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viernes, 12 de mayo de 2017

HILDA Y EL BOSQUE DE PIEDRA de PEARSON

Barbara Fiore editora, 2017.
80 páginas, 18 euros.

DE AVENTURA CON MAMÁ


Las aventuras de Hilda alcanzan su quinto volumen y siguen situadas en la sección de literatura infantil de las librerías. Obviamente los más pequeños disfrutan con su lectura pero los adultos también pueden apreciar las habilidades de su creador, Luke Pearson.


Se mantienen los rasgos que ya conocíamos de anteriores entregas: guiones ingeniosos y realmente aptos para todos los públicos, un dibujo ágil e imaginativo, un color precioso que se mueve en una gama cálida y contenida y una edición excelente. El papel hasta huele bien, es adecuadamente mate y pesado, la encuadernación tiene un lomo entelado y con dibujitos, las guardas son encantadoras y la portada cuenta con los necesarios realces en barniz brillante. De Hilda gusta todo y no bromeo.

La historia parte de la clásica disputa madre-hija, con Hilda escaqueándose para ir a correr aventuras lejos de la inquisitiva y protectora mirada de su progenitora. Pero cuando la mayor intenta detener a la alocada pequeña, ambas se precipitan hacia uno de los espacios de fantasía que habitualmente Hilda transita sola. Y todo se complica. Acaban perdidas en un paisaje con ecos de Lovecraft, rodeadas por espacios inmensos poblados de seres de pesadilla. Aunque en Hilda no hay nada extremadamente terrorífico, Pearson gradúa muy bien los elementos que incluye y las peripecias de sus protagonistas, así que algunos pasajes son moderadamente angustiosos.

Pero incluso entre los monstruos hay clases así que al final encuentran aliados insospechados que las ayudan a salir de las tenebrosas cavernas en las que estaban atrapadas. Les adelanto que el volumen continúa de manera dramática, así que se pueden imaginar que el final no es tan feliz como se podría suponer. Al contrario, el álbum se cierra con una tremenda sorpresa que nos deja con ganas de leer más.

Si la factura de Hilda es excelente en cuanto a su escritura, dibujo, color y edición, permítanme que destaque un aspecto que creo sobresale especialmente en" este libro: la narrativa, la puesta en escena.

Aunque algunos autores experimentan en sus planchas con la relación entre viñetas y las posibilidades por explorar en cuanto al flujo de un plano al siguiente, normalmente esos juegos distancian al lector de lo leído, adquieren tal protagonismo que se imponen al contenido, anulándolo. En Hilda, no.
Pearson nos ofrece en cada plancha soluciones gráficas que convierten sus páginas en un festín visual. Acumula hasta cinco filas de viñetas pequeñitas que luego opone a amplias visiones con apenas tres viñetas por página. No solo eso, estira constantemente sus contenedores, en sentido vertical u horizontal, juega con sus formas, las fracciona, crea grupos, todo dentro de una estética minimalista en la que el color sirve en muchos casos de guía y elemento de cohesión. Además, ayudado por unos márgenes mínimos y muchos dibujos sangrados, sus planchas parecen desbordarse de información, transmitiendo al lector la sensación de que vamos a recibir una buena recompensa por el dinero que hemos invertido en el libro. Allí no se desaprovecha nada.

En fin, que a pesar de su aparente sencillez Hilda es un tebeo muy grande, pleno de sabiduría narrativa, un entretenimiento cargado de imaginación y ganas de fascinar al lector. Y lo consigue.
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viernes, 20 de noviembre de 2015

VIRTUAL HERO de EL RUBIUS

Virtual Hero de El Rubius
Editorial Planeta. Barcelona, 2015.
56 páginas, 15,90 euros.

DE PUDRIDERO A EL RUBIUS


Este es un comic diseñado por una “personalidad” que proviene de un mundo cercano al de la historieta, pero que en general puede decirse que está sustituyendo a ésta en las preferencias de lectores cada vez más “gamers” (y, por tanto, menos lectores).


Según lo que puedo observar en mis propios retoños de cinco y ocho años respectivamente, la lectura es un rollo, da igual que se trate de cuentos o tebeos. Cualquier producto audiovisual es más entretenido en comparación, ya sea una serie de animación o un videojuego.

Supongo que todo esto cambiará con el paso de los años, pero por el momento nada parece sustraerlos de la fascinación que les provocan los vídeos en los que otros jugadores proclaman con sonoridad sus hazañas. A mis críos parece gustarles un tal Vegeta777, que también ha publicado algún libro y cuya vocecilla incansable está a punto de acabar con mis nervios. Pero si alguien sobresale entre todos los jóvenes héroes del ciberespacio ese es sin duda El Rubius, un tipo con millones de seguidores dispuestos a reírle las gracias y a quien las compañías adoran hasta permitirle convertir en una forma de vida lo que no dejaba de ser una afición, un divertimento.

Este “yutuber” acumula tal número de fans que lógicamente no podía tardar en dar el salto a otros medios. Se rumorea que se han lanzado cien mil ejemplares de su comic, una cifra realmente brutal en un mercado en el que rara vez se superan los mil de tirada. Ciertas mentes se escandalizarán ante un éxito que considerarán despreciable. A mi no me cabe duda de que se va a vender como churros (¡es de El Rubius!), más cuando compruebo que mis niños, a quienes ya he dicho que les cuesta leer, lo han devorado y esperan por el siguiente. Así que ahí se encuentra la primera clave que no debe ser olvidada.

Virtual Hero de El Rubius, EL Torres, Lolita Aldea
El Rubius habla un lenguaje que muchos jovencitos comprenden y aborda temas que les interesan y que ocupan gran parte de su tiempo. Básicamente chicas y videojuegos. Y no necesariamente por ese orden. La trama es una excusa para que el héroe, convertido en personaje virtual, se pasee por diversos mundos digitales, todos fácilmente reconocibles por los lectores. La acción se salpimenta con unos cuantos chistes y el humor grueso que caracteriza los vídeos de El Rubius y el resultado es un álbum que se lee de un tirón y que llega a provocar más de una sonrisa.
Otro cuyo nombre artístico empieza por “El” firma el guión. El Torres es un profesional y aquí vuelve a demostrarlo. No sé si se avergüenza o se enorgullece de asociar su talento a esta aventura, pero seguro que el cheque merecerá la pena. Del dibujo se encarga Lolita Aldea, que resuelve con un estilo manga muy adecuado a lo narrado. Los diversos videojuegos se reconocen con facilidad y emplea con eficacia la gestualidad desmesurada típica de los nipones.

Mi sensación es que la aventura es positiva para el medio. Algunos autores se quejan de la ausencia de lectores pero cuando estos regresan atraídos por productos como este, también protestan. Es más probable que un lector salte de un comic popular a otro más alternativo que al contrario. Y, además, en los tiempos posmodernos que vivimos, el mismo concepto de lo popular no es tan ingenuo como antes. El Rubius basa su fama en la parodia, trasteando con los universos digitales en una operación que agradaría a cualquier intelectual. Se trata de desmontar las claves sobre las que funciona el juego, para seguir jugando con él. Hay muy poca inocencia en eso. Quienes disfrutaron con las aventuras autoirónicas de “Pudridero” deberían de engancharse a El Rubius. Aquí se ha cuidado más el dibujo pero la intención conceptual es similar, una descerebrada vuelta a la infancia, sin complejos. ¡Pimentel, este se te ha escapado!
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viernes, 6 de febrero de 2015

HILDA Y EL PERRO NEGRO de L.PEARSON

Hilda y el perro negro de Luke Pearson, edita en España Barbara Fiore editora, duendes, comic infantil,
Barbara Fiore editora, 2014.
44 páginas, 16 euros

HILDA Y LOS DUENDES


Bárbara Fiore publica cuentos para niños firmados por autores tan interesantes como Shaun Tan o Pablo Amargo. Ha rescatado clásicos infantiles de Paul Rand y recientemente editaba los deliciosos desplegables de Leporello. También está traduciendo una serie de comics protagonizados por la pequeña Hilda.


Ya lleva cuatro volúmenes, todos cuidadosamente producidos, con un papel excelente, bonitas guardas, lomo entelado y barnices varios en las cubiertas. Como objetos gráficos son unos regalos perfectos y es un verdadero placer sencillamente hojearlos y dejarse llevar por los colores suaves y el aroma a fantasía clásica que desprende cada libro.

En los dos primeros, Hilda y el trol y Hilda y el gigante de medianoche, la heroína vive en el campo con su mamá hasta que un gigante antiguo les pisa la casa y deben mudarse a la ciudad. Hay ciertos cambios en el dibujo de un álbum al siguiente, como puede observarse comparando el aspecto de Hilda en las portadas. En los dos siguientes se trasladan a la ciudad pero las aventuras mágicas continúan en Hilda y la cabalgata del pájaro y Hilda y el perro negro.

La maquetación de las planchas es digámoslo así “retromoderna”. Por un lado remite a los clásicos Sundays de la edad de oro del cómic, pero desde un enfoque muy actual. Hay páginas saturadas de pequeñas viñetas al lado de otras con una splash o con varios dibujos sueltos, buscando una constante variedad. La gama de color evita toda estridencia y se mueve siempre en armonías entonadas y agradables, un poco desleídas y con predominio de los cálidos, entre los que salta el azul del pelo de Hilda.


Hilda y el perro negro de Luke Pearson, Barbara Fiore editora. comic infantil, aventuras
Hay que decirlo ya: leer este comic de Luke Pearson invita a arroparse con una manta mientras en el exterior llueve o nieva y sentimos la madera crepitar en la chimenea. Yo no tengo chimenea pero seguro que me entienden. Se evitan las estridencias pero la narrativa clásica se anima con un grafismo con toda la frescura de la modernidad.

Las influencias manga y los arrebatos indie son más evidentes en los dos primeros volúmenes y luego se diluyen en un estilo muy personal, ligero e integrador. Tanto en el terreno argumental como visual las referencias japonesas son constantes, sobre todo al maestro Miyazaki. Como ocurre en muchas de sus películas, la protagonista es una niña que se enfrenta a sucesos extraordinarios y pasea con naturalidad entre la realidad y universos alternativos llenos de magia y tipos raros. Al principio se nota más el tufillo alternativo-panteísta, con la naturaleza y sus fuerzas como nueva religión, pero luego el autor se olvida de esas veleidades y convierte la serie en una gran aventura fantástica. Además, su ritmo es perfecto y sus páginas se cargan con soluciones visuales ingeniosas.

El guión, al contrario que muchos tebeos “para niños”, evita las ñoñerías y los arrebatos pedagógicos, aunque por supuesto hay cosas que podemos aprender con Hilda, una niña tan compasiva como curiosa y atrevida. Como a no fiarnos de las apariencias y a no hacer lo que hacen todos los demás.

Quizás el primer álbum es el más flojo, donde se notan los tanteos del autor en busca del tono adecuado, pero el segundo ya es perfecto y encantador y luego la calidad ya no baja. Más allá del aire Totoro de las aventuras, resulta muy original, encuentra un camino propio y muy entretenido de leer. A los niños les gustará pero los padres también pueden disfrutarlo y no sólo por la evidente calidad de su grafismo. Está escrito con humor y ganas, es tierno y misterioso y nos recuerda que el comic infantil puede y debe reinventarse si queremos que el medio sobreviva al aluvión de tablets, móviles, aipads, güii-us y lo que se les ocurra, que asedian a nuestros hijos con alternativas en muchos casos de gran calidad y que les exigen muchos menos esfuerzos de los que conlleva leer un comic. ¡Leer! ¿A quién se le ocurre?

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viernes, 15 de marzo de 2013

MARIETA. 1 - LA VIDA EN EL CAMPO de NOB

Marieta 1. La vida en el campo de NOB. Edita Dibbuks
Dib.Buks. Madrid 2012.
96 páginas, 12 euros.

ABUELITO DIME TÚ...


Con apariencia de tebeo infantil, este primer tomo de Marieta es un trabajo tan encantador como bien construido, una obra inteligente y emotiva.


Prueba nuevamente la buena salud de la industria franco belga. Tras el ciclón de Trondheim y compañía, que por momentos parecía que iba a arrasar una larga tradición de tebeos bien construidos, inteligentemente escritos y primorosamente dibujados, un conjunto cada vez más numeroso de nuevos creadores demuestra que no resulta tan sencillo liquidar semillas tan bien arraigadas. Con procedimientos más innovadores, como De Pins o Vivés, o con una visión más clásica, como Senté o Pellerin, un rosario de tebeos interesantes nos indica que no hay de qué preocuparse, que el sarampión provocado por los Sfar, Blain y compañía es poco más que una gripe pasajera y no la mortal peste que temíamos.

Exagero por supuesto, pero lo que sí es cierto es que el éxito de los mazmorreros podía provocar una oleada de imitadores que olvidaran el soplo de aire fresco que su irrupción supuso. Y que se quedaran con aquello en que casi todos acabaron convirtiéndose: autores capaces de publicar cualquier bazofia, convencidos de una genialidad cada vez más lejana. Si en un principio ventilaron una industria un tanto anquilosada, finalmente su aportación no ha sido mejor que la de anteriores oleadas “vanguardistas”.

El trabajo de Nob tiene poco que ver con esos delirios autorales. Con su dibujo humorístico y aparentemente falto de pretensiones, nos cuenta las aventuras de una anciana, comenzando con su niñez en el campo. Su madre la deja con sus abuelos, mientras ella regresa a la ciudad intentando salvar un matrimonio que se hunde.
Viñetas de Marieta 1. La vida en el campo de NOB. Edita Dibbuks
El ambiente recuerda y no poco a Heidi, con el abuelo parco en palabras, el amigo cabrero y la alocada cabrita que acompaña a la niña. Pero pronto nos damos cuenta de que esa superficial ternura esconde no pocos recovecos y que el humor y los buenos sentimientos comparten su espacio en el relato con la amargura y algunos pasajes claramente dramáticos.

La protagonista pasa por varias estaciones reconocibles: el rechazo a su nuevo entorno, el duro trabajo en el campo, el conocimiento, aceptación y adaptación a otro modo de vida… Pero además Nob sabe cómo introducir algunos elementos nuevos que aportan variedad a su guiso. Llama la atención sobre todo la figura de la madre ausente y esa muda competición con la hermana que se quedó en la casa paterna. Y cómo Marieta va compartiendo con el lector el descubrimiento de las pequeñas pistas que le permitirán reconstruir ese pasado que la intriga. El tono general es muy amable, sin rastro de cinismo, expresa perfectamente las reacciones naturales en una niña tan inocente y pequeña como la protagonista.

Sumen a este preciso guión una realización delicada, con un agradable empleo del color y una narrativa muy ágil donde no faltan momentos en que la imagen lo cuenta todo sin necesidad de palabras. Si el dibujo puede resultar en ocasiones demasiado “fácil”, con una aspecto un tanto precipitado, el color se encarga de corregir tal impresión, aportando al ambiente la credibilidad que necesita y comunicando constantes sensaciones, térmicas y emocionales, que ayudan a desarrollar y reforzar lo narrado.
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