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viernes, 5 de mayo de 2017

WRIGHTSON y TANIGUCHI RIP

RAZONES PARA VIVIR... ¡Y PARA MORIR! 

Con poco más de un mes de diferencia nos han dejado dos gigantes del medio: el japonés Jiro Taniguchi y el americano Bernie Wrightson. Los dos habían nacido a finales de la década de los cuarenta (1947 y 1948, respectivamente) y alcanzaron un éxito global.

Empezamos a saber de Taniguchi cuando la primera gran oleada manga alcanzó España, a principios de los noventa.

k de Jiro TaniguchiNo puedo decir que recibiera con entusiasmo Hotel Harbour View, una novela gráfica negra con formalismos propios del spaguetti western. Tampoco la serie que realmente hacía honor a su título, El Caminante, publicada por entregas en “El Víbora”. Luego descubrimos que pertenecían a momentos diferentes en la carrera del autor. Pero al llegar una detrás de otra remitían a una cierta esquizofrenia creativa, violencia muy física por un lado y ascetismo contemplativo por el otro. En realidad en eso consistió toda la carrera de Taniguchi: en conciliar los aspectos reales y espirituales que conforman nuestras vidas, en encontrar un equilibrio entre los hechos del presente y los fantasmas de nuestra memoria, entre lo que deseamos y lo que logramos.

Pronto empezó a destilar obras maestras que le dieron fama mundial. Entre sus imprescindibles yo destacaría: El almanaque de mi padre, El olmo del Cáucaso, K, La cumbre de los dioses y Seton. Su obra es mucho más extensa y no dudo que disfrutarán de sus otros trabajos. Pero estos son los que le sitúan en un lugar de excepción. En algunos casos él mismo escribió el guión, en otros se apropió de argumentos ajenos. Pero siempre mantuvo sus preocupaciones principales, destacando una reflexión constante sobre el sentido último de la vida.

A veces reconstruía los acontecimientos esenciales en el recorrido de algún familiar o artista como él. O centraba su interés en aspectos más cercanos y personales. En otras ocasiones empleaba la naturaleza como espacio sagrado del que extraer respuestas, bien a través de las impresionantes montañas de K o La cumbre de los dioses, o de elementos más cotidianos como en El olmo del Cáucaso. No había en su obra las veleidades que caracterizaban a otros compatriotas, ni robots gigantes ni excesos gestuales, Taniguchi era comedido y contenido y la emoción era frecuentemente interior, casi como un susurro. Aunque podía ser impactante y brutal si lo consideraba necesario. Al contrario también que otros muchos mangakas, sus sagas podían ser largas pero no interminables. A veces, como en Seton o La cumbre de los dioses, empleaba varios volúmenes, pero tras ellos llegaba un fin que era definitivo.

Era algo más que un correcto dibujante, un gran narrador y un guionista interesante, era un sabio capaz de emocionarnos hablando de cosas cercanas, del amor, la pérdida y la memoria. Personalmente no comparto los babeos con sus obras más ensimismadas, como El caminante o El Gourmet solitario. Pero las respeto, como también me parecen entretenidos algunos de los mangas de sus inicios, más aventureros y macarras.
Supongo que será recordado por sus trabajos más personales, aquellos en los que encontró un lugar desde el que hablarnos de asuntos tan universales como humanos, a veces a través de animales y otras de escaladores. Se le ha catalogado también como “el más europeo de los dibujantes de manga”. No se pueden negar sus coqueteos con la industria europea. Ni las diferencias entre su obra y el resto de productos que nos llegan de Japón. Pero a pesar de ello sus intereses parecen tan íntimamente relacionados con la espiritualidad y los lugares comunes que asociamos con el país del sol naciente, que calificarlo de europeo resulta casi insultante.


Bernie Wrightson En cuanto a Bernie Wrightson podría decirse de buenas a primeras que no era un autor tan completo como Taniguchi.

Básicamente era un dibujante y, en algunas etapas de su carrera ni siquiera dibujó comics, solo ilustraciones, como su fenomenal Frankenstein. Era la época, mediados de los setenta, en que compartía estudio con otros tres genios del comic y la ilustración: Jeff Jones, Barry W. Smith y Michel Kaluta. Todos ellos han alternado trabajos en el mundo de las viñetas con esporádicas intervenciones en el campo de la ilustración.

Wrightson había aterrizado en la editorial DC en 1968. En 1971 firmó una de sus obras cumbre: La cosa del pantano, con guión de Len Wein.

Después saltó a Warren para apabullar a los lectores con un conjunto de historietas cortas que estaban a la altura de los maestros de la EC con los que lo había aprendido casi todo en su infancia. Adaptaciones de Poe y Lovecraft que permanecen en la memoria de los aficionados, al lado de brillantes muestras de horror firmadas por Bruce Jones y otros. Demasiadas para enumerarlas todas aquí. ¿Recuerdan Jennifer? ¿Y El monstruo de Pepper Lake?.

Bernie Wrightson  VampusPero después nada volvió a ser lo mismo. El autor tuvo un problema físico que le impedía entintar correctamente. En 1988 debía ilustrar The Shadow, con lápices de su amigo Kaluta, trabajo que al final acabó en manos de Russ Heath debido al papel empleado por Kaluta para dibujar la novela gráfica. A principios de los noventa comenzaron sus colaboraciones con Marvel y DC, ilustrando guiones de Starlin. Ya no era lo mismo, parte de la fuerza inicial se había perdido. Pero daba lo mismo, las historias eran buenas y su narrativa más que correcta.

En años posteriores siguió trabajando y alcanzando al público de formas diversas. No solo a través de los comics, también con películas. Colaboró y dibujó adaptaciones de films como Creepshow y diseñó monstruos y escenarios para Los cazafantasmas y otras producciones hollywoodienses.

Ahora que tras su muerte tantos han insistido en catalogarlo como “gótico” (¿sabe alguien qué significa eso?) yo recordaría más bien otra característica de su dibujo, que sí asoma en incontables productos de los ochenta. Me refiero a su gusto por la casquería, por el desparrame de tripas y los monstruos de mil bocas cargadas de dientes y saturados de pústulas. Esa estética del exceso y la acumulación encontró un fiel reflejo en muchas fantasías de la época, entre las que destacaría el remake de Carpenter de La Cosa.

Bernie Wrightson  Spiderman
Hablamos del apogeo de una técnica que se desvaneció pronto, apagado su brillo por el de los emergentes destellos digitales: aquella mezcla de látex, silicona y mecanismos hidroneumáticos. ¿Cómo olvidar la transformación del Hombre lobo americano en Londres, o las sucesivas mutaciones de La Cosa y tanta otra viscosidad que vivieron su momento de gloria en aquellos años? Si quieren ver algo parecido en viñetas, no duden en echarle un vistazo al Spiderman de Wrightson.

El autor, es cierto, podía mostrar esa cara más clásica y negra cuya cumbre alcanzó en su Frankenstein o en historias cortas como su adaptación de El gato negro. Pero su enfoque nunca fue convencional, le gustaban los encuadres extremos y su visión era profundamente dinámica y cinematográfica. Atención a su trabajo con las sombras, nadie las alargaba distorsionando las figuras con ellas como él lo hizo. Manejaba a la perfección las texturas, ya fueran hojas, arrugas o agua y, aunque algunos lo han intentado, era muy difícil de imitar. Fue un gran maestro y lamentaremos mucho su pérdida.
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viernes, 22 de abril de 2016

TOMOJI de TANIGUCHI

Tomoji de Jiro Taniguchi, edita Ponent Mon manga Japón
Ponent Mon, 2016.
176 páginas, 20 euros.

VIDA EN EL CAMPO

Taniguchi vuelve a deslumbrarnos con una historia cotidiana y muy local, la diminuta vida de una campesina que se sobrepone a dramas y contratiempos a través de la resignación y la compasión hacia sus semejantes.


Suena muy trascendente pero en realidad la maestría de Taniguchi consiste en evitar toda solemnidad. Nos desvela algunas claves en la entrevista que se incluye al final. El proyecto partió del santuario al que solía acudir acompañando a su mujer. Le propusieron contar la vida de su fundadora y él aceptó el encargo, si se le concedía la libertad de hacerlo a su manera. Así que contrató a un guionista y se preocupó por descartar todo aquello que le desviase de la construcción de su personaje. Lo que consigue se aleja mucho de una “vida de santo” al uso. Al contrario, sorprende por su sencillez y contención.

El arranque es estremecedor, con la muerte irrumpiendo de forma desoladora en la vida de la joven protagonista. A la inconsolable pérdida se suma el abandono de la madre, incapaz de cargar con sus retoños y que, literalmente, se da a la fuga. Empieza así una dura vida de trabajo con la abuela. Las tareas en el campo se alternan con los esfuerzos para ir a la escuela y otras tragedias familiares que puntúan esa penosa existencia. Sin embargo Tomoji no se queja, escucha y aprende. Es espabilada y sabe cómo usar su inteligencia para facilitar la vida de los demás. Su abuela constituye un gran ejemplo, nunca desfallece y su capacidad para encajar los avatares de la vida es fruto de una gran fuerza interior. Como Tomoji, se esfuerza por solucionar los problemas de quienes la rodean.

Todo es pequeño en este volumen y, al tiempo, enorme, pleno de sentido. Es difícil hablar de la importancia de los gestos mínimos sin resultar ridículo o cursi pero Taniguchi parece moverse con facilidad en esos quebradizos terrenos. Ya lo ha demostrado repetidas veces en el pasado. En ocasiones ese gusto por los sucesos menores le ha llevado a tebeos demasiado introvertidos, irrespirables o monótonos. Pero, cuando acierta, logra que lo local y lo universal se toquen y nos reconozcamos con un estremecimiento en esa campesina japonesa de principios del siglo pasado. Y esa no es una magia al alcance de cualquiera.

Tomoji de Jiro Taniguchi, edita Ponent Mon
El autor emplea su habitual estilo de dibujo, preciso en los fondos y atento a las expresiones, eminentemente narrativo. Cabría recordar cómo sintetiza los intereses de dos maestros anteriores. Por un lado Tezuka, de quien hereda el amor hacia la naturaleza como contexto a respetar y que en gran medida explica nuestra posición en el universo, donde hemos sido situados para dar testimonio de su belleza. Pero también comparte con el guionista Kazuo Koike la capacidad para describir los entresijos y pasiones del alma humana. Si en aquel esas emociones son explosivas y estremecedoras en Taniguchi se enmarcan en un discurso en general más contenido. Un buen ejemplo es todo el episodio del compromiso de Tomoji con su futuro marido. Es una historia de amor apasionado, casi ciego, que el autor describe como su primera incursión en ese terreno. Pero al tiempo es todo de una mojigatería asombrosa, sin un gesto ni un roce de más.

En fin, yo diría que el álbum habla de alegría, de toda la felicidad que puede extraerse de la vida pese a los sinsabores que acompañan a toda persona en su recorrido por este valle de lágrimas. Pero Taniguchi y sus creaciones parecen empeñados en demostrar lo contrario. También hay risas y momentos de placidez que deben ser respetados y recordados. Amen.
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viernes, 19 de septiembre de 2014

EXPO MARVEL PARIS & VENICE de TANIGUCHI

SOUVENIRS DE PARÍS


Uno de los grandes placeres tras las vacaciones es presumir de esos sitios chulos a los que has podido ir y esperas que los demás no. Este verano París contaba con algunos reclamos casi irresistibles para los aficionados al comic, así que permítanme que me divierta un poco contándoselo.


Para empezar, la muestra dedicada a los superhéroes Marvel en el museo Art Ludique, una enorme infraestructura situada a orillas del Sena, un poco más allá del Botánico y el maravilloso Museo de Historia Natural.

La exposición aprovechaba el tirón mediático de unos personajes que gozan de una segunda juventud gracias al cine. En ella se entremezclaban maquetas y prototipos de las películas para disfrute de los más pequeños, con planchas originales de algunos de los mejores artistas Marvel. Era tal la calidad y variedad que apenas sé por dónde empezar. Los mejores Kirby que se puedan imaginar, los mejores Kane, Romita, Starlin, Zeck, Byrne, grandes planchas de Sale, de Ross, algún Ditko, varios Buscema brutales… Una lista impactante que obligó a la organización a prolongar la muestra hasta este mismo mes de septiembre. Todo estaba cuidadosamente presentado, con una escenografía que cumplía con su función de agrupar material muy diverso, con objetos tridimensionales grandes, diseños a color y cientos de páginas en B/N. El catálogo no era gran cosa pero es la única pega que puedo poner a una expo apabullante y que por sí sola justificaba la escapada a París.

No era la única excusa, había otra exposición que ningún friki debía perderse, la dedicada a StarWars.


Situada algo más lejos del centro, en una suerte de estudios cinematográficos, este proyecto itinerante estaba pensado para no defraudar tanto a los seguidores de la saga como al público en general. Contaba con un gran despliegue de medios que incluía auriculares personalizados para cada visitante, una cuidada iluminación y un recorrido completo por los personajes más populares de la serie galáctica, así como las maquetas originales de muchas de las naves y artefactos que la habitan. Aunque estaba pensada como un gran entretenimiento, con cacharritos interactivos y mucho juego de luces y sombras, intentaba trascender esos niveles, profundizando en uno de los grandes temas de Star Wars, las elecciones personales y por extensión nuestra idea del bien y del mal. Podía más el espectáculo que la filosofía pero al menos conseguían que uno no se sintiera tan idiota disfrutando con los muñequitos.

Aproveché la visita para saludar a mi buen amigo Frederic Manzano, que mantiene su librería muy cerca de Notre Dame y fue uno de los organizadores de la expo Marvel. Dargaud ha establecido contacto con él y en este momento se tramita una edición en francés de nuestro catálogo dedicado a Buscema. Evité por poco la tentación de babear sobre una colección de tiras que acababa de comprar a la hija del recientemente fallecido Alain Resnais. Como es sabido, el cineasta era un gran aficionado al comic. Aunque Frederic no había adquirido todas sus piezas, lo que tenía ya era más que impresionante: tiras de Hamlin, Gray, Caniff, Holdaway, Robbins y otros tantos que no recuerdo. Sólo tuve ojos para varias piezas de Juliet Jones, con esos increíbles trazos de pincel con que Drake dibujaba el pelo de sus chicas. Una verdadera pasada. Comentamos el asunto de la disparidad de los mercados. Hay uno, muy cerrado, para el comic francés, otro para el de superhéroes americanos y otro muy diferente para el de tiras clásicas. Y son mundos estancos, quien está interesado en uno es raro que se acerque al otro. Como no es mi caso, aproveché la estancia en París para conseguir algo más de material de uno mis autores preferidos y que, por cierto, cuenta con un excelente pero no muy conocido Museo en Bruselas. Me refiero a Jijé. Este año hemos podido disfrutar con la traducción de su Jerry Spring editado por Ponent Mon. Pillé en la enorme librería Album, en el centro del Barrio Latino, uno de sus tomitos con Tanguy y Laverdure. Hace mil años Bruguera sacó algo, pero todavía queda mucho inédito por traducir y es más que recomendable. Lógicamente, una vez en la librería no pude evitar darme algún capricho y me llevé también uno de los volúmenes de la colección de libros de viaje que Louis Vuitton está sacando. En concreto el de Taniguchi dedicado a Venecia. Sencillamente delicioso, una verdadera gozada.


Louis Vuitton Venice Travel Book by Jirō Taniguchi from Nadia M on Vimeo.
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viernes, 21 de febrero de 2014

EL SABUESO. VOL.1 de TANIGUCHI & INAMI

El Sabueso - 1 St. Mary's Ribbon de Jiro Taniguchi & Itsura Inami, edita Ponent Mon
Ponent Mon, 2013.
236 páginas, 8 euros.

DE PERROS Y SABUESOS

El maestro Jiro Taniguchi vuelve a darnos una lección de sensibilidad y ecología en su nueva entrega. Se narran las aventuras de un detective que busca ¡perros desaparecidos!


Los seguidores del japonés ya saben que en ocasiones se nos pone exquisito y se pasma, dando lugar a obras como El caminante o El gourmet solitario, historietas donde prácticamente vemos crecer la hierba. También que esa misma capacidad para extasiarse con la naturaleza le lleva a maravillas como El olmo del Cáucaso o, en una clave mucho más aventurera, La cumbre de los dioses o Seton. El mejor Taniguchi concilia esa mirada religiosa hacia nuestro alrededor con una narrativa trepidante en la que no cabe el aburrimiento y sí la profundización en los personajes y su relación con el mundo. Su visión acostumbra ser maravillosa. El universo colma la mirada y el corazón de quienes están dispuestos a dejarse invadir, de quienes mantienen sus puertas abiertas y saben respetar su entorno. Todo ello, por supuesto, acompañado siempre por su dibujo preciso y detallista y su narrativa tranquila en la que priman los primeros planos, sin abandonar nunca una representación muy bella de la naturaleza.

Este detective de perros es un personaje típico de Taniguchi, aunque se inspira en una serie de novelas firmadas por el escritor Itsura Inami. Un tipo que se siente más a gusto en el bosque que en la ciudad y que prefiere seguir la pista de canes desaparecidos para así tener que tratar menos con las personas. De hecho muchos de los protagonistas humanos que introduce son desagradables, crueles, caprichosos y más salvajes que unos bichos con correa en cuya nobleza se insiste una y otra vez.

Las dos historias que componen el volumen son muy diferentes. La primera es casi de presentación de Ryumon, ese peculiar sabueso de dos patas que evita el contacto con otros hombres. Asistimos a una de sus operaciones y Taniguchi nos brinda su clave más genérica, abundando en escenas como la del detective que se enfrenta solo al grupo de mafiosos, que tal parece sacada de una película de serie negra.

El Sabueso - 1 St. Mary's Ribbon de Jiro Taniguchi & Itsura Inami, edita Ponent Mon

La segunda historia es quizás más conmovedora. Se inicia con un tono similar al de la primera, con la presencia de unos yakuza muy amenazadores. Pero enseguida el autor la lleva a algunos de sus terrenos más familiares, hasta que finalmente nos recuerda bastante a Seton, sobre todo el episodio del lobo y su compañera. Aquí se insiste en la relación entre un perro guía y su compañero humano y todo el relato es creíble y emocionante.

En fin, no diría que es un Taniguchi mayor, pero es que este autor nos ha brindado tebeos realmente excepcionales y rara vez decepciona. Así que comparar cualquiera de sus trabajos con sus obras más brillantes es quizás un poco injusto. Éste sobresale muy por encima de la media de historietas que podamos leer habitualmente y quizás no es tan redondo como otras creaciones suyas. Con todo, contiene pasajes muy bellos y no deberían perdérselo, es perfectamente recomendable.
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viernes, 1 de marzo de 2013

ENEMIGO de J. TANIGUCHI & M.A.T.

«Enemigo» de Jiro Taniguchi y M.A.T. edita Ponent Mon
Ponent Mon, 2013
312 páginas, 24 euros.

PRUEBA DE MUERTE


Parece que a los lectores les ha costado reconocer al sosegado Taniguchi en esta trepidante aventura dibujada en los inicios de su carrera.


En realidad no es tan sorprendente si recordamos uno de los primeros trabajos que le conocimos: Hotel Harbour View, donde abordaba ambientes similares a los de Enemigo. En aquel relato llamaban la atención las páginas dedicadas a la trayectoria de una bala, que tardaba un montón de viñetas en alcanzar su objetivo. Cuando luego conocimos su Caminante, comprendimos que aquella morosidad era una de las claves de un autor que con el tiempo acabaría encontrando sus propios ritmos y cadencias, hasta ajustarlos con precisión a unos contenidos cada vez más poéticos y trascendentes. Pero en ese momento la estilizada violencia de Hotel parecía casi una broma.

Enemigo comparte el gusto por la acción y el protagonismo de un tipo duro que en los textos que acompañan a la historia se relaciona con diversos arquetipos cinematográficos, de Eastwood a Rambo. No dudo de esas influencias ya que en el momento en que Taniguchi se hace cargo de este comic (1984-85) se vivía el apogeo del cine de acción estadounidense. Aunque él se encargó de añadirle ciertos matices propios, como el perro que acompaña al héroe y que nos remite a la larga relación con la naturaleza que caracteriza al dibujante, o influencias tomadas del tebeo italiano, Micheluzzi o Giardino para ser más concretos. En la actualidad yo citaría otro referente cinematográfico: Prueba de vida, la peli de Hackford que narra un secuestro en las selvas hispanoamericanas, con su posterior y muy emocionante intento de rescate.

Viñeta de «Enemigo» de Jiro Taniguchi y M.A.T. edita Ponent Mon
Y algo más. A mi este tebeo me recuerda mucho a las novelas de Forsyth. Como en ellas, hay espacios para la reflexión y la descripción de un mundo conflictivo donde diferentes grupos de poder luchan entre sí, a escala local, familiar y global. Nada es nunca lo que parece en juegos dominados por la ambición y el deseo de tener más que el otro. Si el enfoque periodístico es importante en Forsyth, lo mismo ocurre en el caso de Taniguchi, aunque en seguida la crítica deja paso a la acción y lo único que nos importa es qué va a hacer el protagonista a continuación. Si el escritor inglés ancla sus relatos en la realidad, atrapándonos con su información, todo eso se desvanece ante las peripecias del héroe, cuyo siguiente movimiento es siempre inesperado. No tendrán ni mucha profundidad psicológica ni los finales serán tan rotundos como nos gustaría. Pero quien lea El puño de Dios o Enemigo se va a pasar un rato muy divertido, completamente subyugado por el arte de unos narradores que saben cómo captar nuestro interés y mantenernos enredados en sus fabulaciones.

La acción en Enemigo se desarrolla en un país imaginario y con compañías y gobiernos inventados. Pero no se alejan mucho de una realidad que todos podemos reconocer. Se nos ofrece una visión bastante descarnada de la lucha entre diversos grupos paramilitares, guerrilleros y soldados del gobierno. Y luego eso se equipara a las escaramuzas tribales en el seno de una gran empresa familiar. Y sin discursos. Aunque en esencia ya nos encontramos ante el característico héroe de Taniguchi, silencioso y meditabundo, este es un tebeo de acción, donde las metralletas cuentan más que las palabras. Pasen y disfrútenlo.
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viernes, 3 de diciembre de 2010

SKY HAWK de J. TANIGUCHI

Sky Hawk de Jiro Taniguchi. Edita Ponent Mon
Ponent Mon, 2010.
288 páginas, 17 euros.

VIENTOS DEL OESTE


Hace ya tiempo que Jiro Taniguchi demostró que es el actual dios del manga, por emplear la exagerada terminología que tanto agrada a los japoneses. Y lo es por muchas razones: su indudable habilidad narrativa, su ingente producción, su capacidad para transitar con fortuna los géneros más diversos, su cuidado dibujo, su cosmovisión, que transmite no importa qué esté contando… 


No es sólo bueno, habilidoso, es que además nos cae bien, su escala de valores nos alcanza, su convicción nos emociona. Así que en muy pocas ocasiones me he resistido a comentar su trabajo, porque lo considero imprescindible y normalmente recomendable.

En los últimos meses he dejado pasar tres de sus obras, para no aburrirles. Pero aprovecharé que hablamos de él para, al menos, citarlas. Una es Mi año, su aventura europea con Morvan, un guionista que no contaba entre mis favoritos. No sé si es gracias al japonés, pero esta su primera entrega es tan emotiva como interesante. Ojo a esta serie cuyo segundo episodio ya esperamos con ansiedad. Peor era Blanco, algo que supongo es una recuperación de un trabajo de juventud. El autor todavía no está maduro y se le nota. Más interés tiene El gourmet solitario, un álbum en la línea de El caminante, un deambular por diversos restaurantes nipones, donde se nos muestran algunas comidas locales. Un trabajo raro y espacial, que resulta agradable sólo gracias al talento de Taniguchi, capaz de hacernos leer cualquier cosa y de conseguir que además nos fascine.


Y ahora nos llega este Sky Hawk, un western donde mezcla la épica y el drama de la lucha de las tribus indias con la agonía de dos samuráis que han emigrado a América, huyendo de un destino que los condenaba a la extinción.
Sky Hawk de Jiro Taniguchi edita Ponent Mon.
El autor transita con naturalidad los terrenos del western, adoptando el punto de vista de los nativos americanos, como ya hicieran antes que él creadores anteriores como Ford o Aldrich. Por supuesto, hay mucho de Bailando con Lobos, Jeremiah Johnson y otros clásicos del género. Y no pocas secuencias contemplativas en las que los protagonistas se embelesan con los paisajes que les rodean y perciben la energía de una naturaleza que pronto sufrirá grandes transformaciones.

Más allá de los dramas y las aventuras que se narran, muchas de las cuales ya nos suenan de otros relatos fílmicos o en viñetas, Taniguchi acierta en la construcción de esos dos indios de adopción, que sorprenden a los pieles rojas con sus cuchillos largos y sus poderosos arcos. Aunque las simpatías del autor están claramente con los nativos, no peca de una excesiva idealización y cuida especialmente los aspectos relativos a la ética guerrera de sus héroes. Como Aldrich en La venganza de Ulzana, la lucha y la exterminación del enemigo se muestran como fines honorables, aspectos de una vida que no puede aspirar a la paz, por mucho que ésta se desee.

Hikozaburo y Manzo aceptan sin quejarse un destino que los condena a una lucha sin tregua y una muerte segura al final, con la estoica tranquilidad que caracteriza a los auténticos samurais. Taniguchi nos habla de todo esto y de cómo los nativos americanos pueden entender y aceptar esa filosofía, adoptando como miembros de su tribu a estos extraños guerreros venidos del oeste. Con estos componentes y sazonado con sentimientos que van del afecto entre camaradas a un amor nunca enunciado, pasando por el instinto de protección entre padres e hijos y una generosa ración de odio entre razas y culturas, construye uno de los mejores tebeos del año. Otro más en su ya larga y fructífera carrera. No se lo pueden perder.
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jueves, 11 de febrero de 2010

UN ZOO DE INVIERNO de J.TANIGUCHI

Un zoo de invierno de Jiro Taniguchi, edita Ponent Mon, manga, dibujantes, comic
Ponent Mon, 2009.
232 páginas, 16 euros

SER JOVEN
ES FANTÁSTICO


Cuando comenté la brillante serie La Cumbre de los Dioses, tuve ocasión de observar que la manera en que el dibujante japonés abordaba la obsesión de su protagonista, un escalador empeñado en superar obstáculos cada vez más complejos y arriesgados, adquiría tintes casi autobiográficos. Como su héroe, el autor parece participar de la idea de que determinadas actividades nos superan y debemos entregarnos a ellas de forma casi religiosa, si deseamos otorgarle algún sentido a nuestra vida.


La sospecha de que Jiro Taniguchi piensa así se confirma con esta nueva obra, un sensible relato autobiográfico en el que nos cuenta sus primeros pasos en la profesión. Para alcanzar la maestría en su arte el joven creador debe sortear no pocos obstáculos: un empleo equivocada que ha de abandonar, unas condiciones de trabajo casi esclavistas, que le permitirán adquirir todas las destrezas necesarias para seguir por su cuenta, o sus propias dudas y torpezas iniciales que le impiden alcanzar la calidad a la que aspira.

Este volumen nos habla de temas universales, con la sensibilidad extrema que caracteriza a su autor. Sobre todo de los sueños y esperanzas de la juventud, pero también de sus torpezas y de las dificultades que nos encontramos en todo proceso de aprendizaje y maduración. El protagonista, ese trasunto del propio Taniguchi, es un joven extremadamente reservado, sin apenas trato con las mujeres y con muy poca confianza en sus propias habilidades. A través de diferentes experiencias, no todas gratas, vemos cómo crece, madura y mejora, tanto en el plano vital como en el profesional.

Un zoo de invierno de Jiro Taniguchi, edita Ponent MonMención especial para el tratamiento de las mujeres, que aparecen desempeñando muy diferentes roles. De la hija rebelde que escapa al destino prefijado por su familia a la frágil musa que inspira esa primera obra del autor, pasando por las chicas de bar o la eficiente editora, el universo femenino se muestra como un misterio y una fuente de fuerza e inspiración. Las páginas de este comic se llenan de ternura y amor hacia las mujeres, con esa intensidad muy pura que sólo alguien muy tímido puede sentir y expresar.

Hay más elementos de interés, como es la naturalista descripción del funcionamiento de un estudio donde se fabrican mangas de forma casi industrial. Un lugar donde las fantasías cobran forma y el cansancio del maestro se entrelaza con las aspiraciones de los aspirantes o la frustración de quienes saben que ya no alcanzarán sus sueños. Taniguchi muestra con naturalidad y su destreza habitual un enmarañado tejido de relaciones humanas en el que quiero destacar el episodio de la visita del hermano mayor. Visita temida por ese joven que prácticamente ha abandonado a su familia para perseguir sus ambiciones artísticas y que se transformará en algo muy diferente a lo que él suponía. Como es habitual en el creador japonés, sus personajes parecen vivos y nos sorprenden constantemente con sus reacciones.

Aquellos a quienes les gustan los finales felices (y creo que todavía somos unos cuantos) no se sentirán decepcionados. Hay un momento en que parece que nos dirigimos a una conclusión tremebunda y dramática, pero afortunadamente no es así. Simplemente maravilloso. Leer más...