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viernes, 7 de septiembre de 2018

LOS CABALLEROS DE HELIÓPOLIS DE JODOROWSKY y JEREMY

VIEJOS MAESTROS

A punto de cumplir los noventa, Jodorowsky demuestra que sigue en plena forma. Con el dibujante Jérémy presenta su última saga, una delirante aventura histórica protagonizada por un hijo de Luis XVI.


Como con el guionista chileno nada es sencillo, el héroe es un hermafrodita que milita en una secta, esos Caballeros de Heliópolis que dan título a la obra. El relato trenza con habilidad la pura acción, los misterios que acechan en las sombras y esa visión cruel de una realidad en la que amor, deseo y muerte juegan una eterna partida no apta para timoratos.

Los héroes de Jodorowsky siempre se enfrentan a lo peor y habitualmente consiguen salir victoriosos, aunque diferentes. Esa metafísica de la transformación es la clave principal para enfrentarse a sus textos, un largo camino que asegura los desafíos y los consiguientes cambios. Para los protagonistas pero también para los lectores. Aquí no cuenta con alguno de los gigantes con los que colaboró en el pasado, como Moebius, cuyo Incal se reedita de manera ritual. O Bess, de quien recientemente se publicaba el Integral de Juan Solo, su aventura mexicana. Aquí Jérémy cumple con creces. El color es un tanto saturado y oscuro pero la narrativa es eficaz y el tomo se lee sin problemas. Impresionante la secuencia en que Marat le arranca el corazón a quien considera sucesor del rey pero que no es más que un pobre bastardo sin cerebro.

Otro veterano que pervive en nuestras librerías es Van Hamme. Cumple ochenta el año que viene y se dedica solo a Largo Winch. Pero podemos disfrutar con algunas reediciones, como la de los Maestros Cerveceros que acaba de publicar Dolmen.

Agrupa en un único volumen con un formato digno todos los álbumes de una gran saga. A ver si así nos olvidamos de la deprimente y diminuta edición anterior.

De paso mencionar que la actual política de reediciones de Dolmen está llenando las estanterías de productos interesantes: ojo al Pumby que acaban de sacar, a su Flash Gordon, Phantom o al Príncipe Valiente.


Berardi cumple setenta en 2019. Y su Ken Parker sigue en marcha. Ya lo he dicho con anterioridad y lo repito: esta reedición es una gran noticia.

Hay un abismo entre las historias que dibuja Milazzo y las que caen en manos de otros artistas. Pero da igual, los guiones son para no perdérselos. Confiemos en que se complete la edición con todos los episodios de la serie.

Puestos a citar reediciones, no debe olvidarse el último trabajo de Jijé en Tanguy y Laverdure. Hay una parte que no dibuja él, qué se le va a hacer. Ha sido una tremenda alegría asistir a la recuperación de este grandísimo autor para el mercado español.
Muerto en 1980, han tenido que pasar más de treinta años para que a alguien se le ocurriera publicar su obra. Pero finalmente ha ocurrido y con ediciones de gran calidad. Así que ¡albricias!







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viernes, 3 de febrero de 2017

TANGUY Y LAVERDURE INTEGRAL 6 de CHARLIER Y JIJÉ

Tanguy y Laverdure. Integral 6 Pelea en el desierto de Charlier y Jijé
Ponent Mon, 2016.
196 páginas, 32 euros.

POR TIERRA, MAR Y AIRE

La política de recuperación de personajes clásicos del tebeo franco-belga nos brindó dos nuevas alegrías en 2016. Dos volúmenes que mejoran nuestro conocimiento de ese genio del comic que fue Joseph Gillain, Jijé.


En 2011 yo saludaba con entusiasmo la publicación de Jerry Spring, uno de los más grandes westerns que se hayan realizado jamás. A los cinco gruesos volúmenes del héroe del Oeste se sumaron después los correspondientes a Tanguy, el piloto de Mirage que había sido inicialmente dibujado por Uderzo. Ya han aparecido dos, siempre con guión de Charlier. El mismo escritor acompañó a Jijé en la que sería su última obra y que recientemente también se ha traducido por aquí.

Se trataba de una aventura de Barbarroja dividida en dos álbumes. Lamentablemente Jijé falleció y no pudo concluirla. Hay casi una década de diferencia entre el integral de Tanguy y el de Barbarroja, pero eso apenas se percibe en su trazo y en la energía que emana de sus viñetas. En ambos casos el autor tuvo que “adaptarse” al estilo de quienes le precedieron. Hubinon, en la clásica serie de piratas, era más contenido y estático y sus planchas se derrumbaban bajo el peso de los textos de Charlier. Digamos que Jijé hace lo que puede para mantener a raya la logorrea de su compañero.

En Tanguy y Laverdure sucedió a un autor mucho más capacitado, por entonces ya totalmente concentrado en su exitoso Asterix. Pero la popularidad de la serie de televisión derivada de los álbumes permitió a Jijé ir imponiendo su estilo al tiempo que aplicaba a los protagonistas los rostros de los actores televisivos, dejando atrás las referencias y el tono marcados por Uderzo.

Tanguy y Laverdure. Integral 6 Pelea en el desierto de Charlier y Jijé
Los dos integrales vienen como es habitual cargados de información y entrevistas.
Muy interesante resulta la dedicada a Benoit, hijo de Jijé. En ella cuenta el viaje al que se lanzaron por México y USA, en un momento en que el autor supuso que los americanos apreciarían su arte. En América coincidió con Goscinny, Franquin y Morris. Al final acabó mandando planchas por correo a Dupuis. También comenta Benoit Gillain la inefable generosidad de su padre, que regaló o traspasó personajes que había creado a otros amigos dibujantes. Muchos se enriquecieron con ellos y Jijé no cobró ni un duro en derechos. Le pasó Spirou a Franquin y también había dibujado El teniente Blueberry antes de cedérselo a un principiante Giraud. Este último ya le había echado una mano en un episodio de Jerry Spring. La posición de Jijé como figura central del comic franco belga ha sido reconocida por muchos de sus colegas y amigos, empezando por el propio Giraud, pero también por Hermann o Mezieres, otro habitual en su casa.

Lo que la combinación Jijé-Charlier nos ofrece es una buena dosis de aventuras. Algo más parsimoniosas en el caso de Barbarroja y trepidantes en Tanguy y Laverdure. Al dibujante no le interesaban los aviones pero se desquitaba en secuencias como las cabalgatas por el desierto. Abundan en una saga que transcurre en un imaginario país árabe con ecos de Jordania. Entretenido, muy aventurero y servido con el trazo de un indiscutible genio. Ya esperamos por el siguiente.
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viernes, 19 de septiembre de 2014

EXPO MARVEL PARIS & VENICE de TANIGUCHI

SOUVENIRS DE PARÍS


Uno de los grandes placeres tras las vacaciones es presumir de esos sitios chulos a los que has podido ir y esperas que los demás no. Este verano París contaba con algunos reclamos casi irresistibles para los aficionados al comic, así que permítanme que me divierta un poco contándoselo.


Para empezar, la muestra dedicada a los superhéroes Marvel en el museo Art Ludique, una enorme infraestructura situada a orillas del Sena, un poco más allá del Botánico y el maravilloso Museo de Historia Natural.

La exposición aprovechaba el tirón mediático de unos personajes que gozan de una segunda juventud gracias al cine. En ella se entremezclaban maquetas y prototipos de las películas para disfrute de los más pequeños, con planchas originales de algunos de los mejores artistas Marvel. Era tal la calidad y variedad que apenas sé por dónde empezar. Los mejores Kirby que se puedan imaginar, los mejores Kane, Romita, Starlin, Zeck, Byrne, grandes planchas de Sale, de Ross, algún Ditko, varios Buscema brutales… Una lista impactante que obligó a la organización a prolongar la muestra hasta este mismo mes de septiembre. Todo estaba cuidadosamente presentado, con una escenografía que cumplía con su función de agrupar material muy diverso, con objetos tridimensionales grandes, diseños a color y cientos de páginas en B/N. El catálogo no era gran cosa pero es la única pega que puedo poner a una expo apabullante y que por sí sola justificaba la escapada a París.

No era la única excusa, había otra exposición que ningún friki debía perderse, la dedicada a StarWars.


Situada algo más lejos del centro, en una suerte de estudios cinematográficos, este proyecto itinerante estaba pensado para no defraudar tanto a los seguidores de la saga como al público en general. Contaba con un gran despliegue de medios que incluía auriculares personalizados para cada visitante, una cuidada iluminación y un recorrido completo por los personajes más populares de la serie galáctica, así como las maquetas originales de muchas de las naves y artefactos que la habitan. Aunque estaba pensada como un gran entretenimiento, con cacharritos interactivos y mucho juego de luces y sombras, intentaba trascender esos niveles, profundizando en uno de los grandes temas de Star Wars, las elecciones personales y por extensión nuestra idea del bien y del mal. Podía más el espectáculo que la filosofía pero al menos conseguían que uno no se sintiera tan idiota disfrutando con los muñequitos.

Aproveché la visita para saludar a mi buen amigo Frederic Manzano, que mantiene su librería muy cerca de Notre Dame y fue uno de los organizadores de la expo Marvel. Dargaud ha establecido contacto con él y en este momento se tramita una edición en francés de nuestro catálogo dedicado a Buscema. Evité por poco la tentación de babear sobre una colección de tiras que acababa de comprar a la hija del recientemente fallecido Alain Resnais. Como es sabido, el cineasta era un gran aficionado al comic. Aunque Frederic no había adquirido todas sus piezas, lo que tenía ya era más que impresionante: tiras de Hamlin, Gray, Caniff, Holdaway, Robbins y otros tantos que no recuerdo. Sólo tuve ojos para varias piezas de Juliet Jones, con esos increíbles trazos de pincel con que Drake dibujaba el pelo de sus chicas. Una verdadera pasada. Comentamos el asunto de la disparidad de los mercados. Hay uno, muy cerrado, para el comic francés, otro para el de superhéroes americanos y otro muy diferente para el de tiras clásicas. Y son mundos estancos, quien está interesado en uno es raro que se acerque al otro. Como no es mi caso, aproveché la estancia en París para conseguir algo más de material de uno mis autores preferidos y que, por cierto, cuenta con un excelente pero no muy conocido Museo en Bruselas. Me refiero a Jijé. Este año hemos podido disfrutar con la traducción de su Jerry Spring editado por Ponent Mon. Pillé en la enorme librería Album, en el centro del Barrio Latino, uno de sus tomitos con Tanguy y Laverdure. Hace mil años Bruguera sacó algo, pero todavía queda mucho inédito por traducir y es más que recomendable. Lógicamente, una vez en la librería no pude evitar darme algún capricho y me llevé también uno de los volúmenes de la colección de libros de viaje que Louis Vuitton está sacando. En concreto el de Taniguchi dedicado a Venecia. Sencillamente delicioso, una verdadera gozada.


Louis Vuitton Venice Travel Book by Jirō Taniguchi from Nadia M on Vimeo.
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viernes, 15 de abril de 2011

JERRY SPRING INTEGRAL de JIJÉ

Jerry Spring Integral. Jijé. Edita Ponent Mon
Ponent Mon 2011.
236 páginas, 44 euros.

POR FIN JIJÉ


Con la publicación de las aventuras de Jerry Spring se corrige una injustificable ausencia. No podía permitirse que Jijé, uno de los mejores autores europeos de todos los tiempos, fuese casi desconocido en España.



En realidad algo ya sabíamos de él. A principios de los setenta pudimos ver algunos de sus episodios para Michel Tanguy publicados en revistas de Bruguera como SuperPulgarcito. A finales de esa misma década algunas editoriales sacaron álbumes de Jerry Spring, como Los broncos de Montana o La chica del cañón. No se puede decir que fuera mucho en el conjunto de una labor que se agrupa en gruesos volúmenes. Sus integrales, confeccionados por la casa Dupuis, alcanzan la veintena y todos van cargaditos de páginas de la más variada condición, del humor a la aventura, del color al blanco y negro, de lo serio a lo caricaturesco.

Pero esas tímidas publicaciones en castellano ya nos permitieron hacernos una idea de su talento. Un dibujante volcánico, fuerte, expresivo y tremendamente productivo. Formó parte de una generación mágica, la que en gran medida creó eso que se viene a llamar tebeo franco-belga, siguiendo las huellas de Hergé. Hablo de Franquin, de Morris y de Goscinny. Sus historias se entremezclan, todos ellos pasaron por unos Estados Unidos que marcaron su manera de aproximarse al comic. Así que para Jijé nada más natural que abordar un tema tan poco europeo como el western. Sin detenernos en antecedentes venerables como las historias del alemán Kart May sobre Old Shatterhand y Winnetou, baste recordar que Jijé no fue el único en el viejo continente fascinado por el género. Le siguieron Morris con Lucky Luke, Greg y Hermann con Comanche, Charlier y Giraud con Blueberry o Berardi y Milazzo con Ken Parker. Los westerns en Europa son legión y muchos de gran calidad.
Viñeta de Jerry Spring Integral. Jijé. Edita Ponent Mon

Y Jerry Spring es uno de los mejores. En el prólogo se citan los problemas de Jijé con sus guionistas a quienes pedía un argumento que luego él iba cambiando sobre la marcha, para desesperación de los escritores. Pero aunque ese aire improvisado es evidente en las historias, no le resta brío a la narración. A veces hay explicaciones excesivas o elipsis salvajes pero en general la serie se lee con interés y su enfoque permanece perfectamente actual. Hay un discurso bienintencionado en contra del racismo, el héroe se pasea en compañía de indios y mexicanos, pero eso no impide que luego tengamos a otros nativos muy malos y a mexicanos perezosos y amantes del tequila. No cae en la trampa de lo políticamente correcto y por eso mantiene la emoción y el sabor de las viejas películas. Y el humor, Jerry Spring está hecho con gracia, hay réplicas brillantes, los diálogos son frescos y directos y además la acción no se detiene nunca. Memorables los pasajes en que se nos ofrece una peculiar visión de las revoluciones mexicanas. También el enfrentamiento con el jefe indio aficionado al alcohol que, en un sorprendente giro argumental, cambia de opinión respecto al caballo del héroe.

Pero evidentemente el plato fuerte es el dibujo. Jijé es un dibujante de raza, uno de los grandes. Su arte puede con todo y su visión del oeste es vital y creíble. Su blanco y negro es directo y expresivo. Cada página, cada viñeta es una lección de dibujo. Nada se le resiste, ni paisajes ni personajes, sus animales son espléndidos, lo mismo sus expresiones. Y ahora, por fin, podemos disfrutar de su trabajo en condiciones. No con el color original, pero lo cierto es que comparando con los integrales de Dupuis no puede decirse que esa ausencia sea importante. Habrá a quien le parezca que el precio del volumen es elevado. Pero, ya saben, el valor depende de lo que alguien esté dispuesto a pagar. En este caso me parece que vale la pena. Este es un tebeo imprescindible, que no puede faltar en la biblioteca de ningún aficionado. Contiene cuatro álbumes, a cual mejor. Yo ya estoy esperando por el siguiente volumen.
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