ECC, España, 2022
224 páginas, 25 euros
EL GRAN LEANDRO
Hay dibujantes a los que convienen seguir: Lee Weeks, Chris Samnee, Goran Parlov, Igor Kordey, Nick Derington, Tonci Zonjic, Laura Zuccheri... o Leandro Fernández.
Autores cuya habilidad gráfica es tal que casi ni importa el texto al que acompañen. Casi. De los citados algunos han tenido suerte y se han emparejado con guionistas con el talento de Millar o Ennis. A otros les ha tocado Tom King y, a pesar de sus destrezas gráficas, acabamos olvidándolos porque solo con los dibujos no se construye un cómic decente. Como solía pasar con los niños, es cosa de dos. Leandro Fernández ha tenido una suerte irregular. Ha levantado con su arte unas cuantas historias mediocres pero también ha acompañado a Ennis en algunos de los mejores episodios de Punisher. Su carrera presenta un dato curioso. Muy joven entró a trabajar como ayudante de Eduardo Risso, argentino como él. Cuando los dos se lanzaron a la conquista del mercado norteamericano, Leandro exhibía un dibujo realista, clásico y muy alejado de su actual estilización. Pienso que no deseaba ofrecer un producto similar al de su jefe. Pero una vez situado ha dejado que su estilo evolucionara y lo cierto es que sus acabados cada vez contienen más elementos que recuerdan a Risso. Pero, como algunos ya han señalado, no son lo mismo. Los grafismos de Risso pertenecen a una escuela clásica, donde colocamos a Caniff, Robbins, Toth, Mazzuchelli, Pratt, Steranko y algunos más. La escuela del alto contraste, donde todo es luz o sombra. Risso la había conducido hasta su extremo más simplificado y su labor tenía un mérito indudable. Pero su estilización venía acompañada de cierta blandura. Hay algo bonito, agradable en su dibujo y eso no conviene a todas las historias.
A Fernández no le pasa. Además, considero que su narrativa es más sofisticada, más directa y pura. Permanece Leer más...