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viernes, 2 de febrero de 2018

CARVALHO - TATUAJE DE MIGOYA y SEGUÍ

Carvalho  Tatuaje comic de Seguí y Migoya sobre la obra de Manuel Vázquez Montalbán
Norma editorial. 
Barcelona, 2017
80 páginas. 19,50 euros.

MONTALBÁN EN VIÑETAS
Debo confesar que jamás me he leído una novela de Vázquez Montalbán, así que cuando se anunció su adaptación al cómic pensé que mi única ventaja era que, al menos, mi mirada no se vería enturbiada por los prejuicios. No diré eso de “la novela era mejor”.


Suma y sigue, no soy un fan de la novela negra. Me da igual quién es el asesino. Una vez lo intenté con una de Agatha Christie y tuve que dejarla a la mitad, perdido entre los incontables personajes. En fin, que mi cerebro se resiste a acompañar a los esforzados sabuesos de una pista a la siguiente.

Tan solo lo consigo a medias cuando el narrador es excepcional, digamos un Ellroy en América o un Polansky en Chinatown. Y aun así, me cuesta. Así que a priori no suelo abalanzarme sobre comics protagonizados por detectives. No niego sus méritos, la razón por la que muchos intelectuales ensalzaron el género: esa capacidad para comportarse como espejo de la sociedad. Mientras el protagonista busca al malo comprobamos la corrupción del tejido social y lo débiles que son las hebras que mantienen el equilibrio entre clases, también que los ricos hacen siempre lo que les viene en gana y que los pobres son quienes pagan el pato de los pecados de otros. Esa idea del reflejo sé que es muy del agrado de una buena parte de la crítica, pero yo no estoy en esa onda. Aplaudo toda denuncia que promueva cambios y mejoras pero el arte es otra cosa, creo.


Tatuaje no peca por ese lado. Al contrario, muestra con precisión todos los vericuetos y las miserias de esa España del 74. Ahí, Bartolomé Seguí no falla y dibuja a la perfección la fauna que puebla el guión de Hernán Migoya (y el original de Montalbán, supongo), así como el complicado conjunto de escenarios, de Barcelona a Holanda. En un tebeo tan oral como este, con personajes intercambiando densos diálogos en todas las páginas, es importante que el dibujante aporte variedad y anime lo que si no serían innumerables secuencias de bustos parlantes. Vemos que se pelea con la planificación y que hasta se esfuerza por dibujar chicas monas, como exige el argumento. Me fastidia un poco la clave baja del color, con tendencia al gris, que adivino es un comentario sobre la época, pero que aporta una innecesaria monotonía a las planchas, ya bastante cargadas de por sí.

Carvalho  Tatuaje comic de Seguí y Migoya sobre la obra de Manuel Vázquez Montalbán
Considero que la mecánica de la historia también es correcta, se ajusta a la estructura que hemos visto tantas veces en el cine: aparece un muerto, alguien encarga al protagonista que lo investigue y a partir de ahí vamos pasando de una pista a la siguiente, hasta el inevitable final. De hecho, toda la parte en que se desvela la identidad del asesino y se nos muestra el turbio entorno de la gorda, es bastante eficaz, mantiene el interés del lector. Más cuando se sazona con escenas tan sugerentes como la de la naranja en las escaleras. Tengo la sensación de que el guionista de alguna manera conecta bien con los componentes más sexuales del original.

Llegamos así a la parte indigesta del trabajo, como es el protagonista, ese Carvalho que no se calla ni debajo de la ducha. Si como ya he dicho los personajes hablan mucho a eso debe añadirse un héroe que constantemente puntúa todo lo que sucede con comentarios supuestamente ingeniosos. Digo supuestamente porque a mí no me hacen ninguna gracia, la verdad. Acabo harto de sus citas sobre comida y de su filosofía vital. Paradójicamente lo peor del álbum es lo que al mismo tiempo mejor refleja la época que se pretende retratar.
Hubo muchos cínicos, muchos listillos como este que vivieron muy bien despotricando contra todo y, al mismo tiempo, incapaces de hacer nada positivo. A través de él he recordado a aquellos militantes perpetuamente enfadados con el mundo, que jamás entendieron (ni admitieron) la transición y que hoy se perpetúan atrincherados en sus cátedras universitarias. Viejos comisarios opinando dogmáticamente sobre lo divino y lo humano, comiendo lo mejor posible mientras intentaban cepillarse a las militantes de turno. Supuestamente, para liberarlas de sus “represiones burguesas”, a las pobres. Por favor, en el siguiente volumen ¡que quiten la voz en off!

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viernes, 23 de enero de 2015

HISTORIAS DE BARRIO, CAMINOS de BELTRÁN Y SEGUÍ

Astiberri, 2014
160 páginas, 18 euros

CAMINOS Y CRUCES


En 2011 Seguí y Beltrán ganaban el primer Premio Ciudad de Palma de Cómic. En su momento se publicó en español y catalán. Ahora nos llega su segunda parte, Caminos.


Se repite el mismo reparto de tareas. Beltrán escribe y da color y Seguí se encarga del dibujo que, como en el primer libro, es excelente. Ya en su momento apunté que el dibujante vive una “plateada” madurez y este nuevo trabajo lo confirma. Además, cansado de que le digan que no sabe dibujar chicas guapas, aquí demuestra que con el esfuerzo vienen las recompensas y nos ofrece un sólido conjunto de bellezas.

El dato no es frívolo ya que resulta pertinente que el lector entienda la fascinación del protagonista por ciertas féminas a las que apenas llegará a conocer, como la que da nombre al episodio “La loca” o la perturbadora “Pamela”, una lolita con mucho peligro. Todo en el dibujo funciona a la perfección: la caracterización del variado reparto, la ambientación, las expresiones de los personajes, la narrativa… Seguí nos transporta a la Palma de los ochenta y de su mano somos testigos de los pequeños o grandes conflictos que viven sus antihéroes.

A su lado está Beltrán, de cuya cabeza surgen estas historias. Como es público, son autobiográficas y en ellas el autor insiste en la idea de que hasta los destinos más predeterminados por las circunstancias pueden torcerse y reinventarse. No ha dudado en presentarse a sí mismo como un ejemplo de redención por la cultura. En un afortunado momento de su vida, los libros se cruzaron en su camino y le permitieron huir del barrio. Aunque, según él mismo ha declarado en entrevistas, “el barrio siempre va dentro de ti”. Nunca he creído mucho en lo de la música que amansa a las fieras. No hace falta recordar a los nazis amantes de la música clásica para comprender que las fronteras que mantienen nuestra civilización en pie frente a la barbarie son frágiles y que en ocasiones nuestros mandarines culturales han sido los primeros en chapotear en el barro.

Con todo, hay que creer que en este caso la fórmula amiga sofisticada sumada a libros interesantes sí funcionó para Beltrán y aquí está para contarlo.

Ya comenté con motivo del primer libro que se medía con algunos ilustres antecedentes como Barrio de Giménez o episodios de Contrato con Dios de Eisner. Todas ellas son historias de iniciación en las que sus jóvenes protagonistas reciben las primeras lecciones sobre la vida, la muerte, la violencia y el sexo. Si los aspectos sociales eran casi un telón de fondo en la primera entrega aquí se acentúa esa sensación y el énfasis se pone en las reacciones sentimentales, en el aprendizaje emocional. En ese sentido el héroe pasa de ser alguien sin apenas empatía a otra persona capaz de sentir… más o menos. Fiel a ese carácter de libro juvenil la puesta en escena evita la presentación directa de los asuntos más escabrosos y se muestra especialmente contenida en todas las escenas de violencia y sexo. En el segundo caso resulta efectivo ya que esa ausencia refuerza el carácter imaginario de las relaciones sexuales de los personajes. En muchos casos se trata de deseos, de anhelos no satisfechos, bien por inexperiencia o simplemente por lo inapropiado de las circunstancias. La fascinación que despierta Pamela en el héroe está perfectamente expresada, también la sofisticación que rodea a la mujer que le echa una mano o la ternura de las putas en el breve pero intenso cuento de Navidad.

En cambio la representación de la violencia es más fallida. Al evitar su visualización en “Matemáticas” en cierta medida se desdramatiza, pierde intensidad y se diluye en los textos. Todo se reduce a una fábula sobre el valor de cuatro contra muchos. En “Coma” también hay cierta desaparición de la brutalidad, cuando la madre golpea a su hijo. Sólo vemos cómo él recibe los golpes y eso no impacta, resulta teatral. Peor aún, al producirse el arrebato de furia tras un robo, la paliza no tiene tanta fuerza como si hubiera estallado sin razones aparentes, debido al carácter neurótico de la madre. Así, parece más una reacción desmesurada que un acto gratuito y absolutamente reprochable.

Como en el primer libro, sigo notando mucho la voz del narrador, que impone su visión acerca de unos hechos que en muchos casos entendemos perfectamente y hasta mejor sin sus explicaciones. Pero de nuevo Beltrán y Seguí han firmado un trabajo interesante y lleno de momentos emotivos, con personajes demasiado humanos y pasajes realmente intensos. Seguro que algún profesor se lo recomendará a sus alumnos para que estén al loro de lo que les espera antes de convertirse en adultos.
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viernes, 24 de octubre de 2014

JORNADAS DE COMIC NOSTRUM 2014

Comic Nostrum 21-26 de octubre Palma de Mallorca 2014. arte ilustración masterclass

LEY DE VIDA


El pasado martes 21 de octubre se inauguraban oficialmente las jornadas Comic Nostrum 2014


Este fin de semana los aficionados podrán disfrutar en Palma de incontables actividades comiqueras.

Se mantiene el esquema del año pasado, que pareció satisfacer a todo el mundo. Por un lado algunos eventos más profesionales, incluyendo encuentros con editores a quienes presentar proyectos y master-class en las que aprender viendo trabajar a otros autores.

Por el otro, los clásicos de todo Salón del Cómic, como son exposiciones, charlas, sesiones de firmas y búsqueda de ese tebeo que aún no hemos conseguido encontrar.


Esta semana Oscar Vargas ha impartido un seminario sobre diseño de personajes, con lo que las jornadas mantienen esa puerta abierta hacia otros medios tan cercanos al comic, especialmente la animación y los videojuegos.
Además, ayer miércoles Tatúm, que firma el cartel de esta edición, presentaba la novela gráfica con la que ganó el pasado Premio Ciudad de Palma de Comic. Ya se han inaugurado varias exposiciones: Mar de Fons, que puede verse en la Misericordia, y las de Seele y Muñoz en el Baluard.

Ayer a las ocho de la tarde se abría en Ses Voltes las dedicadas a Prado y a Fontdevila. La gran novedad de este año es que, aunque se mantiene activa la colaboración con el Ayuntamiento, las actividades se concentran de forma casi exclusiva en el Baluard. Así que si no sabe qué hacer con los niños este fin de semana le sugiero que se acerque por allí porque se anuncian diferentes acciones que pueden entretener a los más pequeños.

Exposición José Muñoz en Es Baluard Palma de Mallorca 2014
En cuanto a los invitados, se cuenta con una estrellona, José Muñoz, el talentoso dibujante argentino que confesó haber creado a su personaje más popular (con el guionista Sampayo) durante unas vacaciones ¡en Palma!
Ahora vuelve al lugar del parto de Alack Sinner.

Le acompañan un casi desconocido por aquí, Herr Seele, de quien se acaba de publicar un enorme tocho con su personaje Cowboy Henk; Miguelanxo Prado, director del Salón de La Coruña y dibujante de prestigio, Manel Fontdevila, humorista con muchas cosas que explicar tras su polémica salida del Jueves y Oscar Vargas. Prado estará el sábado en una mesa con Max y Seguí y como todos ellos han conseguido el Nacional de Cómic, la han titulado con justicia e ingenio Los tres tenores. A todos ellos hay que añadir la abundante nómina de talentos locales y algún amigo más como El Tomi, que fue invitado el año pasado y éste ha querido repetir como turista.

Mención aparte para dos actividades curiosas. Por un lado el miniconcierto que tuvo lugar anteayer, una actuación del grupo Cap de Turc acompañados por Max “al dibujo”, todos en directo. Una buena muestra de que la suma de medios genera productos siempre interesantes.

Por el otro una intervención de varios artistas locales en el Baluard. Estas acciones, que movilizan al público y son beneficiosas para todos, no deberían de mantenerse en el apartado de “por-la-cara”, pero así están las cosas. En todo caso, con unos cuantos dibujos en la pared los comiqueros han conseguido animar un entorno museístico normalmente más soso, lo cual es todo un logro y una buena idea que sin duda otros imitarán. Y siguen creciendo.

Desaparece el Salón Internacional del Cómic del Principado de Asturias
Mientras Salones como el de Palma reverdecen gracias al esfuerzo de los propios profesionales del medio, impelidos por la crisis a reinventarse y excitar el interés público hacia su actividad, otros desaparecen. Hace años que colaboro con el Salón de Gijón, dirigido por Faustino Rodríguez Arbesú. Recientemente anunciaba su finalización y algunos se han apurado a clamar contra los recortes, al tiempo que reconocían el prestigio del ahora desaparecido Salón. Conociendo a Faustino, yo no me apresuraría a enterrarlo.

Como testigo de primera mano, permítanme algunas anotaciones. Para empezar, recordar que nuestra selección de premios e invitados siempre se mantuvo al margen de editores, críticos, estudiosos y camarillas varias.

Pagamos esa independencia muy cara ya que mermaba el supuesto prestigio del grupito que organiza el resto de salones españoles. Ellos defendían sus criterios y pensamos que nosotros teníamos todo el derecho del mundo a mantener los nuestros. Nos equivocamos. Así que algunos de los hipócritas que ahora se apenan por la defunción del Salón son los mismos que antes nos insultaban en todo medio local o nacional dispuesto a reproducir sus diatribas. Además, nunca creímos que el público tuviera derecho a todo ni que las dedicatorias y los dibujitos fueran un aspecto importante, así que nos granjeamos la animadversión de no pocos “aficionados”. No fuimos, precisamente, los reyes de las redes sociales.

Premios Haxtur - Salón del cómic del Principado de Asturias
En resumen: el Salón de Gijón desaparece esencialmente por no estar vinculado a ningún partido, ni practicar el populismo barato, ni tener padrinos, ni leches. Éramos el enemigo del pueblo y al mismo tiempo no comulgábamos con los gustos de la élite. Fuimos demasiado libres y demasiado arrogantes. Si a estas alturas todavía alguien se cree que ha habido una competencia justa entre el Salón de Gijón frente a otros eventos asturianos o españoles, le sugiero que compare gastos y apoyos políticos antes de juzgar. Me gustaría ver lo que otros hubieran hecho con las ridículas cantidades, cada año más reducidas, con las que Faustino sacaba adelante el evento. Simplemente: si no eres amigo de mis amigos no cobras, no existes y eso es todo. Por ahora.
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viernes, 20 de junio de 2014

HE VISTO BALLENAS de ISUSI, NOVELA GRÁFICA SOBRE TERRORISMO

He visto Ballenas de Javier de Isusi, edita Astiberri, novela gráfica sobre terrorismo vasco
Astiberri, 2014.
168 pág. 18 €

LA ESCENA DEL CINE


Javier de Isusi firma una novela gráfica sobre el terrorismo vasco. Un etarra y un mercenario del GAL se encuentran en una cárcel francesa…


Mientras, en el exterior se nos muestra la vida del hijo de una víctima de la banda, un cura que fue amigo en su juventud del terrorista ahora detenido. Esta obra, como el reciente trabajo de Hernández Cava y Seguí, se interna por sendas difíciles de transitar y describir. Isusi no tiene la habilidad gráfica del dibujante mallorquín ni emplea tan bien el color como él. Sus tonos se limitan a dos, el negro y el amarillo. Es un narrador correcto aunque su línea parece débil en ocasiones. También exhibe ciertas tentaciones artísticas, que le llevan a un final pretencioso y prescindible y a introducir algunas secuencias oníricas que no aportan gran cosa. Pero cuando refrena su tendencia a la evanescencia el relato funciona.

En general, maneja bien las distancias cortas de la historia. El drama entre el cura y su hermana, una profesora de religión a la que despiden por quedarse embarazada sin estar casada, es enternecedor y está bien explicado, sin subrayados innecesarios. La relación entre el etarra y el miembro del GAL es creíble y alcanza un momento culminante cuando ambos repasan sus logros en la vida y los motivos que los han llevado a la cárcel. Luego desarrolla bien la amistad entre el mercenario y otro de los presos. Por último, el retrato del hijo del etarra, cabreado y al tiempo deseando seguir con su vida, también es realista y está bien construido. Esa capacidad para contar bien lo cotidiano, para expresar los sentimientos y las dudas de un conjunto de personajes realmente diverso, consigue que esta novela gráfica se lea en general con facilidad y agrado.

He visto Ballenas de Javier de Isusi, edita Astiberri, novela gráfica sobre terrorismo vasco
Los problemas aumentan cuando nos acercamos al “Tema” con mayúsculas. Toda la obra es un bienintencionado canto a la reconciliación, al perdón. Yo titulaba “Sin perdón” el artículo que dediqué a Las oscuras manos del olvido, el memorable trabajo de Cava y Seguí. Considero que todo el asunto del perdón es algo que atañe a las víctimas, de forma individual. Pero una democracia no puede disculpar los atajos criminales. La violencia no es una herramienta política, no puede serlo nunca en una sociedad que tiene otros cauces para dirimir las diferencias, como la nuestra. Por tanto, los asesinos deben purgar sus crímenes y los asesinatos que permanecen sin resolver deben ser investigados.

He visto ballenas, en cambio, explora el camino opuesto. ¿Pueden verdugos y víctimas volver a vivir juntos? Admitida esa tesis, queda comprobar con qué argumentos se defiende. Hay un diálogo muy irritante entre varios presos en el patio de la cárcel, donde se sostiene que el terrorista lo es hasta que alcanza sus objetivos. Entonces pasa a convertirse en un respetable político. Volvemos a la lógica revolucionaria. Sólo comienza a tener sentido cuando nos enfrentamos a un poder absoluto, a un sistema corrupto y despótico. Pero dudo que tal descripción pueda aplicarse al gobierno español, con todos sus defectos. Después hay una comparación muy tramposa entre la obediencia a la iglesia y la subordinación a la banda. Al igual que el cura protagonista repudia a su hermana porque así se lo ordenan sus superiores, los pistoleros mataban siguiendo instrucciones de una organización más sabia que ellos mismos. La gravedad de uno y otro caso no parecen comparables, pero es que además se oculta otro hecho: la habitual complicidad entre una buena parte del clero vasco y los etarras, hasta el punto de que los funerales de las víctimas se realizaban casi a escondidas, como sí nos recuerdan Cava y Seguí. Por último, el argumento que da título a la novela, la ballena como metáfora de la utopía. Cura y etarra comparten un ideal, una fe. Sus errores son siempre bienintencionados y por tanto disculpables. Lo peor de esto último es que además contradice la secuencia que he mencionado antes, cuando el preso del GAL aclara al vasco que sus ideales no le hacen menos asesino que a él.

En fin, sobre todo echo en falta, en una obra que parece querer ofrecer distintos puntos de vista, la “escena del cine”. Todo aquel que haya visto la magistral En el nombre del padre recordará cómo el personaje de Daniel Day-Lewis, injustamente encarcelado como miembro del IRA que no es, empieza a admirar a uno de los capos terroristas. Desoyendo los avisos de su padre, se deja fascinar por las palabras y acciones de ese tipo que no parece achicarse ante nada. Hasta que decide atacar a uno de los carceleros. Durante la proyección de una película, lo rocía con gasolina y le prende fuego en una escena salvaje y definitoria. Esa visualización del mal es lo que falta aquí, afectando a la narración, a su funcionamiento en imágenes. Pero también al discurso general de la obra. Sí, se supone que los etarras son muy malos, pero hay otros que también han cometido errores… ¡Qué peligro!
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viernes, 2 de mayo de 2014

LAS OSCURAS MANOS DEL OLVIDO de CAVA y SEGUÍ

Las oscuras manos del Olvido de Hernández Cava y Seguí, edita Norma
Norma, 2014
72 páginas, 18 euros

SIN PERDÓN


Dos términos vienen a la cabeza al culminar la lectura de este álbum sobre el mundo de ETA: sobrecogedor e inesperado.


Hace dos años Ramón de España y Forniés publicaban La ola perfecta, un thriller con el terrorismo vasco como fondo de una turbia historia de amor y venganza. Un producto frívolo que banalizaba un problema que merece un tratamiento más riguroso, el que Seguí y Cava le han dado.

Más que un tebeo es una autopsia, una disección, un ajuste de cuentas con una realidad que se despliega ante nuestros ojos con paciencia y minuciosidad, intentando que ninguna pieza quede fuera del análisis. Lo primero que hacen es asegurarse de no volver a cometer el mismo error que en Las serpientes ciegas, su primera colaboración larga. Allí el testigo de los desmanes cometidos por un comisario político era un fulano escapado del infierno con lo que sus denuncias, aunque necesarias, quedaban un tanto desvirtuadas. Aquí el narrador es un personaje muy bien construido, hijo de padres suicidas, que acaba de salir de la cárcel. Debe cumplir un contrato firmado antes de su entrada en prisión, un acuerdo con un empresario vasco amenazado por E.T.A.

En un tebeo tan dialogado y lleno de texto como éste la labor del dibujante es ingrata. Ha de colocar cabecitas parlantes en los huecos que dejan cartuchos y bocadillos y situar al lector con breves pero intensas panorámicas de lugares tan diversos como Marsella, Palma de Mallorca, Madrid o San Sebastián. Y además conseguir que identifiquemos a la multitud de personajes que intervienen y, lo más difícil, animar los diálogos con una narrativa sencilla pero efectiva. Seguí sale muy bien parado, con especial mención al color y su combinación con las texturas de lápiz. Logra que un texto realmente espeso resulte fluido y ameno.

Viñeta de "Las oscuras manos del olvido" de Cava y Seguí
Mientras, Cava desarrolla el discurso alrededor del cual gravita todo el álbum, la necesaria reivindicación de las víctimas y, por supuesto, la perversión que supone equipararlas con sus verdugos. Para deshacer malentendidos se ofrece una definición general, usando como excusa cada pliegue del relato. El protagonista tiene una casa en un barrio de Marsella donde los nazis hicieron una matanza, luego visita a la viuda del empresario, como primera aproximación a los crímenes de E.T.A. Más tarde, como sus padres murieron a consecuencia del conflicto argelino, se dan unas pinceladas sobre algunos de los sangrientos episodios que puntuaron aquella lucha fratricida. No falta la cita al casi aniquilado pueblo armenio y otros olvidados por la Historia, datos que aportan densidad intelectual a la narración. Tras la visita al guardaespaldas mutilado llegamos a la primera alusión a la peste, metáfora del carácter infeccioso del terrorismo y homenaje a Camus. No es gratuito ya que sirve como contramodelo de Sartre, a quien se critica con dureza por su posición demasiado complaciente con la violencia.

La siguiente parada en este extenuante recorrido victimario es la visita a una profesora vasca exiliada en París. Así llegamos a otro de los asuntos clave, el miserable papel interpretado por no pocos intelectuales. Lo que resulta especialmente sorprendente tratándose de Cava, desde siempre el gran ideólogo del comic español. Para ser justos lo recuerdo como el primero en citar los procesos de Moscú y en exigir “toda la verdad, sobre todo”. Pero hasta ahora esa exigencia no solía afectar a sus compañeros de viaje. Si ya en Las serpientes había síntomas de una nueva conciencia crítica, aquí decide completar ese recorrido. Así que arremete contra los cómplices de la violencia, los que aprendieron a medrar mirando hacia otro lado. La siguiente estación en este doloroso tránsito es un ex-policía, medio tronado y que recita constantemente a los clásicos.

Viñeta de "Las oscuras manos del olvido" de Cava y Seguí
A continuación el mafioso se interna en el cubil de la bestia, alcanzando el clímax de la historia. Consigue entrevistarse con el hombre al que ha estado buscando, un intelectual con un discurso muy articulado y que vive cómodamente protegido por los servicios secretos. Éste es uno de los fragmentos donde quizás la voluntad de Cava de exponer todos sus argumentos le lleva a equivocarse. El diálogo del terrorista enunciando las contradicciones del nacionalismo resulta poco realista y demasiado prolijo. Como cuando el héroe dice “Homérico” y luego cita a Ford, o las alusiones a poetas argelinos. Hay cultismos que empastan innecesariamente un relato que avanza con buen ritmo hacia su inevitable conclusión.

Antes de llegar al dramático final Cava enjuicia el comportamiento de los sucesivos gobiernos en relación con estos asuntos, con una justa mención al indigno papel de Zapatero. Pero lo más importante de su denuncia ya ha quedado establecido desde el principio. Las víctimas no descansarán con una paz miserable que no arrincona a los verdaderos verdugos y sus cómplices. Sin duda se publicarán otros tebeos este año, con suerte alguno tan bueno como éste. Pero ninguno será tan lúcido, tan moralmente irreprochable y necesario.
Las oscuras manos del olvido (CÓMIC EUROPEO)
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viernes, 7 de diciembre de 2012

VAPOR de Max

Vapor de Max. Ediciones La cúpula.
Ediciones La Cúpula. Barcelona, 2012.
112 páginas, 16 euros.

HUMO Y ESPEJOS

Varias obras de creadores isleños han aparecido casi al mismo tiempo. Max, Pere Joan y Seguí nos sorprenden con sus últimas entregas. Y no agradablemente.


Por un lado tenemos el paseo de Pere Joan y Seguí por esa excentricidad llamada Nuevas Hazañas Bélicas. Si ya la serie clásica no era especialmente recomendable, esta revisión con guiones de Migoya es como para salir corriendo.
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viernes, 30 de diciembre de 2011

PALMA EN LOS 80: HISTORIAS DE BARRIO de BELTRÁN y SEGUÍ,

Historias de Barrio, de Beltrán y Seguí, edita Astiberri. Palma 80' premios ciutat de palma
Astiberri.
 150 páginas, 18 euros. 

AJUSTE DE CUENTAS  


Hace cosa de un año Beltrán y Seguí ganaban el primer Premio Ciudad de Palma de Cómic (primero y último por una temporada). Yo les felicitaba desde estas páginas y auguraba una obra interesante, dada la trayectoria de ambos autores. Ahora se publica su novela gráfica.


Por un lado en catalán a cargo del Ayuntamiento y una editorial local que deja por un momento los zombis para dedicarse al costumbrismo de corte social; por el otro en español por Astiberri. En ambos casos una edición impecable, aunque las apariencias no servirían para nada si su interior fuese despreciable, que no es el caso.

Beltrán nos cuenta parte de su infancia y adolescencia. Algunos se han apresurado a hacer sociología de los ochenta, a recordar al “Vaquilla”, el apogeo de la heroína, la salida del franquismo y todo eso. Razones no les faltan ya que los autores se mueven entre aquello que Pasolini llamaba el lumpenproletariado.

Ya saben, esas gentes olvidadas de Dios a quienes Buñuel dedicó una muy mexicana y cruel película. También protagonizaron algunos films de Saura, aunque si alguien popularizó el tema fue sin duda Jose Antonio de la Loma. La posición dominante al respecto era muy ambivalente. Por un lado se cruzaban las clásicas acusaciones al sistema, culpable habitual de todo, mientras por otro se reconocía la peligrosidad de unos detritus sociales de difícil regeneración. Pero Beltrán esquiva con inteligencia la tentación de centrarse en la crítica social y, siguiendo en gran medida el modelo desarrollado por Carlos Giménez en su “Barrio”, desplaza hacia el fondo el contexto histórico y pone en primer plano a los personajes. Primer acierto en un trabajo lleno de ellos.

Otro es el que me engancha al álbum. Beltrán y Seguí cuentan cómo unos niños guían a los marineros americanos hacia el barrio de las putas para sacarse unos duros. En esas están cuando se topan con unos marinos de origen portorriqueño con quienes pueden entenderse. Como los críos no quieren volver a sus casas, los americanos los acomodan en su pensión. Ahí es donde yo temía una escena de abusos que ratificara la maldad intrínseca de todo yanki. Muy al contrario, el guión los presenta como dos tipos encantadores que invitan a desayunar copiosamente a los zagales. De tal manera que cuando la madre le pregunta dónde ha estado al niño Gabi, éste responde “¡en América!”. Creo que para muchos los USA han representado un sueño de libertad y democracia, a través de sus gentes, películas y tebeos. Sin embargo esa faceta apenas se nos muestra y nuestros jóvenes crecen con la idea cierta de que Estados Unidos representa el mal absoluto. Que alguien compense esta versión de vez en cuando es de agradecer.

A partir de ahí, todo mantiene un tono emotivo, cargado de humanidad, compasión y buenas maneras narrativas. Mis capítulos favoritos son los más breves y aquellos en que el protagonismo no recae en Beltrán sino en algún vecino, como el señor Paco. Es un relato preciso, poético, intenso y perfectamente rematado. El mismo tono seco y directo mantiene en el del albañil, su padrastro. Hay drama pero se evita el falso sentimentalismo, ofreciéndonos otro fragmento de realidad que nos conmueve.


Historias de Barrio, de Beltrán y Seguí, edita Astiberri. Palma 80' premios ciutat de palma
Vuelve a un empleo fuerte de las elipsis en “Semáforos”, aunque ahí puede generar cierta confusión. Sorprende todo lo que cuenta sobre abusos a menores, sin subrayado alguno. Nos recuerda que la violencia no es una cuestión de clase. Otro corte fuerte y este sí muy eficaz lo encontramos al final de “Invisible”. Ese fundido a negro con el que concluye el episodio corona una secuencia de acción perfecta. 

Y aquí conviene detenerse por un momento en el dibujante. Si Beltrán ha escrito con sencillez y precisión un conjunto de sucesos que nos enternecen a pesar de su dureza, ello se debe en no poca medida al prodigioso trabajo de Seguí. Atraviesa eso que el tópico define como “dorada madurez”, que en su caso es más bien plateada. Mantiene sus acabados a lápiz, que de alguna manera robustecen un dibujo básico y eficaz. Un trabajo maravilloso sin fisuras, lo borda. El color, a cargo de Gabi Beltrán, es tan contenido como sugerente, primando la creación de atmósferas y la transmisión de sensaciones. Emplea una gama sorprendentemente gris para los luminosos veranos palmesanos, pero le funciona. 

Los argumentos son consistentes y sólidos. Citaría todos los episodios pero no me queda espacio. Maravilloso el de las putas, aunque quizás me sobra algún subrayado del texto. Increíble el del descapotable y el final, aunque bonito, confío en que se quede en un “continuará” y pronto podamos disfrutar de más Historias del Barrio


¿Pegas? Apenas. Creo que algunos pasajes podrían cargar con menos texto y aligeraría todo lo dedicado al autoanálisis. Cuando permiten que los hechos hablen por sí solos y que los lectores saquen sus propias conclusiones, funciona mejor. Pero repito: el balance general es muy alto, estamos ante una obra interesante y, por partes, muy emotiva.

Con ella se cierra de forma brillante una larga temporada de relación especial entre el Ayuntamiento de Palma y el cómic. Ahora el tiempo dirá qué es lo que va a pasar. Desde aquí sólo me queda felicitar y expresar mi gratitud a los responsables. Especialmente al director del Solleric, Joan Carles Gomis, que tanto apoyó la línea de exposiciones dedicadas al medio y que tuvo mucho que ver con la creación del Premio Ciudad de Palma de Comic. Su etapa ha concluido y creo que puede sentirse bien satisfecho de sus logros. Yo lo estaría.

¡Feliz año nuevo a todos!

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