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viernes, 20 de noviembre de 2020

MUERTE DE UN PROFESOR LIBERTAD DE PRENSA Y HUMOR

Libertad de prensa y humor
La actualidad nos devuelve al año 2005, cuando Käre Bluitgen, una autora de libros infantiles, no conseguía encontrar un ilustrador para su obra “El Corán y la vida del profeta”. Casos como el de Theo Van Gogh, asesinado el año anterior en plena calle por un islamista, y otros similares habían provocado el miedo. Esto llevó al periódico Jyllands-Posten a publicar doce caricaturas de Mahoma, para comprobar si aún existía algo parecido a la libertad de prensa.


Semanas después la fiscalía, presionada por once embajadas, investigó a los dibujantes y no los consideró culpables de delito alguno. Así que un grupo de imanes daneses recorrió Oriente Próximo explicando “el dolor y el tormento” que todo aquello les había causado. Luego vino el boicot a los productos daneses en Oriente Próximo; en 2006 ardieron las embajadas de Dinamarca y Noruega en Siria, también la embajada danesa en Líbano; más de cien personas murieron en las manifestaciones que se produjeron; un ministro indio ofreció más de un millón de libras por la cabeza de uno de los caricaturistas; los casos de intento de atentado justificados por las caricaturas se multiplicaron; algunos periódicos europeos (pocos) decidieron publicar los dibujos, en solidaridad con sus colegas daneses. En 2010 un energúmeno intentó matar al dibujante danés Kurt Westergaard, de 74 años. La policía intervino a tiempo, como ya hizo en 2008 y en 2009, frustrando otros intentos de asesinato. Los dibujantes que participaron en el proyecto necesitan escolta, han tenido que cambiar de casa y en cualquier momento un desequilibrado puede acabar con sus vidas. En enero de 2015 Charlie Hebdo, el semanario satírico francés, sufrió un tiroteo a manos de dos terroristas islámicos. Doce personas murieron en el atentado: varios dibujantes, dos policías, un corrector... En septiembre de 2020 la revista volvía a publicar los dibujos que provocaron el ataque, con una portada que indicaba "Todo esto por esto". Era un día antes del inicio del juicio a 14 personas acusadas de ayudar a los dos atacantes islamistas de 2015. El 25 de septiembre se produjo otro ataque frente al antiguo local de Charlie Hebdo, con dos heridos de gravedad.

A principios de octubre, durante una clase de instrucción moral y cívica (el equivalente a nuestra “educación para la ciudadanía”), Samuel Paty, profesor de geografía e historia de 47 años y padre de un niño, mostró algunas de las caricaturas de Mahoma para hablar de la libertad de expresión. Invitó a quien no quisiera verlas a salir del aula. La escuela recibió quejas después Leer más...

viernes, 8 de julio de 2016

TODOS LOS HIJOS DE PUTA DEL MUNDO de GONZÁLEZ VÁZQUEZ

Todos los hijos de puta del mundo de Alberto González Vázques, edita Astiberri - comic  política humor sátira
Astiberri, 2016.
136 páginas, 18 euros.

ELOGIO DEL EXABRUPTO

Otro recopilatorio más de sátira política. Uno de los más salvajes que he leído últimamente, solo que en este caso a la voluntad de provocar se une una auténtica chispa cómica, un sentido del humor gamberro e irresistible.


Se imponen dos avisos a los posibles lectores de este volumen. El primero es, de tan habitual, casi innecesario. Se refiere a la filiación política de su creador, un colaborador de El Intermedio, entre otros programas televisivos. Como muchos otros cómicos aparenta una supuesta independencia, un yo-me-río-de-todo que al final se traduce en sobre-todo-me-río-de-algunos.

Esto es lo normal, cada cual es libre de profesar las ideas políticas que le parezca, siempre y cuando luego no se dedique a apalear azafatas en su tiempo libre. Al final todo es una cuestión de talento. El Roto lo tiene y aunque yo no esté de acuerdo con su interpretación de la realidad, reconozco la eficacia y precisión de sus sátiras. Lo mismo Ricardo Martínez o Eneko. Lo señalo porque aparentemente Alberto González reparte cera para todos aunque luego no es así del todo. Lo que nos lleva al segundo aviso.

Esas inclinaciones políticas afectan a una de sus características como narrador: una agresividad nada velada. Se manifiesta desde la primera historia, donde enumera a todos los hijosde que se cruzan con él: el capullo de tu jefe, el cabrón que te debe dinero, la exnovia que te jodió la vida… Ese tono de revancha, de violencia apenas sofocada, recorre todo el volumen. Me cuesta creer que cualquiera que se dedique no a apaciguar sino a enervar pueda luego ir dando lecciones de crítica social, no se apagan los incendios con gasolina. Pero la comicidad siempre implica humillación y escarnio.

Cuando defendemos la libertad de expresión defendemos las burradas que soltaban Ja, Oscar y compañía en El Papus primero y El Jueves después.
Todos los hijos de puta del mundo de Alberto González Vázques, edita Astiberri - comic  política humor sátira
Defendemos lo zafio y lo incorrecto. Defendemos un camino sin vuelta atrás en el que no cabe escandalizarse cuando algo no nos conviene. Aprecio el punto salvaje que el autor aplica contra los que no son de su cuerda. Y me río con sus chistes. Preferiría aproximaciones menos moñas cuando se trata de hablar del tipo que no dejó hablar a Rosa Díez en la Complu. Pero no se puede pedir todo.

Dicho lo cual, sólo me queda enumerar los abundantes hallazgos cómicos del volumen, empezando por esa conversación del Un-Dos-Tres, que refleja con tremenda eficacia humorística la superficialidad de los encuentros entre líderes de distintos partidos, yo también me los imagino así.

La comparación entre los toreros y Los Vengadores es otra joya, breve e intensa. Uno de los episodios más surrealistas es el de Aznar en la cama. Bruto como él solo pero al tiempo desternillante. La verdad es que tanto en el gag de una sola viñeta como en las historias de desarrollo más largo nos topamos con ocurrencias que inevitablemente provocan la sonrisa y la carcajada. Me divierten las pullas que dedica a Ferrán Adriá. Y el chiste con la profesora aconsejando a los alumnos que, si desean alcanzar el éxito, sean ellos mismos. A continuación añade: Bueno, tú no… Y tú mejor tampoco…

El capítulo que dedica a Iglesias, al que supone enamorado de una seguidora, una tal Jennifer, resulta blandito en un conjunto notablemente más bestia. Pero su narrativa es buena y el ritmo no decae hasta el divertido final. El de Sánchez intentando alcanzar el voto de los pedófilos es justo lo contrario, burro hasta decir basta, pero también tiene gracia. El de la negociación entre Sánchez e Iglesias es otra salvajada de cuidado, con el líder sociata preguntando: ¿Sabes con quién vas a negociar hoy? Cuando lo ha repetido la tercera vez casi podemos adivinar la respuesta: “Hoy vas a negociar con mi polla”. Si eso les parece ordinario entonces no deberían leer el de la conversación entre Rafael Hernando y Mariano, con este último pidiéndole las drogas adecuadas para echare un buen polvo a su mujer. Después de negar haberse acercado a ninguna sustancia tóxica en su vida, Hernando se revela como un auténtico experto en la materia, que además carga con Speed, Popper, DMT y otras. Naturalmente, “se lo estaba guardando a un amigo”.

En fin, los amantes de la sutileza y el humor blanco no deberían de acercarse a este recopilatorio. Pero si le apetece asomarse a esos otros mundos que no salen en las noticias, a los políticos tal y como deben de ser en su vida privada, en la versión más gruesa y desprejuiciada posible, no lo duden y cómprense este libro. Seguro que se pasan un buen rato.
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viernes, 5 de diciembre de 2014

CHISTES ACTUALIDAD DE FONTDEVILA "EN EL LADO BUENO DE LA VALLA"

Manel Fontdevila, En el lado bueno de la valla, España en 100 viñetas, edita Rocaeditorial
Rocaeditorial, 2014.
106 páginas, 9,90 euros.

¿CRISIS?¿QUÉ CRISIS?

Un nuevo recopilatorio de Fontdevila que agrupa chistes sobre temas de actualidad como el paro, el rescate bancario, la corrupción, la justicia, los emigrantes…


Recientemente el autor presentaba una exposición en el marco del pasado Comic Nostrum en Palma. También participó en una charla donde explicó los motivos de su salida de El Jueves y cómo se estaba reinventando con la puesta en marcha de una nueva publicación digital.

Lo cierto es que la vida de muchos dibujantes de humor desde la transición ha sido más bien azarosa. No hace falta remontarse a los tiempos de la bomba en El Papus, basta con pensar en los sueldos de quienes no tienen la suerte de colaborar con periódicos nacionales. E incluso estos últimos ven cómo en ocasiones un nuevo director considera que su trabajo ya no está en la onda y son despedidos sin contemplaciones, como contaba Romeu en su autobiografía. El Jueves, que era la publicación más sólida, hace ya años que está lejos de las tiradas que alcanzó en sus mejores momentos, cuando se leía en los cuarteles y los colegios mayores y antes de la aparición de Internet y otras distracciones digitales. La crisis del papel ha golpeado a los humoristas gráficos que sobreviven como pueden en la red. Y, como buenos payasos, deben entretener y conectar con su público.

Manel Fontdevila, En el lado bueno de la valla, España en 100 viñetas, edita Rocaeditorial, chistes, actualidad, humor
En tiempos de apuros económicos es lógico y hasta deseable que alguien observe las desgracias ajenas y extraiga de ellas material para sus bromas. Reírse siempre es reírse de alguien, como recordaba Johnson en su libro sobre el humor. Por eso conectaba la decadencia del género con el triunfo de lo políticamente correcto. Años atrás no era raro escuchar chistes sobre pobres sudafricanos, sufridas esposas o avaros catalanes. Ahora todos ellos son víctimas y como tales intocables. Así que lo que nos queda es un terreno muy reducido y escasamente estimulante. Somos unas aburridas mejores personas. Ya he comentado con anterioridad que algunos autores como El Roto consiguen hacer humor a base de consignas pero en pocos casos más la ideología casa bien con las bromas. Ni con el talento. He oído a más de un dibujante repetir eso de que han vuelto al estereotipo del banquero con chistera porque, aunque suene a viejo, es muy actual. Y afirmar que los eslóganes revolucionarios son lo que necesitamos para resolver los problemas en que nos ha metido la crisis.

Fontdevila está en esa onda y pone toda su destreza gráfica, que no es poca, al servicio de la causa. Personalmente, aprecio mucho cuando construye verdaderos personajes a partir de los infames protagonistas de la actualidad. Sus caricaturas de los diversos políticos son excelentes y al aire agitanado que le da a Bárcenas es tronchante. La serie dedicada a la justicia es especialmente afortunada y el chiste del banquero con el juez frotándose contra su pierna cual perro en celo es una gran ocurrencia. Pero en general dibuja muchos gags en los que pesa más el discurso que su verdadera tarea: hacernos reír, entretenernos. Porque ese y no otro es su trabajo. Además, como nos recuerda una de sus páginas, parece muy consciente de que tanta indignación apenas se traduce en hechos. Un tipo muy cabreado propone “incendiar las redes sociales” y demostrar que ciertas ideas son intolerables. Su mujer le pregunta “¿demostrar a quién?” y él responde que “a ellos”. Ella opina que les va a dar lo mismo. Así que él cambia “a nosotros” y ella le replica “ya lo sabemos ¿no?”. A esto sigue una viñeta muda. En eso se ha convertido el humor: un intercambio de frases hechas, una liturgia que ni afecta a “los otros”, ni ayuda “a los nuestros”.

Al menos cuando Fontdevila se entrega a la crítica salvaje de la actualidad puede llegar a ser gracioso, peor es cuando se pone a dar lecciones sobre cómo superar la crisis, nos explica qué es y no es una democracia o predica las bondades de lo público. Si aún queda algún anarquista suelto, que repita conmigo: el estado no es la solución, ¡es el problema, idiotas!
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viernes, 4 de julio de 2014

OTTO EL CAÑON de BLANCO, DIBUJANTE DEL TBO

Otto el cañon de Blanco edita Amaníaco humor TBO comic
Amaníaco, 2014.
64 pág. 19 €

¡APUNTEN!


Blanco, uno de los últimos dibujantes del TBO, sigue en plena forma. Publica ahora una colección de chistes con un insólito protagonista, un cañón.


Primero, debemos agradecer a los chicos de Amaníaco que hayan decidido lanzar este producto extraño y delicado. Pasados los momentos en que un personaje o serie están de moda, el destino de muchos dibujantes es el olvido cuando no directamente la pobreza. Todos conocemos historias de autores que acabaron pintando soldaditos o, si tenían más suerte, marinas en serie para rellenar paredes de hotel. Eso no ha cambiado mucho. Los creadores veteranos mueren y su obra aparece en la basura o es malvendida por sus herederos. Como no hay nada que se parezca a un museo del cómic en condiciones, páginas que ahora podrían ser adquiridas a unos precios razonables están condenadas a perderse o a pasar a manos privadas y quizás dentro de doscientos años algunos afortunados consigan volver a ver alguna. Pero parece poco probable. Cada vez que algún Ayuntamiento discute qué hacer con un edificio que permanece vacío pienso en las escasas instituciones que almacenan y exhiben planchas de cómic. Algo que permitiría obtener unos merecidos ingresos a los creadores y que sin duda tendría un gran interés turístico y cultural. Y que además presenta una diferencia nada despreciable respecto a los museos de pintura tradicional o de arte contemporáneo, donde las ciudades más pequeñas no pueden competir con las grandes. Madrid tiene el Guernica y aquí nos conformaremos con los apuntes con los que se limpiaba el trasero Picasso. En cambio en el mundo del cómic todavía se pueden conseguir piezas interesantes de casi cualquier autor a precios asequibles. Cualquier ciudad de provincias podría montarse el mejor museo de Europa, si empieza a moverse ya. Teniendo en cuenta el tradicional desprecio académico hacia el medio, dudo que tal cosa ocurra.

Catálogo de Blanco en el Casal Solleric, ajuntament de Palma comic
Imagen vía Extraestudio
Así que nos conformaremos con que algunos de los veteranos puedan disfrutar de cierto reconocimiento en su madurez y vean cómo muchos lectores todavía aprecian su talento. En 2011 dedicamos exposición y catálogo a Blanco en el Casal Solleric de Palma. Ahora sus hijos, preocupados por mantener vivo el legado de su padre, estudian nuevas estrategias comerciales entre las que se cuenta retomar la clásica serie de dibujos de Barcelona, realizada tras abandonar el TBO. Esas láminas, como bien pude comprobar al incluir algunas en el catálogo, sufrían mucho al reducirse de tamaño, gran parte de los detalles que les dan sentido no se apreciaban correctamente. Ahora planean imprimirlas sobre unos sorprendentes soportes que nos permitirán disfrutarlas en todo su esplendor pop. Si todo sale bien, estoy seguro de que serán un gran éxito comercial y harán justicia, finalmente, al esfuerzo que Blanco puso en ellas. Y hasta aquí puedo contar sobre un proyecto todavía en pañales.

Otto el cañon de Blanco edita Amaníaco comic TBO humor antibelicista
Lo que ya es una realidad es este volumen, financiado entre la editorial y la familia y con una tirada muy limitada, que agrupa un conjunto de bocetos guardado por Blanco en una carpeta y que nunca se había editado. De hecho, ni siquiera lo mencionó cuando confeccionamos su catálogo. Su temática antibelicista no lo hacía apropiado para el TBO y el autor ni llegó a presentarlo. Pero la idea le gustaba y continuó construyendo chistes sobre Otto, un cañón al que no le gusta disparar. Esto fue a mediados de los sesenta. Muchos años más tarde, exactamente en 2013, los dibujos reaparecen y se le ocurre que puede retomar el proyecto. Ahora han sido reunidos en una cuidada edición, con un color de acuarela muy discreto y conservando el trazo fresco y sin complejos de los primeros esbozos. ¿Qué puedo añadir? Se lee muy bien, si no tienen problemas con la ingenuidad y la ternura que siempre caracterizaron al mejor TBO. No en vano Blanco fue uno de sus mayores puntales. Todo es sencillo y directo, agradablemente naif. Y a los freudianos les encantará especular sobre el valor simbólico de ese cañón que a veces está muy tieso pero que también se ablanda y se queda fláccido, dependiendo de las situaciones y de su estado de ánimo. Nunca se fíen del humor aparentemente sin aristas.
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viernes, 22 de febrero de 2013

HUMORISTAS de P. JOHNSON

Humoristas de Paul Johnson. Ático de libros.
Ático de los libros. Barcelona, 2012.
304 páginas, 22 euros.

¡HAZ REÍR!

Paul Johnson nos sorprende con un volumen dedicado a los genios del humor, entre los que sobresalen varios creadores gráficos.


Los que ya hayan leído sus otros volúmenes (Intelectuales, Creadores o Héroes) sin duda se habrán precipitado a comprar este nuevo libro. Como en los anteriores el conocido periodista repasa las vidas de un conjunto de personajes que considera representativos para ilustrar el concepto que emplea como título. Intelectuales es uno de mis libros de referencia y creo que deberían recomendarlo en los Institutos. Héroes es igualmente bueno y Creadores contiene capítulos realmente antológicos, como el que dedica a Picasso y Disney, unas imposibles vidas paralelas que no obstante Johnson articula con una habilidad pasmosa. En todos ellos demuestra su dominio de la información y su capacidad para emplear enfoques nuevos en asuntos aparentemente muy trillados.

En fin, a mi Johnson me vuelve loco así que cuando Humoristas llegó a las librerías no tardé en hacerme con un ejemplar, que he conseguido devorar estas Navidades. Su apartado sobre Chaplin es tan bueno que luego tuve que zamparme una autobiografía de Sennet que hacía años rondaba por casa, para permanecer un poco más en los mundos explorados por el maestro. Tanto en la versión de Johnson como en la de Sennet sorprende el énfasis en la precisión. Podríamos fácilmente suponer que el humor es cosa de tipos brillantes que improvisan con gracia y aparente facilidad. Y que los ensayos y la disciplina son terrenos ajenos al humor. Pero no es esa la idea que transmiten los expertos. Al contrario, se insiste en “el número” y en cómo Chaplin, Langdon, Keaton y compañía practicaban “su número”. Una y otra vez, hasta que les salía perfecto.

Viñeta de Peter Arno, cometado en "Humoristas" de Paul Johnson
Johnson repasa clásicos del humor que proceden de ámbitos tan diversos como la literatura, el cine o la pintura. De antología su capítulo dedicado a Dickens, o el de Chesterton. Y su definición del humor, que adelanta en la introducción y desarrolla a lo largo del libro. Por supuesto, a los amantes del humor gráfico la obra les depara no pocas sorpresas. Eran de esperar capítulos dedicados a dibujantes tan dotados como Hogarth, Rowlandson o Lautrec. No son tan habituales las reseñas sobre los dos primeros, auténticos creadores del moderno lenguaje secuencial y a quienes algunos dibujantes actuales como Talbot ya han rendido un merecido tributo. Son biografías que se disfrutan de cabo a rabo, por la densidad de los datos y la habilidad de Johnson para engarzarlos en un discurso tan sugerente como entretenido.

Más sorprendentes son los capítulos finales. Mientras nos cuenta la vida de algunos cómicos americanos e ingleses, el autor nos permite echar un vistazo a la historia de dos revistas tan míticas como el New Yorker y el Punch. No sólo eso, por el camino menciona a algunos de sus directores artísticos, como el gran Rea Irvin, o se detiene en los gags de sus creadores más conocidos, como el genial y atrevido Arno, en mi opinión el mejor dibujante humorístico de todos los tiempos. El libro aumenta nuestra comprensión del fenómeno de la prensa humorística en Inglaterra y ofrece no pocas pistas sobre algunos de sus autores.
Por supuesto también se cita a los hermanos Marx, a Wodehouse o a Waugh, todo ello salpicado con las habituales anotaciones de Johnson: “Cuando le conocí…”. ¡No deberían perdérselo!
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viernes, 4 de noviembre de 2011

Humor Blanco

BLANCO, EL TBO… ¡Y MUCHO MÁS! 
Humor Blanco. 
Josep Maria Blanco Ibarz
Casal Solleric. Del 13 de septiembre al 13 de Noviembre de 2011. 

La pasada Nit de l’Art se inauguraba en el Casal Solleric de Palma la exposición dedicada al dibujante Josep Maria Blanco, uno de los últimos supervivientes de la revista TBO, la publicación que explica que en España denominemos “tebeos” a los comics.

El TBO, primero 
El TBO nació casi una década antes que Blanco, en 1917 mientras que él veía la luz en 1926. La revista incorpora a dibujantes tan reconocidos como Opisso o el menorquín Marino Benejam. Son sólo dos nombres que sobresalen en una plantilla que supone un verdadero despliegue de talento. En 1923 aparece como sección Los Inventos del TBO y en 1936 Benejam crea a Melitón Pérez, aunque el TBO se caracterizaba por incluir pocos personajes fijos.

Con la guerra la cosa se complica y en 1938 se interrumpe su publicación. Vuelve en 1942 pero variando su nombre y con muchos problemas para conseguir un permiso de edición. Con todo, en 1944 aparece la serie más popular de la revista, La familia Ulises. Finalmente en 1952 consiguen normalizar su periodicidad, dando inicio a la etapa más exitosa y prolongada. En 1972 se convierte en TBO2000 y en 1980 en El TBO. Desaparece tres años después. Todavía hoy es fácil acceder al material del TBO. Ediciones B agrupó en tomos historietas de diversas épocas de la revista bajo el título de “El TBO de siempre” y pueden encontrarse en cualquier librería especializada. Recientemente Salvat lanzaba un coleccionable compilando Almanaques:“TBO, edición coleccionista”. En ambos casos se echaba en falta algo más de orden en la selección y presentación, pero al menos nos permitían satisfacer nuestro interés por una obra tan variada como interesante y divertida.

Existen razones que explican la tremenda popularidad del TBO, con tiradas impensables hoy en día, casi medio millón de ejemplares que se calcula eran leídos y compartidos por millones de lectores. Por un lado sus aspectos gráficos, su colorista presentación pero también los variados y muy personales estilos de sus colaboradores. También sus contenidos, que primaban un humor bienintencionado generando la ilusión de un mundo luminoso y agradable en el que primaban las buenas maneras y una inocencia generalizada. Durante años el legado del TBO ha quedado oscurecido por la atención prestada a su principal competidor, Bruguera, que a la larga fue quien se quedó con el pastel del público. Bruguera, se nos dice, ofrecía una mirada distorsionada pero crítica de lo real, de la violencia, el hambre, las contradicciones, la represión y las penurias de la sociedad franquista. El TBO por el contrario sería una publicación burguesa, acomodaticia y que colaboraría con el régimen participando del milagro económico de los sesenta, aturdiendo a sus lectores con la fantasía de un mundo mejor. Es la vieja idea del arte como reflejo. Para los que no creemos en un arte dictado, todo esto no tiene ningún sentido. ¿Hay que despreciar a Matisse por proclamar que su pintura es como un buen sofá? No niego que el arte pueda alimentarse de la indignación política, pero sí que DEBA hacerlo.
El TBO no tiene nada de qué avergonzarse y mucho de qué enorgullecerse. En el desarrollo de ese proyecto jugó un papel relevante Josep Maria Blanco.


Blanco contra Ibarz
Tras algunos coqueteos con otras revistas, Blanco consigue publicar en el TBO en 1951. En ese momento ya trabaja en un Banco, ocupación que no abandonará hasta su jubilación. Toda su vida laboral se caracteriza por una extraña duplicidad, oficinista por la mañana, dibujante por la tarde y noche. Para él, más que una necesidad creativa, de expresión, su trabajo “artístico” era otra fuente de financiación. No era el único, Urda fue su compañero en la sucursal y también Ibáñez trabajó en un banco hasta que Mortadelo le permitió dejarlo.

Lo más interesante en los primeros años de Blanco son sus constantes cambios de estilo. De la distorsión extrema, lo que él llama su etapa de narigudos, a una mayor contención y naturalismo, imitando el estilo de Benejam. Después prueba con la geometría, llegando a realizar las cabezas con monedas. Esta fase es quizás la que nos resulta más moderna, más próxima, pero al autor no le satisfacía, no se ajustaba a sus prioridades cómicas. Entra así en una etapa de geometrías blandas donde los cuerpos se estiran y distorsionan y el dibujo es satisfactoriamente limpio y despejado. Tampoco dura mucho. A mediados de los sesenta fija su estilo“clásico” que ya no abandonará.

Curiosamente esos cambios le perseguirán a lo largo de su carrera. Cuando en los setenta su fama se consolida y debe continuar el trabajo de Benejam en La familia Ulises, los editores deciden recuperar historietas anteriores, inéditas algunas, ya publicadas otras. Para no confundir al lector adoptan el apellido materno del autor. Así, al lado de las planchas del moderno Blanco, encontramos el material del antiguo Ibarz. Ambos son igual de satisfactorios.

Fuera de serie 
Bruguera basaba toda su producción en personajes fijos, al contrario que el TBO. Sin embargo, algunas de sus escasas series fueron tremendamente populares. Como la dedicada a los estrambóticos inventos, donde Blanco apenas participó con un par de planchas. Por su cuenta creó algo parecido a una serie, unos caníbales de nombre movedizo, los kakikus, que seguramente hoy escandalizarían a los beatos de lo políticamente correcto. Participaba de una tradición donde encontramos a Opisso o a Benejam tratando con lamentable paternalismo a los africanos. Aunque cualquier rasgo de supremacía blanca queda habitualmente diluido en un humor siempre bonachón y multidireccional.

Luego el autor se ve embarcado en una aventura que le dejó un sabor agridulce. Como continuador de La familia Ulises, Blanco se siente orgulloso de haber mantenido vivos los personajes creados por su maestro y amigo Benejam. Pero también se lamenta de las horas perdidas realizando un trabajo que no sentía como propio, con guiones que no eran suyos.

Volvió a coquetear con otros héroes, esta vez de creación personal. Pero ni Don Cosme, su señora o el burro Aníbal pueden considerarse realmente fijos. Eran más bien excusas que le servían para fabricar historias. Tan pronto los empleaba como se olvidaba de ellos. Donde realmente sobresalía era en el gag, la historia corta, la ocurrencia. Ya fuera en portadas, planchas enteras o medias, centrales o tiras, su humor no desfallece y apenas necesita desarrollar a sus protagonistas, tan universales son sus rasgos. Blanco conoce muy bien al hombre de la calle, al tipo que vive su vida e intenta que le dejen en paz y evitarse líos. Lógicamente las cosas nunca salen como esperamos y esa decepción activa el mecanismo cómico. Su humor siempre oscila entre la pura observación de la realidad y un desparrame surrealista y muy imaginativo. Si sus historias tienden a originarse en lo real pueden acabar transitando territorios tremendamente absurdos y siempre divertidos.

 Más allá del TBO 
Cuando el TBO se desvanece Blanco decide reinventarse. Salta entonces de las diminutas viñetas que realizaba para la revista a un sorprendente conjunto de “viñetas” únicas y de gran formato. Dedica sus esfuerzos a la ciudad que le vio nacer y donde ha pasado toda su vida. Las transformaciones del 92 empiezan a hacer mella en algunos parajes característicos, así que el dibujante convierte sus vistas en memorandums de una Barcelona que está desvaneciéndose para dar paso a una modernidad quizás demasiado seria.

Si en sus historietas había asumido el lenguaje de Benejam llevándolo a su propio terreno, en sus perspectivas demuestra que también carga con la influencia de Opisso y que puede medirse con él en uno de sus terrenos de juego favoritos, las calles llenas de coloridos personajes. Los fondos se llenan de detalles y rigor y las figuras demuestran que Blanco tiene más facetas de las exhibidas en sus largos años de trabajo en el TBO. De alguna manera la esencia cómica de su arte permanece, pero enriquecida y mejorada.

Todo esto y más puede verse en la exposición del Solleric, que todavía están a tiempo de visitar. Me siento especialmente satisfecho del catálogo que la acompaña, producido con la calidad que la obra de Blanco se merece. Échenle un vistazo y ya me dirán.
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viernes, 23 de septiembre de 2011

LA SAGA DE ATLAS Y AXIS. Pau

Dibbuks. Madrid, 2011. 
80 páginas. 16 euros. 

LOS FAMOSOS PERROS 


Durante años Pau dibujó su sección Pau per tots para El Diario de Mallorca. Pero su sueño era producir para el mercado franco-belga algo similar a su adorado Asterix. Tras más de una década de esfuerzos y sacrificios finalmente lo ha conseguido.


En cuanto le han publicado en Francia ha encontrado también editor en España; lo cual dice tanto sobre nuestra industria que es preferible ni comentarlo. Ante todo conviene alegrarse por la aparición de una obra que confirma el talento gráfico de uno de nuestros dibujantes más interesantes.

El mallorquín transita una delicada senda que entrelaza citas a Uderzo con sombras de Corben, matices de Rosinski y toda la bolsa de trucos de Disney. Mezcla sin complejos esas influencias diversas consiguiendo un resultado que sorprende por su coherencia y emociona por su vitalidad. Todo en él resulta fresco y arrollador, lleno de verdad. Mención aparte para sus paisajes y su color, tan atmosféricos como sugerentes. Con Pau sentimos el frío y el calor, casi podemos tocar sus aguas siempre transparentes y luminosas, saboreamos sus texturas y disfrutamos con sus armonías cromáticas.

Como alumno aventajado de Max es un inconformista y así lo reflejan sus temas. Parte de la tradición de los funny animals pero sus personajes son más animales que divertidos, no oculta su fascinación por los documentales de la 2.
Esta es creo yo su principal aportación, una suerte de verismo que le separa de productos anteriores. No es un tebeo para niños, aunque lo parezca. O quizás sí, para los del siglo que arranca. En todo caso sus perros mean (una y otra vez), muerden, follan y hasta dicen palabrotas. Ese realismo que dota de originalidad a sus héroes, también le lleva a cometer ciertos deslices argumentales. Como por ejemplo que en un relato de venganza y búsqueda, de repente el compañero del héroe desaparezca para volver a entrar en acción un montón de páginas después. Como es un perro... O las reacciones ante la matanza final. Parece que se apunta una reflexión, que se corta bruscamente ante el argumento de que los perros no les dan tantas vueltas a las cosas.

Esa naturalidad canina es un arma de doble filo. Por un lado le permite crear y jugar con dos personajes frescos y cuyas peripecias se siguen con agrado. Pero también le lleva a cierta despreocupación argumental, que aporta al álbum un ritmo un tanto entrecortado. En toda la parte de la desaparición del comparsa quizás se nota en exceso la voluntad de presentar personajes a desarrollar en álbumes posteriores. Por otro lado, la motivación de los héroes y la presentación visual de los villanos no son convincentes. En ambos casos nos falta información que nos permita interesarnos o preocuparnos por unos y odiar a los otros

Concluyo con el principal escoyo al que se enfrenta: esta historia ya ha sido contada por uno de los mejores. Si hablamos de salir en busca de unos familiares y amigos raptados por una tribu enemiga los aficionados al cine enseguida recordamos dos clásicos de Ford. Primero Dos cabalgan juntos, donde Stewart y Widmark mantenían un tono de farsa hasta que el director derivaba abruptamente hacia la tragedia. El niño criado por los indios era llevado de vuelta entre los blancos y allí mataba a su verdadera madre, por lo que era linchado sin dilación por una enfurecida turba. Luego Ford retomaba el aire de comedia y aquí no ha pasado nada. En Centauros del desierto el protagonismo era para John Wayne, que bordaba un papel de racista a la busca de su sobrina capturada por los malvados pieles rojas. En ambos casos la peripecia argumental era una excusa para reflexionar sobre la violencia y las problemáticas relaciones entre culturas.

El asunto es complejo y espinoso. A Pau no le falta talento pero creo que su visión documental le lleva a no pronunciarse. Unos llegan y matan y los otros van y se vengan, así son las cosas. Pero un relato supone un recorrido, cambios, conflictos que deben resolverse. De alguna manera parece intuirlo y deja escapar algunos diálogos que citan el problema de la violencia, pero con poca convicción.

Pienso que algunas de estas debilidades tienen que ver con la larga gestación del trabajo, reelaborado durante años. Seguro que si la saga funciona (y eso parecen indicar las primeras y muy favorables críticas de los franceses) podrá centrarse en construir historias más sencillas y directas, evitando algunos de los vericuetos con los que se entretiene en este primer volumen. Ya tiene un pie dentro, ahora sólo queda desearle un largo y afortunado camino en su aventura gala. ¡Suerte, amigo!
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miércoles, 24 de febrero de 2010

El desencanto - Andrew Anthony

Planeta, 2009.
376 páginas,

20,50 €


SE LLAMA
MIEDO

En la novela de Tom Wolfe Soy Charlotte Simmons, encontramos un pasaje que señala algunas de las paradojas de la corrección política. En una universidad, un erudito profesor muestra imágenes de un experimento de neurociencia. Un toro de lidia ha recibido unos implantes cerebrales que permiten al científico de turno controlar sus impulsos, dirigiéndolo a su antojo. Cuando algunos alumnos lo ven, empiezan a clamar contra lo que consideran crueldad hacia los animales. Pero el maestro, que es perro viejo, replica rápidamente que en España el maltrato a los toros es un rasgo cultural propio. En la novela los estudiantes se quedan paralizados ante el argumento, ya que el respeto a la diversidad cultural se considera un valor supremo.

Ocurrió algo parecido con las famosas caricaturas de Mahoma. Cualquier otro suceso similar activaría inmediatamente las alarmas en defensa de la libertad de expresión. Pero como los ofendidos no eran los príncipes, como en la sonada portada de El Jueves, las voces se acallaron y en su lugar se alzó un miserable murmullo de susurros acobardados que, en nombre de la multiculturalidad, nos sugerían de qué se puede hablar y de qué no.

Del caso de las caricaturas de Mahoma se nos han ofrecido diferentes versiones. Yo les recomiendo la de Andrew Anthony en su libro El desencanto, que paso a resumir. Todo empezó en 2005 con El Corán y la vida del profeta de Käre Bluitgen, una autora de libros infantiles que no conseguía encontrar un ilustrador para su obra. El caso de Theo Van Gogh y otros similares habían provocado el miedo. Esto fue lo que motivó que el periódico Jyllands-Posten publicara doce caricaturas de Mahoma. Semanas después una delegación de once embajadas instaba al gobierno danés a aplicar el peso de la ley sobre los responsables. La fiscalía investigó y no consideró a los dibujantes culpables de delito alguno. Entonces un grupo de imanes daneses recorre Oriente Próximo explicando “el dolor y el tormento” que todo esto les había causado.

Sin duda recuerdan el resto: boicot a los productos daneses en Oriente Próximo; en 2006 las embajadas de Dinamarca y Noruega en Siria son incendiadas, también la embajada danesa en Líbano; en las manifestaciones que se produjeron de Nigeria a Pakistán murieron más de cien personas; un ministro indio ofreció más de un millón de libras por la cabeza de uno de los caricaturistas; los casos de intento de atentado cuya justificación eran las caricaturas se multiplicaron; algunos periódicos europeos decidieron publicar los dibujos, en solidaridad con sus colegas daneses; otros miraron hacia otro lado, hablando del “desprecio europeo hacia otras culturas” y de “ofensas deliberadas”.

Cuando hace años un grupo judío demandó a Wuillemin por Hitler SS a mi me pareció bien. Si alguien se siente ofendido por una historieta puede protestar, siguiendo los cauces legales. Pero que directamente se decida silenciar una opinión recurriendo a amenazas de muerte es bien diferente.

El asunto sigue abierto, como nos recordaba una noticia que se producía estas navidades. La casa del dibujante danés Kurt Westergaard, de 74 años, era invadida por un energúmeno que pretendía matarle, armado con un hacha y un cuchillo. La policía intervino a tiempo, como ya hizo en 2008, año en que los servicios de inteligencia daneses frustraron un primer intento de asesinato, y en 2009, cuando el FBI abortó un segundo atentado. Westergaard ha declarado: “No tengo miedo, pero estoy muy enfadado por sufrir amenazas porque solo hice mi trabajo”. Los dibujantes que participaron en ese proyecto han vivido un auténtico infierno. Necesitan escolta, han tenido que cambiar de casa y en cualquier momento un desequilibrado puede acabar con sus vidas. Son unos verdaderos héroes a quienes rindo tributo. Si en los años cuarenta el gran dibujante inglés David Low ilustraba la fortaleza moral de Europa con la imagen que acompaña este artículo, podemos imaginar ahora a cualquiera de esos dibujantes sustituyendo a Churchill, presto a enfrentarse a la barbarie. Porque todos los demócratas europeos le siguen, arremangándose para lo que venga. Sin excusas. Leer más...