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jueves, 25 de febrero de 2010

Franco contra Flash Gordon

Vicent Sanchís
Edicions 3 i 4.
Valencia, 2009
231 páginas. 22 €


EL CENSOR COMO MODISTO

No puede decirse que los temas tratados en este libro sean nuevos. Recuerdo una conferencia de Antonio Marimon, que luego desarrollaba en su excelente libro Guerreros, corsarios, etc., en la que citaba las leyes censoras en relación con los tebeos del franquismo. También hace ya años que Faustino Rodríguez organizó en Asturias una muestra en la que, con imágenes similares a las que aparecen aquí, reflexionaba sobre las diferentes etapas de la censura franquista.

Pero, si no innovador, este ensayo sí tiene la virtud de agrupar toda la documentación legal relativa al tema, lo que acaba siendo su mayor lastre. Su recorrido es tan exhaustivo como agotador.

Su recopilación de comentarios de los censores sobre cada edición de Flash Gordon resulta tan apasionante como cansina. Un trabajo de estas características no tiene porqué ser entretenido, ni mucho menos. Pero habría preferido una edición sintetizada, con todos los apéndices documentales necesarios, y una mayor aportación de ejemplos gráficos. Estos últimos, muy bien presentados, acaban sabiendo a poco al ser un tema del que ya teníamos bastante información anterior.

En pocas palabras: si a usted le interesa una historia de la censura en España, así en general, éste es su libro. Si en cambio siente sobre todo curiosidad sobre las diferentes manipulaciones que padeció la inmortal serie de Raymond en sus ediciones españolas, ármese de paciencia. Encontrará una información muy completa, pero tendrá que abrirse paso entre una maraña de datos, no todos fascinantes.

Respecto a la censura en sí, podemos citar dos grandes momentos. Tras la Guerra civil básicamente se evita todo aquello que atente contra la moral. Esto se traduce en que los editores debían tapar las desnudeces que Raymond desparramaba por sus viñetas. También lo que atentaba contra el orden establecido, incluyendo aquí la familia, como puede verse en uno de los ejemplos más llamativos del libro. Pero luego hay una inflexión en 1962, con un nuevo control de aspectos antes olvidados. Así que ciertas reediciones hacían desaparecer las espadas sangrantes y otros signos de violencia que anteriormente se habían tolerado.

Una de las partes más divertidas se encuentra en el apartado dedicado a la República. Allí menciona a Antonio Martín, a cuyos trabajos sobre la prehistoria del comic español alude constantemente. Don Antonio sostiene que durante la República no hubo censura alguna. Sanchís reproduce una larga cita, en la que Martín arremete contra esos críticos que hablan sin acudir a las fuentes, ni documentarse ni nada. A renglón seguido, Vicent Sanchís demuestra que Flash Gordon también fue censurado en ese momento, muestra algunos ejemplos y recomienda al insigne estudioso que siga sus propios consejos.


Aparte de esto, queda la sensación de que no era para tanto. Las grandes operaciones censoras se traducen, al final, en cubrir las vergüenzas de las coristas de turno. Algo que hoy en día a no pocos padres, educadores y feministas seguro que les gustaría hacer con ciertas manifestaciones de la moda juvenil. No quiero frivolizar con un asunto que considero muy serio, pero algunas reacciones actuales, por ejemplo ante campañas consideradas sexistas, no andan muy lejos de estos tapados anteriores.

En resumen: un volumen muy interesante y necesario, que me ha hecho bostezar. Leer más...

jueves, 11 de febrero de 2010

UN ZOO DE INVIERNO de J.TANIGUCHI

Un zoo de invierno de Jiro Taniguchi, edita Ponent Mon, manga, dibujantes, comic
Ponent Mon, 2009.
232 páginas, 16 euros

SER JOVEN
ES FANTÁSTICO


Cuando comenté la brillante serie La Cumbre de los Dioses, tuve ocasión de observar que la manera en que el dibujante japonés abordaba la obsesión de su protagonista, un escalador empeñado en superar obstáculos cada vez más complejos y arriesgados, adquiría tintes casi autobiográficos. Como su héroe, el autor parece participar de la idea de que determinadas actividades nos superan y debemos entregarnos a ellas de forma casi religiosa, si deseamos otorgarle algún sentido a nuestra vida.


La sospecha de que Jiro Taniguchi piensa así se confirma con esta nueva obra, un sensible relato autobiográfico en el que nos cuenta sus primeros pasos en la profesión. Para alcanzar la maestría en su arte el joven creador debe sortear no pocos obstáculos: un empleo equivocada que ha de abandonar, unas condiciones de trabajo casi esclavistas, que le permitirán adquirir todas las destrezas necesarias para seguir por su cuenta, o sus propias dudas y torpezas iniciales que le impiden alcanzar la calidad a la que aspira.

Este volumen nos habla de temas universales, con la sensibilidad extrema que caracteriza a su autor. Sobre todo de los sueños y esperanzas de la juventud, pero también de sus torpezas y de las dificultades que nos encontramos en todo proceso de aprendizaje y maduración. El protagonista, ese trasunto del propio Taniguchi, es un joven extremadamente reservado, sin apenas trato con las mujeres y con muy poca confianza en sus propias habilidades. A través de diferentes experiencias, no todas gratas, vemos cómo crece, madura y mejora, tanto en el plano vital como en el profesional.

Un zoo de invierno de Jiro Taniguchi, edita Ponent MonMención especial para el tratamiento de las mujeres, que aparecen desempeñando muy diferentes roles. De la hija rebelde que escapa al destino prefijado por su familia a la frágil musa que inspira esa primera obra del autor, pasando por las chicas de bar o la eficiente editora, el universo femenino se muestra como un misterio y una fuente de fuerza e inspiración. Las páginas de este comic se llenan de ternura y amor hacia las mujeres, con esa intensidad muy pura que sólo alguien muy tímido puede sentir y expresar.

Hay más elementos de interés, como es la naturalista descripción del funcionamiento de un estudio donde se fabrican mangas de forma casi industrial. Un lugar donde las fantasías cobran forma y el cansancio del maestro se entrelaza con las aspiraciones de los aspirantes o la frustración de quienes saben que ya no alcanzarán sus sueños. Taniguchi muestra con naturalidad y su destreza habitual un enmarañado tejido de relaciones humanas en el que quiero destacar el episodio de la visita del hermano mayor. Visita temida por ese joven que prácticamente ha abandonado a su familia para perseguir sus ambiciones artísticas y que se transformará en algo muy diferente a lo que él suponía. Como es habitual en el creador japonés, sus personajes parecen vivos y nos sorprenden constantemente con sus reacciones.

Aquellos a quienes les gustan los finales felices (y creo que todavía somos unos cuantos) no se sentirán decepcionados. Hay un momento en que parece que nos dirigimos a una conclusión tremebunda y dramática, pero afortunadamente no es así. Simplemente maravilloso. Leer más...

jueves, 28 de enero de 2010

F. Darnís, maestro de la viñeta

Diego Cara
Tebeolandia
nombres de oro nº 1.
204 páginas, 30 euros.

DARNÍS,
UN ILUSTRE DESCONOCIDO

Recientemente han coincidido en los quioscos dos obras relacionadas con Francisco Darnís. Una es la enésima reedición de El Jabato, su serie más popular. Vuelve en su formato de los setenta, el Jabato Color, permitiéndonos volver a disfrutar con las aventuras del rebelde íbero, siempre en lucha contra los romanos y los abusadores en general.


Ya he expresado en anteriores ocasiones mi predilección por esta serie, que prefiero frente a otras escritas por Mora, incluso al popular Capitán Trueno. Y eso que es difícil superar a Ambrós, uno de los dibujantes más expresivos que ha dado este país. Pero Darnís competía en un plano de igualdad. Si no era tan estilizado ni sorprendente, al menos aportaba una solidez narrativa que nos permitía seguir las historias con naturalidad, sin artificios. Sus personajes eran reales, actuaban con sencillez y credibilidad, Darnís conseguía la magia de hacerlos vivir, en ocasiones con unas pocas viñetas, ya que en El Jabato la entrada y salida de personajes era constante. Es quizás esa aparente falta de pretensiones de su dibujo la que ha hecho que pasara casi desapercibido.

Ahora un libro de Diego Cara viene a rescatarlo en cierta medida del olvido. Así que lo primero que cabe es felicitar al autor por esta iniciativa. Muchos apenas conocíamos nada más del trabajo de Darnís aparte de sus esfuerzos en la citada serie. Y este libro nos permite asomarnos a parte de su labor como ilustrador o a algunas de sus muy sorprendentes historietas cómicas. Se incluyen también llamativas historias de ciencia-ficción, donde su arte queda un tanto aplastado por el peso de los textos. Y sus incursiones en series tan conocidas como El Inspector Dan o Hazañas Bélicas. Hay curiosidades, como esa galería de personajes para El encapuchado, con nombres que parecen sacados de una parodia de Gallardo: Sonia Larding, Mavis Donovan, Capitán Rawlings o, mi preferido, Milton Drake. Páginas de western, portadas para novelas, planchas de Yorik brazo de hierrro, etc, etc.

En el terreno de las debilidades deben señalarse dos muy evidentes. La primera se refiere al texto. Resulta muy informativo y se agradece el esfuerzo documental que realiza Cara. Pero también está lleno de erratas, poco cuidado en general y muy reiterativo. Acabamos un poco hartos de escuchar que la mayor influencia de Darnís fue Raymond y su comicgrafía podía ser explicada de forma menos repetitiva. Después tenemos la calidad de las ilustraciones y el diseño general del volumen, claramente mejorables. Comprendo la dedicación y el trabajo que ha debido suponer agrupar toda la documentación que presenta, pero considero que se podía haber ahorrado algunas imágenes, muy mal reproducidas. Respecto al grafismo, creo que debería haberse buscado un profesional para darle al libro el acabado que Darnís se merece, mucho más digno.

Concluyendo: si no han leído El Jabato, aprovechen la ocasión para recuperarlo. No es arqueología del medio, sino una serie de aventuras dramática y entretenida que se mantiene muy fresca. En cuanto al libro de Cara, nos permite completar el retrato de un autor al que admiramos, un trabajo muy respetable y digno de admiración, más allá de ciertos defectos formales de su presentación.
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jueves, 7 de enero de 2010

EL ARTE DE VOLAR de ALTAMIRA y KIM

El arte de volar de Altamira y Kim
Edicions de Ponent.
Alicante 2009.
208 páginas, 22 euros.


¡VIVA LA MUERTE!


Admiro el trabajo de Kim y lamento que apenas le veamos ir más allá de su popular Martínez el facha. En mi memoria permanece una pequeña historieta que realizó para el primer número de Rambla, tremendamente sórdida. Contaba la historia de un tipo que vivía en una pensión miserable. Un día el protagonista tiene un lío con una mujer, a la que toma por un ángel. Todo el tebeo subrayaba la suciedad del sitio y la sordidez de sus habitantes, sobresaliendo el detalle de las bolsitas que el héroe tiraba al patio de luces, para librarse de sus heces. En ese entorno las escenas de sexo contrastaban de forma sorprendente, produciendo una desagradable sensación en el lector. Se necesita talento para transmitir ese malestar.


Muchos años después Kim nos ofrece otro trabajo en el que explora aromas parecidos. Aquí cuenta con la ayuda de Altarriba, que emplea un recurso ya ensayado por Gallardo hace años. Recupera los diarios de su padre y construye con ellos una historia. Si Gallardo se centraba en los episodios transcurridos en nuestra Guerra civil, separando con claridad las palabras del padre de sus interpretaciones gráficas, la vía de Altarriba es otra. Arranca con el suicidio del padre. Luego adopta su voz y el resto del libro es un largo flash-back en el que recrea toda su vida.

El arte de volar de Altamira y Kim, edita Edicions de PonentAl principio prueba algo que parece excitar mucho a Antonio Martín, firmante de la introducción. Me refiero a todo eso de “mi padre, que ahora soy yo…” y lo que le sigue “mi abuelo, que ahora es mi padre…”. En fin, una bobada muy grande que sólo sirve para liar al lector y que, afortunadamente, abandona pronto. Le cuesta algo más desprenderse de las largas parrafadas y las frases rimbombantes. Como: “Las luchas fraticidas que me han tocado vivir me enseñaron que los hombres no deben tener más pueblo que la humanidad” o “Así supe que la guerra iba a ser larga y cruel… porque las guerras en las que interviene Dios siempre lo son”. Como la Segunda Guerra Mundial, supongo. Lo peor de todo es esa voluntad de trascendencia, de resultar profundo a toda costa, saturando con textos un relato que funciona mejor cuando se deja que los hechos se expliquen solos. Por cierto, considero la valoración que Martín hace en el prólogo como tremendamente exagerada, no estamos ante uno de los “libros más sustanciales de nuestra historieta”. Ni de lejos.

La vida del padre no carece de interés. La dura infancia en el campo, la lucha en la guerra con los anarquistas, la huida a Francia, los campos de concentración, la resistencia, la traición de los amigos, la vuelta a casa, el abandono de los ideales, la frustración de un matrimonio sin amor, la decadencia en el asilo, la depresión y finalmente la muerte. Cuando nos dejamos llevar por la historia y el sólido (al tiempo que muy personal) dibujo de Kim el volumen funciona. Y bien.
Los problemas se derivan siempre de esa voz que intenta aportar sentido a una realidad que quizás no lo tenga. La visión es la habitual, con los anarquistas como guardianes de una pureza siempre traicionada. Leer más...

jueves, 31 de diciembre de 2009

Gil Pupila. El integral 1

M. Tillieux
Planeta DeAgostini.

Barcelona, 2009.
240 páginas, 23 Euros


FIN DE AÑO EN EUROPA

La recuperación de las aventuras de Gil Pupila (Gil Jourdan en el original) en su versión integral es una excusa tan buena como cualquier otra para alcanzar el fin de año hablando de tebeos europeos. Otra habría sido el último álbum de Thorgal, en el que el gran guionista Van Hamme ha sido sustituido por Senté. Confío mucho en él, pero ha preferido empezar con pies de plomo, siguiendo la estela del maestro. Así que esperaremos a ver qué nos deparan futuras entregas.

Lo de Pupila no ha sido el único volumen que emplea lo fórmula del integral de este año. Ya comentaba con regocijo la aparición de dos sagas que nos han llegado con bastante retraso: Betelgeuse y El Gavilán. Histórica la segunda y de ciencia ficción la primera, ambas certifican que la gran tradición narrativa del comic europeo no ha muerto. Tanto Leo como Pellerin son dos grandes dibujantes clásicos con muchas cosas que contar. Partiendo de fórmulas ya conocidas, renuevan sus géneros dándoles la vuelta y aportando la necesaria modernidad que refresca modelos tradicionales, actualizándolos. La tercera aportación nos viene de Inglaterra y es más reciente: Tamara Drewe, una sofisticada comedia social en la que nada es lo que parece, un tebeo inteligente y ameno firmado por la gran Posy Simmonds. Si no tienen todavía alguna de estas obras, corra a comprársela o pídasela a los Reyes Magos. Lo cuento entre lo mejor del año, sin duda.

Volviendo a Gil Pupila, es uno de esos tebeos franco-belgas que, como Ric Hochet o Quique y Lucio, llega un momento en que casi olvidamos que lo leímos una vez. Lo cierto es que pasada la época en que la traducción de los comics infantiles-juveniles era algo habitual, cuando aparecían entre otros productos Bruguera o en plataformas propias como las revistas Strong o Pif, poco más supimos de todos aquellos personajes. Da mucha envidia pasearse por las librerías francesas o belgas y contemplar esos tomos recopilatorios de héroes del cómic que apenas nos suenan y que resulta llenan páginas y páginas de integrales. Con el tiempo, algunos van llegando y sólo queda desearles el éxito económico necesario para que sus editores se animen a recuperar otros nombres. Los dos primeros en mi lista de deseos: Jijé y Greg. Del primero ya no he podido esperar y me lo he ido comprando en francés. Pero si alguien lo traduce no me quejaré.

En fin, Tillieux, el creador de Gil Pupila, construye una saga amable y entretenida, siguiendo la estela de dos dibujantes difíciles de igualar: Franquin y Hergé. Si el lector espera encontrarse con un producto similar a los firmados por esos dos artistas, se sentirá decepcionado. La narrativa visual en Pupila es más monótona y sosa. Tampoco el humor es tan chispeante. Pero con todo convence por su corrección. Sorprende su tono de novela de negra, con asesinatos incluidos, en un ambiente de tebeo juvenil y con chistes a cargo del expresidiario amigo del protagonista. Los personajes están bien construidos, empezando por el héroe, de un cinismo que llama la atención. Los fondos son bonitos y Tillieux dibuja bien los coches.

Todo está hecho con gusto y ganas, es un producto dentro de la media, cuando el nivel de los tebeos en Bélgica era realmente grande. Así que es perfectamente recomendable y constituye otro buen regalo para Reyes. Que lo disfruten. Feliz año nuevo. Leer más...

viernes, 24 de abril de 2009

THE ONE POUND GOSPEL de R. TAKAHASHI

"The one pound gospel" de Rumiko Takahashi, edita EDT
Ediciones Glénat S.A.
Barcelona, 2008.
216 páginas. 10 euros

ROCKY EN JAPÓN


El boxeo es sin duda un deporte muy visual, ya que ha inspirado un sólido conjunto de obras maestras, tanto en el cine como en el comic. Recientemente podíamos disfrutar de One dollar million baby, la apabullante película de Clint, una gozada visual y emocional, pero también de Rocky Balboa. Otra pieza en absoluto desdeñable, para quienes sean capaces de apreciar el arte de Stallone sin las orejeras de los prejuicios. Especialmente llamativo el gran diálogo entre el viejo púgil y su hijo, un texto que debería citarse en algunas de nuestras escuelas. Les aseguro que sé de qué estoy hablando.


En cómic contamos con algunos gloriosos precedentes como Big Ben Bolt o el espectacular Superman contra Muhammad Alí. Pero nada podía prepararnos para el acercamiento de Rumiko Takahashi al género. Ya sabíamos que era grande y cualquiera de sus series prueba su innegable talento para el humor, como Maison Ikkoku o Ranma ½. También sabe moverse en el terreno de la aventura fantástica, como demuestra en Inu-Yasha. Salta con aparente facilidad del culebrón interminable al relato corto. Su dibujo es siempre eficaz y muy cómico y expresivo y la considero una de las grandes, no sólo por su popularidad sino sobre todo por la regularidad y calidad de su trabajo.

Como siempre consigue sorprendernos. Primero mezcla elementos de la comedia sentimental que tanto le gusta con los lugares comunes del boxeo. El aspirante se queda prendado de una monja a la que confiesa sus debilidades. Éstas también son peculiares. Es un glotón y lo que peor lleva de la disciplina propia de su deporte es la obligada dieta. Así que su entrenador se pasa los episodios vigilándolo para que no se zampe a escondidas todo lo que se le pone por delante. De antología esa viñeta en que lo pilla escondido bajo la mesa de un restaurante, atacando un suculento plato.

Comic de boxeo, The One Pound Gospel, de Rumiko Takahashi
Si ya sabíamos que Rumiko es muy buena en el terreno de las expresiones faciales, con sus particulares ojos desorbitados, sus babas y todas esas invenciones visuales tan comunes en el manga, aquí demuestra su facilidad con las escenas de lucha, unos combates que coreografía con precisión, sin perder el humor. Para troncharse ese episodio en que al protagonista se le promete un filete de carne si gana una determinada pelea. Recibe una buena tunda pero consigue levantarse y golpear a su adversario al grito de “¡Toma bistec de primera!”. Takahashi también se toma su tiempo para explicarnos la disparatada relación entre el púgil y la monja, pero a eso ya nos ha acostumbrado en sus otras series. Sabemos que nos llevará de acá para allá a voluntad y que disfrutaremos todo el trayecto.

Desde su implantación en España, a finales de los ochenta, el manga ha demostrado su vitalidad, con tebeos para todos los géneros, gustos y edades. Si algo ha mantenido a los lectores más jóvenes cerca de las viñetas, sin duda han sido los creadores japoneses. Quizás al principio la atracción se originaba en las series de animación, derivándose luego hacia el papel. Pero con el tiempo han demostrado que pueden producir de todo, desde lo más popular a lo más zafio, de lo mejor a lo peor. Conviene permanecer atentos a sus creaciones porque entre ellas se cuentan algunas de las mejores obras de las últimas décadas.
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viernes, 17 de abril de 2009

BREAKDOWNS de ART SPIEGELMAN

Breakdowns de Art Spiegelman, edita Random House Mondadori
Random House Mondadori S.A.
Barcelona, 2009.
80 páginas. 21,90 euros

MAMÁ, QUIERO SER ARTISTA


En resumen: no es tan malo como me esperaba.
Las reacciones ante la reedición ampliada de este libro de Spiegelman de finales de los setenta son encontradas. Básicamente podríamos decir que representan la posición del lector ante el medio. 


Para los conservadores el autor tuvo cierta fortuna con Maus, pero el resto de su obra, al menos aquellos fragmentos que ya habíamos visto en El Víbora y que ahora volvemos a encontrarnos aquí, es basura experimental, masturbaciones intelectuales sin relación con el cómic. El sector progresista establece una continuidad entre la convencional narrativa de Maus y sus ocurrencias más vanguardistas. Todo es más de lo que parece y Art es un genio, uno de los grandes en el comic del siglo XX. Perdón: ¿he dicho comic? Quería decir arte.

Y es que, si algo caracteriza la labor de Spiegelman es su marcada voluntad artística. Ahí sigue los pasos de uno de sus maestros, el también judío Eisner. Al contrario que otra de sus fuentes de inspiración, Kurtzman, que siempre abogó por el carácter de entretenimiento del medio, tanto Eisner como más tarde Spiegelman defendieron que con viñetas se podían desarrollar obras tan interesantes como con otros medios. Eisner nació en el momento equivocado y con mucho esfuerzo consiguió convertir la novela gráfica en un concepto habitual. Pero Art fue más allá, ganando un Pulitzer con un trabajo inferior a muchos de los firmados por Eisner, el ya citado Maus. Paradojas de la fortuna, Spiegelman sí había encontrado un contexto favorable. Además se inventó una segunda oleada underground con su revista Raw. Desde ella proclamó su evangelio artístico y dejó de dirigirse al pueblo, buscando a la élite.

De alguna forma se hizo oír, lo cual no deja de tener mérito. El siguiente paso era abordar un tema muy serio, con una escritura más convencional.
Después de la explosión Maus, con su mujer a la cabeza de la dirección artística del New Yorker, con la cuota de poder que ello supone, Spiegelman permanece instalado en su torreta de vaca sagrada del comic experimental, con un pie en las artes mayores y mirando siempre desde arriba a la comunidad de simples fabricantes de viñetas. A veces nos bendice con alguna genialidad, como su autocomplaciente reflexión sobre el 11-S.

Así que, sinceramente, no esperaba con entusiasmo este recopilatorio. Y ¿qué quieren que les diga? Me ha entretenido. Toda la introducción, una autobiografía a la peculiar manera del autor, se lee con interés. Sorprende su arrogancia, pero también nos desarma con su sinceridad. ¿Por qué ocultarlo? Él siempre ha querido ser artista. Así que nos muestra algunos de los componentes de su trabajo, incluida la mentira, pero también la magia y la repetición. Muchas de las historietas de la segunda parte ya las conocíamos, pero al cabo de los años nos resultan casi tiernas en su desparpajo experimental. Y además tienen una virtud innegable: son breves. En ellas encontramos sus conocidos juegos descontructivos, sus mezclas, sus pastiches, sus rodeos compulsivos...

Todo ello, por supuesto, con una presentación impecable: buen papel, barnices, buena reproducción... Así que, si pensaron que lo de las dos torres era una tomadura de pelo, creo que comprobarán que esto es algo mejor. Pueden darle otra oportunidad a Art, sin duda se lo merece.
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viernes, 3 de abril de 2009

Y, EL ÚLTIMO HOMBRE de VAUGHAN & GUERRA

Y, el último hombre de Brian k. Vaughan y Pia Guerra, edita Planeta deAgostini
Vértigo. ECC ediciones
Barcelona, 2009.
170 págs, 12,95 euros

EL ÚLTIMO HOMBRE VIVO


En su apocalíptica novela, Matheson fabulaba sobre un hombre enfrentado a un mundo vampírico; tal situación extrema le permitía reflexionar sobre conceptos como normalidad y locura, sobre lo mal que toleramos ser la excepción, lo diferente en un universo que se rige por otras reglas. Aunque cada vez más los discursos oficiales insisten en el respeto a la diversidad, lo cierto es que somos seres gregarios, con miedo a enfrentarnos como individuos aislados a la masa, a la que preferimos pertenecer y en la que nos gusta sumergirnos. Brian K. Vaughan no llega tan lejos como este clásico de la ciencia ficción, porque además prefiere engrasar sus historias con un humor siempre presente.


Ya les he hablado de esta serie que ahora concluye y de su sorprendente punto de partida. Una extraña enfermedad borra a todos los varones de la faz de la tierra, salvo dos notables excepciones: Yorick Brown, un especialista en fugas, y su mascota Ampersand, literalmente el último mono. A lo largo de esta larga saga recorremos con ellos muchos kilómetros, ya que el héroe desea reunirse con su novia que vive en Australia, en el otro extremo del mundo. Vaughan no elude los elementos más fantásticos que su disparatada situación le facilita, como la aparición de amazonas que echan la culpa de todo lo sucedido a los hombres, o el establecimiento de un nuevo orden mundial, ahora enteramente dirigido por mujeres. Hay aventuras con espías, conspiraciones y asesinatos y todas desean meterle mano a esa última fuente de esperma, con la intención de clonarlo, experimentar con él o, sencillamente, pasar un buen rato. Yorick intenta mantenerse fiel a su verdadero amor y los episodios de una guerra de sexos pasada de rosca se suceden. El protagonista suaviza los momentos más dramáticos con una ironía constante, pero con todo el guión nos planta ante situaciones realmente emotivas, encontrando un delicado equilibrio entre el melodrama, el tebeo de ideas y el puro entretenimiento de género.

Y, el último hombre de Vaughan y Guerra
La dibujante Pia Guerra se mantiene a la altura de las circunstancias, ayudada por las eficaces tintas de José Marzán Jr. Su dibujo puede parecer seco y poco atractivo en un primer vistazo, pero si le damos una oportunidad pronto muestra su calidad. Pia no se pierde en florituras y se concentra en lo esencial: la figura humana y sus expresiones. Sus páginas son ajustadas y entretenidas, siempre atentas a lo narrado y manteniendo un nivel general muy alto. Sin duda su arte puede ser calificado como clásico, en el mejor de los sentidos posibles: no se va por las ramas ni se pierde en barroquismos innecesarios, todo se pone al servicio de la historia.

En su conclusión la saga nos deja un regusto amargo. La presencia de la muerte, una constante en muchos de sus episodios, se hace más acusada al final. No deseo revelar más de lo necesario pero sí puedo agradecer al guionista cierta voluntad de equilibrio. Por una parte nos sobrecoge con el repentino e inesperado asesinato de uno de los protagonistas, pero por otro lo compensa con la brillante salida del escenario de Yorick, escapista hasta el fin. No se lo pierdan, es muy recomendable.
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viernes, 6 de marzo de 2009

LAS CRÓNICAS DE CONAN

Las crónicas de Conan de varios autores: Buscema, Thomas, Smith... edita Planeta deAgostini
THOMAS, BUSCEMA, SMITH Y OTROS
Planeta DeAgostini.
Barcelona, 2009

¡POR CROM!


Las continuas reediciones de las aventuras de Conan nos indican que el personaje goza de muy buena salud. Desde que fuera lanzado en los setenta, su presencia en las librerías ha sido constante, convirtiéndose en un icono familiar y carismático. Esta creación pulp del texano Robert E. Howard se trasladó a las viñetas gracias a la obsesión de Roy Thomas, a la sazón guionista en Marvel y enamorado de los héroes que poblaban las ondas y reinaban en las novelas populares de los años treinta; siniestros como La Sombra, luminosos como Doc Savage o salvajes como el épico guerrero cimmerio.


No lo tuvo fácil. A Martin Goodman, encargado por entonces de las finanzas en Marvel, le parecía demasiado cara la tarifa que los herederos de Howard exigían por los derechos de adaptación. Superado este primer obstáculo, Thomas se vio obligado a trabajar con un dibujante primerizo. Como por entonces Barry W. Smith cobraba el sueldo base de la editorial, así se compensaba ese primer gasto. Pero el inglés supo afrontar el reto y número a número su dibujo mejoró hasta realizar una verdadera obra maestra, que supuso también su despedida de la serie: Clavos rojos.

Fue entonces cuando Thomas pudo por fin llamar al artista con quien había soñado colaborar desde un principio. De hecho, le había enviado con anterioridad las novelas de Conan y aquel las había devorado, enamorándose del personaje. Su elevado caché le había impedido hacerse cargo del héroe, pero ahora, con la serie convertida en un éxito de público, por fin había llegado su oportunidad. Y supo aprovecharla.

Hablo del gran John Buscema, el macho alfa de los dibujantes americanos, en palabras de Kevin Nowlan. Buscema, un creador de sólidas raíces realistas, estaba harto de dibujar tipos en esquijama. Y había pasado por casi todos: Thor, Spiderman, los Vengadores, los Cuatro Fantásticos... Anhelaba una serie en la que pudiera centrarse en sus pasiones: hombres y animales. Y también algunas bellas mujeres y no pocos monstruos. Y dejar de lado todo aquello que odiaba representar: edificios, coches, fusiles y máquinas en general. Lo suyo era la materia animada y en Conan la había para dar y regalar.

Con él y unos cuantos entintadores filipinos a los que Big John siempre odió sin remilgos, la serie despegó hasta dividirse en varios caminos que se desparramaron por publicaciones de variada fortuna. Por un lado estaba el comic-book normal a color, Conan el bárbaro, al que pronto siguió una revista en blanco y negro, La espada salvaje de Conan, e incluso otros intentos como Conan Rey o las series dedicadas al rey Kull. Personalmente, me enganché definitivamente al personaje con algunas de aquellas historias más largas de la Espada Salvaje, que aquí aparecieron en Relatos salvajes, sin duda una de las publicaciones más estimulantes de los setenta.

Conan tenía (y aún conserva) muchos elementos que aseguraban su atractivo, no pocos derivados directamente de las ideas de Howard. Pero considero que no pueden menospreciarse las aportaciones de Thomas, que se inventó pasajes enteros para construir una cronología sólida del bárbaro, intentando mantenerse fiel al espíritu del original. Sin duda consiguió crear una figura arquetípica que permanecerá.
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viernes, 27 de febrero de 2009

HISTORIA DEL UNIVERSO EN CÓMIC de L. GONICK

Historia del Universo en comic de Larry Gonick, edita Ediciones B
Ediciones B.
Barcelona, 2009

LA LOCA HISTORIA DEL MUNDO


No sé si con motivo del aniversario de Darwin o por otras razones, Ediciones B ha vuelto a publicar el clásico tratado de Larry Gonick, una obra curiosa, por más de una razón. Por un lado, por su editor original en los USA: Rip Off Press. Como muchos de ustedes saben, esa es la imprenta que Gilbert Shelton montó con unos colegas con la intención original de publicar carteles de conciertos rock. Pronto comprobaron que los tebeos underground vendían más. Primero los de Crumb y luego los del propio Shelton, cuyos Freak Brothers se convirtieron en un éxito sostenido y duradero.


Así que aquellos peludos metidos a impresores se lanzaron sobre el filón, arriesgándose con nuevos talentos que iban desde viejos conocidos de Shelton, como Stack o Jackson, a novatos como Gonick. Lo curioso con este último es que no encajaba en el habitual e irreverente esquema underground. De hecho su Historia acabó convertida en libro de texto en no pocos institutos. Pero como sus ventas fueron bien desde el principio, a los chicos de Rip Off les importó bien poco si sus credenciales eran lo bastante alternativas o no.

El trabajo de Gonick no escapa del todo al ambiente en que se comercializó. Por supuesto su labor es seria y está muy documentada y su historia, más allá del humor que emplea para engrasar las secuencias, es un trabajo académico impecable, un esfuerzo tremendo en el que se resumen miles de años de evolución y política. Pero además notamos de vez en cuando cómo pone el énfasis en el papel de la mujer o cómo argumenta a favor de las pautas cooperativas, frente a las estrategias competitivas. Notamos los aires de San Francisco suavizando determinados sucesos históricos, algo evidente hasta en el irónico párrafo con que nos recibe en su web: "Ayudo a la gente a tomar decisiones más sabias sobre su futuro. Tan sólo intento salvar al mundo."

Historia del Universo en comic de Larry Gonick, edita Ediciones B
Cachondeos aparte, esta es una gran recuperación. Si el guión es muy divertido y consigue aligerar los pasajes históricos más indigestos, el dibujo se mantiene a la altura del alto nivel literario. Es ágil y expresivo y no se ve limitado por las contenciones que invadieron los tebeos educativos (y de los otros) pasados los setenta. Este trabajo anterior a la corrección política ofrece una mirada muy desprejuiciada sobre el sexo, con el que realiza constantes bromas, y la violencia, cuya justificación es puesta en evidencia y cuya aparición se emplea en no pocos gags. También resultan curiosas algunas de las presentaciones de los capítulos, cuando el autor se disculpa por tratar asuntos como la pederastia en la antigua Grecia o los episodios de zoofilia de la mitología.

Gonick ha realizado otras obras de divulgación, que permanecen inéditas por aquí. Si son de la calidad de ésta, la verdad es que hay que reclamar ya su traducción. En pocos casos he visto resuelta de forma tan afortunada la vieja ecuación de rigor y amenidad, información y entretenimiento. Resumiendo: un volumen tan extenso como recomendable. No se lo pierdan.
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