Mostrando entradas con la etiqueta Truman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Truman. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de marzo de 2012

CONAN, LA LEYENDA de TRUMAN, NORD y GIORELLO

"Conan, la leyenda" de Tim Truman, Cary Nord y Tomas Giorello. Edita en España Planeta deAgostini, desde el blog TBEO Y NO LO CREO
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2012. 
152 páginas, 18,95 euros 

EL CONAN DE TRUMAN

Después de publicar unos cuantos números “con grapa”, Planeta rectifica y nos ofrece ahora un bonito tomo con otra adaptación de una historia de Conan realizada por Truman: Villanos en la casa.


Lo cierto es que molesta tener que ir pagando por cuatro páginas al mes para poder disfrutar con el talento de creadores como Truman o el gran Corben. Más cuando no cabe duda de que en pocos meses lo volverán a sacar retapado. ¿Y entonces qué? Tengo la casa llena de comic-books que no me decido a tirar cada vez que alguien los reedita perfectamente encuadernados y con extras. Entiendo la lógica comercial del asunto, pero les aseguro que resulta muy irritante.

Dicho esto, lo que esta adaptación nos brinda es más de lo mismo. Es un relato que todos recordamos en la gran versión de Thomas y Smith, también en la fabulosa portada de Frazetta que el mismo Truman rememora en su introducción, y que inspiró una de las secuencias más impactantes de Conan el Destructor, la secuela de Fleischer que nadie cita, a pesar de ser una gran película de aventuras.

El guionista se asegura de transmitir fielmente el espíritu de Howard y eso es lo mejor que puede decirse de un tebeo donde lo que resulta más frío es el dibujo. Con Conan siempre nos pasa lo mismo. Por él han pasado algunos de los más grandes: Kane, Adams, Smith o el grandísimo Buscema. Creadores enérgicos y narrativos, capaces de transmitir vida con sus personajes.

Viñeta de "Conan, la leyenda" de Truman, Nord y Giorello
Aquí el dibujante parece como si tuviera prisa. Encuadres enfáticos y narrativamente ineficaces, fondos perroneros, actuaciones deficientes… Todo está resuelto con precipitación y sin ganas y es claramente mejorable. Una pena, ya que Truman siempre cumple y en este caso sus compañeros no están a la altura. Aparte de eso, hay otro aspecto débil en esta aventura, como es la presencia femenina o más bien su ausencia. Esa fulana de papel mínimo apenas llega a la altura de los tobillos de otras heroínas que pueblan las aventuras de Conan. Los aficionados recordarán a las más guerreras, de Sonja a Belit pasando por Valeria. Pero yo quisiera aquí citar a las que protagonizan su ciclo más conocido, el que apareció en Relatos salvajes (Savage Tales en el original) y que ha sido repetidamente reeditado. Cuando revisamos aquellas historias comprobamos cómo Thomas repetidamente entrega las riendas del relato a un conjunto de mujeres realmente extraordinarias. Se nos cuentan los hechos desde su perspectiva y Conan transita esas narraciones casi como un personaje más. La mujer tiene una importancia cardinal en estas historias. Recuerden a la princesa Yasmela de El coloso negro, Olivia, “la hija de la confusión” de Sombras de hierro en la Luna, la reina Taramis de Khauran (y su gemela la malvada Salomé) de Nacerá una bruja, la enérgica Mellani “de los muchos hombres” de La morada de los condenados, la sensual Zuleika de Los fantasmas del Castillo Carmesí o la atormentada Yasmina de El pueblo del círculo negro. Son todas ellas personalidades fuertes, mujeres que luchan en un mundo de hombres donde en general son tratadas con desprecio. Contra todo pronóstico sobreviven y ganan sus batallas imponiéndose a su propia debilidad y consiguiendo con su astucia, valor e inteligencia lo que no alcanzarían por la fuerza.

Con estos retratos femeninos Thomas no hacía sino continuar una tradición que Foster había instaurado en su Prince Valiant. Esta serie medieval se despega definitivamente de sus antecedentes caballerescos cuando su creador decide aportarle un mayor protagonismo a Aleta, la mujer del héroe. Primero lo cuida como a un niño, luego lo manipula a su antojo, también lo cura y mima cuando es necesario. Como reina de las Islas Brumosas es mucho más que un ama de casa que espera pacientemente la llegada de su maridito. Pero también actúa como madre y esposa, en un giro familiar que de alguna forma equilibraba y redefinía la épica del héroe. Desde Aleta la mujer ya no podía ser simplemente la novia del prota, todo empezó a ser más complejo y maravilloso, como las chicas de Conan nos recuerdan. Debemos alegrarnos por ello.
Leer más...

viernes, 29 de octubre de 2010

Jonah Hex. Lansadle, Truman y Glanzman

EL OESTE MÁS SUCIO

Planeta DeAgostini. Barcelona, 2010.
232 páginas, 22 euros.

Tras publicar diversos recopilatorios más o menos prescindibles de Jonah Hex, finalmente se han animado a traducir los episodios dibujados por Truman en los noventa. Nunca es tarde si la dicha es buena. Ya saben que cuento a este autor entre mis favoritos, a pesar de que generalmente se le considera un artesano, una figura menor frente a astros más rutilantes.

Lo cierto es que todo lo que hace está bien y, en muchos casos, muy bien. Este exalumno de Kubert, cuya influencia se aprecia con facilidad en su fluida narrativa, nos sorprendió con una serie tosca y mal dibujada, un western postapocalíptico llamado Scout, que nadie se ha atrevido a reeditar, mientras nos castigan, por ejemplo, con nuevos tomos de Nexus, Bone y hasta ¡horror! de Cerebus. Sobre la marcha, aprovecho para confesarles que tras haberme comprado el primer volumen de la obra magna de Sim, traducido por ver primera al español, aún no he sido capaz de completar su lectura. Así que admitamos lo evidente y enviemos las aventuras del cerdo hormiguero más citado y menos leído de la historia del comic al baúl de los tebeos para vender. Seguro que alguien pica. Respecto a Nexus y Bone, qué les voy a contar que no sepan. Van en la misma saca que los comics de Chris Ware y algunos más. Se puede dibujar muy bien y ser un pésimo dibujante de tebeos. Lo primero es tener algo que contar.

Y Truman lo tiene, como demostró en Grimjack o con su obra maestra Hawkworld que, esta sí, ha sido recientemente reeditada. Échenle un vistazo. O a su entrega sobre Conan, personaje para cuya serie regular está ahora escribiendo unos espléndidos guiones. En Conan y las canciones de los muertos el argumento corría a cargo de Lansdale, que es el mismo que le acompaña en sus episodios para Jonah Hex. Allí probaron que hacían buena pareja y que el guionista se ajustaba con perfección a los mundos y la filosofía vital de Truman.

En el fondo, sus historias se parecen mucho a sus dibujos. Su aspecto es más bien tosco y hasta desagradable, de tebeo barato y si me apuran hasta vulgar. Pero pronto su habilidad narrativa consigue que nos olvidemos de su torpe carcasa y nos concentremos en la historia. Sus relatos están llenos de tipos duros y al tiempo nobles, sazonado siempre con grandes dosis de humor muy grueso y acción trepidante. El resultado es arrollador.

Es casi imposible resumir las andanzas en que mete al vaquero medio muerto de la DC, con zombies, imitadores de Buffalo Bill, niños con cabeza de oso, espectáculos de fenómenos y otros tantos disparates que caben en las historias de Lansdale, dibujadas con entusiasmo por Truman. Pero les brindo un fragmento de diálogo, para que aprecien el tono. Jonah se encuentra con un viejo amigo indio. “¡Huevos moteados!”. “Aquí me conocen como mano moteada”. “Pero tú no tienes motas en las manos”. Interviene entonces un vaquero enano: “¿Y tú cómo sabes que tiene motas en otro lado?”. “¡Mira este! Yo no le puse el nombre”. Y siguen así durante un buen rato.

No se lo pierdan ni dejen que su aspecto de obra menor les engañe.
Leer más...

viernes, 6 de marzo de 2009

LAS CRÓNICAS DE CONAN

Las crónicas de Conan de varios autores: Buscema, Thomas, Smith... edita Planeta deAgostini
THOMAS, BUSCEMA, SMITH Y OTROS
Planeta DeAgostini.
Barcelona, 2009

¡POR CROM!


Las continuas reediciones de las aventuras de Conan nos indican que el personaje goza de muy buena salud. Desde que fuera lanzado en los setenta, su presencia en las librerías ha sido constante, convirtiéndose en un icono familiar y carismático. Esta creación pulp del texano Robert E. Howard se trasladó a las viñetas gracias a la obsesión de Roy Thomas, a la sazón guionista en Marvel y enamorado de los héroes que poblaban las ondas y reinaban en las novelas populares de los años treinta; siniestros como La Sombra, luminosos como Doc Savage o salvajes como el épico guerrero cimmerio.


No lo tuvo fácil. A Martin Goodman, encargado por entonces de las finanzas en Marvel, le parecía demasiado cara la tarifa que los herederos de Howard exigían por los derechos de adaptación. Superado este primer obstáculo, Thomas se vio obligado a trabajar con un dibujante primerizo. Como por entonces Barry W. Smith cobraba el sueldo base de la editorial, así se compensaba ese primer gasto. Pero el inglés supo afrontar el reto y número a número su dibujo mejoró hasta realizar una verdadera obra maestra, que supuso también su despedida de la serie: Clavos rojos.

Fue entonces cuando Thomas pudo por fin llamar al artista con quien había soñado colaborar desde un principio. De hecho, le había enviado con anterioridad las novelas de Conan y aquel las había devorado, enamorándose del personaje. Su elevado caché le había impedido hacerse cargo del héroe, pero ahora, con la serie convertida en un éxito de público, por fin había llegado su oportunidad. Y supo aprovecharla.

Hablo del gran John Buscema, el macho alfa de los dibujantes americanos, en palabras de Kevin Nowlan. Buscema, un creador de sólidas raíces realistas, estaba harto de dibujar tipos en esquijama. Y había pasado por casi todos: Thor, Spiderman, los Vengadores, los Cuatro Fantásticos... Anhelaba una serie en la que pudiera centrarse en sus pasiones: hombres y animales. Y también algunas bellas mujeres y no pocos monstruos. Y dejar de lado todo aquello que odiaba representar: edificios, coches, fusiles y máquinas en general. Lo suyo era la materia animada y en Conan la había para dar y regalar.

Con él y unos cuantos entintadores filipinos a los que Big John siempre odió sin remilgos, la serie despegó hasta dividirse en varios caminos que se desparramaron por publicaciones de variada fortuna. Por un lado estaba el comic-book normal a color, Conan el bárbaro, al que pronto siguió una revista en blanco y negro, La espada salvaje de Conan, e incluso otros intentos como Conan Rey o las series dedicadas al rey Kull. Personalmente, me enganché definitivamente al personaje con algunas de aquellas historias más largas de la Espada Salvaje, que aquí aparecieron en Relatos salvajes, sin duda una de las publicaciones más estimulantes de los setenta.

Conan tenía (y aún conserva) muchos elementos que aseguraban su atractivo, no pocos derivados directamente de las ideas de Howard. Pero considero que no pueden menospreciarse las aportaciones de Thomas, que se inventó pasajes enteros para construir una cronología sólida del bárbaro, intentando mantenerse fiel al espíritu del original. Sin duda consiguió crear una figura arquetípica que permanecerá.
Leer más...