viernes, 15 de marzo de 2019

SOMBRAS EN LA TUMBA de CORBEN

Sombras en la tumba de Richard Corben edita Planeta
Planeta Comic, 2019
286 páginas, 20 euros

LA SOMBRA DE UN GIGANTE
El balance de “Sombras en la tumba” es muy positivo. Son sencillas historias de terror con una gran atmósfera y una vigorosa visualización. Corben se abandona a sus tendencias más caricaturescas y distorsionadas y dispara los juegos de luces.


Muchas giran en torno a vicios comunes: lujuria, ambición, arrogancia, codicia... Demuestran un gran estado de forma. No olvidemos que en 2016, cuando se publicaron por primera vez estos relatos, el autor tenía 76 años.

Podemos observar que ha alcanzado una completa libertad. Nunca se esforzó mucho por los personajes del fondo o por contener sus distorsiones. Pero ahora deja claro desde la primera viñeta que estamos en su territorio y jugamos con sus reglas. Esas normas cambian constantemente, como bien demuestran sus acabados. Cuando creemos saber en qué consiste su técnica, la abandona. Obviamente, se mantienen algunas constantes, como son los degradados y el gusto por la volumetría. Pero aquí contrasta más los negros y allá explora nuevas texturas con su línea. Nunca se está quieto y eso es algo que todos sus seguidores le agradecemos.

Por cierto, somos unos cuantos, como se demostró recientemente en Angulema. No solo por las continuas colas que abarrotaron su exposición los días del festival, con visitantes encantados de contemplar una nutrida selección de originales, que representaban las diversas etapas de su larga carrera. También porque la tirada de sus catálogos se agotó con rapidez, en parte por la venta a través de internet, pero también en directo a la salida de la muestra. 2000 libros vendidos en unos pocos días, no está mal.

Jaume Vaquer aseguró la participación mallorquina cediendo amablemente la portada de “Mundo mutante” para la ocasión. El asunto despertó tales entusiasmos que algunos se han apresurado a prolongarlo, inventándose una exposición fantasma en Mallorca. Desde aquí, como orgulloso colaborador de la muestra de Angulema, les aseguro que no habrá una expo Corben en Palma este año. Algunos blogs hasta afirman que va a ser peor que la de Francia. Por supuesto, ya que no se hará.



Aclarado ese punto, volvamos a nuestro cementerio. La intención de Corben con esta obra era retomar el espíritu de las clásicas historias de la E.C. Relatos cortos que pueden leerse de una sentada y que van acompañados de un narrador, que asegura una cierta continuidad.

Según declaró, la serie contendría “monstruos, cadáveres vengativos y marionetas mutantes, payasos sobrenaturales y más. Probablemente nada de vampiros y hombres lobo porque considero que se han hecho hasta la extenuación”.

Sombras en la tumba de Richard Corben edita Planeta
Cumple con su palabra y nos brinda una generosa ración de historias de terror, pobladas por criaturas poco habituales. Técnicamente la que más llama mi atención es “Elegir a ciegas”, protagonizada por una joven invidente que recupera su visión gracias a una misteriosa tribu de indígenas. Lo que hace el dibujo es reflejar el mundo en el que vive la chica, poblado de negros profundos, sombras difusas y blancos cegadores. Pero casi todos los cuentos tienen algún elemento de interés. Obviamente, prima el desarrollo precipitado y el final sorpresa, no hay tramas elaboradas y en más de un caso Corben parece conformarse con construir una atmósfera y dejar que los personajes se paseen por ella, sin atender a lógica alguna. Ha declarado que cuando escribe para él se preocupa antes por la visualización, manteniendo la narración en un estado muy maleable, los textos llegan al final. Así que esa teoría de “la imagen primero” se impone, a veces para bien y otras no tanto. Su puesta en escena es tan poderosa que hasta cuando no nos cuenta nada encontramos algo fascinante en el dibujo.



Temáticamente, hay varias historias con niños, siempre expresivos en sus manos. Salen en “Perder el hilo”, en la muy salvaje “Cumpleaños” o en “El reto”. La codicia se aborda con un asunto recurrente: los herederos que no pueden esperar a que el pariente muera para pillar su parte, como en la siniestra “Un plan turbio”, o que reciben su castigo desde el más allá, como en “Legado de odio”. Notamos sus variaciones sobre temas clásicos como Dorian Grey en “Imagen en el espejo”. Sus tendencias más voluptuosas aquí se mezclan con el horror así que los amantes están dispuestos a poseer a sus queridas muertas, los maridos se alzan de la tumba y se inventa otras grimosas variantes. Sumen a ello historietas recuperadas, como la del dedo gordo del Big Foot, y alguna colaboración tan disparatada como el relato de culturistas escrito por Jan Strnad. También aparece su hija Beth participando en los grises y en el guión de “La isla”.

Sombras en la tumba de Richard Corben edita Planeta
Y luego, por supuesto, está Denaeus. Aunque aquí se agrupa al final, en su momento se publicó por episodios, repartidos entre las otras historias cortas. Era la única que tenía continuidad y su lectura seguida nos permite apreciarlo como un relato completo, con un sentido y un tono diferentes. Es una gran pieza dramática, a la manera de Corben.

Obviamente el nombre del héroe nos remite a su héroe más conocido pero los parecidos son escasos. Creo que solo hay un pasaje, el del canibalismo, que lo emparenta con su ancestro Den. Pero, aparte de esa coincidencia, Denaeus está muy enraizado en los clásicos mitos griegos. Quizás pasados por el filtro de Harryhausen pero eso da igual.

El destino ciego que nos señala con su dedo fatal, los caprichos de un tirano, las desgracias que se abaten sobre la familia, el amor romántico y apasionado, la aparición de versiones de Gorgona y el cíclope…

Todo es muy disfrutable en Denaeus, es un trabajo mayor lleno de encanto, épica y drama, de sentimientos desesperados, amores imposibles y sed de venganza. Los momentos cargados de intensidad visual se suceden: el plano de la hermana muerta, la violentísima y sangrienta lucha contra el cíclope, la brutal viñeta grande con el cíclope sangrando y a punto de zamparse a un soldado, las escenas marinas, la pareja que se despide entre piedrecitas y deliciosas texturas… Es una historia redonda y narrada de forma vigorosa. Corben al más alto nivel. No pueden perdérselo.



Leer más...

viernes, 8 de marzo de 2019

HARROW COUNTY de BUNN y CROOK COMIC DE TERROR

Harrow County magia en la frontera de Bunn y Crook, un comic de terror
Norma, 2019
116 páginas, 16 euros


TERROR RURAL

En 2016 se publicaba el primer volumen de “Harrow County”. Recientemente la serie alcanzaba el sexto volumen recopilatorio, reafirmando su posición como uno de los tebeos de horror más interesantes del mercado.


El trabajo del dibujante, Tyler Crook, es su primer valor indiscutible. En ocasiones participan otros artistas, cuyas destrezas no cuestiono. Pero Crook es el que mejor se ajusta a la historia, él insufla vida a “Harrow County”. Es un narrador directo y eficaz, sus personajes son entrañables y su color directo es maravilloso. De hecho los volúmenes siempre cuentan con una encantadora sección de “cómo se hizo”, donde el dibujante muestra sus bocetos previos, su sistema de trabajo, sus ilustraciones paso a paso…
Esas páginas resultan muy instructivas y nos permiten hacernos una idea de su concienzuda metodología. De su arte destacan esas dobles páginas de introducción donde aparecen, medio camufladas, las letras del título, a veces como parte del maíz, otras como nubes, como vegetación o lo que se les ocurra.


El color ayuda mucho a crear las sensaciones de calor, humedad o frondosidad que se desprenden del relato. Hay un algo en la plástica forma de entintar de Crook que emparenta sus figuras con las de Eisner o Ploog. Por el lado gráfico todo son satisfacciones, aunque quizás el entusiasmo disminuye un poco cuando los episodios pasan a menos de otros.

Harrow County magia en la frontera de Bunn y Crook, un comic de terror
En cuanto al guión, Cullen Bunn cumple con creces. Tras el brillante inicio a Emmy no dejan de pasarle cosas. Como recordarán la premisa es que la protagonista es en realidad la reencarnación de una bruja malvada que asoló Harrow County hasta que sus habitantes consiguieron deshacerse de ella. No solo eso, una buena parte de esos pobladores, incluyendo al padre de Emmy, son tan solo muñecos de barro, figuras a las que la hechicera había insuflado vida.
La protagonista se revuelve contra sus orígenes y decide emplear sus poderes para hacer el bien. Lógicamente, un episodio tras otro, todos conspiran para que ese propósito no pueda satisfacerse de forma sencilla. Interviene primero una gemela muy, muy mala. Y más tarde toda la familia, o mejor, una colección de entes suprahumanos como la propia Emmy, que intentan aconsejarla y manipularla.

Recuerdan un poco a la colección de dioses que Gaiman disponía como hermanos del rey del sueño en su serie “Sandman”. Como aquellos, son caprichosos e impredecibles.

Se mantienen otras constantes, como la aparición de entes del bosque, espíritus vinculados a fuerzas de la naturaleza o al mundo de los muertos. También el apunte racial, muy vinculado a la época en que se ambienta la historia, a través del personaje de la mejor amiga de Emmy, Bernice.

Se juega mucho con la ambigüedad del bien y el mal y una idea del pecado muy cristiana. Emmy está obsesionada con su “pecado original”, no en vano es la reencarnación del mal. Así que cuestiona todos sus actos sospechando siempre que su antecesora pueda tomar el control. El que parece un filántropo luego resulta ser un psicópata, la bruja vilipendiada por todos, una benefactora de la humanidad. Nada es lo que aparenta en “Harrow County”.

Tan bonita como entretenida. Muy recomendable.



Leer más...

viernes, 1 de marzo de 2019

JONAS FINK. INTEGRAL de GIARDINO

JONAS FINK, edición Integral de Vittorio Giardino, editado por Norma Editorial
Norma Editorial, 2019
360 páginas, 35 euros


SOCIALISMO REAL
La reedición de “Jonas Fink” nos permite recuperar uno de los escasos tebeos que intentan describir la vida tras el telón de acero. Como testimonio de la miseria que el comunismo provocó en media Europa es irreprochable.


Más cuando recordamos que el asunto apenas ha saltado a los comics. Recuerdo una clásica historieta de Spain, su breve pero afilada biografía de Stalin, donde plasmaba la dureza del gulag en dos viñetas. También “El Vals del Gulag”, de Pellejero, una bienintencionada aproximación al infierno de los campos de exterminio soviéticos. Si la monumental tragedia soviética casi no ha sido mencionada, la triste vida cotidiana en sus países satélites no parece interesar a nadie. Así que el esfuerzo de Giardino es aun más meritorio considerando que da voz a víctimas prácticamente olvidadas.

Quienes hayan leído anteriores obras de este creador italiano ya saben a qué atenerse. Lo descubrimos en “Sam Pezzo”, una serie negra con un dibujo de línea clara que acentuaba los contrastes de luces y sombras de forma muy ajustada a lo narrado. Allí ya pudimos comprobar su afición a dibujar chicas guapas. Le cuesta incluir en sus repartos a mujeres normales, todas sus protagonistas son espectaculares bellezas a las que desnuda en cuanto el guión se lo permite.

Todo mejoró en “Max Fridman”, donde aportaba un color encantador y abandonaba a Hammet para inclinarse hacia Graham Greene. Era una serie de espías plagada de dilemas morales y, otra vez, señoras estupendas. Su exquisito dibujo acompañaba con naturalidad unos argumentos de ritmo sosegado y lectura pausada.


 Por el camino dibujó algunas obras más, como “Vacaciones fatales” o “Little Ego”, otra vez pobladas por féminas con tendencia a perder la ropa. Cuando decidió llevar a Fridman a la Guerra Civil española le perdí la pista. Giardino es un creador académico y meticuloso. Pero como guionista carece del genio que caracteriza por ejemplo a uno de sus paisanos, Berardi, con cuyas obras seguimos disfrutando mes a mes (si todavía no lo están leyendo, dejen esto y corran a pillar su “Julia” o su “Ken Parker”).

JONAS FINK, edición Integral de Vittorio Giardino, comic telón acero
En “Jonas FinkGiardino demuestra que ha alcanzado una madurez clásica. Todo está perfectamente documentado, sus personajes se distinguen fácilmente y actúan con naturalidad. El protagonista, un niño al que veremos crecer de un episodio al siguiente, asiste al encarcelamiento de su padre, condenado a una pena injusta y de la que casi no pueden ni quejarse. Se visualiza muy bien la opresión de un régimen en el que el individuo no cuenta nada frente al poder del estado.

Luego mantiene un delicado equilibrio entre las andanzas y los sentimientos del joven Fink y la presión de un sistema que desborda paranoia y voluntad de control. Todo el proceso de enamoramiento del adolescente se beneficia del gusto del dibujante por las bellas señoras. No nos cuesta compartir la fascinación del joven por esa atractiva jovencita a la que finalmente perderá, ya que sus padres no permiten que salga con el hijo de un enemigo del pueblo.

Desgraciadamente el diálogo entre el drama personal y el colectivo se pierde en la última parte. Allí se aborda el pasaje más conocido del drama checo, la famosa primavera de Praga. De alguna forma el Fink maduro resulta antipático y sus líos con su amor actual (una vietnamita) y el del pasado (la rusa) no nos interesan como sí lo hacían los sentimientos de su yo adolescente. El telón político de fondo adquiere demasiada importancia y el final parece no llegar nunca. Pese a esa decepcionante conclusión, la obra contiene elementos muy atractivos y secuencias excelentes. A su autor le ha costado casi tres décadas concluirla, así que bien se merece que le den una oportunidad.

Leer más...

viernes, 22 de febrero de 2019

2019 PRIMER TINTÍN Y PRIMER ASTÉRIX EFEMÉRIDES

Este año coinciden dos efemérides del mundo del cómic, la del primer Tintín y la del primer Astérix.



Le petit vingtieme tintín Hergé 1929 - efemérides 90 años
Foto de Wikipedia
En 1929 Hergé dibujaba las primeras planchas de Tintín para el suplemento semanal “Le Petit Vingtieme”. Casi cien años más tarde su creación sigue generando controversias.


Las interpretaciones sobre el pequeño héroe se suceden. Éste nos explica las razones por las que se puede deducir, sin ningún género de dudas, que Tintín es homosexual. Aquel le acusa de crueldad con los animales, citando como prueba la secuencia de los antílopes de “Tintín en el Congo”. El otro tilda a Hergé de racista por sus caricaturas de judíos en “La estrella misteriosa”, de colonialista por su visión del Congo en su segundo álbum, de misógino por la Castafiore y prácticamente todas las (escasas) señoras que aparecen en la serie. Se discute sobre prohibir la venta y distribución de los álbumes de Tintín o de comercializarlos con una advertencia donde se destaquen los perniciosos y desfasados valores que se filtran a través de sus viñetas.

De fondo, siempre los rumores sobre su primer álbum y la colaboración con los nazis. Como saben Hergé realizó versiones actualizadas de todas las aventuras de Tintín. En esas puestas al día aprovechaba para corregir aspectos de narrativa o clichés que resultaban intolerables con el paso de los años. En “Tintín en el Congo” una lección sobre la monarquía belga se convertía en una clase de aritmética. Pero el autor nunca quiso volver a “Tintín en el país de los soviets”. Tardó mucho en reeditarse y cuando lo hizo fue en forma de facsímil, con toda la crudeza del dibujo original. Su álbum soviético podrá ser acusado de torpe, desde un punto de vista técnico. Pero no de que mienta sobre la tiranía comunista. Como descripción de una realidad, se acercaba bastante. Respecto al comportamiento de Hergé durante la ocupación, no fue muy diferente al de Sartre. Tan solo permaneció dibujando en el mismo periódico en el que trabajaba desde antes de la guerra. Se le podrá acusar de cobarde, pero me cuesta verlo como amigo de los nazis. Ya lo he comentado con anterioridad: pagó el gran pecado de cuestionar la superioridad moral de la izquierda.

Hergé con Tintín - foto © de la editorial Juventud
Foto © de la editorial Juventud
Es muy difícil, si no imposible, criticar su obra desde un punto de vista narrativo, estético, técnico, con cualquier parámetro mínimamente conectado al arte de los comics.

Hergé es un padre fundador, un gran creador de lenguaje, un generador de formas que otros imitarán. Su dibujo primero presenta la limpieza de algunos dibujantes americanos pero luego engendra su propio modelo, con unas figuras muy estilizadas pero realistas y unos fondos cada vez mejor documentados.

Su capacidad para mezclar humor y drama, la variedad de sus personajes, la claridad de su puesta en escena… Todos los aspectos de su trabajo son sobresalientes, dignos de estudio si se quiere narrar con sencillez y eficacia. Sus historias son emotivas y arrebatadoras y le aseguran un lugar en la historia del comic europeo y mundial.

Le petit vingtième tintín en extremo oriente
Evitando la pura evasión, Hergé se inclinó hacia el realismo. Sus viñetas, por muy estilizado que fuera el dibujo, reflejaban un mundo que podíamos reconocer. Si su viaje a la Luna es atractivo es porque continúa siendo verosímil, las cosas podían haber sido tal y como él las contó. Supo denunciar los prejuicios europeos sobre China en “El loto azul”, trabajo a partir del cual se instala en una nueva disciplina, obsesionado por la representación creíble de los hechos. En “El cetro de Ottokar” y más tarde en “El asunto Tornasol”, captó con acierto las tendencias totalitarias que recorrían Europa.

Siempre se menciona su relación con los scout y la iglesia católica, que le apoyaron en sus inicios. Pero luego quedan muy pocos rastros del catolicismo en Tintín, a menos que se considere la ausencia de sexo como una prueba de sus convicciones.

Por toda Europa había leyes que protegían a los niños contra la obscenidad y que tardaron años en desaparecer. Si la ausencia femenina era una anomalía, estaba muy extendida. Pocos curas salen en la serie y escasas son las alusiones a la fe que podríamos recordar.

Lo que todo lector sí tiene presente es la actitud general del héroe, siempre dispuesto a ayudar a los débiles. De forma impulsiva, sin darle muchas vueltas. Se llame Tchang o Zorrino, en cualquier rincón del mundo donde alguien necesita ayuda, allí está Tintín para echarle una mano. A pesar de sus coqueteos con la realidad Hergé es muy consciente de ser un dios en su propio universo, él controla todo lo que ocurre con una precisión de relojero. Sabemos que sus tramas se desenvolverán con exactitud milimétrica, que el final será satisfactorio, que el trayecto será emocionante y a ratos divertido y que aprenderemos cosas sobre nuestros semejantes. Había algo en Tintín que, aunque enclavado en una fantasía infantil, nos proyectaba hacia la madurez. Hergé manejó como nadie esa ambigüedad, construyendo para nosotros un mundo atractivo y desafiante.




Son muchos quienes confunden esa fantasía con lo real. No es un periodista, ni está filmando documentales ni escribiendo ensayos sociológicos. Es un artista que emplea determinados aspectos de la realidad en su trabajo. Lógicamente, si defendiera la pederastia o el sexo con focas no miraríamos sus viñetas de la misma manera. Pero me cuesta ver en sus páginas esas aberraciones que otros localizan con aparente facilidad.

Pongo un ejemplo real. En un grupo de internet se comentaba un eclipse solar cuando alguien tuvo la feliz idea de insertar la viñeta de Tintín en la que la desaparición del sol provocaba el pánico entre los nativos y conseguía que el héroe y sus amigos se salvaran. Todos celebrábamos la oportuna imagen cuando un comentario nos hizo callar. En él se recordaba el conocimiento de los incas de los ciclos estelares y el evidente racismo de Hergé en una escena que contradecía todo rigor documental. Por supuesto la cita terminaba afirmando que los europeos siempre se creían superiores a otras culturas. Como digo, todos nos quedamos mudos. En plan: “Llevo toda la vida disfrutando con estereotipos racistas”. ¡Glups!

Sin embargo, si alejamos un poco el foco de un pasaje que no deja de ser una argucia del guión, si atendemos al conjunto de la historia ¿qué encontramos? “Las siete bolas de cristal” y su continuación “El templo del Sol” recrean un suceso muy popular: la maldición de la tumba de Tutankhamon. En su primera parte se insiste en cómo la curiosidad y la codicia de los investigadores blancos provocan una serie de extraños sucesos que acercan el tono del relato al género del terror. La escena en que todos los científicos se convulsionan al mismo tiempo es antológica, casi surrealista.

En la segunda parte encontramos otro de los temas recurrentes en Tintín: viaja a la otra punta del globo para ayudar a su amigo Tornasol. Y una vez allí echa una mano a un joven desconocido, simplemente porque no soporta a los abusones.

La serie está llena de mensajes de tolerancia y respeto hacia otras culturas. Supongo que también de algunos deslices, pero no creo que Hergé sea el único racista del universo. Ni entonces ni ahora. Al menos su obra nos señala la dirección correcta. Creernos más listos que los demás puede ser un error, los prejuicios deben ser siempre cuestionados. ¿Cuál era la alternativa a la escena del eclipse? ¿Que los amables nativos sacrificaran a los héroes? Quizás es lo que algunos desean. Que las víctimas vuelvan a comportarse como verdugos. Pero ese nunca ha sido el mensaje de Tintín. ¡Gracias a Dios!




Asterix el galo de Uderzo y Goscinny efemérides  60 años
TO ER MUNDO E GÜENO


En 1959 se publicaban en Pilote las primeras planchas de Astérix, que serían recopiladas en el álbum “Astérix el galo” en 1961. En la actualidad la serie sigue en marcha, confeccionada por unos autores que no son los originales.


En el libro de ensayos de Goscinny editado por Libros del Zorzal, el guionista se queja amargamente de su éxito. Declara que él se esfuerza por ser un incomprendido, por escribir de forma ininteligible, pero que no lo consigue. Con amarga ironía insiste en que pese a sus intentos, todo lo que factura es aceptado con regocijo por sus lectores, asegurándole fama y fortuna.

Su compañero de viaje, el dibujante Uderzo, podría esgrimir un planteamiento semejante. Es un conocido coleccionista de Ferraris, lo que nos da la medida de su situación económica.

Astérix se convirtió en un fenómeno global, traducido a decenas de países y con adaptaciones cinematográficas, parques temáticos y todo tipo de productos derivados. Goscinny murió en 1977 y tras su fallecimiento Uderzo se hizo cargo de las historias. Hace años el dibujante decidió dejar los lápices y le pasó el testigo a otros creadores. Podía haber hecho como Hergé y acabar con la serie al abandonarla sus creadores originales. Pero han decidido mantenerla en marcha. Como recientemente también hacía Van Hamme con sus personajes o siempre han hecho las editoras y sindicatos estadounidenses.

Los autores vienen y van, el personaje, la marca, permanece. Lo que conlleva ventajas y desventajas. Si los autores que abordan la serie son buenos, pueden mejorar el original. Como recientemente ocurría con Senté y Juillard y su versión de “Blake y Mortimer. Con Astérix, hasta el momento no he visto nada que superase los primeros álbumes. Pero ya en su momento se notó la ausencia de Goscinny, un genio del humor difícil de sustituir.


 Astérix, como Tintín, tiene una conexión con los USA. Goscinny trató a la plana mayor de la revista Mad, empezando por el dibujante y guionista Harvey Kurtzman. Su forma de abordar el humor debe mucho a aquella nueva visión que la última publicación de la EC aportó.

Todo podía ser blanco de las bromas, el cómico era como un huracán, por donde pasaba nada volvía a ser lo mismo. Pese a su sistemática desmitificación de la realidad, Astérix nunca ha sido tan polémico como Tintín. Creo que sobre todo debido a su marcado sesgo humorístico y a su ubicación temporal. Se recomendaba su lectura como complemento de los libros de historia o de latín y no fueron pocos los datos que aprendimos a través de sus viñetas, sobre gladiadores, Cleopatra, Alesia o el sistema financiero helvético. Tintín ganaba en el terreno del prestigio cultural. En comparación Astérix era poco serio.
Si Tintín se dirigía al jovencito que se enfrentaba a una incipiente madurez, el pequeño galo apelaba a sectores más infantiles, cautivándolos con su humor absurdo y salvaje y sus divertidos juegos de palabras. Esa apariencia un tanto descerebrada escondía no obstante un producto perfectamente realizado, con un dibujante superdotado al frente, que saltaba con insultante facilidad del realismo de “Michel Vaillant” a la cómica plasticidad del galo y sus amigos. Tendemos a menospreciar el humor y Astérix no es una excepción. Pero también late una cosmovisión tras su fachada ligera y bromista.




 En su momento se insistió en la comparación con la actualidad. Roma serían los USA y la pequeña aldea gala Francia o Europa por extensión. La defensa de lo individual, lo particular, frente a la voluntad normalizadora del imperio.

Otro de los grandes ejes temáticos es, como en Tintín, el intercambio cultural. Astérix conecta, episodio tras episodio, con otras culturas. Hay un cachondeo evidente con los matices más exóticos que los nativos exhiben, pero siempre unido a un respeto hacia lo diferente. Cuando Obélix repite por enésima vez lo de “están locos estos… (lo que sea)” ya sabemos que todos estamos locos, que todos tenemos manías, gestos, costumbres, actitudes, que resultan extrañas a los otros, los forasteros. Pero que con un poco de tiempo y buena voluntad hasta el ritual más peculiar resulta comprensible.

El mensaje, reiterado una y otra vez con simpatía y un evidente tono de farsa es que “todo el mundo es bueno”. Y es precisamente el establecimiento de ese lugar común el que permite a la serie reírse de todo y de todos. De la manía suiza con la limpieza (frente a la suciedad romana), de la obsesión hispana por el cante y el baile, de la arrogancia y susceptibilidad de los corsos y de lo que se les ocurra.

Evoco con especial cariño el álbum “La vuelta a la Galia con Astérix”. Me llamaba la atención la profunda variedad de sabores locales que la vieja Francia podía contener, los acentos, las comidas, las costumbres, todo un festival que sin embargo se reconocía unido en aquella entidad superior, la Galia. La historia de Europa parece ahora avanzar en dirección contraria, de regreso a la tribu. Rota Yugoslavia en jirones, identidades cada vez más localizadas buscan su lugar bajo el sol, avivando atávicos desencuentros e imperdonables ofensas del pasado. Quizás Astérix debería de visitarlos a todos, recordarles que las diferencias no son tan importantes y animarles a que no se tomen tan en serio.
Leer más...

viernes, 15 de febrero de 2019

MARSHALL BASS de MACAN, KORDEY y DESKO

Marshall Bass de Macan, Kordey y Desko, edita ECC ediciones comic western sherff
ECCComics, 2019.
56 páginas, 12,95 euros


UN VAQUERO NEGRO
El guionista Darko Macan-y el dibujante Igor Kordey nos llevan de paseo por un oeste tan salvaje e intenso como poco habitual.


Aunque todos recordamos westerns protagonizados por afroamericanos, de “El sargento negro” a “Sin perdón” (con Morgan Freeman como secundario), lo cierto es que su presencia más allá de la Guerra Civil y sus alrededores no es común en el género.

Macan decide construir su argumento alrededor de un sheriff negro, con todas las tensiones y conflictos raciales que ello conlleva. Es este un volumen de presentación, la primera aventura de un personaje que apenas consigue salvarse de la horca en la secuencia inicial, ni librarse del todo del patíbulo, como se comprueba al final. Obligado por las circunstancias, se infiltra en una peligrosa banda de antiguos esclavos comandada por un depravado hombre blanco.

El relato no presenta demasiadas sorpresas. Macan y Kordey, testigos ambos del desmoronamiento de la antigua Yugoslavia, llevan tiempo ofreciéndonos la mirada más pesimista posible sobre la condición humana. Los hombres son o malos o peores, queda muy poco resquicio para la esperanza o la decencia.

Aquí el héroe pelea para que su familia pueda sobrevivir y se zambulle en medio de una manada de sanguinarios lobos que no le ponen las cosas fáciles. En realidad el argumento no importa mucho en el conjunto de la obra. Lo que le aporta verdadero valor es la puesta en escena de Kordey. Según se indica en los créditos, también supervisa el color, que es excelente, cargado de tonos insospechados y matices tan maravillosos como los de la vista del pueblo al atardecer.

Marshall Bass de Macan, Kordey y Desko, edita ECC ediciones comic western sheriff viñeta
En cuanto al dibujante es un viejo conocido de los lectores. Nos conquistó con su “Batman-Tarzán”, nos fascinó en X-Men y le hemos seguido en su ya larga trayectoria. Es un eminente discípulo de Corben, de quien hereda el gusto por los juegos de claros y sombras y la predilección por las luces rebotadas.

Nunca se conforma solo con el blanco y el negro así que sus zonas oscuras se llenan de matices que describen con precisión unos rostros siempre interesantes. Sus figuras son tan humanas como realistas. Es un creador singular y un gran maestro de la historieta. No construye dos páginas iguales y su dominio de la anatomía y los espacios perspectivos queda patente en imágenes impresionantes como la doble plancha del asalto a la ciudad.

Salta con naturalidad y aparente facilidad de poderosos primeros planos a complejos planos generales donde con sencillez y rigor encaja a múltiples personajes sobre detalladísimos fondos. Nada se le resiste, cada página es una lección de dibujo. Además, su narrativa es muy fluida así que, aunque los protagonistas hablan mucho, el relato se sigue con facilidad y sin que resulte pesado.

En esta ocasión destacaría los expresivos rostros de sus personajes, sobre todo la descripción que hace del villano, un excesivo psicópata al borde de la locura, un secundario muy teatral al que el dibujante saca todo el partido posible. La portada, fenomenal.

No es este el western más interesante que se publica en la actualidad. Ya saben que es difícil competir con el Ken Parker de Berardi, sobre todo cuando lo dibuja Milazzo. Pero solo por la intensa presencia de Kordey merece la pena comprarse este álbum.

Leer más...

viernes, 1 de febrero de 2019

SEMPÉ EN NUEVA YORK

Sempé en Nueva York Ilustración New Yorker portadas
Norma, 2018.
348 páginas, 37,95 euros

SEMPÉ, EL ENCANTADOR
Un volumen que agrupa todas las portadas que el ilustrador francés Sempé ha realizado para el New Yorker. El perfecto regalo de Reyes.


Por mucho que conociera otros trabajos de Sempé, por ejemplo los recopilatorios de su obra humorística, esos “Ellas” y “Ellos” que Norma publicó recientemente; por mucho que me sonaran algunas de sus cubiertas, que se incluían en los grandes volúmenes que reunían la obra gráfica del New Yorker, donde además de Sempé anidaban algunos de los más grandes ilustradores de la historia, gigantes como Irvin, Steinberg, Addams o Arno; a pesar de que ya conocía una buena parte de sus portadas, agradezco sinceramente la aparición de este libro.

Por un lado porque está muy bien editado, las obras se presentan en un tamaño adecuado y en un orden cronológico que nos permite disfrutar de las diversas etapas del autor. Como objeto, es una modesta obra de arte en sí mismo.

Pero es que además viene cargado de extras, todos ellos apreciables. Algunos de los dibujos en B/N que Sempé realizó para el interior de la publicación, apuntes con paisajes de Nueva York realizados durante sus estancias en la ciudad, fotos personales con el dibujante paseando o acompañado de colegas como su amigo Koren, el de los bichos peludos. Y sobre todo por la larga entrevista. En ella Sempé da cuenta de su larga relación con el New Yorker, primero como rendido admirador, segundo como dibujante en ciernes que soñaba con poder trabajar con ellos algún día, tercero como novato con todas las dudas y miedos posibles y, finalmente, como colaborador veterano que sigue devanándose los sesos para encontrar alguna idea “digna del New Yorker”.

La entrevista está llena de anécdotas inolvidables. Yo me quedo con la definición de qué es lo que convierte a un dibujo en algo digno de ser portada del New Yorker. Cuando aparece como tal… es que era digno. Esto, que suena muy absurdo, es aceptado sin discusión por Sempé. Él admite que a veces se le ocurren dibujos que podrían ser portadas. Pero no está seguro hasta que se los publican. Si se los publican. Comenta cómo fue su relación con el director de la revista, al que admiraba sin disimulo. Como declara “él sabía más que yo lo que convenía”. Sorprende la humildad de algunas declaraciones. Hablamos de un dibujante que está en la cima de la profesión pero que peleó durante años para hacerse un hueco entre los gigantes que le precedieron.

Sempé en Nueva York Ilustración New Yorker portadas En ese sentido Steinberg no sale muy bien parado, como sospechábamos, mientras Charles Addams queda en muy buen lugar, lo que me alegra profundamente.

En fin, Sempé habla de todos los aspectos de su oficio, desde las correcciones hasta la técnica empleada en cada caso y todo es interesante y encantador.

Y tiene mucha miga. Por ejemplo, sale el asunto de lo grande frente a lo pequeño, una de las claves de su estilo, grandes edificios o aviones al lado de hombres minúsculos. Sin embargo, aunque admite que sintió esa diferencia de escala en Nueva York, declara que nunca le acobardó, nunca se sintió aplastado por la ciudad. Afirma que se sentía más cómodo allí que en París, donde sí notaba cómo la “grandeza” le oprimía. En relación con esto insiste en cómo en Nueva York todo el mundo se busca la vida, pelea por sobrevivir y no lo oculta, mientras que en Europa esa lucha se esconde tras un velo de complejos de clase.

Sumen a esas reflexiones la presencia magnética de sus obras. A sus conocidos personajes cabe sumar aquí evocaciones más pictóricas, no en vano las portadas para el New Yorker se empeñan en evitar un tema concreto. Así que el asunto acaba residiendo en la textura del lápiz o en la potencia del color. Todas las influencias de Sempé afloran, agrupadas y reinterpretadas por su propio estilo, al tiempo evocador y humorístico. Notamos ecos de Dufy y Matisse, autores tan aparentemente ligeros como Sempé, pero que comparten con él esa sensación de acogedora eternidad.

Queremos vivir esas vidas de acuarela, pasear con esos pequeños personajes, habitar sus entrañables casas…

Leer más...

viernes, 25 de enero de 2019

BENJAMÍN Y BENJAMINA de GOSCINNY y UDERZO

Salvat, 2018.
224 páginas, 23,65 euros


SIEMPRE GOSCINY
Recientemente se publicaban dos obras relacionadas con el gran Goscinny, una recopilación de artículos breves y el Integral con las aventuras de Benjamín y Benjamina.



rené Goscinny del panteón a Buenos Aires - crónicas ilustradas creador Asterix
“Del Panteón a Buenos Aires” editado por Libros del Zorzal reúne textos que el guionista escribió para algunas de las muchas revistas con que colaboró.

Les acompañan ilustraciones realizadas para esta edición por dibujantes franceses tan conocidos como Boucq, Druillet, Mezieres o Lauzier.

A pesar de su triste portada, el libro es chispeante, gracioso y sin una sola pizca de pretenciosidad. Recomiendo especialmente el artículo titulado “Soy un comprendido”, donde el autor se queja con mucha ironía de su éxito. Es una agradable sorpresa que demuestra otra faceta del talento del creador de Asterix.

Benjamin y Benjamina fue otra de sus colaboraciones con Uderzo, antes de que ambos dieran a luz al famoso galo y su poción mágica. Más allá de su valor arqueológico, como una pieza que ayuda a entender el recorrido creativo que los llevó hasta Asterix, tiene no pocos valores autónomos. Por supuesto está el dibujo de Uderzo, que ya era prodigioso. Atención a algunos de sus encuadres, con puntos de vista inusuales en un comic de humor y que demuestran que al dibujante no se le resistía nada. Tampoco pasarán desapercibidos sus vehículos, que delatan la influencia que el gran Franquin ejerció sobre él. Como al belga, a Uderzo le gustaba dibujar coches, cuanto más modernos y deportivos mejor.

Benjamín y Benjamina de Goscinny y Uderzo, edita Salvat comic francés
En cuanto a las historias, el volumen aglutina cuatro álbumes, a cual más divertido. Empieza con una parodia de dictadura bananera, con los presidentes lanzándose bombas y sobreviviendo a un atentado tras otro. Le sigue la clásica aventura con profesor chiflado que ha descubierto un método para hacer volar los objetos.

Después viene la más loca, “El gran Buduchú”, una tremenda farsa sobre dos culturas orientales enfrentadas.

Finalmente mi preferida, “Vaqueros”. En ella Goscinny adelanta futuros trabajos, como su paso por Chick Bill o Lucky Luke, dando rienda suelta a su amor por el western y la cultura americana en general.

Son todos ellos relatos que han envejecido muy bien, perfectamente construidos, repletos de gags y con un humor tan blanco como efectivo.

Para rematar tan satisfactoria lectura, nada mejor que leer cuidadosamente la introducción, donde se explica con detalle el contexto en que se creó la serie, con la pareja de dibujante y guionista cogiendo todo trabajo que se les ofrecía y con un pie en el mundo de la publicidad y otro en el editorial.


También se buscan en esta obra primeriza los recursos que luego emplearían en Asterix. Por si todo esto no fuera suficiente, se incluyen al final del volumen las planchas que dibujaron con otros personajes de esta etapa: Nené y chucho. Como su título indica a las claras, narraban las aventuras de un bebé muy travieso y su perro. Básicamente daban vueltas al clásico del niño que se escapa de la cuna, es perseguido por su mascota para que no le pase nada y al final es el animal el que se la carga o padece alguna desgracia, mientras el muchachuelo sale siempre indemne de sus tropelías. Esa estructura tan sencilla resulta viva y emocionante gracias al enorme talento de Uderzo, que dibuja unos animales maravillosos y dota de gran expresividad al bebé. Es un trabajo que se caracteriza por la casi completa ausencia de diálogos y su carácter eminentemente visual. Una pequeña obra maestra. Y el libro todavía nos reserva alguna sorpresa más. Imprescindible.
Leer más...

viernes, 18 de enero de 2019

X9 AGENTE SECRETO CORRIGAN COMIC

X-9 AGENTE SECRETO CORRIGAN de Archie Goodwin y Al Williamson, edita Dolmen
Archie Goodwin y Al Williamson
Dolmen, 2018.
194 páginas, 29,90 euros

ELEGANCIA EXTREMA
La editorial Dolmen se ha puesto a la cabeza de la política de reediciones de material clásico americano. Tras clásicos imprescindibles como The Phantom o Prince Valiant, nos llega ahora el X-9 de Williamson y Goodwin.


Quizás algunos puristas consideren mejor la etapa de Raymond, con Hammet al guión. Yo no. Goodwin apenas necesita presentación. Con Warren, recuperó a la plana mayor de dibujantes de la mítica EC. Los juntó en publicaciones que intentaban alcanzar la calidad interrumpida por la aplicación del Comics Code.

A veces fracasaba comercialmente, como en su revista bélica Blazing Combat, en otras ocasiones conseguía grandes éxitos, como con sus revistas de miedo Creepy y Eerie. Goodwin no solo eligió a los mejores autores, también escribió para ellos intensos relatos de intriga y terror. Luego se marchó a dirigir Marvel y más tarde sentó las bases de muchos comics actuales en publicaciones pioneras como Epic. Sus credenciales son sólidas y amplias. Como director, editor o guionista, Goodwin es sinónimo de entretenimiento y buenas historias. Más cuando, como en este caso, le acompaña un gigante como Williamson. El sonriente artista inició su carrera muy joven, ayudando a Burne Hogarth con las entregas de Tarzán.

Wally Wood comentó cómo le envidiaban él y sus compañeros de clase en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York, cuando Al se dejaba caer para pasarle los bocetos de las tiras a un Hogarth más atento a su escuela que a sus propios dibujos. Más tarde Williamson y su grupo de amigos, Torres, Krenkel o Frazetta entre otros, participaron en la sección de fantasía de la E.C.

Comic X9 agente secreto de Archie Goodwin y Al Williamson, edita Dolmen
Luego saltó a Warren, Marvel y lo que le ofrecieran. Fue de los primeros en apreciar el valor de los originales de comic y es muy conocida la anécdota que protagonizó. En cierta ocasión le dieron para envolver un bocadillo la mítica plancha del puente de Prince Valiant. No sabemos si el bocadillo llegó a su destino pero durante años la página adornó el despacho de Al. Siempre se aseguró de recuperar su obra y coleccionó con avidez el trabajo de sus colegas.


Se encargó con toda justicia del agente del FBI que ya había pasado por las manos de Raymond. Pocos como él podían competir con la elegancia del trazo original del dibujante de Rip Kirby. Williamson demuestra que es uno de los grandes en esa escuela realista, aportando una dinamicidad extra a sus figuras, un toque más cinematográfico a sus encuadres y una sensualidad más moderna a sus mujeres. Fue un gran seductor y un eterno aficionado al cine. Y esas pasiones se trasladaron a sus dibujos.

El volumen se devora con facilidad y cada viñeta es una lección de entintado, composición y buen gusto. ¡Qué bien dibuja las arrugas de los trajes! ¡Cómo distribuye las masas negras en sus viñetas! Se notan las referencias y deudas con Raymond y la presencia de un ayudante que nunca pasa desapercibido, Neal Adams. Los guiones son correctos y nos pasean por los tradicionales escenarios de serie negra y espías, con una generosa ración de estrafalarios villanos, depravadas malvadas y exóticas protagonistas.

Goodwin y Williamson se mantuvieron durante una década en la tira así que todavía nos quedan muchas horas de sano entretenimiento y diversión. ¡Guau!
Leer más...