viernes, 15 de noviembre de 2019

EL TESORO DEL CISNE NEGRO de PACO ROCA y G. CORRAL

El tesoro del cisne negro de Paco Roca y Guillermo Corral, edita Astiberri
Astiberri, Bilbao, 2018.
216 páginas, 20 euros


EL ELOGIO DEL BURÓCRATA
Paco Roca une sus fuerzas con el diplomático Guillermo Corral para contarnos cómo fue la batalla legal por los restos del “Cisne Negro”, nombre bajo el que se ocultaba el barco “La Mercedes”, hundido por los ingleses en 1804.


En 2007 la empresa Odyssey anunció haber encontrado un tesoro por valor de 500 millones de dólares. El Ministerio de Cultura se embarcó en un largo proceso judicial, argumentando que lo habían sacado del mar sin los permisos correspondientes. En 2012 las monedas volvieron a España.

Los autores apuestan por una actualización de Hergé. Si en “El secreto del unicornio” y “El tesoro de Rackham el rojo” se adoptaba un tono expansivo y aventurero aquí la acción se traslada a museos, bibliotecas y salas de justicia. Haddock, convertido en Frank Stern, pasa a ser un pirata movido solo por la codicia y sin respeto alguno por el pasado, el patrimonio, la cultura y todas esas cosas tan importantes. Hay una secuencia en la que el álbum podría haberse medido con los clásicos de Hergé, pero hace justamente lo contrario. Como todo lector sabe, uno de los pasajes más fascinantes de la historia del comic es el flash-back del antepasado de Haddock, que el capitán actualiza en pleno delirio alcohólico en “El secreto del Unicornio”. El diálogo entre los sucesos pasados y su interpretación en el presente es cómico y eficaz, tan dramático como conciso y narrativamente perfecto. Cuando Roca llega al momento en que debe contar la historia del barco hundido desiste de enfrentarse a Hergé, adoptando la solución menos visual posible: ilustraciones a toda página acompañadas de gruesos textos. Quizás lo que cuenta es demasiado serio como para explicarlo en forma de comic.

Como siempre, el realismo lo justifica todo. Tintín y compañía son una fantasía. En el mundo real los burócratas se baten en luchas heroicas de las que nadie es testigo. Entiendo la voluntad de actualizar los relatos de piratas, pero esa intención choca con algunos componentes.
El tesoro del cisne negro de Paco Roca y Guillermo Corral, edita AstiberriLo primero, el aire propagandístico que recorre la historia: Zapatero hace un cameo, el ministro es un tío muy enrollado, la Junta de Andalucía (cuando todavía era “buena”) se enfrenta a los piratas y, al final, cuando el tesoro vuelve a España, como ha habido cambio de gobierno tal parece que en lugar de conservar las monedas van a fundirlas y hacer lingotes con ellas. Hay más detalles, como lo de las razones de la protagonista para estudiar arqueología. No piensen que fue porque en su infancia vio muchas veces “Quo Vadis” o “Ben Hur”. No, le vino la afición para sacar a su abuelo de una cuneta. Esa reducción de lo real a unos esquemas que dividen el mundo en buenos y malos, con un maniqueísmo muy superior al de los menospreciados tebeos de superhéroes, se aplica también al villano de la historia. Comprendo algunas de la razones que se aportan, como que las empresas cazatesoros destrozan los restos que exploran, que solo les interesa el oro y los objetos de valor y que no respetan el patrimonio. Pero no se discute algo incontestable: que los que investigan y encuentran los restos son ellos, la empresa “Odyssey” en la realidad, “Ithaca” en esta obra. Se hacen loas a la serenísima labor del estado pero es la iniciativa privada la que paga una exploración costosa y llena de incertidumbres. Además el libro modifica de forma llamativa un episodio real del director de “Odissey”, Greg Stemm, Frank Stern en la ficción. Parece ser que en su niñez sobrevivió a un naufragio en el que murió su abuelo. Ese incidente se transforma en otro muy diferente en el que Stern deja morir a un familiar del abogado que lucha con él, James Goold en la realidad, aquí solo Gold. Comprendo que los autores se tomen todas las licencias necesarias para salpimentar su relato. Pero algunas decisiones no dejan de chocarme. Como el ataque con hummers al camión blindado al final, un momento de acción que más parece una ocurrencia que un suceso real. Quizás lo fue, pero tal y como se cuenta resulta bastante increíble. No quiero decir con esto que tendrían que haberle dado la razón a “Odyssey” pero sí que se les presenta desprovistos de matices y se les hace cargar con todos los pecados del universo progre. Hasta se les relaciona con los vuelos de la C.I.A. que paraban en Palma. ¡Malditos yanquis! Al otro lado de la balanza todos los funcionarios son gente trabajadora, cumplidora y servicial y los entes públicos un modelo de eficacia. Risas.

En conclusión, esta es una novela gráfica que puede llegar incluso a disfrutarse, si el lector se abre paso entre los elementos propagandísticos que la recorren. Los juicios y las pesquisas son entretenidos, la relación sentimental entre los protas se presenta con naturalidad y el desarrollo de las diferentes fases del proceso es ameno. Por debajo de la maraña ideológica hay algo parecido a un buen guión. Por si alguien al acabar la lectura se pregunta qué hizo el maléfico gobierno (de derechas, se supone) con las monedas recuperadas, puede respirar tranquilo. Se restauraron, se comprobó que su valor era muy inferior al anunciado por Mr. Stern, se montaron con ellas exposiciones que recorrieron la geografía española y recientemente el Odyssey Explorer, el barco con el que rescataron el tesoro, ha sido malvendido en Letonia.







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viernes, 8 de noviembre de 2019

FELIZ 80 CUMPLEAÑOS BATMAN

¡FELIZ BATCUMPLEAÑOS!

El primer episodio de Batman se publicó en Detective Comics nº27, en mayo de 1939. Como este año se cumplen 80 de su “nacimiento”, los aficionados se han visto bombardeados por un auténtico “Bat-tornado” de novedades que intentaré enumerar.

Disculpen el chiste malo pero ayer vi en la tele “Sharknado 3” y todavía estoy recuperándome. Antes había estado en el cine enfrentándome al “Joker” y para rematar el día me tragué el piloto de “Batwoman”, una aproximación muy inclusiva a la mitología batmaníaca, que me pareció prescindible. Consigue ser tan mala como “Supergirl”, otra teleserie fallida. La diferencia es que aquí la bat-heroína es lesbiana y acude al rescate de su ex-novia afroamericana. Ya lo he comentado en otras ocasiones. Bienvenidos sean los relatos que normalicen etnias, géneros o actitudes que habitualmente quedan fuera de las historias más populares. Pero cuando lo único que se ofrecen son buenas intenciones, la trama cojea. En cambio, cuando esa normalización se ajusta a una voluntad narrativa es más efectiva. Un ejemplo cercano: el personaje que interpreta la hija de Uma Thurman en la tercera temporada de “Stranger Things” (y ahora voy a desvelar uno de los giros del guión, se siente): cuando uno de los protagonistas está a punto de expresarle unos sentimientos que hemos visto crecer de un episodio al siguiente ella desvela su condición sexual, que imposibilita esa relación que nunca llegó a ser. El cruce entre esas emociones enfrentadas es dramático y creíble, y va mucho más allá de “este personaje es homosexual porque eso es lo normal”. Nos gustan las historias donde pasan cosas, a ser posible interesantes. No es el caso de “Batwoman”.



A lo largo de estos 80 años son muchas las aventuras, los giros de guión, los personajes, las muertes y hasta los renacimientos que han pasado por la vida del hombre murciélago. Por un lado, es inevitable recomendar algunos de los grandes clásicos, permanentemente reeditados y fáciles de conseguir.

Yo pondría en primer lugar el “Batman año 1” de Miller y Mazzuchelli, seguido muy de cerca por Batman Dark Knight” de Miller. Luego deberían buscar el crossover “Batman-Hulk”, extraordinariamente dibujado por García-López. Y los episodios de Neal Adams con guión de Dennis O’Neill. Algunas de las historias de Loeb Tim Sale son interesantes. “Batman la broma asesina” cuenta con el dibujo del gran Brian Bolland, pero el guión de Moore es tan flojo que cuesta recomendarlo.

Detective Comics 80 años de Batman Edita ECC DC
Varios autores.
80 años de Batman.
ECC, Barcelona, 2019.
416 páginas, 39 euros

Si se han quedado con ganas de más, el recopilatorio que conmemora estos ochenta años es estupendo.

No solo por las piezas que agrupa, con estupendos episodios de Carmine Infantino, Bryan Hitch o Simonson, también por la selección de textos, donde aparecen senadores y hasta la jefa de policía de San Diego, una señora que confiesa haberse sentido inspirada por Batman, mientras invita a los lectores a alistarse al cuerpo de policía. Ya saben: servir y proteger. También se han recuperado para la ocasión episodios de otros personajes que aparecieron en “Detective Comics”, de los que actualmente nadie se acuerda.





Conmemorando el nº 1000 de la revista se ha editado otro volumen con relatos escritos y dibujados por los autores que actualmente están a cargo de Batman. Destacaría uno entre ellos: el español Álvaro Martínez Bueno, que lleva años colaborando con el mercado americano y exhibe un dibujo estupendo, con un aire que recuerda a Alan Davis. La otra presencia española es más cercana, se trata del mallorquín Tomeu Morey, que firma el color de “El mejor caso de Batman”, con su calidad habitual.


Batman caballero Blanco Sean Murphy y Matt Hollingsworth 80 aniversario Batman
Sean Murphy y Matt Hollingsworth
Batman Caballero Blanco
ECC, Barcelona, 2019.
232 páginas, 25 euros

En general, así como al repasar historias antiguas siempre aparece algún aspecto interesante, por ejemplo la atractiva estructura de página de Infantino, echo en falta argumentos más novedosos en las últimas aportaciones. Lo que me lleva a “Batman, caballero blanco”, una de las miniseries más aclamadas de la actualidad, que se publicó originalmente hace dos años y de la que ahora ha llegado el recopilatorio. Insiste en un asunto al que los creadores llevan dándole vueltas desde los ochenta, en cierta medida “La broma asesina” iba de eso. Me refiero al salto moral que implica considerar a Batman el bueno y al Joker el malo para contemplar la escena desde la posición opuesta. Con el Joker como la víctima y Batman como el verdugo. En “Caballero blanco” una medicina “cura” al Joker, que denuncia a Batman por violencia para-policial. La ciudad se pone paulatinamente del lado del antiguo psicópata mientras Batman intenta demostrar que se equivocan, empeorando cada vez más su situación y consiguiendo que hasta sus amigos duden de su cordura. Tengo que decir que el cómic va de menos a más. Tanto respecto al argumento como al dibujo. Empieza lleno de tics, con figuritas que sobreactúan y un expresionismo mal entendido que empacha y no facilita la lectura. El dibujante parece más interesado en dibujar variantes del bat-móvil que al propio Batman, al que caracteriza casi como una fondona vieja gloria. Por otro lado el Joker siempre aparece desvalido y cada vez más simpático.

En general la mitología alrededor del personaje supone una carga muy pesada. Esperamos determinados comportamientos, hemos visto muchas veces las mismas situaciones… Así que cuesta asumir que esta vez sí, el Joker se ha reformado y es sincero y solo desea hacer el bien. Eso lastra mucho el argumento principal.

Sin embargo, en su segunda parte el relato se inclina hacia una versión de “Marty”, aquella película en la que un deficiente mental recibía un tratamiento que le permitía llevar una vida normal hasta que la medicina empezaba a fallar y el desgraciado protagonista era testigo de su regreso a los infiernos de la incomunicación social. Aquí, desde el momento en que el Joker empieza a luchar con su otro yo psicópata porque las pastillas ya no hacen efecto, la cosa se anima. Yo diría que hasta el dibujo mejora, volviéndose más vigoroso y recordando (por momentos) a García López. Salvando las distancias, claro está.



Esa ambivalencia respecto al Joker está presente en su última adaptación fílmica que cuenta, como sin duda ya sabrán, con el trabajo extraordinario de Joaquín Phoenix. Creo que como en el caso del comic de Snyder, lo mejor son esos momentos de titubeo, cuando el personaje es consciente de su enfermedad, de su desconexión con la realidad. Ahí sí que, en gran medida gracias al sensible trabajo del actor, sentimos compasión por un desgraciado que de manera casi irremediable se ve impulsado a la locura y la violencia más desatada. Pero cuando el asunto se traslada del plano individual al social, político, la cosa empieza a desbarrar. Y cuando pasa de “Taxi Driver” al “Rey de la comedia” a mí me despista por completo. Con todo, admirable el payaso final que compone el actor. Su aparición en la tele es una imposible mezcla del Nicholson del primer Batman y Michael Jackson. Da mucho miedo.

Batman especial detective comics número 1000 80 aniversario Batman
Nacho Vigalondo, el director de cine, firma un texto en la edición española del nº 1000 que nos da algunas claves para entender el cambio de paradigma que se está produciendo alrededor de Batman. En su texto describe al héroe como un villano, un Luthor disfrazado que simula solucionar unos problemas que podría fácilmente enmendar a golpe de chequera. Cuestiona radicalmente su superioridad moral y aunque confiesa disfrutar con sus aventuras, las define como un eterno “baile de disfraces”. El concepto es el mismo que aparece en la película. El padre de Batman es culpable por rico. Un rico que como Trump se quiere dedicar a la política. Algo esconde, que le peguen un tiro. Esto es nuevo. Tradicionalmente el padre de Bruce Wayne era un médico, un filántropo, un señor educado que acudía al cine a ver “El Zorro” con su mujer e hijo. La elección del film con el espadachín enmascarado no era gratuita ya que representaba un eslabón más de una larga cadena de héroes aristócratas, como Robin Hood o La Pimpinela Escarlata. Nobles que desde su posición de privilegio eran conscientes de las penalidades del pueblo y luchaban por mejorar la situación de los desheredados. Como por ejemplo reflejaba muy bien el Batman en la revolución francesa dibujado por García López. En ese contexto los malos eran psicópatas con ganas de hacer daño y sus coloridos disfraces suponían un adecuado contrapunto a la seriedad y la contención del traumatizado héroe-cruzado. Ahora ya no. Instalados en la lógica binaria del “aprobé - me suspendieron”, ya no hay honradez en la pobreza, las masas aplastadas tiene el derecho a convertirse en payasos asesinos. O algo así. Puedo entender que el humillado se tome la justicia por su mano. Me cuesta algo más suponer que todos los ricos son culpables.


 Ya metidos en el terreno de los ajustes de cuentas conviene recordar a un autor que durante años escribió Batman y del que nadie tenía noticias hasta ahora. Ha empezado a aparecer en los créditos de series y películas relativas al personaje, al lado del creador “oficial”, Bob Kane. Me refiero al guionista Bill Finger, que creó para Kane algunos de los elementos y personajes más populares de la serie. Pero el dibujante nunca acreditó su trabajo. En los últimos años algunos historiadores han luchado por su reconocimiento y finalmente los familiares han llegado a un acuerdo con la DC. Recientemente se emitía un documental donde se explicaba esta historia, que es muy emocionante. No solo porque el investigador Marc Tyler Nobleman pelea por conseguir lo que considera justo. Es que su investigación fue digna del mismísimo Batman. Cuando creía que Finger había muerto sin descendencia encontró noticias de su hijo. Cuando descubrió que era gay y que murió joven a causa del S.I.D.A., apareció su hija, la nieta de Finger. La acompañó por festivales y montó una campaña para reivindicar el legado del abuelo. Cuando finalmente les dieron la razón les aseguro que fue un momento especialmente emotivo.

En fin, a quienes no nos gusta que los psicópatas ganen y se adueñen de las calles, aquí seguimos.
De parte de Batman.



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viernes, 1 de noviembre de 2019

KAMANDI de KIRBY, BOYER y BERRY

KAMANDI de Jack Kriby, Boyer y Berry el último chico de la Tierra edita DC ECC
ECC Comics, Barcelona, 2019.
464 páginas, 38 euros

HUMANO ENTRE ANIMALES
Pocos años después de que se estrenara la primera película del “Planeta de los simios”, Jack Kirby lanzó una serie claramente inspirada por el film pero que no se detenía en una única especie de animales parlantes.


Habiendo tigres, leones, perros o serpientes ¿por qué quedarse solo con los monos? Esa fue la pregunta que debió hacerse el dibujante. Él, por supuesto, no limitó en absoluto su fantasía así que por “Kamandi” desfila una tremenda variedad de bichos antropomórficos y hasta un maravilloso saltamontes gigante, que hace las funciones de caballo. Leí la serie prácticamente cuando salió, a principios de los setenta, en la versión de Novaro. Y me fascinó.
Reconocía sus deudas con la peli de Charlton Heston pero eso nunca me importó. Kirby ocupaba un territorio que le era propio y donde reinaba. Aunque Kamandi, ese último hombre-chico sobre la Tierra heredaba algo de la melancolía del astronauta original, ese rasgo no dejaba de ser un matiz sin demasiada importancia en un relato donde primaba la acción. En “Kamandi” nunca dejan de pasar cosas, los personajes corren, saltan, se pelean, se asombran ante sucesos siempre cambiantes y abrumadores, hay buenos y malos, robots y piratas, gangsters y esclavos…

Kirby, creador de Los Cuatro Fantásticos y una buena parte del universo Marvel, se había trasladado a la DC, la compañía rival. Para ellos había creado nuevos héroes y villanos tan tremendos como Darkseid. Pero toda su labor permanecía bajo sospecha, dando por supuesto que no conseguiría igualar sus anteriores éxitos en Marvel.
Por otro lado, para una buena parte de la crítica Kirby es el responsable de mantener al medio en un estado casi infantil. Frente a la seriedad de los primeros comics en prensa, los grandes clásicos de los años veinte y treinta, los comic-books donde Kirby reinó supusieron una marcha atrás. Se abandonaba al público adulto para dirigirse a una audiencia adolescente y descerebrada, más atenta a la acción que a la reflexión. Los comics respetables son aquellos que desprecian el puro entretenimiento y hacen que el lector sea consciente de los asuntos más sesudos. Hasta el mismo Eisner, en su momento jefe y mentor de Kirby, participó de esa idea. El comic puede ser un medio tan sofisticado como el que más y para ello debe dejar de dirigirse solo a niños y teens.

KAMANDI Jack Kriby, Boyer y Berry el último chico de la Tierra edita DC ECC
Lógicamente Kirby no estaba por esa labor y no deben leerse sus comics desde esa perspectiva. Es una equivocación. Admitir la frivolidad, la ligereza del autor, desde una posición de superioridad intelectual constituye también un error. Partiendo de ese supuesto, Moore sería maravilloso y profundo y Kirby un tarado que factura fantasías para gente sin sensibilidad. La clave está en la diferencia entre la lectura infantil y lecturas posteriores. Personalmente, ya he alcanzado esa edad en la que se empiezan a saborear los recuerdos comprobando que la intensidad que permanece en la memoria en escasas ocasiones es alcanzada por experiencias más próximas. Pienso en aquella primera vez que leí “Kamandi” y vienen a mi cabeza las sensaciones ante secuencias como la de la transformación en robots de los compañeros del héroe, o la brutalidad de las luchas contra los gorilas o la huida con el submarino entre los restos de la ciudad. Me sumergí totalmente en aquellos pasajes. ¿Recuerdan cuando en “Arrebato” explicaban el concepto a través de cromos de “Las minas del rey Salomón”? Pues eso: el tiempo se detiene, estamos arrebatados. Nunca he tenido esa sensación con Moore. Pero sí con Kirby. Y no estoy defendiendo una simple operación nostálgica. Él se centra en lo esencial, en lo que maravilla, en los conflictos básicos, en la amistad, en la lucha contra la injusticia. Cosas importantes para niños de doce años, que deberían de ser importantes para todos nosotros. Y lo cuenta de manera visual y directa. Otros, con muchos artificios y procedimientos muy complicados, apenas tienen nada que aportar y disimulan su vacío con juegos de manos que al final no encuentran apenas respuesta en los lectores. Kirby es crudo, popular y sencillo. Y permanecerá. ¡Disfruten con “Kamandi”!



Entrevista con Kirby en 1990
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