La exposición "Ditko Unleashed" ya tiene fecha de inauguración. Será el próximo 29 de septiembre en el Palau Solleric de Palma de Mallorca.
La muestra contará con más de 100 originales del autor y un grueso catálogo editado por IDW. Tanto la exposición como el libro están en proceso de producción. Los comisarios son Frederic Manzano y yo mismo. Es el fruto de más de cuatro años de trabajo y pronto podremos concretar más la información al respecto.
El próximo 18 de abril a las 19 h. impartiré la conferencia "Creando a Spiderman" en la UIB, donde explicaré parte de lo que he aprendido sobre Ditko durante el proceso de escritura del libro.
Robert Moses, el maestro olvidado de Nueva York Norma Editorial, 2016. 60 páginas, 20 euros
El veterano guionista Pierre Christin se une al emergente y talentoso Olivier Balez para contar la historia de una de las figuras clave en la construcción de la Nueva York actual.
Robert Moses es un personaje tan importante como discreto. En las guías de Nueva York se suele citar a los alcaldes o los arquitectos pero es raro que se mencione a los promotores. Sin embargo basta con comparar su trabajo con el de los productores de cine para entender que sin una fuerza motriz que aporte la voluntad, señale la dirección y consiga la pasta, determinados proyectos nunca habrían visto la luz. Y eso vale tanto para películas como para túneles, puentes, edificios o autopistas.
Tal y como lo describe Christin, Moses es una figura singular. Rico heredero judío, su ambición en la vida no fue buscar nuevos negocios con los que engordar la fortuna familiar sino llevar a término enormes procesos de reforma que suponía mejorarían la vida de sus conciudadanos.
Como todos los grandes utopistas, en más de un caso sin tener en cuenta cómo las obras que ponía en marcha afectaban a esas familias a las que pretendía ayudar. Hasta alcanzar sus objetivos, apartaba todo obstáculo que se interpusiera en sus designios, por vías políticas o económicas. En un determinado momento llega a tener a todo un ejército de arquitectos, ingenieros y trabajadores a sus órdenes, empleados en los incontables proyectos que puso en marcha. Se enfrentó a alcaldes, gobernadores y presidentes y levantó piscinas, puentes, teatros, autopistas, parques y jardines. En 1964, junto con Walt Disney, diseñó la Feria internacional de Nueva York, cuya icónica esfera aparecía en el film “Hombres de Negro”. Una buena parte de la fisonomía actual de la ciudad es el fruto de sus desvelos.
Pero Christin también describe el lado menos atractivo del personaje. En un determinado momento quiso construir una autopista elevada para atravesar Manhattan y de paso suprimir de un plumazo algunas de las zonas más insalubres de la ciudad. Una activista de barrio, Jane Jacobs, se opuso a él, consiguiendo que el proyecto se paralizara. El volumen concluye con una reflexión sobre el papel de los ciudadanos en las grandes urbes, la cuestión de la escala humana y una comparación entre el modelo de barrio habitable que finalmente predomina en Nueva York, frente al dominio del automóvil que impera en Los Ángeles. Quien haya estado en ambos lugares ya sabe a qué me refiero. En la primera apetece vivir, de la segunda dan ganas de salir corriendo.
Con todo, el guionista reconoce los méritos de Moses, que no son pocos. Impresiona el mapa que se incluye en las guardas traseras, con un resumen de las obras que apadrinó. Muchas se van citando a lo largo de la historia, conectadas a diversos pasajes vitales del protagonista. En el terreno gráfico el álbum se disfruta sin reparos. El estilo vintage de Balez resulta absolutamente adecuado a lo que se nos cuenta y su gama de color es perfecta y muy atmosférica. Otra cosa es el guión de Christin, uno de los grandes en el viejo continente. Siempre recordaremos su “Partida de Caza” con Bilal o sus argumentos para la serie “Valerian” con Mezieres. Aquí acierta en cuanto al tema, que es muy interesante. Pero no en cuanto a su desarrollo. Constantemente se tiene la sensación de que con semejante material el relato debería de ser más emocionante, más brutal. En realidad, tan sólo describe algunas breves anécdotas entre constantes enumeraciones de proyectos, pero sin conseguir implicar al lector en lo narrado. Bonito, pero sin fuerza. Leer más...
Este conjunto de relatos breves se anuncia como la primera novela gráfica cubana. No sé si realmente lo es pero sí que emana una indudable energía y se merece que los lectores más desprejuiciados le den una oportunidad.
Primero, por el dibujo. El trabajo de Renier Quer, un primerizo en esto del comic pero con experiencia en otros campos como los story-boards, es muy interesante. Sus densos tramados podrían recordar a Druillet o Moebius, también al primer Manara o al Kordey más sucio. Como ellos participa de una larga tradición de ilustradores empeñados en bucear en lo real, en recrearse en los grises y en los complejos matices que se pueden extraer de la luz y su relación con el volumen.
No es nada tímido y las viñetas transmiten un indudable vigor, una personalidad que no teme correr riesgos y equivocarse. El detallista nivel de realidad en el que se mueve es muy importante para el éxito del relato, un paseo crudo y directo por el submundo de la prostitución masculina en La Habana. Él consigue que la sordidez de ciertas escenas se mitigue, en gran medida gracias a su excelencia con el lápiz. Quizás falla en ciertas expresiones, alguna actuación chirríe, pero son aspectos menores en una labor en general muy meritoria.
Lo que ocurre con el argumento de Arturo Infante es algo más complejo de explicar. Lo primero, recomendar el excelente prólogo de Luis Antonio de Villena, “Cómic y jineterismo”. Explica a la perfección qué podemos esperar del interior. Por un lado una representación muy verosímil de las andanzas de los chaperos cubanos, pero también una aproximación a unos personajes que intentan sobrevivir en un entorno adverso y con unos sueños que apenas pueden pagar.
Están atrapados entre dos realidades que los oprimen. Por un lado la del régimen cubano, al que el tomo apenas presta atención, más allá de la presencia de los policías y la constante amenaza de destierro. Muchos de los jóvenes putos vienen de pueblos a los que pueden ser devueltos en cualquier momento, truncando así sus esperanzas. Pero además de ese estado opresor que ha llevado a la prostitución a una buena parte de su población, están los otros, los turistas.
De ellos también ofrecen unas buenas muestras las páginas de esta obra. Viejos con pasta que viajan al paraíso tropical en busca de carne fresca y sexo fácil y barato. Que es básicamente la razón por la que la mayoría de españoles van a Cuba. A “singar” barato con un pueblo de esclavos. Pero esos esclavos tienen sentimientos y el álbum los muestra. Muchos se sienten atraídos hacia “la lucha”, que es como llaman a su trabajo, como único medio de mejorar sus condiciones de vida o de alcanzar los productos que desean, como perfumes, bebidas o móviles. Otros sueñan con pillar un novio europeo que los saque de allí. Otros están casados y practican el oficio con limitaciones y despreciando a sus clientes. El comic describe muy bien los sentimientos, anhelos y desdichas de sus protagonistas, unos “ragazzi de vita” que pueden ser tan brutales como los que se dice acabaron con Pasolini o tiernos y frágiles como niños asustados. En algunos casos, como el Tomasito de la última historia, pueden ser ambas cosas a la vez. Impagable el detalle de los ancianos que se levantan de la cama para alquilarla por horas a los turistas que la precisan.
Hay poesía en esta publicación, pero su contenido no se ajusta a todos los públicos. Los actos sexuales, aunque presentados en toda su crudeza, tienen un sentido en la trama y ayudan a reflejar las contradicciones de algunos de los personajes. Así que no chirrían sino que resultan casi inevitables en el contexto de lo narrado. Leer más...
Los últimos álbumes publicados con guión de Van Hamme vuelven a confirmarlo como una de las grandes estrellas del comic europeo. Por un lado un nuevo episodio de Largo Winch y por el otro la recuperación de una obra anterior, inédita por aquí.
Norma editorial, 2016. 48 páginas. 14 euros.
Respecto a “Encrucijada” debo decir que me gusta todo, empezando por su brillante portada. Tras abandonar muchas de sus series, el guionista se ha refugiado en una de las más brillantes, acompañado como siempre por Francq, un dibujante que representa a la perfección los sofisticados escenarios en que transcurren las aventuras del millonario en tejanos, que es como se conoce a Largo Winch.
Van Hamme imagina una compleja conspiración, con ramificaciones islamistas pero también de los servicios secretos occidentales, que se basa en un juego de seducción y engaño.
Prácticamente todos los secundarios que rodean al héroe caen en la redes de diversos agentes expertos en las lides del amor, lo que aporta al álbum una apariencia ligera y casi de alta comedia, que el guionista se encarga de equilibrar con la amenaza mortal que mueve los hilos desde la sombra. No dudo que el desenlace estará a la altura de este fenomenal enredo, pero el arranque ya justifica por sí solo la merecida fama del autor.
Dolmen, 2016. 128 páginas. 29,90 euros.
Fama que vuelve a confirmarse en esa “Historia sin héroes” que escribió en el ya lejano 1977. Fue una aislada colaboración con Dany, que curiosamente volvió a retomar en 1997, “Veinte años después”, que es como se titula el segundo álbum que compone este Integral.
Con Dany creó otras series, que espero alguien recupere pronto. Dolmen, que se encarga de editar con mucha corrección este volumen, ya había publicado las “Aventuras de Wayne Shelton”, otra interesante serie de Van Hamme, así que ojalá se animen a continuar con otros inéditos del belga.
Se afirma que “Una historia sin héroes” se inspiraba en el clásico de Aldrich “El Vuelo del fénix” (1965), aunque también podríamos recordar los dramáticos sucesos acaecidos en los Andes en 1972 y que luego se contaron en la novela “¡Viven!”.
Hablamos de un grupo de supervivientes de un desastre aéreo que se quedan aislados con los restos del aparato en una inhóspita jungla amazónica. La civilización y los buenos modales van desapareciendo al tiempo que se agota la comida. Cada uno de los componentes del pintoresco grupo idea posibles vías de escape, algunas equivocadas y otras más exitosas. Todo está contado con corrección y garra. Dany quizás no sea un dibujante con tanta calidad como otros colaboradores de Van Hamme como Rosinsky o el ya citado Francq. Pero tiene personalidad y ganas y al final se hace respetar.
Se nota mucho la evolución de sus destrezas en el segundo álbum, mucho mejor en el apartado gráfico. Se trata de un retorno a los personajes originales. Algunos de los que habían vuelto a casa son asesinados misteriosamente. Los que consiguen evitar los intentos de homicidio deciden regresar al lugar del accidente y buscar allí la clave, el motivo de la persecución a la que se ven sometidos. El ritmo es perfecto y el relato engancha, con una narrativa muy bien estructurada y que nunca ofende la inteligencia del lector. Da gusto leer tebeos así.
Queremos más.
Stan Sakai retoma a su héroe samurai para enfrentarlo a unos villanos clásicos, los malvados marcianos de La guerra de los mundos. No es su primera incursión en el género de la ciencia-ficción, pero sí la más emotiva.
A priori no sonaba muy apetecible asistir a la enésima revisión de la obra de Wells. Moore lo había hecho con humor en su Liga de los hombres extraordinarios y Spielberg la había convertido en una reflexión sobre el 11 de septiembre en su última versión cinematográfica. Tras la caída de las Torres Gemelas cabía sospechar que si había algo ahí afuera quizás no fuera tan amable como el cándido E.T. que él había imaginado.
Sakai se mantiene fiel al original y simplemente traslada la acción de sus escenarios habituales al Japón feudal en el que transcurren las aventuras de Usagi. En principio parece que va a jugar la baza de la gran aventura, con la nave marciana cayendo en mitad de una batalla y liquidando a cientos de samuráis. Pero luego, sin abandonar un tono épico, se centra en las reacciones emocionales de sus personajes construyendo una apasionante historia cargada de matices y situaciones dramáticas.
En el plano colectivo, Sakai presta especial atención a los héroes anónimos, personajes que deben sacrificarse por el bien de los demás y para defender la pervivencia de la raza humana. Para ello emplea a secundarios que han ido apareciendo a lo largo de su ya extensa saga y los pone a pelear contra los pulposos invasores en luchas sin apenas esperanza. Todo el volumen tiene un aire de clausura, de gran final para un universo que sin duda el autor continuará desarrollando en los próximos años, pero que se ha asegurado de cerrar, antes de que le muerte le impida facturar una conclusión a la altura de sus exigencias artísticas. Teniendo en cuenta que en los últimos años se ha despedido de algunos familiares muy queridos, incluyendo a su mujer y su nieta, no extraña que sea más consciente que nunca de la transitoriedad de la existencia. Así que parece decirnos: “así es como se acaba todo esto”. Pero eso no supone ni mucho menos el final de la saga.
No entiendan tampoco que el volumen es un drama tremendo de mucho llorar. Aunque obviamente abundan las escenas trágicas, el autor se encarga de equilibrarlas con sabiduría con momentos de humor y fantasía desbordada. Lo que llama mucho la atención es la imposible mezcla. Primero parte de un argumento ajeno, que se apropia sin que apenas nos demos cuenta de ello. Luego lo deriva hacia un drama bélico con muchos pasajes heroicos, pero también sentimental, profundizando en la relación entre Usagi y la mujer de la que siempre ha estado enamorado, casada con otro hombre. También juega un importante papel su hijo, que desconoce quién es su verdadero padre. Usagi siempre está a punto de confesarlo, pero las complicadas reglas del honor se lo impiden. Sin embargo, después de bascular todo el peso de la narración hacia una clave aparentemente más seria, Sakai busca un contrapeso fascinante al final, donde pone en escena una pirueta argumental que supone un fenomenal homenaje a un tradicional y muy característico género cinematográfico japonés, y le permite restar gravedad y añadir unos toques épicos a su impresionante conclusión.
En fin, no se dejen engañar por su apariencia ligera y casi infantil. Usagi es una obra mayor, un clásico que releeremos con placer y atención, el trabajo de un gran maestro. Leer más...
Marcos Prior subtitula su obra como “Retrato de grupo con ciudad”. Considero que apenas presta atención a los personajes, de hecho cierra su trabajo con una serie de instantáneas de zonas despobladas que felizmente parecen haberse librado de la molesta presencia humana.
No parece haber entendido nada de la prestigiosa serie True Detective, a la que cita en el arranque, indicándonos por dónde van a ir los tiros. Su comic está compuesto por un patético conjunto de situaciones donde intenta demostrar su ingenio, su modernez y lo sesudas que son sus lecturas, con citas a Vonegut y a Foster Wallace entre muchos otros. Todo ello salpimentado con referencias a Internet y sus fenómenos colaterales, mucho mensaje entrecortado y mezcla de diversos niveles comunicativos.
Todo completamente superficial, no busquen más allá de la frívola apariencia porque no encontrarán nada. Además, ni siquiera es realmente moderno. Cualquier lector reconocerá enseguida ciertas manías visuales de los ochenta, cuando Chaykin, Miller y compañía pusieron de moda las ventanitas. Ahora todo el mundo recuerda las televisiones de Batman: the Darknight returns pero en aquel momento eran muchos los que practicaban aquella estética de la fragmentación y la viñeta pequeña. Intentaban expresar ese ruido de fondo de los medios de masas, multiplicado hoy por mil gracias a las redes sociales y los dispositivos móviles. Es lógico que alguien quiera representar ese zumbido constante porque forma parte de nuestro universo comunicativo. Pero no tanto cuando con ese collage lo único que se hace es aumentar la confusión. Porque ¿de qué nos habla el sr. Prior? No tengo ni idea. Aparentemente nos brinda un fresco, una visión múltiple y compleja de los diversos fenómenos que componen una urbe a la que llama “New Poole”. Pero su mirada nunca profundiza, no llega a los pobres ciudadanos. No voy a recordar aquí aproximaciones realmente complejas como las de Eisner en La Avenida Dropsie, porque sería cruel.
Pero sin necesidad de llegar tan lejos, sí que se podía haber centrado en alguno de los habitantes de la ciudad. En lugar de eso va saltando de un grupo humano al siguiente, deteniéndose apenas en los políticos que luchan por la alcaldía, con una suerte de Trump a un lado y una beatífica Ada Colau chicana al otro, peleando por el poder. O en el tipo que pierde los nervios y liquida a unos delincuentes en el metro. ¡Qué malvado! Por el camino va introduciendo ocurrencias, ya que cuanto menos lineal sea un relato ya saben que mejor. La estructura dramática, ¡qué antigualla! Así que de golpe y porrazo nos encontramos con unas splash dedicadas al casting alternativo de The Warriors o una entrevista con un tal Franz K. Müller, donde tal parece que el autor se dedica a un particular ajuste de cuentas con el dibujante a quien más recuerda su trabajo, Frank Miller. Como si quisiera dejar claro que le copia las formas pero discrepa del fondo. Y ¿cuál es su fondo? Ya pueden suponerlo. Toda crisis como la que él imagina para su New Pool, es aprovechada por las élites para despachar a los más débiles. De repente se producen asesinatos en los barrios más pobres mientras los ricos se atrincheran en sus casoplones. ¡Huy, qué malos! Añadan a todos estos sinsentidos un disparate más, la información que va desgranando la voz en off se deriva de su “profesora de innovación cibernética”, su “profesor de periodismo científico y ambiental” o a su “terapeuta multidisciplinar”. En fin, comprendo que la ciencia-ficción (o la política-ficción) facilite los desbarres filosófico-imaginativos, pero no disculpo las evidentes pedanterías de alguien que se ha pasado de listo.Leer más...
Pedro Vera, un humorista de prolongada trayectoria, presenta la segunda parte de su serie “Ranciofacts”, agrupando numerosos episodios de su sección de la revista El Jueves. El volumen está dedicado a ese personaje tan entrañable, el “cuñao”.
En la secuencia inicial de Stardust Memories Woody Allen se representaba dentro de un vagón de tren cargado de pasajeros deprimentes, feos y de aspecto enfermizo. A través de la ventanilla y al otro lado de las vías en otro vehículo podía verse a un grupo de personajes sofisticados, unas sonrientes y hermosas mujeres en traje de fiesta, un tipo vestido de capitán de barco y lo que parecía una encantadora fiesta en marcha. Inútilmente Allen intentaba razonar con el revisor para que lo cambiaran de vagón y lo pasaran al “bueno”. Mientras trataba de escapar de lo que parecía una pesadilla expresionista propia de Fritz Lang, sus compañeros de viaje lo miraban con suspicacia, lo que aún volvía más deprimente el entorno. De una maleta comenzaba a caer arena…
Creo que todos entendemos perfectamente la escena porque todos en algún momento hemos tenido la sensación de viajar en el tren equivocado. Los de enfrente parecen divertirse más y ser más guapos. Además, esas situaciones tienden a ser contagiosas. ¿Cuántas veces, en un autobús nocturno, nos hemos preguntado si tendríamos el mismo aspecto cansado y triste de quienes nos rodeaban? Muchas, es algo inevitable. Las ocasiones para sentirnos cool y en la onda no abundan. Por eso no nos cuesta identificarnos con la innumerable colección de “ranciofacts” de Vera. Básicamente, su trabajo es el de un antropólogo. Con suma paciencia va recogiendo frases hechas, lugares comunes, vulgaridades… ¡que todos hemos pronunciado alguna vez! Incluso algunas a menudo.
Así que la sensación cuando se lee este volumen es agridulce. Por un lado causan risa esos restos de una España antigua y ordinaria que parece no hay manera de dejar atrás. Pero por otro no se puede negar que el balance general tiene mucho de espejo, de retrato distorsionado y cómico de una realidad descrita con precisión y en la que nos sentimos reflejados e incluidos.
Por eso mismo la lectura resulta un tanto agotadora. Yo recomiendo un consumo en pequeñas dosis. La fórmula es siempre la misma. El dibujante propone un tema y a continuación ofrece una recopilación de frasecitas casposas acompañadas por sus ingeniosos comentarios.
El mensaje siempre destila un divertido hartazgo hacia esas manidas y repetitivas expresiones. Como cuando anota la frase “chicas en edad de merecer” y la réplica es “¿de merecer un pollazo?”. Ya podrán suponer (más si conocen anteriores trabajos de Pedro Vera) que no es muy dado a las sutilezas, ni amigo de contemporizar. Tampoco parece preocuparle la corrección política así que encontramos chistes de gordos, de viejos y de lo que se les ocurra. Impagables las páginas en que acumula las típicas muletillas sobre los gays y describe el día del orgullo heterosexual: el domingo, día cuñadil por excelencia.
En fin, si no son muy escrupulosos y les apetece reencontrarse con su lado más soez y populachero, Pedro Vera es su hombre. Les aseguro que algo aprenderán.
Ayuntamiento de Palma y Dolmen editorial, 2015. 120 páginas, 16 euros.
INTERESANTE SIN INTERÉS
Recientemente Calpurnio se hacía con el Premio Ciutat de Palma de Comic 2015. Casi al mismo tiempo se presentaba la novela gráfica que había ganado al año anterior.
Tante Wussi se suma a la breve pero intensa lista de obras galardonadas con esta distinción creada en tiempos de la concejala de cultura Nanda Ramón y la alcaldesa Aina Calvo. En primer lugar Gabi Beltrán y Tomeu Seguí con la estupenda Historias del barrio, un conjunto de relatos breves que luego conoció una segunda parte y además ha sido traducido a varios idiomas. Se mantiene como el trabajo más redondo y una pieza a recordar y que por sí sola prestigia estos premios. En su segunda convocatoria ganaron Cosnava y Rubén del Rincón con Las damas de la peste, en mi opinión un trabajo fallido y poco memorable. Los relatos breves volvieron de la mano de Tatúm, que ganó adaptando cuentos de Bierce con energía y una saludable dosis de humor negro en otro comic perfectamente recomendable, El funeral de John Mortonson.
Katrin Bacher y Tyto Alba exploran un territorio similar al de Historias de Barrio, contando la historia de unos personajes reales, aunque con varias diferencias notables. La primera la estructura argumental, que abandona la parcelación en episodios breves para desarrollar una narración larga y continuada que se centra en las memorias de la protagonista, esa niña que da título al volumen y que además acaba de morir, después de ver trasladada su vida a viñetas. Es un trabajo respetable, no podía ser de otra forma habida cuenta de los momentos históricos que transita. Se nos habla de un fotógrafo alemán que en los años treinta se traslada con su familia a vivir a Mallorca. Luego les pillan sucesivamente la guerra civil y la segunda guerra mundial, cuando deciden volver a Alemania huyendo del conflicto español. Como la madre es judía ya pueden imaginar cómo esto afecta a las vicisitudes de los protagonistas. Por el camino se completan las andanzas familiares con ensayos sobre algunos aspectos concretos, como la presencia alemana o italiana en Mallorca o la persecución de los xuetas.
El dibujo deja un sabor agridulce en el balance final. Por un lado se reconocen sus agradables fuentes, de Sempé a Quentin Blake pasando por Grosz. Unas acuarelas muy sugerentes acompañadas de una trémula línea de tinta. En ocasiones el color consigue bonitas atmósferas trasladándonos a los momentos que describe el texto, a veces nos muestra el paraíso, otras el infierno. Pero falla en la definición de personajes, muy genéricos y poco diferenciados y eso en una obra con un trasfondo tan emocional como ésta no es un problema menor. Cuesta identificar a los protagonistas y aunque las ilustraciones tienen un encanto indudable, les falta eficacia narrativa.
Mis mayores pegas tiene que ver con la escritura. Vaya por delante que entiendo que se premien trabajos como éste. Y que considero necesario que haya autores dispuestos a conservar la memoria de algunas víctimas de la historia. Todo eso es muy saludable y debe hacerse. Lamentablemente se precisa algo más que buenas intenciones para contar una buena historia. Por ejemplo desarrollar personajes que capten la atención del lector. Eso sí lo conseguían Beltrán y Seguí en sus Historias de Barrio, pero no ocurre aquí. Un error que comienza a ser común, en aras del realismo se sacrifican otros componentes dramáticos, una característica que enlaza algunas de las novelas gráficas más aclamadas por la crítica, de Maus a Persépolis pasando por las obras completas de Joe Sacco. Personalmente, mi sensación es que toda esa tendencia nos acerca al documental y nos aleja de las verdaderas películas. Quizás deberían de indicarlo en las portadas. A mi hay documentales que me fascinan, pero no sería así si esperara ver una película. Por otro lado, lo que funciona bien en un audiovisual, un conjunto de imágenes explicadas por una voz en off, no es exactamente lo mismo en comic, ni el ritmo es igual. Así que en resumen todo lo que nos cuenta este Tante Wussi es muy interesante, pero a mí me deja completamente frío. Leer más...