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viernes, 22 de febrero de 2019

2019 PRIMER TINTÍN Y PRIMER ASTÉRIX EFEMÉRIDES

Este año coinciden dos efemérides del mundo del cómic, la del primer Tintín y la del primer Astérix.



Le petit vingtieme tintín Hergé 1929 - efemérides 90 años
Foto de Wikipedia
En 1929 Hergé dibujaba las primeras planchas de Tintín para el suplemento semanal “Le Petit Vingtieme”. Casi cien años más tarde su creación sigue generando controversias.


Las interpretaciones sobre el pequeño héroe se suceden. Éste nos explica las razones por las que se puede deducir, sin ningún género de dudas, que Tintín es homosexual. Aquel le acusa de crueldad con los animales, citando como prueba la secuencia de los antílopes de “Tintín en el Congo”. El otro tilda a Hergé de racista por sus caricaturas de judíos en “La estrella misteriosa”, de colonialista por su visión del Congo en su segundo álbum, de misógino por la Castafiore y prácticamente todas las (escasas) señoras que aparecen en la serie. Se discute sobre prohibir la venta y distribución de los álbumes de Tintín o de comercializarlos con una advertencia donde se destaquen los perniciosos y desfasados valores que se filtran a través de sus viñetas.

De fondo, siempre los rumores sobre su primer álbum y la colaboración con los nazis. Como saben Hergé realizó versiones actualizadas de todas las aventuras de Tintín. En esas puestas al día aprovechaba para corregir aspectos de narrativa o clichés que resultaban intolerables con el paso de los años. En “Tintín en el Congo” una lección sobre la monarquía belga se convertía en una clase de aritmética. Pero el autor nunca quiso volver a “Tintín en el país de los soviets”. Tardó mucho en reeditarse y cuando lo hizo fue en forma de facsímil, con toda la crudeza del dibujo original. Su álbum soviético podrá ser acusado de torpe, desde un punto de vista técnico. Pero no de que mienta sobre la tiranía comunista. Como descripción de una realidad, se acercaba bastante. Respecto al comportamiento de Hergé durante la ocupación, no fue muy diferente al de Sartre. Tan solo permaneció dibujando en el mismo periódico en el que trabajaba desde antes de la guerra. Se le podrá acusar de cobarde, pero me cuesta verlo como amigo de los nazis. Ya lo he comentado con anterioridad: pagó el gran pecado de cuestionar la superioridad moral de la izquierda.

Hergé con Tintín - foto © de la editorial Juventud
Foto © de la editorial Juventud
Es muy difícil, si no imposible, criticar su obra desde un punto de vista narrativo, estético, técnico, con cualquier parámetro mínimamente conectado al arte de los comics.

Hergé es un padre fundador, un gran creador de lenguaje, un generador de formas que otros imitarán. Su dibujo primero presenta la limpieza de algunos dibujantes americanos pero luego engendra su propio modelo, con unas figuras muy estilizadas pero realistas y unos fondos cada vez mejor documentados.

Su capacidad para mezclar humor y drama, la variedad de sus personajes, la claridad de su puesta en escena… Todos los aspectos de su trabajo son sobresalientes, dignos de estudio si se quiere narrar con sencillez y eficacia. Sus historias son emotivas y arrebatadoras y le aseguran un lugar en la historia del comic europeo y mundial.

Le petit vingtième tintín en extremo oriente
Evitando la pura evasión, Hergé se inclinó hacia el realismo. Sus viñetas, por muy estilizado que fuera el dibujo, reflejaban un mundo que podíamos reconocer. Si su viaje a la Luna es atractivo es porque continúa siendo verosímil, las cosas podían haber sido tal y como él las contó. Supo denunciar los prejuicios europeos sobre China en “El loto azul”, trabajo a partir del cual se instala en una nueva disciplina, obsesionado por la representación creíble de los hechos. En “El cetro de Ottokar” y más tarde en “El asunto Tornasol”, captó con acierto las tendencias totalitarias que recorrían Europa.

Siempre se menciona su relación con los scout y la iglesia católica, que le apoyaron en sus inicios. Pero luego quedan muy pocos rastros del catolicismo en Tintín, a menos que se considere la ausencia de sexo como una prueba de sus convicciones.

Por toda Europa había leyes que protegían a los niños contra la obscenidad y que tardaron años en desaparecer. Si la ausencia femenina era una anomalía, estaba muy extendida. Pocos curas salen en la serie y escasas son las alusiones a la fe que podríamos recordar.

Lo que todo lector sí tiene presente es la actitud general del héroe, siempre dispuesto a ayudar a los débiles. De forma impulsiva, sin darle muchas vueltas. Se llame Tchang o Zorrino, en cualquier rincón del mundo donde alguien necesita ayuda, allí está Tintín para echarle una mano. A pesar de sus coqueteos con la realidad Hergé es muy consciente de ser un dios en su propio universo, él controla todo lo que ocurre con una precisión de relojero. Sabemos que sus tramas se desenvolverán con exactitud milimétrica, que el final será satisfactorio, que el trayecto será emocionante y a ratos divertido y que aprenderemos cosas sobre nuestros semejantes. Había algo en Tintín que, aunque enclavado en una fantasía infantil, nos proyectaba hacia la madurez. Hergé manejó como nadie esa ambigüedad, construyendo para nosotros un mundo atractivo y desafiante.




Son muchos quienes confunden esa fantasía con lo real. No es un periodista, ni está filmando documentales ni escribiendo ensayos sociológicos. Es un artista que emplea determinados aspectos de la realidad en su trabajo. Lógicamente, si defendiera la pederastia o el sexo con focas no miraríamos sus viñetas de la misma manera. Pero me cuesta ver en sus páginas esas aberraciones que otros localizan con aparente facilidad.

Pongo un ejemplo real. En un grupo de internet se comentaba un eclipse solar cuando alguien tuvo la feliz idea de insertar la viñeta de Tintín en la que la desaparición del sol provocaba el pánico entre los nativos y conseguía que el héroe y sus amigos se salvaran. Todos celebrábamos la oportuna imagen cuando un comentario nos hizo callar. En él se recordaba el conocimiento de los incas de los ciclos estelares y el evidente racismo de Hergé en una escena que contradecía todo rigor documental. Por supuesto la cita terminaba afirmando que los europeos siempre se creían superiores a otras culturas. Como digo, todos nos quedamos mudos. En plan: “Llevo toda la vida disfrutando con estereotipos racistas”. ¡Glups!

Sin embargo, si alejamos un poco el foco de un pasaje que no deja de ser una argucia del guión, si atendemos al conjunto de la historia ¿qué encontramos? “Las siete bolas de cristal” y su continuación “El templo del Sol” recrean un suceso muy popular: la maldición de la tumba de Tutankhamon. En su primera parte se insiste en cómo la curiosidad y la codicia de los investigadores blancos provocan una serie de extraños sucesos que acercan el tono del relato al género del terror. La escena en que todos los científicos se convulsionan al mismo tiempo es antológica, casi surrealista.

En la segunda parte encontramos otro de los temas recurrentes en Tintín: viaja a la otra punta del globo para ayudar a su amigo Tornasol. Y una vez allí echa una mano a un joven desconocido, simplemente porque no soporta a los abusones.

La serie está llena de mensajes de tolerancia y respeto hacia otras culturas. Supongo que también de algunos deslices, pero no creo que Hergé sea el único racista del universo. Ni entonces ni ahora. Al menos su obra nos señala la dirección correcta. Creernos más listos que los demás puede ser un error, los prejuicios deben ser siempre cuestionados. ¿Cuál era la alternativa a la escena del eclipse? ¿Que los amables nativos sacrificaran a los héroes? Quizás es lo que algunos desean. Que las víctimas vuelvan a comportarse como verdugos. Pero ese nunca ha sido el mensaje de Tintín. ¡Gracias a Dios!




Asterix el galo de Uderzo y Goscinny efemérides  60 años
TO ER MUNDO E GÜENO


En 1959 se publicaban en Pilote las primeras planchas de Astérix, que serían recopiladas en el álbum “Astérix el galo” en 1961. En la actualidad la serie sigue en marcha, confeccionada por unos autores que no son los originales.


En el libro de ensayos de Goscinny editado por Libros del Zorzal, el guionista se queja amargamente de su éxito. Declara que él se esfuerza por ser un incomprendido, por escribir de forma ininteligible, pero que no lo consigue. Con amarga ironía insiste en que pese a sus intentos, todo lo que factura es aceptado con regocijo por sus lectores, asegurándole fama y fortuna.

Su compañero de viaje, el dibujante Uderzo, podría esgrimir un planteamiento semejante. Es un conocido coleccionista de Ferraris, lo que nos da la medida de su situación económica.

Astérix se convirtió en un fenómeno global, traducido a decenas de países y con adaptaciones cinematográficas, parques temáticos y todo tipo de productos derivados. Goscinny murió en 1977 y tras su fallecimiento Uderzo se hizo cargo de las historias. Hace años el dibujante decidió dejar los lápices y le pasó el testigo a otros creadores. Podía haber hecho como Hergé y acabar con la serie al abandonarla sus creadores originales. Pero han decidido mantenerla en marcha. Como recientemente también hacía Van Hamme con sus personajes o siempre han hecho las editoras y sindicatos estadounidenses.

Los autores vienen y van, el personaje, la marca, permanece. Lo que conlleva ventajas y desventajas. Si los autores que abordan la serie son buenos, pueden mejorar el original. Como recientemente ocurría con Senté y Juillard y su versión de “Blake y Mortimer. Con Astérix, hasta el momento no he visto nada que superase los primeros álbumes. Pero ya en su momento se notó la ausencia de Goscinny, un genio del humor difícil de sustituir.


 Astérix, como Tintín, tiene una conexión con los USA. Goscinny trató a la plana mayor de la revista Mad, empezando por el dibujante y guionista Harvey Kurtzman. Su forma de abordar el humor debe mucho a aquella nueva visión que la última publicación de la EC aportó.

Todo podía ser blanco de las bromas, el cómico era como un huracán, por donde pasaba nada volvía a ser lo mismo. Pese a su sistemática desmitificación de la realidad, Astérix nunca ha sido tan polémico como Tintín. Creo que sobre todo debido a su marcado sesgo humorístico y a su ubicación temporal. Se recomendaba su lectura como complemento de los libros de historia o de latín y no fueron pocos los datos que aprendimos a través de sus viñetas, sobre gladiadores, Cleopatra, Alesia o el sistema financiero helvético. Tintín ganaba en el terreno del prestigio cultural. En comparación Astérix era poco serio.
Si Tintín se dirigía al jovencito que se enfrentaba a una incipiente madurez, el pequeño galo apelaba a sectores más infantiles, cautivándolos con su humor absurdo y salvaje y sus divertidos juegos de palabras. Esa apariencia un tanto descerebrada escondía no obstante un producto perfectamente realizado, con un dibujante superdotado al frente, que saltaba con insultante facilidad del realismo de “Michel Vaillant” a la cómica plasticidad del galo y sus amigos. Tendemos a menospreciar el humor y Astérix no es una excepción. Pero también late una cosmovisión tras su fachada ligera y bromista.




 En su momento se insistió en la comparación con la actualidad. Roma serían los USA y la pequeña aldea gala Francia o Europa por extensión. La defensa de lo individual, lo particular, frente a la voluntad normalizadora del imperio.

Otro de los grandes ejes temáticos es, como en Tintín, el intercambio cultural. Astérix conecta, episodio tras episodio, con otras culturas. Hay un cachondeo evidente con los matices más exóticos que los nativos exhiben, pero siempre unido a un respeto hacia lo diferente. Cuando Obélix repite por enésima vez lo de “están locos estos… (lo que sea)” ya sabemos que todos estamos locos, que todos tenemos manías, gestos, costumbres, actitudes, que resultan extrañas a los otros, los forasteros. Pero que con un poco de tiempo y buena voluntad hasta el ritual más peculiar resulta comprensible.

El mensaje, reiterado una y otra vez con simpatía y un evidente tono de farsa es que “todo el mundo es bueno”. Y es precisamente el establecimiento de ese lugar común el que permite a la serie reírse de todo y de todos. De la manía suiza con la limpieza (frente a la suciedad romana), de la obsesión hispana por el cante y el baile, de la arrogancia y susceptibilidad de los corsos y de lo que se les ocurra.

Evoco con especial cariño el álbum “La vuelta a la Galia con Astérix”. Me llamaba la atención la profunda variedad de sabores locales que la vieja Francia podía contener, los acentos, las comidas, las costumbres, todo un festival que sin embargo se reconocía unido en aquella entidad superior, la Galia. La historia de Europa parece ahora avanzar en dirección contraria, de regreso a la tribu. Rota Yugoslavia en jirones, identidades cada vez más localizadas buscan su lugar bajo el sol, avivando atávicos desencuentros e imperdonables ofensas del pasado. Quizás Astérix debería de visitarlos a todos, recordarles que las diferencias no son tan importantes y animarles a que no se tomen tan en serio.
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viernes, 18 de abril de 2014

ALEKSIS STROGONOV. INTEGRAL de RÉGNAUD y BRAVO

POrtada de ALEKSIS STROGONOV de Régnaud y Emile Bravo, edita Ponent Mon
Ponent Mon, 2014
164 páginas, 32 euros

DESDE RUSIA CON HUMOR


Tras el integral con las aventuras completas de Jules ahora se recupera otra saga dibujada por el talentoso Émile Bravo. En esta ocasión es Régnaud quien escribe las andanzas del joven ruso Aleksis Strogonov.


Se comenta mucho la relación de Bravo con la tradición. Si otros compañeros de su generación han marcado una clara ruptura con el modelo señalado por Hergé, Bravo parece decantarse por modular ese paradigma, ajustándolo a la actualidad. Ya lo he dicho con anterioridad, Bravo es un narrador nato, cuenta bien y su dibujo no pierde el tiempo con detalles innecesarios, sus personajes derrochan expresividad y simpatía, vitalidad. Eso le permite renovar un área como es la del tebeo juvenil, casi desaparecida en nuestro país.

Los relatos que ilustra pueden alcanzar un público amplio, aunque no evita abordar asuntos que en los tebeos clásicos se dejaban al margen de la mirada infantil. Aquí sobre todo debemos referirnos a la violencia política y a las relaciones sentimentales. En Jules Bravo no vacilaba a la hora de plantear aspectos religiosos con una mirada muy crítica y, en cuanto a la sexualidad, chapoteaba alegremente en las turbulentas aguas que su premisa de los clones con crecimiento acelerado le facilitaba. El pobre protagonista apenas había superado sus complejos porque su novia crecía a mucha más velocidad que él, cuando ya aparecía la hermana pequeña a complicar aún más las cosas.

No parece Bravo alguien preocupado por abandonar determinadas zonas de confort. Él más bien se siente cómodo transitando territorios pantanosos y conflictivos. En ese sentido el guionista le brinda un auténtico festival de temas peliagudos. Empezando por el primer álbum, donde la relación con Tintín se hace explícita. Como sabrán el primer ciclo de aventuras de Tintín nunca se revisó, Hergé no hizo una versión oficial de un álbum del que prefería no hablar y que finalmente apareció en edición facsímil, acentuando su carácter de locura de juventud. El gran pecado de Las aventuras de Tintín en el país de los soviets fue acercarse demasiado a la verdad. Hergé apenas se documentó para realizarlo, confiando en un libro de referencia que le pasaron en la redacción del periódico católico donde colaboraba. Pero su descripción del infierno soviético resultó bastante ajustada, como tantos testimonios posteriores han demostrado. Pero los compañeros de viaje en occidente no podían consentir que tales verdades fueran reveladas y por eso hicieron todo lo posible para que Hergé se avergonzara de ese trabajo. La revisión de Régnaud y Bravo no sólo confirma ese primer acercamiento sino que lo contextualiza con inteligencia y humor. No faltan las críticas a la aristocracia y a la brutalidad de los poderosos. Pero también asistimos a muchas matanzas gratuitas por parte de los camaradas revolucionarios y el panorama que pintan es adecuadamente desolador.

Viñeta de ALEKSIS STROGONOV de Régnaud y Emile Bravo, edita Ponent Mon
A partir de ahí seguimos los pasos del joven protagonista ruso por toda Europa, en lo que parece un ajuste de cuentas con algunos de los mayores males que la asolaron en el siglo XX y que tan cercanos nos parecen hoy. Del comunismo saltamos al nacional-socialismo alemán, en una aventura donde entre bromas y veras se describen de forma muy precisa algunos de los rasgos del Berlín de entreguerras. Nos paseamos por los estudios de la UFA, vemos cómo se organizan unos descerebrados grupúsculos ultraderechistas y sentimos la frustración alemana ante las condiciones establecidas por el Tratado de Versalles. Por si todo esto fuera poco, los autores rematan la obra con un tercer álbum dedicado a los conflictos nacionalistas en los Balcanes. Aquí la localización se vuelve algo más etérea pero es igualmente eficaz. Al final los abrumadores problemas identitarios se reducen a peleas entre vecinos y discusiones entre los habitantes de Villarriba y Villabajo. Una auténtica farsa en la que lamentablemente muere gente de verdad. Como si Régnaud y Bravo fueran incapaces de tomárselo en serio, presentan a una líder realmente psicótica, de sexualidad ambigua y gatillo fácil.

En fin, hay muchos detalles en los tres álbumes que justifican su lectura. Los guiones son inteligentes, los personajes chispeantes y el dibujo muy agradable. Y su paseo por las diversas formas del totalitarismo europeo constituye una lección de historia tan precisa como dramáticamente divertida. Con un humor muy negro los autores abordan asuntos trágicos convirtiéndolos en farsa, sin banalizarlos. No es tan fácil.
Aleksis Strogonov - Intégrale - tome 1 - Aleksis Strogonov - Intégrale T1 (vol 1+2+3)
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viernes, 20 de septiembre de 2013

DJIN. UNA JUVENTUD ETERNA de DUFAUX y MIRALLES


Djinn. Una juventud eterna de Dufaux y Miralles. Edita Norma.
Norma Editorial. Barcelona, 2013.
48 páginas, 11 euros.

LA TIGRESA DE ESCHNAPUR


La serie Djinn alcanza su duodécimo volumen. Al primer ciclo ambientado en Turquía le siguió una pastosa travesía africana. Ahora la acción se ha desplazado a la India. Si en mi último artículo antes del verano me refería a diversos productos europeos, en agosto todavía pudimos disfrutar de algunas piezas más, incluyendo este álbum. 


Sobresalen “Cólera roja”, conclusión de “Mar negro”, una aventura de Largo Winch con la calidad habitual, editado por Norma. Van Hamme firma también el guión de dos nuevos episodios de Lady S, tan entretenidos como los anteriores. Pero no sólo del gran maestro belga viven los aficionados. Sente, su discípulo y sucesor, vuelve a Blake y Mortimer para ofrecernos “El juramento de los siete lores”. No es su mejor trabajo en la serie pero mantiene el listón muy alto. Si después de este atracón europeo se quedan con ganas de más, no duden en adquirir el tercer volumen de “El arte de Hergé”, un espléndido libro que ningún aficionado a Tintín debería perderse. Si ya tienen los anteriores sabrán a qué me refiero.

Largo Winch, Cólera Roja de Philippe Francq y Jean Van Hamme. Edita Norma Lady S de Aymond y Van Hamme, edita 001 ediciones
Blake y Mortimer, el juramento de los cinco lores de Yves Sente y AndréJuillard El arte de Hergé, volumen 3 de Philippe Goddin editada por Zendrera Zariquiey


Respecto a la saga de Dufaux y Miralles, ya saben que siento debilidad por el trabajo de la dibujante. Menos entusiasmo me despiertan los argumentos del belga. Lejanos quedan los tiempos de Jessica Blandy, serie en la que lo descubrimos y admiramos. Nunca volvió a escribir nada tan interesante y sus guiones oscilan entre lo repugnante y lo intolerable. Y Djinn no es una excepción. Ensaya una explosiva mezcla en la que agita elementos políticos, con una nada velada crítica a occidente y sus diversos imperialismos (en Turquía, África o la India), y abundantes raciones de sexo. Para conseguir que le tomen en serio su erotismo no es demasiado explícito y ahí cuenta con el talento de la Miralles, capaz de representar con elegancia las situaciones más soeces. Su exquisitez no está reñida con una evidente sensualidad que inunda los álbumes hasta darles un aspecto peculiar y diferenciado.

Viñeta de Djinn. Una juventud eterna de Dufaux y Miralles. Edita Norma.El deseo y la política se superponen para desarrollar un discurso sobre el poder y la dominación. La prota presentaba una cierta bipolaridad en los primeros álbumes. Por un lado era la mejor amante del mundo, una Djinn ingobernable, pero también una mujer que deseaba amar y ser correspondida. Con el paso del tiempo los elementos mágicos se han potenciado y la Djinn ha devorado a la débil mujercita hasta hacerla desaparecer. Dufaux parece embriagarse con los elementos fantásticos, cada vez más presentes en el argumento.

Todo gira en torno a una gran metáfora: no existe el amor romántico, sólo un eterno juego de dominación. Ya sea entre personas o pueblos, no hay buenos o malos, sólo roles que pueden intercambiarse. A veces unos están al mando y luego pasan a ser esclavizados, etc. El problema es que semejante visión tan extremadamente negativa no favorece al drama. Todos los personajes acaban convertidos en piezas de un gran damero manejado a voluntad por Dufaux. Pasan cosas y de vez en cuando nos topamos con alguna escena picante espléndidamente dibujada. Es entretenido, la ambientación es detallada y todos los aspectos de dibujo son irreprochables. Pero más allá del sabor local y las citas a las clásicas películas de Lang, poco de lo que se cuenta consigue interesarnos. Por cierto, Lang sí que conseguía reproducir la magia de una India más imaginaria que real. Y con Debra Paget al frente se marcaba secuencias de un erotismo arrollador e inolvidable. ¿Recuerdan el baile con la cobra?

No creo que tales triunfos se alcancen en Djinn. Con todo, es obligado un último apunte. Hasta el momento el ciclo Indio es mejor que la travesía africana. Y algunos de sus personajes, como Saru Rakti, son realmente intrigantes. Veremos qué pasa con ellos.
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viernes, 2 de diciembre de 2011

LAS AVENTURAS DE HERGÉ de Bouquet-Fromental-Stanislas

Las aventuras de Hergé de Bouquet Fromental y Staislas, edita Norma Tintín Bélgica
Norma editorial. Barcelona, 2011. 
72 páginas, 13,90 euros. 

A remolque de la película nos llega ahora esta biografía en viñetas del creador de Tintín, el controvertido Hergé, en un álbum de bonito dibujo y atropellado guión. No es una obra redonda pero tampoco despreciable.


No es el primer tebeo dedicado a un profesional del gremio. Además de numerosos ejemplos de comics autobiográficos, hace tiempo se publicó una vida de McCay contada con viñetas y en nuestro país Paco Roca se atrevía con la guerra Tiovivo-Bruguera, incluyendo a numerosos dibujantes como protagonistas.


La diferencia aquí es que hablamos del autor europeo más popular, conocido y discutido. Es difícil hablar de Hergé sin polemizar con sus seguidores o detractores. Así que quizás eso explique la principal característica de este guión, su velocidad. Los autores saltan de un episodio a otro sin apenas darnos tiempo a situarnos y comprender lo que está pasando. Eso por un lado es bueno. El volumen tiene un ritmo trepidante que no decae nunca, la acción apenas se detiene para ir dejando caer guiños, entre los personajes o apenas escondidos en los fondos, que cualquier lector de Tintín enseguida identificará. Pero, por otro lado, considero que se necesita cierto nivel de información previo para entender lo que se nos cuenta. He leído la larga entrevista de Hergé con Sadoul y algunas biografías del autor y aún así me cuesta pillar lo que ocurre en determinados pasajes.

Y no podemos echar la culpa al dibujo, que es en términos generales excelente. No llega a imitar servilmente al original aunque trabaje en unas coordenadas estéticas similares. Pero busca unos acabados más “modernos”, empleando expresivos rallados y una mayor presencia de la geometría. Todo resulta bonito y ligero y el color acompaña sin molestar. Es en general un buen entretenimiento con el que podemos olvidar el mal trago que nos ha hecho pasar la película.


Las aventuras de Hergé de Bouquet Fromental y Staislas, edita Norma
Primero, recomendarles la lectura del artículo escrito por Juan Carlos Llop y publicado por El Diario de Mallorca el pasado domingo 20 de noviembre. Estoy completamente de acuerdo con él. Fui a ver la peli dispuesto a pasar un buen rato después de que prácticamente todo el mundo me la recomendara. Pero no fue así. Creo que hay partes que están bien, la adaptación de Tintín me gusta, también la ciudad árabe del final y hasta la ambientación belga del principio, con todos esos cielos siempre nublados. Pero luego tengo un problema con las proporciones de las cabezas de muchos personajes. No le ocurre a Tintín, pero sí a Haddock y a casi todos los demás. Llop lo compara con un baile de máscaras. A mi me recuerda a aquellos especiales de Navidad con los muñecos del guiñol, cuando dejaban de ser títeres accionados por diferentes operarios y pasaban a ser actores con enormes máscaras, lo que les permitía enseñar los pies y realizar otras acciones. Esa sensación de que algo se perdía por el camino es la misma que tengo con el film.

En todo caso eso no es lo más grave. Lo peor es comprobar cómo los efectos se comen la trama. Esa insoportable pelea entre barcos enganchados por los mástiles, ese barullo de grúas, la horrible escena con la Castafiore, etc. No me preocupa que Spielberg cambie a Tintín si al menos fabricara una buena película. Pero no es así, es un artefacto con algunos pasajes digamos entretenidos, especialmente la famosa persecución en plano secuencia, también estirada y aparatosa en exceso. El único que me puso sobre aviso fue el director del Salón del Comic de Gijón, Faustino Rodríguez, que además me recomendó la primera adaptación, Tintín y el misterio del toisón de oro. A ver si consigo echarle un vistazo.
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viernes, 28 de octubre de 2011

Tintín


MERIENDA DE NEGROS

Coincidiendo con el estreno de la película una nueva amenaza judicial se cierne sobre Tintín. Los dos primeros álbumes de la serie persiguen como un mal sueño a Hergé y sus herederos. Una pena ya que son claramente pecados de juventud que el autor intentaría corregir en su madurez.

El demandante, Bienvenu Mbutu Mondondo, considera que Tintín en el Congo «hace apología de la colonización» y solicita a la justicia belga que lo retire de la circulación. No es un caso aislado pero sí el más sonado. Los kakikus, la peculiar tribu de caníbales ideada por Josep Maria Blanco para el TBO en los 50, también ofrece una imagen paternalista de los africanos, retrasados que sólo sueñan con zamparse al blanco. Aunque luego en muchas planchas el explorador resulta ser bastante más idiota que sus captores. En Yellow Heat, una pequeña obra maestra de Jones y Heath que se publicó en Vampirella nº 58 (1977), se nos cuenta la historia de un africano que desea a una joven prisionera con la que se ha encaprichado el jefe de su aldea. Tras muchas peripecias consigue a la chica, espléndidamente dibujada por Heath para la ocasión. En las viñetas finales las mujeres la preparan para recibir a su hombre y él piensa que ante tanta belleza no sabe por dónde empezar... En el característico giro con el que concluían muchos de estos relatos de terror, vemos que ha sido empalada cual pollo asado y que su presunto novio ha entrado en la choza dispuesto a comérsela. Al inicio de la historieta se nos dice que la tribu pasa mucha hambre, aunque nadie lo diría a la vista de las atléticas figuras que nos ofrece el dibujante. La cuestión es que esto, que no deja de ser un divertimento espléndidamente realizado, ya ha sido cuestionado por renovar el estereotipo del africano caníbal, otra expresión de racismo.

A mi me parece muy bien que se permanezca vigilante ante las manifestaciones de superioridad racial, siempre y cuando esta vigilancia alumbre realmente la verdad. Quiero decir: el escándalo alrededor del colonialismo pierde fuerza cuando se emplea como un arma que oculta hechos incómodos. Por un lado del pasado: la experiencia colonial no puedo hacernos olvidar la situación anterior, en África o en Sudamérica. La América precolombina no era precisamente el paraíso en la tierra como algunos líderes indigenistas quieren hacernos creer. La violencia no es un invento de los blancos, ni mucho menos. También hay una historia pos-colonial que muchos se empeñan en negar. Seguimos echando la culpa de todos los males al primer mundo y sus multinacionales. Desde mediado el siglo XX prácticamente toda África es dueña de su propio destino. Si han permitido que determinados intereses, europeos antes y chinos ahora, distorsionen su devenir, la culpa no es sólo de esos corruptores que vienen del exterior. Suponer tal cosa sí parece un grave caso de paternalismo. Lo mismo respecto a Sudamérica. ¿Todos sus males desde la independencia son achacables a la intervención del vecino del norte? Puede que en parte sea verdad, pero no del todo.

Tampoco podemos cerrar los ojos ante las transformaciones de la sociedad. ¿Alguien consiente o apoya en la actualidad los comportamientos vejatorios respecto a otras razas? Evidentemente podemos rastrear casos aislados pero para la mayoría el racismo es algo de lo que avergonzarse. Recientemente un animador de Disney, Daniel Martin Peixe, me explicaba que la actriz Geena Davis había ido a darles una conferencia. Ante un numeroso grupo de animadores y directores expresó su preocupación sobre los estereotipos femeninos en los dibujos animados. Incluso les pasó una cinta, producida por ella y a la que había puesto voz, donde aparecía una rubia muy tonta que trataba de ilustrar sus tesis. Como Dani comentaba para la mayoría de los presentes aquello no tenía ni pies ni cabeza. ¿Acaso la Davis no había oído hablar de La sirenita ni de Mulán? Discursos que podían haber tenido sentido hace veinte o treinta años resultan obsoletos en la actualidad.

Pues esta es la sensación que tengo frente a algunas de estas demandas. Coincido con su base moral, pero ni las considero oportunas ni, en el caso de Hergé, justas. Porque aquí interviene otro factor como es el arrepentimiento o, si lo prefieren, la capacidad de cambiar y mejorar. Tras realizar ese viaje al Congo el dibujante manda a su héroe a dónde realmente él quería, los Estados Unidos y en concreto el Oeste. Allí Tintín se hace amigo de los indios y en una célebre secuencia vemos cómo unos empresarios sin escrúpulos desalojan a una tribu de nativos americanos porque han descubierto petróleo bajo sus tipis y quieren explotarlo. Toda una declaración anticolonial, que siempre se olvida. Como se olvida su manifiesto anti- imperialista El loto azul, donde denuncia las agresiones japonesas en China. ¿Qué me dicen de su visión del esclavismo en Stoc de coque? Africanos que intentan realizar el viaje a la Meca son raptados como esclavos, una situación que según parece no ha cambiado mucho. Todavía estoy esperando que alguien pida disculpas por las burradas que se han dicho sobre su viaje al país de los soviets. Si en el Congo reflejó los prejuicios de una época y se equivocó, en su viaje soviético se quedó muy corto, lejos de los horrores que podía haber delatado y que algunos todavía niegan.
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