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viernes, 7 de diciembre de 2018

REY CARBÓN de MAX

Rey Carbón de Max, Ediciones La Cúpula
Ediciones La Cúpula, 2018.
160 páginas, 16,90 euros


¡SOY MINERO!


Nueva entrega de Max, en la línea de sus últimas obras. En este caso la excusa para sus devaneos gráficos es un viejo cuento griego sobre el origen de la pintura.


Me llama la atención que haya coincidido en su título con el elegido por un creador que se encuentra en sus antípodas. Mark Schultz llevaba años publicando recopilatorios con sus pulidos dibujos en Flesk bajo el prosaico rótulo de “Dibujos varios”. Cuando llegó al quinto volumen decidió cambiar y optó por “Carbón”.

Lo explicaba recordando que era el elemento que formaba parte de muchas de sus herramientas, tinta, lápiz, carboncillo… Si es negro, seguramente llevará carbón.

Carbon Mark Schultz - Flesk
Además, es el componente clave de la vida sobre la tierra, lo que lo mantiene todo unido ¡Y además es un nombre muy chulo! El material que Schultz agrupa en “Carbon” no podría ser más lejano al que encontramos en el “Rey Carbón” de Max. El primero es clásico y realista, el segundo poético y despojado.

Uno nos transporta a los mundos de la aventura y los grandes relatos, el otro a un desierto helado donde reina el ascetismo y el dibujo se conforma con ser, sin necesidad de contar. Curiosamente ambos fabrican esos universos tan enfrentados con materiales similares: el grafito, la tinta y sus huellas sobre el papel.

El cuento que Max emplea en el centro de su obra ha sido comentado y citado por numerosos autores, es una de las fábulas más populares sobre el inicio del arte. En una publicación denominada Comercial de la pintura el brillante Ángel González (el poeta no, el otro) le dedicaba un artículo titulado “A propósito de algunos cuentos sobre pintura entre los antiguos” (1984). En él pasaba revista no solo a la versión de la que parte Max sino a cuentos similares y hasta a atribuciones diversas de la misma historia.

El rey carbón de Max, Ediciones La Cúpula - comic
Se consideraba que aquella despedida entre los amantes era el origen no del dibujo sino de la cerámica. Y que lo que había hecho ella era modelar a su amor en lugar de trazar su retrato sobre la pared. González también citaba una de las interpretaciones más famosas de un cuento similar, el de las tres líneas a cargo de Gombrich. Como saben esa historia se consideraba una alusión a la destreza, al virtuosismo, hasta que el historiador del arte lo relacionó con los secretos de los pintores para crear la ilusión de volumen. Tendríamos la sombra, la zona de luz y la tercera línea sería el brillo, la parte cegadora. Luego González pasaba a reflexionar sobre el concepto y el trazo, la línea y el diseño y todos esos matices que suelen manejarse en el mundo del dibujo. Concluía con un apunte sobre la luz y la sombra aplicado a la moralidad. La línea correcta separaría lo bueno de lo malo. Zip!

Hay algo de todo eso en el “Rey Carbón”. Vuelve a aparecer la urraca que ha acompañado los últimos trabajos del dibujante, una especie de yeti blanco y narigudo y otro personaje negro. La línea se estiliza hasta la perfección en los contornos y se duplica con insistencia en tramas muy regulares. Hacia el final ya nada queda del argumento.

El autor se deja ir y los rallados invaden las planchas sin intención narrativa alguna, tan solo dibujos hablando con dibujos. Hay una transformación en la que se nos recuerda la importante presencia del carbón en las modernas revoluciones industriales, pero al fin y al cabo todo son trazos en la pared, parece decir Max. Creo que tras muchos años transitando los mundos del cómic y la ilustración el autor ha decidido que lo que le gusta es acumular dibujos. Si luego esos conjuntos de imágenes fascinantes acaban construyendo una narración coherente bien. Y si no, también.



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viernes, 26 de junio de 2015

¡OH, DIABÓLICA FICCIÓN! de MAX

¡Oh diabólica ficción! de Max, edita La Cupula
La Cúpula. 2015.
116 páginas, 20 euros.

UNA URRACA Y UNA BOMBILLA


Historietas protagonizadas por una urraca que sirve como metáfora de la creación, la inspiración. 

Esta es la idea de la que partió Max, que dio origen a una serie para un periódico nacional. También apareció en otros medios y ahora se nos presenta agrupada en un atractivo tomo.


Los creadores que cargan con una trayectoria tan prolongada como empieza a ser la de Max, suelen enfrentarse a un horroroso reproche: “lo de antes me gustaba más”. En su caso, la sombra de su personaje Peter Punk lo persiguió durante años. Pero el autor expresó claramente su voluntad de reinventarse y, saltando del campo de la ilustración al comic y viceversa, ha ido firmando diversas obras en las que algunos aspectos de su grafismo se mantenían perfectamente reconocibles (aunque también su dibujo evolucionaba), pero los argumentos y los protagonistas venían y se iban.

Conocimos sueños prolongados, las ensoñaciones de Bardín y el ensimismamiento de Vapor, donde por cierto ya salía la urraca en un sentido homenaje a Velázquez. Yo no he aplaudido todas las iniciativas de Max pero sí admiro la serenidad y determinación con que desarrolla su carrera. Decidido a practicar un comic más sofisticado, más profundo sin por ello abandonar la calidad del dibujo ni perder de vista lo popular, él sigue con sus pruebas, caracterizadas por un grafismo amable y concentrado en disquisiciones filosóficas, a veces divertidas, otras agrias y siempre personales.

¡Oh diabólica ficción! de Max, edita La Cupula
Diría que esta su última entrega tiene una virtud, como es la brevedad. Obligado como estaba por las limitaciones de los formatos donde se publicaron estas entregas, las historias apenas superan las dos planchas. Son en muchos casos gags, ideas felices o recursos para salir del paso. Como el protagonista es una suerte de “muso” eso le da pie para constantes reflexiones sobre el acto mismo de la creación, sobre las ideas y su actualización, sobre los géneros y los temas. Y eso aporta un feliz extra al conjunto, casi vemos el cerebro del autor en acción, empleando todos los recursos posibles para dar con algún nuevo episodio. Hasta usa el viejo truco de los diversos estilos de dibujo, que completan las dos páginas y ya está. Claro que había que hacerlo con su estilo para que funcionara de verdad.

A estas alturas poco puedo añadir sobre el dibujo de Max. Es tan despojado como encantador y vital. Viene acompañado por sus colores más familiares, como esos azules apagados, sus grises y sus rojos anaranjados. Aunque creo que ha ganado algo de luminosidad respecto a anteriores entregas, o eso me parece. La estructura de página es muy variada y apenas se permite dos episodios con la misma base de viñetas, lo que resulta muy entretenido para el lector. Obviamente, en un compendio como este siempre hay episodios mejores y peores. Pero Max se asegura de introducir una buena dosis de poesía y sorpresa en su trabajo y muchas planchas son dignas de mención. No la primera, esa noche 1001 reproducida a un formato ilegible para topos como yo. Y encima con unos enormes márgenes que parecen decir “no lo ponemos más grande por fastidiar”.

En fin, el episodio de la bombilla es encantador. Los dos. Y el de las estrellas. Aquellos en que sale el sobrino también funcionan. El de la urraca mirando al mar es espectacular. Siento debilidad por el de la sombra y el fantasma. Y, por supuesto, el de las nubes. Hay para entretenerse un buen rato y sin duda es de lo mejor que ha publicado Max en años. En mi opinión.
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viernes, 24 de octubre de 2014

JORNADAS DE COMIC NOSTRUM 2014

Comic Nostrum 21-26 de octubre Palma de Mallorca 2014. arte ilustración masterclass

LEY DE VIDA


El pasado martes 21 de octubre se inauguraban oficialmente las jornadas Comic Nostrum 2014


Este fin de semana los aficionados podrán disfrutar en Palma de incontables actividades comiqueras.

Se mantiene el esquema del año pasado, que pareció satisfacer a todo el mundo. Por un lado algunos eventos más profesionales, incluyendo encuentros con editores a quienes presentar proyectos y master-class en las que aprender viendo trabajar a otros autores.

Por el otro, los clásicos de todo Salón del Cómic, como son exposiciones, charlas, sesiones de firmas y búsqueda de ese tebeo que aún no hemos conseguido encontrar.


Esta semana Oscar Vargas ha impartido un seminario sobre diseño de personajes, con lo que las jornadas mantienen esa puerta abierta hacia otros medios tan cercanos al comic, especialmente la animación y los videojuegos.
Además, ayer miércoles Tatúm, que firma el cartel de esta edición, presentaba la novela gráfica con la que ganó el pasado Premio Ciudad de Palma de Comic. Ya se han inaugurado varias exposiciones: Mar de Fons, que puede verse en la Misericordia, y las de Seele y Muñoz en el Baluard.

Ayer a las ocho de la tarde se abría en Ses Voltes las dedicadas a Prado y a Fontdevila. La gran novedad de este año es que, aunque se mantiene activa la colaboración con el Ayuntamiento, las actividades se concentran de forma casi exclusiva en el Baluard. Así que si no sabe qué hacer con los niños este fin de semana le sugiero que se acerque por allí porque se anuncian diferentes acciones que pueden entretener a los más pequeños.

Exposición José Muñoz en Es Baluard Palma de Mallorca 2014
En cuanto a los invitados, se cuenta con una estrellona, José Muñoz, el talentoso dibujante argentino que confesó haber creado a su personaje más popular (con el guionista Sampayo) durante unas vacaciones ¡en Palma!
Ahora vuelve al lugar del parto de Alack Sinner.

Le acompañan un casi desconocido por aquí, Herr Seele, de quien se acaba de publicar un enorme tocho con su personaje Cowboy Henk; Miguelanxo Prado, director del Salón de La Coruña y dibujante de prestigio, Manel Fontdevila, humorista con muchas cosas que explicar tras su polémica salida del Jueves y Oscar Vargas. Prado estará el sábado en una mesa con Max y Seguí y como todos ellos han conseguido el Nacional de Cómic, la han titulado con justicia e ingenio Los tres tenores. A todos ellos hay que añadir la abundante nómina de talentos locales y algún amigo más como El Tomi, que fue invitado el año pasado y éste ha querido repetir como turista.

Mención aparte para dos actividades curiosas. Por un lado el miniconcierto que tuvo lugar anteayer, una actuación del grupo Cap de Turc acompañados por Max “al dibujo”, todos en directo. Una buena muestra de que la suma de medios genera productos siempre interesantes.

Por el otro una intervención de varios artistas locales en el Baluard. Estas acciones, que movilizan al público y son beneficiosas para todos, no deberían de mantenerse en el apartado de “por-la-cara”, pero así están las cosas. En todo caso, con unos cuantos dibujos en la pared los comiqueros han conseguido animar un entorno museístico normalmente más soso, lo cual es todo un logro y una buena idea que sin duda otros imitarán. Y siguen creciendo.

Desaparece el Salón Internacional del Cómic del Principado de Asturias
Mientras Salones como el de Palma reverdecen gracias al esfuerzo de los propios profesionales del medio, impelidos por la crisis a reinventarse y excitar el interés público hacia su actividad, otros desaparecen. Hace años que colaboro con el Salón de Gijón, dirigido por Faustino Rodríguez Arbesú. Recientemente anunciaba su finalización y algunos se han apurado a clamar contra los recortes, al tiempo que reconocían el prestigio del ahora desaparecido Salón. Conociendo a Faustino, yo no me apresuraría a enterrarlo.

Como testigo de primera mano, permítanme algunas anotaciones. Para empezar, recordar que nuestra selección de premios e invitados siempre se mantuvo al margen de editores, críticos, estudiosos y camarillas varias.

Pagamos esa independencia muy cara ya que mermaba el supuesto prestigio del grupito que organiza el resto de salones españoles. Ellos defendían sus criterios y pensamos que nosotros teníamos todo el derecho del mundo a mantener los nuestros. Nos equivocamos. Así que algunos de los hipócritas que ahora se apenan por la defunción del Salón son los mismos que antes nos insultaban en todo medio local o nacional dispuesto a reproducir sus diatribas. Además, nunca creímos que el público tuviera derecho a todo ni que las dedicatorias y los dibujitos fueran un aspecto importante, así que nos granjeamos la animadversión de no pocos “aficionados”. No fuimos, precisamente, los reyes de las redes sociales.

Premios Haxtur - Salón del cómic del Principado de Asturias
En resumen: el Salón de Gijón desaparece esencialmente por no estar vinculado a ningún partido, ni practicar el populismo barato, ni tener padrinos, ni leches. Éramos el enemigo del pueblo y al mismo tiempo no comulgábamos con los gustos de la élite. Fuimos demasiado libres y demasiado arrogantes. Si a estas alturas todavía alguien se cree que ha habido una competencia justa entre el Salón de Gijón frente a otros eventos asturianos o españoles, le sugiero que compare gastos y apoyos políticos antes de juzgar. Me gustaría ver lo que otros hubieran hecho con las ridículas cantidades, cada año más reducidas, con las que Faustino sacaba adelante el evento. Simplemente: si no eres amigo de mis amigos no cobras, no existes y eso es todo. Por ahora.
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viernes, 23 de mayo de 2014

100 PICTOGRAMAS PARA UN SIGLO (XX) de PERE JOAN

100 pictogramas para un siglo (XX) de Pere Joan, edita Edicions de Ponent
Edicions de Ponent, 2014
128 páginas, 22,80 euros

TEBEOS PARA DISEÑADORES 


Pere Joan resume el pasado siglo con un peculiar híbrido entre comic e infografía que interesará especialmente a los amantes del diseño gráfico.


No es la primera vez que transita territorios como estos. Ya en Azul y Ceniza encontrábamos series de pictogramas agrupados como jeroglíficos y transmitiendo ideas, de manera menos explícita que en esta ocasión. Recientemente saltaba a prensa el proyecto que desarrolla con Max y otros dibujantes, nuevos emoticones y símbolos varios, pensados para reemplazar a los que habitualmente encontramos en móviles y otras plataformas digitales.

La relación entre el cómic y otros medios gráficos es constante aunque no siempre resulta evidente. En el año 2000, cuando Chaykin acudió como invitado al Salón de Gijón, explicó que estaba estudiando el trabajo de Richard Saul Wurman, un arquitecto conocido por sus reflexiones sobre la información visual y los signos gráficos. El dibujante americano manifestó su intención de emplear los diagramas y mapas de Wurman en su propia narrativa. Al año siguiente Posy Simmonds nos deslumbraba con sus combinaciones de imágenes y textos en Gemma Bovery. Su marido Richard Hollis, autor de una popular historia del Diseño Gráfico, se encargaba de traducir digitalmente las tipografías que ella rotulaba a mano. De forma natural el desarrollo de los medios informáticos ha ido aproximando las labores de diseñadores y dibujantes de comics. Ambos cuentan historias y lo hacen con una combinación de signos, tanto verbales como visuales. La explosión de fórmulas diversas en el campo de la infografía en los últimos años, debido a la mejora constante de los programas digitales, consigue que no pocos dibujantes de historietas miren de reojo a esos otros contadores de historias y sus nuevos trucos.

Obviamente, sabemos que cuando hablamos de pictogramas no nos referimos a nada que hayan traído los móviles o los iPads. Otto Neurath, un sociólogo a quien se considera padre de nuestros sistemas de símbolos, enunció el credo de estos modernos alfabetos ya en los años veinte del pasado siglo. Formó un equipo con el que diseñó unos dibujos a los que denominó Isotipos y que constituyen la base de todo lo que vino después. Monigotes, siluetas sin apenas detalle y que buscan transmitir la información de forma clara y universal. Desde entonces hemos asistido a constantes rediseños, algunos más afortunados que otros, en ciertos casos muy atentos al público y en otros tan sólo a la moda, a la corriente gráfica dominante en cada momento.

Viñetas de 100 pictogramas para un siglo (XX) de Pere Joan, edita Edicions de Ponent
Pere participa de una cierta tendencia (cuyo modelo supremo es Chris Ware), que explora la relación entre las formas más sencillas del dibujo y su capacidad para transmitir información. Y lo hace abandonando la ficción y adentrándose en las áridas tierras de la especulación filosófica. Algo que también parece gustarle a su compañero Max, al menos en sus últimas entregas. La voluntad de Pere Joan es casi divulgativa: hacer una lista, un resumen, de las ideas-fuerza del siglo XX. La selección es personal e ingeniosa y evita la concreción de los hechos históricos. Si se cita la llegada a la Luna es en el contexto de una reflexión más general sobre la mirada hacia el interior y el exterior. El balance de este experimento es curioso. Yo no lo recomendaría a los lectores habituales de comic, tampoco a quien busque una reflexión “dura” sobre los grandes conceptos de la filosofía o la ciencia. Todo es ligero y débil, se nos habla de turistas y héroes, de música autista y marcas comerciales. Conceptualmente carga con las características que exigimos a todo buen pictograma: inmediatez y universalidad, así que resulta ingenioso y entretenido, pero no profundo. Todo estudiante o profesional del diseño disfrutará con esta propuesta. Porque Pere demuestra que todavía cabe mucha innovación en un campo que tiende a la estabilidad y la repetición de fórmulas. Él aborda casi cualquier tema y lo hace inventando nuevos pictos y en más de un caso inyectándoles un aire sorprendentemente poético, inesperado en un territorio gráfico a priori tan frío como éste. Sus traducciones visuales suponen un ejercicio intelectual de lo más refrescante.
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viernes, 18 de enero de 2013

LA COVA DES MUSSOL de PAU, MAX y M. FERRÉ

La cova des mussol de Pau, Max y M Ferré. Edita el Consell de Menorca.
Consell Insular de Menorca, 2012.
36 páginas.

 FONDOS Y FIGURAS


Max y Pau vuelven a unir sus fuerzas para brindarnos una nueva aventura prehistórica, en este caso ambientada en la isla de Menorca.


Es de agradecer que algunas instituciones todavía confíen en la fuerza pedagógica del cómic y desarrollen proyectos como éste. También que sus autores consigan trascender la obligada exposición de datos, construyendo personajes creíbles y una aventura que se sigue con agrado. En principio parece dirigida a un público infantil, pero sólo si nos atenemos a una premisa que Pau se ha encargado de repetir en diferentes entrevistas.

Cuando él era un niño le molestaba que los autores de cómic lo trataran como a tal, contándole historias que eran más para tontos que para críos. Así que cuando ha llegado su turno de dirigirse a los más chicos procura no cometer tal error abordando su relato con seriedad y rigor, sin perder por ello el humor que siempre le caracteriza.

Pau y su maestro Max, sin olvidar la base literaria que aporta Marc Ferré, nos ofrecen un álbum en la mejor tradición franco-belga donde se mezclan satisfactoriamente los asuntos dramáticos y divulgativos. Si en el primer volumen nos permitían echar un vistazo a los primitivos moradores de Mallorca, ahora la aventura se encamina hacia Menorca, adonde nos dirigimos siguiendo a Mugallan, un druida celta que busca rastros de su propia cultura en unas islas tan alejadas de su hogar.

La cova des mussol de Pau, Max y M Ferré. Edita el Consell de Menorca.
Si la estructura argumental es sólida y entretenida, su realización vuelve a sorprendernos. No es tan habitual en Europa que diferentes creadores se avengan a colaborar en una misma obra. Y menos aún que se intercambien los papeles como aquí. Como recordarán en la primera entrega Max dibujaba las figuras y Pau se hacía cargo de los fondos y el color. En este caso el “alumno” factura los personajes y es el maestro el que despacha los fondos y el color. Y de nuevo el resultado es excelente. Ambos se esfuerzan por mantener la continuidad entre ambos álbumes, sin por ello perder su personalidad gráfica. Los escenarios son muy de Max, pero hay algo en su detalle y color que los emparentan con el trabajo de Pau. Por su parte, este último simplifica algo más sus figuras para aproximarlas al estilo del maestro. Pero por el camino añade algunas notas más, pizcas gráficas con el aroma de Tezuka y la blanda volumetría del primer Disney o de Segar. Y el resultado es encantador, maravilla y divierte contemplar esas figuras que se plantan y caminan con un desparpajo infantil y enternecedor.

La química entre ambos autores es tremenda y creo que resulta enriquecedora para ambos. Como lector no puedo sino aplaudir los resultados de esta feliz unión, deseando que en un futuro cercano nos brinde nuevos logros. Por cierto, tampoco estaría mal que alguien se animara a publicar una versión en español de estas aventuras prehistóricas, ampliando así su limitada distribución actual. Estoy convencido de que hay un público dispuesto a adquirir productos de calidad como éstos.
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viernes, 7 de diciembre de 2012

VAPOR de Max

Vapor de Max. Ediciones La cúpula.
Ediciones La Cúpula. Barcelona, 2012.
112 páginas, 16 euros.

HUMO Y ESPEJOS

Varias obras de creadores isleños han aparecido casi al mismo tiempo. Max, Pere Joan y Seguí nos sorprenden con sus últimas entregas. Y no agradablemente.


Por un lado tenemos el paseo de Pere Joan y Seguí por esa excentricidad llamada Nuevas Hazañas Bélicas. Si ya la serie clásica no era especialmente recomendable, esta revisión con guiones de Migoya es como para salir corriendo.
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jueves, 13 de mayo de 2010

Dibujo y pinto coches - Pau Rodríguez

Hispano Europea. Barcelona, 2010
48 páginas, 5,95 €

ESPAÑOLADAS VARIAS

Como se acumulan las novedades patrias, permítanme que repase brevemente algunas de las propuestas que han llegado a las librerías y que demuestran la variedad de la oferta nacional.
Empiezo por Pau, a quien todavía echamos de menos por este periódico. Para mi ya no es lo mismo hojear el Diario de Mallorca y no encontrarme con su chiste diario. En fin, él sigue peleando, cada vez más introducido en el mercado francés. Ahora nos llega la traducción de un manual de dibujo que publicó primero en Francia. Es sobre coches y ya tiene otro publicado sobre dinosaurios. Ambos se adaptan a un esquema preconcebido, que le resta cierta gracia al producto final. Página tras página nos enfrentamos a esa pauta de ocho dibujos, un poco repetitiva sobre todo si la comparamos con lás planchas más abiertas del principio y soñamos con un manual realizado en completa libertad. En todo caso, no hay Pau malo y éste es muy recomendable, tanto para los aficionados al dibujo como para los locos de los coches. Si a su hijo le gusta dibujar, este manual le resultará sin duda muy útil.
Mi segunda elección no es tan satisfactoria. El hijo, de Torrecillas y Alba, es un trabajo fallido. Por un lado por el dibujo. Franceses como Blain, Blutch o Sfar nos han acostumbrado a la idea de que no hay dibujo malo. Pero eso no es del todo cierto. Se puede dibujar con desfachatez y hasta con limitaciones, pero se necesita cierta gracia mínima, cierta expresividad, de la que esta obra carece. Aunque el autor tiene una innegable sensibilidad para el color, el grafismo es demasiado pobre y confuso y complica aún más un guión ya enrevasado. Tiene sus momentos, eso es innegable, con personajes como el sastre o la monja, que no están mal concebidos. El ambiente, esas montañas de la locura que bordean el territorio del sueño o de la pesadilla, son un gran emplazamiento. Pero todo acaba resultando excesivo. Demasiadas entradas y salidas del manicomio, demasiada gente que va y viene... La estructura se desmorona, el dibujo no nos ayuda a situarnos y como lector me rindo, abandono.

Tampoco acierta Juanjo Sáez en Yo, su tercer libro. Si los dos anteriores eran frescos y recomendables, éste parece precipitado, estirado y poco meditado. Tiene sus momentos, por supuesto, no ha perdido todo su talento de golpe. Pero puede hacerlo mejor. Molesta sobre todo esa sensación de que se queda a medias en sus críticas. Entiendo que desee seguir recibiendo encargos. Pero si no puede hablar con libertad, que no cite sus tropiezos con instituciones como El País o Raimon, quedándose a medias en sus chanzas.

Dejo para el final a Max, que publica Las aventuras de Gustavo, en una muy bonita edición integral. No hacía tanto que La Cúpula había reeditado los álbumes de su primer personaje, pero ahora los agrupa en un tomito en tapa dura, absolutamente delicioso. Buen papel para un trabajo que demuestra que Max ya dibujaba bien casi desde el principio. Otra cuestión son los argumentos. No dudo de la actualidad de este héroe antisistema, pero prefiero el arrogante individualismo de Peter Pank. Aunque seguro que muchos de nuestros adolescentes se identificarán con este guerrillero urbano, empeñado en volar centrales nucleares.
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