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viernes, 19 de julio de 2019

LO QUE MÁS ME GUSTA SON LOS MONSTRUOS DE EMIL FERRIS

Lo que más me gusta son los monstruos de Emil Ferris novela grafica bic
Reservoir Books, Barcelona, 2019.
416 páginas, 33,15 euros

PESADILLAS INDIES
Cada cierto tiempo los más exquisitos críticos se ponen de acuerdo para recomendar lo que califican como “mejor cómic del año”. En esta ocasión tal honor ha recaído sobre la primera novela gráfica de Emil Ferris.


Su promoción ha contado con el apoyo de dos estrellonas “indies”, Spiegelman y Ware. Además, Ferris es de origen latino (tiene abuelos españoles) y es una mujer de más de cincuenta años que ha debutado en el medio con este extraño trabajo dibujado con boli Bic. Hay quien parece valorar mucho estos elementos.
Otros contenidos que encontramos en la obra le aportan (parece ser) un irresistible interés: protagonistas gays y marginados, denuncias al racismo, citas cultas a pintores, reivindicaciones raciales y feministas, denuncia del fascismo de Hitler y sus compinches, fogonazos sexuales y una atractiva sordidez que incluye fulanas y pederastia.

Como guinda del pastel se añade un héroe lleno de color, el hermano de la heroína, un hispano con tantas novias como tatuajes y una barbita total. Por supuesto deben sumar a todo ello la inusual puesta en escena y sus llamativos grafismos, que han llevado a algunos a comentar que la autora libera a la novela gráfica de sus limitaciones comerciales y corsés visuales.

Lo que más me gusta son los monstruos de Emil Ferris novela grafica bic
En realidad, lo único que hace Ferris es acumular una ilustración chula (recuerden ¡con su Bic!) tras otra, olvidando toda preocupación narrativa. También es muy libre con los textos, que se agrupan en líneas de desigual tamaño llegando a inclinarse en una dirección y otra.

En este artefacto la visualización, aparentemente muy importante, apenas cuenta. Grandes conjuntos de líneas se acumulan para desesperación del más paciente lector. Más que nada porque se supone que engordan una densidad dramática más pretendida que real. Todo es tan rompedor y guay, que apenas nos queda tiempo para preocuparnos por unos personajes increíbles y sin desarrollo.

La protagonista, una alter ego de la autora y con la que imagino que se identifican los seguidores de este libro, es una niña rara a la que le gustan las pelis de monstruos. Ella se ve a sí misma como una regordeta mujer-lobo. Eso (¡Oh, qué sorpresa!) es una metáfora de la alienación. El componente simbólico pasa a un primer plano desde la viñeta inicial y ya no nos despegamos de él en ningún momento. Solo se va hinchando como un globo recalentado. La queja pasa del dominio familiar al grupal y universal. La pobre niña sufre mucho y se rodea de perdedores y frikis como ella.

Marginados por su situación económica, su condición sexual, su origen racial o por su extrema sensibilidad. Para enlazar el constante juego de presentación de personajes y situaciones llamativas se recurre a un truco de guión cuya artificiosidad se enuncia desde su presentación. Hay un asesinato y la niña investiga el crimen. Pero en realidad todo da igual, la cuestión es ahondar en una suerte de realidad alternativa “indie” de la que la normalidad ha sido expulsada. Los monstruos se convierten en figuras protectoras en este cosmos anómalo, son los santos que nos protegen de la muerte y la soledad.

Si no se han sentido colmados con las últimas películas de Jarmusch, Almodovar o Coixet creo que harían bien leyendo esta novela gráfica. Por mi parte, corro a devolverla a la biblioteca, para que otros puedan disfrutar con esto. Digo “esto” porque no me atrevo a llamar cómic a este tostón insufrible, sin duda otra buena razón para cargarlo de premios. Si no se parece a un cómic convencional, seguro que es bueno. O no.


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viernes, 31 de mayo de 2019

PUNTO FINAL de CARLOS GIMÉNEZ

Punto final de Carlos Giménez Gringo y Dani Futuro comic español edita Reservoir Books
Reservoir Books, 2019
94 páginas. 24,90 euros


DESPEDIDA Y CIERRE
Giménez firma un extraño trabajo en el que se despide de dos de los personajes que marcaron sus inicios en el medio y que se sitúan en dos géneros muy diferentes: el western y la ciencia-ficción.


Si “Gringo” conecta a Giménez con el pasado, con el cómic español más tradicional y popular, “Dani Futuro” fue la serie que lo lanzó hacia un porvenir donde cada una de sus obras redefinía la evolución del medio. Recuerdo como si fuera ayer el momento en que leí aquel primer episodio lleno de ocurrencias narrativas y un color insolentemente pop, tanto como los grafismos de aquel joven Giménez que exhibía su talento desde las páginas de “Gaceta Junior”. Era 1970 y ahora, casi cincuenta años después, el autor decide ponerle punto y final a su serie.

Aunque ni en este caso ni en el de “Gringo” liquida a sus héroes así que quién sabe si en el futuro alguien se atreverá a redibujarlos. Es curioso que estos dos trabajos no estuvieran escritos por él, que más tarde se convertiría en el autor completo más importante de este país, con obras como “Paracuellos”, “Barrio”, “Sabor a menta”, “Hom” o “Primer amor”, auténticas obras maestras que todo aficionado debería conocer, estudiar y admirar.

Sin embargo, ya digo, “Gringo” fue escrito por Manuel Medina, a quien Giménez rinde homenaje en un sentido prólogo. Por supuesto, Víctor Mora fue el guionista de “Dani Futuro” y en su caso las palabras que le dirige ya no son solo de respeto, también de amistad y admiración.


Esa introducción resulta especialmente emotiva por la deuda afectiva e intelectual que el creador confiesa tener con Mora. También por detalles como la corrección que introduce en su última historia, respecto a lo que considera un desliz del original. Me refiero a la secuencia en la que el protagonista, tras un largo periodo de hibernación, intenta levantarse y cae desmayado. Es una viñeta apaisada en la que Giménez muestra diferentes posiciones del personaje, expresando lo que va de los titubeos iniciales hasta que se desploma.

Punto final de Carlos Giménez Gringo y Dani Futuro comic español edita Reservoir Books
En la versión de los setenta Dani corría hacia la izquierda (hacia afuera de la página ya que la viñeta era la primera de la plancha izquierda) y se desmayaba hacia el interior, a la derecha. Según apunta el autor ahora lo ha dibujado siguiendo la dirección “correcta”. Me llama la atención esa actitud crítica hacia su propio trabajo, esa voluntad de, medio siglo después, hacerlo “bien”. Debo añadir que no cambiaría nada del primer episodio. Me enloquecen sus saturadas planchas, sus decorativos motivos, sus diseños futuristas, por mucho que Giménez admita sus deudas con Mezieres… y hasta la viñeta del desmayo. Sí, como comprobamos en su revisión, hacia la derecha es más natural. Pero ese tirón del personaje que intenta correr, se ve detenido y casi atraído hacia la derecha donde se desploma sobre el primer plano de Iris ¡es irresistible!

Nostalgias aparte el álbum se lee muy bien. Sorprendentemente, mejor el episodio de “Gringo” que el de “Dani Futuro”. En este último intenta construir un relato áspero, como si se empeñara en agriar la dulzura de la serie original. Hay brutalidad, una violación, muy mal rollo y una proclama ecologista al final. Pero si el inicio espacial no carece de fuerza la conclusión africana es difícil de tragar. En cambio “Gringo”, que en el original era un western muy anodino, le permite levantar un episodio durísimo y este sí nos lo creemos. Tiene un algo de “Sin perdón”, un vaquero que no quiere líos y tan solo desea vivir en paz con su mujer e hijos. Primero Giménez introduce un apunte contra el racismo y luego se marca un final tremebundo, que incide en el existencialismo de que ha hecho gala en sus últimas obras. Si algo puede salir mal no duden de que irá a peor. Muy duro pero narrativamente impecable.

El maestro sigue de despedida, cada una de sus últimas entregas es una incógnita. A veces factura trabajos que no están a la altura de su talento o donde se nota el peso de los años. Pero el que tuvo retuvo y pasará mucho tiempo antes de que alguien consiga arrebatarle a Giménez su corona de rey del comic español.



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viernes, 24 de julio de 2015

CRÁNEO DE AZÚCAR de C. BURNS

Cráneo de azúcar de Charles Burns, edita reservoir books
Reservoir Gráfica. 2015.
72 páginas, 24,90 euros.

CRECER, PUDRIRSE...


Tras Tóxico (2011) y La Colmena (2013), se publica la tercera parte de esta excelente trilogía de Burns, un lisérgico homenaje a Tintín, al que se actualiza tanto con un exceso de realidad como con un desbordado surrealismo.


Burns nunca ha escondido sus intenciones ni sus inclinaciones. Es justo considerarlo el David Lynch del cómic. Comparte con el célebre director la afición por las tramas sórdidas y la mezcla. En los ambientes más luminosos y saludables surge de pronto la úlcera o se desata el deseo. No extrañó que Burns proclamara su voluntad de ofrecer su versión de uno de los mayores iconos del cómic “limpio”, como es Tintín. Aunque es básicamente un punto de partida. Hay algunas citas visuales, como el huevo gigante de la primera portada y la propia estética capilar del protagonista, tanto en el mundo onírico como en el real. Pero más allá de esos guiños, Burns marca desde el principio su territorio.

En arte es habitual que las intenciones sean más grandes y mejores que los resultados. Proclamar que la adolescencia es una etapa de maduración que nos permite acceder a un mundo de adultos cargado de inconveniencias, desamor, relaciones frustradas, dolor, enfermedad y muerte es más fácil de decir que de explicar con una forma artística, emocionante o que nos haga reflexionar. Burns lleva jugando en este terreno desde el principio de su carrera y lo cierto es que cada vez describe con mayor precisión y perfección gráfica esos mundos que le interesan y que no suelen ser agradables.

Lo primero es el dibujo, de una concisión repelente y ajustada. Todo trazo medido al milímetro, pasado de negros como corresponde a los universos que transita, conciliando la limpieza de los contornos con la suciedad de las texturas más crueles y resbaladizas. Y en este caso además acompañado por un color tan plano como eficaz, que completa la estética de álbum europeo que ha buscado en este trabajo, con tapa dura, bonitas guardas y lomo entelado. Y el argumento está a la altura del impecable grafismo.

Juego con dos realidades, una soñada, con una especie de Tintín viajando por un país que podría recordar a un Afganistán de pesadilla. Está poblado por extrañas criaturas, algunas le ayudan y otras lo desprecian. Conoce a una chica, que espera su momento de poner los huevos que hinchan su desafortunado cuerpo y que protagoniza una de las escenas más desagradables. Ese mundo se cruza en ocasiones con el otro, en nuestra realidad, y permite a Burns ofrecer una versión distorsionada de los terrores de su héroe. Todo el episodio del parto puede entenderse así como una traslación infernal de los miedos a la paternidad que invaden al adolescente en el otro plano. Cabe decir que el autor emplea con mucha habilidad esos paralelismos, esos saltos, entre lo onírico y lo real.

De vuelta a nuestro mundo, se nos cuenta la historia de Doug, un aspirante a artista que conoce a Sara, otra joven con problemas. Como ocurre siempre en este tipo de relatos, a la pareja la ronda un ex-novio psicópata cuya violencia está a punto de derramarse sobre ellos. Pero antes, Sarah y Doug demuestran que son capaces de hacerse daño ellos solos. La trilogía trabaja a partir de un material muy sencillo y muy querido por Burns, esas fases de crecimiento, cambio y maduración donde nuestra estupidez nos lleva a equivocarnos constantemente. Sumen a eso unas buenas dosis de arrogancia adolescente, egoísmo narcisista, alcohol y drogas y tendrán todos los ingredientes para un potente drama en el que cada detalle cuenta. Presten atención por ejemplo a la relación del hijo con el padre, uno de esos miedos universales de todo jovencito, el “yo no quiero ser como mi viejo”. Como este relato demuestra, ese destino resulta casi inevitable, con toda la ración de corrupción, enfermedad, muerte y la bata de papá que ello conlleva. Burns es el maestro de la turbiedad y la melancolía y con esta obra ha vuelto a demostrarlo. Leer más...