viernes, 27 de abril de 2018

CÓMO CREAR CÓMICS de GIBBONS y PILCHER

Cómo crear cómics de Dave Gibbons y Tim Pilcher, edita Norma
Norma Editorial, 2018
192 páginas, 25 euros

LECCIONES DE UN MAESTRO


Es corriente que dibujantes de éxito facturen libros en los que explican los secretos de su arte. Lo hizo Buscema en su momento, también Kubert o Eisner entre tantos otros. Y ahora le ha llegado el turno a Gibbons.


Es un creador tan sólido como concienzudo. En el libro nos habla de sus estudios de arquitectura, que ayudan a entender determinados aspectos de su arte.

Como Daniel Torres, otro arquitecto transformado en dibujante, su dibujo parece más construido que modelado. Ambos facturan figuras que acusan cierta rigidez pero compensan esa carencia de dinamismo con rigor. Todo lo que ha podido ser planificado o previsto se traslada a sus páginas. Esas ganas de hacerlo bien, de mimar los detalles asegurándose de que todo colabora en la mejora de los resultados, es bienvenida por el lector. Al final siempre tenemos la sensación de que tanto Torres como Gibbons no lo hacen mejor porque no se puede.

Gibbons realizó un excelente trabajo en Watchmen y siempre cumple con creces, tanto en historias creadas por él mismo como ilustrando las ideas de guionistas como Len Wein, colaboración reeditada recientemente, o Millar, a quien acompañó en la disparatada Kingsman. Y ahora ha decidido enseñarnos lo que sabe en un libro tan ameno como humilde. Gibbons es un artesano, su ausencia de pretenciosidad es admirable y se traduce en un conjunto de consejos directos, claros y sencillos. Pero no se dejen engañar: Gibbons sabe cómo se hace y también cuánto cuesta hacerlo. Y se nota.

Llama la atención la autoridad con que aborda todos los apartados, del guión al entintado pasando por los bocetos o el color. Nada le resulta extraño y siempre se aprecia que se ha esforzado y peleado con aquello que comenta, ya sea el diseño de la portada o la rotulación.

Cómo crear cómics de Dave Gibbons y Tim Pilcher, edita NormaTambién el diseño de escenarios, vestuario y personajes, la posición de los negros en las viñetas, o la distribución y necesaria variedad de los planos.

El capítulo dedicado al lettering es especialmente sabroso ya que, según comenta, entró en la industria como rotulista. Explica cómo usar la mítica regla Ames y casi consigue que hasta yo lo entienda. Sus reflexiones sobre la posición de los bocadillos y cómo ayudan (o estorban) al flujo de la página son muy interesantes, también sus ejemplos de paginación o los saltos de una estructura a otra de acuerdo al guión. Pero es que esa es la norma en el volumen.

Da igual lo que sepamos o hayamos leído sobre cualquier aspecto de la producción de un cómic. Sus consejos siempre son inteligentes y nos ayudan a afianzar o a descubrir nuevas facetas. Y, como ya he dicho, no se deja nada. Su control sobre el proceso como un todo es admirable. Y está muy bien explicado. No olvida citar a sus referentes en los distintos campos, su narrador favorito, su dibujante favorito, su colorista favorito, etc. Hasta dedica un espacio a Wally Wood y sus famosas veintidós viñetas.

Me parece que se trata de una guía que entretendrá a cualquier aficionado, que tendrá la ocasión de asomarse a las entretelas del trabajo de Gibbons y de disfrutar con sus bocetos y su rigurosa metodología de trabajo. Y por supuesto un manual perfecto para estudiantes o aspirantes que deseen tener una primera visión del oficio.

Si finalmente se consigue que la Consejería de Educación autorice el ciclo de Cómic aquí en Palma pienso que será un excelente libro de texto para los alumnos. Desde aquí les sugiero que se lo vayan comprando. Ya falta menos.


Digital Artist 2009 Masterclass #1 - Dave Gibbons from Intel Digital Artist 2009 on Vimeo.
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viernes, 20 de abril de 2018

EL ORIGEN DE LA LLAMA VERDE de MIGNOLA, ROBERSON, MITTEN, STEWART

El origen de la llama negra Hellboy - Mignola, Roberson, Mitten Stewart
Norma Editorial, 2018
136 páginas, 17,50 euros

CON Y SIN 


Con gran regularidad, Mike Mignola mantiene en pie el universo Hellboy produciendo obras con autores que procuran siempre ajustarse a las inconfundibles pautas estéticas de la serie.


Recuerdo cuando hace lo que parecen mil años se presentó en el Salón de Gijón, empeñado en dibujar un personaje al que nadie conocía y que nadie deseaba tener en sus cuadernos de dedicatorias. “No quiero esta mierda, quiero un Batman”, era la queja habitual entre los aficionados.

En aquel momento Mignola no era popular por su Hellboy sino por sus colaboraciones con diferentes héroes en Marvel y DC. Pero estaba obsesionado por alcanzar una mayor independencia creativa y suponía que su diabólica creación se la iba a conseguir, como así fue. La jugada le ha salido bien y todo el mundo parece rendido a los pies de su chico infernal. Las adaptaciones cinematográficas a cargo de Guillermo del Toro han respetado su imaginario, ampliándolo más allá del papel y asegurándole una confortable posición y la autonomía artística que anhelaba.
Sus logros son considerables, más en una industria tan volátil como ésta. Recuerden que en su primera historia, como no se sentía demasiado seguro de sus capacidades como escritor, contó con la ayuda del autor más de moda, el tipo que lo dibujaba y lo escribía todo y a quien los fans veneraban. Hoy en día ¿queda alguien que se acuerde de John Byrne?

El origen de la llama negra Hellboy - Mignola, Roberson, Mitten Stewart
Lo he dicho con anterioridad, como dibujante el trabajo de Mignola es absolutamente respetable. Ha conseguido imponer su estilo minimalista y de alto contraste y creo que su influencia ha sido muy positiva sobre otros autores.
También respeto su panoplia de intereses temáticos, esas historias de fantasmas que beben de todas las fuentes posibles, de los cuentos clásicos a Lovecraft pasando por la mitología o lo que se les ocurra. Nada gótico le es ajeno y esos mundos son especialmente agradecidos para cualquiera educado a los pechos del tío Creepy como yo. Su problema siempre han sido los guiones.
De vez en cuando consigue resultar entretenido, como le ocurría en algunas de sus afortunadas colaboraciones con Corben. Pero en general leer un Hellboy o cualquiera de sus series adyacentes es como no leer nada, da lo mismo. Sabemos que tendremos una ración de bonitos dibujos asegurada pero que luego los hechos que se nos van a contar serán irrelevantes, planos y sin apenas emoción. De alguna manera Mignola no consigue transmitir, es frío como el hielo, distante.

Los muertos vivientes de Kirkman y Adlard Planeta Comic zombies Muerte Segura #28
Le he echado un vistazo a “El origen de la llama negra”, escrito por él. El dibujante tiene un estilo en su onda y todo presenta un buen aspecto. Hasta que nos ponemos a leer. Reconocemos la atmósfera, esos ambientes orientales con sectas asesinas que tantos buenos momentos nos han asegurado en el cine clásico. Pero aquí nada, pasan muchas cosas, los personajes no se callan nunca, hay monstruos del averno y todo da igual. Emoción cero, interés ninguno. No hay manera. Si no me creen les propongo que comparen el distanciamiento brechtiano de Mignola con la intensidad de Kirkman en otra conocida serie de terror. “Los muertos vivientes” también ha conocido una adaptación audiovisual, en su caso como serie de televisión. Por lo que he visto, con temporadas mejores y peores. Pero recuerden: el tebeo es otra cosa. Y milagrosamente el guionista se las ha apañado para mantener nuestro interés sobre sus personajes. Prácticamente hablaría de la serie en cada nueva entrega porque número a número siempre hace algo que me sorprende. A veces son buenos episodios y otras muy buenos. El último era realmente excepcional. Como suele ser habitual coincidía con la muerte de unos de los protagonistas, algo normal en la saga y al tiempo siempre diferente. La gente se muere “de verdad” en Los muertos vivientes. Tanto que el creador se ha visto obligado a introducir una carta en mitad del relato, para explicar lo mal que se sintió cuando se cargó a ese personaje. Y les aseguro que no sonaba a truco de guionista. Pero donde realmente demuestra su maestría es en una escena en mitad de la agonía de la heroína, que ha sido mordida por un zombi y sabe que el fin se acerca. Habla sobre el amor y niega el concepto de la media naranja, de esa pareja ideal que cada cual tiene reservada, esperándole en alguna parte. Al contrario, defiende que “cualquiera puede amar a otro si quiere hacerlo”. Argumenta que nadie está hecho para ajustarse a otro, pero que todos podemos aportarnos felicidad. La escena es tan conmovedora como sugerente y nos mantiene pegados al relato hasta su dramático desenlace. Kirkman sí tiene lo que esperamos de un buen guionista. Mignola, lamentablemente, no.




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viernes, 13 de abril de 2018

LA MUJER LEOPARDO de Schwartz y Yann

Comic la mujer leopardo de Yann & Schwartz edita Dibbuks
Dib•Buks, 2018
126 páginas, 22 euros


NAZIS EN LA SELVA
El guionista Yann y el dibujante Olivier Schwartz unen sus fuerzas para insuflar un nuevo aliento al clásico Spirou. No son los primeros que lo intentan.


Aunque el personaje es anterior a Franquin todos lo asociamos con el genial dibujante belga ya que fue él quien dibujó sus mejores aventuras, incorporando secundarios tan maravillosos como el marsupilami. Álbumes como “El refugio de la morena” son auténticas joyas, referentes que permanecerán como clásicos de la historia del comic.

Franquin consiguió siempre un delicado equilibrio entre el humor y la aventura y sus relatos se caracterizaron por un ritmo trepidante y muy difícil de imitar. Obviamente el personaje ha sobrevivido a su “padre adoptivo” y en las últimas décadas ha sido reinterpretado por diversos equipos creativos. Su mejor reinvención fue sin duda el “pequeño Spirou” firmado por Tome y Janry. Entre las últimas aportaciones destaca la de Emile Bravo, aquel “Diario de un Ingenuo”. En ella imaginaba unas primeras aventuras del botones Spirou, justo antes de que Alemania y la URSS se repartieran Polonia.

Yann y Schwartz podría decirse que eligen el momento siguiente, cuando los alemanes ya han ocupado Bélgica. Nos hablan de ese momento histórico, trufándolo de homenajes nada discretos a Hergé y hasta justificando su participación en un periódico “colaboracionista” durante la guerra, algo que casi todo el mundo le ha echado en cara al padre de Tintín.

En esa primera obra, “El botones de verde caqui(publicado originalmente en 2009), abundan las citas a la gráfica de la época y alusiones a todo tipo de referentes culturales. También llaman la atención los personajes femeninos, Úrsula y Glu-Glu, que actualizan el gusto de Franquin por las chicas audaces, añadiéndoles un extra de picardía.


En 2014 se publicaba la primera parte de “La mujer leopardo”, que se completaba en 2017. Ahora han llegado los dos álbumes a nuestro país como un tomo único. Schwartz mantiene las citas a Chaland en su dibujo, que es limpio y atractivo. No olvida los constantes guiños a una época que parece conocer bien.

Este segundo ciclo nos traslada a una posguerra en la que aún pesa mucho la reciente ocupación nazi. Esta aventura es más viajera, en la tradición del Spirou clásico, así que pronto nos trasladamos a París primero y a África después. La parte parisina es especialmente afortunada, con muchos invitados especiales, de Boris Vian a Sartre pasando por Simone de Beauvoir. Algunas de las réplicas de la “salvaje” protagonista al pedante filósofo son brillantes y muy divertidas. Toda esa atmósfera existencialista y al tiempo frívola está perfectamente representada, tanto gráfica como conceptualmente.

Comic la mujer leopardo de Yann & Schwartz edita Dibbuks
Después, cuando la aventura se traslada al continente negro, pierde algo de fuelle. Se mezclan demasiadas tramas y da la sensación de que no acaba de darse con el tono adecuado. Con todo, el nivel es muy alto y el dibujante nunca desfallece. Aunque a veces su narrativa resulta un poco confusa y eso no ayuda a mejorar un ritmo siempre entrecortado. Ese es uno de los grandes misterios del comic. Da igual que la estructura narrativa sea aparentemente impecable, que los dibujos sean buenos y que en teoría todo esté pensado para que el lector salte con suavidad de una viñeta a la siguiente. Esa naturalidad de la transición entre viñetas en ocasiones se produce y en otras no.

Y en estos dos álbumes he tenido muy a menudo la sensación de que me salía de la historia. O bien porque se volvía más enrevesada de lo necesario, porque los diferentes tonos, de la farsa al drama pasando por un cierto erotismo y hasta gotas de crítica política, no estaban bien integrados, o que los malos me resultaban forzados o poco interesantes, o yo qué sé qué. Pero de alguna forma, reconociendo las indudables virtudes del cuidadoso trabajo de Yann y Schwartz, no acabo de entrar, no me arrastran, no me llevan de un lado a otro como estoy convencido de que sí habría logrado Franquin. Con todo, insisto: un intento muy respetable, denle una oportunidad.



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viernes, 6 de abril de 2018

EL DÍA 3 de DURÁN, GINER BOU Y BALLESTER

Artículo sobre la obra "El día 3" de Cristina Durán, Miguel A. Giner Bou y Laura Ballester sobre el accidente de metro de Valencia, edita Astiberri
Cristina Durán, Miguel A. Giner Bou y Laura Ballester 
Astiberri, 2018.
216 páginas, 18 euros.

VERSIONES OFICIALES
Esta reconstrucción del trágico accidente del metro de Valencia ganó el premio Ciudad de Palma de cómic en 2016. En ella se critica la posición adoptada por algunos políticos.


Escribo estas líneas a pocos días del decimocuarto aniversario del atentado del 11-M en Madrid, otro asunto que también presenta muchas zonas grises. Pero la indignación que llevó a muchos ciudadanos enfurecidos ante las sedes del PP en aquellos primeros días parece haberse desvanecido con los años. Aquí el asunto valenciano se aborda con un dibujo muy estilizado pero correcto. Hay dos secuencias al inicio que en cierta medida marcan el tono de lo que vendrá. Me refiero a la primera, con el padre dando de comer a las palomas, y la del accidente, con ese zoom al interior del túnel. Enseguida se adopta un aire muy documental que conmueve precisamente por su sencillez, con las llamadas al centro de emergencias y los primeros momentos de desconcierto. Pero nunca se abandonan del todo las metáforas visuales.

En la página 20 salen los responsables políticos y vemos que se les presenta como fregonas, figuras con tentáculos por cabeza. Chirría la primera vez y sigue haciéndolo a lo largo de todo el volumen. Cuando luego aparecen “el follonero”, Joan Ribó o cualquier político que no sea del PP los autores se aseguran de que se parezcan. Si son del PP son monstruos, esa es la idea que se traslada al lector. Después viene toda la explicación de las posibles causas técnicas del accidente, las declaraciones, la destrucción de pruebas y la construcción de la “versión oficial”. Toda esa parte es interesante y acerca la obra al género judicial, con pistas que seguir y misterios que desentrañar. Esos momentos en que se confrontan los argumentos del gobierno regional con las dudas razonables de los expertos son sin duda los más interesantes y provechosos del comic.

Comic Ciutat de Palma 2017 accidente valencia metro
Pero lamentablemente no se sigue esa vía. Pronto nos damos cuenta de que si los responsables son como bestias lunares sin rostro, las víctimas a duras penas se individualizan. Están el padre y su hija, el padre y su hijo y poco más. Se nos dan los nombres de dos de los directores de la asociación de víctimas pero se insiste en el colectivo, en la fuerza del grupo. Lo cual supongo que políticamente tiene sentido pero narrativamente es letal, distancia del posible drama.

No consigo acabar de interesarme por unos personajes apenas esbozados y a los que se rodea de gusanos y otras sutiles alusiones gráficas. Si el énfasis no se pone ni en los protagonistas ni en los hechos desnudos ¿qué es lo que se nos cuenta?, se preguntarán. Pues básicamente el tebeo deriva hacia la agitación y la propaganda. Los responsables del PP son unos monstruos, los que los sustituyen unos santos. Los del PP estaban preocupados por la visita del Papa, los nuevos montan comisiones de investigación. Los de Canal 9 no hablan del accidente… hasta que casi pierden su puesto de trabajo, entonces dedican al suceso amplios publirreportajes. En fin, durante años la gente es idiota y no apoya a la asociación, pero entonces llega “el follonero” y consigue llenar plazas antes vacías.

Es indignante que gente que ha perdido a sus familiares en tan trágico acontecimiento, además deba soportar cómo se intentan ocultar las causas de ese drama. En un buen relato judicial (“En el nombre del padre”, “Algunos hombres buenos”, “Anatomía de un asesinato”…) tras la exposición de las pruebas se llega a alguna conclusión y se condena a los culpables.

Aquí la atención se centra en la rabia de unas víctimas a las que nadie escucha… que se desvanece en cuanto les empiezan a poner medallas y a sacarlas por la tele. En una pequeña nota al final se indica que el caso ha vuelto a ser archivado. ¿No era eso lo importante? Esclarecer la verdad, descubrir las razones últimas del accidente, decidir cuánto se podía haber hecho para evitarlo… o para que no vuelva a ocurrir. No es esa la sensación que transmite la obra. Más que a una verdadera preocupación por la justicia, asistimos a la instrumentalización política de unos hechos lamentables. O sea, más de lo mismo.
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viernes, 30 de marzo de 2018

ANTES DE WATCHMEN: ESPECTRO DE SEDA de COOKE y CONNER

ECC, 2018.
120 páginas, 14,95 euros.

DÉCADAS PRODIGIOSAS
Darwyn Cooke fallecía a los 54 años de edad en 2016. Esa prematura muerte ha facilitado una recuperación de su obra, que es tan escasa como interesante. Ahora nos llega su participación en la serie Antes de Watchmen, agrupada en dos bonitos volúmenes.


Cooke llegó tarde a los comics. Primero colaboró con Timm en las series de animación de Batman y hay muchas similitudes entre los estilos de ambos creadores.

Después desarrolló su carrera como dibujante con los personajes más conocidos de las grandes compañías y más tarde con su adaptación de Parker, el detective de Donald E. Westlake. En Watchmen podemos admirar su talento, como creador completo a cargo de dibujo y guión y como guionista que escribe para otros artistas.

Hay diferencias muy apreciables entre los dos tomos. El de los Minutemen, ambientado en los cincuenta, es más continuista respecto a la serie original de Moore y Gibbons. Mantiene su relectura de la Edad de Oro. Hay un grupo de héroes y, por supuesto, están llenos de debilidades. Los buenos no son siempre lo que parecen, hay gays y lesbianas que apenas pueden abrir la puerta del armario, una violencia latente bajo la aparente tranquilidad del sistema, caza de rojos y subversivos y Vietnam a la vuelta de la esquina. Cooke resuelve con su bonito dibujo pero no consigue que nos olvidemos de Gibbons.

En el episodio dibujado por Rude y escrito por Wein, volvemos a comprobar lo confusa que puede ser la narrativa del autor de Nexus. Dibuja muy bien, pero no se entiende nada, es histérico y lioso, olvidable. Mejor fortuna tiene Eduardo Risso, que habitualmente se empareja con guionistas sin ideas. Straczinski le brinda un relato interesante, ese malo que acaba convertido en la patética marioneta de villanos más poderosos que él. No se dejen engañar por la aparente sencillez del dibujo, Risso sí sabe cómo contar con claridad y aquí firma un excelente trabajo.

Si ese primer tomo es interesante en el segundo todo mejora. Cambiamos de década para seguir las andanzas de la hija de una de las heroínas más “frescas” de los cincuenta, Silk Spectre.

Cooke se centra en su hija, una joven rebelde que se pelea con su progenitora y se escapa a San Francisco en pleno estallido hippie. Amanda Conner se encarga del dibujo y su labor es maravillosa. Parte de la clásica estructura de tres por tres que ya caracterizó al primer Watchmen y recrea con dulzura y elegancia las sensaciones, colores y texturas de los sesenta. Tanto el guión como el dibujo manipulan con sumo cuidado el cóctel de elementos que construyen esta deliciosa mezcla.

Hay rebelión juvenil, descubrimiento de la sexualidad y el amor, exploración de sustancias amplificadoras de la conciencia, comunas, lucha intergeneracional y mucho más. Sobre todo se manejan los afectos con mucha delicadeza y naturalidad. El cariño del tío hacia su hija adoptiva, la atención secreta de ese padre ausente, el amor protector y no correspondido de esa madre incomprendida, el de la heroína hacia su novio, la amistad hacia los nuevos amigos, etc. Y luego está el mal, que se confabula para arruinar la utopía y que intenta sacar provecho de toda nueva esperanza.

Por el camino tenemos un proceso de maduración y crecimiento, asistimos al admirable florecimiento de esa nueva Silk Spectre, que pasa de ser una niñata enfurruñada a una mujercita capaz de enfrentarse a cualquier enemigo. En un tebeo donde las emociones son tan importantes como éste, el dibujo es importantísimo. Amanda Conner cumple con creces y firma un trabajo brillante. No se lo pierdan.




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viernes, 23 de marzo de 2018

LA ODISEA DE LA METAMORFOSIS de STARLIN

Planeta, 2018.
240 páginas, 25 euros.

STARLIN DESTRUYE EL UNIVERSO... ¡OTRA VEZ!
En los últimos meses se ha producido una recuperación de la obra de Jim Starlin que no debería de pasarle desapercibida a ningún aficionado a los buenos tebeos.



Panini, ECC y Planeta se reparten sus reediciones, como ocurre en general con todos los comics de superhéroes.

Observo que una buena parte de esas recuperaciones vienen propiciadas por Thanos, villano que va a protagonizar la próxima peli de Marvel-Disney y que ¡oh, casualidad! fue una creación de Starlin.

Aunque él se quejaba amargamente de lo injusto que resultaba crear personajes para Marvel, que luego podía hacer con ellos lo que quisiera y sin consultar a sus creadores, lo cierto es que parece encariñado con su bebé y siempre que puede vuelve a él. Conviene recordar que hablamos del tipo que mató al Capitán Marvel, un comic fundacional en el que el autor recreaba los sentimientos por los que pasó tras la muerte por cáncer de su padre. Años después la editorial decidió que había que resucitarlo y así lo hicieron, para desesperación de Starlin.

Pero él representa también la otra cara de la moneda, ejemplifica el cambio en la relación con los autores que empezó a producirse en los setenta. Concretamente en la revista Epic. Allí los creadores, como ya estaban haciendo los dibujantes underground, se quedaban con los derechos de sus personajes. Y allí apareció Dreadstar, una de las obras mayores de Starlin.

Primero se presentó en una miniserie, esta Odisea de la Metamorfosis que ahora se ha reeditado y que representaba otro de los hitos de la revista. Inspirados por la calidad de los álbumes europeos, los editores americanos decidieron que había llegado el momento de producir obras con mejores colores e impresión. Así que animaron a los autores a realizar verdaderas maravillas gráficas pintadas con colores directos y deslumbrantes. En el caso de Starlin además le gustaba mezclar procedimientos, así que pasaba de papeles coloreados a zonas recortadas, aerógrafo, técnicas secas y húmedas y lo que se les ocurra. En el plano visual la Odisea es muy estimulante. Quizás el argumento no es el mejor que haya escrito Starlin, aunque el fin del mundo está asegurado. Ya saben que le gusta reflexionar sobre el apocalipsis y la muerte. Con humor, eso sí.

Starlin ha sido muy prolífico y no ha evitado escribir para otros dibujantes como Mignola o Wrighston, comics que también se han recuperado recientemente. Se han reeditado también sus colaboraciones con Ron Lim en Silver Surfer. El dibujo es muy de batalla pero contiene varios episodios muy interesantes.

No todo Starlin es bueno. Escribe y produce mucho y no siempre está inspirado. Pero el mejor Starlin es muy bueno, uno de los grandes. Se ha recuperado su Gilgamesh II, que es un trabajo respetable y con un final muy ditkiano. En cambio su reciente colaboración con Alan Davis en Los Guardianes de la Galaxia es entretenido y poco más. Yo citaría como imprescindibles su saga del Capitán Marvel y el cubo cósmico, que se ha agrupado en un mega tomo. Y por supuesto su serie Dreadstar, también reeditada en un volumen. Es una obra maestra que se disfruta desde la primera a la última viñeta, llena de emoción y humor, uno de los mejores tebeos de los ochenta. Y eso es mucho decir.

¿Otros Starlin que merecen atención?
Por supuesto su Breed, posiblemente su último gran trabajo. No lo duden y denle una oportunidad. El que prueba repite.



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viernes, 16 de marzo de 2018

GRANDVILLE. FUERZA MAYOR de TALBOT

Grandville - fuerza mayor - comic de Bryan Talbot thriller policiaco steampunk
Astiberri, 2018.
176 páginas, 24 euros.

ADIEU, GRANDVILLE! 


La serie de Bryan Talbot es un gran canto de amor. Amor a la cultura francesa, a las novelas de detectives, a los tebeos de animalitos, a las películas de gángsters... Pero todo lo bueno se acaba.


Así lo anuncia el autor en el epílogo. Le lleva demasiado trabajo para resultar rentable. Menciona la posibilidad de una adaptación cinematográfica que obviamente relanzaría la serie. Pero como esos asuntos siempre son improbables, por ahora ¡hasta aquí hemos llegado!

Esa es la mala noticia. El resto es todo bueno, pata negra. Talbot demuestra su poder desde la primera secuencia, una brutal matanza en una refinada marisquería. En el mundo de Grandville las personas son animales y el héroe un tejón así que en el restaurante se dan situaciones próximas al canibalismo, con langostas de cuerpo humano zampándose gambas y cosas así. Pero en dos minutos Talbot le ha dado la vuelta a todo y nos sumerge en una aventura trepidante en la que el protagonista, ese Lebrock duro como un pedernal, debe luchar por salvar a su familia de las garras del malo malísimo, una suerte de dinosaurio con muy mala baba.

Grandville - fuerza mayor - comic de Bryan Talbot thriller policiaco steampunk
Por el camino nos adentramos en la educación del inspector, a cargo de un evidente homenaje a Sherlock Holmes con aspecto de águila. Talbot entrelaza con habilidad los flashback y las numerosas acciones en paralelo y la estructura del relato permanece firme pese a los constantes vaivenes espacio-temporales. Tiene ocasión de volver a demostrar su maestría en la persecución por las calles de París. La novia del héroe, que tiene muy poco de delicada damisela, se enfrenta a un ejército de villanos que la persiguen en un antológico conjunto de planchas. Ella no solo sabe correr, también liquida a un buen número de mastuerzos en una secuencia con claras resonancias tarantinianas. Ocho páginas que son un absoluto libro de texto de narrativa visual.

Sumen a ello otro tema que siempre ha interesado a Talbot y a los ingleses en general, la lucha de clases. Lebrock es un héroe de la clase trabajadora, un currante que comienza como policía de a pié y que a fuerza de tenacidad y talento va escalando posiciones en el cuerpo hasta alcanzar la cima del escalafón, el lugar ocupado antes por su mentor. Su esfuerzo le lleva a convertirse en una persona mejor, en el perfecto investigador, a quien no se le escapa ningún detalle y cuya memoria parece capaz de albergar todos los datos conocidos por hombres y bestias. Por supuesto sus superiores son unos idiotas incapaces que prosperan gracias a sus contactos y amistades ¿Les suena?



La tensión se acumula sin desmayo hasta el clímax final en la guarida del malo, ese "Infierno" lleno de resonancias y que, como todo en Grandville, esconde capas y capas de alusiones, homenajes y significados. Talbot ha acumulado en este trabajo todo lo que le emociona y le hace vibrar y al lector no le cuesta ir reconociendo los incontables guiños que se agolpan en las viñetas.

De hecho esos juegos de espejos forman parte del placer de leer esta enorme serie. No se dejen amedrentar por su saturada textura visual y sus chirriantes colores digitales. En cuanto nos ponemos a leerlo nos olvidamos de todo y nos percatamos de que no podía estar mejor contado. Los diálogos son ingeniosos y ágiles y los dibujos son minuciosos y están perfecta y laboriosamente construidos.

En fin, después de cinco brillantes números, que ya me dispongo a repasar con placer, Talbot parece dispuesto a interrumpir su serie. Todo lo bueno se acaba ¡maldita sea!



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viernes, 9 de marzo de 2018

COMIC FEMENINO 8 MARZO ¡JO TÍA!

Aunque a veces se da por supuesto que solo los chicos leen tebeos, lo cierto es que existe un público femenino que hasta ahora sobre todo consumía manga y que empieza a sustituir la furia oriental por pasiones más cercanas. 


Ya he comentado con anterioridad el florecimiento del fenómeno “blog”, la aparición de un conjunto de autoras que a base de humor y guiños generacionales se las apañan para saltar de los universos digitales a los de papel.

Aunque algunos youtubers de éxito parecen ser capaces de sobrevivir a base de anuncios en la nube, las nuevas ilustradoras intentan alcanzar los formatos impresos tradicionales. De una forma u otra se está produciendo un recambio, entran en escena nuevas creadoras con, se supone, nuevos mensajes.

olivia y el sexo comic de Idoia Iribertegui y Alicia Gallotti grijalbo
OLIVIA Y EL SEXO
Idoia Iribertegui y Alicia Gallotti

Grijalbo, 2018.
126 páginas, 16,90 euros.

Alicia Gallotti, guionista de Olivia y el sexo, se presenta como “escritora especializada en libros de orientación sexual”. Un primer vistazo a su obra, ilustrada por Idoia Iribertegui, nos remite al Fresa y chocolate de Aurélia Aurita (2006). En aquella novela gráfica la autora explicaba con pocos pelos y muchas señales su vida íntima con su novio en Japón. Los explícitos contenidos venían servidos por un dibujo casi infantil y la mezcla era realmente explosiva, muy turbadora.

Más recientemente hemos tenido otras muestras de porno escrito o dibujado por señoras, como las Historias inconfesables (2013), con guión de Ovidie y en ese caso con elegantes dibujos del señor D’Aviau. Pero Olivia y el sexo es otra cosa, algo más que una acumulación de escenas picantes. El arranque puede ser engañoso. Dibujo naif, “femenino” en el sentido más convencional de la expresión… Pero en la página 25 la prota disfruta del sexo anal en una primera cita. Así que como lector supongo que los tiros irán por ahí. A la heroína la ha dejado el imbécil de su novio y su venganza consistirá en una acumulación de polvos a cual más sicalíptico. Resulta que no.

olivia y el sexo comic de Idoia Iribertegui y Alicia Gallotti grijalbo
El primer síntoma de que estamos en territorio “moderno” es el uso del móvil. Muchos autores parecen haberse puesto de acuerdo para llenar sus páginas de mensajes de texto. Entiendo que es un signo de los tiempos y que una buena parte de la comunicación se establece a través de las redes. Pero visual y narrativamente es bastante pesado, venga wasaps y miraditas a la pantalla.

El dibujo, aunque blandito, no molesta, nos ayuda a entrar en la historia. Y lo que se cuenta no se detiene en las hazañas amatorias de la protagonista y sus amigas sino que se interesa más por los vaivenes de toda relación amorosa. Los me-quiere-no-me-quiere que ahora se traducen en no-contesta-a-mis-mensajes.

El guión hace bueno el clásico chiste de porqué las chicas se quedan hasta el final de las pelis porno, para saber si hay boda o no. Es como leer un tebeo de la Esther de Purita Campos, con sexo por en medio, pero el resto no es muy diferente. Llama la atención lo cerrado de este universo. Los chicos son poco más que estorbos, tipos que a veces lo hacen bien y otras no pero en los que de ninguna manera se puede confiar. Olivia salta de una relación desastrosa a otra y al final tiene “un encuentro agradable” y su conclusión es que “si no nos vemos más no pasa nada”. Pues eso.


Vamos nena que te comen la merienda de marta masana y So Blode edita Planeta
VAMOS, NENA, QUE TE COMEN LA MERIENDA

Marta Masana y So Blonde
Planeta, 2018.
112 páginas, 17,95 euros.

Creo que Vamos, nena, que te comen la merienda es más interesante. Esta propuesta de Marta Masana con So Blonde al guión, emplea un tono menos serio, evitando la gravedad sentimental y hasta pedagógica de Olivia y el sexo


Para empezar, aplaudo el chiste de la guionista en la presentación. El del madroño. Para seguir, es inteligente poner en escena a tres generaciones, cada una con su punto de vista particular, la madre, la abuela y la nieta. Lo hemos visto antes, dentro de una reivindicación de la femineidad universal y hasta cósmica. Pero aquí básicamente sirve para generar gags tan diversos como afortunados. Aunque la abuela es un personaje fascinante y tiene una gran broma (la de “alégrame el día”), creo que es la más pasada de rosca. Madre e hija son más naturales, dentro de la exageración que caracteriza a toda buena farsa como esta. Pero considero que algo más de contención volvería a la yaya más creíble. Una cosa es que sea dura y resabiada y otra que parezca un Rambo con faja.

El dibujo y la narrativa son irregulares. Hay un cierto abuso de las viñetas grandes, en muchos casos innecesarias, como hinchadas. Cuando las páginas se vuelven más densas, mejoran. Es un trabajo fresco y que en general acierta en las expresiones y actuaciones de los personajes. Esa misma frescura e inmediatez que constituyen las mejores bazas de Massana, son también las que más a menudo la traicionan. Hay momentos en que los gestos y los fondos podían haberse cuidado más. Ocurre lo mismo con la escritura, al lado de gags muy conseguidos aparecen escenas estiradas o no muy divertidas.

Vamos nena que te comen la merienda de marta masana y So Blode edita Planeta
Como en Olivia y el sexo, los varones son representados como unos negados. El universo de Vamos, nena, es casi exclusivamente femenino.

Si entra en escena algún tipo es para burlarse de él o presentarlo como un abusador. O es lo bastante blandito como para no parecer peligroso. Estamos entrando en una fase de historietas muy beligerantes con los señores. Algo que me llama la atención cuando llevo media vida escuchando quejas sobre la ausencia de damas en Tintín. Es cierto que en muchos casos la falta de presencia femenina en los tebeos era clamorosa, pero eso no justifica, creo yo, lo contrario. Hagamos tebeos sin salchichas, ha llegado el momento de desaparecer.

Aquí al menos no se cae a menudo en el panfleto. Está el chiste en la clase de historia, donde supongo que reivindican a Margaret Thatcher y a Golda Meir. Pero en general no entran al trapo y la propia Masana ha declarado que prefiere considerar su trabajo más como comedia costumbrista que como feminista. Creo que acierta y que los mejores momentos los consiguen cuando se centran en los personajes, que llegan a ser muy convincentes.

No es sencillo mantener la atención sobre tres protagonistas que actúan en ocasiones por separado y otras todas juntas, además de incluir un montón de secundarios, algunos con tanto peso como la ex-suegra o la amiga operada. Sientan las bases para lo que podría ser una excelente comedia de situación.



 Obviamente los chistes pueden mejorar y el encaje de todas las piezas ajustarse. Pero sentimos que van por el buen camino ante secuencias como la de “Jo, tía”. No solo es descacharrante la primera vez que se lee. Es que luego se emplea como un mecanismo de repetición que aparece en un segundo gag aún mejor que el primero. Denota una preocupación por la obra como unidad donde todo tiene un sentido al final. Y hay más momentos como ese en el relato.

Pienso en la secuencia entre la operada y la abuela, escrita con mucha delicadeza y que supone un adecuado contrapunto sentimental. O en el personaje del encargado del centro de día, cuyo interés por la madre se va sugiriendo paso a paso. Esas pequeñas pistas nos hablan de una visión de conjunto que esperamos germine en situaciones más divertidas y humanas en futuros volúmenes. Pero el nivel de esta primera entrega ya es muy alto.

No se equivoquen, la comedia es uno de los géneros más difíciles. Y con esto se reirán.

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