miércoles, 24 de febrero de 2010

El desencanto - Andrew Anthony

Planeta, 2009.
376 páginas,

20,50 €


SE LLAMA
MIEDO

En la novela de Tom Wolfe Soy Charlotte Simmons, encontramos un pasaje que señala algunas de las paradojas de la corrección política. En una universidad, un erudito profesor muestra imágenes de un experimento de neurociencia. Un toro de lidia ha recibido unos implantes cerebrales que permiten al científico de turno controlar sus impulsos, dirigiéndolo a su antojo. Cuando algunos alumnos lo ven, empiezan a clamar contra lo que consideran crueldad hacia los animales. Pero el maestro, que es perro viejo, replica rápidamente que en España el maltrato a los toros es un rasgo cultural propio. En la novela los estudiantes se quedan paralizados ante el argumento, ya que el respeto a la diversidad cultural se considera un valor supremo.

Ocurrió algo parecido con las famosas caricaturas de Mahoma. Cualquier otro suceso similar activaría inmediatamente las alarmas en defensa de la libertad de expresión. Pero como los ofendidos no eran los príncipes, como en la sonada portada de El Jueves, las voces se acallaron y en su lugar se alzó un miserable murmullo de susurros acobardados que, en nombre de la multiculturalidad, nos sugerían de qué se puede hablar y de qué no.

Del caso de las caricaturas de Mahoma se nos han ofrecido diferentes versiones. Yo les recomiendo la de Andrew Anthony en su libro El desencanto, que paso a resumir. Todo empezó en 2005 con El Corán y la vida del profeta de Käre Bluitgen, una autora de libros infantiles que no conseguía encontrar un ilustrador para su obra. El caso de Theo Van Gogh y otros similares habían provocado el miedo. Esto fue lo que motivó que el periódico Jyllands-Posten publicara doce caricaturas de Mahoma. Semanas después una delegación de once embajadas instaba al gobierno danés a aplicar el peso de la ley sobre los responsables. La fiscalía investigó y no consideró a los dibujantes culpables de delito alguno. Entonces un grupo de imanes daneses recorre Oriente Próximo explicando “el dolor y el tormento” que todo esto les había causado.

Sin duda recuerdan el resto: boicot a los productos daneses en Oriente Próximo; en 2006 las embajadas de Dinamarca y Noruega en Siria son incendiadas, también la embajada danesa en Líbano; en las manifestaciones que se produjeron de Nigeria a Pakistán murieron más de cien personas; un ministro indio ofreció más de un millón de libras por la cabeza de uno de los caricaturistas; los casos de intento de atentado cuya justificación eran las caricaturas se multiplicaron; algunos periódicos europeos decidieron publicar los dibujos, en solidaridad con sus colegas daneses; otros miraron hacia otro lado, hablando del “desprecio europeo hacia otras culturas” y de “ofensas deliberadas”.

Cuando hace años un grupo judío demandó a Wuillemin por Hitler SS a mi me pareció bien. Si alguien se siente ofendido por una historieta puede protestar, siguiendo los cauces legales. Pero que directamente se decida silenciar una opinión recurriendo a amenazas de muerte es bien diferente.

El asunto sigue abierto, como nos recordaba una noticia que se producía estas navidades. La casa del dibujante danés Kurt Westergaard, de 74 años, era invadida por un energúmeno que pretendía matarle, armado con un hacha y un cuchillo. La policía intervino a tiempo, como ya hizo en 2008, año en que los servicios de inteligencia daneses frustraron un primer intento de asesinato, y en 2009, cuando el FBI abortó un segundo atentado. Westergaard ha declarado: “No tengo miedo, pero estoy muy enfadado por sufrir amenazas porque solo hice mi trabajo”. Los dibujantes que participaron en ese proyecto han vivido un auténtico infierno. Necesitan escolta, han tenido que cambiar de casa y en cualquier momento un desequilibrado puede acabar con sus vidas. Son unos verdaderos héroes a quienes rindo tributo. Si en los años cuarenta el gran dibujante inglés David Low ilustraba la fortaleza moral de Europa con la imagen que acompaña este artículo, podemos imaginar ahora a cualquiera de esos dibujantes sustituyendo a Churchill, presto a enfrentarse a la barbarie. Porque todos los demócratas europeos le siguen, arremangándose para lo que venga. Sin excusas. Leer más...

jueves, 18 de febrero de 2010

The House of Mistery

Bernie Wrightson
Planeta DeAgostini
100 páginas, 9’95 €


EL JOVEN WRIGHTSON

Hace dos semanas comentaba el boom de los tebeos de crímenes y terror que se había producido en Estados Unidos a principios de los cincuenta. Sin duda los productos más interesantes venían de la EC, pero fueron muchos quienes intentaron sacar provecho de aquella moda. También las grandes editoriales como DC, más conocida por personajes tan populares como Batman o Superman.

A finales de 1951 lanzan The House of Mistery, a la que luego seguirá The House of Secrets. Allí se acumula un material diverso, pequeños relatos que van del terror más clásico a la fantasía moralizante, explorando las diferentes caras del miedo. Lo cierto es que estas revistas, de muy larga vida, siempre resultaron irregulares, con mucho material de relleno entre el que destacaba algún episodio dibujado por alguien con talento. Mucho más tarde, con la invasión inglesa de los ochenta, algunos de sus personajes fueron reutilizados por creadores como Moore o Gaiman que, estos sí, consiguieron asustarnos.

Ahora Planeta ha tenido la afortunada idea de agrupar en un bonito tomo las historietas dibujadas por un creador que se dio a conocer en aquellas publicaciones, pero que maduraría en los productos Warren, ya citados aquí. Todos recordamos algunas de sus historietas para esa editorial, como la grandiosa Jennifer, con guión de Bruce Jones, o aquella otra sobre el monstruo del lago, o su adaptación del Gato Negro de Poe, o de relatos de Lovecraft... Claro que para la DC también facturaría su clásica Cosa del Pantano, con guiones de Len Wein, una obra digna de ser recordada.

Bernie Wrightson demostró que su dibujo podía compararse con el de los más grandes ilustradores clásicos. Alcanzó sus cotas de mayor virtuosismo con sus ilustraciones para Frankenstein, un verdadero tour de force en el que sus rallados se entregaban a auténticos paroxismos gráficos. Por eso, cuando más tarde se puso a dibujar superhéroes, de Spiderman a Batman, con unos acabados menos detallados que aquellos a los que nos había acostumbrado, muchos aficionados se sintieron decepcionados.

Es cierto que tuvo que reinventarse a sí mismo, pero no deben olvidar que dibujó muchos guiones escritos por Starlin, otro talento habitualmente menospreciado. Les sugiero que revisen su Punisher P.O.V., es mucho mejor de lo que suponen. Volviendo al tomito que motiva estas líneas, resulta un poco decepcionante. Por supuesto, todos los completistas lo agradecemos.

Pero si exceptuamos el espléndido conjunto de portadas, las historietas son todavía demasiado primitivas, de formación. El problema es que además, cuando Wrightson se puso de moda en los setenta, ya tuvimos ocasión de contemplar muchas de sus primeras obras y éste es un material similar, pero todavía más crudo.

No me malinterpreten: el peor Wrightson es bueno y sólo sacaría de esa ecuación su Feria de Monstruos, un trabajo al que le tengo especial paquete. Estos episodios para The House of Mistery tienen un interés arqueológico, resulta curioso ver como el autor emplea soluciones que luego refinará, sobre todo en las posturas, la iluminación y la puesta en escena o la composición de las páginas. Pero no nos quejaremos. Leer más...

jueves, 11 de febrero de 2010

UN ZOO DE INVIERNO de J.TANIGUCHI

Un zoo de invierno de Jiro Taniguchi, edita Ponent Mon, manga, dibujantes, comic
Ponent Mon, 2009.
232 páginas, 16 euros

SER JOVEN
ES FANTÁSTICO


Cuando comenté la brillante serie La Cumbre de los Dioses, tuve ocasión de observar que la manera en que el dibujante japonés abordaba la obsesión de su protagonista, un escalador empeñado en superar obstáculos cada vez más complejos y arriesgados, adquiría tintes casi autobiográficos. Como su héroe, el autor parece participar de la idea de que determinadas actividades nos superan y debemos entregarnos a ellas de forma casi religiosa, si deseamos otorgarle algún sentido a nuestra vida.


La sospecha de que Jiro Taniguchi piensa así se confirma con esta nueva obra, un sensible relato autobiográfico en el que nos cuenta sus primeros pasos en la profesión. Para alcanzar la maestría en su arte el joven creador debe sortear no pocos obstáculos: un empleo equivocada que ha de abandonar, unas condiciones de trabajo casi esclavistas, que le permitirán adquirir todas las destrezas necesarias para seguir por su cuenta, o sus propias dudas y torpezas iniciales que le impiden alcanzar la calidad a la que aspira.

Este volumen nos habla de temas universales, con la sensibilidad extrema que caracteriza a su autor. Sobre todo de los sueños y esperanzas de la juventud, pero también de sus torpezas y de las dificultades que nos encontramos en todo proceso de aprendizaje y maduración. El protagonista, ese trasunto del propio Taniguchi, es un joven extremadamente reservado, sin apenas trato con las mujeres y con muy poca confianza en sus propias habilidades. A través de diferentes experiencias, no todas gratas, vemos cómo crece, madura y mejora, tanto en el plano vital como en el profesional.

Un zoo de invierno de Jiro Taniguchi, edita Ponent MonMención especial para el tratamiento de las mujeres, que aparecen desempeñando muy diferentes roles. De la hija rebelde que escapa al destino prefijado por su familia a la frágil musa que inspira esa primera obra del autor, pasando por las chicas de bar o la eficiente editora, el universo femenino se muestra como un misterio y una fuente de fuerza e inspiración. Las páginas de este comic se llenan de ternura y amor hacia las mujeres, con esa intensidad muy pura que sólo alguien muy tímido puede sentir y expresar.

Hay más elementos de interés, como es la naturalista descripción del funcionamiento de un estudio donde se fabrican mangas de forma casi industrial. Un lugar donde las fantasías cobran forma y el cansancio del maestro se entrelaza con las aspiraciones de los aspirantes o la frustración de quienes saben que ya no alcanzarán sus sueños. Taniguchi muestra con naturalidad y su destreza habitual un enmarañado tejido de relaciones humanas en el que quiero destacar el episodio de la visita del hermano mayor. Visita temida por ese joven que prácticamente ha abandonado a su familia para perseguir sus ambiciones artísticas y que se transformará en algo muy diferente a lo que él suponía. Como es habitual en el creador japonés, sus personajes parecen vivos y nos sorprenden constantemente con sus reacciones.

Aquellos a quienes les gustan los finales felices (y creo que todavía somos unos cuantos) no se sentirán decepcionados. Hay un momento en que parece que nos dirigimos a una conclusión tremebunda y dramática, pero afortunadamente no es así. Simplemente maravilloso. Leer más...

jueves, 4 de febrero de 2010

CREEPY - Varios autores

Creepy de varios autores. Edita Planeta deAgostini
Barcelona, 2010.
250 páginas, 30 euros.

EL PLACER DEL MIEDO

El terror nunca ha tenido buena prensa. Recientemente una secuela de una conocida saga de películas padecía en nuestro país una clasificación considerada por muchos como una forma de censura. Los educadores parecen muy preocupados cuando productos que pueden tener a niños o adolescentes como público potencial, contienen una violencia excesiva o imágenes demasiado gráficas.

La violencia, eso que procuramos alejar de nuestras civilizadas vidas, acaba adquiriendo un atractivo similar al sexo. Pero ambos elementos parecen alejarse de manera proporcionalmente inversa en nuestras escalas de permisividad social. Casi nada en lo sexual se oculta, casi todo en lo violento se reprime. Son estos temas complejos, en los que resulta sencillo meter la pata, así que me permitirán que sólo lo apunte, como introducción al verdadero asunto de este artículo.

Estamos a mediados del siglo XX y William Gaines acaba de heredar el negocio de su padre, Educational Comics. Como las ventas no son demasiado excitantes, el joven Billy decide cambiar de rumbo y de nombre. Ahora la nueva Enterteining Comics se dedicará a darle al público lo que desea: crimen y terror. Las cifras alcanzadas por los tebeos de crímenes en los primeros años de la década de los 50 son inimaginables. La gente necesitaba emociones fuertes, cuando la televisión estaba casi en pañales. Y Gaines se las dio. Sus tebeos de horror fueron mucho más allá que los de sus competidores y el éxito fue inmediato.

Con el tiempo sus ambiciones creativas crecieron y con ellas su arco de productos. Publicó los justamente célebres tebeos de guerra editados por Kurtzman y nuevas series de ciencia-ficción. Todo ello sin evitar jamás abordar los temas que interesaban a sus jóvenes lectores, el sexo y la violencia, como siempre. El resto es historia. La EC publicó un conjunto de tebeos excelentes, en un momento tan intenso como breve. Llegaron los educadores, psicólogos y pedagogos y decidieron que todo aquello era muy peligroso para los niños. Así nació el Comics Code, un sello que aseguraba contenidos “seguros”. No se podía pasar de él, ya que los quiosqueros se negaban a colocar los tebeos que no lucían el emblema en sus portadas.


Creepy de varios autores. Edita Planeta deAgostini
Así que Gaines se tuvo que rendir y fue poco a poco cerrando sus publicaciones. El género criminal prácticamente desapareció, lo mismo los comics de horror. Esa fue la situación hasta mediados de los sesenta. Entonces llegó Jim Warren, cuyo padre vendía artículos de broma en las páginas de las revistas de comics. Era un gran aficionado al terror y se preguntaba porqué las maravillosas revistas que había leído en su infancia habían desaparecido. Se olvidó del Comics Code y editó tebeos en blanco y negro para adultos, pagando muy buenos precios. Las condiciones fueron lo suficientemente buenas como para atraer a muchos de los artistas de la EC: Williamson, Frazetta, Torres, Severin, Crandall, Wood, Orlando... Además de algunos jóvenes talentos como Morrow, Adams o Corben, entre otros. También tuvo ocasión de contratar a nuevos guionistas, muchos de ellos excelentes.

En fin, los resultados fueron memorables y los nuevos títulos se sucedieron: Creepy, Eerie, Vampirella, Blazing Combat... En España no conocimos los tebeos de la EC hasta hace relativamente poco. Pero sí que pudimos disfrutar de los talentos de Warren prácticamente desde el momento mismo de su creación. Aquí aparecieron en revistas como Vampus, Dossier Negro, Rufus o Vampirella, entre otras. Ahora ese material se reedita en excelentes condiciones. Y es tan bueno como recordábamos. Corra a comprárselo.
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jueves, 28 de enero de 2010

F. Darnís, maestro de la viñeta

Diego Cara
Tebeolandia
nombres de oro nº 1.
204 páginas, 30 euros.

DARNÍS,
UN ILUSTRE DESCONOCIDO

Recientemente han coincidido en los quioscos dos obras relacionadas con Francisco Darnís. Una es la enésima reedición de El Jabato, su serie más popular. Vuelve en su formato de los setenta, el Jabato Color, permitiéndonos volver a disfrutar con las aventuras del rebelde íbero, siempre en lucha contra los romanos y los abusadores en general.


Ya he expresado en anteriores ocasiones mi predilección por esta serie, que prefiero frente a otras escritas por Mora, incluso al popular Capitán Trueno. Y eso que es difícil superar a Ambrós, uno de los dibujantes más expresivos que ha dado este país. Pero Darnís competía en un plano de igualdad. Si no era tan estilizado ni sorprendente, al menos aportaba una solidez narrativa que nos permitía seguir las historias con naturalidad, sin artificios. Sus personajes eran reales, actuaban con sencillez y credibilidad, Darnís conseguía la magia de hacerlos vivir, en ocasiones con unas pocas viñetas, ya que en El Jabato la entrada y salida de personajes era constante. Es quizás esa aparente falta de pretensiones de su dibujo la que ha hecho que pasara casi desapercibido.

Ahora un libro de Diego Cara viene a rescatarlo en cierta medida del olvido. Así que lo primero que cabe es felicitar al autor por esta iniciativa. Muchos apenas conocíamos nada más del trabajo de Darnís aparte de sus esfuerzos en la citada serie. Y este libro nos permite asomarnos a parte de su labor como ilustrador o a algunas de sus muy sorprendentes historietas cómicas. Se incluyen también llamativas historias de ciencia-ficción, donde su arte queda un tanto aplastado por el peso de los textos. Y sus incursiones en series tan conocidas como El Inspector Dan o Hazañas Bélicas. Hay curiosidades, como esa galería de personajes para El encapuchado, con nombres que parecen sacados de una parodia de Gallardo: Sonia Larding, Mavis Donovan, Capitán Rawlings o, mi preferido, Milton Drake. Páginas de western, portadas para novelas, planchas de Yorik brazo de hierrro, etc, etc.

En el terreno de las debilidades deben señalarse dos muy evidentes. La primera se refiere al texto. Resulta muy informativo y se agradece el esfuerzo documental que realiza Cara. Pero también está lleno de erratas, poco cuidado en general y muy reiterativo. Acabamos un poco hartos de escuchar que la mayor influencia de Darnís fue Raymond y su comicgrafía podía ser explicada de forma menos repetitiva. Después tenemos la calidad de las ilustraciones y el diseño general del volumen, claramente mejorables. Comprendo la dedicación y el trabajo que ha debido suponer agrupar toda la documentación que presenta, pero considero que se podía haber ahorrado algunas imágenes, muy mal reproducidas. Respecto al grafismo, creo que debería haberse buscado un profesional para darle al libro el acabado que Darnís se merece, mucho más digno.

Concluyendo: si no han leído El Jabato, aprovechen la ocasión para recuperarlo. No es arqueología del medio, sino una serie de aventuras dramática y entretenida que se mantiene muy fresca. En cuanto al libro de Cara, nos permite completar el retrato de un autor al que admiramos, un trabajo muy respetable y digno de admiración, más allá de ciertos defectos formales de su presentación.
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jueves, 21 de enero de 2010

Los cuentos del tío Vázquez

Los cómics de Vázquez

El anuncio de una producción cinematográfica dedicada a Manolo Vázquez ha vuelto a poner de actualidad al genial dibujante. No sé si Santiago Segura tendrá los registros necesarios para darle vida o si Oscar Aibar, el director, conseguirá un retrato que vaya más allá de los tópicos. Lo que está claro es que es la primera vez que el cine español aborda la biografía de un dibujante de tebeos y eso es una buena noticia. 


En el caso de Vázquez temo que se quedarán con los aspectos más llamativos de alguien que fue tanto autor como personaje, con hazañas tan variopintas como las descritas por mi amigo Javier Cuervo en su artículo.

Todos los dibujantes de la escuela Bruguera que han pasado por el salón Internacional del Comic del Principado de Asturias nos han contado alguna. La que más se repite: la del taco de hojas cobrado y no dibujado. Según las versiones, Vázquez rellenó sólo la primera página y dejó en blanco el resto. Otros lo adornan comentando que puso los números en todas las esquinas derechas, para dar mejor el pego. Al final da lo mismo: consiguió en su vida real aproximarse a la caricatura que ofrecía de sí mismo, aquel By Vázquez que estaba siempre huyendo de la ley y dejando facturas impagadas tras de sí.

Cuando en 1993 lo invitamos al Salón de Gijón, demostró que las leyendas tenían una base muy real. No sólo por la simpatía que derrochaba a raudales, ligando con ferocidad con camareras, recepcionistas, aficionadas y cualquier otra fémina que se le pusiera a tiro. También por su aspecto de bohemio pasado de rosca, con su pancita y su coletilla que recogía un pelo que retrocedía sin piedad hacia la calvicie total. Vázquez se hacía notar y jugaba con estruendo su papel de tipo cachondo que a nadie le gustaría tener como cuñado. No sólo eso. Una noche, al regresar a altas horas de la madrugada al hotel, se encontró con que la policía lo esperaba. Ya saben que cuando dejamos nuestro deneí al registrarnos, comprueban nuestros antecedentes, o algo así. Pues Vázquez debía tener algunas cuentas pendientes. Pero a los pocos minutos los esforzados guardianes de la ley ya estaban riéndose con él y la cosa, por supuesto, acabó en nada. Genio y figura.

Todo esto no debe hacernos olvidar al Vázquez que conocimos de niños y que considero permanecerá. Estoy de acuerdo en que no es Franquin. Ni trabajó en el mismo contexto industrial y cultural ni creo que hubiera tenido la paciencia o el carácter necesarios para tomarse más en serio su trabajo. Vázquez es lo que es: pura ocurrencia, ingenio sin sofisticación, chistes directos con un dibujo veloz y sin florituras. Y en ese terreno es grande.


Recientemente se reeditaban algunas de las aventuras de su Anacleto agente secreto. Aunque, como todo lo de Vázquez, cada página de esta serie parece hecha en dos patadas, nos da igual. Su humor infantil, su chispa, sus pinceladas absurdas siguen tan frescas como siempre. Y tenemos la misma sensación con el resto de sus personajes. ¿Los recuerdan? Las hermanas Gilda, La familia Cebolleta, Ángel Siseñor, La familia Churumbel, Angelito, Alí-Olí, El Inspector O’Jal, Feliciano, La abuelita Paz y tantos otros. Con ellos tenemos la sensación de que todo es posible: una abuelita puede ser más peligrosa que un pánzer y un bebé comportarse como un arma de destrucción masiva. Vázquez conocía bien la naturaleza humana y encontró la forma de convertir en chiste ese saber. Vivió y murió como un hombre libre y esa autonomía total se nota en su obra, que se resiste a ser encajada en ningún modelo previo. No fue un ciudadano ejemplar pero nos hizo reír de lo lindo y eso siempre es de agradecer.
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jueves, 7 de enero de 2010

EL ARTE DE VOLAR de ALTAMIRA y KIM

El arte de volar de Altamira y Kim
Edicions de Ponent.
Alicante 2009.
208 páginas, 22 euros.


¡VIVA LA MUERTE!


Admiro el trabajo de Kim y lamento que apenas le veamos ir más allá de su popular Martínez el facha. En mi memoria permanece una pequeña historieta que realizó para el primer número de Rambla, tremendamente sórdida. Contaba la historia de un tipo que vivía en una pensión miserable. Un día el protagonista tiene un lío con una mujer, a la que toma por un ángel. Todo el tebeo subrayaba la suciedad del sitio y la sordidez de sus habitantes, sobresaliendo el detalle de las bolsitas que el héroe tiraba al patio de luces, para librarse de sus heces. En ese entorno las escenas de sexo contrastaban de forma sorprendente, produciendo una desagradable sensación en el lector. Se necesita talento para transmitir ese malestar.


Muchos años después Kim nos ofrece otro trabajo en el que explora aromas parecidos. Aquí cuenta con la ayuda de Altarriba, que emplea un recurso ya ensayado por Gallardo hace años. Recupera los diarios de su padre y construye con ellos una historia. Si Gallardo se centraba en los episodios transcurridos en nuestra Guerra civil, separando con claridad las palabras del padre de sus interpretaciones gráficas, la vía de Altarriba es otra. Arranca con el suicidio del padre. Luego adopta su voz y el resto del libro es un largo flash-back en el que recrea toda su vida.

El arte de volar de Altamira y Kim, edita Edicions de PonentAl principio prueba algo que parece excitar mucho a Antonio Martín, firmante de la introducción. Me refiero a todo eso de “mi padre, que ahora soy yo…” y lo que le sigue “mi abuelo, que ahora es mi padre…”. En fin, una bobada muy grande que sólo sirve para liar al lector y que, afortunadamente, abandona pronto. Le cuesta algo más desprenderse de las largas parrafadas y las frases rimbombantes. Como: “Las luchas fraticidas que me han tocado vivir me enseñaron que los hombres no deben tener más pueblo que la humanidad” o “Así supe que la guerra iba a ser larga y cruel… porque las guerras en las que interviene Dios siempre lo son”. Como la Segunda Guerra Mundial, supongo. Lo peor de todo es esa voluntad de trascendencia, de resultar profundo a toda costa, saturando con textos un relato que funciona mejor cuando se deja que los hechos se expliquen solos. Por cierto, considero la valoración que Martín hace en el prólogo como tremendamente exagerada, no estamos ante uno de los “libros más sustanciales de nuestra historieta”. Ni de lejos.

La vida del padre no carece de interés. La dura infancia en el campo, la lucha en la guerra con los anarquistas, la huida a Francia, los campos de concentración, la resistencia, la traición de los amigos, la vuelta a casa, el abandono de los ideales, la frustración de un matrimonio sin amor, la decadencia en el asilo, la depresión y finalmente la muerte. Cuando nos dejamos llevar por la historia y el sólido (al tiempo que muy personal) dibujo de Kim el volumen funciona. Y bien.
Los problemas se derivan siempre de esa voz que intenta aportar sentido a una realidad que quizás no lo tenga. La visión es la habitual, con los anarquistas como guardianes de una pureza siempre traicionada. Leer más...

jueves, 31 de diciembre de 2009

Gil Pupila. El integral 1

M. Tillieux
Planeta DeAgostini.

Barcelona, 2009.
240 páginas, 23 Euros


FIN DE AÑO EN EUROPA

La recuperación de las aventuras de Gil Pupila (Gil Jourdan en el original) en su versión integral es una excusa tan buena como cualquier otra para alcanzar el fin de año hablando de tebeos europeos. Otra habría sido el último álbum de Thorgal, en el que el gran guionista Van Hamme ha sido sustituido por Senté. Confío mucho en él, pero ha preferido empezar con pies de plomo, siguiendo la estela del maestro. Así que esperaremos a ver qué nos deparan futuras entregas.

Lo de Pupila no ha sido el único volumen que emplea lo fórmula del integral de este año. Ya comentaba con regocijo la aparición de dos sagas que nos han llegado con bastante retraso: Betelgeuse y El Gavilán. Histórica la segunda y de ciencia ficción la primera, ambas certifican que la gran tradición narrativa del comic europeo no ha muerto. Tanto Leo como Pellerin son dos grandes dibujantes clásicos con muchas cosas que contar. Partiendo de fórmulas ya conocidas, renuevan sus géneros dándoles la vuelta y aportando la necesaria modernidad que refresca modelos tradicionales, actualizándolos. La tercera aportación nos viene de Inglaterra y es más reciente: Tamara Drewe, una sofisticada comedia social en la que nada es lo que parece, un tebeo inteligente y ameno firmado por la gran Posy Simmonds. Si no tienen todavía alguna de estas obras, corra a comprársela o pídasela a los Reyes Magos. Lo cuento entre lo mejor del año, sin duda.

Volviendo a Gil Pupila, es uno de esos tebeos franco-belgas que, como Ric Hochet o Quique y Lucio, llega un momento en que casi olvidamos que lo leímos una vez. Lo cierto es que pasada la época en que la traducción de los comics infantiles-juveniles era algo habitual, cuando aparecían entre otros productos Bruguera o en plataformas propias como las revistas Strong o Pif, poco más supimos de todos aquellos personajes. Da mucha envidia pasearse por las librerías francesas o belgas y contemplar esos tomos recopilatorios de héroes del cómic que apenas nos suenan y que resulta llenan páginas y páginas de integrales. Con el tiempo, algunos van llegando y sólo queda desearles el éxito económico necesario para que sus editores se animen a recuperar otros nombres. Los dos primeros en mi lista de deseos: Jijé y Greg. Del primero ya no he podido esperar y me lo he ido comprando en francés. Pero si alguien lo traduce no me quejaré.

En fin, Tillieux, el creador de Gil Pupila, construye una saga amable y entretenida, siguiendo la estela de dos dibujantes difíciles de igualar: Franquin y Hergé. Si el lector espera encontrarse con un producto similar a los firmados por esos dos artistas, se sentirá decepcionado. La narrativa visual en Pupila es más monótona y sosa. Tampoco el humor es tan chispeante. Pero con todo convence por su corrección. Sorprende su tono de novela de negra, con asesinatos incluidos, en un ambiente de tebeo juvenil y con chistes a cargo del expresidiario amigo del protagonista. Los personajes están bien construidos, empezando por el héroe, de un cinismo que llama la atención. Los fondos son bonitos y Tillieux dibuja bien los coches.

Todo está hecho con gusto y ganas, es un producto dentro de la media, cuando el nivel de los tebeos en Bélgica era realmente grande. Así que es perfectamente recomendable y constituye otro buen regalo para Reyes. Que lo disfruten. Feliz año nuevo. Leer más...