viernes, 27 de noviembre de 2015

TRENT de LEO, POLICÍA DEL CANADÁ

Trent de Leo y Rodolphe, edita Ponent Mon policía de Canadà western
Ponent Mon, 2015.
128 páginas, 26 euros.


¡AL NORTE!


De pequeño, no puedo decir que el Madelman policía montada del Canadá se contara entre mis favoritos. Su rígida chaqueta roja y su atildado aspecto le restaban mucho atractivo. Quizás por eso en su momento pasé por alto estos volúmenes de Trent.


Comparado con el modernísimo Madelman astronauta o el simpático Madelman safari, el estirado policía norteño quedó archivado en mi memoria en la categoría de héroe prescindible. Cuando más tarde tuve ocasión de leer algunas aventuras protagonizadas por sus compañeros de cuerpo, mi opinión no cambió mucho. Al contrario que en los USA, todo lo que pasaba en Canadá parecía aburrido y gélido. Era un país incómodo y sin personalidad. Así que cuando vi un chaqueta roja en la cubierta de Trent pasé de largo.

Últimamente abundan los integrales de series franco-belgas prescindibles, con precios que provocan taquicardias. Eso no se aplica al tercer integral de Tanguy y Laverdure o a cualquiera de Aquiles Talón o de Bernard Prince. Se han publicado auténticos clásicos de enorme calidad cuya lectura es un verdadero placer. Pero han llegado mezclados con muchos productos digamos inferiores. Así que, como no son precisamente baratos, en más de un caso dejo que mi intuición me ayude a seleccionar. Y a veces me equivoco. De forma notable en esta ocasión.

Hace siete años se publicaba la saga Aldebarán, del dibujante brasileño afincado en Francia Leo. Recomendé vivamente aquella salvaje aventura de ciencia-ficción. Recientemente editaron Kenia, otra serie apabullante en la que el autor mezclaba elementos del género de espías, citas a la colonización y, nuevamente, abundantes dosis de fantasía y ciencia-ficción. El resultado volvía a ser impresionante. Fue entonces cuando corrí a comprobar si no había nada más de Leo en España. ¡Casi nada! Ocho álbumes (más un extra) agrupados en tres tomos en torno a un sobrio personaje, Trent. Recordé las sencillas portadas, que habían llamado mi atención en las estanterías, pero no lo suficiente como para superar mis prejuicios anti-canadienses. Obviamente ahora ya lo veía con otros ojos. Le acompañaba nuevamente Rodolphe, su guionista en Kenia. La única pega era que la historia parecía realista y hasta el momento siempre había visto a Leo en relación con la ciencia-ficción. Me preguntaba cómo funcionaría en otros ámbitos. Pronto mis dudas se disiparon, siendo sustituidas por el entusiasmo que espero anime estas líneas.

Trent de Leo y Rodolphe, edita Ponent Mon
Primero un inciso biográfico. Leo nació en Brasil pero tuvo que abandonar su país por razones políticas. Durante años se desplazó por varios estados sudamericanos: Chile, Argentina y otra vez Brasil. En 1981 emigró a Francia. Le costó entrar en el mercado del comic pero finalmente contactó con el guionista Rodolphe y en 1991 publicaron su primer álbum de Trent. A esa serie le siguieron otras dos: Kenia y Namibia. Al mismo tiempo, desde 1994 Leo empezó a escribir y dibujar el ciclo de Aldebarán. También facturó guiones para otros dibujantes así que su producción empieza a ser realmente monumental.

Y por lo visto hasta ahora, todo lo que hace tiene una gran calidad. Vayamos a Trent. Rodolphe titula “Un hombre íntegro” su introducción al primer integral. Proclama su voluntad de describir a un héroe antiguo, sin dobleces ni ambigüedades morales, un tipo correcto que hace su trabajo y tiene una idea muy clara del bien y del mal. Esto es así y el protagonista no cambia mucho de un álbum al siguiente. Trent también tiene un lado oscuro, que aflora ante el delincuente poeta o con su amante anarquista. Pero básicamente es un hombre de ley, decente y sin fisuras, que corre en defensa de la mujer maltratada y al rescate del bebé abandonado en la nieve.

 Agnes, una dulce muchacha que se interna en el árido norte en busca de su hermano perdido. Al final del relato ella promete que le esperará. Da así comienzo un amor que deviene casi imposible, como veremos. El segundo episodio es excelente, con un nuevo y atractivo personaje, una suerte de Billy el niño que recita a Rimbaud mientras desafía a muerte a todos los que se cruzan con él. Un auténtico maldito de destino fatalmente marcado y que desarrollará una curiosa relación con el noble policía. En el último capítulo del primer tomo Trent intenta reunirse con Agnes y descubre que se ha casado con otro. Eso le lleva de cabeza a un pueblo donde acaba convertido en borracho y metido en una extraña guerra contra unos desalmados bandidos. Tres álbumes excelentes, sin pega alguna.
Trent de Leo y Rodolphe, POnent Mon, Canadà, policía, norte
El primer álbum nos lo presenta, duro pero capaz de enamorarse de la bella

Aquí ya debe citarse el maravilloso dibujo de Leo. Tiene deudas con no pocos dibujantes realistas, de Giraud a Spiegle pasando por Morrow. Pero consigue encontrar su propio estilo, que aflora a través de caras angulosas y alargadas, bocas desencajadas, una línea precisa y un sombreado muy expresivo. Tanto bajo la desnuda luz solar como entre las sombras más amenazadoras, Leo es grande. Sus personajes, característicos y diferenciados, sus paisajes precisos y su narrativa variada y tremendamente animada. Todos los lectores disfrutaran con sus viñetas panorámicas o sus series de alargadas en vertical. Además, viene acompañado por un agradable color que realza las volumetrías de los rostros. Personalmente, destacaría sus escenas nocturnas y sus secundarios. Un aspecto más: por primera vez se puede disfrutar de su dibujo a un tamaño apropiado ¡y no vean cómo se agradece!

El tomo dos se inicia con una trepidante historia de horror. Un monstruo liquida a los componentes de un campamento y Trent debe descubrir qué es lo que ha ocurrido. Se suceden los pasajes de miedo, con cadáveres congelados en la nieve y un oso gigante que habla y acecha en la oscuridad. Trent acompaña con resignación a Agnes, ya que su marido era uno de los ingenieros desaparecidos. Al pobre hombre ya supondrán que no le va muy bien, ya que el siguiente álbum vuelve aRodolphe relata con no poca ironía la muerte del “hombre más rápido de Canadá”, un Wild Bill muy diferente al del OK Corral. El volumen se cierra con otro episodio maravilloso que nos cuenta la trágica vida de un blanco entre indios y sus desgraciadas andanzas. Leo describe los paisajes helados con exuberante delicadeza, convirtiéndolos en otro personaje más. De paso vuelve a demostrar que nada se le resiste: razas, edades o géneros, resuelve un problema gráfico tras otro con envidiable facilidad.
juntar al policía con su “novia eterna”, ya sin el impedimento del esposo. De paso,

Finalmente, en el tercer y último volumen, Trent consigue casarse con Agnes. Pero entonces conocemos a Helen, una atractiva morena de pelo a lo garçon, lectora de Proudhon y que fue amante del héroe en un pasado no muy lejano. Ahora vuelve para chantajearle obligándole a abandonar su recto camino. El final es inevitablemente trágico. Atención a las expresivas facciones de todos los personajes. Leo transmite muy bien las emociones, de la alegría al duelo o la frustración. El último episodio gira en torno a otro viaje, el que realiza Trent acompañando a una mujer y su hijo, acosados por un marido abusador. Mientras, el policía montado fantasea con la idea de tener un hijo propio. En casi todas las aventuras Rodolphe y Leo se las apañan para que los deseos, las aspiraciones, los sueños del protagonista, puntúen de forma delicada la acción, consiguiendo así una mayor profundidad y complejidad de lo narrado.

Los integrales se completan con un cuento largo profusamente ilustrado y un episodio breve pero delicioso. Leo y Rodolphe abandonaron a su personaje hace ya quince años, pero permanece vivo en cada una de las páginas de estos volúmenes. Ha sido una de las lecturas más estimulantes de un año que comienza a declinar. No lo duden y háganse con ellos, me lo agradecerán.
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viernes, 20 de noviembre de 2015

VIRTUAL HERO de EL RUBIUS

Virtual Hero de El Rubius
Editorial Planeta. Barcelona, 2015.
56 páginas, 15,90 euros.

DE PUDRIDERO A EL RUBIUS


Este es un comic diseñado por una “personalidad” que proviene de un mundo cercano al de la historieta, pero que en general puede decirse que está sustituyendo a ésta en las preferencias de lectores cada vez más “gamers” (y, por tanto, menos lectores).


Según lo que puedo observar en mis propios retoños de cinco y ocho años respectivamente, la lectura es un rollo, da igual que se trate de cuentos o tebeos. Cualquier producto audiovisual es más entretenido en comparación, ya sea una serie de animación o un videojuego.

Supongo que todo esto cambiará con el paso de los años, pero por el momento nada parece sustraerlos de la fascinación que les provocan los vídeos en los que otros jugadores proclaman con sonoridad sus hazañas. A mis críos parece gustarles un tal Vegeta777, que también ha publicado algún libro y cuya vocecilla incansable está a punto de acabar con mis nervios. Pero si alguien sobresale entre todos los jóvenes héroes del ciberespacio ese es sin duda El Rubius, un tipo con millones de seguidores dispuestos a reírle las gracias y a quien las compañías adoran hasta permitirle convertir en una forma de vida lo que no dejaba de ser una afición, un divertimento.

Este “yutuber” acumula tal número de fans que lógicamente no podía tardar en dar el salto a otros medios. Se rumorea que se han lanzado cien mil ejemplares de su comic, una cifra realmente brutal en un mercado en el que rara vez se superan los mil de tirada. Ciertas mentes se escandalizarán ante un éxito que considerarán despreciable. A mi no me cabe duda de que se va a vender como churros (¡es de El Rubius!), más cuando compruebo que mis niños, a quienes ya he dicho que les cuesta leer, lo han devorado y esperan por el siguiente. Así que ahí se encuentra la primera clave que no debe ser olvidada.

Virtual Hero de El Rubius, EL Torres, Lolita Aldea
El Rubius habla un lenguaje que muchos jovencitos comprenden y aborda temas que les interesan y que ocupan gran parte de su tiempo. Básicamente chicas y videojuegos. Y no necesariamente por ese orden. La trama es una excusa para que el héroe, convertido en personaje virtual, se pasee por diversos mundos digitales, todos fácilmente reconocibles por los lectores. La acción se salpimenta con unos cuantos chistes y el humor grueso que caracteriza los vídeos de El Rubius y el resultado es un álbum que se lee de un tirón y que llega a provocar más de una sonrisa.
Otro cuyo nombre artístico empieza por “El” firma el guión. El Torres es un profesional y aquí vuelve a demostrarlo. No sé si se avergüenza o se enorgullece de asociar su talento a esta aventura, pero seguro que el cheque merecerá la pena. Del dibujo se encarga Lolita Aldea, que resuelve con un estilo manga muy adecuado a lo narrado. Los diversos videojuegos se reconocen con facilidad y emplea con eficacia la gestualidad desmesurada típica de los nipones.

Mi sensación es que la aventura es positiva para el medio. Algunos autores se quejan de la ausencia de lectores pero cuando estos regresan atraídos por productos como este, también protestan. Es más probable que un lector salte de un comic popular a otro más alternativo que al contrario. Y, además, en los tiempos posmodernos que vivimos, el mismo concepto de lo popular no es tan ingenuo como antes. El Rubius basa su fama en la parodia, trasteando con los universos digitales en una operación que agradaría a cualquier intelectual. Se trata de desmontar las claves sobre las que funciona el juego, para seguir jugando con él. Hay muy poca inocencia en eso. Quienes disfrutaron con las aventuras autoirónicas de “Pudridero” deberían de engancharse a El Rubius. Aquí se ha cuidado más el dibujo pero la intención conceptual es similar, una descerebrada vuelta a la infancia, sin complejos. ¡Pimentel, este se te ha escapado!
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viernes, 13 de noviembre de 2015

COMIC DE WESTERN: TEX, MUERTE EN LA NIEBLA

TEX Muerte en la niebla con dibujo de Font y guión de Bonelli, edita Aleta
Aleta Ediciones. Valencia 2015.
224 páginas, 15,95 euros.

NIEBLA Y PLOMO 


Tex, el clásico personaje del oeste creado en Italia, está viviendo una segunda juventud gracias a algunos de los mejores dibujantes españoles. Ahora se edita una nueva muestra, otra vez con Font a cargo del dibujo y Boselli del guión.


Cabe recordar que estos volúmenes de Aleta recogen material publicado hace casi diez años. O sea que nos llega con un sorprendente retraso. Quizá ello se deba a la mala prensa del western, un género mal comprendido y que muchos consideran obsoleto. Soy de la opinión de que no existen géneros menores y que, como siempre, todo depende del talento de cada creador.

El primer Tex me parecía gratuitamente violento y un tanto pesado en sus desarrollos argumentales. Pero alguien tuvo la feliz idea de hacer especiales con estrellas tan notables como el americano Joe Kubert y todo cambió. Hasta el momento hemos disfrutado del arte de dibujantes extraordinarios como Font, Ortiz, Milazzo o Víctor de la Fuente, entre otros. Y de guionistas tan entretenidos como Segura o Nizzi. Hay aventuras mejores y peores pero la media se ha mantenido muy alta. Últimamente, raro es el tebeo de Tex que no leo con pasión o que no me apetezca comentar.

En esta última entrega se suman los talentos de dos artistas en estado de gracia. Por un lado el guionista Boselli, que firma un trepidante relato en con inteligencia con los tiempos. Se trata de una prolongada persecución: el hijo de Tex, intentando evitar problemas a un antiguo amigo, se mete con él en un tremendo lío cuando los confunden con una banda de maleantes. Mientras son acosados por un sheriff sin demasiados escrúpulos y de gatillo fácil, su padre lucha por alcanzarlo a tiempo de salvarle la vida. El escritor mantiene ambas acciones en paralelo y juega con los diversos momentos, con lo que el factor temporal ayuda a provocar tensión en el lector. Boselli se encarga de distribuir a lo largo de la historia un buen surtido de personajes que animan y vitalizan una trama con una estructura que funciona como un reloj, con muchas secuencias en las que parece que todo está perdido. Se incluyen algunos pasajes de redención, de transformación moral de protagonistas de comportamiento dudoso y cuya actitud va a cambiar mucho en el trascurso de la aventura, lo que aumenta nuestro interés en su destino.
cia con los tiempos. Se trata de una prolongada persecución: el hijo de

TEX Muerte en la niebla con dibujo de Font y guión de Bonelli, edita AletaAlfonso Font cumple con su deber y mucho más. Sus caballos son enérgicos y creíbles, lo mismo que sus paisajes, prolongadas panorámicas habitadas por un reparto dibujado con vigor y asegurándose de que cada actor se diferencia física y psicológicamente. Los fondos son maravillosos, tanto las ciudades y pueblos, perfectamente documentadas y realizadas, como los ambientes naturales, que constituyen casi un personaje más enmarcando a la perfección un relato siempre en movimiento, en el que los héroes no se detienen ni un segundo. Sobresale la vitalidad que sus acabados aportan, llenándolo todo de detalles pero sin parecer nunca agarrotado ni barroco. Su mancha negra está siempre bien situada y sus rallados son minuciosos y precisos.

En fin, que es otro Tex perfectamente recomendable. Y ya van…
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viernes, 6 de noviembre de 2015

CORTOMALTÉS Y ASTERIX 2015

Muchos suponen que en los USA los comics se fabrican industrialmente mientras que en Europa sólo se producen obras de autor. La realidad está refutando esa idea.


Asterix. El papiro del César Jean-Yves Ferri y Didier Conrad Salvat
Asterix. El papiro del César
Jean-Yves Ferri y Didier Conrad
Salvat. Barcelona, 2015.
48 páginas, 12,90 euros

Antes de que los creadores originales de Blueberry falleciesen, el personaje ya había sido reinterpretado por otros autores. Spirou ha pasado por innumerables dibujantes y guionistas, con desigual fortuna. Podemos admirar el talento de Franquin y considerar que su etapa es inigualable, pero no por ello El pequeño Spirou de Tome y Janry deja de ser tronchante. Al contrario, a mi siempre me deprimió la plomiza narrativa de Jacobs, el alumno que no aprendió nada con Hergé, pero sin embargo sus personajes funcionan muy bien en manos ajenas. Especialmente en las de Sente, que se ha ido convirtiendo en el especialista en relanzar series en declive o abandonadas por sus creadores. Ha escrito formidables guiones para Las Aventuras de Blake y Mortimer, excepcionalmente dibujados por Juillard. Recientemente se publicaba “La vara de Plutarco”, que quizás no alcanzaba la calidad de otros episodios anteriores, pero que sigue siendo tan bueno ¡que hasta dan ganas de leer a Jacobs!

Volvemos a encontrar al mismo escritor al frente del legado de Van Hamme. Por un lado en Thorgal pero sobre todo en XIII, una franquicia de cuyos enrevesados argumentos parecía imposible extraer más jugo dramático. Sente demuestra que siempre puede ir más allá, de nuevo acompañado por el sólido Jigounov, en “XIII. El mensajero del mártir”. Por cierto, a ver si alguien se anima a publicar más capítulos de Janitor, su colaboración con Boucq. No me volvió loco el primer volumen, pero en Francia ya van por el quinto y aquí no llegó ninguno más. Seguro que ha ido a mejor.

XIII. El mensajero del mártir de Sente y Jigounov
Así como en los USA se entiende que los personajes pertenecen a las compañías, lo que facilita que pasen de una mano a otra con irregulares resultados, en Europa se extendió progresivamente la idea de que eran propiedad de sus creadores. Ambas realidades han ido cambiando con el tiempo. Los dibujantes americanos han conseguido mayores derechos sobre sus creaciones, llegando a casos como el de Mignola, que es el dueño de Hellboy, o Sakai con Usagi Yojimbo y tantos otros. Si alguien desea hacer algo con sus personajes, debe pedir permiso o pasar por su autor. En Europa ha ocurrido lo mismo, pero en sentido contrario. Cada vez más autores ansían poner sus manos sobre creaciones de prestigio, o tan populares que su publicación resulta extremadamente rentable. ¿Cómo negarse a dibujar Spirou o Asterix? Los beneficios son notablemente superiores a los que se conseguirían con un personaje desconocido.

Hay que reconocer que Asterix se resistió. Al contrario que otras creaciones de Goscinny, como Lucky Luke o Iznogud, que ya han pasado por los pinceles de diversos dibujantes, Uderzo mantuvo un férreo control sobre el pequeño galo. Hasta que finalmente alguien debió de decirle que sus guiones no estaban a la altura del bueno de René, o quizás necesitaba calderilla para comprarse otro Ferrari. El caso es que cedió lápiz y tinta a otros creadores, que recientemente han publicado un segundo álbum del galo. Aquí es donde yo debería de escribir algo ingeniosos sobre “El papiro del César”. Pero me cuesta. El personaje me fascinó en mi infancia: primero leí “Asterix gladiador” y más tarde fueron cayendo uno tras otro, camuflados entre las revistas de Bruguera. Fue una de mis ventanas al mundo. Asterix nos enseñaba a ser menos provincianos, demostrando una entrañable curiosidad hacia la maravillosa diversidad de paisanos que poblaban las regiones que visitaban los alegres galos. ¿Cómo olvidar a los susceptibles corsos? ¿O a los eficientes suizos o a los orgullosos hispanos? A golpe de estereotipos Goscinny y Uderzo construyeron un universo cómico tan divertido como próximo, era fácil identificarse con aquellos pequeños pueblerinos que osaban plantarle cara a todo un imperio. También me vacunó contra todo “hecho diferencial”; las exóticas costumbres tan sólo sazonaban un variopinto pero muy similar conjunto de seres humanos. Luego crecí y me avergoncé de aquellas lecturas infantiles. Después crecí un poco más y pude recuperar la magia conjurada por Asterix y Obelix y ahora siento que el respeto y la admiración por esta saga me acompañarán hasta mi último día, o eso espero.

¿A qué viene todo este rollo? Simplemente, creo que Ferri y Conrad lo hacen lo mejor que pueden. La copia del dibujo de Uderzo es más que razonable. También el duplicado de las estructuras argumentales de Goscinny, con el extraño que llega al pueblo provocando la reacción de los héroes y sus enemigos. En esta ocasión se trata de un trasunto de Julián Assange, un periodista que osa desafiar la censura imperial. Todo es correcto y está bien realizado, pero… Echo en falta personajes como el arquitecto de “Asterix y Cleopatra” o el de “La residencia de los dioses”. Y no cito más. De alguna manera Goscinny tenía la habilidad de insuflar verdadera vida en sus creaciones, consiguiendo personajes humanos, próximos y diferenciados. Y eso es muy difícil de imitar. Con todo, el trabajo de Ferri y Conrad es respetable y yo me compraré el siguiente volumen.

Corto Maltés. Bajo el sol de medianoche
Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero
Norma Editorial, 2015
96 páginas, 19,50 €

Termino con uno de los pastiches más sonados de los últimos años, la resurrección de Corto Maltés. Al contrario que muchas de las sagas anteriores, cuya popularidad las alejaba del purísimo cielo autoral, desoladas cumbres a las que las masas no suelen asomarse, Corto siempre ha gozado de un sorprendente prestigio. Eso era comic de autor y lo demás cuentos. Así que resulta paradójico que los herederos de Pratt permitieran esta operación. ¿Quién será el siguiente? ¡Tiembla, Tintín! Lo primero que llama la atención es el dibujo. Pellejero es un dibujante con mucho estilo así que no cabía esperar que esa personalidad se desvaneciera para ajustarse al modelo original. En cierta medida esta decisión se explica en las planchas de prueba que se adjuntan al final del álbum. Cuando se ve ese Corto “a la Pellejero” se entiende por qué no lo hizo así. El resultado habría sido demasiado parecido a Dieter Lumpen, héroe cuyas aventuras Zentner y Pellejero contaron durante años y con indudables referencias al maltés. Ambos compartían ciertas actitudes post-heroicas y una decidida animadversión hacia los valores tradicionales. Así que el dibujante reserva su estilo para su personaje y aquí imita con cuidado las formas de Pratt. Lo que ocurre es que como su dibujo es más eficiente (no voy a decir mejor) enseguida se aprecia cierta contención, sobre todo en los fondos y algunos sombreados, con una calidad que Pratt evitaba. Pero en general copia con asombrosa tozudez las líneas desmañadas del maestro y hasta su extraña estructura de página, con viñetas apaisadas llenas de huecos que yo no pillo.

Díaz canales, guionista de Blacksad, hace lo mismo con el guión. No intenta, como Sente, mejorar el modelo original ¡A nadie se le ocurriría, tratándose de Pratt! Y ese es el problema. Duplica a la perfección una de esas laberínticas estructuras que tanto le gustaban al creador de Corto Maltés, un viaje a ninguna parte que permite al escritor lucirse introduciendo pintorescos secundarios entre los que sobresale el imprescindible London. Hay un tipo que protagoniza una de las secuencias más interesantes, el ciudadano Ulkurib, una parodia del indígena subyugado por las proclamas revolucionarias, que difícilmente encontraríamos en cualquier relato de Pratt, siempre cómplice con cualquier tipo de violencia y proclive a hacer chistes mientras se fusila al enemigo del pueblo de turno. Pero, desviaciones pequeñoburguesas aparte, el guión consigue plenamente su propósito realizando una muy acertada réplica del “tono” de Corto. Nos paseamos con parsimonia por bellos parajes canadienses mientras se nos recuerdan algunos de los grandes problemas de la humanidad: el racismo, los abusos cometidos con el medio ambiente, la trata de blancas… En resumen, que es un perfecto tostón.

¿Mi sugerencia para los autores? Olviden el original la próxima vez e intenten fabricar un buen tebeo. A lo mejor todavía podremos leer una aventura interesante de Corto Maltés, algún día.
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