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viernes, 11 de junio de 2021

SAGAS DE COMIC ACTUALES

SERIES EN MARCHA
Algunos de los mejores comics que se publican aparecen dentro de sagas que pueden prolongarse durante años o décadas. Conviene recordar algunos de ellos, en concreto estas 5 o 6 para que no los dejen pasar.


Ragnarok de Simonson
Walter Simonson
Ragnarok 3. La destrucción de Helheim
Panini Comics, 2021. 
160 páginas, 19 euros

Simonson vuelve con su nueva versión de Thor, muy alejada de la que creó hace años para Marvel. Se alcanza el cuarto volumen de “Ragnarok” con una épica aventura en la que viajamos con el dios del trueno a un peculiar infierno donde se encontrará con un valiente grupo de guerreros transformados en lobos. 

El trágico héroe ha vuelto de una muerte que no era del todo definitiva y se hace acompañar de una irónica ardilla. Y muchas cosas más. Imprescindible.


Centaurus de Leo Janjetov comic
Leo-Rodolphe-Janjetov
Centaurus 4. Tierra de angustia
ECC. Barcelona, 2021.
48 páginas, 10,95 euros.

“Centaurus” llega al cuarto volumen de una serie a la que solo puede ponérsele una pega: que no la dibuja Leo. Solo la escribe, junto con su cómplice Rodolphe. Janjetov nos mete inmediatamente en materia y consigue recrear las atmósferas de las otras sagas del genial creador brasileño, como la recientemente reeditada “Aldebarán” o su secuela “Betelgeuse”. 

Aventuras cósmicas a gran escala, fauna y flora muy terroríficas y un constante flujo de sorpresas. No se lo pierdan.

Usagi Yojimbo de Sakai comic samurai
Stan Sakai
Los Ocultos
Planeta cómic, 2021
200 páginas, 12.30 euros.

Poco más puedo añadir a todo lo que ya he escrito sobre Usagi Yojimbo. En “Los ocultos” retoma un asunto que ya había aparecido en una aventura anterior y aquí lo desarrolla hasta ocupar todo el volumen. 

Con un tono detectivesco, los protagonistas buscan la primera versión de La Biblia en japonés. Emotiva y estremecedora y con un final de altura. Sakai no afloja y escribe un relato entretenido y enternecedor a partes iguales.


Ken Parker de Berardi Milazzo comic Western
Berardi y Milazzo
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viernes, 20 de octubre de 2017

RAGNARÖK de WALT SIMONSON

Ragnarök - el señor de los muertos de Walter Simonson, edita Panini -Thor comic
PaniniComics. Barcelona, 2017.
160 páginas, 18 euros.

DE LA NADA, ALGO

Walter Simonson consiguió un lugar en todas las historias del comic tras su paso por Thor. Renovó la clásica serie de Marvel y demostró que los límites del lenguaje podían ampliarse con soluciones nuevas, originales y, sobre todo, ajustadas al tono épico de unos relatos salpicados de humor y drama.


En los últimos años, además de constantes reediciones de su héroe nórdico, se han ido publicando aleatoriamente algunas muestras de su trabajo. Su Orión nos llegó en un formato ridículamente pequeño; Elric era un poco más grande pero no lo suficiente, etc.

Ahora le ha tocado el turno a una de sus últimas obras, ese Ragnarök que a priori parece una revisión de su obra más popular. Es bastante habitual que autores que consiguen un gran éxito se pasen el resto de su carrera volviendo una y otra vez a ese triunfo inicial, sin dar de nuevo con las claves que propiciaron aquel primer bombazo.

Debo confesar que esa fue mi sensación con el primer volumen de esta nueva serie. El dibujante repitiendo formalismos que ya conocíamos, sus viñetas-página y sus viñetitas fragmentadas, todas ellas salpimentadas con sus particulares onomatopeyas. Nada nuevo bajo el sol. A ello se sumaba una pretensión algo ridícula: para que su dios vikingo no pareciera el de siempre lo convertía en un muerto viviente que deambulaba de una página a la siguiente mostrando su ausente mandíbula inferior. Pero no engañaba a nadie. Seguía siendo Thor, reconocíamos su pelazo y casi todos sus gestos. ¿A qué jugaba Simonson? Pero con el volumen dos todo cambia. Tanto que he vuelto a releer el primero para constatar cuan equivocado estaba. Nunca se fíen de un crítico, vayan a los hechos.

Ragnarök - el señor de los muertos de Walter Simonson, edita Panini -Thor
El autor vuelve a demostrarnos que es uno de los grandes. Y sí, su Ragnarök no deja de ser una relectura de su Thor para Marvel. Pero también es mucho más, empezando por la premisa de partida. Como sabemos, toda la mitología escandinava está presidida por la amenaza del gran apocalipsis final, ese Ragnarok en el que todos los dioses perecerán.

Lleva esa idea al extremo y nos narra la vida en un mundo tras el fin de todo. Todo es marrón y gris plomo, sin vida. Y eso es lo que predomina y manda: los no-muertos, los demonios, las cenizas de los dioses que fueron. En ese desolador paisaje se alza el dios de piedra, alimentado con manzanas secas por una ardilla enviada por Odín. Como podrán suponer ese dios que no es otro que Thor se alza pronto del trono en el que está encadenado. A partir de ahí todo es rocanroll.

Con insultante facilidad Simonson nos habla de familias de elfos, crea villanos dispuestos a matar a sus propias hijas, trolls negros de buen corazón, cabras mágicas, muchos zombies descerebrados, enanos ingeniosos, legiones de ardientes diablos y, por supuesto, recupera a algunos de sus viejos comparsas, de la serpiente que ya había destrozado la cara de Thor en su etapa en Marvel, a Surtur, el más poderoso de todos los demonios de fuego. En gran medida consigue insuflar vida a sus personajes gracias a la palabra.

Y no es que sus grafismos carezcan de fuerza, sigue siendo uno de los tipos más avanzados respecto al lenguaje del comic, cada una de sus páginas es una lección de cómo narrar. Pero es que además escribe muy bien, sus diálogos son siempre buenos, ingeniosos. Evita uno de los mayores peligros cuando se abordan tramas épicas, desmesuradas, como esta: nunca es pretencioso ni solemne. Cada declaración demasiado grave se compensa con una broma, con ironía. No se trata de hacer el payaso.

El fin del mundo es cosa seria y aquí se trata de cómo los vivos vuelven a ponerse al mando derrotando a las fuerzas del mal, a los que no saben querer ni se preocupan por sus semejantes. Pero no por eso vamos a ponernos pedantes. Así que cada tragedia (y abundan) se compensa con una ligereza, cada muerte con una celebración y un paso hacia adelante. Todo tiene un precio, especialmente lo que importa.

No se dejen asustar por el aparentemente desmañado dibujo. Porque lo que consigue con tan humildes componentes es muy grande. Vuelve el héroe, que está casi muerto y nunca fue muy inteligente. Pero alguien tenía que hacer el trabajo. ¡Bienvenido sea!

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viernes, 3 de enero de 2014

PARA REYES, ¡TEBEOS!

A pocos días de nuestra tradicional fiesta de Reyes siempre queda algún regalo por resolver. Los tebeos son una opción conveniente, más en un año caracterizado por la recuperación de clásicos incontestables.


El arte de Caran D'ache, editado por El Nadir
Empecemos por El arte de Caran d’Ache, publicado por El Nadir. Un tomito delicioso que nos permite admirar el trabajo del gran maestro francés, incluyendo varias láminas a color realmente espléndidas. No sólo sorprende la modulación de su línea y la elegancia de su estilo, también su humor, con ocurrencias tan refinadas como la de la vaca mirando pasar un tren. Es prehistoria, pero todavía nos conmueve y divierte.


Little Sammy Sneeze de Winsor Mc Cay, editado por Los tebeos de Cordelia
Los Tebeos de Cordelia recuperan el personaje eternamente constipado de Mc Cay, el gran padre fundador del cómic y la animación. Si disfrutaron con su Little Nemo sin duda amarán a este Little Sammy Sneeze, que nos llega ahora en una cuidada edición a color. Imprescindible, sorprendente y de una modernidad apabullante.



Felix el Gato, edita Kraken
Otro bonito volumen es el que agrupa las aventuras de Felix el gato. La edición americana original corre a cargo de Craig Yoe, un apasionado del medio cuyas entregas suelen ser siempre interesantes. Aquí lo publica Kraken y es más bien recomendable para un público infantil, aunque cualquiera puede disfrutar con las redondeadas formas de su dibujo.

Avanzando en el tiempo llegamos a Simon y Kirby de quienes se han editado dos recopilatorios agrupando algunas de sus primeras obras. Primero nos llegó la dedicada a sus historietas policiacas y ahora otro volumen con episodios de ciencia-ficción.

Science Fiction de Simon & Kirby, edita Diábolo
La iniciativa corre a cargo de Diábolo, que ya se había hecho cargo de los tomos de Ditko. Cuidada edición para un material que interesará más a los estudiosos e historiadores del medio que a los aficionados. Como lector prefiero sin dudarlo el material que Panini va recopilando en sus impresionantes tomos Marvel Gold. ¿Ya tienen el último? No se lo pierdan. Además, los colores respetan la crudeza de la edición original, sin aberraciones como la cometida recientemente con el Thor del pobre Simonson. Uno de los mejores tebeos de la historia arrastrado por el fango digital. ¡Qué horror!

Panini se encarga también de devolvernos a un clásico del tebeo español que se mantiene increíblemente fresco. Me refiero al Dani Futuro de Carlos Giménez y Víctor Mora.
Dani Futuro, de Giménez y Víctor Mora, editado por Panini Comics
Se agrupa toda la serie en un único y elegante volumen y volvemos a disfrutar con el Giménez más dibujante. Aunque luego se reveló como un autor completo, que impactaba por la seriedad y profundidad de sus temas, este divertimento de ciencia-ficción permanece como un trabajo bien hecho, perfectamente dibujado y mejor narrado. Reviso sus páginas y todavía siento el impacto de la primera lectura, con los rabiosos colores con los que apareció en Gaceta Junior, sus guiones bienintencionados y políticamente correctos y la calidad del dibujo más realista del que era capaz Giménez. Imprescindible.

Dejo para el final otra recuperación europea, el Integral de Bruno Brazil, con guión de Greg y dibujos de Vance. Ya saben que no soy un fan del dibujante de XIII, que aquí resulta tan envarado como de costumbre y además nos recuerda constantemente al encargado de llevar a James Bond al comic, el peculiar e impresionante Yaroslav Horak.
Bruno Brazil de Greg y Vance, edita Ponent Mon
No es casual, se había hecho cargo del personaje en 1966 y Brazil aparece dos años después. Teniendo en cuenta que este último tiene una reconocida deuda con el popular espía británica, es lógico que Vance estudiara a su “rival”. El problema es que Horak es mucho más dinámico y versátil y lo único que Vance consigue al imitarlo es que notemos más sus debilidades. Con todo, Brazil sigue siendo un tebeo de lectura fácil ya que al menos el artista es preciso con los fondos y el guionista es Greg, uno de los grandes creadores europeos: editor, dibujante y guionista, un auténtico genio con un peculiar sentido del humor y que raramente decepciona. Si a todo ello suman que este integral viene acompañado de unas precisas y amenas introducciones con mucha información para contextualizar la época en que apareció la obra, coincidirán conmigo en que es una compra muy recomendable. Edita Ponent Mon.
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viernes, 28 de septiembre de 2012

ALIEN. LA HISTORIA ILUSTRADA de Goodwin y Simonson

Alien, la historia ilustrada de Goodwin y Simonson. Edita Diábolo
Diábolo Ediciones, 2012.
66 páginas, 15,5 euros.

DEL CINE AL COMIC

Coincidiendo con el estreno de la última película de Ridley Scott, vuelve la adaptación al cómic del primer Alien, en esta ocasión respetando el color original. La relación entre cine y comic es tan vieja como ambos medios. Aunque en los últimos años nos suenan más los proyectos cinematográficos que se inspiran en personajes de comic, siempre han abundado los préstamos de un lenguaje al otro. La Guerra de las galaxias generó larguísimas series de tebeos, además de las adaptaciones de los filmes originales, algunas firmadas por gente con tanto talento como Al Williamson. El mismo autor puso su trazo al servicio de la tira de prensa de Star Wars durante años. Dark Horse, la editorial encargada de estas franquicias, basó su primer desarrollo en esa relación con el mundo del cine, facturando relatos protagonizados por personajes tan conocidos como James Bond, Predator, Terminator o Alien.

Pero este fenómeno no se inició en los ochenta. Muy recordadas son también las adaptaciones de la Dell, en las que participaron autores tan grandes como John Buscema, Alex Toth o Gil Kane. Muchas de esas traducciones apenas tenían que ver con el original, pero a nadie le importaba. De hecho, los actores más populares como John Wayne, llegaron a tener su propia colección de comics. Era lógico suponer que lo que funcionaba y era comercial en un medio funcionara en otro, aunque no siempre fue así.

Respecto a este Alien que ahora se reedita, debe subrayarse la calidad de sus creadores. Archie Goodwin, encargado del guión, es uno de los escritores más brillantes del comic americano y son incontables los ejemplos que prueban su talento. En cuanto a Walter Simonson, el dibujante, es uno de los artistas más potentes de los últimos cincuenta años. Curiosamente su habilidad con el dibujo es aparentemente limitada y sus figuras, por ejemplo, pueden resultar torpes, con tendencia al estatismo. Pero domina el ritmo y la puesta en escena, es uno de los grandes renovadores de la arquitectura visual de las planchas desde los ochenta y algunas de sus obras, sobre todo Thor pero también otras como Elric, son clásicos absolutos. En ellas se hacía además cargo del guión, demostrando su humor y también su capacidad para el drama épico.

Alien, la historia ilustrada de Goodwin y Simonson. Edita Diábolo

De Alien nos quedamos con su Ripley, esa Sigourney Weaver que luego emplearía en Thor, aplicando los rasgos de la actriz al personaje de Sif, la eterna novia del héroe. Lo novedoso en esta reedición es la recuperación del color original, escamoteado en la anterior edición en español a cargo de Bruguera. Recuerdo al dibujante revisando el volumen durante su estancia en Oviedo, adonde había sido invitado por el Salón del Comic. Hacia el final, la explosión de la nave ocupa toda una página. En la versión de Bruguera la cosa se resumía en tres aros de colores primarios y casi planos. Walt no daba crédito a sus ojos. “¡Pero si yo estuve una semana dándole al aerógrafo para fabricar esta explosión, peleándome con los degradados!”. Lo cierto es que ahora que por fin podemos asomarnos a la versión original, creo que puede decirse que no es para tanto. La explosión es quizás algo más detallada pero no deja de ser una más de las innumerables horteradas de horrendos colores que se fabricaron con el aerógrafo, diabólico cacharro que gracias a Dios ha pasado a mejor vida. Pero todo el color está construido con procedimientos que eran habituales a finales de los setenta, predominando las acuarelas y cierta sensación de suciedad y oscuridad general. En fin, que está bien: el color directo sigue resultando mucho más agradable que ciertas paletas digitales, pero, para entendernos, Simonson no es Corben con el color.
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