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viernes, 9 de abril de 2021

PUBLICACIONES SOBRE UDERZO Y GOSCINNY - ASTÉRIX Y MÁS

GOSCINNY, René y UDERZO, Albert
Todo Luc Júnior. Salvat, 2020
236 páginas, 25 euros



ASTÉRIX. NOSTALGIA DEL HOGAR
Hace 60 años se publicó el primer “Astérix”. Me refiero al álbum, ya que el personaje había aparecido en la revista Pilote en 1959. En la última década otras creaciones de Uderzo y Goscinny han protagonizado un interesante rosario de publicaciones.


Astérix bocetos Uderzo
TODOS LOS CAMINOS LLEVA A ASTÉRIX

Con motivo del aniversario, la delegación de la UNED en Palma organizó en febrero un ciclo de conferencias: “Astérix, el mundo romano visto desde los tebeos”. Coordinaban Francesc Mesperuza Rotger y la profesora Antònia Soler Nicolau, con la colaboración de Nívola Uyà. Tuve ocasión de presentar una ponencia y así contar con una excusa para releer todos los Astérix. El talento de sus creadores va mucho más allá del pequeño galo. 

Varios libros permiten reconstruir el camino que les llevó hasta él. Como la biografía René Goscinny los primeros pasos de un guionista genial (Norma, 2007). Hijo de judíos polacos, solo pasó dos años en Francia antes de emigrar a Buenos Aires, donde transcurrió su infancia, una etapa de su vida absolutamente feliz. La tranquilidad se interrumpió con la llegada de la guerra y las primeras noticias sobre familiares desaparecidos. Uderzo era hijo de padres italianos y no obtuvo la ciudadanía francesa hasta los siete años. Durante la ocupación se refugió en Bretaña, huyendo de los nazis. En 1943 Stanislas Goscinny murió repentinamente de un infarto cerebral y el joven René se puso a buscar trabajo. Luego se trasladó con su madre a Nueva York, donde residía un familiar. Para mantener su ciudadanía francesa tuvo que volver a Francia para hacer el servicio militar. Regresó a Nueva York con la intención de ganarse la vida como ilustrador. En 1948 conoció a varios autores muy influyentes en su forma de entender el humor: Kurtzman, Severin, Elder... No conseguía encargos y malvivió en uno de los peores barrios de la ciudad. Uderzo, mucho más dotado para el dibujo, picoteaba en diferentes series, con personajes como el forzudo “Belloy”.

Uderzo y Goscinny viñeta
En 1949 la suerte de Goscinny cambió. Se encontró con Jijé, uno de los grandes maestros del cómic franco-belga, de vacaciones en USA. El dibujante le presentó a Morris, con quien más tarde colaboraría en Lucky Luke. También entró en contacto con Georges Troisfontaines, un vividor al que le gustaba irse de farra con tipos divertidos como Goscinny. “Si pasa usted por Bélgica, venga a saludarme que le daré trabajo”. Dicho y hecho, allá se plantó René, para espanto del editor. Finalmente lo mandó a dirigir su sucursal en París, donde coincidió con Uderzo. Conectaron de inmediato, unidos por un mutuo amor a “Popeye” y las películas del cine cómico mudo. Albert se había pasado una temporada en Bruselas, trabajando para la agencia International Press de Yvan Chéron, que compartía oficinas con la World’s Presse, dirigida por su cuñado, Troisfontaines

Umpa-pá comic Goscinny Uderzo
El dibujante dormía en el estudio, junto con otros como él. No aguantó mucho en aquella galera de esclavos. Cuando se encontró
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viernes, 22 de febrero de 2019

2019 PRIMER TINTÍN Y PRIMER ASTÉRIX EFEMÉRIDES

Este año coinciden dos efemérides del mundo del cómic, la del primer Tintín y la del primer Astérix.



Le petit vingtieme tintín Hergé 1929 - efemérides 90 años
Foto de Wikipedia
En 1929 Hergé dibujaba las primeras planchas de Tintín para el suplemento semanal “Le Petit Vingtieme”. Casi cien años más tarde su creación sigue generando controversias.


Las interpretaciones sobre el pequeño héroe se suceden. Éste nos explica las razones por las que se puede deducir, sin ningún género de dudas, que Tintín es homosexual. Aquel le acusa de crueldad con los animales, citando como prueba la secuencia de los antílopes de “Tintín en el Congo”. El otro tilda a Hergé de racista por sus caricaturas de judíos en “La estrella misteriosa”, de colonialista por su visión del Congo en su segundo álbum, de misógino por la Castafiore y prácticamente todas las (escasas) señoras que aparecen en la serie. Se discute sobre prohibir la venta y distribución de los álbumes de Tintín o de comercializarlos con una advertencia donde se destaquen los perniciosos y desfasados valores que se filtran a través de sus viñetas.

De fondo, siempre los rumores sobre su primer álbum y la colaboración con los nazis. Como saben Hergé realizó versiones actualizadas de todas las aventuras de Tintín. En esas puestas al día aprovechaba para corregir aspectos de narrativa o clichés que resultaban intolerables con el paso de los años. En “Tintín en el Congo” una lección sobre la monarquía belga se convertía en una clase de aritmética. Pero el autor nunca quiso volver a “Tintín en el país de los soviets”. Tardó mucho en reeditarse y cuando lo hizo fue en forma de facsímil, con toda la crudeza del dibujo original. Su álbum soviético podrá ser acusado de torpe, desde un punto de vista técnico. Pero no de que mienta sobre la tiranía comunista. Como descripción de una realidad, se acercaba bastante. Respecto al comportamiento de Hergé durante la ocupación, no fue muy diferente al de Sartre. Tan solo permaneció dibujando en el mismo periódico en el que trabajaba desde antes de la guerra. Se le podrá acusar de cobarde, pero me cuesta verlo como amigo de los nazis. Ya lo he comentado con anterioridad: pagó el gran pecado de cuestionar la superioridad moral de la izquierda.

Hergé con Tintín - foto © de la editorial Juventud
Foto © de la editorial Juventud
Es muy difícil, si no imposible, criticar su obra desde un punto de vista narrativo, estético, técnico, con cualquier parámetro mínimamente conectado al arte de los comics.

Hergé es un padre fundador, un gran creador de lenguaje, un generador de formas que otros imitarán. Su dibujo primero presenta la limpieza de algunos dibujantes americanos pero luego engendra su propio modelo, con unas figuras muy estilizadas pero realistas y unos fondos cada vez mejor documentados.

Su capacidad para mezclar humor y drama, la variedad de sus personajes, la claridad de su puesta en escena… Todos los aspectos de su trabajo son sobresalientes, dignos de estudio si se quiere narrar con sencillez y eficacia. Sus historias son emotivas y arrebatadoras y le aseguran un lugar en la historia del comic europeo y mundial.

Le petit vingtième tintín en extremo oriente
Evitando la pura evasión, Hergé se inclinó hacia el realismo. Sus viñetas, por muy estilizado que fuera el dibujo, reflejaban un mundo que podíamos reconocer. Si su viaje a la Luna es atractivo es porque continúa siendo verosímil, las cosas podían haber sido tal y como él las contó. Supo denunciar los prejuicios europeos sobre China en “El loto azul”, trabajo a partir del cual se instala en una nueva disciplina, obsesionado por la representación creíble de los hechos. En “El cetro de Ottokar” y más tarde en “El asunto Tornasol”, captó con acierto las tendencias totalitarias que recorrían Europa.

Siempre se menciona su relación con los scout y la iglesia católica, que le apoyaron en sus inicios. Pero luego quedan muy pocos rastros del catolicismo en Tintín, a menos que se considere la ausencia de sexo como una prueba de sus convicciones.

Por toda Europa había leyes que protegían a los niños contra la obscenidad y que tardaron años en desaparecer. Si la ausencia femenina era una anomalía, estaba muy extendida. Pocos curas salen en la serie y escasas son las alusiones a la fe que podríamos recordar.

Lo que todo lector sí tiene presente es la actitud general del héroe, siempre dispuesto a ayudar a los débiles. De forma impulsiva, sin darle muchas vueltas. Se llame Tchang o Zorrino, en cualquier rincón del mundo donde alguien necesita ayuda, allí está Tintín para echarle una mano. A pesar de sus coqueteos con la realidad Hergé es muy consciente de ser un dios en su propio universo, él controla todo lo que ocurre con una precisión de relojero. Sabemos que sus tramas se desenvolverán con exactitud milimétrica, que el final será satisfactorio, que el trayecto será emocionante y a ratos divertido y que aprenderemos cosas sobre nuestros semejantes. Había algo en Tintín que, aunque enclavado en una fantasía infantil, nos proyectaba hacia la madurez. Hergé manejó como nadie esa ambigüedad, construyendo para nosotros un mundo atractivo y desafiante.




Son muchos quienes confunden esa fantasía con lo real. No es un periodista, ni está filmando documentales ni escribiendo ensayos sociológicos. Es un artista que emplea determinados aspectos de la realidad en su trabajo. Lógicamente, si defendiera la pederastia o el sexo con focas no miraríamos sus viñetas de la misma manera. Pero me cuesta ver en sus páginas esas aberraciones que otros localizan con aparente facilidad.

Pongo un ejemplo real. En un grupo de internet se comentaba un eclipse solar cuando alguien tuvo la feliz idea de insertar la viñeta de Tintín en la que la desaparición del sol provocaba el pánico entre los nativos y conseguía que el héroe y sus amigos se salvaran. Todos celebrábamos la oportuna imagen cuando un comentario nos hizo callar. En él se recordaba el conocimiento de los incas de los ciclos estelares y el evidente racismo de Hergé en una escena que contradecía todo rigor documental. Por supuesto la cita terminaba afirmando que los europeos siempre se creían superiores a otras culturas. Como digo, todos nos quedamos mudos. En plan: “Llevo toda la vida disfrutando con estereotipos racistas”. ¡Glups!

Sin embargo, si alejamos un poco el foco de un pasaje que no deja de ser una argucia del guión, si atendemos al conjunto de la historia ¿qué encontramos? “Las siete bolas de cristal” y su continuación “El templo del Sol” recrean un suceso muy popular: la maldición de la tumba de Tutankhamon. En su primera parte se insiste en cómo la curiosidad y la codicia de los investigadores blancos provocan una serie de extraños sucesos que acercan el tono del relato al género del terror. La escena en que todos los científicos se convulsionan al mismo tiempo es antológica, casi surrealista.

En la segunda parte encontramos otro de los temas recurrentes en Tintín: viaja a la otra punta del globo para ayudar a su amigo Tornasol. Y una vez allí echa una mano a un joven desconocido, simplemente porque no soporta a los abusones.

La serie está llena de mensajes de tolerancia y respeto hacia otras culturas. Supongo que también de algunos deslices, pero no creo que Hergé sea el único racista del universo. Ni entonces ni ahora. Al menos su obra nos señala la dirección correcta. Creernos más listos que los demás puede ser un error, los prejuicios deben ser siempre cuestionados. ¿Cuál era la alternativa a la escena del eclipse? ¿Que los amables nativos sacrificaran a los héroes? Quizás es lo que algunos desean. Que las víctimas vuelvan a comportarse como verdugos. Pero ese nunca ha sido el mensaje de Tintín. ¡Gracias a Dios!




Asterix el galo de Uderzo y Goscinny efemérides  60 años
TO ER MUNDO E GÜENO


En 1959 se publicaban en Pilote las primeras planchas de Astérix, que serían recopiladas en el álbum “Astérix el galo” en 1961. En la actualidad la serie sigue en marcha, confeccionada por unos autores que no son los originales.


En el libro de ensayos de Goscinny editado por Libros del Zorzal, el guionista se queja amargamente de su éxito. Declara que él se esfuerza por ser un incomprendido, por escribir de forma ininteligible, pero que no lo consigue. Con amarga ironía insiste en que pese a sus intentos, todo lo que factura es aceptado con regocijo por sus lectores, asegurándole fama y fortuna.

Su compañero de viaje, el dibujante Uderzo, podría esgrimir un planteamiento semejante. Es un conocido coleccionista de Ferraris, lo que nos da la medida de su situación económica.

Astérix se convirtió en un fenómeno global, traducido a decenas de países y con adaptaciones cinematográficas, parques temáticos y todo tipo de productos derivados. Goscinny murió en 1977 y tras su fallecimiento Uderzo se hizo cargo de las historias. Hace años el dibujante decidió dejar los lápices y le pasó el testigo a otros creadores. Podía haber hecho como Hergé y acabar con la serie al abandonarla sus creadores originales. Pero han decidido mantenerla en marcha. Como recientemente también hacía Van Hamme con sus personajes o siempre han hecho las editoras y sindicatos estadounidenses.

Los autores vienen y van, el personaje, la marca, permanece. Lo que conlleva ventajas y desventajas. Si los autores que abordan la serie son buenos, pueden mejorar el original. Como recientemente ocurría con Senté y Juillard y su versión de “Blake y Mortimer. Con Astérix, hasta el momento no he visto nada que superase los primeros álbumes. Pero ya en su momento se notó la ausencia de Goscinny, un genio del humor difícil de sustituir.


 Astérix, como Tintín, tiene una conexión con los USA. Goscinny trató a la plana mayor de la revista Mad, empezando por el dibujante y guionista Harvey Kurtzman. Su forma de abordar el humor debe mucho a aquella nueva visión que la última publicación de la EC aportó.

Todo podía ser blanco de las bromas, el cómico era como un huracán, por donde pasaba nada volvía a ser lo mismo. Pese a su sistemática desmitificación de la realidad, Astérix nunca ha sido tan polémico como Tintín. Creo que sobre todo debido a su marcado sesgo humorístico y a su ubicación temporal. Se recomendaba su lectura como complemento de los libros de historia o de latín y no fueron pocos los datos que aprendimos a través de sus viñetas, sobre gladiadores, Cleopatra, Alesia o el sistema financiero helvético. Tintín ganaba en el terreno del prestigio cultural. En comparación Astérix era poco serio.
Si Tintín se dirigía al jovencito que se enfrentaba a una incipiente madurez, el pequeño galo apelaba a sectores más infantiles, cautivándolos con su humor absurdo y salvaje y sus divertidos juegos de palabras. Esa apariencia un tanto descerebrada escondía no obstante un producto perfectamente realizado, con un dibujante superdotado al frente, que saltaba con insultante facilidad del realismo de “Michel Vaillant” a la cómica plasticidad del galo y sus amigos. Tendemos a menospreciar el humor y Astérix no es una excepción. Pero también late una cosmovisión tras su fachada ligera y bromista.




 En su momento se insistió en la comparación con la actualidad. Roma serían los USA y la pequeña aldea gala Francia o Europa por extensión. La defensa de lo individual, lo particular, frente a la voluntad normalizadora del imperio.

Otro de los grandes ejes temáticos es, como en Tintín, el intercambio cultural. Astérix conecta, episodio tras episodio, con otras culturas. Hay un cachondeo evidente con los matices más exóticos que los nativos exhiben, pero siempre unido a un respeto hacia lo diferente. Cuando Obélix repite por enésima vez lo de “están locos estos… (lo que sea)” ya sabemos que todos estamos locos, que todos tenemos manías, gestos, costumbres, actitudes, que resultan extrañas a los otros, los forasteros. Pero que con un poco de tiempo y buena voluntad hasta el ritual más peculiar resulta comprensible.

El mensaje, reiterado una y otra vez con simpatía y un evidente tono de farsa es que “todo el mundo es bueno”. Y es precisamente el establecimiento de ese lugar común el que permite a la serie reírse de todo y de todos. De la manía suiza con la limpieza (frente a la suciedad romana), de la obsesión hispana por el cante y el baile, de la arrogancia y susceptibilidad de los corsos y de lo que se les ocurra.

Evoco con especial cariño el álbum “La vuelta a la Galia con Astérix”. Me llamaba la atención la profunda variedad de sabores locales que la vieja Francia podía contener, los acentos, las comidas, las costumbres, todo un festival que sin embargo se reconocía unido en aquella entidad superior, la Galia. La historia de Europa parece ahora avanzar en dirección contraria, de regreso a la tribu. Rota Yugoslavia en jirones, identidades cada vez más localizadas buscan su lugar bajo el sol, avivando atávicos desencuentros e imperdonables ofensas del pasado. Quizás Astérix debería de visitarlos a todos, recordarles que las diferencias no son tan importantes y animarles a que no se tomen tan en serio.
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viernes, 25 de enero de 2019

BENJAMÍN Y BENJAMINA de GOSCINNY y UDERZO

Salvat, 2018.
224 páginas, 23,65 euros


SIEMPRE GOSCINY
Recientemente se publicaban dos obras relacionadas con el gran Goscinny, una recopilación de artículos breves y el Integral con las aventuras de Benjamín y Benjamina.



rené Goscinny del panteón a Buenos Aires - crónicas ilustradas creador Asterix
“Del Panteón a Buenos Aires” editado por Libros del Zorzal reúne textos que el guionista escribió para algunas de las muchas revistas con que colaboró.

Les acompañan ilustraciones realizadas para esta edición por dibujantes franceses tan conocidos como Boucq, Druillet, Mezieres o Lauzier.

A pesar de su triste portada, el libro es chispeante, gracioso y sin una sola pizca de pretenciosidad. Recomiendo especialmente el artículo titulado “Soy un comprendido”, donde el autor se queja con mucha ironía de su éxito. Es una agradable sorpresa que demuestra otra faceta del talento del creador de Asterix.

Benjamin y Benjamina fue otra de sus colaboraciones con Uderzo, antes de que ambos dieran a luz al famoso galo y su poción mágica. Más allá de su valor arqueológico, como una pieza que ayuda a entender el recorrido creativo que los llevó hasta Asterix, tiene no pocos valores autónomos. Por supuesto está el dibujo de Uderzo, que ya era prodigioso. Atención a algunos de sus encuadres, con puntos de vista inusuales en un comic de humor y que demuestran que al dibujante no se le resistía nada. Tampoco pasarán desapercibidos sus vehículos, que delatan la influencia que el gran Franquin ejerció sobre él. Como al belga, a Uderzo le gustaba dibujar coches, cuanto más modernos y deportivos mejor.

Benjamín y Benjamina de Goscinny y Uderzo, edita Salvat comic francés
En cuanto a las historias, el volumen aglutina cuatro álbumes, a cual más divertido. Empieza con una parodia de dictadura bananera, con los presidentes lanzándose bombas y sobreviviendo a un atentado tras otro. Le sigue la clásica aventura con profesor chiflado que ha descubierto un método para hacer volar los objetos.

Después viene la más loca, “El gran Buduchú”, una tremenda farsa sobre dos culturas orientales enfrentadas.

Finalmente mi preferida, “Vaqueros”. En ella Goscinny adelanta futuros trabajos, como su paso por Chick Bill o Lucky Luke, dando rienda suelta a su amor por el western y la cultura americana en general.

Son todos ellos relatos que han envejecido muy bien, perfectamente construidos, repletos de gags y con un humor tan blanco como efectivo.

Para rematar tan satisfactoria lectura, nada mejor que leer cuidadosamente la introducción, donde se explica con detalle el contexto en que se creó la serie, con la pareja de dibujante y guionista cogiendo todo trabajo que se les ofrecía y con un pie en el mundo de la publicidad y otro en el editorial.


También se buscan en esta obra primeriza los recursos que luego emplearían en Asterix. Por si todo esto no fuera suficiente, se incluyen al final del volumen las planchas que dibujaron con otros personajes de esta etapa: Nené y chucho. Como su título indica a las claras, narraban las aventuras de un bebé muy travieso y su perro. Básicamente daban vueltas al clásico del niño que se escapa de la cuna, es perseguido por su mascota para que no le pase nada y al final es el animal el que se la carga o padece alguna desgracia, mientras el muchachuelo sale siempre indemne de sus tropelías. Esa estructura tan sencilla resulta viva y emocionante gracias al enorme talento de Uderzo, que dibuja unos animales maravillosos y dota de gran expresividad al bebé. Es un trabajo que se caracteriza por la casi completa ausencia de diálogos y su carácter eminentemente visual. Una pequeña obra maestra. Y el libro todavía nos reserva alguna sorpresa más. Imprescindible.
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viernes, 6 de noviembre de 2015

CORTOMALTÉS Y ASTERIX 2015

Muchos suponen que en los USA los comics se fabrican industrialmente mientras que en Europa sólo se producen obras de autor. La realidad está refutando esa idea.


Asterix. El papiro del César Jean-Yves Ferri y Didier Conrad Salvat
Asterix. El papiro del César
Jean-Yves Ferri y Didier Conrad
Salvat. Barcelona, 2015.
48 páginas, 12,90 euros

Antes de que los creadores originales de Blueberry falleciesen, el personaje ya había sido reinterpretado por otros autores. Spirou ha pasado por innumerables dibujantes y guionistas, con desigual fortuna. Podemos admirar el talento de Franquin y considerar que su etapa es inigualable, pero no por ello El pequeño Spirou de Tome y Janry deja de ser tronchante. Al contrario, a mi siempre me deprimió la plomiza narrativa de Jacobs, el alumno que no aprendió nada con Hergé, pero sin embargo sus personajes funcionan muy bien en manos ajenas. Especialmente en las de Sente, que se ha ido convirtiendo en el especialista en relanzar series en declive o abandonadas por sus creadores. Ha escrito formidables guiones para Las Aventuras de Blake y Mortimer, excepcionalmente dibujados por Juillard. Recientemente se publicaba “La vara de Plutarco”, que quizás no alcanzaba la calidad de otros episodios anteriores, pero que sigue siendo tan bueno ¡que hasta dan ganas de leer a Jacobs!

Volvemos a encontrar al mismo escritor al frente del legado de Van Hamme. Por un lado en Thorgal pero sobre todo en XIII, una franquicia de cuyos enrevesados argumentos parecía imposible extraer más jugo dramático. Sente demuestra que siempre puede ir más allá, de nuevo acompañado por el sólido Jigounov, en “XIII. El mensajero del mártir”. Por cierto, a ver si alguien se anima a publicar más capítulos de Janitor, su colaboración con Boucq. No me volvió loco el primer volumen, pero en Francia ya van por el quinto y aquí no llegó ninguno más. Seguro que ha ido a mejor.

XIII. El mensajero del mártir de Sente y Jigounov
Así como en los USA se entiende que los personajes pertenecen a las compañías, lo que facilita que pasen de una mano a otra con irregulares resultados, en Europa se extendió progresivamente la idea de que eran propiedad de sus creadores. Ambas realidades han ido cambiando con el tiempo. Los dibujantes americanos han conseguido mayores derechos sobre sus creaciones, llegando a casos como el de Mignola, que es el dueño de Hellboy, o Sakai con Usagi Yojimbo y tantos otros. Si alguien desea hacer algo con sus personajes, debe pedir permiso o pasar por su autor. En Europa ha ocurrido lo mismo, pero en sentido contrario. Cada vez más autores ansían poner sus manos sobre creaciones de prestigio, o tan populares que su publicación resulta extremadamente rentable. ¿Cómo negarse a dibujar Spirou o Asterix? Los beneficios son notablemente superiores a los que se conseguirían con un personaje desconocido.

Hay que reconocer que Asterix se resistió. Al contrario que otras creaciones de Goscinny, como Lucky Luke o Iznogud, que ya han pasado por los pinceles de diversos dibujantes, Uderzo mantuvo un férreo control sobre el pequeño galo. Hasta que finalmente alguien debió de decirle que sus guiones no estaban a la altura del bueno de René, o quizás necesitaba calderilla para comprarse otro Ferrari. El caso es que cedió lápiz y tinta a otros creadores, que recientemente han publicado un segundo álbum del galo. Aquí es donde yo debería de escribir algo ingeniosos sobre “El papiro del César”. Pero me cuesta. El personaje me fascinó en mi infancia: primero leí “Asterix gladiador” y más tarde fueron cayendo uno tras otro, camuflados entre las revistas de Bruguera. Fue una de mis ventanas al mundo. Asterix nos enseñaba a ser menos provincianos, demostrando una entrañable curiosidad hacia la maravillosa diversidad de paisanos que poblaban las regiones que visitaban los alegres galos. ¿Cómo olvidar a los susceptibles corsos? ¿O a los eficientes suizos o a los orgullosos hispanos? A golpe de estereotipos Goscinny y Uderzo construyeron un universo cómico tan divertido como próximo, era fácil identificarse con aquellos pequeños pueblerinos que osaban plantarle cara a todo un imperio. También me vacunó contra todo “hecho diferencial”; las exóticas costumbres tan sólo sazonaban un variopinto pero muy similar conjunto de seres humanos. Luego crecí y me avergoncé de aquellas lecturas infantiles. Después crecí un poco más y pude recuperar la magia conjurada por Asterix y Obelix y ahora siento que el respeto y la admiración por esta saga me acompañarán hasta mi último día, o eso espero.

¿A qué viene todo este rollo? Simplemente, creo que Ferri y Conrad lo hacen lo mejor que pueden. La copia del dibujo de Uderzo es más que razonable. También el duplicado de las estructuras argumentales de Goscinny, con el extraño que llega al pueblo provocando la reacción de los héroes y sus enemigos. En esta ocasión se trata de un trasunto de Julián Assange, un periodista que osa desafiar la censura imperial. Todo es correcto y está bien realizado, pero… Echo en falta personajes como el arquitecto de “Asterix y Cleopatra” o el de “La residencia de los dioses”. Y no cito más. De alguna manera Goscinny tenía la habilidad de insuflar verdadera vida en sus creaciones, consiguiendo personajes humanos, próximos y diferenciados. Y eso es muy difícil de imitar. Con todo, el trabajo de Ferri y Conrad es respetable y yo me compraré el siguiente volumen.

Corto Maltés. Bajo el sol de medianoche
Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero
Norma Editorial, 2015
96 páginas, 19,50 €

Termino con uno de los pastiches más sonados de los últimos años, la resurrección de Corto Maltés. Al contrario que muchas de las sagas anteriores, cuya popularidad las alejaba del purísimo cielo autoral, desoladas cumbres a las que las masas no suelen asomarse, Corto siempre ha gozado de un sorprendente prestigio. Eso era comic de autor y lo demás cuentos. Así que resulta paradójico que los herederos de Pratt permitieran esta operación. ¿Quién será el siguiente? ¡Tiembla, Tintín! Lo primero que llama la atención es el dibujo. Pellejero es un dibujante con mucho estilo así que no cabía esperar que esa personalidad se desvaneciera para ajustarse al modelo original. En cierta medida esta decisión se explica en las planchas de prueba que se adjuntan al final del álbum. Cuando se ve ese Corto “a la Pellejero” se entiende por qué no lo hizo así. El resultado habría sido demasiado parecido a Dieter Lumpen, héroe cuyas aventuras Zentner y Pellejero contaron durante años y con indudables referencias al maltés. Ambos compartían ciertas actitudes post-heroicas y una decidida animadversión hacia los valores tradicionales. Así que el dibujante reserva su estilo para su personaje y aquí imita con cuidado las formas de Pratt. Lo que ocurre es que como su dibujo es más eficiente (no voy a decir mejor) enseguida se aprecia cierta contención, sobre todo en los fondos y algunos sombreados, con una calidad que Pratt evitaba. Pero en general copia con asombrosa tozudez las líneas desmañadas del maestro y hasta su extraña estructura de página, con viñetas apaisadas llenas de huecos que yo no pillo.

Díaz canales, guionista de Blacksad, hace lo mismo con el guión. No intenta, como Sente, mejorar el modelo original ¡A nadie se le ocurriría, tratándose de Pratt! Y ese es el problema. Duplica a la perfección una de esas laberínticas estructuras que tanto le gustaban al creador de Corto Maltés, un viaje a ninguna parte que permite al escritor lucirse introduciendo pintorescos secundarios entre los que sobresale el imprescindible London. Hay un tipo que protagoniza una de las secuencias más interesantes, el ciudadano Ulkurib, una parodia del indígena subyugado por las proclamas revolucionarias, que difícilmente encontraríamos en cualquier relato de Pratt, siempre cómplice con cualquier tipo de violencia y proclive a hacer chistes mientras se fusila al enemigo del pueblo de turno. Pero, desviaciones pequeñoburguesas aparte, el guión consigue plenamente su propósito realizando una muy acertada réplica del “tono” de Corto. Nos paseamos con parsimonia por bellos parajes canadienses mientras se nos recuerdan algunos de los grandes problemas de la humanidad: el racismo, los abusos cometidos con el medio ambiente, la trata de blancas… En resumen, que es un perfecto tostón.

¿Mi sugerencia para los autores? Olviden el original la próxima vez e intenten fabricar un buen tebeo. A lo mejor todavía podremos leer una aventura interesante de Corto Maltés, algún día.
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viernes, 16 de enero de 2015

CLÁSICOS FRANCESES IMPRESCINDIBLES

¡VIVA LA FRANCIA!

Se acumulan en las librerías especializadas los integrales que aglutinan productos franceses. En algunos casos se trata de autores, como el ya comentado Mitton, que están en activo y cuyo trabajo permanecía inédito. Otros son clásicos imprescindibles.


Me refiero a talentos como Goscinny y Uderzo, de quienes se ha publicado un integral con todo su Juan Pistola. O Greg, cuyo Aquiles Talón por fin parece que podremos disfrutar enterito. O el Michel Tanguy de Charlier y Uderzo, que esperamos alcance también la etapa de Jijé. Y, por supuesto, las Cosas de la vida del gran Lauzier.

Juan Pistola, editado por Salvat, tiene sobre todo un interés arqueológico. De los creadores de Asterix ya habíamos paladeado su Umpa-pá, otra historieta que antecede al famoso galo.

Estábamos convencidos de que Uderzo había nacido dibujando como los ángeles. No es que en estos álbumes de piratas su grafismo resulte torpe pero sí que las expresiones de los personajes y el ritmo de los gags no alcanzan la perfección que posteriormente conseguirá. Como extra contamos con la presencia del guionista, el genial Goscinny, que se incluye como personaje, el miembro más pequeño de la tripulación. Todos los seguidores de Asterix deberían de echar un vistazo a este volumen, para entender cómo consigue Uderzo conciliar sus tendencias más realistas y caricaturescas y cuáles son los pasos que da antes de alcanzar la eficacia cómica que le caracterizará. Muy interesante.

Interesante resultan también las aventuras del cascarrabias Aquiles Talón. El dibujo se mantiene bueno aunque quizás no TAN bueno como permanecía en mi memoria. Lo recordaba de los tiempos en que se incluía en las revistas de Bruguera. Siguen frescos los chistes metalingüísticos, que además abundan, gags en que los personajes rompen la página o interpelan al lector. Por cierto, vuelve a aparecer Goscinny, que era el editor de Greg, como jefe ante el que se deben rendir cuentas. Y resulta más gracioso que en Juan Pistola.

Michel Tanguy fue considerado en su momento pura propaganda imperialista del gobierno galo. Según explicaba la crítica “seria”, se trataba de vender los Mirages y de demostrar la superioridad militar francesa para acojonar a las colonias. Curioso que los guiones corrieran a cargo del mismo tipo que luego puso a Blueberry al lado de los indios y enfrentado al ejército americano. Charlier era muy dado a perderse en sus propias historias y a pesar de la fama de sus westerns, creo que su mayor virtud siempre consistió en rodearse de extraordinarios dibujantes.

En el caso que nos ocupa volvemos a Uderzo, aquí en su vertiente realista, pero con toda la expresividad y rigor documental que le caracterizan. Le acompaña su hermano a las tintas y entre los dos facturan unos grafismos realmente fabulosos. Sólo por la calidad de su labor merece la pena adquirir este primer Integral. Pero, siendo justos con Charlier, esta aventura de Tanguy y Laverdure es más que interesante. Recupera un tema clásico, pero muy poco transitado en la actualidad: el valor en el combate. Como sabrán hemos pasado de los héroes a lo Errol Flynn que cabalgan alegremente hacia la muerte al mando de la brigada ligera a tratar a los desertores como modelo de conducta. Así que un relato que gira alrededor de un personaje paralizado por el miedo y que desea resolver esa situación resulta bastante exótico. Charlier desarrolla muy bien ese planteamiento inicial, lo llena de personajes más grandes que la vida y lo remata con un final tan épico como convincente.

Lo mejor para acabar. El integral con las Cosas de la vida de Lauzier no deparará ninguna sorpresa a quienes lo admiramos en las ediciones que sacó Grijalbo en los ochenta y noventa. Pero yo me lo pillaría sólo por las notas de la introducción y por tener una excusa para volver a leer este espléndido material. Hablamos de uno de los grandes, un tipo que osó reírse de payasos que nadie se atrevía a cuestionar. De la antipsiquiatría a las comunas pasando por la nueva izquierda y los viejos filósofos, Lauzier descarga su ironía con una eficacia letal. Para nuestra desgracia permanece absolutamente actual, ya que eso indica que apenas hemos aprendido nada en las últimas décadas y seguimos cometiendo los mismos estúpidos errores. Aunque él no es un predicador, sus personajes son ante todo profundamente humanos, por eso al reírnos de ellos también sabemos que nos reímos de nosotros mismos y eso resulta muy saludable. No lo duden: si no lo tienen ¡corran a comprarlo!
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viernes, 15 de noviembre de 2013

ASTÉRIX Y LOS PICTOS

CUANDO NADA TERMINA

Tradicionalmente se sostenía que la diferencia entre el mercado americano y el europeo radicaba en el enfoque mercantil del primero frente al protagonismo de los autores en el segundo. Los hechos demuestran que esto no es exactamente así.

POBRES PERO FELICES

Asterix y Obélix de Goscinny y UderzoAcaba de llegarnos la última aventura de Astérix, que por primera vez no ha sido dibujada ni escrita por sus creadores originales, el ya fallecido Goscinny y Uderzo, que ha supervisado este álbum. La práctica de convertir a los héroes de cómic en marcas explotadas por sucesivos equipos artísticos no es nueva. 

Al otro lado del charco innumerables dibujantes han pasado por Tarzán, Thor, el pato Donald o cualquier otro personaje más o menos emblemático. Mucho más cerca tenemos los casos del Capitán Trueno o de Spirou. A éste último todos lo asociamos con Franquin, que sin duda dejó una marca indeleble en el famoso botones, pero que no lo creó. Su “padre” fue Rob-Vel, que a su vez se lo cedió a otro grande, Jijé, ya que los derechos pertenecieron desde el principio a la editorial. Otras famosas creaciones del ámbito franco-belga también han pasado por varias manos, de Lucky Luke a Blueberry, por ejemplo.

El asunto tiene su miga, ya que implica por un lado lo relativo a derechos de propiedad y por el otro al control de un autor sobre su idea. Respecto a lo primero es un terreno donde se ha avanzado bastante. Hoy por hoy grandes compañías como Marvel han flexibilizado sus demandas de propiedad y destinan parte de los beneficios a los creadores originales de los personajes. Por supuesto, se entiende que cuando se crea algo nuevo los autores recibirán un tanto por ciento de los futuros beneficios. Es un tema espinoso donde no deben menospreciarse los derechos de las editoriales ni robar a los autores el fruto de su inteligencia y esfuerzo. Pero se han dado ya muchos pasos en la buena dirección. Cuando una serie tiene éxito normalmente sus creadores pueden llegar a cobrar sumas millonarias. Uderzo, que ahora ha cedido el testigo de Astérix, no es una excepción.

El tema del control es más delicado. Los autores siempre se quejan de los malvados editores, que desvirtúan las sabias decisiones de los primeros. No dudo que esto sea así, pero tampoco los creadores aciertan siempre. Si este nos ha ofrecido su versión de un determinado personaje, quizás aquel pueda brindarnos otra diferente. Ha ocurrido muchas veces en el pasado. Me gusta el Tarzán de Foster, pero me enloquece el de Manning. Al contrario, nunca soporté el Tex original, pero la aproximación de Claudio Nizzi cada día me resulta más convincente. Hablo de creatividad. Hay autores que pueden originar nuevos conceptos pero no son tan buenos en su desarrollo. Al contrario, otros prefieren emplear bases ajenas para retorcerlas y conducirlas en direcciones inesperadas. Suponer que la creación parte siempre de cero es reduccionista e ingenuo. Crear es en muchos casos recrear, mezclar, agitar.

¿Que algunos personajes se convierten en marcas comerciales, piezas dentro de un engranaje cada vez más grande? No me preocupa. Entiendo que hay creaciones únicas, irrepetibles. Nadie debería continuar las novelas gráficas de la última etapa de Eisner. Pero es lícito que se intente revivir su Spirit. Ya veremos, cuentan los resultados, no las intenciones. Esto mismo podría decirse de las últimas Jornadas Comic Nostrum, celebradas en Palma hace pocas semanas.

Comic Nostrum, firmas en la Escuela Superior de Diseño de Palma de Mallorca
Primero, recordar que dos de las exposiciones todavía permanecerán abiertas algunos días más. Por un lado la de Herois, en Binissalem, con un largo recorrido desde su presentación en el Salón de Barcelona. Por otro, la dedicada a Esquitx y a Jan, sin duda la estrella de las jornadas. Con más de setenta años y muchas dificultades de expresión, sus admiradores eran legión y abarrotaron la sala de Sa Nostra donde conversó con ellos y los pasillos de la Escuela Superior de Diseño donde dibujó y firmó dedicatorias para todos. Aunque las jornadas se relacionan más directamente con la primera parte de la muestra de Agapea, la fallecida revista Esquitx. Eliminada la subvención que la mantenía a flote, sus impulsores, el dibujante Tomeu Seguí y su mujer Sónia Delgado, se han vistos obligados a reinventarse e invertir sus energías en nuevas causas. No han sido los únicos sacudidos por la crisis, así que el núcleo duro del nuevo equipo directivo-ejecutivo lo conforman personajes con muchas ganas de hacer y poco dinero para desarrollar sus ideas.

A mi siempre me han repateado esas descripciones de gente que se va a la India o lugares exóticos similares y vuelve contando maravillas sobre indígenas en la miseria pero ¡tan felices! Nadie se atrevería a trasladar ese tipo de afirmaciones a geografías más cercanas, so pena de ser acusado de paternalismo, xenofobia o cosas peores. Pero como lo que subyace es una crítica a nuestro sistema capitalista, materialista, corrupto, desequilibrante y no sé qué leches más, pues ya va bien. Opino que explotar a alguien en Pakistán es tan injusto como hacerlo en Cuba o en Detroit. No sé de norcoreanos felices. Y si la religión nos ha sentado tan mal a los españoles no entiendo porqué habría de convenirles a los hindúes.

Este año Comic Nostrum nos ha brindado muchos momentos memorables. Las master class de los invitados han sido un éxito de participación y es una de esas actividades que sin duda crean afición. Los encuentros con los editores han sido sugerentes y necesarios para un colectivo de autores que necesita buscar trabajo más allá de estas tierras. Las exposiciones han estado dispersas pero han sido variadas y muy interesantes. Para recordar muchas de las charlas, con sorpresas incluidas como la ternura del Tomi o el humor de Blutch. Nifflé demostró que la supervivencia de la revista Spirou no es fruto del azar sino de la inteligencia del director al mando, que es él. Supongo que se podía mejorar algún detalle, pero el balance es muy positivo.

Y sin apenas pasta. Comentando con los organizadores las estrecheces económicas por las que pasan las Jornadas, descubro con estupor que no hay partidas que les compensen las horas perdidas y los esfuerzos realizados. No se montan exposiciones, se reservan vuelos y hoteles, se coordinan los mil y un detalles que implica un evento de estas características por la cara. O mejor: sólo se hace una vez. Muchos me expresaban su felicidad por el sentido de comunidad que habían recuperado. Porque esta actividad les permitía encontrarse y comentar las dificultades compartidas. Todo muy bonito y edificante ¡pero hay que cobrar! Porque si no el cansancio llega antes y las ganas de abandonar nos invaden. Es de agradecer la participación de todas las instituciones implicadas, pero se necesita un esfuerzo suplementario, si se desea mantener esta excitante iniciativa.

CUANDO ALGO FUNCIONA…

ASTÉRIX Y LOS PICTOS

Ferri y Conrad
Salvat, 2013.
48 páginas, 12,90 euros.

Si un editor decide prolongar el éxito de un personaje puede seguir dos caminos: mantener las características que lo han hecho popular y por las que se le conoce, o arriesgarse a introducir cambios y sorprender a los lectores con algo completamente nuevo. En el caso de Spirou, nos topamos con atrevimientos tan sonados como su versión infantil, ese Pequeño Spirou que no teme abordar ningún tema, por espinoso que sea. Pero entiendo que un editor con un gran negocio entre sus manos se resista a los golpes bruscos de timón. Es lo que pasa con Astérix y los pictos. ¿Cuál es su mayor virtud? Que nada cambia ¿Su mayor defecto? El mismo.

No me quejo. Confieso mi distanciamiento de la serie desde hace años. Adoré las correrías del pequeño galo en mi infancia, Uderzo me parecía un dibujante extraordinario (de esto todavía no me cabe ninguna duda), me encantFaban las traslaciones al pasado de detalles de la actualidad, la discreta pedagogía de Goscinny, que entre bromas y aventuras ligeras deslizaba no pocos datos sobre el mundo romano, sus características y hasta su lenguaje y, por supuesto, sus engrasados mecanismos cómicos, con gags recurrentes y su gran familia de personajes perfectamente definidos. Astérix es una de las cumbres del comic europeo pero su apariencia fácil y ligera hizo que casi no nos diéramos cuenta. Competía con Tintín, que era más “serio” y trataba temas importantes. Con los años he descubierto que esta era una falsa oposición y que los valores por los que el belicoso galo debe ser juzgado son simplemente otros, diversos a los del reportero belga.



Viñeta de Astérix y los pictos de Ferri y Conrad, edita Salvat
Casi había olvidado las entregas escritas por Uderzo. Todo el mundo parece estar de acuerdo en que no son gran cosa, aunque no carecen de pasajes divertidos. La serie ya había flojeado con anterioridad y no cuento ni Asterix en Bélgica ni La gran travesía entre mis favoritos. Pero es que en sus mejores momentos Uderzo y Goscinny firmaron verdaderas obras maestras, como las aventuras en Córcega o en Helvecia, La vuelta a la Galia de Astérix y tantas otras. Aplaudo la decisión de pasar el testigo a un equipo más joven. ¿Qué Conrad no exhibe el estilo del que hacía gala en sus series anteriores? Me parece natural. Supongo que si el experimento funciona, irá paulatinamente separándose de Uderzo. Pero desde luego aquí queda claro que lo ha tenido encima de la chepa durante toda la producción porque el parecido es notable. Curiosamente donde menos convencen es en la portada, que firman al unísono y resulta flojita. Pero en el interior la imitación del maestro es perfecta.


El guión plantea una aventura casi canónica de Astérix, con todos sus lugares comunes y su estructura habitual. Un extraño llega al poblado galo, está en apuros y deciden ayudarlo, para ello le acompañan a su país de origen, etc. Por el camino, peleas con los piratas y los romanos, enfrentamientos con un malo local y los clásicos intercambios culturales. Está bien, no me parece sencillo tomar unos ingredientes tan manoseados y conseguir que vuelvan a funcionar. Habrá quien califique esta obra como “industrial”, a mi me parece un homenaje sentido y realizado con mimo, cuidando todos los detalles. No defraudará a los lectores habituales de la serie ni aburrirá a los ocasionales, como es mi caso. Al contrario, creo que adquiriré los episodios que me faltan. La experiencia de volver a visitar los familiares mundos de Astérix ha sido muy agradable, casi como volver al hogar.
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