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sábado, 20 de octubre de 2018

LOS CUADERNOS DE ESTHER DE SATTOUF

Los cuadernos de Esther de Riad Sattouf, historias de mis 12 años, edita Roca Editorial
Roca Editorial, 2018.
56 páginas, 15,90 euros

TENGO DOCE AÑOS
Descubrimos a Riad Sattouf en “El árabe del futuro”, donde narraba su infancia en exóticos países árabes. Su nueva saga se desarrolla en espacios más cercanos pero los niños continúan siendo los protagonistas.



“Los cuadernos de Esther” alcanzan el tercer volumen, igualando a su serie autobiográfica. El autor deja de contar sus propias vivencias para centrarse en describir las de una niña actual y real, la hija de unos amigos.

Esther le explica sus aventuras cotidianas y Sattouf las traslada al papel. Debo confesar que tras la lectura del primer volumen de “El árabe del futuro” no me había animado a adquirir los siguientes. Estoy un poco harto de tanto relato autobiográfico y de historias supuestamente interesantes donde al final el peso del documento aplasta todo interés dramático. No niego que la obra nos permitía echar un vistazo a países que normalmente se nos presentan muy mediatizadas y que la lectura era fresca y en más de un aspecto intachable. Derrochaba virtudes pero ya saben que a veces la perfección es aburrida. Así que me resistí a comprarme estas nuevas historietas, a pesar de ciertas señales que indicaban que aquello podía ser diferente. Empezando por el dibujo y el empleo de una gama reducida de color, que da a la obra un aspecto un poco retro muy atractivo. Me ahorré el tomo dedicado a los diez años, el de los once y finalmente arranqué con el de los doce. Y me he llevado una agradable sorpresa.

Creo que el trabajo que está desarrollando mejora mucho lo que habíamos visto en su obra autobiográfica. El dibujo mantiene esa frescura que le caracterizaba y es irreprochable, en el ámbito de la narrativa quizás hay un peso excesivo de los textos, pero nada exagerado, se lee sin problemas y todo fluye con precisión. El gran avance tiene que ver sobre todo con el alejamiento del autor de su propia realidad. Al verse obligado a contar no su vida sino la de otro, esa niña y sus andanzas en el hogar y en un instituto de París, Sattouf construye un personaje no mediatizado por su ideología, o al menos no del todo. Y por eso resulta más cercano y realista.

Los cuadernos de Esther de Riad Sattouf, historias de mis 12 años, edita Roca Editorial  comic
En alguna entrevista le hemos escuchado quejarse de ciertos tics consumistas de su joven protagonista o de cómo las instituciones de enseñanza son “máquinas de producción de género”. Efectivamente todo eso aparece en las historietas de Esther. Su obsesión por los I-Phone de moda, las luchas de poder y de popularidad en el patio del instituto, los comentarios racistas, las niñas en universos estrictamente separados de los de los niños…

Aplaudo la capacidad del autor para presentarnos toda esa realidad casi sin filtrar. Porque nos reconocemos en ella, coincide con lo que nos dicta nuestra experiencia, las cosas son así. Esa competitividad, esa fascinación por la imagen, ese triunfo de lo superficial, todo lo que desespera a nuestros queridos pedagogos se ve reflejado en la serie y es esa verdad la que la hace grande.

Creo que me compraré el siguiente tomo. Y que constituye una lectura muy adecuada para padres y también para sus hijos pre-adolescentes. Todos podemos aprender algo con esto. No se pierdan el comentario sobre quién manda de veras en casa de Trump.




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viernes, 24 de junio de 2016

THE NEW DEAL de CASE

The New Deal de Jonathan Case Roca Editorial comic hotel
Roca Editorial de libros, 2016.
108 páginas, 19,90 euros.

PUTTIN' ON THE RITZ!


La acción de este ligero divertimento transcurre en el Waldorf Astoria. Pero es indudable que la música de Berlin constituye el mejor acompañamiento posible para la obra.


Jonathan Case, el joven autor a cargo de guión y dibujo, no había captado mi atención aunque ya había sido traducido con anterioridad. En la contraportada se le compara con Caniff o Toth y es cierto que las referencias a modelos clásicos abundan en su grafismo. Pero a mí me recuerda más a otro talento emergente, Cliff Chiang. Comparte con él el gusto por unas figuras muy expresivas, de plasticidad cercana a las de Steve Rude o Jaime Hernández pero al tiempo señalando su propio territorio, con un blanco y negro muy decidido y una puesta en escena tan brillante como clara. Case es sin duda un tipo a tener en cuenta y creo que recuperaré alguno de sus trabajos anteriores.

Lo que nos brinda aquí es una recreación de unos años treinta trepidantes, con referencias al New Deal y al programa de ayudas artísticas de Roosevelt, con la presencia de Welles incluida. Pero eso no son más que pinceladas de fondo para una historia construida sobre dos improbables héroes. Ella una camarera y él un botones; ella negra, dicharachera, atractiva y con actitudes teatrales; él, simpático pero atolondrado, con deudas de juego, enamoradizo y simplón. El gran hotel en el que trabajan es la excusa perfecta para introducir un abultado grupo de personajes sofisticados: el explorador que transporta una caja fuerte consigo, una aventurera con la lengua muy larga y de excéntrica conducta, el dueño del hotel, una anciana a la que le roban una joya… Interactúan entre ellos y sus problemas alcanzan a los dos protagonistas, que se ven envueltos en conflictos que no llegan a comprender del todo, pero a lo largo de su personal aventura tendrán ocasión de espabilarse y mejorar. O intentarlo.

The New Deal de Jonathan Case Roca Editorial comic hotel
Aunque el argumento suena a ya visto en películas y relatos anteriores, resulta sin embargo fresco y trepidante. Case sabe cómo dosificar sus ingredientes y jugar con las expectativas del lector, mientras se dirige hacia el inesperado final. Es una comedia de puertas blancas pero se introducen ciertas referencias al racismo, la desigualdad entre clases y otros problemas sociales. Sin perder nunca el objetivo de ofrecer al lector un buen entretenimiento, inteligente, bien contado y con una deliciosa falta de pretensiones. El autor tiende a estirar en exceso los brazos de sus figuras, pero es uno de los pocos errores que podría señalar. Maneja muy bien sus manchas negras y emplea con elegancia la segunda tinta azul.

Además, su estructura de página es variada y sorprendente. En un momento en que todo el mundo parece repetir las mismas soluciones una y otra vez, se agradece la presencia de autores como éste, dispuestos a respetar la inteligencia de los lectores, y con una puesta en escena novedosa y atractiva. Y sencilla, algo para nada desdeñable en tiempos de tanta estridencia digital. Un trabajo lleno de interés y despojado de detalles innecesarios, tanto en el terreno gráfico como en el argumental.
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viernes, 3 de junio de 2016

INTRUSOS de TOMINE, REALISMO

Intrusos de Adrian Tomine
Roca Editorial. Barcelona, 2016.
122 páginas, 21,90 euros.

SIN SER VISTOS

Cuando empezó Adrian Tomine era algo así como el mejor representante del realismo “frío”: piezas breves sobre personajes sin importancia que vivían tragedias menores. Con el tiempo ha refinado mucho su arte.


También ha diversificado sus intereses, ampliando su paleta gráfica y los matices de sus narraciones, que no evitan el humor y hasta la ternura. Superada aquella primera etapa de sarcasmo, cinismo y esa ironía cruel que caracteriza a tantos autores que se esfuerzan por parecer modernos, Tomine ha alcanzado una auténtica madurez creativa.

En este recopilatorio hay pasajes algo indigestos, pero también encontramos indiscutibles obras maestras. Como la que lo abre, esa tronchante historia del arte de la “hortiescultura”. Adopta una encantadora clave gráfica que remite a los mejores tiempos de los comics en prensa, con sus tiras diarias y sus Sundays. No por casualidad el dibujo recuerda al gran Roy Crane. Y el capítulo está a la altura, con ese palurdo protagonista que cree que ha dado con su verdadera vocación como artista. Todo el episodio es un divertido elogio de la incomprensión. Nadie acepta la obra de ese creador que se enfrenta al recelo de sus familiares y vecinos mientras defiende su visión. Especialmente geniales los diálogos con los suegros afroamericanos y el momento nocturno de lucidez final.

El segundo relato también es conmovedor, las andanzas de una estudiante a la que confunden con una estrella porno y cómo eso cambia su vida. Cuando en la escena final se encuentra con su “doble” todo resulta natural y auténtico.

“Vamos, Búhos” es en mi opinión la mejor pieza del volumen. Como en la cercana Paciencia de Dan Clowes se aborda el asunto de la violencia doméstica pero ese no es el tema central del relato, tan sólo un matiz más a añadir a una profunda descripción de dos perdedores que se unen, se ayudan, se ríen juntos y sí, a veces también se pegan. Los personajes son patéticos y emotivos a partes iguales. Un trabajo riguroso y emocionante, lleno de matices, una obra mayor sobre la soledad, el amor y sus accidentes.

Intrusos de Adrian Tomine
Por último destacaría “Triunfo y tragedia”, la historia de una adolescente medio autista que aspira a triunfar como monologuista. Sin subrayar nada Tomine muestra a su madre con el pelo corto en las primeras secuencias, después con un pañuelo en la cabeza y luego simplemente desaparece. La madre hace (como todas las madres) de mediadora entre el padre y la hija que quiere ser artista. Lógicamente ella no está en absoluto dotada para el escenario y el drama consiste en cómo contárselo sin que se sienta ofendida. Obviamente, él tiene que cargar con tragedias bastante más graves que la posibilidad de molestar a su patética hija, así que lo lleva como puede. Tomine adopta una clave de dibujo minimalista y absolutamente despojada, centrándose de forma obsesiva en sus héroes. Con esa desnuda puesta en escena consigue secuencias tan tremendas como la del padre golpeándose la cabeza contra la pared.

En fin, un gran trabajo construido sobre bases sencillas, cotidianas y próximas, una mirada al lado más íntimo de unos personajes tan reales que asustan.
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viernes, 5 de diciembre de 2014

CHISTES ACTUALIDAD DE FONTDEVILA "EN EL LADO BUENO DE LA VALLA"

Manel Fontdevila, En el lado bueno de la valla, España en 100 viñetas, edita Rocaeditorial
Rocaeditorial, 2014.
106 páginas, 9,90 euros.

¿CRISIS?¿QUÉ CRISIS?

Un nuevo recopilatorio de Fontdevila que agrupa chistes sobre temas de actualidad como el paro, el rescate bancario, la corrupción, la justicia, los emigrantes…


Recientemente el autor presentaba una exposición en el marco del pasado Comic Nostrum en Palma. También participó en una charla donde explicó los motivos de su salida de El Jueves y cómo se estaba reinventando con la puesta en marcha de una nueva publicación digital.

Lo cierto es que la vida de muchos dibujantes de humor desde la transición ha sido más bien azarosa. No hace falta remontarse a los tiempos de la bomba en El Papus, basta con pensar en los sueldos de quienes no tienen la suerte de colaborar con periódicos nacionales. E incluso estos últimos ven cómo en ocasiones un nuevo director considera que su trabajo ya no está en la onda y son despedidos sin contemplaciones, como contaba Romeu en su autobiografía. El Jueves, que era la publicación más sólida, hace ya años que está lejos de las tiradas que alcanzó en sus mejores momentos, cuando se leía en los cuarteles y los colegios mayores y antes de la aparición de Internet y otras distracciones digitales. La crisis del papel ha golpeado a los humoristas gráficos que sobreviven como pueden en la red. Y, como buenos payasos, deben entretener y conectar con su público.

Manel Fontdevila, En el lado bueno de la valla, España en 100 viñetas, edita Rocaeditorial, chistes, actualidad, humor
En tiempos de apuros económicos es lógico y hasta deseable que alguien observe las desgracias ajenas y extraiga de ellas material para sus bromas. Reírse siempre es reírse de alguien, como recordaba Johnson en su libro sobre el humor. Por eso conectaba la decadencia del género con el triunfo de lo políticamente correcto. Años atrás no era raro escuchar chistes sobre pobres sudafricanos, sufridas esposas o avaros catalanes. Ahora todos ellos son víctimas y como tales intocables. Así que lo que nos queda es un terreno muy reducido y escasamente estimulante. Somos unas aburridas mejores personas. Ya he comentado con anterioridad que algunos autores como El Roto consiguen hacer humor a base de consignas pero en pocos casos más la ideología casa bien con las bromas. Ni con el talento. He oído a más de un dibujante repetir eso de que han vuelto al estereotipo del banquero con chistera porque, aunque suene a viejo, es muy actual. Y afirmar que los eslóganes revolucionarios son lo que necesitamos para resolver los problemas en que nos ha metido la crisis.

Fontdevila está en esa onda y pone toda su destreza gráfica, que no es poca, al servicio de la causa. Personalmente, aprecio mucho cuando construye verdaderos personajes a partir de los infames protagonistas de la actualidad. Sus caricaturas de los diversos políticos son excelentes y al aire agitanado que le da a Bárcenas es tronchante. La serie dedicada a la justicia es especialmente afortunada y el chiste del banquero con el juez frotándose contra su pierna cual perro en celo es una gran ocurrencia. Pero en general dibuja muchos gags en los que pesa más el discurso que su verdadera tarea: hacernos reír, entretenernos. Porque ese y no otro es su trabajo. Además, como nos recuerda una de sus páginas, parece muy consciente de que tanta indignación apenas se traduce en hechos. Un tipo muy cabreado propone “incendiar las redes sociales” y demostrar que ciertas ideas son intolerables. Su mujer le pregunta “¿demostrar a quién?” y él responde que “a ellos”. Ella opina que les va a dar lo mismo. Así que él cambia “a nosotros” y ella le replica “ya lo sabemos ¿no?”. A esto sigue una viñeta muda. En eso se ha convertido el humor: un intercambio de frases hechas, una liturgia que ni afecta a “los otros”, ni ayuda “a los nuestros”.

Al menos cuando Fontdevila se entrega a la crítica salvaje de la actualidad puede llegar a ser gracioso, peor es cuando se pone a dar lecciones sobre cómo superar la crisis, nos explica qué es y no es una democracia o predica las bondades de lo público. Si aún queda algún anarquista suelto, que repita conmigo: el estado no es la solución, ¡es el problema, idiotas!
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