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viernes, 11 de julio de 2014

ROBERT CRUMB. ENTREVISTAS Y CÓMICS

Robert Crumb Entrevistas y cómics, edita Gallo Nero - The comics Journal
Gallo Nero Ediciones, 2014. 
336 pág. 24 € 

CRUMB NO SE RINDE


Los seguidores de Crumb sin duda disfrutarán con esta recopilación de entrevistas que el autor concedió a la revista especializada The Comics Journal entre 1984 y 1995.


Guste o no su trabajo, el volumen no decepciona por razones diversas. En principio, por lo que tiene de testimonio de una época. El dibujante vivió la explosión hippie de los sesenta y sorprenden sus historias de San Francisco, sus relaciones con el LSD o sus constantes viajes de un lado a otro del país. Llama la atención cuando declara que nunca compró drogas, que simplemente “corrían por ahí”, lo barato que resultaba vivir en el Oeste o cómo sobrevivió, antes de empezar a sacar pasta con sus dibujos, gracias a la asistencia social. Por supuesto, otros recuerdos más personales son igualmente llamativos e interesantes. Como cuando habla de sus hermanos, a quienes descubrimos en el documental de Terry Zwigoff, pero cuyas rarezas el propio Crumb confirma que son muy superiores a lo que podíamos sospechar. Explica que uno de ellos se limpiaba los intestinos introduciendo una larga ristra de tela por la boca y sacándosela por el ano. Había momentos en que la tela ya asomaba por abajo cuando todavía podía verse colgando por arriba. Como además mendigaba por la calle, en ocasiones algunos graciosos se dedicaban a tirarle dolorosamente del extremo superior. También llaman la atención las menciones a su hijo mayor. Así como Sophie, la niña que tuvo con su segunda y actual esposa Aline Kominsky, ha aparecido en numerosas historietas y dibujos suyos, apenas teníamos noticias de Jesse, su primer vástago. El autor explica con claridad la distancia que siente hacia él y cómo eso le impidió utilizarlo en ninguna historieta. Los pasajes que dedica a su hijo son entrañables y dolorosos.

La parte más delirante es cuando habla de política, donde llega a afirmar que los “chinos han hecho unas cuantas cosas bien”, al tiempo que critica la “centralidad” de la Unión Soviética. Menos incoherente se muestra cuando critica a los ciudadanos de USA, a los que dedica una serie de diatribas cargadas de mala leche, desde la comodidad de su retiro francés. Tiene algunas buenas palabras para los europeos, aunque acaba reconociendo que aquí, como en los Estados Unidos, “todo está lleno de idiotas”. Muy divertida es su experiencia colaborando con una revista alternativa. Aunque aboga por la vida en comuna, reconoce que no soporta estar rodeado de “monjas y curas” que le dicen a cada momento cómo debe comportarse y qué debe dibujar y hacer.

Robert Crumb Entrevistas y cómics, edita Gallo Nero - The comics Journal
Sorprendentemente, es más lúcido todo lo que explica en relación con las mujeres. Quizás porque lleva más años en lucha con las feministas, que han criticado con ferocidad las aristas más salvajes de su trabajo. Reconoce su misoginia para, a continuación, afirmar que “también odio a los hombres y a los negros”. En fin, Crumb es un humorista a quien no le preocupa exagerar. Y lo hace constantemente. Lo que intenta es ser sincero consigo mismo. Es muy interesante cuando explica la pauta que reconoce en muchas mujeres a las que descubre atraídas por tipos malos, poderosos. Y agradece que su pequeña fama como dibujante underground le permitiera acercarse a chicas con las que antes no se atrevía ni a soñar. Así puede, según confiesa, descargar gran parte de las frustraciones y la ira que tenía acumuladas contra todas las tías que ni siquiera le habían dirigido la mirada en el Instituto. En fin, la eterna lucha de sexos, que el creador intenta zafar de la esfera política para devolverla al terreno de lo personal.

En ese sentido es curiosa su visita a la Mansión Playboy, adonde acudió acompañando a su mentor Harvey Kurtzman. Crumb nunca ha negado su deuda con él, que le concedió algunas de sus primeras oportunidades laborales y le aconsejó profesionalmente. Pero se muestra muy crítico hacia la fascinación que el maestro sentía por Hefner y el universo Playboy. Kurtzman debía sufrir las constantes correcciones del director, que le pagaba muy bien por producir la serie cómica Little Annie Fannie. Para Crumb, Kurtzman se sentía atraído por el lujo y la diversión que rodeaban a Hefner. Él no se lo pasó bien en la Mansión, donde se dedicó a preguntar a las conejitas si no se sentían manipuladas. Según cuenta, se comportó como un auténtico aguafiestas. En fin, Crumb siempre será ese tipo amargado incapaz de ser feliz, pero que consigue reírse de sus desdichas y además divertirnos con ello.
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viernes, 13 de junio de 2014

¡CADÁVER EN EL IMJIN! de KURTZMAN y otros dibujantes - DE LOS GRANDES DE LA EC

¡Cadáver en el Imjin! y otras historias bélicas de Harvey Kurtzman, de Norma Editorial  comic bélico hazañas bélicas Iwo Jima Editorial ED Dibujo
Norma Editorial, 2014.
228 pág. 25 €

UN CADÁVER EXQUISITO


Aunque Harvey Kurtzman no es un desconocido en nuestro país, no goza de la popularidad que se merece. Así que cualquier recuperación de su trabajo es bienvenida.
Kurtzman es uno de los grandes, miembro de esa segunda hornada de genios donde sobresalen apellidos judíos como Eisner, Kirby o Kubert. El presente volumen agrupa parte de lo mejor de su producción, la realizada para la mítica editorial EC. 


Ya tuvo una edición previa en España, a cargo de Planeta, pero en un tamaño tan pequeño que apenas nos permitía disfrutar de su arte. Ésta no alcanza la calidad ni el formato de los tomos en B/N que Cochram publicó en los ochenta, pero los dibujos pueden apreciarse mejor y además el libro viene bien cargado de entrevistas y jugosas reseñas.

Las historietas se dividen en dos grandes grupos: aquellas completamente realizadas por Kurtzman y otras en las que sólo trabajó como guionista. Lo de “sólo” es un decir ya que como es sabido el autor era un obseso del control, sus escritos iban acompañados de precisos bocetos que los ilustradores debían seguir casi al pie de la letra si no querían arriesgarse a desatar las iras del escritor o, simplemente, no volver a ser contratados en una editorial que tenía fama de ser la más generosa del mercado con sus colaboradores. Las historietas de guerra de la EC fueron las primeras en reflejar los conflictos bélicos de forma realista, no mitificada. Como uno de los artículos enfatiza, eso no significa que Kurtzman fuera un pacifista o se opusiera a la guerra en general. En sus relatos no se cuestiona la participación en la guerra de Corea, que estaba en marcha mientras estos tebeos se editaban. Lo que hacía era fijarse en el soldado de a pie, en sus miserias y sufrimientos y en el dolor absurdo que todo enfrentamiento armado conlleva. Y, lo que es más sorprendente, prestando atención a los dos bandos. En los episodios que dedicó a Iwo Jiwa, como muchos años más tarde Clint Eastwood hará en el cine, se describe con crudeza la desesperación de los soldados japoneses condenados a una muerte segura.

¡Cadáver en el Imjin! y otras historias bélicas de Harvey Kurtzman, de Norma Editorial  comic bélico hazañas bélicas Iwo Jima Editorial ED Dibujo
Basta repasar historietas como la que da título al volumen, “¡Cadáver en el Imjin!” para comprobar que estamos ante una obra mayor, el trabajo de un maestro. A Kurtzman siempre le preocupó el equilibrio entre los elementos gráficos (dibujo, pero también onomatopeyas y contenedores de texto) y textuales así que, si su grafismo viene cargado de energía y curvas cinéticas y rematado por expresivos contrastes de B/N donde sobre todo llaman la atención sus brutales pinceladas, en los textos nos topamos con una precisión rítmica que evidencia sus intenciones poéticas. Más tarde se haría famoso por sus parodias en revistas como Mad, Help o Humbug y con personajes como Little Annie Fanny, pero en esta primera etapa en EC ante todo busca emocionarnos con relatos donde el individuo lucha contra la adversidad y parece presa de un destino siempre absurdo. Los protagonistas afrontan esa fatalidad con estoicismo y aunque la mirada de Kurtzman es compasiva estamos en los cincuenta y aquí nadie lloriquea.

Cuando el dibujante pasa a desempeñar tareas de editor dejando el trabajo de terminar sus bocetos a otros creadores, pasan cosas curiosas. Primero se forma el grupo de los grandes, aquellos que colaboran con él de forma estable, tipos minuciosos y capaces de superarle en el terreno de la obsesión documental y el gusto por el detalle, gigantes como Wood, Davis, Elder o Severin. A su lado encontramos a los otros, dibujantes extraordinarios que por una u otra razón no terminaron de encajar con Kurtzman. Entre ellos hay verdaderos genios de la talla de Toth, Kubert, Colan o Heath. Aunque curiosamente están muy bien representados en este recopilatorio, en muchos casos apenas ilustraron un par de episodios del exigente guionista. En algunas de las entrevistas que se incluyen, el escritor y editor se queja de ciertas manías de Kubert o Toth, a los que reconoce como extraordinarios ilustradores, pero que en ocasiones anteponían sus manías estéticas a la narración. Y para Kurtzman eso era un pecado imperdonable.

En fin, un volumen para disfrutar y estudiar y que nos recuerda que después de historietas como éstas las “hazañas bélicas” nunca volvieron a ser lo mismo.
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