Mostrando entradas con la etiqueta Manara. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manara. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de julio de 2015

BIOGRAFÍA de CARAVAGGIO de MANARA

Caravaggio 1. El pincel y la espada de Milo Manara, edita Norma editorial
Norma editorial. 2015.
60 páginas, 18 euros.

PINTAR Y PELEAR


Nunca he sido un fan de Milo Manara. Comprendo que se admire su dibujo realista y clásico y que haya quien disfrute con sus mozas, salidas todas del reparto de una película de Hamilton y en el límite de lo legal. Pero ni sus temas ni su manera de contar me parecieron jamás tan magistrales como algunos afirmaban.


Sin embargo, en sus últimas obras hay algo que me está reconciliando con el arte de este viejo calentorro. Ya me pasó en los Borgia, la saga que dibujó sobre guión de Jodorowsky. Y vuelve a ocurrir ahora en esta biografía de Caravaggio que ha comenzado en solitario.
Tiene que ver con uno de los aspectos de su trabajo que más rechazo me ha producido siempre: la gestualidad de sus personajes. Siempre desmedida y teatral y asociada a otra de sus carencias, el control del ritmo. La acción en los comics de Manara se acelera o ralentiza porque sí. Escenas importantes pasan desapercibidas. Momentos tontos se enfatizan, con los héroes adoptando posturas grandilocuentes y planos generales que no vienen a cuento.

Esas han sido sus características y las razones que me llevaban a mantenerme a distancia cuando se ponía serio. Cuando la cosa iba de encadenar excusas para mostrar jovencitas en pelotas pues hay que reconocer que en ese universo sí que era un maestro, con el dibujo más adecuado al tema posible. Pero ¿historias donde pasaran cosas y los protagonistas tuvieran que actuar de verdad, no sólo fingir orgasmos? Esto se le resistía a Milo.

Creo que Jodorowsky le sentó bien porque le puso a dibujar temas que se adecuaban a las tendencias naturales de su dibujo: sexo, por supuesto, pero también una aproximación operística, teatralizada en la que el gran gesto y las perspectivas amplias cobraban sentido y aportaban enjundia a lo narrado.

Caravaggio 1. El pincel y la espada de Milo Manara, edita Norma editorial
Con la lección bien aprendida, Manara aborda ahora la vida del pintor más peliculero posible, el pendenciero y multisexual Caravaggio. Aunque ciertas aproximaciones psicológicas han insistido en el marcado carácter homosexual de algunas de sus pinturas y se ha especulado mucho sobre las acusaciones de sodomía que recibió, la visión de Manara es ortodoxamente heterosexual.

Hay chiquillos en pelota por aquí y por allá pero a las que se tira el joven Michelángelo es a las putas que tienen como siempre la cara (¡y los cuerpos!) de las clásicas chicas “Manara”. Recientes biografías aseguran que al pintor tanto le daba la carne como el pescado y que su sexualidad era demasiado explosiva como para ser contenida por categorías clásicas, como la de “bisexual”. Esto ya le da juego a Manara, pero además todo el mundo coincide en lo broncas que era Caravaggio, lo que da pie a coloridas peleas y escenas de acción que animan los pasajes entre la pintura de cuadros y sus constantes encarcelamientos.

Añadan a esto otro de los verdaderos protagonistas del volumen, la ciudad de Roma. Una Roma que no se ajusta exactamente al más estricto realismo. Manara conjura visiones de Piranesi para brindarnos una urbe barroca, misteriosa, decadente y monumental, un marco perfecto para las mundanas pasiones que dominan a los héroes de esta historia. Manara decora sus dibujos con delicadas aguadas y mantiene su aire lánguido y artificioso, de manera tal que siempre se establece cierta distancia, teatralizando lo narrado. Emplea un color muy contenido, casi monocromo que aporta serenidad a un relato cruel y sexual. Y con buenos culos.
Leer más...

viernes, 7 de octubre de 2011

Los Borgia. Manara y Jodorowsky

Los Borgia de Manara y Jodorowsky. Edita Norma
Norma Editorial. Barcelona, 2011.
48 páginas, 13 euros.

Recientemente concluía la tetralogía sobre los Borgia escrita por Jodorowsky y dibujada por Manara. Han sido necesarios seis años para culminar esta obra excesiva y brutal.


Jodorowsky es conocido por brindar a sus dibujantes trabajos con los que pueden disfrutar y esa es la sensación que tenemos al revisar las planchas de Manara. No sólo porque se le permite regodearse en sus lugares comunes, jovencitas ligeras de ropa exhibiendo conductas lascivas.

También porque se le ve a gusto con esas viñetas panorámicas, vistas que pueblan la obra en las que remite inevitablemente al trabajo de tantos pintores clásicos. Esas imágenes de paisajes florentinos y romanos compiten en importancia con las numerosas escenas de violencia y matanzas, en un desparrame barroco sin precedentes, con referencias más al mundo de la pintura que al del comic.

Una de las grandes debilidades del dibujante es su gusto por la teatralidad. La gestualidad de sus personajes nunca es del todo convincente por exagerada. Aquí se suelta la melena y llena los álbumes de imágenes en las que sus héroes se agrupan en bellas composiciones, al margen de la veracidad de las expresiones. Las vistas, los gestos y el enfoque plástico general, unidos al tratamiento muy suelto del color, con unas acuarelas que llegan a adquirir bastante protagonismo, aportan un curioso aire “pictórico” al conjunto. Ralentizan la contemplación y las habituales deficiencias narrativas de Manara se difuminan. Es un tebeo que merece sin duda ser calificado como manierista, por lo forzado de las composiciones y la actitud de los personajes.


Viñeta de Los Bogia de Manara y Jodorowsky. Edita NormaSi el dibujante nos sorprende por presentarse si no corregido al menos sí aumentado, el guionista nos decepciona al ofrecernos la parte más barata de sí mismo. 

El chileno se dio a conocer con el llamado movimiento pánico. Montó el belén con algunas películas y obras de teatro muy provocadoras, en las que se suponía que nada humano quedaba excluido.  Lo de pánico no venía por el miedo que daban sino por el concepto de totalidad. En sus tebeos demostró que más allá de su probada capacidad para “epater le bourgeois” podía crear personajes entrañables, héroes menores que desde su debilidad eran capaces de derribar imperios. 

Uno de los temas recurrentes en su obra es la lucha edípica, el padre como metáfora de un poder al que debemos enfrentarnos para construir nuestro yo. Su escritura está llena de contradicciones, de personajes que pueden ser tan tiernos como brutales, tan cariñosos como salvajes y esa es su gran riqueza, por eso le admiramos.

Pero aquí parece que se conforma con el exceso. Su retrato de los Borgia resulta gris por la falta de matices. No dudo que los componentes de esta célebre familia fueran una pandilla de hijos de puta sin escrúpulos. Y seguro que Jodorowsky se lo ha pasado pipa poniendo a sus Papas a fornicar y mostrando las debilidades mundanas de la iglesia católica. No nos ahorra ninguna trasgresión,  del incesto a la sodomía pasando por mil formas de violencia. Pero al final de todo ese recorrido brutal es poco lo que capta nuestra atención, más allá del primer impacto superficial. No hay otros personajes que contrapesen esas maldades, falta contraste y una posición clara ante lo narrado. 


Es como la obra de un sádico, en el sentido más literal: una enumeración de burradas. Y a mi estas cosas, como ya me pasó con el “divino marqués”, me aburren espantosamente.
Leer más...