facturaba para las revistas de ciencia-ficción, con un enfoque humorístico: “Blobs!” (“¡Masas informes!”) en el nº 1 (1952) y “Gookum!” (“¡Babamoco!”) en el 2 (1952). Luego parodiaron el horror en “V-Vampires!” en el 3 (1953) y a partir de ahí dio comienzo una larga serie dedicada a los más populares personajes de comic. Se abordaban asuntos que podían interesar a los jóvenes lectores, ya fueran películas, música o comics. Cualquier nicho cultural medianamente popular servía. Wood se especializó en satirizar otros tebeos y en la adaptación humorística de películas de éxito como “The Wild One” (1953), convertida en “Wild 1/2” en el nº 15 (1954) o “On the Waterfront” que en el 21 (1955) se transformó en la divertida e histérica “Under The Waterfront!”. Las convenciones narrativas fueron puestas a prueba: en “Julius Caesar!” en el 17 (1954) se interpelaba directamente al lector, en “3-Dimensions” en el 12 (1954) se “rompía” la página destruyendo las viñetas como espacio verosímil y en la antológica “Sound effects!” en el 20 (1955) las onomatopeyas alcanzaban el límite de sus posibilidades.

Cuando Kurtzman decidió largarse para fundar su propia revista, Wood se negó a acompañarlo. No estaba dispuesto a trabajar en exclusiva ni para él ni para nadie. “Mad” acabaría siendo la publicación en la que duró más tiempo. Cuando se transformó en un magazine en B/N todo cambió. Wood dejó las viñetas de lado y realizó espectaculares ilustraciones con las técnicas y los formatos más variados: lavados a la acuarela, papel dobletono, tramas adhesivas... Como el Comics Code había destrozado a las publicaciones de comics, el dibujante consiguió encargos para la revista de Ciencia-ficción “Galaxy” y también para otras editoriales. Así que a finales de los 50 pasó a trabajar casi en exclusiva como ilustrador.

De esa etapa normalmente se insiste en sus imágenes más elaboradas, composiciones con cientos de personajes, complejas perspectivas y cuidada realización. Los ejemplos son tan numerosos como apabullantes: “The New, Improved, Rotten Circus” en el nº 41 (1958), “Alfred E. Neuman’s Family Tree” en el 44 (1959) o “Museum of Madison Avenue” en el 70 (1962), entre otros. Pero, dejando aparte el sudor y las lágrimas, Wood también ofreció en “Mad” su cara más delicada, su faceta más artística y seductora. No olvidemos quién le acompañaba. Su competencia era feroz y debió de constituir un acicate para alguien tan competitivo como él. Muchas de sus piezas fueron de una calidad extraordinaria, comparable a la de los mejores ilustradores de los cincuenta.

La lista de obras interesantes sería muy extensa pero se pueden citar: “MAD’s Up-To-Date Version of The Night Before Christmas” en el nº 52 (1960), “New Movie Monsters From Madison Avenue” y “MAD Goes To An Alfred Hatchplot Movie” en el 53 (1960), tan modernas como divertidas, “Open Office Week” en el nº 67 (1961), otra maravillosa demostración de su habilidad para dibujar niños encantadores, etc.
Lo que llama la atención en muchas de ellas es la variación constante de la línea y la iconicidad de los dibujos. Wood tenía mil caras y en “Mad” las mostró casi todas. No se aprecian correctamente sus habilidades artísticas hasta que no se repasan con cuidado sus aportaciones a la revista. Y además, tenía gracia.


  • Algunas de aquellas imágenes han podido contemplarse recientemente en el Festival de Angouleme, en la expo “Los mundos de Wood”.


Casi hasta el final estuvo dibujando parodias sobre tiras de comic, donde primaba más la imitación del estilo original que su propia interpretación. También en ese género se pueden citar unos cuantos tour de force. Como “Comic Strip Heroes (Taken From Real Life)” en el nº 48 (1959), la alucinante y barroca “The MAD “Comic” Opera” en el 56 (1960), o “The Comic Strip Characters’ Christmas Party” en el 68 (1962).

Al final de su larga trayectoria en la revista ya estaba cansado y se nota. Pero la media de sus colaboraciones es de un nivel muy alto, por no mencionar la apabullante cantidad de material que llegó a facturar. Como él mismo reconoció años después, entre sus entregas para “Mad” se cuentan algunas de las mejores piezas de su carrera artística.



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viernes, 31 de enero de 2020

JAVI RODRÍGUEZ DIBUJO COMIC AMERICANO

Página dibujada por Javi Rodríguez comic americano

EN LA CIMA DEL MUNDO

Las últimas aportaciones al mercado americano del asturiano Javi Rodríguez certifican lo mucho que ha mejorado su arte. Página tras página demuestra su sabiduría narrativa con estructuras tan eficaces como innovadoras.


Cuando empezó creo que nadie habría apostado por la carrera que ha conseguido desarrollar. Compañero de Germán García, Javi era quien tenía un dibujo con menos posibilidades. Así, aunque ambos comenzaron compartiendo esfuerzos en el ingrato campo de la autoedición, García enseguida consiguió introducirse en el mercado americano, dibujando “X-Men” primero y “Superman” después. Luego desapareció, pero esa es otra historia. Mientras, Javi se había atrincherado en “El Víbora” donde firmaba series costumbristas como “Paraíso”. Su dibujo, muy limitado y lleno de carencias, no le presagiaba un gran futuro. Pero consiguió meter la patita en los U.S.A. trabajando como colorista. Así nos lo encontramos en el “Daredevil” de Samnee y Waid, donde también dibujó algunos episodios. Yo debo reconocer que no lo vi. Estaba cegado por el brillante estilo de Samnee, sintético y elegante y sin duda uno de los mejores artistas de comic en la actualidad. Pero es que la labor de Rodríguez ya estaba bien. Sus estructuras habían mejorado y su color se diferenciaba rotundamente de lo habitual. Amante de las gamas ácidas, sus tonos siempre van cargados de sorpresas. Sus cromatismos son tan expresivos como narrativos, su color nunca es decorativo.

SpiderWoman cambio de marcha panini dibujado por Javi ROdríguez
Desde entonces no ha parado y sus últimos encargos se merecen una revisión. Creo que todavía no le han emparejado con un guionista a la altura de sus capacidades pero en gran medida no importa. Con sus aportaciones consigue que las historias que ilustra parezcan mejores. Eso le pasó con su fascinante recorrido por “Spider-Woman”, donde los episodios del embarazo y el parto de la superheroína son impagables. Y la calidad no baja en los capítulos que siguen. Dennis Hopeless firmó los argumentos. Conviene recordar que el propio Rodríguez se encarga de colorear muchos de sus entregas. Y que se agradece y mucho la presencia de Álvaro López a las tintas. Cuando cede los trastos de entintar a otros autores la calidad se resiente. Pero el equipo López-Rodríguez es perfecto.

Recientemente volvían a demostrarlo en “Exiliados”, colección de la que han aparecido dos volúmenes (sin contar los de anteriores equipos creativos). El guionista es Saladin Ahmed, aunque en algunos episodios comparte el crédito de la escritura con el dibujante. Así que vayan sumando: dibujante a lápiz, colorista, guionista ¡y también un portadista más que decente! La cosa va de viajes en el tiempo, un asunto que siempre se presta a la acción desenfrenada y a una cierta sensación de todo-es-posible-ya-con-otro-salto-temporal-lo-arreglamos. Los continuos saltos de escenario aseguran el lucimiento del dibujante. La trama presta cierta atención a los personajes y consigue ser bastante entretenida.



Mark Waid historia del luniverso Marvel dibujado por Javi Rodríguez
Dejo para el final lo que me parece su trabajo más llamativo, su participación en la “Historia del Universo Marvel”. Otra vez de la mano de Mark Waid, su guionista en “Daredevil”. Rodríguez acepta un desafío que en el pasado habría quedado en manos de bestias como George Perez o Jose Luis García López. Páginas y páginas en las que se amontonan héroes de diferentes épocas y donde se nos explica la intrincada historia del cosmos marvelita. En mi caso me ha permitido ponerme al día respecto a las últimas incorporaciones y movimientos dentro de una maraña de personajes que no deja de crecer. Me sitúo fácilmente en algunos pasajes mientras que en otros intento asimilar los cambios. Afortunadamente se acompañan estas historietas con una pequeña guía que define a cada protagonista, explicando su origen y fecha de aparición, algo realmente útil. Lógicamente, la tarea de un dibujante en un producto de este tipo es descomunal y especialmente compleja. No solo porque debe representar centenares de héroes que han de identificarse a la primera. También porque apenas hay una acción propiamente dicha y las planchas corren el riesgo de quedar reducidas a bellas ilustraciones sin continuidad ni coherencia. El artista se las apaña para conseguir unas imágenes muy dinámicas y trasladar la sensación de que “pasan cosas”, de que estamos ante una verdadera narración y no una acumulación de bonitos cromos.

Javi Rodríguez comic arte
Así es cómo llegamos al meollo de la cuestión. El dibujo de Rodríguez ha mejorado, de eso no cabe duda. Se acerca al modelo Kirby, un estilo no del todo realista ni del todo caricaturesco, con caras y cuerpos en ocasiones arquetípicos pero funcionales. Ya no tiene nada de qué avergonzarse, ha ganado mucho en movilidad y en las actuaciones de sus protagonistas. Pero ese no es el terreno donde realmente marca la diferencia. No, el motivo por el que voy a prestar atención a partir de ahora a todo lo que publique es su increíble puesta en escena. Cada página es una lección de narrativa. Algunos dibujantes lo intentan aquí y allá. Rodríguez no, vemos cómo de una manera constante y sostenida busca fórmulas que le permitan animar sus planchas. Conocemos a los padres y abuelos de esos recursos. El tatarabuelo es por supuesto MacCay. Pero no hace falta recordar al pequeño Nemo. Yo mencionaría en primer lugar a Steranko, a quien se nota ha analizado en profundidad. También a Gulacy, Luca Gianni, Ware o Aja. Y lo ha hecho bien. Considero que algunos de los últimos experimentos narrativos fallan por un motivo: se imponen al relato. Se mantienen como un artificio que sobrevuela la historia, desconectados del alma de la narración. Como lectores se nos impone un recurso que es aparentemente muy ingenioso pero que en la práctica resulta inútil al cargarse el ritmo. Es difícil definir cuándo ocurre esto y cuándo no. Si pienso en una comparación cinematográfica podría mencionar la actitud de Hitchcok, que dirige la mirada del espectador guiándole de forma absolutamente seductora. Pero también ha habido una enorme cantidad de autores pretenciosos que han intentado imponernos sus formalismos y solo han conseguido aburrirnos.

SpiderWoman cambio de marcha panini dibujado por Javi ROdríguezEn fin, el caso es que Javier Rodríguez se ha lanzado a la construcción de estratagemas visuales que consiguen llevar sus planchas a otro nivel. Cuando creíamos que lo habíamos visto todo él nos demuestra que quedan muchos recursos por explorar y que algunos son tremendamente entretenidos. Seguro que muchos les sonarán de la paleta de trucos de otros autores. Pero a mí me cuesta recordar quienes son los que los están empleando con la naturalidad y frescura que él demuestra.

Los ejemplos son muy numerosos pero voy a citar unos pocos. Al final de “Exiliados” acumula una serie de splashs presididas por las siluetas de los héroes. En su interior distribuye pequeñas viñetas que cuentan historias. En el episodio oriental de la misma serie encontramos un formalismo que emplea a menudo: la repetición de un personaje que se desplaza por un fondo que ocupa la página, señalando diferentes tiempos. Incluye una versión muy sofisticada de ese procedimiento en el episodio de los piratas.

En una apabullante doble página el malo atraviesa un barco mientras los héroes intentan detenerlo. Rodríguez distribuye los bocadillos de forma que guían al lector de la esquina inferior izquierda a la derecha, sazonados con pequeñas viñetas insertadas y otras ocurrencias muy ingeniosas. En “Spiderwoman” la plancha en que intenta evitar que los huéspedes de un restaurante coman carne humana es antológica. También la doble en que se fuga de la gasolinera. Son planchas inteligentes, chulas, muy visuales y en absoluto pretenciosas. ¡Toda una novedad!



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viernes, 24 de enero de 2020

LA VIEJA GUARDIA. LIBRO 1 de RUCKA Y FERNÁNDEZ

 cómic LA VIEJA GUARDIA LIBRO 1  de Greg Rucka y Alejandro Fernández
Norma Editorial, España, 2019.
184 páginas, 19 euros

INMORTALES CON MUCHA MARCHA
Greg Rucka firma un guión trepidante que el argentino Leandro Fernández eleva a un nivel superior. A partir de una excusa argumental aparentemente simple levantan un trepidante y arrollador espectáculo visual.


Esta es una de esas obras que obligan al lector a preguntarse: ¿qué habían hecho antes estos dos tíos? Yo nunca le había prestado demasiada atención al guionista, pero prometo revisar sus trabajos anteriores. El dibujante había colaborado con Ennis en varios episodios de Punisher y allí ya demostró su talento, aunque con un estilo diferente, no tan simplificado, y una puesta en escena más contenida donde primaban las omnipresentes viñetas horizontales.

La cuestión es que aquí firman una obra que encuentra en la sencillez su mayor virtud. No quiero decir que el argumento carezca de profundidad. Al contrario, parte de una premisa que Rucka no intenta explicar, un auténtico McGuffin que funciona a la perfección. Se trata de un grupo de inmortales que se van encontrando a lo largo de los siglos, sobreviviendo al fallecimiento de todos sus familiares y amigos. Al final, viven juntos como grupo y se las apañan para cargar con una experiencia vital que les lleva en muchos casos a desear un descanso que nunca llega.

Al contrario que en la inefable película de Christopher Lambert, estos inmortales no intentan matarse entre sí sino que se comportan como una auténtica familia, cuidando en todo momento unos de otros. A partir de esa idea el guionista se las apaña para introducir algunas reflexiones sobre el sentido de la vida o nuestra relación con los seres queridos, entre otros asuntos no menores. Pero no es eso lo que percibe el lector. Al contrario, la estructura dramática se construye sobre una cacería, con un villano que desea descubrir el secreto de los protagonistas y los acosa. La heroína, una auténtica hembra alfa con miles de años a sus espaldas y bastante aburrida de la vida, da la bienvenida al grupo a una nueva recluta, mientras intenta sobrevivir a una persecución sanguinaria y brutal.

 cómic LA VIEJA GUARDIA LIBRO 1  de Greg Rucka y Alejandro Fernández
El que consigue aportar la dosis extra de rock&roll es Leandro Fernández. Desde la página uno se encarga de demostrar que ha asimilado bien las lecciones que aprendió con su maestro Risso y que está dispuesto a llevarlas un paso más allá. Acompañado por un color plano muy ajustado a su labor, su estilo se simplifica al máximo, buscando ese contraste extremo que nos devuelve a la clásica línea Toth-Steranko-Mignola-Milazzo-Pellejero y pocos más. Pero no se queda solo en un trazo elegante y unas manchas dramáticas. Es que además su puesta en escena no descansa nunca. Se plantea estructuras de disposición de viñetas innovadoras y variadas. Ese tipo de experimentos se saldan en ocasiones con dolores de cabeza para el lector, mareado por jueguecitos con los que artistas sin talento intentan distraernos para que no nos fijemos en sus debilidades. No es el caso. Fernández narra bien, se ajusta a la historia, los personajes son expresivos y actúan con claridad y todo fluye con naturalidad y un dinamismo embriagador.

Como ha ocurrido con otras grandes obras en el pasado, aquí los autores concilian muy bien entretenimiento y sofisticación. Hay una verdadera reflexión sobre las ganas de vivir, la amistad o el sentido de la muerte, pero no se nos da la chapa al respecto. Al contrario, disfrutamos siguiendo a unos personajes interesantes a los que no dejan de pasarles cosas. Y queremos saber más sobre ellos. No se lo pierdan.




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domingo, 19 de enero de 2020

PRIMERAS IMÁGENES WOOD ANGOULEME

Primeras imágenes de la exposición dedicada a Wally Wood en Angulema.

10 años después de "Woodwork", la muestra organizada en Palma, volvemos a revisar el trabajo de este genial creador americano. Más info en la web de Festival BD Angoulemeen EXPOS

exposición de Wally Wood en Festival del cómic BD Angouleme 2020



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viernes, 17 de enero de 2020

POMO! COMICS de VÍCTOR & ED

Pomo! Comics Humor en tiras de Victor y Ed Bang ediciones
Bang Ediciones, España, 2019.
360 páginas, 15 euros

LASAÑAS EN LOS OJOS
Con prólogo de Liniers y elogio en la contraportada a cargo de Flavita Banana, es casi imposible resistirse a esta obra fabricada a cuatro manos por dos humoristas nacidos en Buenos Aires.


Lo primero que llama la atención es el aire rematadamente moderno de sus grafismos, que saltan con naturalidad de un estilo a otro, alternando los planos de color saturado con el protagonismo de la línea, el collage o lo que se les ocurra. Todo tiene un aire como de dibujo de vanguardia de principios del siglo pasado, ese cubismo simpático de “La Codorniz” mezclado con las mil variaciones bastardas facilitadas por el caótico descontrol de Internet. En lo visual el volumen es muy satisfactorio y entretenido, nunca se sabe qué sorpresa aguarda en la página siguiente, aunque en algunos casos los protagonistas de los gags se repiten lo que provoca también el uso de estilos parecidos. Pero en general la variedad está garantizada y sin merma de calidad. El hecho de que sean dos dibujantes quienes confeccionan estas tiras explica en parte esa diversidad, pero no del todo, tal es la amalgama de formas que despliegan.


Luego está lo que realmente define un producto como éste: los contenidos. Los chistes ¿son divertidos o no? La respuesta es afirmativa, sin duda. Por supuesto, cuando se ponen en escena más de cien ocurrencias es casi imposible no equivocarse. Algunas están más cerca de la parida o de la proclama política que de la verdadera comedia. Pero en general el nivel es alto y el humor absurdo y efectivo. Pomo! Comicstiene gracia y no poca.

Como ya he comentado, en ocasiones se repiten una serie de personajes o situaciones, como la de las chicas que se van al baño y dejan a sus novios “para que hablen”. O la del cazador perdido en la selva que pasea con su presa al hombro, o la de los snobs, el náufrago, los monos y algunas otras. Para mi gusto en esa categoría la peor es la de “demasiado adorable”, pero seguro que a muchos les vuelve loco esa historia.

Pomo! Comics Humor en tiras de Victor y Ed Bang ediciones
En su mayor parte se trata de situaciones únicas, ocurrencias que pueden llegar a ser descacharrantes. Como la del imposible chiste en el bosque. O la muy divertida del pastor rodeado de llamas. A veces se acercan al delirio poético a la manera de Liniers, pero no es lo común. En esa línea podría citarse la triste historia del escritor fantasma. Confieso que en algunos casos me cuesta entender dónde está la gracia, pero seguro que la culpa es mía.

Algunos gags son sofisticados y sutiles, como el del interruptor de gatos. Otros son directos y tronchantes como el del tío al que en la oficina llaman “el gordo” o el de Eugenio el impresentable. Incluso algunas de las bromas políticas están bien planteadas, como aquella que explica las elecciones en clave Star Wars o cuando habla de las luchas de las mujeres.

En fin, el libro asegura un buen rato de lectura agradable con cachondeo garantizado. Nadie puede resistirse a las historias del disléxico o a gags como “Soñares”, “Box Office”, “El genio” o “Jeremías, El autocorrector”. Se reirán, sin duda, y eso es bueno.

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viernes, 3 de enero de 2020

MI AMIGO LUIS DE CARLOS GIMÉNEZ

Mi amigo Luis comic de Carlos Giménez Reservoir Books
Reservoir Books. Barcelona, 2019
80 páginas, 17,80 euros.

ALTO, GUAPO... ¡Y MALO!
¿Qué mejor manera de empezar 2020 que leyendo un tebeo de Carlos Giménez? El autor vuelve a territorios conocidos para ofrecernos nuevas y emocionantes historias.



Sobresale la que cuenta con un argumento de Josep Mª Beà y que da título al álbum, “Mi amigo Luis”. En todos los episodios el autor vuelve sobre personajes que ya había presentado en anteriores álbumes, aportándoles nuevos matices. Como la novia de la juventud que recupera en “Crepúsculo”. Si en la primera versión se nos contaba el arco completo de la protagonista, de su gloriosa juventud a su terrible decadencia, en esta ocasión se le da una nueva vuelta de tuerca, mostrando que aun se puede caer más bajo. Esa mujer vapuleada por la vida confiesa que su mejor etapa fue cuando se dedicó a la prostitución en Portugal. El dibujante lleva años transmitiendo la desesperación del que está al final de un camino ya demasiado largo. Así que sus personajes más desgarradores acaban siendo los más creíbles. Ese encuentro entre la mujer acabada de hoy y su novio del pasado, que la recuerda como en la foto que se intercambian, con la lozanía de su espléndida juventud, resulta tan emotivo como desolador.




Mucho más ligeros son los otros dos capítulos, dedicados a las andanzas del joven dibujante. Giménez ha dedicado muchas páginas a sus compañeros artistas, “Los profesionales”. En general son un conjunto de anécdotas entretenidas y que describen muy bien cual era el ambiente y las costumbres cuando se inició en el oficio. Estas se ajustan a la norma, están bien contadas y poco más.

Pero la primera es algo diferente. Como el propio autor comenta en la introducción él acostumbra a desarrollar historietas que sus amigos le cuentan. En el caso de Beà, también dibujante, no solo le explica el relato con todo lujo de detalles, también le aporta documentación y le facilita bastante la tarea. Con ese material Giménez se lanza a lo que mejor sabe hacer: duplicar la mirada de un niño. Lo demostró con brillantez en “Paracuellos”, también en “Barrio”. Ahora quizás se toma más tiempo que entonces y su narrativa es en general más pausada, pero aun mantiene la magia con la que siempre nos conmueve. Se describe la relación entre un niño y un mozo de almacén, un tipo alto y fuerte al que el chaval adora. Estamos casi ante el reverso de aquel otro episodio que incluyó en uno de los últimos volúmenes de “Paracuellos” y que tuve ocasión de comentar en las Navidades de 2017. Allí aparecía un jardinero que se portaba bien con unos niños acostumbrados a ser maltratados por sus mayores. Aquí a esa amistad entre niño y adulto se le da un giro tenebroso. El asunto tiene miga tratándose de Giménez, uno de los autores más comprometidos de este país. Sus diferentes obras siempre reflejan su ideología y su preocupación por los débiles, por los que trabajan y son explotados, por los que padecen humillaciones que no se merecen. Si alguien ha idealizado a la clase trabajadora ese es Giménez. Pero además lo ha hecho desde dentro. Ahora muchos autores parecen hijos de papá que vienen a perdonarnos la vida y a redimir las culpas de sus progenitores ayudando a los necesitados, o eso nos dicen. Nunca fue así en el caso de Giménez, él nunca jugó a ser pobre. Nos contó las miserias de su infancia y su ascenso social, pero cuando hablaba de la construcción de una chabola en una noche lo hacía desde dentro, desde la verdad. Sus héroes eran perdedores con dignidad y orgullo. Por eso sorprende más lo que ocurre en “Mi amigo Luis”. Cuando la amistad entre el niño y ese “primo de Zumosol” alto y rubio, ese trabajador capaz y honrado queda establecida, se dispone la siguiente pieza del drama: en el almacén donde trabaja empiezan a producirse robos. Él colabora en su resolución. O eso parece.

Ya he contado demasiado. Solo Giménez se atreve a día de hoy a firmar unas páginas como las que cierran esta historia. Ya mayor el niño de ayer vuelve a encontrarse con su viejo amigo el gigante rubio. El cruce de emociones que se describe a continuación será calificado por muchos como sensiblero y hasta empalagoso. Yo creo simplemente que el autor vuelve a demostrarnos que no teme expresar sentimientos y que sigue siendo el más grande.

Entrevista con Carlos Giménez
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