viernes, 24 de febrero de 2012

CRÓNICAS DE JERUSALÉN de Guy Delisle

Crónicas de Jerusalén de Guy Delisle, edita Astiberri comic viajes Israel judíos tierra sagrada
Astiberri. 2011. 
336 páginas, 26 euros.

UN AÑO EN JERUSALÉN 


Delisle ya nos tiene acostumbrados a sus crónicas de viaje. Tras contarnos su vida en lugares tan exóticos como Corea del Norte, China o Birmania ahora llega el turno de Israel.


Los que hayan leído las anteriores entregas de este animador metido a dibujante de comics ya saben a qué atenerse. Diarios de viaje donde prima lo cotidiano, la visión personal, el paseo tranquilo, un humor calmado y grandes dosis de realidad que se filtran abriéndose paso a través de las versiones oficiales y los prejuicios. Aquí acompaña a su mujer, que trabaja para Médicos sin fronteras, hasta Jerusalem, donde intentará dibujar algo además de hacerse cargo de sus niños. Así que mientras nos cuenta cómo se obsesiona con el muro que separa los territorios palestinos de los judíos, dibujándolo una y otra vez, también lo acompañamos en sus paseos. Algunos son cotidianos, como el que realiza diariamente hasta las guarderías, y otros extraordinarios, como cuando visita ciertos lugares de difícil acceso, pasea por los asentamientos o da conferencias en Ramala. De manera tranquila y evitando dramatismos, Delisle nos brinda una visión muy cercana de la vida en Israel y de la conflictiva relación entre árabes y judíos… pero también cita a los cristianos, los coptos y tantos otros que se disputan los derechos sobre el trozo de tierra más sagrado del mundo.

Debo decir que no me lanzo sobre las historias de este creador canadiense como lo hago sobre la obra de otros guionistas y dibujantes. No despierta mi entusiasmo, todo lo cuenta de manera muy relajada y evitando los golpes de efecto, sus gags son suaves y sin apenas énfasis. Provoca más la sonrisa que la carcajada y también cierta reflexión, ganas de saber más sobre lo que nos está hablando. Es de justicia añadir que una vez que se inicia la lectura resulta difícil abandonarla. Es un buen narrador, sosegado pero eficaz, que consigue interesarnos con muy pocos elementos.

Crónicas de Jerusalén de Guy Delisle, edita Astiberri comic viajes Israel judíos tierra sagrada

Aquí transita un tema que lleva camino de convertirse en un género en sí mismo en el mundo del comic. Por un lado tenemos las contribuciones de Joe Sacco, a quien se cita en el trabajo de Delisle. Se inclina más hacia la versión palestina y apenas nos cuenta nada desde el punto de vista judío. Luego podríamos mencionar el extraordinario Café Budapest, de Zapico, una inteligente aproximación a los primeros años del estado de Israel, con todas sus agonías y contradicciones. Pero además en los últimos años han llegado un montón de novelas gráficas sobre la vida en Israel, realizadas por creadores judíos. Son interesantes por lo que cuentan, pero irregulares en cuanto a su narrativa. Reflejan algo que también sorprende a Delisle, como es la dureza de los medios locales hacia el propio gobierno. Demostrando que estamos en la única democracia de los alrededores, Israel puede presumir de una admirable libertad de prensa que se traduce en la ferocidad con la que los periodistas atacan al estado o las denuncias que encontramos en muchas de las novelas gráficas citadas.

En fin, queda claro que hablamos de un tema que interesa a los dibujantes, que se adelantan así a otros medios. Otra cuestión es que ese interés no se traduce apenas en obras que ofrezcan una visión equilibrada de la batalla que tiene lugar en Tierra Santa. En el caso de Delisle, aunque él en general tiende a ser neutral, en ocasiones oculta de manera tendenciosa parte de la información necesaria. Por ejemplo, en las primeras páginas se nos cuenta a qué obedece la actual división de Jerusalem, que es descrita como “un pueblo árabe que fue anexionado tras la Guerra de los seis días”. Luego se añade que no es parte de Israel para la comunidad internacional. Por supuesto no se explica en qué consistió dicha guerra ni qué otras agresiones o intentos de agresión había sufrido Israel con anterioridad. También tiene gracia el comentario sobre Hamás, votado por los palestinos pero considerado grupo terrorista por los USA e Israel. ¡Ya ven qué cosa tan absurda! A mi me parece perfectamente comprensible que preocupe el triunfo de un grupo entre cuyas prioridades se cuenta la total destrucción del estado judío.
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viernes, 17 de febrero de 2012

Segura. Descanse en paz.

EL PADRE DE LA MEDUSA

A finales del pasado mes de enero moría el guionista de comics Antonio Segura, Premio Haxtur al Mejor Guión en 1993 por Eva Medusa, serie creada con Ana Miralles.

Fue un escritor prolífico que colaboró con los mejores dibujantes de este país. Por ejemplo con Jose Ortiz en sagas como el western posapocalíptico Hombre, o el disparate de ciencia-ficción Burton y Cib o el italiano Tex, una de cuyas largas aventuras había sido traducida recientemente y que aquí había comentado con admiración. También trabajó con Leopoldo Sánchez en Bogye, un homenaje a la serie negra ambientado en los mundos de Blade Runner. Y con Saladrigas, Bermejo o Bernet, con quien crearía el que para mi permanece como su mejor trabajo, Kraken. La serie reflejaba un mundo futuro pero cercano con una suerte de policía de las alcantarillas. A esos apestosos canales llegaban todos los desechos de la podrida sociedad que habitaba la superficie. Era un policiaco casi perfecto, con un protagonista duro pero honrado y montones de secundarios corruptos y llenos de vida. Una espléndida serie realizada con un dibujante en estado de gracia, con quien también trabajaría en Sarvan, una fantasía de ciencia-ficción que permitía a Bernet mostrar su dominio de la anatomía femenina. Por supuesto no me olvido de Eva Medusa, su segunda colaboración con Ana Miralles, tras un primer y primitivo intento en Marrouecos mon amour, obra maldita que nadie se ha atrevido a reeditar desde su primera aparición en Cairo en 1988. Con los noventa nos llegó Eva Medusa, una saga llena de misterio y sensualidad que comprendía dos álbumes rotundos y fascinantes y un tercero tan precipitado como fallido. Con todo, hablamos de una de las obras mayores del comic español del pasado siglo, un trabajo que permanecerá.

En general, se tiende a citar a Segura como artesano. En los ochenta su firma parecía estar en todas las publicaciones, de Cimoc a Metropol pasando por Zona 84 o Creepy. Asociado siempre a dibujantes realistas, clásicos, su labor fue en general menospreciada, era un autor de género, popular, comercial. Su firme voluntad de escribir historias que pudieran interesar a una mayoría no gustó a una crítica acostumbrada a jalear esfuerzos masturbatorios y cualquier modalidad de malditismo. Así que en el Salón de Barcelona nunca se acordaron de él mientras escritores con menos virtudes eran repetidamente galardonados.

No voy a presumir de haber apreciado la calidad de Segura en su momento. En absoluto, a mi también me parecía un poco antiguo, repetitivo, no me gustaba notar las fórmulas que empleaba… Pero con el tiempo me doy cuenta de mis prejuicios ante un tipo que sólo intentaba hacer su trabajo lo mejor posible, entretener sin aparentemente mayores pretensiones. Y resulta evidente que algunas de las obras mencionadas, sobre todo Kraken y Eva Medusa, son historias más que respetables. Y la que se publicaba hace poco de Tex también, así que esperemos que alguien se anime a completar su periplo italiano.

Cabe añadir que Segura era un luchador, un tipo que nunca se amilanó ante los editores, que siempre peleó por conseguir el mejor trato y por defender sus derechos como creador, en un país donde todo eso es motivo de cachondeo. El otro día escuchaba por la tele el respeto que en la actualidad se tiene por el comic. Que pregunten a los dibujantes jóvenes el precio por página que les ofrecen esos editores “tan respetuosos”. En ese terreno también fue un adelantado Segura. Yo se lo agradeceré volviendo a leer todas aquellas series suyas a las que en su momento no presté demasiada atención. Descanse en paz.
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viernes, 10 de febrero de 2012

Ultimate X. Loeb & Adams

TEXTOS DESCONECTADOS (y 2) 

Ultimate X
Jeph Loeb y Arthur Adams
Panini Comics
Barcelona, 2011. 
128 páginas, 15 euros. 

La semana pasada comentaba algunos problemas con los textos que se apreciaban en la serie American Flagg! En Ultimate X podemos observar otras facetas de la siempre compleja relación entre imágenes y textos.

En los ochenta se produjeron numerosos experimentos con el apartado “sonoro” de los comics. Chaykin compartió rotulista con Simonson y todos recordamos sus apasionantes onomatopeyas. Los textos de apoyo se emplearon en experimentos tan afortunados como el de Watchmen, con el célebre episodio del collage de voces, donde la protagonista descubre que el violador de su madre es además su padre. Moore nos lo cuenta troceando fragmentos de conversación y Gibbons lo articula con sus precisas imágenes.

Otro sonado éxito lo encontramos en Batman año I. Desde las primeras secuencias Miller y Mazzucchelli trabajan con varias voces en off que vehiculan los pensamientos de los protagonistas. De nuevo la fórmula funciona porque el lector puede identificar con facilidad quién habla en cada caso y los textos se relacionan con habilidad con la acción, con las imágenes. Con el paso de los años y el desarrollo de los medios informáticos esta interacción se ha facilitado aunque no puedo decir que se hayan multiplicado los ejemplos novedosos. La dibujante inglesa Posy Simmonds nos ofreció algunas brillantes muestras en sus obras, donde priman la multiplicidad de voces. Y poco más, digno de mención. Pero en los últimos meses me he topado con un empleo de los textos que ha llamado mi atención. Aparece por ejemplo en Ultimate X, de Loeb y Adams, pero también en la más cercana Historias del Barrio, de Seguí y Beltrán.

Los que conozcan el trabajo de Arthur Adams ya saben que tan sólo su presencia justifica la compra de este volumen. Su dibujo sigue tan dinámico y encantador como siempre y ni siquiera el cargante y abrumador color digital consigue rebajar su frescura. En cuanto al guión de Loeb mantiene su corrección habitual. No esperamos grandes novedades de sus relatos, tan sólo una clara voluntad de entretener y la garantía de una historia clásica. No suele aburrir y en ocasiones puede llegar a ser brillante.

Pero en este caso prueba algo con los textos de apoyo que creo le sale mal. Inicia todos los episodios con unas parrafadas que nos dan claves sobre lo que ha ocurrido en el pasado, mientras los bonitos dibujos de Adams nos informan del presente. Los dos planos están tan desconectados que finalmente no nos enteramos de nada. Ni de lo que leemos ni de lo que vemos, se anulan mutuamente. Lo cual no deja de ser un curioso fenómeno. No de una forma tan sistemática pero nos encontramos con un efecto parecido en algunos capítulos de Historias de barrio. Hay una acción en el presente mientras la voz en off nos ofrece datos sobre hechos del pasado o nos amplía la información sobre alguno de los protagonistas. Son estos recursos que usados con contención aportan nuevas dimensiones a las planchas. Pero cuando se confía en exceso en la atención del lector se pueden sobrepasar ciertos límites, como ocurre en los casos citados. Se desborda nuestra capacidad para asumir lo que se nos trasmite por dos vías tan diversas como la visual y la textual. ¿Resultado?: el abandono de la lectura por puro agotamiento.

Entiendo que los autores busquen constantemente ampliar los límites del medio, pero creo que se olvida que una ficción en viñetas, al contrario que en otros medios audiovisuales, no cuenta con una banda sonora. Todo, imágenes y textos, debe leerse. Eso limita las posibilidades pero supongo que brinda nuevos territorios a explorar.
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viernes, 3 de febrero de 2012

American Flagg! Chaykin

TEXTOS DESCONECTADOS (1) 


American Flagg! 
Howard Chaykin 


Norma Editorial.
Barcelona, 2011.

456 páginas, 32 euros. 

En los ochenta Chaykin era considerado como uno de los autores más innovadores y atrevidos. Aunque se publicó una buena parte de su obra, su serial American Flagg! permanecía prácticamente inédito entre nosotros. Hasta ahora.

Norma se ha decidido finalmente ha sacarlo, casi tres décadas después de su primera edición americana. Por supuesto, el esfuerzo es de agradecer. Apenas conocíamos algunos episodios sueltos de la que en su momento se nos vendió como la gran saga de Chaykin. En realidad, casi todo lo que se dijo de este autor resultaba notablemente exagerado. No niego su talento. Es un tipo simpático y sin duda brillante y nos divertimos mucho con él cuando lo tuvimos como invitado en el Salón de Gijón. Preguntado por sus constantes provocaciones, por su papel de tocapelotas oficial, su respuesta fue tan cínica como sencilla: alguien tenía que hacerlo. Y él ha desempeñado con entusiasmo ese rol. Ha escandalizado con sus mezclas de sexo y política, llevando los habituales argumentos liberales (en el sentido americano) sobre los superhéroes hasta sus últimas consecuencias. En manos de Chaykin los viejos héroes son unos pervertidos amantes del cuero y debemos siempre desconfiar de toda forma de gobierno. Sin excepción buscan jodernos la vida y saciar su sed de poder. La existencia es un juego cruel en el que todo el mundo esconde deseos insatisfechos y mentiras inconfesables. En sus mejores trabajos, como algunas de sus entregas para Batman, Chaykin consigue fascinarnos con sus paranoias y su visión negativa de la realidad. Pero en otros muchos casos tan sólo nos aburre y con American Flagg! entendemos porqué. Durante años se nos ha insistido en las bondades narrativas del autor. Yo considero que comete dos errores. Uno en el plano de los contenidos. Siempre cuenta lo mismo y todos sus personajes se parecen. No me refiero sólo a que su héroe acabe teniendo el mismo aspecto, un tebeo tras otro, que también. Es que además nos cuesta distinguir entre buenos y malos. En su insistencia en el relativismo moral Chaykin desdibuja las fronteras entre unos y otros hasta que los conflictos quedan reducidos a meras cuestiones formales.


Y dos, en el plano de la narrativa. En su momento se suponía que su puesta en escena era rompedora, llena de innovaciones. Comprobamos que no es exactamente así. Basa una buena parte de su narrativa en los diálogos, que son quienes habitualmente conducen la acción. Su dibujo es muy funcional cuando no directamente torpe. Y hace muy poco por animarlo con los muchos recursos que el medio le ofrece. El resultado son páginas y páginas llenas de diálogos supuestamente ingeniosos, capaces de agotar la paciencia del santo Job. Comparen su labor con la de su compañero de generación, Simonson, que tampoco tiene un dibujo prodigioso en un sentido tradicional. Pero Simonson sí que entendía el medio en el que trabajaba ¡y cómo! En resumen, Chaykin no sólo nos agota con una narrativa reiterativa y muy poco preocupada por lo visual. Es que además cuando intentamos seguir la historia a través de los diálogos, tampoco ahí nos topamos con grandes novedades. Tan sólo una insistencia machacona en la maldad de las corporaciones, nuestra infinita capacidad de corrupción, sazonadas con unas buenas dosis de violencia sin sentido y escenas de cama muy ochenteras. Pero a sus personajes les cuesta ser algo más que estereotipos.

La semana que viene comentaré algunas cosas más sobre las relaciones entre textos e imágenes.
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viernes, 27 de enero de 2012

¡Háblame de amor! Aline & Crumb

CUANDO DOS SON MULTITUD 

¡Háblame de amor! 
Aline y R. Crumb 
La Cúpula, 2011. 
264 páginas, 35 euros. 

Crumb continúa imparable. Por un lado se han agrupado en un bonito tomo sus portadas para discos y otros productos relacionados con la música. También se han editado sus colaboraciones con su mujer, historietas dibujadas a cuatro manos, un fenómeno único en el mundo.

Debo decir que así como me lancé con entusiasmo sobre su volumen musical me resistí a comprar ese grueso tomo con Aline Kominsky. Ya conocía algunos de esos tebeos, publicados en uno de aquellos célebres cuatro libritos de la editorial Pastanaga, concretamente en R. Crumb Head Comix. Allí salía “Aline’n’Bob go to the Whole Earth Jamboree” y lo recordaba como una broma de mal gusto. La mezcla del encantador y potente dibujo de Crumb con los garabatos de aficionada de su mujer me resultaban directamente intolerables. Así que cuando descubrí en la librería este recopilatorio mi primera reacción fue mantenerme alejado de él y reservar mi dinero para valores seguros, como el último Wormwood de Ennis, que por cierto les recomiendo.

De paso añadir que La Cúpula va camino de convertirse en una de las editoriales que más mima sus productos. Todos sus recopilatorios son pequeñas joyitas de coleccionista. A los deliciosos recopilatorios de Shelton, todos ellos recomendables, se ha sumado recientemente el integral del Peter Punk de Max, editado en las mejores condiciones posibles y con un papel envidiable. Por supuesto cuando se trata de Crumb, uno de sus autores estrella, no se descuidan. Pero no fue esa atención al detalle lo que me llevó a adquirir esta entrega del matrimonio sino una entrevista aparecida en un diario. En ella Aline declaraba con no poco cachondeo que le daba igual que los frikis se quejaran de que sólo la publicaban por ser “la mujer de” y que evitaban sus dibujos para mirar únicamente los de Crumb. Me pareció que tenía el suficiente cachondeo y la ironía necesaria como para darle otra oportunidad. Quizás su torpeza gráfica escondiese un sorprendente talento cómico.

En realidad no es así. Es cierto que ella es la principal crítica de su dibujo. No se hace ilusiones al respecto y algunos de los mejores pasajes del libro se corresponden con su lectura de cartas de aficionados quejándose. Por ejemplo: “Déjala en la cocina y dedícate a dibujar. Quizá folle muy bien, pero mantenla apartada de la puta página”. Hay que tener mucha seguridad en uno mismo para no permitir que semejantes opiniones te afecten. En el caso de la señora de Crumb esa es la sensación que tenemos al concluir la lectura. Tiene un ego enorme que se traduce en toneladas de bocadillos donde duda sobre qué traje ponerse o presume de su perfecto físico, todo bastante banal. Y no es que Crumb aborde temas más profundos, en realidad nos ha acostumbrado a seguirle a los lugares más tontos. En una historieta se dedica a contarnos una de sus mañanas, con su desayuno, sus chapuzas caseras, su visita a correos, etc. Pero él sí tiene talento. Y de alguna manera introduce ritmo, variedad e interés en la narración.

Así que el tomo oscila entre lo divertido, cada vez que Crumb gana protagonismo, y lo irritante, cuando es su mujer la que llena las páginas de cabezas parlanchinas y nos da la paliza con sus disquisiciones. No todos los frutos de esa colaboración son despreciables, por supuesto. A pesar de que no encuentro la gracia en la mezcla de estilos algunas de esas historietas conjuntas se siguen con curiosidad. Descubrimos nuevas facetas de la huída a Francia del matrimonio Crumb, de su vida allí y de lo que opinan de los franceses (y las francesas, a las que no ponen nada bien). También de cómo les afectó el documental de Zwigoff o de cómo le va a la hija de ambos, que también dibuja. Por supuesto, muchos detalles de su activa vida sexual, incluso más de los que nos gustaría conocer, como las habilidades tántricas de Aline. Sueltan opiniones y apoyan a indeseables como Michael Moore, demuestran que una pareja “abierta” puede funcionar y muchas cosas más.
No es el mejor Crumb, pero no hay Crumb malo.
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viernes, 20 de enero de 2012

Fighting American. Simon & Kirby

DOS BROMISTAS


Fighting American 
Joe Simon y Jack Kirby


Ediciones Kraken, 2011. 
206 páginas, 35 euros.

El pasado mes de diciembre morían dos grandes autores, con apenas una semana de diferencia, Jerry Robinson y Joe Simon. El primero, colaborando con Bob Kane, ayudó a consolidar el mito de Batman y el segundo creó con su compañero Jack Kirby uno de los héroes más populares: el Capitán América. 

Ambos tuvieron carreras largas y productivas. Robinson dibujó luego para los periódicos y llegó a escribir una historia de las tiras de prensa. Se discute su participación en la génesis del Joker, el archienemigo de Batman. Kane la negaba pero Robinson siempre declaró que fue él quien le aportó su característico aspecto. También se le atribuye el bautizo del compañero del hombre murciélago, a partir del clásico Robin Hood.

En cuanto a Simon, su “matrimonio” con Kirby es uno de los más afortunados de la edad dorada del comic. Se repartían las tareas de forma desordenada, dibujando uno, entintando el otro y pariendo guiones ambos. Así como Kirby es célebre por sus trifulcas con algunos editores, sobre todo con Stan Lee, nunca cuestionó la participación de Simon en los tebeos que crearon juntos. De todos ellos el más conocido es, por supuesto, el Capitán América, un héroe patriótico que se les ocurrió al inicio de la década de los cuarenta. Se habían conocido un año antes, cuando Simon trabajaba para Victor Fox, el editor con peor fama de la industria. Decidieron unir sus fuerzas pero pronto la guerra los separó. Tras licenciarse se encontraron con un mercado muy diferente, en el que los superhéroes apenas tenían cabida.

La situación cambia a partir de los cincuenta. La guerra de Corea genera una nueva oleada patriótica y los editores deciden volver a pulsar esa tecla. La Marvel resucita al Capitán America, sin consultar a sus creadores. Así que estos contestan pariendo un nuevo héroe, que consigue resistir en los quioscos unos números más que el original. En todo caso, las tendencias se modificaban con rapidez y los supertipos no volverían a ponerse de moda hasta inicios de los sesenta y para entonces el equipo Kirby-Simon ya se había disuelto.

Para repasar esa relación creativa entre estos dos gigantes yo les aconsejo que le echen un vistazo al espléndido libro de Evanier sobre Kirby, publicado aquí por Rossell. Más recientemente se recuperaba Fighting America, la serie con la que Kirby y Simon replicaron a la resurrección del Capi. La calidad de la restauración es discutible, no tanto por el color, que siendo digital al menos se aproxima a los tonos planos originales. Lo peor es el tratamiento de la línea negra, en general empastada y pasada de densidad, lo que ensucia mucho la sensación general. Aparte de esto, el planteamiento no es precisamente original. Se nos presenta a un héroe con un origen similar al del Capitán América, un alfeñique con muchas ganas de servir a su país. En su misión es ayudado por el típico adolescente atolondrado.

Más allá de ese esquema tan repetido, la serie presenta ciertas sorpresas. Por un lado nos permite disfrutar de un Kirby no del todo formado, que nos maravilla con ciertas escenografías de lucha y con personajes realmente fabulosos por su variedad y por su aspecto bizarro. Además, llama la atención la lucha de los protagonistas contra los “rojos”, innumerables enemigos comunistas que intentan acabar con la democracia. Unido a esto la que considero principal aportación de este recopilatorio: su humor. Todo tiene un tono de cachondeo irreprimible. Simon y Kirby se lo pasan bien y transmiten esa sensación al lector, alcanzando cotas realmente delirantes. Para no olvidar la carta que un joven campesino soviético escribe a los degenerados capitalistas, enfrentando los perritos calientes, las tartas y los filetes a… la sopa de remolacha. Seguida por supuesto de un gran postre: macedonia de remolacha.
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viernes, 13 de enero de 2012

Príncipe Valiente. H. Foster.

EN LOS TIEMPOS DEL REY ARTURO

Príncipe Valiente. 
Hal Foster.
Planeta DeAgostini. 

No han abundado las historietas medievales, sin embargo las pocas que se han dibujado se cuentan entre lo mejor del medio. Ahora mismo asistimos a la enésima reedición de El Príncipe Valiente, la obra maestra de Foster.

Cuando alguien decide dedicar sus esfuerzos a la Edad Media el resultado suele ser abrumador, enormes sagas que sorprenden por su volumen y ambición. Es el caso de Las torres de Bois Maury, el monumental trabajo de Hermann. O La crónica de Leodegundo, obra maldita del cómic español, una historia que cuenta ya con docenas de álbumes a sus espaldas y que no ha conseguido salir del estrecho ámbito en que ha sido publicada. Con una reducida tirada en bable, Gaspar Meana no ha encontrado un editor que se anime a editar sus historietas en un idioma que le permita alcanzar públicos más amplios. Así que permanece enterrado en encargos que apenas le permiten sobrevivir mientras que una de las colecciones más interesantes que se han creado en España es ignorada por la mayoría. Una muestra más de la cortedad de nuestros editores que marginan un trabajo muy bien documentado y convincente en el plano dramático, una saga que se inicia con la entrada del Islam en España y que viaja desde Asturias hasta los confines más lejanos del imperio árabe, ofreciéndonos una visión completa y compleja de un apasionante momento histórico.

Foster compartía el amor por el detalle de los autores citados pero sus fuentes no eran tan fiables como las actuales y sus licencias, por tanto, mayores. En todo caso eso preocupa bien poco a sus lectores, que enseguida se dejan llevar por el brío de sus historias y la vitalidad de sus personajes. El creador de El Príncipe Valiente participaba de una tradición fascinada por los mundos del medievo, que se remonta al siglo XIX. De Morris a Viollet le Duc la mitificación de una época más bien desconocida servía a un diverso y paradójico conjunto de intenciones. Su idealización nos brindaba un paraíso en el que todo era realizado con cuidado y mimo y las relaciones entre clases eran más justas y humanas, una sociedad jerarquizaba en la que los dirigentes servían de espejo a imitar para los más desfavorecidos.

Esa fábula pasó de forma natural al mundo de la pintura. Howard Pyle, uno de los padres de la moderna ilustración, dio vida a las aventuras del rey Arturo y sus mariachis en un espléndido conjunto de láminas con elaborados tramados en B/N. Su alumno predilecto, N. C. Wyeth, ilustró las andanzas del sonriente bribón que robaba a los ricos para ayudar a los pobres, a todo color y con una saturación que anticipaba las locuras cromáticas del Robin Hood de Curtiz y Flynn. Película que presidía el conjunto de espléndidas cintas que Hollywood dedicó al tema y la época. Un año antes de su estreno, en 1937, Foster había abandonado Tarzán para hacerse cargo de sus propias historias en El Príncipe Valiente, ofreciendo unos contenidos que resultaban muy familiares a los lectores.

La ambientación histórica es poco más que una excusa para el autor. Desde ella nos muestra su visión del mundo. Un mundo en el que los más justos gobiernan y en el que, sin importar el origen o la condición, lo que cuenta es el valor, la inteligencia y un conjunto de valores que caracterizan a la civilización frente a la barbarie. Como señala Faustino Rodríguez Arbesú ese carácter metáfórico del relato se hace evidente en pasajes como el de la lucha contra los hunos. Dibujado durante la IIGM, expresa con claridad la posición del creador: cuando los bárbaros, un reflejo de los nazis, han sido vencidos el héroe se niega a participar en nuevas guerras de conquista. Su deseo, como el de tantos americanos, era evitar el conflicto. Intervenir cuando no queda otro remedio y retirarse con la llegada de la paz.

Más allá de esas metáforas sociales y políticas, lo que engancha de esta serie son dos aspectos, uno evidente, quizás el otro no tanto. El primero es por supuesto, el dibujo. Foster sobrevive a cualquier edición. He leído la versión remontada en B/N de Dólar, la recoloreada de Buru-Lan, la pastosa de Ediciones B y algunas otras también en B/N, pero supuestamente más respetuosas. Planeta, después de un primer intento fallido nos brinda ahora una edición bastante decente y ajustada de precio. Sí, lo que están sacando los americanos es algo más grande, pero no seré yo el que se queje. En cualquier formato Foster se muestra como lo que es: un dibujante formidable, un maestro de maestros. Sus mujeres son maravillosas, sus figuras tienen movimiento, domina el claroscuro y sus sombras son elegantemente limpias, su entintado y sus tramas son muy modernos, sus telas y plegados excelentes, su ambientación perfecta, etc. Todo lo hace bien, todo parece real y hermoso en sus manos. Pero es que a ese fenomenal talento gráfico debemos sumar unos guiones impecables. La apariencia anticuada de sus planchas, la ausencia de bocadillos que son sustituidos por textos a los pies de las viñetas, no deben engañarnos. Su narración es trepidante y enérgica, sus personajes dignos de aparecer en cualquier drama clásico. Combina a la perfección el humor y la aventura, la descripción psicológica y el apunte social, es un feminista avant la lettre y nos cuenta una historia familiar, con niños que van creciendo ante nuestros ojos, como no volverá a verse en un cómic.
Es uno de los grandes y para mi será siempre el mejor. Leer más...

viernes, 6 de enero de 2012

EL BOSQUE DE LOS SUICIDAS de EL TORRES y G. HERNÁNDEZ

El bosque de los suicidas de El Torres y Gabriel Hernández, edita Dibbkus desde el blog TBEO Y NO LO CREO
Dib•Buks. 
104 páginas, 16 euros.

ESPERANZA Y MIEDO


Empieza a resultar habitual que dibujantes españoles trabajen para el mercado americano. Mucho más extraño es que un guionista lo consiga. Es el caso de Juan Antonio Torres, que firma como El Torres. 


 Tras unos esforzados comienzos en el campo de los comics de bárbaros, hacía tiempo que le había perdido la pista a este personaje realmente curioso en el mundo de la historieta española. Desde el principio queda clara su voluntad de transitar los géneros más populares, de la fantasía heroica a, en la actualidad, el terror. Ha tenido la suerte y el talento de entrar en la industria americana, para la que ha escrito, entre otros encargos, dos obras en colaboración con el también español Gabriel Hernández. Ahora Dib•Buks las ha traducido y constituyen una muy agradable sorpresa.

Primero fue El velo y ahora El bosque de los suicidas, dos historias llenas de atmósferas lúgubres y sugerencias cromáticas. Comenzando por el dibujo, es adecuado a lo que se nos cuenta. Recuerda al Vince Locke de Una historia de violencia, con las texturas y el tratamiento digital necesarios para ensuciar el ambiente enfermizo que retratan los relatos de El Torres. En ocasiones sus deudas con Egon Schiele nos remiten a otro deudor del pintor expresionista, Ashley Wood, que por cierto firma las portadas. En general Hernández es un narrador correcto y aporta el tono siniestro que estos tebeos precisan.

Viñeta de "El bosque de los suicidas" de El Torres y Gabriel Hernández, edita Dibbkus desde el blog TBEO Y NO LO CREOSi el trabajo del dibujante es interesante, el guionista consigue ir algo más allá. Parte aparentemente de algunos lugares comunes. En El Velo reconocemos enseguida ciertos pasajes de El sexto sentido o de Entre fantasmas, que además se citan con evidente ironía. En El bosque de los suicidas se recorren sin pudor escenarios propios de modernos terrores japoneses como The ring y compañía. Más las inevitables citas a King, el moderno emperador del horror. Pero pronto El Torres demuestra su dominio del medio desembarazándose de esas deudas y transitando territorios realmente originales, apropiándose con autoridad de esos contextos terroríficos para descubrirnos nuevos miedos y asegurarnos diferentes escalofríos.

Estas dos novelas gráficas cumplen con las expectativas de todo amante del género. No sólo contamos con protagonistas que cargan con pasados conflictivos y cuya salud mental siempre está a un paso del desmoronamiento definitivo, además no se ahorran los necesarios clímax de sangre y destrucción que todo tebeo de poseídos, fantasmas y hombres-babosa requiere. Pero además El Torres se atreve con algo que comienza a ser casi inaudito, como es culminar estos relatos con algo parecido a un final feliz. Explora los archipiélagos de la culpa, sí, pero también los océanos de la expiación. Hay redención para los justos y para los que, más allá de toda esperanza, se mantienen firmes frente a la corrupción o se compadecen de quienes sufren. En ese sentido el discurso del guionista es tan sorprendente como bienvenido. El héroe duda y padece pero finalmente consigue cerrar las compuertas que permitían la extensión del mal.

Un gran trabajo que nos obliga a revisar anteriores obras de este autor.
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