jueves, 26 de abril de 2012

LOS MUERTOS VIVIENTES de Kirkman y Adlard

Los muertos vivientes de Robert Kirkman y Charlie Adlard
Planeta DeAgostini. 2012.
134 páginas, 7,50 euros.


VIVIR Y MORIR


Pocas series de comic han conseguido tanta popularidad como Los muertos vivientes. Su salto a la gran pantalla ha demostrado que, más allá de sus premisas genéricas, puede conmovernos con personajes que intentan sobrevivir en un mundo incierto y cruel.


A priori la saga nos ofrece todo aquello que esperamos de un relato de zombis. Sangre y cerebros masticados, brutalidad gore y terror primario. Pero pronto se aprecia la sabiduría de Robert Kirkman, su guionista, que en la presentación televisiva definía el producto más como un relato de supervivencia que de zombies.

Si uno de los momentos álgidos de la segunda temporada era el enfrentamiento entre el grupo y el personaje que luego era azarosamente devorado por un “caminante”, en el último número del tebeo (hasta la fecha) llama nuestra atención esa incierta recuperación del hijo del protagonista, tiroteado en el episodio anterior.

En ambos casos notamos una de las constantes de esta ficción. Su voluntad de afrontar algunas graves preguntas. Ya sean estas qué nos hace humanos y en qué momento debemos renunciar a lo que consideramos la civilización. O cuales son nuestros motivos para vivir en un mundo salvaje, sin esperanza, cuando la muerte alcanza a los seres que queremos y la soledad y el miedo nos desgarra por dentro. No son preguntas sencillas y la heroicidad del protagonista (ese sheriff magníficamente interpretado en la televisión por uno de los actores de esa joya que es Love Actually) consiste en buscar respuestas e intentar sobrevivir a toda costa. Debe hacerlo, tiene un hijo que depende de él y el relato insiste en su responsabilidad, incluso cuando todo lo que le rodea se desmorona y desaparece.


Los muertos vivientes de Robert Kirkman y Charlie Adlard
Diría que la emoción que prima es el miedo. Miedo a la muerte pero también al dolor, a la soledad, a la incertidumbre. Por supuesto, el talento de Kirkman consiste en que, aunque sus personajes hablen mucho, no todo se cuenta a través de diálogos sino intercalando constantes secuencias de acción. 

Pero tras cada pelea o lucha sincuartel contra zombis o humanos viene un pico dramático. En este último número llama la atención la reacción del hijo ante la muerte de la madre, casi borrada de su memoria y que parece desear olvidar. Estos héroes viven atrapados en una paradoja. Su vida es tan brutal que no pueden perder el tiempo enlamentaciones, deben avanzar, reaccionar sin mirar hacia atrás. Pero esa misma falta de sensibilidad acaba anulándolos, vaciándolos por dentro hasta perder todo resquicio de humanidad. El sheriff Rick se enfrenta constantemente a esa contradicción, pero no es la única.

Está también el problema dequién toma las decisiones. Lo que sirve en tiempos de paz resulta inútil cuando se debe actuar sobre la marcha, a la desesperada. Lo mismo nuestra posición ante el castigo y la pena de muerte. En Los muertos vivientes las armas se disparan con facilidad pero toda muerte tiene consecuencias. Por último, si en la serie de televisión la realización y producción están especialmente cuidadas, lo mismo podría decirse del dibujo del comic. Charlie Adlard planifica bien y es perfecto con las actuaciones de sus personajes. Es un excelente narrador que sabe cuándo debe dedicar una y hasta dos páginas completas a un determinado momento de la acción. No sólo eso, debe definir, caracterizar y diferenciar al enorme elenco que Kirkman pasea por la serie. El dibujante consigue mantenernos siempre situados, sin un resquicio de duda respecto a quién es quién. Una verdadera hazaña gráfica.

En fin, es una de esas sagas que ya saben que no deberían perderse.
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viernes, 20 de abril de 2012

El rey del humor gráfico

El pasado 3 de abril nos dejaba Antonio Mingote. Maestro de maestros, era el último representante de una generación irrepetible, dibujante de trazo fácil y agradable, humorista extraordinario y mejor persona. Durante casi sesenta años dibujó su chiste diario, hazaña al alcance de muy pocos.

El martes 4 el ABC dejaba vacío su espacio en el periódico, aumentando el grosor del recuadro en blanco para enfatizar su carácter luctuoso. Todo el ejemplar iba ilustrado con numerosos chistes de Mingote así como sentidos artículos recordando su vida, obras y actividades varias. Tuvo oportunidad de participar en películas, obras de teatro, tertulias radiofónicas y hasta consiguió un sillón en la Real Academia de la Lengua Española. Algo bastante inusual pero no tan sorprendente tratándose de un humorista gráfico.

Aunque los mundos del humor gráfico y el cómic tienden a entremezclarse y confundirse, no es así cuando nos acercamos a ellos. Por supuesto hay excepciones, dibujantes como Ricardo que pueden facturar su chiste diario y al tiempo mantener una serie de historietas como Goomer. Pero lo habitual es que el humorista gráfico que trabaja para prensa apenas guarde relación con los dibujantes de tebeos. Tampoco recibe la misma consideración social. Ya no vivimos los tiempos de la transición y los años posteriores en los que los humoristas se atrevían a insinuar lo que otros callaban. En su momento, creadores como Máximo o Forges eran auténticos fenómenos sociales, guías intelectuales que expresaban el sentir de una mayoría.

En eso seguían los pasos de sus maestros, la generación de La Codorniz, la publicación con la que identificamos a Mingote además del ABC. Ya saben, “la revista más audaz para el lector más inteligente”. Ha sido reeditada en numerosas ocasiones así que se puede revisar sin dificultad. Su ironía y atrevimiento sorprenden. Personalmente, siempre recuerdo el gag del caballo que mirando compungido hacia el lector decía: “¡Montarme a pelo! ¡A mí!”, un chiste que no admitía muchas interpretaciones. En La Codorniz encontramos a todos los grandes: Tono, Neville, De Laiglesia, Herreros, Mihura, Chumy Chumez, Gila, Mena, Ops, Serafían y tantos otros. Sorprende cómo se parece el primer Mingote a Serafín y la estética a lo “familia Addams” de algunos de sus chistes.

Entre quienes les sustituyeron encontramos un poco de todo. Por un lado considero que esa labor de guía se ha trasladado a la televisión, ahora son los charlatanes televisivos quienes entre bromas y veras intentan indicarnos qué mola y qué apesta. Y ahí creo que la prensa todavía lleva cierta ventaja. Habrá quien disfrute con los Wiomings, los folloneros o Buenafuentes de turno, pero ninguno de ellos alcanzará nunca el saber estar y la sutileza de muchos chistes de Mingote y algunos de sus sucesores. Como aquel con una conversación entre un jovencito y un señor mayor. El chaval dice: “Sí, es probable que usted tenga razón, pero en todo caso yo la voy a tener durante mucho más tiempo”. En Mingote los argumentos se plegaban a la realidad, que los matizaba, era un ejemplo de templanza y señorío, de concordia y mesura.

Entre sus sucesores naturales los hay que siempre me han aburrido como Forges o Máximo. Este último se pasó hace años al ABC abandonando El País después de treinta años de fidelidad, algo que nunca entenderé, como sus chistes. Por supuesto entre los mejores cuento a Ricardo, que publica muchas viñetas que chocan con la línea de su periódico, algo que supongo le honra tanto a él como a sus editores. En El Mundo también nos topamos con otra pareja monumental, la formada por Gallego y Rey. En su momento tuvieron que abandonar El País, porque no les permitían expresar sus opiniones en libertad. A ellos se debe la recuperación de la caricatura política. El Roto, que empezó siendo el más críptico y misterioso cuando firmaba como Ops, ha terminado firmando proclamas, auténticos manifiestos a los que consigue insuflar vida y verdad. Luego los diarios regionales están llenos de tipos interesantes, como Pinto y Chinto o Neto y tantos otros, de quienes apenas sabríamos nada si no contáramos con esa herramienta maravillosa que es Internet.

En fin, hoy por hoy los dibujantes de prensa mantienen ese prestigio que asociamos al buen periodismo y esperemos que siga así. Al menos compensan en parte las andanadas de estupidez televisiva que algunos insisten en calificar como programas de humor. A mi me gustaban los guiñoles y nunca entendí porqué desaparecieron por un desagüe catódico, durante la segunda legislatura de Zapatero. Confío en llegar a descubrirlo algún día.
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viernes, 13 de abril de 2012

TAMBORES de EL TORRES, GARCÍA y GAMBOA

Tambores - El Torres, García y Gamboa - Edita Dibbuks
Dib.Buks
104 páginas, 16 euros.

ZOMBIES HÚMEDOS

En tiempos de crisis emigrar se convierte en necesidad. Pero no todos los que abandonan su país de origen son iguales. Compadecemos a algunos, admiramos a otros. Como a El Torres.


Es un caso único. Hay dibujantes, cada vez más, que colaboran con otros mercados, especialmente el norteamericano y el francés. Los grafismos saltan fronteras y con la suficiente habilidad y si el estilo y la narrativa son los requeridos, los autores van encontrando huecos por los que colarse. Pero la escritura es otra cosa. No sólo por la dificultad de escribir en un idioma que no es el propio. Es que además los temas deben interesar a otra cultura, participar de su contexto y eso sí que me parece complicado. De alguna manera El Torres lo ha logrado y le felicito por ello. Pero de la misma manera en que respeto y admiro la capacidad para hacerse un hueco en un mercado ajeno y lejano, debo añadir que eso no asegura necesariamente la calidad de los productos. Lo que gusta fuera no es necesariamente bueno. Ni todo lo de dentro, por supuesto.

Pero es que El Torres viene demostrando que su triunfo no ha sido casual ni fruto del azar. Viene demostrando su talento, su habilidad para escribir historias inteligentes y entretenidas. Artefactos de ficción que participan de muchas claves genéricas, en su caso sobre todo de terror, pero sin menospreciar a un lector al que consigue enganchar desde la primera plancha y sorprender en numerosas ocasiones según avanza la acción. Y no hablo de sorpresitas, de trucos para mantener nuestra atención, sino de auténticos giros, lógicos en el desarrollo del relato, pero que demuestran su capacidad para ir más allá de lo previsible.

Tambores - El Torres, García y Gamboa - Edita Dibbuks
En Tambores, su última entrega, mezcla elementos tomados de la realidad, como esa tormenta “a lo Katrina” que pesa sobre los personajes a lo largo de toda la historia, o mitología tomada de diversas religiones afroamericanas. Todo esto, por supuesto, adobado con una batalla entre dioses, muertos que se alzan de la tumba y ambientes realmente escalofriantes. El dibujante es un poco sucio y el color tan oscuro como se acostumbra en los modernos tebeos de terror, pero el ambiente funciona y todo se sigue sin dificultad. Es curioso el planteamiento inicial, esa fusión de santería y otros ritos variados que se dan a lo largo del Caribe y otras zonas de Latinoamérica. El Torres las reúne en una lucha imposible contra el mal que viene del más allá. Fascinante también la elección del bueno, un “niño-milagro” manipulado por su padre, cristiano fundamentalista, que no quiere saber nada de la religión y sus alrededores. Al final, esos “alrededores” lo alcanzan obligándole a tomar determinaciones muy serias.

Como siempre, es el talento y no el género lo que cuenta. No se trata de defender o atacar las series de zombies, sino de reconocer aquellas historias con calidad. Ésta o la aclamada creación de Kirkman, Walking Dead, la tienen. Y además salen algunos zombies, ya ven qué cosas.
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viernes, 6 de abril de 2012

Bienvenida 1. Abouet y Singeon

LA ÚLTIMA VIRGEN DE PARÍS

Bienvenida 1
Marguerite Abouet y Singeon
Norma Editorial. Barcelona, 2012.
110 páginas, 17 euros.

Marguerite Abouet relataba sus vivencias africanas en Aya de Yopougon. Como emigrante en París también tenía historias que contar sobre su patria de adopción. Esta nueva saga lo demuestra.

Los protagonistas ya no son africanos, como en Aya, sino un conjunto disperso de europeos. Bienvenida es una estudiante de arte con muchos problemas económicos que la llevan a relacionarse con un pintoresco grupo de personajes, algunos muy cercanos a sus propias vivencias, otros bastante alejados. Como en su aventura africana, Abouet trabaja sobre todo con sentimientos y deseos, con las aspiraciones y frustraciones de unos héroes a los que no les ocurren cosas especialmente emocionantes sino sucesos normales, que la magia del guión convierte en extraordinarios e interesantes.

Para ello se hace acompañar de un dibujante funcional que nos permite diferenciar a los personajes con claridad y al primer golpe de vista, algo crucial en una historieta de estas características. También define bien los ambientes y su color es agradable y narrativo. Creo que tanto en el empleo más moderado de las gamas cromáticas como en la limpieza de la línea gana a su compañero, el encargado de Aya de Yopougon.

Los conflictos en Bienvenida tienen en esencia dos fuentes: la social y la afectivo-emocional. En su deambular en busca de trabajos que le permitan sobrevivir conoce a tipos que pertenecen a otras clases más favorecidas. También a emigrantes y presos con más problemas que ella. A ese variopinto fresco social se le añade una compleja red de relaciones y deseos. Muchas de las conocidas y amigas de la protagonista tienen problemas con sus parejas o son maltratadas por ellas. La alternativa de Bienvenida consiste en mantenerse al margen. Evita implicarse en los líos sentimentales que tantos quebraderos de cabeza provocan a sus compañeras y hasta a su madre.

Por el camino también hace de canguro y camarera mientras que sus estudios artísticos se quedan en un segundo plano casi anecdótico. Como ven, todo muy cotidiano, en la línea de lo que podríamos definir como “tebeo para niñas”. La acción se descarga en los diálogos y el drama surge de los afectos no correspondidos. Obviamente la saga está empezando y puede depararnos muchas sorpresas. Está escrita con cuidado y se sigue con atención, enseguida queremos saber más sobre los personajes y nos implicamos en sus emociones. Son ellos los que hacen avanzar la historia. Nos interesan esos niños a los que cuida, ese vecino que presume de haber sido cocinero de un aristócrata, esa madre controladora y su novio el millonario rural, la amiga camarera y amante de los vibradores, la suicida a la que salva en el Metro y de la que luego no se puede librar y tantos otros. El ritmo es calmado pero no dejan de pasar cosas, todo es creíble y real. Al final de este primer volumen Bienvenida acude a su primera cita, sin demasiado entusiasmo. Tendremos que esperar a la siguiente entrega para descubrir si continúa mereciendo el título que corona este artículo.
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viernes, 30 de marzo de 2012

USAGI YOJIMBO: La historia de Tomoe de S. SAKAI

Usagi Yojimbo: la historia de Tomoe por Stan Sakai. Edita Planeta deAgostini
Planeta DeAgostini.
184 páginas, 12,95 euros.

COMPARTIRÉ TU TÉ

A estas alturas ya son legión los aficionados que valoran el trabajo de Stan Sakai. Cada una de sus entregas nos demuestra su talento y capacidad para emocionarnos.

Si no me creen cómprese el último volumen de Usagi Yojimbo y verán a qué me refiero. Sé que la proyección empática del lector en los personajes de ficción está mal vista. Disfrutar con la victoria del bueno y la derrota del villano no es “cool”. Quienes intentan dictar nuestra opinión llevan años proponiéndonos modelos alternativos, tipos sin escrúpulos o sin sentimientos, retorcidos o directamente inhumanos, cualquier cosa antes que estremecerse ante los héroes tradicionales. Afortunadamente siempre nos queda Eastwood con su Gran Torino, por ejemplo, para demostrar que el bien aún existe aunque aparezca disfrazado de viejo gruñón. O Sakai con su Usagi Yojimbo.

El otro día me encontraba con una pertinente frase de Chesterton, que cito de memoria: “No nos gustan los cuentos porque creamos en brujas, ogros o demonios, sino porque creemos que es posible derrotarlos”. Me parece que da en el clavo del asunto. La lucha del héroe nos complace no porque olvidemos su irrealidad sino porque carga con nuestras esperanzas. Sabemos que nadie es así, pero siempre podemos soñar con ello, aspirar a ello. Así que sí, confieso que me identifico con las desventuras de Usagi, con sus anhelos, que lucho sus batallas y lloro sus penas. Y que Sakai me parece grande porque consigue que su humilde conejo samurai resulte tan admirable y lleno de humanidad.

Usagi Yojimbo: la historia de Tomoe por Stan Sakai. Edita Planeta deAgostini
En esta su última entrega el protagonismo se divide entre él y su vieja amiga Tomoe con quien comparte una tensión sexual no resuelta, como se suele decir. Aficionado a la documentación exhaustiva y el detalle cuidado, el autor no permite que se establezca una relación entre dos personajes que se deben a sus obligaciones y que habitan dos mundos opuestos. Pero cada vez que se acercan saltan chispas.

El volumen se abre con un vibrante recuerdo de la infancia de Tomoe, la hija de un maestro de esgrima a quien no se permite emplear la espada. Pero cuando su señora está en peligro la chica se ve obligada a desvelar sus habilidades en una escena brutal y maravillosa. Después de ese electrizante arranque Sakai se recrea paseando a personajes que ya conocíamos de episodios anteriores, nos regala el bonito relato “El fantasma del pozo”, con su perfecto final, y con aparente buen humor nos conduce hasta el último capítulo: “Chano Yu”. Como algunos de ustedes ya sabrán, el título hace referencia a la ceremonia del té, uno de esos rituales de los que hemos oído hablar, que incluso hemos contemplado en sagas tan banales como Karate Kid y que catalogamos como algo exótico y no del todo comprensible.

Usagi Yojimbo: la historia de Tomoe por Stan Sakai. Edita Planeta deAgostini
Sakai, demostrando nuevamente su sensibilidad y buen hacer, dedica todo un episodio a esta ceremonia. Como él mismo explica en las notas, se le supone un carácter más espiritual que mundano, una comunión que no está del todo alejada de la cristiana, que surge a partir de la repetición de una serie de pautas siempre ejecutadas de la misma forma. Ese carácter eterno y universal de la ceremonia del té permite una cierta relación entre esos dos personajes a quienes conocemos y amamos, pero también señala los límites que no les está permitido cruzar. Todo resulta hermoso y triste a la vez.

Mientras, se insinúa un futuro matrimonio concertado para Tomoe. Una nueva muestra de la grandeza de Sakai. Yo ya estoy deseando saber más.
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viernes, 23 de marzo de 2012

Casi Completo. J. Swarte

CASI PERFECTO

Casi Completo
JOOST SWARTE


Ediciones La Cúpula. Barcelona, 2012.
144 páginas, 25 euros.

Continuando con su política de lujosas reediciones y cuidados recopilatorios La Cúpula nos ofrece ahora un integral de Swarte, refinado ilustrador a quien aprendimos a amar en Los Papalagui. Max se encarga de prologarlo.

Max, que estos días pasea su propia retrospectiva por Madrid, define al dibujante holandés como una de sus referencias, un maestro a estudiar y copiar. Swarte no alcanza los rigores geométricos de Ever Meulen, otra de las grandes influencias de Max, pero todos ellos comparten el gusto por las geografías conceptuales, siempre al borde de lo real y con tendencia al desenfreno rítmico, a la repetición de las paralelas y a los abismos axonométricos.

Más allá de esos espacios imposibles hay dos aspectos por los que Swarte sobresale: sus tipografías y su empleo del color. En las primeras se desborda su gusto por las vanguardias, con continuas alusiones a DeStijl y compañía, convirtiendo la frialdad de los experimentos bauhausianos en juego y desparrame caligráfico, siempre a medio camino entre Cassandre y Renner. Revisar sus experimentos caligráficos es una auténtica gozada para cualquier aficionado a las letras. En cuanto al color, sus gamas destacan por su minimalismo y contención. Y aquí sí que gana con creces a Meulen, que siempre resulta menos convincente en el terreno cromático.

Hace años se publicaba una monografía que agrupaba los trabajos de Swarte como ilustrador y diseñador: carteles, portadas, marcas, escenografías, vidrieras, etc. Un conjunto delicioso y lleno de humor, donde la deuda con Hergé se salda a base de ironía y una cierta frialdad postmoderna. Swarte es sin duda uno de los últimos grandes creadores de imágenes y Max acierta al señalar sus raíces vanguardistas, que el holandés exhibe y manipula sin inhibiciones. Pero…

Así como aplaudo sin concesiones la labor gráfica de Swarte, debo reconocer que culminar la lectura de sus historietas me ha supuesto un esfuerzo monumental. Todo lo que resulta sutil y denota inteligencia en sus ilustraciones, se convierte en vulgar y repetitivo en sus comics, que abusan de una violencia siempre gratuita y una voluntad provocadora un tanto repelente. En pocas palabras, el Swarte narrador es un plasta, no tiene ritmo ni sentido de la acción. Su puesta en escena es aburrida y en general nada de lo que cuenta tiene el menor interés. Todo esto, por supuesto, no es nuevo.

Desde los orígenes del medio encontramos una profunda división. Por simplificarlo en un ejemplo me refiero a lo que va de Little Nemo a Prince Valiant. Algunos autores se inclinan por historietas en las que prima lo visual frente al relato, el dibujo frente al texto. Y otros lo subordinan todo al componente narrativo, a lo que se cuenta. Es esta una antigua lucha con partidarios y detractores en ambos bandos. Personalmente, no me parece adecuado inclinarme por ninguna facción si no nos atenemos a los casos concretos. Krazy Kat, un tebeo misógino y futurista en su plasmación gráfica, adorado por autores como Mariscal o el mismo Swarte entre otros muchos, me resulta ilegible y pesadísimo. Pero admiro el ya citado Little Nemo, que apenas cuenta nada pero desborda imaginación y fantasía por cada centímetro de sus barrocas viñetas. Supongo que el ideal estaría en cierta situación de equilibrio, grafismos experimentales que acompañen historias con interés. Pero mientras la discusión se base en polarizar posiciones, sacrificando aspectos narrativos o gráficos, no creo que ayudemos al avance de esta forma de arte que denominamos comic. Swarte, desde luego, quita las ganas de leer más tebeos, aunque sea un extraordinario dibujante… de otras cosas.
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viernes, 16 de marzo de 2012

Obituario: Muntañola, Severin & Moebius

SÓLIDO, LÍQUIDO Y GASEOSO


En los últimos días, tres célebres autores de comic nos han dejado. La fama de uno de ellos podría llevarnos a olvidar a los otros, una injusticia que les aseguro no cometeré. El americano John Severin moría el 12 de febrero, el español Joaquim Muntañola el 5 de marzo y el francés Jean Giraud el 11 de marzo.

Severin, con poco más de 90 años, fue un trabajador inagotable. El adjetivo que mejor califica su labor es “sólido”. Da igual que dibujase historietas de guerra, westerns, humor, superhéroes o espada y brujería. Su detallismo y fuerte estructura gráfica siempre aportaban verdad al tema tratado. Para la EC realizó incontables historietas de guerra, realzando los guiones de Kurtzman y apoyado en muchas ocasiones por el vigoroso entintado de su colega Bill Elder. Luego, cuando aparece Mad, también supo adaptar su estilo a las parodias que le solicitaban. En las historietas históricas era conocido por su rigurosa documentación, que le llevaba a estudiar los patrones de la ropa militar para asegurarse de dónde estaban las costuras. Sin duda era uno de los grandes y así debe ser recordado. Nunca desfalleció, nunca ofreció una obra menor o descuidada. Sus personajes son profundamente humanos y reales.

Su estilo se caracterizaba por un minucioso rallado que no le abandonaría. Lo mantuvo cuando tras el cierre de EC se puso a colaborar con Marvel. Allí lo encontramos como dibujante a lápiz o entintador. Por ejemplo puso tinta a su hermana Marie, también dibujante y colorista, en varios episodios del Rey Kull. También recordamos su paso por The Hulk o Nick Fury, entre tantos otros. Menos conocidas por aquí son sus parodias para la revista humorística de Marvel, Cracked. Como muchos compañeros de generación colaboró con entusiasmo en las publicaciones de Warren, para las que facturó unas espléndidas historias de fantasía y terror. También realizó montones de episodios bélicos para los “Big Five”, las colecciones de guerra de la DC.

Posiblemente su última gran aparición fue en The Rawhide Kid en 2003. Allí volvía a uno de sus temas favoritos, el western, para actualizar de forma brillante un viejo vaquero de la Marvel, que siempre se había distinguido por sus atildadas vestimentas. El guión jugaba con inteligencia con su orientación sexual y Severin realizaba un espléndido trabajo con este cowboy gay. Una divertida despedida.

Muntañola es justo lo contrario. Su trazo es fluído, ligero, veloz, apresurado. Será recordado como colaborador del TBO y dibujante de personajes tan conocidos como Doña Exagerancia y, sobre todo, Josechu el vasco. Pero fue mucho más: guionista radiofónico, colaborador de diversos periódicos, ilustrador y un largo etcétera. Entre otros muchos libros escribió una autobiografía en 2007: La memòria fa pessigolles. Un año después se le dedicaba una muy merecida exposición conmemorativa en Barcelona. Si desean conocer más sobre la vida y obra de Muntañola les recomiendo el amplio artículo que Jaume Capdevila le dedica en Tebeosfera: “Joaquim Muntañola. Fabricante de sonrisas”.

Este creador lleno de vitalidad que casi alcanzó los cien años empleaba el estilo más ligero y despreocupado del TBO, una revista que se caracterizaba por la limpieza de los acabados. No es casual que se la asocie con los movimientos linea-claristas, aunque la expresividad de la plumilla de Muntañola encajaría con dificultad en tan austera tendencia. Lo suyo está más cerca de la aparente despreocupación de un Sempé o un Steinberg. Nunca intentó dibujar “bien” en un sentido convencional. Pero no olvidaremos las irresistibles historias de Josechu el vasco. Por cierto, algunos medios ya se han apresurado a enterrarlo como “último dibujante del TBO”. Se olvidan de que algunos como Josep Mª Blanco Ibarz siguen bien vivos, como su antológica de 2011 en el Solleric se encargó de demostrar.

Por último tenemos a un dibujante que vale por dos: Jean Giraud, también conocido como Moebius. Era el más joven de los tres, nos ha dejado con 74 años. Posiblemente también el más influyente, aunque en su valoración pesa mucho su posición central en el comic europeo. Siempre fue un dibujante milagroso, como atestiguaba su compañero en la Escuela de Arte Mezieres, que casi dejó el medio asustado por su talento.

Giraud colabora e imita al genial Jijé en sus primeros trabajos. Como en el inicio del Teniente Blueberry, serie del oeste que aparece en las páginas de Pilote en 1964. Como muchos de sus compañeros en la revista pasó por un periodo americano, en su caso mexicano al casarse su madre con un oriundo de ese país. Allí descubrió la marihuana y el sexo, en una experiencia personal que demostraría ser una influencia permanente a lo largo de toda su carrera. Con Charlier al guión firma muchos álbumes cargados de homenajes a los clásicos films del oeste. Todos los aficionados recuerdan algunos títulos concretos, de El general cabellos rubios a La mina del alemán perdido. Pero con los setenta empiezan los cambios. Su dibujo abandona progresivamente las masas de tinta heredadas de Jijé, que son sustituidas por evanescentes tramados, delirios barrocos fruto del cruce entre Doré y unos cuantos porros, según propia confesión.

En 1974 monta con otros colegas la revista Metal Hurlant y allí da la campanada con Arzak. La cosa no iba de cocineros sino de episodios sin apenas argumento donde Giraud, ahora ya Moebius, deja volar su imaginación. El resultado es fenomenal y los lectores quedan deslumbrados por su talento y fantasía. Vuelve habitualmente a Blueberry, con un grafismo cada vez más meticuloso y saturado, mientras pasa de todo en delirios como El Garaje Hermético. Las escasas ocasiones en que lo acompañaba un guionista, como la brillante The long Tomorrow, son inolvidables. Allí dibujaba una historia de Dan O’Bannon ¡y el resultado era espectacular!

Muy importante fue su colaboración con el chileno Jodorowsky. Según este contaba lo fichó para su fracasado proyecto de adaptación cinematográfica de Dune. A partir de esa primera aventura los estudios se fijaron en el talento del francés y tuvo ocasión de participar en innumerables producciones, de Abyss al Quinto Elemento. En todas dejaba su impronta con imágenes retro-futuristas. Si las escafandras de Alien nos recordaban inevitablemente a Verne, también conseguía extrañas mezclas en las que predominaban los cristales, las amebas y otros objetos blandos de difícil clasificación.

Se embarcó en la realizaciónde álbumes con Jodorowsky. Quedaban en un café, el escritor inventaba el argumento sobre la marcha, Moebius volvía a su estudio y lo dibujaba. Cuando se le acababa la historia volvían a verse. Así fabricaron varios álbumes donde se entrecruzaba violencia y misticismo en una fórmula que ha resultado inimitable. De alguna manera el chileno resultó el guionista adecuado para Giraud y gracias a esta afortunada unión los mejores dibujantes del mundo hicieron cola para trabajar con él.

Moebius era un tipo tan especial en lo privado como sus maravillosos mundos gráficos podían hacernos sospechar. Pasó por temporadas entregado a las más extrañas dietas, se largó a una isla acompañando a un gurú que anunciaba el fin del mundo, volvió cuando vio que el Apocalipsis no llegaba, etc. Estuvo en el Salón de Asturias en dos ocasiones, en Oviedo en 1988 y en Gijón en 2003 donde recibió el Premio Haxtur al Autor que Amamos en compañía de Sydney Jordan. En ese momento ya era una suerte de figura casi divina, con derecho a hacer lo que le viniera en gana. Casado con una nueva mujer más joven se había distanciado de Jodorowsky, aunque antes de separarse habían completado La Loca del Sacre Coeur cuyo tercer álbum ya evidenciaba las crecientes discrepancias entre ambos.
En fin, Moebius vivió mucho y trajo una mayor libertad al medio, algo que él mismo aprovechó con intensidad. Sus ilustraciones nos alcanzan por su belleza, originalidad y fantasía. Nunca dibujó bien a las chicas y eso que confesaba que el dibujo era lo que le había permitido ligar. Descanse en paz.
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viernes, 9 de marzo de 2012

Acumulación de novedades

UN VARIADO DE VIÑETAS

En mi mesa de novedades se acumula un conjunto de tebeos que no he encontrado la ocasión de comentar, algunos son altamente recomendables y a otros es preferible no acercarse.

Comienzo esta lista con el Batman de Englehart y Rogers pulicado por Planeta DeAgostini, un clásico que ahora podemos disfrutar agrupado. Rogers revolucionó la estructura de página y su minuciosa labor sigue resultando entretenida. Lo sorprendente en este caso es que además de los episodios que dibujó a finales de los setenta también se incluye su vuelta al personaje en 2005. ¡Y los resultados son aún mejores! Parece que al guionista le sentó bien Mallorca, donde residió varios años. Y Rogers ha ganado en claridad aunque mantiene su particular estilo de dibujo. En definitiva, una obra muy recomendable, sobre todo su segunda parte.

Seguimos con el recopilatorio Las pelis de tu vida de Kim, Diábolo Ediciones. Está bien que alguien haya tenido la idea de reunir sus elaboradas parodias cinematográficas, pero lamentablemente su revisión es bastante deprimente. Kim es un gran dibujante, como ha demostrado a lo largo de su prolongada trayectoria profesional. Pero es que las bromas sobre las películas son tan vulgares y previsibles que consiguen que hasta el grafismo nos parezca flojo y sin atractivo. La gracia se busca reduciendo casi todas las escenas a chascarrillos sexuales y poco más. Cuesta terminar un volumen que resulta repetitivo hasta el aburrimiento.


Ningún buen aficionado debería dejar escapar Lady S, la última entrega de Van Hamme, en este caso acompañado de Aymond edita 001Ediciones. El dibujante es correcto, sin llegar a la excelencia de otros colaboradores del guionista, como Francq o Rosinski. Y tampoco el argumento alcanza las alturas a las que el novelista belga nos ha transportado en el pasado. Pero da igual, sigue siendo Van Hamme y firma un relato de espías, ladrones y suplantación de identidad muy entretenido y que no deberían perderse.







La carnicería es lo último de Bastien Vives publicado por Diábolo Ediciones. Sutil y poético como acostumbra, parte de un collage de situaciones aparentemente inconexas cuya relación vamos comprendiendo según avanza la lectura. Un trabajo poético y sencillo en el que llama la atención su aplicación de los lápices de color sobre la tímida línea que le caracteriza. El fracaso amoroso es su tema y la sugerencia su virtud.

Recuperamos al clásico equipo formado por el minucioso dibujante George Perez y el guionista Marv Wolfman en Nuevos Titanes: Juegos de ECC ediciones. Es un proyecto extraño, iniciado a finales de los ochenta del siglo pasado y culminado más de veinte años después. Sus autores apenas necesitan presentación, juntos crearon la monumental Crisis y después Perez firmó el guión y el dibujo de Wonder Woman, un personal e impecable acercamiento al personaje que ha sido repetidamente reeditado. Aquí nos ofrecen un relato con amenaza terrorista incluida, que claramente se vió afectado por los tristes sucesos del 11-S. Han realizado mejores tebeos en el pasado pero es entretenido y se deja leer.

Terror Talaiòtic de Miquel Jaume y Joan Gri es una nueva muestra de la vitalidad del comic balear. Dolmen  publica dos de sus historias de terror, claramente inspiradas por los clásicos Vampus, Rufus y compañía, que ahora se recuperan en lujosos volúmenes. Son dos jóvenes autores que todavía deben mejorar sus habilidades, pero al menos dibujan con ganas y entusiasmo. Sin duda la historieta más coherente y mejor contada es la de Jaume, mientras que el personalísimo estilo que delata Mal Rotllo peca de cierta confusión narrativa que dificulta su lectura. Pero es una gozada entrar en esos mundos tan cercanos como pútridos y barrocos y yo les recomiendo que lo intenten. Tan curioso como irregular.
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