viernes, 3 de febrero de 2012

American Flagg! Chaykin

TEXTOS DESCONECTADOS (1) 


American Flagg! 
Howard Chaykin 


Norma Editorial.
Barcelona, 2011.

456 páginas, 32 euros. 

En los ochenta Chaykin era considerado como uno de los autores más innovadores y atrevidos. Aunque se publicó una buena parte de su obra, su serial American Flagg! permanecía prácticamente inédito entre nosotros. Hasta ahora.

Norma se ha decidido finalmente ha sacarlo, casi tres décadas después de su primera edición americana. Por supuesto, el esfuerzo es de agradecer. Apenas conocíamos algunos episodios sueltos de la que en su momento se nos vendió como la gran saga de Chaykin. En realidad, casi todo lo que se dijo de este autor resultaba notablemente exagerado. No niego su talento. Es un tipo simpático y sin duda brillante y nos divertimos mucho con él cuando lo tuvimos como invitado en el Salón de Gijón. Preguntado por sus constantes provocaciones, por su papel de tocapelotas oficial, su respuesta fue tan cínica como sencilla: alguien tenía que hacerlo. Y él ha desempeñado con entusiasmo ese rol. Ha escandalizado con sus mezclas de sexo y política, llevando los habituales argumentos liberales (en el sentido americano) sobre los superhéroes hasta sus últimas consecuencias. En manos de Chaykin los viejos héroes son unos pervertidos amantes del cuero y debemos siempre desconfiar de toda forma de gobierno. Sin excepción buscan jodernos la vida y saciar su sed de poder. La existencia es un juego cruel en el que todo el mundo esconde deseos insatisfechos y mentiras inconfesables. En sus mejores trabajos, como algunas de sus entregas para Batman, Chaykin consigue fascinarnos con sus paranoias y su visión negativa de la realidad. Pero en otros muchos casos tan sólo nos aburre y con American Flagg! entendemos porqué. Durante años se nos ha insistido en las bondades narrativas del autor. Yo considero que comete dos errores. Uno en el plano de los contenidos. Siempre cuenta lo mismo y todos sus personajes se parecen. No me refiero sólo a que su héroe acabe teniendo el mismo aspecto, un tebeo tras otro, que también. Es que además nos cuesta distinguir entre buenos y malos. En su insistencia en el relativismo moral Chaykin desdibuja las fronteras entre unos y otros hasta que los conflictos quedan reducidos a meras cuestiones formales.


Y dos, en el plano de la narrativa. En su momento se suponía que su puesta en escena era rompedora, llena de innovaciones. Comprobamos que no es exactamente así. Basa una buena parte de su narrativa en los diálogos, que son quienes habitualmente conducen la acción. Su dibujo es muy funcional cuando no directamente torpe. Y hace muy poco por animarlo con los muchos recursos que el medio le ofrece. El resultado son páginas y páginas llenas de diálogos supuestamente ingeniosos, capaces de agotar la paciencia del santo Job. Comparen su labor con la de su compañero de generación, Simonson, que tampoco tiene un dibujo prodigioso en un sentido tradicional. Pero Simonson sí que entendía el medio en el que trabajaba ¡y cómo! En resumen, Chaykin no sólo nos agota con una narrativa reiterativa y muy poco preocupada por lo visual. Es que además cuando intentamos seguir la historia a través de los diálogos, tampoco ahí nos topamos con grandes novedades. Tan sólo una insistencia machacona en la maldad de las corporaciones, nuestra infinita capacidad de corrupción, sazonadas con unas buenas dosis de violencia sin sentido y escenas de cama muy ochenteras. Pero a sus personajes les cuesta ser algo más que estereotipos.

La semana que viene comentaré algunas cosas más sobre las relaciones entre textos e imágenes.

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