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viernes, 22 de julio de 2016

EL ASESINO DE GREEN RIVER de JENSEN & CASE

El asesino de Green River, de Jeff Jensen y Jonathan Case, edita Norma
Norma, 2015.
234 páginas, 22 euros.


PADRES VS ASESINOS


La lectura del entretenido New Deal me puso sobre aviso del trabajo de Jonathan Case. Queriendo descubrir anteriores obras suyas, me topé con este volumen del año pasado que había dejado escapar. Gran error.


Stephen King nos avisa desde la portada de que la escena inicial de esta novela gráfica es la más terrorífica que ha leído en años. Estoy de acuerdo con él. Sin embargo, es necesario añadir que el tono del resto de la historia no se corresponde en absoluto con ese abrumador arranque. Lo cual demuestra la inteligencia de sus autores.

Es el relato real de la cacería de un depredador que asesinó a innumerables víctimas. Aunque él tarda en aparecer como protagonista, lo que queda en la memoria de todo lector es esa feroz descripción de su maldad que marca la introducción, ese “quería saber qué se siente al matar a alguien”. La escena resulta todavía más eficaz porque quien padece su brutalidad es un niño, que se queda solo en el bosque pidiendo una ayuda que le es negada. Todo servido con el primoroso dibujo de Cape, que se confirma como un talento a seguir y nos deslumbra a lo largo de toda la obra con sus contrastes de blanco y negro, las expresiones de sus personajes, su sencilla y clara narrativa y la facilidad con que resuelve pruebas especialmente arduas como que reconozcamos a personajes que van envejeciendo a través de diferentes épocas, algo para nada sencillo.

Si en el terreno gráfico el álbum es impecable, no afloja en lo argumental. La primera sorpresa es que el guionista, Jeff Jensen, es hijo del auténtico policía que resolvió el caso. Así que no sólo está hablando de sucesos terribles que ocurrieron en el pasado sino de su familia y lo que pasaba en su casa cada vez que su padre daba con una prueba o perdía un rastro. Hablamos de una investigación terriblemente compleja y que se extendió durante décadas. Un caso en el que a las muertes oficiales deben sumarse decenas de desaparecidas que era difícil atribuir al mismo asesino. Esa voluntad de cerrar expedientes abiertos llevó a los inspectores a la necesidad de llegar a acuerdos con el asesino, lo que les permitió localizar algunos de los cuerpos que no habían sido capaces de encontrar previamente.

El asesino de Green River, de Jeff Jensen y Jonathan Case, edita Norma
Esos diálogos finales con el criminal no fueron plato de buen gusto para aquellos que durante años le habían dado caza, siguiendo las huellas de sus “hazañas”. En ese sentido conviene recordar que el relato abandona casi desde el principio al malo y se centra en sus perseguidores. A través de ellos vemos los cadáveres de las víctimas y la desesperación de aquellas familias que habían perdido a uno de sus componentes y vivían sin saber si estaba muerto o no.

También se refleja con una profunda sensibilidad cómo esa cercanía con el mal afectaba a quienes lo combatían. En True Detective, una ficción televisiva con no pocos puntos en común con este trabajo, los policías eran unos desechos morales contaminados por la corrupción que intentaban evitar. Por el contrario, la normalidad preside las vidas de los polis que persiguen al asesino de Green River.
Tienen hijos, intentan mantenerse en su puesto y si es posible ascender y, sobre todo, capturar al malo. Asistimos a un cierto cambio generacional, marcado por la aparición de los ordenadores primero y la mejora en los análisis de ADN después. Pero al final lo que cuenta es el factor humano, ese detective obsesionado con Sherlock Holmes y que tiene una foto de su hijo interpretando “El hombre de la Mancha” en su escritorio. Ese hijo que luego será el que escriba este sentido elogio de la labor de su padre. Ese sueño imposible al que se alude en el musical sobre Don Quijote le sirve de guía y da pie a una de las escenas más emotivas de una obra llena de momentos significativos, perfectamente escrita y mejor dibujada.

No deben perderse el que sin duda es un trabajo magistral.
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viernes, 26 de febrero de 2016

NECRÓPOLIS de MARCOS PRIOR

Necrópolis, retrato de grupo con ciudad, de Marcos Prior edita Astiberri
Astiberri, 2016.
118 páginas, 16 euros.

Marcos Prior subtitula su obra como “Retrato de grupo con ciudad”. Considero que apenas presta atención a los personajes, de hecho cierra su trabajo con una serie de instantáneas de zonas despobladas que felizmente parecen haberse librado de la molesta presencia humana.


No parece haber entendido nada de la prestigiosa serie True Detective, a la que cita en el arranque, indicándonos por dónde van a ir los tiros. Su comic está compuesto por un patético conjunto de situaciones donde intenta demostrar su ingenio, su modernez y lo sesudas que son sus lecturas, con citas a Vonegut y a Foster Wallace entre muchos otros. Todo ello salpimentado con referencias a Internet y sus fenómenos colaterales, mucho mensaje entrecortado y mezcla de diversos niveles comunicativos.

Todo completamente superficial, no busquen más allá de la frívola apariencia porque no encontrarán nada. Además, ni siquiera es realmente moderno. Cualquier lector reconocerá enseguida ciertas manías visuales de los ochenta, cuando Chaykin, Miller y compañía pusieron de moda las ventanitas. Ahora todo el mundo recuerda las televisiones de Batman: the Darknight returns pero en aquel momento eran muchos los que practicaban aquella estética de la fragmentación y la viñeta pequeña. Intentaban expresar ese ruido de fondo de los medios de masas, multiplicado hoy por mil gracias a las redes sociales y los dispositivos móviles. Es lógico que alguien quiera representar ese zumbido constante porque forma parte de nuestro universo comunicativo. Pero no tanto cuando con ese collage lo único que se hace es aumentar la confusión. Porque ¿de qué nos habla el sr. Prior? No tengo ni idea. Aparentemente nos brinda un fresco, una visión múltiple y compleja de los diversos fenómenos que componen una urbe a la que llama “New Poole”. Pero su mirada nunca profundiza, no llega a los pobres ciudadanos. No voy a recordar aquí aproximaciones realmente complejas como las de Eisner en La Avenida Dropsie, porque sería cruel.

Necrópolis, retrato de grupo con ciudad, de Marcos Prior edita Astiberri
Pero sin necesidad de llegar tan lejos, sí que se podía haber centrado en alguno de los habitantes de la ciudad. En lugar de eso va saltando de un grupo humano al siguiente, deteniéndose apenas en los políticos que luchan por la alcaldía, con una suerte de Trump a un lado y una beatífica Ada Colau chicana al otro, peleando por el poder. O en el tipo que pierde los nervios y liquida a unos delincuentes en el metro. ¡Qué malvado! Por el camino va introduciendo ocurrencias, ya que cuanto menos lineal sea un relato ya saben que mejor. La estructura dramática, ¡qué antigualla! Así que de golpe y porrazo nos encontramos con unas splash dedicadas al casting alternativo de The Warriors o una entrevista con un tal Franz K. Müller, donde tal parece que el autor se dedica a un particular ajuste de cuentas con el dibujante a quien más recuerda su trabajo, Frank Miller. Como si quisiera dejar claro que le copia las formas pero discrepa del fondo. Y ¿cuál es su fondo? Ya pueden suponerlo. Toda crisis como la que él imagina para su New Pool, es aprovechada por las élites para despachar a los más débiles. De repente se producen asesinatos en los barrios más pobres mientras los ricos se atrincheran en sus casoplones. ¡Huy, qué malos! Añadan a todos estos sinsentidos un disparate más, la información que va desgranando la voz en off se deriva de su “profesora de innovación cibernética”, su “profesor de periodismo científico y ambiental” o a su “terapeuta multidisciplinar”. En fin, comprendo que la ciencia-ficción (o la política-ficción) facilite los desbarres filosófico-imaginativos, pero no disculpo las evidentes pedanterías de alguien que se ha pasado de listo.
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viernes, 12 de febrero de 2016

TANTE WUSSI - CIUTAT DE PALMA 14

Tante Wussi de Tyto Alba y Katrin Bacher, edita Dolmen Comic Mallorca
Ayuntamiento de Palma y Dolmen editorial, 2015.
120 páginas, 16 euros.

INTERESANTE SIN INTERÉS


Recientemente Calpurnio se hacía con el Premio Ciutat de Palma de Comic 2015. Casi al mismo tiempo se presentaba la novela gráfica que había ganado al año anterior.


Tante Wussi se suma a la breve pero intensa lista de obras galardonadas con esta distinción creada en tiempos de la concejala de cultura Nanda Ramón y la alcaldesa Aina Calvo. En primer lugar Gabi Beltrán y Tomeu Seguí con la estupenda Historias del barrio, un conjunto de relatos breves que luego conoció una segunda parte y además ha sido traducido a varios idiomas. Se mantiene como el trabajo más redondo y una pieza a recordar y que por sí sola prestigia estos premios. En su segunda convocatoria ganaron Cosnava y Rubén del Rincón con Las damas de la peste, en mi opinión un trabajo fallido y poco memorable. Los relatos breves volvieron de la mano de Tatúm, que ganó adaptando cuentos de Bierce con energía y una saludable dosis de humor negro en otro comic perfectamente recomendable, El funeral de John Mortonson.

Katrin Bacher y Tyto Alba exploran un territorio similar al de Historias de Barrio, contando la historia de unos personajes reales, aunque con varias diferencias notables. La primera la estructura argumental, que abandona la parcelación en episodios breves para desarrollar una narración larga y continuada que se centra en las memorias de la protagonista, esa niña que da título al volumen y que además acaba de morir, después de ver trasladada su vida a viñetas. Es un trabajo respetable, no podía ser de otra forma habida cuenta de los momentos históricos que transita. Se nos habla de un fotógrafo alemán que en los años treinta se traslada con su familia a vivir a Mallorca. Luego les pillan sucesivamente la guerra civil y la segunda guerra mundial, cuando deciden volver a Alemania huyendo del conflicto español. Como la madre es judía ya pueden imaginar cómo esto afecta a las vicisitudes de los protagonistas. Por el camino se completan las andanzas familiares con ensayos sobre algunos aspectos concretos, como la presencia alemana o italiana en Mallorca o la persecución de los xuetas.

Tante Wussi de Tyto Alba y Katrin Bacher, edita Dolmen
El dibujo deja un sabor agridulce en el balance final. Por un lado se reconocen sus agradables fuentes, de Sempé a Quentin Blake pasando por Grosz. Unas acuarelas muy sugerentes acompañadas de una trémula línea de tinta. En ocasiones el color consigue bonitas atmósferas trasladándonos a los momentos que describe el texto, a veces nos muestra el paraíso, otras el infierno. Pero falla en la definición de personajes, muy genéricos y poco diferenciados y eso en una obra con un trasfondo tan emocional como ésta no es un problema menor. Cuesta identificar a los protagonistas y aunque las ilustraciones tienen un encanto indudable, les falta eficacia narrativa.

Mis mayores pegas tiene que ver con la escritura. Vaya por delante que entiendo que se premien trabajos como éste. Y que considero necesario que haya autores dispuestos a conservar la memoria de algunas víctimas de la historia. Todo eso es muy saludable y debe hacerse. Lamentablemente se precisa algo más que buenas intenciones para contar una buena historia. Por ejemplo desarrollar personajes que capten la atención del lector. Eso sí lo conseguían Beltrán y Seguí en sus Historias de Barrio, pero no ocurre aquí. Un error que comienza a ser común, en aras del realismo se sacrifican otros componentes dramáticos, una característica que enlaza algunas de las novelas gráficas más aclamadas por la crítica, de Maus a Persépolis pasando por las obras completas de Joe Sacco. Personalmente, mi sensación es que toda esa tendencia nos acerca al documental y nos aleja de las verdaderas películas. Quizás deberían de indicarlo en las portadas. A mi hay documentales que me fascinan, pero no sería así si esperara ver una película. Por otro lado, lo que funciona bien en un audiovisual, un conjunto de imágenes explicadas por una voz en off, no es exactamente lo mismo en comic, ni el ritmo es igual. Así que en resumen todo lo que nos cuenta este Tante Wussi es muy interesante, pero a mí me deja completamente frío.
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viernes, 29 de enero de 2016

DIARIO FEMEN COMIC de DUFRANNE y LEFEBVRE

Diario de una Femen de Dufranne y Lefebvre, comic activista
Norma, 2015.
128 páginas, 19,90 euros.

ACTIVISMO PARA PIJOS


Tenía que pasar: las femen han llegado a los comics. Un avispado guionista ha facturado una aventurita sobre estas chicas que salen en topless en los telediarios.


No quiero frivolizar, aunque la confesión del escritor en el prólogo no ayuda. Comenta que sus amigos le envidiaban mientras entrevistaba a militantes del movimiento como documentación para su libro. Y que no consiguió acostarse con ninguna. Creo que intenta convertir esa patética revelación en prueba de su interés real por los problemas de sus compañeras ciudadanas. Me cuesta creerlo. Le acompaña la dibujante Séverine Lefebvre, con un trabajo que no refleja su amplia experiencia. Aunque ha realizado varios álbumes, incluyendo una adaptación de Tom Sawyer, su labor, con unas inconfundibles influencias manga, no acaba de despegar. Fallan y mucho las actuaciones de los personajes, que resultan estereotipados, también sus acciones y movimientos, agarrotados y sin fuerza, y hasta la composición. Parece el trabajo de una principiante.

El guión nos cuenta la historia de Apolline, una chica moderna que curra en una agencia de publicidad. En el primer acto vemos los problemas a los que una señorita como ella debe enfrentarse: acoso constante de todo varón con el que se encuentra en el metro o en la calle, burlas de su jefe, presión por parte de su madre y su hermana… Esos inconvenientes se traducen en un malestar y una angustia vital que la llevan a entrar en contacto con las Femen. Sus dirigentes le explican sus principios básicos y cuáles son los tres pilares del patriarcado que combaten: la dictadura, la religión y la industria del sexo. Apolline les confiesa que se sintió atraída por sus vídeos porque tenían “algo de…rockero”. Conviene recordar que en la obra se insiste en la importancia de las redes sociales, los dispositivos digitales y la imagen.

Tras algunas advertencias respecto a donde se van a meter, Apolline y otra chica deciden iniciar su entrenamiento Femen. En ese momento el álbum adopta un aire entre Karate Kid y un documental de adoctrinamiento nacional-socialista, comunista o de la Sección Femenina. Se trata de que las nenas dejen de serlo y se conviertan en aguerridas valkirias al servicio de la revolución.

Diario de una Femen de Dufranne y Lefebvre, comic activista
El camino que recorre la protagonista no es sólo físico, también ideológico, por supuesto. Para completar su conversión y la del lector, se suceden las discusiones en las que diferentes actores comentan los métodos de las femen. La chica también se echa un novio, supongo que para desmentir que todas las femen sean lesbianas. Alguien debía de estar muy preocupado al respecto.

Hasta ahí no es que el comic sea bueno ni malo. Es que es lineal y previsible. Y hasta un tanto ñoño. Cuando llega la escena de la sesión de fotos el almíbar ya desborda el tarro. Tanto combatir los patrones de belleza masculinos para que luego todos acaben babeando sobre una foto de la prota en topless, declarando que es “superfotogénica”. Luego vienen las inevitables secuencias de descenso a los infiernos, con todos dándole caña a la heroína comenzando por su jefe gay. ¡Vaya por Dios! Al final cuenta con el apoyo de su hermana, que termina separada de su marido que es un idiota como todos los tíos, y de su padre. Muy conmovedor si el padre no pareciera su sobrino debido a un dibujo inadecuado. Hay algo más de ideología donde se insiste en el gran argumento “al menos ellas hacen algo” y un final absurdo.

Tras una traumática detención encontramos a Apolline casada con el blandito de su novio, que se larga sin cambiarle el pañal al niño que han tenido juntos. En la plancha final ella hace running con la camiseta de las Femen. ¿Quiere eso decir que ella se ha rendido, se ha aburguesado pero aun así no renuncia a sus ideales? Yo la verdad no lo pillo. Pero me importa un comino. Considero que se banaliza un tema que podría haber dado mucho más de sí. Que hemos leído tebeos donde la violencia contra la mujer se abordaba con mayor rigor y emoción. Cuando Apolline se queja de “vivir en Francia con la boca cerrada” lo cierto es que dan ganas de gritarle que se vaya a Irán o a otro paraíso similar. Comprendo que las relaciones entre hombres y mujeres todavía presentan muchas facetas a mejorar, pero esos cambios no se alcanzarán mediante tebeos maniqueos y torpes como este.
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viernes, 22 de enero de 2016

CÓMIC RECETAS: BERASATEGUI, ROBIN FOOD y JAVIRROYO

Martín Berasategui y David de Jorge Comic recetas Jarroyo 7 estrellas michelin y Robin Food
Aventuras, desventuras y recetas de un 7 estrellas Michelin y del cocinero que pilota ese programa de TV que se llama “Robin Food”
Debate, 2015.
384 páginas, 21,90 euros.

¡SEMOS LOS MEJORES!

El año pasado la mallorquina Marga Vinyes presentaba una novela gráfica en la que mezclaba la semblanza biográfica de una cocinera con sus recetas. La fórmula no ha tardado en ser imitada.


No intento acusar a nadie de plagio. Seguro que ya existían productos anteriores similares. Además, el tono de Viñas era casi íntimo, muy local y no exento de cierta melancolía. Aquí es todo lo contrario: expansivo, sin contención alguna, casi cósmico e hiperbólico. No podía ser de otra manera teniendo en cuenta a sus protagonistas. Se trata de dos cocineros vascos: David de Jorge, esa simpática mesa camilla con barba que presenta un programa de cocina, y Martín Berasategui, una institución cargada de estrellas Michelin.

Sorprende la estructura del libro. Primero se nos cuenta la vida de David, desde su infancia. Mientras se repasan sus estudios y “estages” con prestigiosos cocineros franceses, se explican diversas recetas, algunas tan básicas como la de la tortilla de patatas. Los apuntes biográficos son prácticamente monocromos y el color se reserva para las instrucciones culinarias, aunque no puede decirse que los dibujos de Javirroyo inviten a atiborrarse de comida. Más bien al contrario, se echa en falta algo más de precisión en la descripción de las viandas. Entiendo que no puede sacarse adelante un volumen de estas dimensiones con un dibujo más cuidado, pero si se trata de alimentos prefiero el detallismo de Taniguchi al ya-me-vale de Javirroyo. En todo caso, las operaciones son claras y el relato interesante. Hacia la mitad del volumen se explica la relación de David con Martín y el foco se desplaza hacia el segundo.

Así que la segunda parte duplica el esquema de la primera, con una biografía de Berasategui, salteada con innumerables recetas. La cosa se pone seria y muchas instrucciones no son para principiantes. Tampoco para los amantes de la cocina rápida. Largas y complejas preparaciones se suceden mientras se nos cuentan los esfuerzos del cocinero hasta alcanzar la cima de su profesión.

Martín Berasategui y David de Jorge Comic recetas Jarroyo 7 estrellas michelin y Robin Food
Por el camino se nos insiste machaconamente en la filosofía vital que aparentemente une a David y a Martín, ese amor por las cosas buenas, ese disfrutar el momento, esa búsqueda del placer y esa amistad eterna entre colegas. Nos admira cómo se divierten con su profesión y lo bien que se lo pasan, todo el tiempo. Nos repiten que no se consiguen esos premios sin unas buenas raíces y un gran equipo en el que los jefes curran como uno más. Los amantes de la buena cocina pueden disfrutar de este libro sin complejos. Y creo que hasta yo me animaré a probar algunas de las recetas más sencillas (ahora que he averiguado qué es una sauté). Los apuntes biográficos son curiosos y nos permiten echar un vistazo a algunas costumbres populares en el país vasco, en los tiempos de Urtain y compañía. Javirroyo mantiene un tono ligero y consigue que el volumen se digiera con facilidad. Pero permítanme que señale un componente que a mi se me ha atragantado.

Me refiero al grandonismo generalizado que recorre toda la obra. Una cosa es presumir de lo bien que se hacen las cosas y de lo mucho que se trabaja y otra diferente es que se empiece afirmando que los mejores peces del mundo se pescan en el Cantábrico y las mejores vacas son las de San Sebastián y también las mejores hortalizas y frutas, y se acabe demostrando la superioridad casi cósmica de la cocina vasca. En algún momento tanta supremacía racial acaba agotando la paciencia del lector más complaciente. Sin duda lo que me mueve a escribir estas líneas es la envidia, pero incluso admitiendo tanta grandeza, ¡no hace falta repetirlo tanto! En fin, con su pan se lo coman.
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viernes, 15 de enero de 2016

MANGA: HANZÔ de KOIKE y KOJIMA

Kazuo Koike y Goseki Kojima Hanzo, el camino del asesino. ECC ediciones manga ninja japón arte
ECC Ediciones. Barcelona, 2015.
458 páginas, 14,95 euros

SIERVO Y ASESINO


Los editores españoles parecen haber tenido la bendita idea de completar la comicgrafía de los maestros Koike y Kojima y ahora le ha llegado el turno a su personaje Hanzô.


Hace años se inició la publicación de las aventuras de este ninja pero se interrumpió a los pocos volúmenes. Parece que en esta ocasión se lo han tomado más en serio y ya se ha rebasado con mucho aquella primera tentativa. A los seguidores de esta pareja de autores japoneses apenas hace falta explicarles nada. Es otra obra maestra, a la altura de Lobo solitario y su cachorro, si tal cosa es posible.

El protagonista es un jovencísimo ninja que se pone al servicio de Ieyasu, también inexperto e inmaduro y que es retenido como rehén por otro señor de la guerra. Pero pronto su situación cambiará, en gran medida gracias a la lealtad y buen hacer de Hanzô, “el mejor ninja de Iga”, un héroe decidido y sobradamente preparado, también sentimental y dispuesto siempre a admirar la inteligencia y prudencia del amo al que le ha tocado servir.

Y los servicios son de lo más variado, incluyendo montar a una campesina para que así su señor pueda ver “cómo se hace”. Hanzô no da un paso atrás y así conoce a su primera mujer. El factor sexual tiene una cierta importancia en la saga y se presta especial atención a las relaciones entre el señor y su esposa, una pécora a la que intenta controlar de mil maneras. Hanzô se enamora de diversas ninjas como él y va dejando hijos por un camino preñado de violencia, sangre y muerte y donde el amor se hace con ferocidad y pasión.

Kazuo Koike y Goseki Kojima Hanzo, el camino del asesino. ECC ediciones manga ninja japón arte
A esas relaciones entre siervo y señor se suman otras no tan afortunadas, como son todos los juegos y conflictos políticos que mueven la saga de batalla en batalla. Supongo que si se conoce el contexto histórico en que suceden los hechos las largas explicaciones sobre alianzas y posibles enemigos se entenderán mejor. Pero lo cierto es que tiendo a no prestar mucha atención a esos pasajes, donde se nos cuenta quién piensa en atacar a cual y se especula sobre los bandos con más posibilidades de alcanzar el shogunato. La cuestión es que el bando de Hanzô avanza de victoria en victoria y salta progresivamente de una posición débil e incómoda a lugares donde las más salvajes ambiciones son probables, lo cual conlleva nuevas amenazas, por supuesto.

Pero una vez que se sortean esos pasajes que ya digo pueden resultar un tanto liosos, es fácil dejarse atrapar por la magia conjurada por Koike y Kojima, con sus personajes carismáticos, su humor, su violencia y su pasión. Se suceden los samuráis sin escrúpulos, las mujerzuelas y las esposas dispuestas a todo con tal de defender a sus hombres, hay grandes conversaciones sobre el sentido de la vida, la amistad y el amor, se ríe y se llora sin medida y las peleas pueden ser espectaculares, lo mismo los ninjas, cada uno con sus habilidades y especialidades, a cual más peculiar y extraña. Es un tebeo arrollador, otro más de un par de creadores a los que puede calificarse de clásicos con todo merecimiento. Si uno escribe guiones que ningún lector puede dejar de leer, el otro mantiene un dibujo áspero y lleno de nervio y fuego en un trabajo enorme que no deben perderse.

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viernes, 8 de enero de 2016

LA CASA de DANIEL TORRES

La casa, crónica de una conquista de Daniel Torres, edita Norma arquitectura, historia,
Norma, 2015.
576 páginas, 49,50 euros.

EL ESPACIO INDIVIDUAL


El pasado año me encontré con Daniel Torres en el Salón de Angouleme. Hacía mucho que no nos tropezábamos y rememoré algunos de sus mejores trabajos, especialmente El octavo día. En sus últimas obras parecía haber perdido su fuerza creativa. De repente, presenta el que es uno de los grandes libros del año.


Debo confesarlo: no me lo esperaba. Tras un retorno poco inspirado a su personaje más conocido, el aventurero espacial Roco Vargas, daba la sensación de que ya no tenía nada nuevo que contar. Sin embargo, este autor con estudios de arquitectura, que siempre se habían apreciado en los fondos de sus ilustraciones, he recuperado parte de lo que debió de aprender en la carrera creando un volumen sorprendente y arrebatador.

A mi me recuerda a la Alice in Sunderland de Talbot porque como allí el producto es de difícil clasificación. Tiene algo de enciclopedia, con textos abundantes e ilustraciones explicativas, sin olvidar los pequeños relatos con viñetas que nos guían de un apartado al siguiente. Tratándose de un narrador tan solvente como Torres ya supondrán que el entretenimiento está garantizado, reforzado además por una amena historia que no evita el rigor científico y la reflexión y que nos lleva más allá de los hechos, hasta trazar un discurso en el que casa e individuo crecen juntos y se nos convence de que el desarrollo de uno es impensable sin la otra. La casa no es un fondo para la narración, como en el caso de Ware con Building Stories o Eisner con la Avenida Dropsie antes que él, donde la arquitectura era un puro escenario. No, aquí se trata de elaborar un discurso erudito en torno a la evolución de la casa, en el que se inscriben un conjunto de relatos que ejemplifican los diferentes momentos históricos.

La casa, crónica de una conquista de Daniel Torres, edita Norma, arquitectura, historia ilustrada
Es, en resumen, un libro tan sólido como bonito, adjetivos que resulta sencillo atribuirle a Torres.

Su dibujo siempre ha transmitido una cierta sensación de esfuerzo, de trabajo bien hecho pero no fácil, de construcción que inevitablemente nos devuelve a sus estudios de arquitectura, otra vez. Como en los casos del ya citado Talbot o Gibbons, sus grafismos no brotan de una habilidad natural sino de una mente que piensa y de la voluntad de traducir las ideas en formas narrativas.
No siempre parece fluido y elegante, pero al final alcanza sus objetivos. Cuenta muy bien, compone a la perfección y sus perspectivas son admirables. En la parte gráfica el libro vuela muy alto. No sólo por sus cuidadas reproducciones históricas, también por el ingenio que demuestra buscando soluciones visuales que nos sitúan en cada periodo. Como el papel sobre el que se cuenta la aventura medieval, el paralelismo entre la fantasía musical a lo Astaire y la vida real de los habitantes de Nueva York, la estética teatral con que nos describe los interiores del XVIII, etc. Todo está bien pensado y mejor representado.

Hay otro elemento visual que no debe pasarse por alto, como es la adaptación de diversas estéticas visuales, de los códices medievales a los grabados de Doré pasando por el cartelismo fin de siglo a las formas arriñonadas de los cincuenta, unificadas en un discurso gráfico que pese a la variedad de sus fuentes consigue una gratificante unidad. El color también es excelente y muy narrativo, ilumina en los paisajes más optimistas y deprime cuando debe hacerlo. Hasta el último detalle visual del volumen ha sido estudiado y tiene una función que cumplir. En algunas vistas de edificios no puedo evitar el recuerdo de David Macaulay, autor del fenomenal Cómo funcionan las cosas, pero es una más entre las muchas referencias que Torres asimila y engloba dentro un estilo propio y eficaz.

Pero es que además el punto de partida es original. No una historia de la arquitectura sino de la casa, como hogar. Lo primero que comprobamos es que nuestro moderno concepto del espacio individual es una conquista que lleva siglos alcanzar. Llaman la atención esos modelos comunales que se repiten a través de las eras, habitaciones en las que las personas se amontonan mientras los tabiques, las puertas y las habitaciones van surgiendo con exasperante lentitud.

En ese sentido, defiende sin dogmatismos ni subrayados la relación entre espacio privado y desarrollo individual, y lo demuestra de forma natural a lo largo de las páginas del libro, que acaba convertido en una gran loa al progreso y a la capacidad del hombre para sobreponerse a las dificultades y mejorar. Y había mucho que mejorar, como también se demuestra un capítulo tras otro.

En ese terreno el volumen es tremendamente honesto. No se ahorra episodios brutales como el de la casa medieval asaltada por los bárbaros, o la espantosa vida de los mineros en los primeros días de la revolución industrial, prácticamente pasando todas las horas del día a oscuras, o las lamentables condiciones en el Londres de mediados del XIX, que espantarían al mismísimo Dickens. Tampoco evita la crítica hacia ciertos utopismos, con matices muy divertidos en el episodio de la casa moderna, customizada por sus incultos habitantes, o a la presencia de la televisión y su carácter invasor y alienante en los hogares actuales. Pero, repito, cada pincelada que dedica a hablar de ratas y enfermedades, de falta de intimidad y seguridad, se ve compensada por pequeños pasos adelante, por avances y mejoras que permiten secuencias tan deliciosas como las de las amas de casa holandesa y americana, presumiendo con orgullo de sus eficientes hogares.


Todo esto por supuesto viene servido por la inteligente puesta en escena a la que ya nos tiene acostumbrados Torres, uno de los grandes narradores de este país. Las soluciones visuales que se le ocurren son constantes, empezando por esas dobles páginas con vistas del interior de cada casa que en las diversas épocas nos permiten hacernos una idea de cómo eran. Después, cada capítulo busca algún procedimiento narrativo diferente, algunas historietas son mudas, otras llevan voz en off, otras diálogos y bocadillos… Se detiene en los detalles constructivos pero también en el contexto económico y social que permite la aparición de cada choza o palacio, también en los vericuetos urbanísticos, que por ejemplo protagonizan el pasaje romano. Por el camino se citan las diversas costumbres higiénicas, sexuales o alimenticias y cómo iban cambiando con los siglos. Aunque atento a las injusticias y a los constantes conflictos entre clases, no reduce todo a un bregar entre buenos y malos sino más bien entre buenas y malas ideas, entre la tradición y el florecimiento de nuevos conceptos, como en los emocionantes capítulos del Renacimiento o de la construcción de la catedral.

Hay mucho más. Ya digo que el episodio con la casa holandesa es especialmente enternecedor, también el de Sunset Hills. O el delicioso paseo en coche por los Estados Unidos de los años 30 o el pasaje “moderno” de los cincuenta, con el padre que se trae el trasto a casa para ensamblarlo ante la atenta mirada de su familia. Finalmente, el autor encuentra una forma ingeniosa de cerrar el libro y hablar del futuro de la vivienda, enfrentando dos visiones opuestas, una muy tecnológica y esperanzada y la otra más pesimista y crítica. La sensación que nos invade tras la lectura es “¡de la que nos hemos librado!”. El alivio da paso al escalofrío cuando se piensa que cualquier paso atrás es posible. Es una obra tan científica como humana, Torres consigue un difícil equilibrio entre la descripción de hechos probados y la trascendente aventura de unas personas en las que nos reconocemos, con sus éxitos y también con sus fenomenales fracasos. Es un trabajo mayor y que nadie debería perderse, una obra que nos devuelve la fe en el medio y nos recuerda que con el talento necesario siempre se encuentran nuevas fórmulas con las que estremecer a los lectores. ¡Bravo, maestro!


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viernes, 25 de diciembre de 2015

ANTARES de LEO, COMIC CIENCIA FICCIÓN

Antares de Leo, edita ECC ciencia ficción planetas comic
ECC Ediciones. Barcelona, 2015.
310 páginas, 32 euros

Resumiré lo que pueden leer a continuación en una sola frase: dejen esto y salgan corriendo a comprarse Antares. ¿Ven qué fácil?


En realidad, es un aviso casi innecesario para los buenos aficionados. Leo, el autor brasileño afincado en Francia, nos llegó con algunos años de retraso. Trent, escrito por Rodolphe, comenzó a publicarse en 1991 y aquí se completó este año.

Con el mismo guionista inició Kenia en 2001, también recientemente traducido. Namibia, su segunda parte, todavía no ha alcanzado nuestras librerías, aunque su primer episodio es de 2010. En cuanto al ciclo de Aldebarán, arrancó en 1994. Su segunda etapa, Betelgeuse, dio comienzo en el 2000 y Antares en el 2007. Las dos primeras llegaron por aquí en 2009. Y ahora aparece la tercera, justo después de salir su último álbum en Francia.

Así que parece que nos vamos poniendo al día. Y es justo que así sea pues, como ya he comentado en anteriores ocasiones, Leo es un creador extraordinario. No hace falta que insista a quienes ya lo hayan leído. En este nuevo viaje a otro planeta desconocido volvemos a encontrarnos con su vigorosa protagonista, Kim Keller, una digna sucesora de anteriores heroínas espaciales como Laureline o Ripley. Viaja al encuentro de un destino incierto en un lejano lugar, acompañada de algunos viejos conocidos más ciertas sorpresas que no revelaré. Las fascinantes selvas a las que el dibujante nos tiene acostumbrados vuelven a estar repletas de bestias inmundas e indescriptibles, grandes y pequeñas y que nos dejan sin aliento.

Antares de Leo, edita ECC ciencia dicción futuro comic
El erotismo que se filtraba en anteriores entregas aparece enmarcado en un discurso contra la religión entendida como sumisión. Una secta intenta colonizar el nuevo orbe y su dirigente desea ser el primero en tomar contacto con las entidades extraterrestres. Pero Kim va a frustrar esos planes. Su mera presencia ya provoca una revolución entre los intransigentes compañeros de viaje, unos iluminados que rapan las cabezas de sus mujeres y les obligan a portar monos hinchables para ocultar sus curvas. Kim se enfrentará a esos fanáticos, defendiendo a una buena amiga a la que intentan violar. Pero pasan muchas más cosas en un viaje trepidante donde las explosiones de violencia irracional son constantes y las relaciones sentimentales e intelectuales aseguran diálogos jugosos y situaciones al límite.

Leo realmente no permite que sus lectores se tomen un respiro. Desde el inicio satura la trama de ocurrencias que van de lo divino a lo humano, del paisaje a la maquinaria, de las emociones a la defensa de la racionalidad y el sentido común frente a la intolerancia y la ambición. Hay ciertos matices ecologistas, especialmente las reflexiones sobre la voluntad humana de conquistar y explorar, que se compensan muy bien con una visión de la naturaleza como un espacio bello y sobrecogedor, pero también brutal y muy carnívoro, donde todo come o es comido, lo que facilita secuencias tan fascinantes como la de los gusanos come-flores gigantes. También se permite refrescantes pinceladas de humor, sobre todo respecto a la relación entre Kim y el dirigente religioso, a quien atiza en numerosas ocasiones para satisfacción del lector.

Es, por supuesto, un tremendo relato de ciencia-ficción, una clásica historia de primer contacto, narrada con pulso firme y con tanto realismo como cabría esperar. Y cuenta con el muy especial dibujo de Leo, un artista al que no se le resiste nada y que es especialmente afortunado con las caras y la caracterización de sus personajes. ¿Qué más podría añadir? Yo lo he disfrutado desde la primera a la última página, me parece el trabajo de uno de los grandes, un tebeo que releerán como yo pienso hacer ahora mismo con Aldebarán y Betelgeuse. ¡Queremos más! Autores como este son quienes realmente crean afición.
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viernes, 11 de diciembre de 2015

LO PEOR DE MAITENA

Lo peor de Maitena, edita sudamericana
Sudamericana, 2015.
250 páginas, 18,90 euros

¡MUY ALTERADAS!


Si usted es partidario de los regalos poco convencionales, sin duda esta es una buena opción para sorprender a sus allegados. Conocíamos a Maitena por su humor gamberro y desinhibido. Esto la lleva a otro nivel.


Básicamente nos recuerda que todo el mundo tiene un pasado. El volumen agrupa la primera producción de la humorista argentina, que no tiene mucho que ver con lo que sabíamos de ella, o quizás sí. Si entre sus Mujeres alteradas abundaban las separadas sin complejos ni pelos en la lengua, lo que aquí se nos muestra es algo así como su prehistoria. Ya saben, “de aquellos polvos…”. En sentido literal.

Llaman la atención los grafismos, ochenteros a más no poder. A veces tienen algo de la limpieza de Altan pero sobre todo recuerdan las mejores etapas de El Víbora, El Cairo o el Madriz. Una línea muy morbosa, un rotring que se emborracha con los detalles del escenario pero que busca la limpieza en los personajes, todo ello sazonado con manchas negras de alto contraste. Recuerda a no pocas dibujantes de la época, como Ana Miralles cuando comenzaba, que también dibujó relatos demasiado calientes como para enseñárselos a su familia. Pues esto es muy parecido, con chicas que recorren la noche y se pasean de un garito al siguiente mientras retozan con ellos y ellas apurando unos placeres siempre un tanto decadentes. Hay pinceladas de serie negra pero nadie se las toma muy en serio. Lo que cuentan son las pollas y los coños, que se muestran con esquiva elegancia. Todo es tan sutil como la deprimente adaptación de Historia de O, para entendernos. Tiene mucha gracia por su torpeza y evidente falta de madurez.

Lo peor de Maitena, edita sudamericana,
En realidad lo que más sorprende del volumen no son esas historietas iniciales en las que Maitena se parece más a otras autoras que a ella misma. Eso rápidamente se asume como producto de una época y listo, pecados de juventud perfectamente comprensibles y hasta divertidos. Lo que resulta más chocante son las planchas de “La Fiera”, una de sus series para la revista Sex Humor, donde el estilo ya recuerda y mucho al que luego se convertiría en el “oficial” de la autora. Línea abierta, aspecto humorístico, sin viñetas y con la gestualidad facial y corporal que la caracteriza. Pero en lugar de contársenos anécdotas con la compra o con los deberes de los niños se nos relatan las andanzas de una ninfómana, cuyas puertas siempre están abiertas. La primera plancha es brutal. La protagonista nos explica que se dio cuenta de que era fea desde la infancia. Nadie le hacía caso hasta que un día descubrió que estaba muy buena. Desde entonces se dedica a tirarse a todo lo que se mueve. Y de eso van todas las historias, repasando los infinitos tópicos erótico-masculinos, del soldado al marciano pasando por el fantasma o el adivino. Más allá del planteamiento inicial, lo cierto es que la dibujante mantiene la simpatía que la caracteriza y los episodios tienen una indudable gracia. En fin, es una rareza, pero si le gusta Maitena, debería de echar un vistazo a sus orígenes. Déjese la gabardina puesta.
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viernes, 4 de diciembre de 2015

NEPTUNO de DELITTE, VIAJE STEAMPUNK

Neptuno de Jean-Yes Delitte edita Yermo Ediciones Steampunk Viajes
Yermo Ediciones. Barcelona, 2015.
216 páginas, 42 euros.

VERNE EN EL SIGLO XXI


El gran problema con los integrales es que si se comete un error el precio a pagar es muy alto. En realidad, 42 euros por cuatro álbumes correctamente editados es una cantidad muy razonable. Pero no lo parece tanto si el relleno carece de interés.


No es el caso. Delitte no defrauda. Su rotunda carcasa “steampunk” asegura un entretenimiento sostenido a lo largo de las más de doscientas páginas que componen el volumen. Ciertos rasgos de su dibujo pueden recordar a Hermann o a Francq, con algo del trazo nervioso y sucio de Pope, por ejemplo.

Pero es un artista sólido, con mucha habilidad para imaginar máquinas y escenarios y solvente con los personajes. Especialmente impresionantes son sus planos generales, vistas marinas o descripciones de arquitecturas y paisajes. Todo ello acompañado por un color que transmite bien las sensaciones de esos variados territorios que transitan los protagonistas. En las cuatro aventuras que se incluyen en el Integral da un repaso o actualiza algunos de los mundos que asociamos con Verne. Parte de un entorno realista, un siglo XIX industrioso y abierto a las novedades, y lo sazona con un trepidante conjunto de submarinos, máquinas voladoras y civilizaciones perdidas, representado todo ello con rigor y verosimilitud.

El asunto es un poco menos convincente en el terreno de los protagonistas. Hay un polvo gratuito en las primeras páginas que hace temer lo peor, una de esas actualizaciones cargadas de multiculturalidad, feministas y Nemos indús. Pero afortunadamente el autor no entra en los delirios de Alan Moore, cuya corrección política puede alcanzar extremos grotescos. Delitte se olvida de esas veleidades y se entrega a unas correrías que llaman la atención por su sabor tradicional.

Neptuno de Jean-Yes Delitte edita Yermo Ediciones Steampunk Viajes Odisea
Hay un inevitable aroma a Cothias o Dufaux en el talante general del relato, esa crueldad que caracteriza a muchos de los modernos narradores, con una gran capacidad para describir el mal y sin imaginación para el bien. Así que no faltan las escenas de matanzas y las bromas con las desdichas bélicas y los caníbales.

Pero al mismo tiempo el grupo que compone la tripulación del Neptuno está muy bien descrito. Una pandilla de tíos, con el típico personaje desagradable dando siempre la lata, que consigue sobrevivir mientras los amables fallecen. Un clásico del que hacía tiempo que nadie parecía acordarse. El autor lanza a este grupo de improvisados compañeros de viaje de un lugar al otro del globo y el resultado es una odisea ligera y espléndidamente dibujada. Maneja muy bien las interacciones entre machotes de personalidades diversas y contradictorias.

Neptuno no es una obra maestra, ni mucho menos. Es un trabajo realizado con mimo y atención al detalle y que consigue ser entretenido. Su gran debilidad radica en los protagonistas, que apenas desbordan su condición de arquetipos. Pero los marcos por los que se desplazan son convincentes y sus andanzas interesantes. Si ya se han leído Trent o las obras completas de Mitton, de quien recientemente se editaba el fantástico final de su Atila, pueden darle una oportunidad a este Integral.
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viernes, 27 de noviembre de 2015

TRENT de LEO, POLICÍA DEL CANADÁ

Trent de Leo y Rodolphe, edita Ponent Mon policía de Canadà western
Ponent Mon, 2015.
128 páginas, 26 euros.


¡AL NORTE!


De pequeño, no puedo decir que el Madelman policía montada del Canadá se contara entre mis favoritos. Su rígida chaqueta roja y su atildado aspecto le restaban mucho atractivo. Quizás por eso en su momento pasé por alto estos volúmenes de Trent.


Comparado con el modernísimo Madelman astronauta o el simpático Madelman safari, el estirado policía norteño quedó archivado en mi memoria en la categoría de héroe prescindible. Cuando más tarde tuve ocasión de leer algunas aventuras protagonizadas por sus compañeros de cuerpo, mi opinión no cambió mucho. Al contrario que en los USA, todo lo que pasaba en Canadá parecía aburrido y gélido. Era un país incómodo y sin personalidad. Así que cuando vi un chaqueta roja en la cubierta de Trent pasé de largo.

Últimamente abundan los integrales de series franco-belgas prescindibles, con precios que provocan taquicardias. Eso no se aplica al tercer integral de Tanguy y Laverdure o a cualquiera de Aquiles Talón o de Bernard Prince. Se han publicado auténticos clásicos de enorme calidad cuya lectura es un verdadero placer. Pero han llegado mezclados con muchos productos digamos inferiores. Así que, como no son precisamente baratos, en más de un caso dejo que mi intuición me ayude a seleccionar. Y a veces me equivoco. De forma notable en esta ocasión.

Hace siete años se publicaba la saga Aldebarán, del dibujante brasileño afincado en Francia Leo. Recomendé vivamente aquella salvaje aventura de ciencia-ficción. Recientemente editaron Kenia, otra serie apabullante en la que el autor mezclaba elementos del género de espías, citas a la colonización y, nuevamente, abundantes dosis de fantasía y ciencia-ficción. El resultado volvía a ser impresionante. Fue entonces cuando corrí a comprobar si no había nada más de Leo en España. ¡Casi nada! Ocho álbumes (más un extra) agrupados en tres tomos en torno a un sobrio personaje, Trent. Recordé las sencillas portadas, que habían llamado mi atención en las estanterías, pero no lo suficiente como para superar mis prejuicios anti-canadienses. Obviamente ahora ya lo veía con otros ojos. Le acompañaba nuevamente Rodolphe, su guionista en Kenia. La única pega era que la historia parecía realista y hasta el momento siempre había visto a Leo en relación con la ciencia-ficción. Me preguntaba cómo funcionaría en otros ámbitos. Pronto mis dudas se disiparon, siendo sustituidas por el entusiasmo que espero anime estas líneas.

Trent de Leo y Rodolphe, edita Ponent Mon
Primero un inciso biográfico. Leo nació en Brasil pero tuvo que abandonar su país por razones políticas. Durante años se desplazó por varios estados sudamericanos: Chile, Argentina y otra vez Brasil. En 1981 emigró a Francia. Le costó entrar en el mercado del comic pero finalmente contactó con el guionista Rodolphe y en 1991 publicaron su primer álbum de Trent. A esa serie le siguieron otras dos: Kenia y Namibia. Al mismo tiempo, desde 1994 Leo empezó a escribir y dibujar el ciclo de Aldebarán. También facturó guiones para otros dibujantes así que su producción empieza a ser realmente monumental.

Y por lo visto hasta ahora, todo lo que hace tiene una gran calidad. Vayamos a Trent. Rodolphe titula “Un hombre íntegro” su introducción al primer integral. Proclama su voluntad de describir a un héroe antiguo, sin dobleces ni ambigüedades morales, un tipo correcto que hace su trabajo y tiene una idea muy clara del bien y del mal. Esto es así y el protagonista no cambia mucho de un álbum al siguiente. Trent también tiene un lado oscuro, que aflora ante el delincuente poeta o con su amante anarquista. Pero básicamente es un hombre de ley, decente y sin fisuras, que corre en defensa de la mujer maltratada y al rescate del bebé abandonado en la nieve.

 Agnes, una dulce muchacha que se interna en el árido norte en busca de su hermano perdido. Al final del relato ella promete que le esperará. Da así comienzo un amor que deviene casi imposible, como veremos. El segundo episodio es excelente, con un nuevo y atractivo personaje, una suerte de Billy el niño que recita a Rimbaud mientras desafía a muerte a todos los que se cruzan con él. Un auténtico maldito de destino fatalmente marcado y que desarrollará una curiosa relación con el noble policía. En el último capítulo del primer tomo Trent intenta reunirse con Agnes y descubre que se ha casado con otro. Eso le lleva de cabeza a un pueblo donde acaba convertido en borracho y metido en una extraña guerra contra unos desalmados bandidos. Tres álbumes excelentes, sin pega alguna.
Trent de Leo y Rodolphe, POnent Mon, Canadà, policía, norte
El primer álbum nos lo presenta, duro pero capaz de enamorarse de la bella

Aquí ya debe citarse el maravilloso dibujo de Leo. Tiene deudas con no pocos dibujantes realistas, de Giraud a Spiegle pasando por Morrow. Pero consigue encontrar su propio estilo, que aflora a través de caras angulosas y alargadas, bocas desencajadas, una línea precisa y un sombreado muy expresivo. Tanto bajo la desnuda luz solar como entre las sombras más amenazadoras, Leo es grande. Sus personajes, característicos y diferenciados, sus paisajes precisos y su narrativa variada y tremendamente animada. Todos los lectores disfrutaran con sus viñetas panorámicas o sus series de alargadas en vertical. Además, viene acompañado por un agradable color que realza las volumetrías de los rostros. Personalmente, destacaría sus escenas nocturnas y sus secundarios. Un aspecto más: por primera vez se puede disfrutar de su dibujo a un tamaño apropiado ¡y no vean cómo se agradece!

El tomo dos se inicia con una trepidante historia de horror. Un monstruo liquida a los componentes de un campamento y Trent debe descubrir qué es lo que ha ocurrido. Se suceden los pasajes de miedo, con cadáveres congelados en la nieve y un oso gigante que habla y acecha en la oscuridad. Trent acompaña con resignación a Agnes, ya que su marido era uno de los ingenieros desaparecidos. Al pobre hombre ya supondrán que no le va muy bien, ya que el siguiente álbum vuelve aRodolphe relata con no poca ironía la muerte del “hombre más rápido de Canadá”, un Wild Bill muy diferente al del OK Corral. El volumen se cierra con otro episodio maravilloso que nos cuenta la trágica vida de un blanco entre indios y sus desgraciadas andanzas. Leo describe los paisajes helados con exuberante delicadeza, convirtiéndolos en otro personaje más. De paso vuelve a demostrar que nada se le resiste: razas, edades o géneros, resuelve un problema gráfico tras otro con envidiable facilidad.
juntar al policía con su “novia eterna”, ya sin el impedimento del esposo. De paso,

Finalmente, en el tercer y último volumen, Trent consigue casarse con Agnes. Pero entonces conocemos a Helen, una atractiva morena de pelo a lo garçon, lectora de Proudhon y que fue amante del héroe en un pasado no muy lejano. Ahora vuelve para chantajearle obligándole a abandonar su recto camino. El final es inevitablemente trágico. Atención a las expresivas facciones de todos los personajes. Leo transmite muy bien las emociones, de la alegría al duelo o la frustración. El último episodio gira en torno a otro viaje, el que realiza Trent acompañando a una mujer y su hijo, acosados por un marido abusador. Mientras, el policía montado fantasea con la idea de tener un hijo propio. En casi todas las aventuras Rodolphe y Leo se las apañan para que los deseos, las aspiraciones, los sueños del protagonista, puntúen de forma delicada la acción, consiguiendo así una mayor profundidad y complejidad de lo narrado.

Los integrales se completan con un cuento largo profusamente ilustrado y un episodio breve pero delicioso. Leo y Rodolphe abandonaron a su personaje hace ya quince años, pero permanece vivo en cada una de las páginas de estos volúmenes. Ha sido una de las lecturas más estimulantes de un año que comienza a declinar. No lo duden y háganse con ellos, me lo agradecerán.
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viernes, 20 de noviembre de 2015

VIRTUAL HERO de EL RUBIUS

Virtual Hero de El Rubius
Editorial Planeta. Barcelona, 2015.
56 páginas, 15,90 euros.

DE PUDRIDERO A EL RUBIUS


Este es un comic diseñado por una “personalidad” que proviene de un mundo cercano al de la historieta, pero que en general puede decirse que está sustituyendo a ésta en las preferencias de lectores cada vez más “gamers” (y, por tanto, menos lectores).


Según lo que puedo observar en mis propios retoños de cinco y ocho años respectivamente, la lectura es un rollo, da igual que se trate de cuentos o tebeos. Cualquier producto audiovisual es más entretenido en comparación, ya sea una serie de animación o un videojuego.

Supongo que todo esto cambiará con el paso de los años, pero por el momento nada parece sustraerlos de la fascinación que les provocan los vídeos en los que otros jugadores proclaman con sonoridad sus hazañas. A mis críos parece gustarles un tal Vegeta777, que también ha publicado algún libro y cuya vocecilla incansable está a punto de acabar con mis nervios. Pero si alguien sobresale entre todos los jóvenes héroes del ciberespacio ese es sin duda El Rubius, un tipo con millones de seguidores dispuestos a reírle las gracias y a quien las compañías adoran hasta permitirle convertir en una forma de vida lo que no dejaba de ser una afición, un divertimento.

Este “yutuber” acumula tal número de fans que lógicamente no podía tardar en dar el salto a otros medios. Se rumorea que se han lanzado cien mil ejemplares de su comic, una cifra realmente brutal en un mercado en el que rara vez se superan los mil de tirada. Ciertas mentes se escandalizarán ante un éxito que considerarán despreciable. A mi no me cabe duda de que se va a vender como churros (¡es de El Rubius!), más cuando compruebo que mis niños, a quienes ya he dicho que les cuesta leer, lo han devorado y esperan por el siguiente. Así que ahí se encuentra la primera clave que no debe ser olvidada.

Virtual Hero de El Rubius, EL Torres, Lolita Aldea
El Rubius habla un lenguaje que muchos jovencitos comprenden y aborda temas que les interesan y que ocupan gran parte de su tiempo. Básicamente chicas y videojuegos. Y no necesariamente por ese orden. La trama es una excusa para que el héroe, convertido en personaje virtual, se pasee por diversos mundos digitales, todos fácilmente reconocibles por los lectores. La acción se salpimenta con unos cuantos chistes y el humor grueso que caracteriza los vídeos de El Rubius y el resultado es un álbum que se lee de un tirón y que llega a provocar más de una sonrisa.
Otro cuyo nombre artístico empieza por “El” firma el guión. El Torres es un profesional y aquí vuelve a demostrarlo. No sé si se avergüenza o se enorgullece de asociar su talento a esta aventura, pero seguro que el cheque merecerá la pena. Del dibujo se encarga Lolita Aldea, que resuelve con un estilo manga muy adecuado a lo narrado. Los diversos videojuegos se reconocen con facilidad y emplea con eficacia la gestualidad desmesurada típica de los nipones.

Mi sensación es que la aventura es positiva para el medio. Algunos autores se quejan de la ausencia de lectores pero cuando estos regresan atraídos por productos como este, también protestan. Es más probable que un lector salte de un comic popular a otro más alternativo que al contrario. Y, además, en los tiempos posmodernos que vivimos, el mismo concepto de lo popular no es tan ingenuo como antes. El Rubius basa su fama en la parodia, trasteando con los universos digitales en una operación que agradaría a cualquier intelectual. Se trata de desmontar las claves sobre las que funciona el juego, para seguir jugando con él. Hay muy poca inocencia en eso. Quienes disfrutaron con las aventuras autoirónicas de “Pudridero” deberían de engancharse a El Rubius. Aquí se ha cuidado más el dibujo pero la intención conceptual es similar, una descerebrada vuelta a la infancia, sin complejos. ¡Pimentel, este se te ha escapado!
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viernes, 13 de noviembre de 2015

COMIC DE WESTERN: TEX, MUERTE EN LA NIEBLA

TEX Muerte en la niebla con dibujo de Font y guión de Bonelli, edita Aleta
Aleta Ediciones. Valencia 2015.
224 páginas, 15,95 euros.

NIEBLA Y PLOMO 


Tex, el clásico personaje del oeste creado en Italia, está viviendo una segunda juventud gracias a algunos de los mejores dibujantes españoles. Ahora se edita una nueva muestra, otra vez con Font a cargo del dibujo y Boselli del guión.


Cabe recordar que estos volúmenes de Aleta recogen material publicado hace casi diez años. O sea que nos llega con un sorprendente retraso. Quizá ello se deba a la mala prensa del western, un género mal comprendido y que muchos consideran obsoleto. Soy de la opinión de que no existen géneros menores y que, como siempre, todo depende del talento de cada creador.

El primer Tex me parecía gratuitamente violento y un tanto pesado en sus desarrollos argumentales. Pero alguien tuvo la feliz idea de hacer especiales con estrellas tan notables como el americano Joe Kubert y todo cambió. Hasta el momento hemos disfrutado del arte de dibujantes extraordinarios como Font, Ortiz, Milazzo o Víctor de la Fuente, entre otros. Y de guionistas tan entretenidos como Segura o Nizzi. Hay aventuras mejores y peores pero la media se ha mantenido muy alta. Últimamente, raro es el tebeo de Tex que no leo con pasión o que no me apetezca comentar.

En esta última entrega se suman los talentos de dos artistas en estado de gracia. Por un lado el guionista Boselli, que firma un trepidante relato en con inteligencia con los tiempos. Se trata de una prolongada persecución: el hijo de Tex, intentando evitar problemas a un antiguo amigo, se mete con él en un tremendo lío cuando los confunden con una banda de maleantes. Mientras son acosados por un sheriff sin demasiados escrúpulos y de gatillo fácil, su padre lucha por alcanzarlo a tiempo de salvarle la vida. El escritor mantiene ambas acciones en paralelo y juega con los diversos momentos, con lo que el factor temporal ayuda a provocar tensión en el lector. Boselli se encarga de distribuir a lo largo de la historia un buen surtido de personajes que animan y vitalizan una trama con una estructura que funciona como un reloj, con muchas secuencias en las que parece que todo está perdido. Se incluyen algunos pasajes de redención, de transformación moral de protagonistas de comportamiento dudoso y cuya actitud va a cambiar mucho en el trascurso de la aventura, lo que aumenta nuestro interés en su destino.
cia con los tiempos. Se trata de una prolongada persecución: el hijo de

TEX Muerte en la niebla con dibujo de Font y guión de Bonelli, edita AletaAlfonso Font cumple con su deber y mucho más. Sus caballos son enérgicos y creíbles, lo mismo que sus paisajes, prolongadas panorámicas habitadas por un reparto dibujado con vigor y asegurándose de que cada actor se diferencia física y psicológicamente. Los fondos son maravillosos, tanto las ciudades y pueblos, perfectamente documentadas y realizadas, como los ambientes naturales, que constituyen casi un personaje más enmarcando a la perfección un relato siempre en movimiento, en el que los héroes no se detienen ni un segundo. Sobresale la vitalidad que sus acabados aportan, llenándolo todo de detalles pero sin parecer nunca agarrotado ni barroco. Su mancha negra está siempre bien situada y sus rallados son minuciosos y precisos.

En fin, que es otro Tex perfectamente recomendable. Y ya van…
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viernes, 6 de noviembre de 2015

CORTOMALTÉS Y ASTERIX 2015

Muchos suponen que en los USA los comics se fabrican industrialmente mientras que en Europa sólo se producen obras de autor. La realidad está refutando esa idea.


Asterix. El papiro del César Jean-Yves Ferri y Didier Conrad Salvat
Asterix. El papiro del César
Jean-Yves Ferri y Didier Conrad
Salvat. Barcelona, 2015.
48 páginas, 12,90 euros

Antes de que los creadores originales de Blueberry falleciesen, el personaje ya había sido reinterpretado por otros autores. Spirou ha pasado por innumerables dibujantes y guionistas, con desigual fortuna. Podemos admirar el talento de Franquin y considerar que su etapa es inigualable, pero no por ello El pequeño Spirou de Tome y Janry deja de ser tronchante. Al contrario, a mi siempre me deprimió la plomiza narrativa de Jacobs, el alumno que no aprendió nada con Hergé, pero sin embargo sus personajes funcionan muy bien en manos ajenas. Especialmente en las de Sente, que se ha ido convirtiendo en el especialista en relanzar series en declive o abandonadas por sus creadores. Ha escrito formidables guiones para Las Aventuras de Blake y Mortimer, excepcionalmente dibujados por Juillard. Recientemente se publicaba “La vara de Plutarco”, que quizás no alcanzaba la calidad de otros episodios anteriores, pero que sigue siendo tan bueno ¡que hasta dan ganas de leer a Jacobs!

Volvemos a encontrar al mismo escritor al frente del legado de Van Hamme. Por un lado en Thorgal pero sobre todo en XIII, una franquicia de cuyos enrevesados argumentos parecía imposible extraer más jugo dramático. Sente demuestra que siempre puede ir más allá, de nuevo acompañado por el sólido Jigounov, en “XIII. El mensajero del mártir”. Por cierto, a ver si alguien se anima a publicar más capítulos de Janitor, su colaboración con Boucq. No me volvió loco el primer volumen, pero en Francia ya van por el quinto y aquí no llegó ninguno más. Seguro que ha ido a mejor.

XIII. El mensajero del mártir de Sente y Jigounov
Así como en los USA se entiende que los personajes pertenecen a las compañías, lo que facilita que pasen de una mano a otra con irregulares resultados, en Europa se extendió progresivamente la idea de que eran propiedad de sus creadores. Ambas realidades han ido cambiando con el tiempo. Los dibujantes americanos han conseguido mayores derechos sobre sus creaciones, llegando a casos como el de Mignola, que es el dueño de Hellboy, o Sakai con Usagi Yojimbo y tantos otros. Si alguien desea hacer algo con sus personajes, debe pedir permiso o pasar por su autor. En Europa ha ocurrido lo mismo, pero en sentido contrario. Cada vez más autores ansían poner sus manos sobre creaciones de prestigio, o tan populares que su publicación resulta extremadamente rentable. ¿Cómo negarse a dibujar Spirou o Asterix? Los beneficios son notablemente superiores a los que se conseguirían con un personaje desconocido.

Hay que reconocer que Asterix se resistió. Al contrario que otras creaciones de Goscinny, como Lucky Luke o Iznogud, que ya han pasado por los pinceles de diversos dibujantes, Uderzo mantuvo un férreo control sobre el pequeño galo. Hasta que finalmente alguien debió de decirle que sus guiones no estaban a la altura del bueno de René, o quizás necesitaba calderilla para comprarse otro Ferrari. El caso es que cedió lápiz y tinta a otros creadores, que recientemente han publicado un segundo álbum del galo. Aquí es donde yo debería de escribir algo ingeniosos sobre “El papiro del César”. Pero me cuesta. El personaje me fascinó en mi infancia: primero leí “Asterix gladiador” y más tarde fueron cayendo uno tras otro, camuflados entre las revistas de Bruguera. Fue una de mis ventanas al mundo. Asterix nos enseñaba a ser menos provincianos, demostrando una entrañable curiosidad hacia la maravillosa diversidad de paisanos que poblaban las regiones que visitaban los alegres galos. ¿Cómo olvidar a los susceptibles corsos? ¿O a los eficientes suizos o a los orgullosos hispanos? A golpe de estereotipos Goscinny y Uderzo construyeron un universo cómico tan divertido como próximo, era fácil identificarse con aquellos pequeños pueblerinos que osaban plantarle cara a todo un imperio. También me vacunó contra todo “hecho diferencial”; las exóticas costumbres tan sólo sazonaban un variopinto pero muy similar conjunto de seres humanos. Luego crecí y me avergoncé de aquellas lecturas infantiles. Después crecí un poco más y pude recuperar la magia conjurada por Asterix y Obelix y ahora siento que el respeto y la admiración por esta saga me acompañarán hasta mi último día, o eso espero.

¿A qué viene todo este rollo? Simplemente, creo que Ferri y Conrad lo hacen lo mejor que pueden. La copia del dibujo de Uderzo es más que razonable. También el duplicado de las estructuras argumentales de Goscinny, con el extraño que llega al pueblo provocando la reacción de los héroes y sus enemigos. En esta ocasión se trata de un trasunto de Julián Assange, un periodista que osa desafiar la censura imperial. Todo es correcto y está bien realizado, pero… Echo en falta personajes como el arquitecto de “Asterix y Cleopatra” o el de “La residencia de los dioses”. Y no cito más. De alguna manera Goscinny tenía la habilidad de insuflar verdadera vida en sus creaciones, consiguiendo personajes humanos, próximos y diferenciados. Y eso es muy difícil de imitar. Con todo, el trabajo de Ferri y Conrad es respetable y yo me compraré el siguiente volumen.

Corto Maltés. Bajo el sol de medianoche
Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero
Norma Editorial, 2015
96 páginas, 19,50 €

Termino con uno de los pastiches más sonados de los últimos años, la resurrección de Corto Maltés. Al contrario que muchas de las sagas anteriores, cuya popularidad las alejaba del purísimo cielo autoral, desoladas cumbres a las que las masas no suelen asomarse, Corto siempre ha gozado de un sorprendente prestigio. Eso era comic de autor y lo demás cuentos. Así que resulta paradójico que los herederos de Pratt permitieran esta operación. ¿Quién será el siguiente? ¡Tiembla, Tintín! Lo primero que llama la atención es el dibujo. Pellejero es un dibujante con mucho estilo así que no cabía esperar que esa personalidad se desvaneciera para ajustarse al modelo original. En cierta medida esta decisión se explica en las planchas de prueba que se adjuntan al final del álbum. Cuando se ve ese Corto “a la Pellejero” se entiende por qué no lo hizo así. El resultado habría sido demasiado parecido a Dieter Lumpen, héroe cuyas aventuras Zentner y Pellejero contaron durante años y con indudables referencias al maltés. Ambos compartían ciertas actitudes post-heroicas y una decidida animadversión hacia los valores tradicionales. Así que el dibujante reserva su estilo para su personaje y aquí imita con cuidado las formas de Pratt. Lo que ocurre es que como su dibujo es más eficiente (no voy a decir mejor) enseguida se aprecia cierta contención, sobre todo en los fondos y algunos sombreados, con una calidad que Pratt evitaba. Pero en general copia con asombrosa tozudez las líneas desmañadas del maestro y hasta su extraña estructura de página, con viñetas apaisadas llenas de huecos que yo no pillo.

Díaz canales, guionista de Blacksad, hace lo mismo con el guión. No intenta, como Sente, mejorar el modelo original ¡A nadie se le ocurriría, tratándose de Pratt! Y ese es el problema. Duplica a la perfección una de esas laberínticas estructuras que tanto le gustaban al creador de Corto Maltés, un viaje a ninguna parte que permite al escritor lucirse introduciendo pintorescos secundarios entre los que sobresale el imprescindible London. Hay un tipo que protagoniza una de las secuencias más interesantes, el ciudadano Ulkurib, una parodia del indígena subyugado por las proclamas revolucionarias, que difícilmente encontraríamos en cualquier relato de Pratt, siempre cómplice con cualquier tipo de violencia y proclive a hacer chistes mientras se fusila al enemigo del pueblo de turno. Pero, desviaciones pequeñoburguesas aparte, el guión consigue plenamente su propósito realizando una muy acertada réplica del “tono” de Corto. Nos paseamos con parsimonia por bellos parajes canadienses mientras se nos recuerdan algunos de los grandes problemas de la humanidad: el racismo, los abusos cometidos con el medio ambiente, la trata de blancas… En resumen, que es un perfecto tostón.

¿Mi sugerencia para los autores? Olviden el original la próxima vez e intenten fabricar un buen tebeo. A lo mejor todavía podremos leer una aventura interesante de Corto Maltés, algún día.
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