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viernes, 5 de noviembre de 2010

USAGI YOJIMBO: la madre de las montañas de S. SAKAI

Usagi Yojimbo, la madre de las montañas de Stan Sakai. Edita Planeta de Agostini.
Planeta DeAgostini. 
Barcelona, 2010.
180 páginas, 12,95 euros.

ENVIDIA Y CODICIA

Cada volumen de Usagi Yojimbo es una alegría. Su creador, el gran Stan Sakai, podrá estar más o menos inspirado pero hace ya tiempo que nos ha demostrado que su calidad está muy por encima de la media. 


Tiene historias que contar y un dibujo sencillo y una narrativa eficaz para hacerlo. Volvemos en esta ocasión a ese Japón feudal que ha distorsionado para situar a su héroe, un conejo samurai que ya es como de la familia. Cada episodio de Usagi es una celebración de un conjunto de valores que definen al héroe: fidelidad, honestidad, lealtad, valor, integridad… La lista completa. Su firmeza en la defensa de estos principios coloca a Usagi en no pocas situaciones comprometidas, empezando por sus relaciones con la madre de un hijo que no puede reconocer.

Y es que, a pesar de su aspecto de fantasía para niños, de su dibujo casi infantil, Usagi Yojimbo aborda temas universales y que pueden interesar a cualquier lector.
Usagi Yojimbo de Stan Sakai. Edita Planeta de Agostini.
Sakai sólo se limita en cuanto a que procura que sus historias puedan ser leídas por todos, evitando escenas muy desagradables. Pero cualquiera que le eche un vistazo a esta su última entrega comprobará que describe cómo torturan al héroe y que su villana protagonista no se ahorra actos de maldad y depravación sin límites. Actos que apenas son contenidos por el estilizado dibujo del autor.

Se nos cuenta la relación entre dos primas, Tomoe, una vieja conocida de la serie, y Noriko, una espléndida mala y algo más, como descubriremos con asombro a medida que avanza la historia. También cómo el hallazgo de una mina de oro puede alterar la vida de toda una región, excitando la codicia de sus ambiciosos vecinos. Como siempre Sakai va dejándonos pistas que nos llevan de una secuencia a otra, con su fluidez habitual. Por el camino engarza otras pequeñas historias entre las que sobresale la del paje Motokazu. La desarrolla con naturalidad y la cierra en un final perfecto. Por cierto, no sé si a ustedes les pasará, pero tiene momentos en que me recuerda el relato de Arf en el Príncipe Valiente, en los episodios en que aún no ha perdido la pierna y es un adolescente que se esfuerza por llamar la atención de Aleta.

Los temas que aborda la historia son dos tan universales como la codicia, ya mencionada, y sobre todo la envidia. Esa y no otra es la pasión que mueve a la malvada Noriko, una fuerza antigua como la humanidad y que explica no pocas de nuestras debilidades y pecados.

Sakai la maneja con su habilidad característica y nos deslumbra con una aventura trepidante y más áspera de lo normal en él. Sorprenden la crudeza de la secuencia de tortura y las reacciones de furia homicida del héroe, justificadas por su preocupación por Tomoe, la mujer a la que ama calladamente.

Por el camino, todo es bueno. Las secuencias de acción, los secundarios, la construcción del argumento, las motivaciones de los personajes, los giros inesperados, las intrigas palaciegas… Sabemos ya que Sakai se toma su tiempo para presentar a sus protagonistas y explicar sus intereses y sentimientos. Pero esa planificación a largo plazo, que tan gratificante es para el lector, no le impide construir un gran entretenimiento en cada uno de sus relatos.

Es un maestro y aquí ha vuelto a demostrarlo.
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viernes, 3 de abril de 2009

Y, EL ÚLTIMO HOMBRE de VAUGHAN & GUERRA

Y, el último hombre de Brian k. Vaughan y Pia Guerra, edita Planeta deAgostini
Vértigo. ECC ediciones
Barcelona, 2009.
170 págs, 12,95 euros

EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO


En su apocalíptica novela, Matheson fabulaba sobre un hombre enfrentado a un mundo vampírico; tal situación extrema le permitía reflexionar sobre conceptos como normalidad y locura, sobre lo mal que toleramos ser la excepción, lo diferente en un universo que se rige por otras reglas. Aunque cada vez más los discursos oficiales insisten en el respeto a la diversidad, lo cierto es que somos seres gregarios, con miedo a enfrentarnos como individuos aislados a la masa, a la que preferimos pertenecer y en la que nos gusta sumergirnos. Brian K. Vaughan no llega tan lejos como este clásico de la ciencia ficción, porque además prefiere engrasar sus historias con un humor siempre presente.


Ya les he hablado de esta serie que ahora concluye y de su sorprendente punto de partida. Una extraña enfermedad borra a todos los varones de la faz de la tierra, salvo dos notables excepciones: Yorick Brown, un especialista en fugas, y su mascota Ampersand, literalmente el último mono. A lo largo de esta larga saga recorremos con ellos muchos kilómetros, ya que el héroe desea reunirse con su novia que vive en Australia, en el otro extremo del mundo. Vaughan no elude los elementos más fantásticos que su disparatada situación le facilita, como la aparición de amazonas que echan la culpa de todo lo sucedido a los hombres, o el establecimiento de un nuevo orden mundial, ahora enteramente dirigido por mujeres. Hay aventuras con espías, conspiraciones y asesinatos y todas desean meterle mano a esa última fuente de esperma, con la intención de clonarlo, experimentar con él o, sencillamente, pasar un buen rato. Yorick intenta mantenerse fiel a su verdadero amor y los episodios de una guerra de sexos pasada de rosca se suceden. El protagonista suaviza los momentos más dramáticos con una ironía constante, pero con todo el guión nos planta ante situaciones realmente emotivas, encontrando un delicado equilibrio entre el melodrama, el tebeo de ideas y el puro entretenimiento de género.

Y, el último hombre de Vaughan y Guerra
La dibujante Pia Guerra se mantiene a la altura de las circunstancias, ayudada por las eficaces tintas de José Marzán Jr. Su dibujo puede parecer seco y poco atractivo en un primer vistazo, pero si le damos una oportunidad pronto muestra su calidad. Pia no se pierde en florituras y se concentra en lo esencial: la figura humana y sus expresiones. Sus páginas son ajustadas y entretenidas, siempre atentas a lo narrado y manteniendo un nivel general muy alto. Sin duda su arte puede ser calificado como clásico, en el mejor de los sentidos posibles: no se va por las ramas ni se pierde en barroquismos innecesarios, todo se pone al servicio de la historia.

En su conclusión la saga nos deja un regusto amargo. La presencia de la muerte, una constante en muchos de sus episodios, se hace más acusada al final. No deseo revelar más de lo necesario pero sí puedo agradecer al guionista cierta voluntad de equilibrio. Por una parte nos sobrecoge con el repentino e inesperado asesinato de uno de los protagonistas, pero por otro lo compensa con la brillante salida del escenario de Yorick, escapista hasta el fin. No se lo pierdan, es muy recomendable.
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viernes, 6 de marzo de 2009

LAS CRÓNICAS DE CONAN

Las crónicas de Conan de varios autores: Buscema, Thomas, Smith... edita Planeta deAgostini
THOMAS, BUSCEMA, SMITH Y OTROS
Planeta DeAgostini.
Barcelona, 2009

¡POR CROM!


Las continuas reediciones de las aventuras de Conan nos indican que el personaje goza de muy buena salud. Desde que fuera lanzado en los setenta, su presencia en las librerías ha sido constante, convirtiéndose en un icono familiar y carismático. Esta creación pulp del texano Robert E. Howard se trasladó a las viñetas gracias a la obsesión de Roy Thomas, a la sazón guionista en Marvel y enamorado de los héroes que poblaban las ondas y reinaban en las novelas populares de los años treinta; siniestros como La Sombra, luminosos como Doc Savage o salvajes como el épico guerrero cimmerio.


No lo tuvo fácil. A Martin Goodman, encargado por entonces de las finanzas en Marvel, le parecía demasiado cara la tarifa que los herederos de Howard exigían por los derechos de adaptación. Superado este primer obstáculo, Thomas se vio obligado a trabajar con un dibujante primerizo. Como por entonces Barry W. Smith cobraba el sueldo base de la editorial, así se compensaba ese primer gasto. Pero el inglés supo afrontar el reto y número a número su dibujo mejoró hasta realizar una verdadera obra maestra, que supuso también su despedida de la serie: Clavos rojos.

Fue entonces cuando Thomas pudo por fin llamar al artista con quien había soñado colaborar desde un principio. De hecho, le había enviado con anterioridad las novelas de Conan y aquel las había devorado, enamorándose del personaje. Su elevado caché le había impedido hacerse cargo del héroe, pero ahora, con la serie convertida en un éxito de público, por fin había llegado su oportunidad. Y supo aprovecharla.

Hablo del gran John Buscema, el macho alfa de los dibujantes americanos, en palabras de Kevin Nowlan. Buscema, un creador de sólidas raíces realistas, estaba harto de dibujar tipos en esquijama. Y había pasado por casi todos: Thor, Spiderman, los Vengadores, los Cuatro Fantásticos... Anhelaba una serie en la que pudiera centrarse en sus pasiones: hombres y animales. Y también algunas bellas mujeres y no pocos monstruos. Y dejar de lado todo aquello que odiaba representar: edificios, coches, fusiles y máquinas en general. Lo suyo era la materia animada y en Conan la había para dar y regalar.

Con él y unos cuantos entintadores filipinos a los que Big John siempre odió sin remilgos, la serie despegó hasta dividirse en varios caminos que se desparramaron por publicaciones de variada fortuna. Por un lado estaba el comic-book normal a color, Conan el bárbaro, al que pronto siguió una revista en blanco y negro, La espada salvaje de Conan, e incluso otros intentos como Conan Rey o las series dedicadas al rey Kull. Personalmente, me enganché definitivamente al personaje con algunas de aquellas historias más largas de la Espada Salvaje, que aquí aparecieron en Relatos salvajes, sin duda una de las publicaciones más estimulantes de los setenta.

Conan tenía (y aún conserva) muchos elementos que aseguraban su atractivo, no pocos derivados directamente de las ideas de Howard. Pero considero que no pueden menospreciarse las aportaciones de Thomas, que se inventó pasajes enteros para construir una cronología sólida del bárbaro, intentando mantenerse fiel al espíritu del original. Sin duda consiguió crear una figura arquetípica que permanecerá.
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