240 páginas, 14,95 euros.
SUPERMAN SÍ, SUPERMAN NO
Superman sigue funcionando como una gran metáfora de los temas más variados. Ahora lo encontramos en una entretenida aventura juvenil donde se nos recuerda que es un emigrante más, en su caso venido del espacio.
La portada presenta al guionista, Gene Luen Yang, como “autor superventas”. Eso, unido al interés que ha despertado su título, me hacía temer lo peor. Un sentido alegato contra el racismo, sin chispa de interés dramático. Pero no ha sido así, sino todo lo contrario.
El tono del argumento, sumado al delicioso dibujo del grupo japonés Gurihiru, nos indica rápidamente que este producto se dirige a un lector joven al que no se va a marear con sutilezas ni pedanterías. Estamos ante una narración sencilla y directa, con protagonistas también jóvenes, que aprenden algunas verdades sobre la vida en la ciudad. La primera peculiaridad es que el héroe, Superman, participa de ese aprendizaje. No se trata del campeón maduro al que estamos acostumbrados sino del personaje inicial, que se corresponde con el que apareció en Action Comics, en los años treinta. Un superhéroe fuerte pero no tan fuerte y con poderes pero no tantos. Que podía saltar muy alto pero no volar. A lo largo de la historia los diferentes personajes aprenden sobre todo a no tener miedo. Los hermanos protagonistas representan las dos caras de la emigración. Está el que desea fundirse en el crisol y sabe que no tendrá problemas en integrarse y la que se siente diferente y tiene la firme convicción de que nunca encajará. Superman, como miembro de una cultura extranjera, también participa de esa voluntad por ser normal. Si algo nos han devuelto las redes sociales es el viejo concepto de la normalidad. Lo que todo miembro de cualquier colectivo teme es ser señalado como diferente.
Hoy más que nunca la diferencia ha sido machacada en el altar de la identidad. Aprender a combatir eso es el trayecto que nos sugiere esta aventura, mucho más sofisticada de lo que su apariencia juvenil y ligera sugiere. Y también sale el Klan. Como se nos explica en un epílogo imprescindible, el origen del guión está en
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