NO SE VAYAN TODAVÍA...
Con el año a punto de finalizar, queda todavía tiempo para atrapar algunos buenos tebeos publicados en 2025. Apunto tres: un maravilloso clásico, una afortunada recuperación y una estimulante novedad.
Roy Crane
Wash Tubbs encuentra al Capitán Easy
Reino de Cordelia. Madrid, 2025
120 páginas, 24,95 euros
A nadie sorprenderá que empiece por Roy Crane, uno de mis autores de referencia. Durante años se nos negó el placer de su lectura y ahora parece que nos llega todo de golpe. Por un lado la publicación de su excelente Buzz Sawyer y ahora la serie que lo precedió, Wash Tubbs. Adelanto que no tiene la perfección de su sucesora, los textos son excesivos, también los tramados, todo es más torpe y peor narrado. Pero si les gusta Crane no pueden perdérselo. Son sus primeros pasos en el medio y, al lado de los deslices, ya hay innegables muestras de su enorme talento. Esos personajes dinámicos y divertidos, esas chicas encantadoras, esas ambientaciones de película de los hermanos Marx... Más para ver que para leer.
Thomas Yeates y otros
La ley del desierto
Laramie. Madrid, 2025
153 páginas, 20,90 euros
Después, una recuperación. El guión original de este cómic se pensó para una película que no llegó a realizarse. Después de incontables peripecias que se detallan en el material que complementa el volumen, la historia se convirtió en un guión de cómic que acabó en las manos de Thomas Yeates. Este autor ya era bueno cuando estudiaba en la escuela de Joe Kubert, donde formó parte de la primera promoción. Aquí pudimos disfrutar con algunos de sus episodios para La Cosa del pantano pero lo cierto es que una buena parte de su trabajo permanece sin traducir. Como sus tiras de prensa sobre El Zorro, que son buenísimas. Hace años que se encarga de dibujar Prince Valiant y eso sí hemos podido apreciarlo, gracias a la edición de Dolmen. Es un dibujante clásico y al mismo tiempo muy personal y reconocible. En esta ocasión opta por las aguadas y las páginas se llenan de grises que nos remiten a los westerns más tradicionales. Y es que de eso se trata, una endiablada persecución en el viejo oeste, donde nadie da cuartel ni lo pide. La historia es correcta pero le concedo más mérito a Yeates, que emplea muy bien los paisajes y las expresiones de sus personajes. Un dibujo estupendo.
¡IMPRIME LA LEYENDA!
Conocimos a Rossi como sustituto de Jean Giraud-Moebius en la serie Jim Cuttlas. Su abundante trabajo se ha ido publicando por aquí de forma esporádica. Les aconsejo que no dejen escapar ésta, su última obra.
Lo primero que llama la atención es el grafismo, con una característica acuarela de paleta reducida. Los escasos colores que escapan a los cálidos dominantes destacan de forma expresiva. Esos cielos azules, esos rosas y naranjas que aparecen aquí y allá, contrastando agradablemente con un océano de amarillos, ocres y tierras varias, que se corresponden de manera natural con esa alusión al dorado del título. Tonos y acabados que convienen a una historia donde los amplios espacios naturales y los variados factores atmosféricos son protagonistas. La acuarela aporta profundidad y misterio y es especialmente efectiva para representar nieblas, nubes y polvaredas, también la profundidad atmosférica de los paisajes. Algunas viñetas recuerdan el sintético trabajo de cartelistas clásicos como Hohlwein, Purvis, Bernhard, Wilkinson o Newbold. Como ellos, Rossi convierte una aproximación realista, casi fotográfica, en algo diferente, más simbólico y estilizado. En general, se realiza un gran trabajo con el color y la narrativa ordena las viñetas con precisión. Sin florituras, pero resolviendo con aparente facilidad un problema muy complejo: la narración de unos hechos que ocurren tanto en la cabeza del protagonista como en esos exteriores donde las escaramuzas bélicas se suceden una tras otra. Complicadas estrategias permiten a los protagonistas (a algunos) mantenerse con vida.
En pocos westerns anteriores hemos visto con
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ARROLLADOR JOHNSON
Los aficionados a los buenos tebeos están de enhorabuena. Un nuevo autor ha venido a ocupar el vacante trono de los creadores energéticos y despreocupados, en la estela de Kirby o Simonson. Lo de Johnson ya no es rock&roll sino puro heavy metal.
Lleva tiempo desarrollando una carrera sólida y ascendente, en la que se alternan proyectos con superhéroes de las grandes compañías, como Wonder Woman (DC) o Thor (Marvel), con propuestas muy personales en las que da rienda suelta a sus aficiones y manías. Su incorporación al medio se produjo colaborando con un guionista, algo que apenas ha vuelto a hacer ya que escribe sus propias historias. “La flota fantasma” (2014) es claramente un trabajo de principiante. El proyecto sufrió varios altibajos, no vendía lo suficiente así que se vieron obligados a comprimir una obra pensada inicialmente con mayor extensión. Eso se nota en el guión, que se vuelve vertiginoso y confuso en el tramo final. En cuanto al dibujo, se aprecian muchas torpezas en la primera parte y el entintado es mejorable. Pero el final ya nos permite vislumbrar el Johnson que vendrá. Cuando hayan consumido todos sus tebeos y se queden con ganas de más, pueden echarle un vistazo. Creo que es mejor que sus “Transformers”.
Daniel Warren Johnson y Mike Spicer.
Extremity
ECC España, 2022
320 páginas, 33 euros
Siguiendo el orden de publicación en España, nos encontraríamos primero con “Extremity” (2019) una fantasía en la que ya aparece su colorista habitual, Mike Spicer, y donde todos los componentes de su estilo están prácticamente formados. Un entintado expresivo y en apariencia feísta pero con un trazo ligero y entrecortado al que resulta muy fácil acostumbrarse. Unos monstruos impresionantes, entre las aportaciones japonesas y los clásicos de los relatos iniciales de Kirby. Unas onomatopeyas explosivas y que acompañan de manera ruidosa a la acción. Un sentido del espectáculo que convierte la lectura de sus obras en un paseo por un circo de tres pistas, con páginas abrumadoras llenas de personajes en liza y abominaciones gigantes. Unas perspectivas sin complejos que vehiculan imágenes extremas y puntos de vista inusuales, deformaciones, picados y contrapicados, ojos de pez, todo puede surgir en una de sus viñetas. Una firme voluntad de ser entretenido, tanto en los argumentos como en la puesta en escena, con estructuras de página muy variadas, contrastes visuales con grandes viñetas al lado de series de pequeñas viñetitas y giros argumentales que sorprenden al lector más avezado. “Extremity” comienza con la protagonista explicando que lo que más le gusta en la vida es dibujar. Poco después, vemos cómo los enemigos de su clan le cortan la mano derecha. Y luego ya no para.
“Wonder Woman. Tierra muerta” se publicó en España el mismo año que “Murder Falcon” (2020), en el primero fantaseaba con algunos de los clásicos héroes de la DC y en el otro con una de sus aficiones, el jevi. En ambos casos tenemos la sensación de que el autor es como un niño grande al que se le permite jugar con unos elementos por los que no siente ningún respeto. O, mejor, le divierten tanto que no reprime ninguna idea, por loca que parezca. En su cómic sobre la princesa amazona vuelven a salir esos monstruos gigantes que tanto le gustan. Pero sobre todo es una fenomenal reflexión sobre el origen de la violencia y la destrucción. Servida por un creador en plena forma que no evita los chistes más brutos, con tal de dar espectáculo. Para recordar lo que la heroína hace con los huesos del pobre Superman. Léanlo y verán, no decepciona. Su oda al jevi es triste y simpática a partes iguales. Habla de la pérdida y la inevitable muerte. Pero también de la música como factor que nos conecta con la realidad y nos permite disfrutar, aunque sea por un momento, de nuestra existencia. Su dibujo ya no puede ser mejor. Son dos comics imprescindibles.
Daniel Warren Johnson y Mike Spicer.
Bill Rayos Beta. Estrella emergente
Panini España, 2022
128 páginas, 15 euros
Si algo caracteriza la industria del cómic español es su precariedad. Muchos dibujantes sobreviven con encargos en otros ámbitos como el de la ilustración, o a base de premios y subvenciones. Pero el torrente de novedades no se detiene.
LEZO. PARTE II: LA DEFENSA DE CARTAGENA
Ángel Miranda, Ramón Vega, Guillermo Mogorrón y Miguel Ángel Abad
Entre las últimas novedades del mercado encontramos agradables sorpresas, como la segunda entrega de “Lezo”.
Sus autores lo han publicado gracias a un nutrido grupo de mecenas, indicados al final de la obra. Ya reseñé en su momento el primer volumen y este mantiene las características iniciales, con un dibujo bienintencionado pero en ocasiones confuso y un gran color.
Se trata de recuperar una figura histórica muy llamativa y de la que apenas se nos ha contado nada. A mí me parece una obra necesaria y agradezco su aire clásico, como de película de Michael Curtiz, con todo el vigor de la modernidad en su puesta en escena.
ROCO VARGAS. MEMORIA DE UN FUTURO QUE NO FUE
Daniel Torres
Norma editorial, España, 2024
96 páginas, 24 euros
Mucho más tranquila es la apuesta de Daniel Torres, que nos brinda un nuevo episodio de su aventurero espacial Rocco Vargas, a quien descubrimos en los ochenta en las páginas de la revista “El Cairo”. Torres ha recorrido un largo camino desde entonces, convirtiéndose merecidamente en uno de los dibujantes españoles más internacionales. El problema de estas “Memorias” que presenta es que es escasamente narrativo. El héroe es entrevistado no por un periodista sino por un dibujante llamado (¡oh, sorpresa!) Daniel Torres.
A partir de ahí el álbum se configura como una recolección de estampitas sin apenas estructura dramática que las unifique. El autor se ha dado el gustazo de dibujar unas ilustraciones excelentes, que no esconden su deuda con la obra de Moebius. Pero si cualquier seguidor de Torres puede disfrutar sin complejos con sus imágenes, quienes esperen algo a la altura de “El octavo día” se sentirán decepcionados. Aquí se trata simplemente de sumergirse en sus evocadoras ilustraciones y poco más. No es para quejarse, teniendo en cuenta su capacidad para la mímesis gráfica y las referencias cruzadas. Los lectores podrán entretenerse un buen rato descifrando las diferentes claves gráficas y simbólicas de sus láminas.
CORTO MALTÉS. LA LÍNEA DE LA VIDA
J. Díaz Canales y Rubén Pellejero
Norma editorial, España, 2024
80 páginas, 23 euros
Otro dibujante de larga trayectoria, Rubén Pellejero, firma una nueva entrega de Corto Maltés. Como en anteriores episodios nos sorprende su capacidad para imitar el trabajo de Pratt, mejorando sus fondos y la caracterización de los personajes. Lamentablemente los guiones mantienen esa estructura de acá para allá que definía las aventuras del Corto original. Mucho andar para no llegar a ninguna parte.
Debo confesar que no soy un gran fan del contexto en que se desarrolla esta aventura. Un México que tal parece el de la clásica novela de Graham Greene “El poder y la Gloria”, con la que ya patinó el gran Ford. Me aburre el rollo “Pedro Páramo”, esos paisajes soleados llenos de gente desesperada. Vargas Llosa consiguió animar esos delirios donde la exaltación religiosa y la pobreza se dan la mano para provocar cataclismos en “La guerra del fin del mundo”, trasladando la acción a Brasil. En México, para mí la gran excepción es “Los profesionales”, la energética peli de Brooks que explica la revolución sin aburrir al personal. Pero si no, siempre acabamos en “Gringo viejo” o “Bajo el volcán”, relatos en los que la miseria y la amargura convierten en una pasta intragable todo intento narrativo. Este es un producto muy bien fabricado, que olvido al finalizar su lectura. Dormir, tal vez soñar.
CRAVE
María Llovet
Norma editorial, España, 2024
176 páginas, 28 euros
Lo mejor para el final. Hace tiempo que le sigo la pista a un talento ya bastante consolidado. María Llovetlleva años alternando obras de producción propia (guión y dibujo) con encargos para el mercado americano, que imagino son los que le dan de comer. Con un dibujo veloz y de entintado sucio y descarado, nos ha acostumbrado a sus mundos góticos, sexys y salvajes. En una primera aproximación podríamos suponer que nos encontramos ante productos modernillos dirigidos a seguidores de “Crepúsculo” y similares, con vampiros guapos chupando todo lo que se les ofrece y lánguidas protagonistas entregadas sin reparos a los placeres de la carne. Todo eso está en la obra de María Llovet, pero también una voluntad narrativa y unas ganas de contar historias diferentes, que la honran.
En un momento de empacho de autoras-víctimas que se empeñan en explicarrnos lo mal que lo pasaron sus abuelas, cómo las acosaron en el instituto o sus angustias mentales y sexuales, resulta refrescante sumergirse en las páginas de una creadora que lo primero que busca es entretenernos. Y a lo grande. Y, además, aborda temas tan actuales como universales. Como pura diversión les aconsejo que le echen un vistazo a “Loud”. Por momentos uno se siente en una película de Gaspar Noe o de Tarantino. Afortunadamente, más el segundo que el primero. Llovet tiende a abusar de las viñetas horizontales y en ocasiones su ritmo es tan veloz que cuesta situarse o tenemos la sensación de que la viñeta no nos cuenta bien la acción. Pero en general su puesta en escena es tan vertiginosa como eficaz. Con grandes secuencias como la de los disparos y las balas voladores. Si “Loud” era una obra muy visual, sin apenas textos y con onomatopeyas muy bien empleadas, en “Crave” apuesta por mezclar todas las herramientas textuales de la modernidad, con profusión de diálogos a través de móviles e interacciones entre la acción real y la virtual.
El cómic va de una aplicación que interfiere en las vidas de los protagonistas hasta casi dirigirlas. Todo es trepidante, fresco y sexy, una lectura sin complejos para disfrutar. Si estos dos trabajos les gustan están de suerte porque Llovet tiene otros muchos anteriores a los que echar un vistazo. No la pierdan de vista.
Fred Duval y Corentin Rouge
Norma Editorial, España, 2024
136 páginas, 29,50 euros
¡APOCALIPTORGAL!
No solo el maestro Yann está jugando con el vikingo creado por Van Hamme y Rosinski. Otros creadores prueban sus habilidades con nuevos episodios de Thorgal. No es una prueba de la que resulte sencillo salir airoso.
Tengo que decirlo ya: “Thorgal. Wendigo” es uno de los tebeos de aventuras más arrolladores que he leído en mucho tiempo. La visualización de algunas de las escenas en el árbol tienen una dinámica visual digna de Kubert. Yo me he acordado de su Tarzán, pero también del clásico episodio de Thor que Simonson resolvió a base de páginas-viñeta, para expresar con la grandeza adecuada el épico enfrentamiento entre el dios del trueno y la malvada serpiente gigante. Aquí el dibujante lo da todo y nos brinda un conjunto de páginas dobles capaces de dejar sin aliento al lector más avezado. Y sí, es una historia con serpientes y otros monstruos gigantes.
Van Hamme combinaba de manera muy inteligente los fragmentos de mitología nórdica con alienígenas de otros mundos y otros componentes de ciencia ficción, sin perder del todo el contacto con la realidad y escribiendo unos personajes tan familiares como entrañables. Aquí el guión se las apaña para contar una guerra entre tribus, con todos sus aspectos mundanos y en un entorno creíble. Pero, además, con bestias semi-divinas. No sale mal librado del desafío. No deja que los aspectos fantásticos se coman el componente humano y se asegura de incluir unos buenos comparsas. Tanto el compañero de Thorgal, como los cazadores que le persiguen, como la vikinga con la que se encuentran, son secundarios perfectamente escritos que aportan muchos matices a la obra.
Se parte de una premisa que siempre funciona. La mujer del héroe es
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UNA FIESTA PULP
Del Universo de Hellboy se han derivado varias sagas de fortuna diversa. Ahora se agrupan en un Integral las aventuras de uno de los personajes mejor nombrados que recuerdo: Bogavante Johnson.
Como siempre, el creador del diablo rojo supervisa los guiones de esas series paralelas, asegurándose de que encajan bien en el universo que ha diseñado para su personaje. No soy el fan número uno de Hellboy. Mignola es un gran ilustrador y los ambientes que caracterizan la serie son tremendamente sugerentes, con esa atractiva mezcla de misterio y horror cósmico. Pero no es un buen guionista, tiene siempre problemas de ritmo y su ironía acaba drenando la emoción de las historias. La buena noticia es que con Bogavante han dado en el clavo, superando, si se me permite decirlo, al original.
Supongo que por un lado esa mejora se debe a la participación del guionista John Arcudi y no me cabe duda de que también a la arrolladora presencia del gran Tonci Zonjic. Respecto a
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Algunos cómics nos demuestran que, en el mercado americano, hay vida más allá de los superhéroes. Cada vez son más los autores que intentan zafarse del monopolio de las máscaras y las capas, explorando los géneros más diversos.
En “Dominio público”, no nos alejamos mucho del tema ya que se aborda la lucha legal de un dibujante y creador de personajes enmascarados.
El guión parece mezclar varios conflictos reales, que obligaron finalmente a algunas compañías a reconocer a los creadores originales y a restituirles sus derechos. Pero además se plantea algo inesperado. Más allá de la consabida lucha de David contra Goliat, lo mejor es cómo se describe a esa familia de herederos que, por azar, consigue un trato muy ventajoso con una gran compañía. El primer tomo de esta historia traslada al lector desde los terrenos ya conocidos de la explotación editorial, a tierras menos exploradas relativas al fenómeno de la creación, con sus recompensas pero también con sus riesgos. Una buena construcción de personajes y un dibujo funcional acompañan a un trabajo prometedor, un arranque que nos deja con ganas de más.
DONDE VI EL CADÁVER
Ed Brubaker y Sean Phillips
Norma Editorial, España, 2024
144 páginas, 27 euros
“Donde vi el cadáver” es lo último de Brubaker y Phillips, dos viejos conocidos de los lectores. Siguen buceando en casos de serie B, ofreciendo la cara más negra de la sociedad americana. Esta pareja siempre cumple, en ocasiones con obras estupendas como “Criminal”, y en otras con relatos más fríos. A Brubaker le gustan los protagonistas desagradables, tipos con los que resulta difícil empatizar. Eso supone todo un desafío para el narrador ya que los hechos se observan siempre desde la distancia. Cuesta entrar, emocionarse con lo que les está pasando a sus antipáticos héroes. Pero tanto la construcción del argumento, como el dibujo siempre realista o el excelente color, son todos irreprochables. Esta pareja nunca factura un mal tebeo, otra cosa es que consigan emocionarnos, hacernos partícipes de lo narrado. Aquí el nivel es el habitual y Brubaker se divierte dando vueltas alrededor de unos hechos que muestra desde distintas perspectivas, jugando con el clásico efecto “Rashomon”. Yo creo que quienes mejor emplearon ese recurso fueron Damon y Affleck en “El último duelo”. Allí conseguían extraer una verdadera fuerza dramática de esas visiones encontradas. Aquí se queda en un elegante juego narrativo.
STEP BY BLOODY STEP Spurrier, Bergara y Lopes
Planeta Comic, España, 2024
200 páginas, 18,95 euros
YO, MI, ME CONMIGO
La autobiografía sigue siendo un género muy vivo. En pleno delirio narcisista propiciado por las redes sociales no extraña que los autores vuelvan su mirada hacia el que parece el único tema posible, un yo que no se distingue tanto de los otros.
“Baños Pleamar” se presenta arropado por la popularidad de su creador, una figura relevante en redes y de quien nunca había oído hablar. Sus colas se llenan de seguidores entusiastas en las sesiones de firmas y esa es una razón más que suficiente para que los editores se pongan a salivar como el proverbial perro de Pavlov. No creo que popularidad y calidad estén necesariamente enfrentadas, así que me leí esta obra esperando disfrutar con aquellos componentes que habían fascinado a las masas. En esta ocasión no puedo decir que coincida con los gustos de esa supuesta mayoría digital. No es una obra despreciable, el dibujo apunta maneras y todo parece bienintencionado. Pero esta oda a un padre estrafalario y poderoso no acaba de emocionar. No entiendo el papel reservado a una madre que se nos muestra derrotada desde las primeras páginas y me empacha tanta declaración alrededor del consabido “persigue tus sueños y lucha para conseguirlos”. Vale, ya lo he pillado, tras una infancia heroica el prota triunfa y abandona por un momento su Olimpo digital para contar a los pobres mortales cuan duro ha sido su camino hacia el éxito. ¡Gracias!
Más interés me despierta la descarnada declaración de Kobabe en “Género queer”. En las últimas décadas han abundado los manuales de comportamiento para las diferentes variantes sexuales, primero gays y lesbianas y luego todo los demás. Respecto a las personas trans, estas guías suelen insistir en el camino de transformación, me quito esto, me pongo aquello... Los pasos a seguir para ajustar mente y cuerpo, con la ayuda de la cirugía y la farmacopea. En cambio aquí el autor sigue otra ruta, más centrada en la diferencia y la exploración. No se trata ya tanto de en qué me quiero convertir como de quién soy y en qué casilla me sitúo. Pone un ejemplo muy visual y para mí clarificador. Si los géneros habituales son dos, y vemos uno como montaña y el otro como mar, el protagonista se localiza en algún espacio intermedio, en los bosques que unen uno y otro paisaje. Llegar a esa conclusión no le resulta fácil. El cómic explica con mucha claridad ese recorrido incierto que le lleva a despreciar su primera regla, a ocultar sus pechos y al mismo tiempo a desear a un compañero o a sentir interés por personas de uno u otro sexo. También relata su dolor cuando una ginecóloga explora sus genitales o su inquietud ante la posibilidad de tener relaciones con alguien. Se siente seguro en el terreno de las amistades, no tanto cuando esos afectos se vuelven más íntimos. Estamos pues ante una obra más personal que política y que justamente encuentra su verdad en ese análisis de unos sentimientos profundamente individuales. Denle una oportunidad.
Jaime Martin Siempre tendremos 20 años Norma Editorial, España, 2020 156 páginas, 25 euros
LA BEDÉ MÁS SOCIAL
A veces los cómics pretenden ser algo más que meros entretenimientos. Ciertos autores buscan la manera de representar con viñetas sus preocupaciones sociales, con variada fortuna.
ALGAS VERDES
Inès Léraud, Pierre Van Hove, Mathilda Astiberri, España, 2022 160 páginas, 18 euros
En “Algas verdes” se aborda un asunto apasionante. Según argumentan sus creadores, el campo francés sufrió una tremenda transformación tras la IIGM. Los agricultores se vieron abocados a agruparse y a pasar de un modelo productivo artesanal a otro más industrial. Lo que conllevó un mayor empleo de nitratos que favorecían el aumento de la producción. Pero que, al alcanzar el mar, también hacían crecer las algas. Esas algas se depositaban luego en las cabeceras de los ríos, creando unos depósitos tóxicos que podían llegar a ser letales para personas y animales. Así es cómo comienza el relato, con un jinete que se queda atrapado en una playa. Su caballo muere y él a duras penas consigue sobrevivir a la intoxicación. Un médico que ha visto casos similares en el pasado es quien da la voz de alarma.
Dos trabajos que beben de las fuentes más clásicas de la bedé, el cómic europeo para todos los públicos. Una de las propuestas viene firmada por un bretón y la otra por un equipo español.
“Vértigo en Groenlandia”no esconde sus deudas con Hergé, que se evidencian desde una portada inevitablemente similar a la de un álbum de Tintín. En el interior, la gama de colores nos aleja un poco de la estética linea-clarista más académica, pero ya les adelanto que no es para tanto. En cuanto el ojo se acostumbra a las acuarelas y al expresivo dibujo del autor, enseguida nos sentimos en territorios conocidos. Tanquerelle ha colaborado con algunos de los creadores que supuestamente venían a darle la vuelta al mercado francobelga, como Sfar. Pero poco queda de aquella revolución en esta obra. Todo rezuma un encantador aroma de aventura clásica, bien construida, narrada con sencillez y con personajes interesantes. Su protagonista es algo más neurótico que Tintín, no es tan apolíneo, el precio de la modernidad. Pero su explorador viejo y alcohólico, que parece sacado de una película de John Huston, es un inteligente remedo de Haddock. Todo en este álbum está bien pensado y mejor dibujado. Es una gran aventura en el norte, con sus peligros y sus personajes al borde de la locura, sobre todo el artista que financia la expedición y que propicia la apoteósica escena final. No hay grandes novedades ni se esperan, más allá de las texturas de color. El resto es puro disfrute, un guión bien escrito con diferentes tramas que confluyen en un final satisfactorio. Yo no pido más.
MOLLY WIND Catalina González Vilar y Toni Galmés
Norma Editorial, España, 2023
160 páginas, 24,95 euros
En cuanto a “Molly Wind. Bibliotecarias a caballo”, Norma lo ha sacado como integral en España, agrupando las tres primeras entregas de la serie, mientras que en Francia se publica álbum a álbum. Parte de una idea que el dibujante tuvo durante su estancia en USA. Allí
POR LAS NUBES CON YANN
Yann se ha colocado definitivamente en el Olimpo de los grandes guionistas europeos, al lado de gigantes como Greg, Charlier o Van Hamme.
Casado con la historia
Una buena parte de su carrera la ha dedicado a los tebeos históricos, colaborando con artistas académicos, aunque sus series de aventuras en ambientes bélicos o de espionaje han transitado casi todos los grados de iconicidad. Con el sintético Konrad en “Los innombrables” o “La tigresa blanca” (2005). Con Chaland en “El cometa de Cartago” (1986), “Vacaciones en Budapest” (1988) y “F52” (1989).
Pero la serie en la que Yann aúna con más fortuna los componentes históricos y aventureros es “Pin-up” (1994-2011). Su dibujante Berthet va un paso más allá en la descripción realista de los escenarios, pero todavía se mantiene en un plano muy “de cómic”, línea-clarista. A lo largo de nueve álbumes se nos brinda una versión de la historia de los Estados Unidos durante la IIGM y los años de la posguerra, acabando con un episodio dedicado a Hitchcock. Con un ritmo trepidante, la saga explica los diferentes roles de la mujer en esos tiempos de transformación, confrontando la realidad con los estereotipos. La protagonista es una de aquellas pin up que posaron para tantos fotógrafos del momento, pero que también podía servir de inspiración para dibujantes de comics como el que aparece, una referencia poco discreta a Milton Caniff. Contiene muchos momentos de humor y de erotismo y salta sin complejos del drama a la comedia. Narrativamente es muy sofisticada, con una estructura de página peculiar. Rompe con una idea muy extendida sobre las viñetas verticales situadas a la derecha de la plancha. Tradicionalmente se desaconsejan, ya que pueden provocar cierta ambigüedad de lectura. Sin embargo los autores las usan de forma constante y eficaz. Hay aventuras en Hawai, espías rusos y citas a Playboy, todo cabe en un trabajo desbordante, un clásico automático. Produjeron una serie secundaria, “Poison Ivy”, dando vida a un personaje que aparecía en una tira de prensa en “Pin Up”. Era divertida pero también un producto menor, en comparación con el original.
“Sauvage”, (2018), una fantasía sobre la revolución mexicana, completaría el repaso por sus series históricas. En principio podríamos pensar que nos hayamos ante uno más de los westerns mexicanos que periódicamente lanza el mercado francés, como ciertos episodios de Blueberry, el McCoy de Hernández Palacios o la serie “Los Gringos”. Pero Yann desplaza el argumento a su terreno, empleando la convulsa política mexicana como telón de fondo para uno de sus guiones con personajes atrapados por un destino del que no pueden escapar.
Amante de los aviones
Si hay un terreno en el que Yann ha conseguido destacar es en
POR EL CAMINO DE YANN
Guionista todoterreno, el marsellés Yannick Le Pennetier (1954) firma sus obras como Yann, pero también como Balac, Pearce o Pennetier. Ha escrito un número abrumador de historietas que sorprenden por su variedad y también por la excelencia de unos textos tan entretenidos como inteligentes.
El heredero
Su trabajo se enraíza en la tradición más popular del cómic franco belga. Lo que se refleja en su continua participación en series “de otros”. Empezó con creaciones propias como “Los innombrables” (1983), en la práctica la versión paródica de sus futuras historias de aviones. Esa vertiente humorística le llevó a Lucky Luke, donde facturó guiones tan entretenidos como “Oklahoma Kid” (1997) o “El Klondike” (1996). También ha escrito diversos álbumes del Marsupilami y Spirou, entre los que destaca “El Botones de verde caqui” (2015). Llegó a participar en “Captain America. Rojo, blanco y azul” (2004), su única incursión en el mercado americano, que yo sepa.
Se ha hecho cargo de algunos de los personajes de Van Hamme, firmando el álbum “XIII Mystery” (2011). Más importante fue su entrada en Thorgal, donde sustituyó a Senté en la serie principal, en los episodios “Aniel” (2019), “El ermitaño de Skellingar” (2021), “La selkie” (2022), “Neokora” (2023) y recientemente “Tupilaks” (2024). Le acompaña Vignaux, un muy digno sucesor del primer dibujante de la saga, Rosinski.
Además Yann se puso al frente de dos series derivadas de la original: “Loba”, para la que ha escrito siete álbumes, y “La juventud de Thorgal”, donde van por el noveno. El guionista ha inclinado la saga hacia su vertiente más fantástica, sacando un extraordinario partido de las mitologías nórdicas.
También ha participado en Gil Jourdan y Buck Danny, una serie que le fascinaba de crío. La obra donde mejor expresa su sintonía con la tradición es “Gringos Locos” (2016). En ella, con ayuda del elegante dibujo de Schwartz, recrea el mítico periplo americano de Jijé, Franquin y Morris, tres de los padres fundadores del cómic belga. Soñaban con ser contratados por Disney y acabaron viviendo una temporada en México. Yann, que conoció a algunos de aquellos creadores y tuvo ocasión de escuchar de primera mano sus anécdotas sobre el viaje, adapta la realidad siguiendo el consejo fordiano: “Print the legend!”. En los complementos, la familia de Jijé se queja de su versión. Sin embargo, el relato seduce y convence, trasmitiendo bien el espíritu de unos hechos y personajes más grandes que la vida.
Con Schwartz ha colaborado en otras sagas, todas interesantes. Como “Atom Agency”, donde recrean unos fascinantes años cincuenta, tanto desde un punto de vista histórico y conceptual como puramente gráfico, como un delicado envoltorio para sus trepidantes historias de serie negra. El curvilíneo estilo de Schwartz recuerda a un creador con el que Yann trabajó en sus inicios. Acompañó al elegante Chaland en dos de sus mejores álbumes: “Vacaciones en Budapest” y (¡sobre todo!) “F-52”.
Gótico, decadente y social
Una buena parte de su comicgrafía
La publicación de “La bomba” ha coincidido con el estreno de “Oppenheimer”. Ambas abordan el mismo tema, la fabricación de la primera bomba atómica, desde ópticas diferentes.
Esta novela gráfica aporta mucha información que sería complicado trasladar a la pantalla. Aquí se transmite de manera sencilla, clara y directa gracias a una afortunada mezcla de imágenes poderosas y textos muy breves. Mientras Nolan se concentra en un gran protagonista, en “La bomba” no deja de ser un secundario más. Al contrario, personajes sin apenas desarrollo en el film, como Szilard y tantos otros, ocupan muchas páginas del cómic. La película encuentra su sentido al concentrarse en ese único “héroe”, cuya caída en desgracia se nos muestra en llamativo contraste con su conocido momento de gloria. “La bomba”, en cambio, apuesta por una aparente dispersión, la acumulación de una serie de hechos muy variopintos, que van conformando el complejo puzzle nuclear. En ambos casos notamos el respeto con el que se abordan sucesos de trascendental importancia histórica. Más allá de lo puramente factual, con mayor abundancia de detalle en el cómic que en la pantalla, hay otra diferencia, si se quiere moral. Nolan se rinde frente al científico brillante, admira tanto su genio que apenas hay una imagen de Hiroshima, solo la reacción del protagonista, su transformación ante las abrumadoras consecuencias de sus actos. La película critica la persecución que sufre el héroe durante el macartismo, reivindicando los inmensos logros de un personaje excepcional. No hay una condena moral del protagonista o, al menos, no es mayor que su propio arrepentimiento. Sus hazañas quedan en pie.
EN CIELOS E INFIERNOS
Hace más de una década que se publicó este cómic. Hay temas tan concretos que en ocasiones suponemos que solo pueden interesar a un reducido grupo de seguidores. En manos de un buen guionista como Yann, los asuntos más ajemos resultan próximos.
No fui consciente de la aparición de esta obra así que, aunque tarde, me siento obligado a reivindicarla. Tras la lectura de sus colaboraciones con Juillard (Mezek y Doble 7), me he acercado a otros trabajos de este prolífico escritor. En El gran duque aborda un asunto que ya tocó Ennis en sus series de guerra, la vida de las aviadoras soviéticas que se enfrentaron a los nazis con cacharros que convertían sus ataques en verdaderos suicidios. A esas duras condiciones se sumaba el arbitrario liderazgo de unos comisarios dispuestos a los mayores sacrificios (ajenos). Tenían que ganar la guerra contra su antiguo aliado, Hitler. Si los comics de Ennis eran excelentes, Yann consigue estar a la altura y además intenta algo aún más complicado. El irlandés se centraba en el bando soviético, pero Yann cuenta dos vidas paralelas, la del militar alemán que no es partidario de los nazis pero considera que debe defender y luchar por su país, y la de la piloto soviética que lucha contra los alemanes y también contra las estupideces de sus superiores. Esa doble visión conforma un fresco emotivo y trepidante, dominado por una de las características del escritor francés: no permite que el realismo arruine sus relatos. Así que la documentación es rigurosa, los combates aéreos muy creíbles, las relaciones de poder tan ásperas como cabría esperar, pero sabemos que el héroe vivirá lo suficiente como para acompañarnos hasta el final de la historia y que, con un poco de suerte, tendremos lo más parecido posible a un final feliz. Justo el nivel de “mentira dramática” que como lector me hace disfrutar. Muchos autores parecen haber llegado a la conclusión de que “cuanto peor, mejor”. Como cualquier automatismo, eso es letal para la narración. Si sé que todo va a salir mal y que no hay redención posible para el protagonista ¿para qué seguir leyendo?
Queremos que los héroes lleguen más lejos que nosotros y las creaciones de Yann suelen hacerlo. Respecto a la chica
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DE GUERRA EN GUERRA
Yann puede presumir de ser el mejor guionista de series bélicas con aviones del mundo, seguido de cerca por Garth Ennis y pocos más.
Este todoterreno ha escrito historias para las más diversas series galas, de Spirou a Lucky Luke, pasando por Buck Danny o Thorgal. Pero siente una especial afinidad por el mundo de la aviación en tiempos de guerra, como prueban sus dos excelentes colaboraciones con Juillard. Mezek, de 2011, se ambienta en el periodo de formación del estado de Israel. Doble 7, de 2018, en la Guerra Civil española. Dos momentos históricos difíciles de abordar por motivos opuestos: el primero apenas se menciona y del segundo se ha hablado demasiado.
Yann tiene la habilidad de crear personajes diferenciados e interesantes que conducen el relato, al tiempo que nos explican aspectos clave del momento histórico que les ha tocado vivir. La atención se centra en un grupo de desterrados, mercenarios, gente que procede de países diferentes y que acaban formando parte de escuadrones multiculturales. Eso favorece la aparición de conflictos, no solo con los enemigos naturales, también con algunos representantes del propio bando, celosos de esos pilotos extranjeros. Los héroes de Yann recuerdan al cínico Rick de Casablanca, el personaje interpretado por Bogart en el clásico de Curtiz. Allí como en estos álbumes, la mirada irónica y distante se abre a nuevas realidades, más complejas de lo imaginado. Yann no comete muchos de los errores habituales, no reduce todo a una guerra de buenos y malos. Hay muchos matices entre sus dirigentes judíos, también entre los componentes del bando republicano que entran en escena.
Yann aprovecha el contexto bélico para desarrollar con celeridad las relaciones sentimentales. En un entorno muy volátil, donde nadie sabe si al día siguiente estará vivo o muerto, todo es más rápido, también los afectos. Los autores crean algunas mujeres poderosas, algo muy natural en Israel ya que forman parte del ejército. También en España, donde habían ganado el derecho al voto y luchaban por aumentar su presencia en la vida pública. Una de las mejores escenas de Doble 7 está protagonizada por mujeres. Los héroes están de farra en Chicote y entran unos
LOS PIES FRÍOS DE PENÉLOPE
Hace años que Pénélope Bagieu dio la campanada con “Valerosas”, divertidas historietas que contaban las vidas de mujeres admirables.
Recientemente sus dos tomos se han agrupado en el Integral “Atrevidas”. El éxito de aquel proyecto posibilitó que se tradujera una buena parte de sus obras. Nos llegó su versión de “Las Brujas” de Roald Dahl y más tarde su biografía de Mama Cass, “California Dreamin”, ambas muy interesantes. Y ahora nos cuenta fragmentos de su propia vida, en un conjunto de historias cortas tan emotivas como descacharrantes. La primera señala el tono del volumen. Nos explica su relación con su primer gato, sus peculiaridades y cómo murió. Como la gran narradora que es, la autora salta sin despeinarse de secuencias muy cómicas al drama sin concesiones, cuando debe despedirse de su querido minino. A partir de ahí, es un no parar.
Especial mención para el segundo episodio, tan solo dos páginas tronchantes, donde habla de sus dotes de seducción. Según comprobamos, son limitadas. Como todos los grandes cómicos, la Bagieu tiene sus trucos, sabe cómo deben actuar sus personajes para arrancarnos una sonrisa y sabe que cuanto más serio el número, más risas se consiguen. Repasa algunos de sus romances pero siempre son excusas para hablar de sí misma, de sus obsesiones y manías, los novios en realidad tienen poco papel. Como ese primer amor tan guapo y que apenas sabía nada sobre métodos anticonceptivos. O aquel otro cuya
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VIEJOS PERSONAJES
Los autores envejecen como todo el mundo. Sus personajes, en ocasiones, no. Giménez se despide de otra de sus series mientras Pellejero nos presenta una nueva aventura de Corto Maltés.
Carlos Giménez
Paracuellos. Un “Hogar” no es una casa
Reservoir Books. Barcelona, 2022
140 páginas, 19,90 euros
Ya lo he dicho con anterioridad. Giménez permanecerá como uno de los autores de historietas más brillantes de todos los tiempos. No solo de este país. Creo que no somos conscientes de su grandeza. Es cierto también que en sus últimas obras ya se nota el peso de los años. Pero su trabajo siempre es respetable porque es mucho lo que le debemos. Cuento Hom, Paracuellos, Barrio oRomances de andar por casaentre lo mejorcito del cómic mundial.
Últimamente al autor le ha dado por despedirse. Presentó la última aventura de Gringo y de Dani Futuro, que ya comenté en su día. Y ahora dice adiós a su serie estrella, Paracuellos, con la que nos impactó en los ochenta y con la que lleva emocionándonos desde entonces. A menos que le dé un parraque, dudo que ésta sea su última incursión en una saga que es mucho más que una historieta. Giménez nos cuenta su infancia, a veces con rabia, otra con nostalgia, siempre con ternura. Y de paso es un gran ajuste de cuentas con un sistema que le maltrató haciéndole pasar múltiples penurias. Para los lectores volver a Paracuellos es regresar a un terreno conocido, casi familiar. Ya hemos leído muchas de sus historias en una saga que se acerca a los diez volúmenes y que encontró una natural prolongación en otra obra tan estimable como Barrio. En este tomo 9 quizás el dibujo acusa cierta debilidad, absolutamente normal en un señor que pasa de los ochenta años. Aparte de eso se sigue leyendo con la facilidad y frescura del Giménez de siempre. No hay innovaciones ni se esperan. Nos reencontramos con esa enternecedora amistad entre iguales y esa denuncia de los abusos de gente despreciable. Se suponía que debían cuidar de unos niños a los que en realidad martirizaban. Yo no pido más.
CIUDAD DEL DEMONIO
Los mejores cómics sobre Brasil están ambientados en el espacio y son obra de Leo. El creador nos habla de su patria a través de sofisticadas metáforas futuristas. “Río”, en cambio, parece apostar por un enfoque más realista.
Pero desde las primeras secuencias nos damos cuenta de que la guionista practica eso que tradicionalmente llamamos “realismo mágico” y que ha caracterizado a tantos autores sudamericanos.
Esto es, una alegre mezcla de componentes fantásticos y realistas, sin evitar los asuntos más escabrosos y feos, de la corrupción política a la lucha de bandas o la pobreza en las favelas. Todo el argumento está cargado de buenas intenciones pero el resultado final no es convincente. García tiene un gran
MUERTE ENTRE LOS PINOS
Conocimos a Kriek con sus adaptaciones de Lovecraft. Ahora vuelve con varias historias cortas, aun más terroríficas.
Lo cierto es que la edición es estupenda, comenzando por una gran portada, con el título barnizado, unas atractivas guardas y unas encantadoras páginas de introducción. Solo echo en falta el lomo entelado. Kriek es más ilustrador que dibujante de cómics y se le nota. En ocasiones no atina con la narrativa y cuesta distinguir a quién representa, estropeando el ritmo de lo que cuenta. Pero en general su aproximación más “artística” aporta un extra de frescura y novedad a las planchas, juega a su favor. Nada de soluciones estereotipadas, las sombras nunca hacen lo que se espera de ellas e incluso sus deslices con las figuras resultan agradables, en un contexto que convierte las torpezas en rasgos de una personalidad arrolladora. Salvando las distancias algunas volumetrías recuerdan al primer Corben, el creador underground de las historias cortas y las iluminaciones siempre sorprendentes.
El dibujo, además, se realza con una segunda tinta muy bien usada por Kriek, que le permite simplificar algunos aspectos del entintado, sin perder las necesarias atmósferas que requieren relatos como estos. Los tonos, que cambian de un capítulo al siguiente, también se ajustan a las historias. Más verdoso en el episodio marino, violáceo en el de la adúltera, un apagado cálido en el del chico del sur, azul lavado en el del bosque y casi rosa en el capítulo de las rosas. En un proyecto como éste el color adquiere un gran protagonismo, ayuda a completar unos paisajes que son casi un personaje más, definiendo a los héroes y sus pasiones. Por supuesto, tan importante como esos tonos planos son las grandes masas negras. Kriek siempre añade algún negro de más, en caras, en arrugas o fondos. Todo carga con un peso extra, aportando densidad a la textura visual.
Ha ido a lo más básico, canciones tradicionales que cuentan historias terribles, sobre asesinatos, abusos y otros “actos innombrables”. Situadas en
DESDE LA ISLA
La lista de creadores de comics en las Baleares sigue aumentando mientras los veteranos demuestran su capacidad para renovarse con nuevas y estimulantes propuestas.
Hernán Migoya y Bartolomé Seguí
Carvalho. Los mares del sur
Norma editorial. Barcelona, 2021
84 páginas, 19,5 euros
Tomeu Seguídista mucho de ser una vieja gloria pero tampoco es un recién llegado. Los mejores momentos de su ya larga trayectoria coinciden con sus colaboraciones con Cava y Beltrán, dos guionistas muy diferentes con los que facturó productos adultos que le aseguraron cierta proyección internacional. Ahora ha llegado ya a la tercera entrega de sus adaptaciones de Vázquez Montalbán. Este tercer Carvalho nos trae más de lo mismo, con algunas interesantes novedades. Ya saben que no soy un fan del protagonista, ese quema-libros machista y rojeras, la versión comunista de un Torrente con pretensiones intelectuales. Pese a mi distancia respecto al personaje creo que este tercer episodio supera a los anteriores. Todos los actores siguen hablando mucho y mantiene esa densidad propia de la serie negra más clásica. Creo que alguna secuencia se la podían haber ahorrado. Pero también que el equilibrio entre la descripción de un paisaje social y la narración de los hechos está conseguido. Se nos pasea por un entorno cambiante y cargado de secundarios interesantes y al tiempo se consigue que la investigación, el trabajo del detective, sea creíble y hasta intrigante. Seguí nos ofrece su mejor versión, empezando por el color, raro y diferente, en un momento en que pensábamos que ya lo habíamos visto tono en ese terreno. Él encuentra sus propias gamas y las reparte con insolencia ayudando mucho al establecimiento de las diferentes atmósferas. Luego están sus recursos narrativos, con la aparición de esas viñetas donde los personajes se repiten mientras recorren el fondo, o la splash en la que Carvalho pasea por el barrio y lo fragmenta en pequeños círculos, o las dos que la siguen, con esos excelentes y descriptivos generales. En general es un producto muy bien hecho y que cuento entre lo mejor del año pasado.