SENSUALIDAD
Amistad estrecha. Bastien Vivès
Diábolo Ediciones. Madrid, 2010.
132 páginas, 17,95 euros
El gusto del cloro contaba la historia de un personaje que se enamoraba de una chica con la que coincidía nadando en una piscina pública. O algo así. En realidad, a su autor no le interesaba tanto la solidez del relato como las sensaciones que podía transmitir con su dibujo y sobre todo con el color. Cualquiera que como en mi caso se haya pasado algunos años nadando en piscinas, reconocerá inmediatamente la paleta de tonos azulados y verdosos empleada por el dibujante. Y eso era exactamente lo que se fijaba en la memoria. Casi se podía sentir ese gusto del cloro en una obra que suponía una auténtica inmersión en el universo piscinero, una realidad que bordea en ocasiones el territorio de los sueños.
Con todo, me pareció un divertimento, un trabajo bonito pero menor, así que dejé escapar los siguientes productos de Vivès, En mis ojos y Por el Imperio, de la que ya se han publicado dos tomos. Ahora nos llega una nueva entrega del dibujante, que insiste en sus especiales colores, su tono lánguido y sus temas de difícil clasificación. Aquí cuenta con la inestimable ayuda al color de Romain Trystram. Considero que este trabajo es un buen síntoma de lo que nos espera, obras en las que los soportes digitales favorecen la aparición de efectos nuevos y sorprendentes. Amistad estrecha se estructura alrededor de dos tipos muy diferentes de secuencias. Por un lado hay un relato secuencial, actual, que se cuenta con un dibujo esquemático, de línea básica, como de rotulador, y un color con una gama muy definida y que puede recordarnos a la del Gusto del cloro. Priman los violetas, rosados, verdes y azules pastel en una combinación tan sencilla como eficaz. En la secuencia de la discoteca la gama se satura con el empleo de tonos más ácidos, pero igualmente armónicos. Por otro lado se emplea un recurso de Photoshop, como es el desenfoque de los objetos. Este efecto consigue que los pasajes en que se aplica el acabado redondeado de las figuras recuerde a Matotti, que alcanza parecidos resultados con sus lápices. En todo caso el procedimiento es tan agradable como confuso. De nuevo la gama de color es atractiva, más cálida que en el resto del volumen, pero eso no nos ayuda a situarnos. La verdad es que cuesta identificar a los protagonistas de esas zonas desenfocadas.
El resultado es un álbum que se entiende a medias. La parte que se sigue con cierta facilidad supone un quiero y no puedo. El autor nos cuenta en un tono muy solemne la vieja historia de la pareja de amigos que se enamoran casi sin darse cuenta. Eso sí, de la forma más rebuscada y cool posible. Si argumentalmente este es un trabajo hinchado y poco convincente, Vivès vuelve a acertar en el terreno de las sensaciones. Aquí abundan los diálogos y las secuencias eróticas y realmente son el dibujo y el color quienes consiguen que nos interesemos por esos personajes cuyas palabras apenas nos conmueven. Pero sí su aspecto y la forma en que han sido trasladados al papel.
Así que el dibujante se mantiene como un creador tan irregular como sugerente. Creo que probaré suerte con alguno de sus otros trabajos y ya les contaré.
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viernes, 26 de noviembre de 2010
viernes, 19 de noviembre de 2010
ASTERIOS POLYP de DAVID MAZZUCCHELLI
Sins entido. Madrid, 2010.
344 páginas, 30 euros
Leímos su historieta japonesa en Nosotros somos los muertos y su adaptación de un cuento en el volumen editado por Spiegelman. Pero, sobre todo, esperábamos. Era un secreto a voces que David preparaba una novela gráfica, el trabajo definitivo de quien ya había demostrado que su talento como dibujante no tenía límites. Tampoco era mal escritor, en todos sus comics latía una preocupación existencial que los teñía de cierta melancolía y un sentimiento religioso poco habitual en sus contemporáneos.
Por fin nos llega su Asterios. Es un libro mimado en todos sus detalles, aunque no entiendo la tontería de la camisa corta en la cubierta ¿Es para que se estropeen los bordes? El color se soluciona alternando dos tipos de bitonos, de cálidos y fríos, respectivamente. Y su dibujo tiene la calidad de siempre. Utiliza una estructura de página dinámica, con muchos blancos y variedad de tamaños en las viñetas. El problema, como ya habrán supuesto, está en la historia. O mejor, las historias.
Hay una parte en la obra más agradable, como es la relación entre Asterios, el “héroe” de la novela, y Hana, la escultora japonesa. Tiene momentos muy verdaderos, especialmente la deliciosa secuencia muda en que acumula un montón de instantes cotidianos con gran efectividad. También convencen algunos de sus diálogos, en los que Asterios acaba siempre haciendo callar a su compañera. El arquitecto protagoniza otras partes creíbles, como la de la construcción de la cabaña, una celebración del esfuerzo y el trabajo bien hecho. O la visita al cráter, en la que el talento de Mazzucchelli para el dibujo realmente nos transmite la sensación de grandiosidad necesaria.
Pero son momentos aislados en el conjunto de una obra hinchada, presuntuosa e innecesaria. El autor parece contagiarse de la personalidad de su personaje, ese pedante insufrible que filosofa sobre la percepción de la realidad, la dualidad y otros asuntos igualmente graves y trascendentes. David despliega su bolsa de trucos y lo vemos esforzándose por resultar moderno, cambiando de estilo a voluntad, saltando de un manierismo al siguiente, repitiendo encuadres y jugando con los colores para contarnos ¿qué? Muy poco, la verdad.
Acumula retazos de historias pero falla a la hora de encadenar las secuencias, o quizás es que está por encima de esas menudencias. Así que nos quedamos sin saber en qué consistió la relación entre Hana y el insoportable Willy o porqué se separó de Asterios. Y, si me apuran, tampoco sabemos porqué se unen cuando él parece tan feliz tirándose a todas sus alumnas. Si los apartados filosóficos interrumpen el fluir de los hechos, lo mismo podría decirse de la estancia de Polyp en la casa del mecánico. Parece una excusa para aportar un tono “indie” a la narración y presentar unos cuantos personajes estrambóticos y pintorescos, entre los que destaca, por supuesto, Úrsula Major.
Lo peor no es que la novela resulte pretenciosa y grandilocuente, es que además es aburrida. Artificiosa y falsamente trascendente, como el capítulo dedicado al padre enfermo demuestra. No conseguimos entrar en lo que se nos cuenta, falta verdad, autenticidad. Sin duda Mazzucchelli se ha pensado mucho este trabajo, pero apenas consigue emocionarnos. Apreciamos su destreza, pero nos distanciamos de su helado interior. Leer más...
344 páginas, 30 euros
CUANDO LO NUEVO PARECE VIEJO
La biografía de Mazzucchelli es tan breve como extraña. En los ochenta dibuja superhéroes firmando, con Frank Miller al guión, dos álbumes antológicos: Daredevil born again y Batman año I. Luego publica su propia revista a principios de los noventa, Rubber Blanket, donde incluye una serie de experimentos de difícil clasificación, en general de pequeño formato. Con dos excepciones: la peculiar Discovering America y la extraordinaria Big Man, ambas publicadas en español por mis compañeros de El Wendigo. En 1994 dibuja una adaptación de la novela de Paul Auster, City of Glass. Y luego, un conjunto de noticias sueltas. Una beca para estudiar en Japón, portadas para el New Yorker, clases en la School of Visual Arts…
Leímos su historieta japonesa en Nosotros somos los muertos y su adaptación de un cuento en el volumen editado por Spiegelman. Pero, sobre todo, esperábamos. Era un secreto a voces que David preparaba una novela gráfica, el trabajo definitivo de quien ya había demostrado que su talento como dibujante no tenía límites. Tampoco era mal escritor, en todos sus comics latía una preocupación existencial que los teñía de cierta melancolía y un sentimiento religioso poco habitual en sus contemporáneos.
Por fin nos llega su Asterios. Es un libro mimado en todos sus detalles, aunque no entiendo la tontería de la camisa corta en la cubierta ¿Es para que se estropeen los bordes? El color se soluciona alternando dos tipos de bitonos, de cálidos y fríos, respectivamente. Y su dibujo tiene la calidad de siempre. Utiliza una estructura de página dinámica, con muchos blancos y variedad de tamaños en las viñetas. El problema, como ya habrán supuesto, está en la historia. O mejor, las historias.
Hay una parte en la obra más agradable, como es la relación entre Asterios, el “héroe” de la novela, y Hana, la escultora japonesa. Tiene momentos muy verdaderos, especialmente la deliciosa secuencia muda en que acumula un montón de instantes cotidianos con gran efectividad. También convencen algunos de sus diálogos, en los que Asterios acaba siempre haciendo callar a su compañera. El arquitecto protagoniza otras partes creíbles, como la de la construcción de la cabaña, una celebración del esfuerzo y el trabajo bien hecho. O la visita al cráter, en la que el talento de Mazzucchelli para el dibujo realmente nos transmite la sensación de grandiosidad necesaria.
Pero son momentos aislados en el conjunto de una obra hinchada, presuntuosa e innecesaria. El autor parece contagiarse de la personalidad de su personaje, ese pedante insufrible que filosofa sobre la percepción de la realidad, la dualidad y otros asuntos igualmente graves y trascendentes. David despliega su bolsa de trucos y lo vemos esforzándose por resultar moderno, cambiando de estilo a voluntad, saltando de un manierismo al siguiente, repitiendo encuadres y jugando con los colores para contarnos ¿qué? Muy poco, la verdad.
Acumula retazos de historias pero falla a la hora de encadenar las secuencias, o quizás es que está por encima de esas menudencias. Así que nos quedamos sin saber en qué consistió la relación entre Hana y el insoportable Willy o porqué se separó de Asterios. Y, si me apuran, tampoco sabemos porqué se unen cuando él parece tan feliz tirándose a todas sus alumnas. Si los apartados filosóficos interrumpen el fluir de los hechos, lo mismo podría decirse de la estancia de Polyp en la casa del mecánico. Parece una excusa para aportar un tono “indie” a la narración y presentar unos cuantos personajes estrambóticos y pintorescos, entre los que destaca, por supuesto, Úrsula Major.
Lo peor no es que la novela resulte pretenciosa y grandilocuente, es que además es aburrida. Artificiosa y falsamente trascendente, como el capítulo dedicado al padre enfermo demuestra. No conseguimos entrar en lo que se nos cuenta, falta verdad, autenticidad. Sin duda Mazzucchelli se ha pensado mucho este trabajo, pero apenas consigue emocionarnos. Apreciamos su destreza, pero nos distanciamos de su helado interior. Leer más...
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viernes, 12 de noviembre de 2010
Milan K. Sam Timel y Corentin
¡QUE VIENEN LOS RUSOS!El Patito Editorial.
Santiago De Compostela, 2010.
64 páginas, 15 euros.
Hace ya tiempo que el mercado europeo intenta renovar viejas fórmulas, incorporando giros narrativos tomados del manga o de la industria americana. Mantengo un ojo puesto en los nuevos autores aunque debo reconocer que después del empacho provocado por los Sfar, Blain y compañía, cada día me siento menos tentado a darles una oportunidad. Con todo siempre hay excepciones, como algunos brillantes trabajos nos han demostrado recientemente. Pienso en el ciclo de Aldebarán, en el terreno de la ciencia-ficción, o en el del Gavilán, en el campo de la historieta histórica más clásica, pero debidamente actualizada. Siempre nos quedan Senté y Bravo para consolarnos. Y la esperanza de que algún día alguien ose traducir al gran Berardi que, desde Italia, continúa escribiendo cientos de páginas de su Julia, ¡cada mes!
Ahora nos llega esta aventura con ambientes que nos recuerdan a otro de los grandes, Van Hamme. En concreto a su serie Largo Winch. Si allí el protagonista era un joven rebelde que heredaba la fortuna de su padre adoptivo pasando a dirigir una multinacional, un conglomerado de empresas de compleja articulación, aquí se parte de una situación similar. Pero algo más complicada. En este guión escrito por Timal todo recuerda sucesos reales. Tenemos a un empresario ruso que se enfrenta a su gobierno, dirigido por un trasunto de Putin, en feo. La situación llega a un extremo tal que el hijo del millonario debe abandonar su refugio suizo y escapar a los USA bajo una identidad falsa, acompañado de su fiel guardaespaldas.
Allí intenta pasar desapercibido y adaptarse a una situación desesperada. Toda su familia ha sido asesinada y él es perseguido por su propio gobierno, que desea arrebatarle los bienes que pertenecían a su padre. Por el camino vemos cómo el protagonista va madurando. Primero es un niño, luego un adolescente y finalmente casi un hombrecito que aprende a base de experiencias muy duras. Aunque el guión está cargado de lugares comunes, como la relación que se establece entre el joven y su guardián, con fases quizás predecibles, la historia en general se sigue con interés. Las secuencias de acción están bien planteadas y se alternan con habilidad en una trama donde priman los diálogos y las conspiraciones al más alto nivel. Destaca esa larga escena final en que se enfrentan a tiros a sus perseguidores por los suburbios de Los Ángeles.
Este no es un tebeo de Van Hamme, no alcanza las honduras que le caracterizan. Pero se mantiene en un nivel digno, es un entretenimiento de calidad que no decepciona las expectativas que genera en el lector. Ello se debe en gran medida al excelente trabajo de Corentin, un dibujante clásico y sólido, que no se anda por las ramas y nos convence con su narración pura y directa. Quizás alguna expresión es mejorable, pero su entintado es fresco y claro y sus escenarios más que apropiados.
No es el mejor tebeo del año, pero si le gustan los thrillers de ambiente político este tebeo le complacerá. Es un trabajo más que correcto, contado con ganas y que sin duda mejorará en próximas entregas. Leer más...
viernes, 5 de noviembre de 2010
USAGI YOJIMBO: la madre de las montañas de S. SAKAI
Planeta DeAgostini.
Barcelona, 2010.
180 páginas, 12,95 euros.
Tiene historias que contar y un dibujo sencillo y una narrativa eficaz para hacerlo. Volvemos en esta ocasión a ese Japón feudal que ha distorsionado para situar a su héroe, un conejo samurai que ya es como de la familia. Cada episodio de Usagi es una celebración de un conjunto de valores que definen al héroe: fidelidad, honestidad, lealtad, valor, integridad… La lista completa. Su firmeza en la defensa de estos principios coloca a Usagi en no pocas situaciones comprometidas, empezando por sus relaciones con la madre de un hijo que no puede reconocer.
Y es que, a pesar de su aspecto de fantasía para niños, de su dibujo casi infantil, Usagi Yojimbo aborda temas universales y que pueden interesar a cualquier lector.
Sakai sólo se limita en cuanto a que procura que sus historias puedan ser leídas por todos, evitando escenas muy desagradables. Pero cualquiera que le eche un vistazo a esta su última entrega comprobará que describe cómo torturan al héroe y que su villana protagonista no se ahorra actos de maldad y depravación sin límites. Actos que apenas son contenidos por el estilizado dibujo del autor.
Se nos cuenta la relación entre dos primas, Tomoe, una vieja conocida de la serie, y Noriko, una espléndida mala y algo más, como descubriremos con asombro a medida que avanza la historia. También cómo el hallazgo de una mina de oro puede alterar la vida de toda una región, excitando la codicia de sus ambiciosos vecinos. Como siempre Sakai va dejándonos pistas que nos llevan de una secuencia a otra, con su fluidez habitual. Por el camino engarza otras pequeñas historias entre las que sobresale la del paje Motokazu. La desarrolla con naturalidad y la cierra en un final perfecto. Por cierto, no sé si a ustedes les pasará, pero tiene momentos en que me recuerda el relato de Arf en el Príncipe Valiente, en los episodios en que aún no ha perdido la pierna y es un adolescente que se esfuerza por llamar la atención de Aleta.
Los temas que aborda la historia son dos tan universales como la codicia, ya mencionada, y sobre todo la envidia. Esa y no otra es la pasión que mueve a la malvada Noriko, una fuerza antigua como la humanidad y que explica no pocas de nuestras debilidades y pecados.
Sakai la maneja con su habilidad característica y nos deslumbra con una aventura trepidante y más áspera de lo normal en él. Sorprenden la crudeza de la secuencia de tortura y las reacciones de furia homicida del héroe, justificadas por su preocupación por Tomoe, la mujer a la que ama calladamente.
Por el camino, todo es bueno. Las secuencias de acción, los secundarios, la construcción del argumento, las motivaciones de los personajes, los giros inesperados, las intrigas palaciegas… Sabemos ya que Sakai se toma su tiempo para presentar a sus protagonistas y explicar sus intereses y sentimientos. Pero esa planificación a largo plazo, que tan gratificante es para el lector, no le impide construir un gran entretenimiento en cada uno de sus relatos.
Es un maestro y aquí ha vuelto a demostrarlo. Leer más...
Barcelona, 2010.
180 páginas, 12,95 euros.
ENVIDIA Y CODICIA
Cada volumen de Usagi Yojimbo es una alegría. Su creador, el gran Stan Sakai, podrá estar más o menos inspirado pero hace ya tiempo que nos ha demostrado que su calidad está muy por encima de la media.
Tiene historias que contar y un dibujo sencillo y una narrativa eficaz para hacerlo. Volvemos en esta ocasión a ese Japón feudal que ha distorsionado para situar a su héroe, un conejo samurai que ya es como de la familia. Cada episodio de Usagi es una celebración de un conjunto de valores que definen al héroe: fidelidad, honestidad, lealtad, valor, integridad… La lista completa. Su firmeza en la defensa de estos principios coloca a Usagi en no pocas situaciones comprometidas, empezando por sus relaciones con la madre de un hijo que no puede reconocer.
Y es que, a pesar de su aspecto de fantasía para niños, de su dibujo casi infantil, Usagi Yojimbo aborda temas universales y que pueden interesar a cualquier lector.
Sakai sólo se limita en cuanto a que procura que sus historias puedan ser leídas por todos, evitando escenas muy desagradables. Pero cualquiera que le eche un vistazo a esta su última entrega comprobará que describe cómo torturan al héroe y que su villana protagonista no se ahorra actos de maldad y depravación sin límites. Actos que apenas son contenidos por el estilizado dibujo del autor.
Se nos cuenta la relación entre dos primas, Tomoe, una vieja conocida de la serie, y Noriko, una espléndida mala y algo más, como descubriremos con asombro a medida que avanza la historia. También cómo el hallazgo de una mina de oro puede alterar la vida de toda una región, excitando la codicia de sus ambiciosos vecinos. Como siempre Sakai va dejándonos pistas que nos llevan de una secuencia a otra, con su fluidez habitual. Por el camino engarza otras pequeñas historias entre las que sobresale la del paje Motokazu. La desarrolla con naturalidad y la cierra en un final perfecto. Por cierto, no sé si a ustedes les pasará, pero tiene momentos en que me recuerda el relato de Arf en el Príncipe Valiente, en los episodios en que aún no ha perdido la pierna y es un adolescente que se esfuerza por llamar la atención de Aleta.
Los temas que aborda la historia son dos tan universales como la codicia, ya mencionada, y sobre todo la envidia. Esa y no otra es la pasión que mueve a la malvada Noriko, una fuerza antigua como la humanidad y que explica no pocas de nuestras debilidades y pecados.
Sakai la maneja con su habilidad característica y nos deslumbra con una aventura trepidante y más áspera de lo normal en él. Sorprenden la crudeza de la secuencia de tortura y las reacciones de furia homicida del héroe, justificadas por su preocupación por Tomoe, la mujer a la que ama calladamente.
Por el camino, todo es bueno. Las secuencias de acción, los secundarios, la construcción del argumento, las motivaciones de los personajes, los giros inesperados, las intrigas palaciegas… Sabemos ya que Sakai se toma su tiempo para presentar a sus protagonistas y explicar sus intereses y sentimientos. Pero esa planificación a largo plazo, que tan gratificante es para el lector, no le impide construir un gran entretenimiento en cada uno de sus relatos.
Es un maestro y aquí ha vuelto a demostrarlo. Leer más...
sábado, 30 de octubre de 2010
PREMIOS HAXTUR 2010
Ya se puede consultar los ganadores de los premios HAXTUR 2010 en elwendigo.net. Los premios se han ido entregando desde 1984, paralelamente al Salón Internacional del cómic del Princincipado de Asturias, e intentan reconocer las mejores obras publicadas en España cada año y en diferentes apartados:
- Mejor Historia Larga
- Mejor Historia Corta
- Mejor Guión
- Mejor Dibujo
- Mejor Portada
viernes, 29 de octubre de 2010
Jonah Hex. Lansadle, Truman y Glanzman
EL OESTE MÁS SUCIO
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2010.
232 páginas, 22 euros.
Tras publicar diversos recopilatorios más o menos prescindibles de Jonah Hex, finalmente se han animado a traducir los episodios dibujados por Truman en los noventa. Nunca es tarde si la dicha es buena. Ya saben que cuento a este autor entre mis favoritos, a pesar de que generalmente se le considera un artesano, una figura menor frente a astros más rutilantes.
Lo cierto es que todo lo que hace está bien y, en muchos casos, muy bien. Este exalumno de Kubert, cuya influencia se aprecia con facilidad en su fluida narrativa, nos sorprendió con una serie tosca y mal dibujada, un western postapocalíptico llamado Scout, que nadie se ha atrevido a reeditar, mientras nos castigan, por ejemplo, con nuevos tomos de Nexus, Bone y hasta ¡horror! de Cerebus. Sobre la marcha, aprovecho para confesarles que tras haberme comprado el primer volumen de la obra magna de Sim, traducido por ver primera al español, aún no he sido capaz de completar su lectura. Así que admitamos lo evidente y enviemos las aventuras del cerdo hormiguero más citado y menos leído de la historia del comic al baúl de los tebeos para vender. Seguro que alguien pica. Respecto a Nexus y Bone, qué les voy a contar que no sepan. Van en la misma saca que los comics de Chris Ware y algunos más. Se puede dibujar muy bien y ser un pésimo dibujante de tebeos. Lo primero es tener algo que contar.
Y Truman lo tiene, como demostró en Grimjack o con su obra maestra Hawkworld que, esta sí, ha sido recientemente reeditada. Échenle un vistazo. O a su entrega sobre Conan, personaje para cuya serie regular está ahora escribiendo unos espléndidos guiones. En Conan y las canciones de los muertos el argumento corría a cargo de Lansdale, que es el mismo que le acompaña en sus episodios para Jonah Hex. Allí probaron que hacían buena pareja y que el guionista se ajustaba con perfección a los mundos y la filosofía vital de Truman.
En el fondo, sus historias se parecen mucho a sus dibujos. Su aspecto es más bien tosco y hasta desagradable, de tebeo barato y si me apuran hasta vulgar. Pero pronto su habilidad narrativa consigue que nos olvidemos de su torpe carcasa y nos concentremos en la historia. Sus relatos están llenos de tipos duros y al tiempo nobles, sazonado siempre con grandes dosis de humor muy grueso y acción trepidante. El resultado es arrollador.
Es casi imposible resumir las andanzas en que mete al vaquero medio muerto de la DC, con zombies, imitadores de Buffalo Bill, niños con cabeza de oso, espectáculos de fenómenos y otros tantos disparates que caben en las historias de Lansdale, dibujadas con entusiasmo por Truman. Pero les brindo un fragmento de diálogo, para que aprecien el tono. Jonah se encuentra con un viejo amigo indio. “¡Huevos moteados!”. “Aquí me conocen como mano moteada”. “Pero tú no tienes motas en las manos”. Interviene entonces un vaquero enano: “¿Y tú cómo sabes que tiene motas en otro lado?”. “¡Mira este! Yo no le puse el nombre”. Y siguen así durante un buen rato.
No se lo pierdan ni dejen que su aspecto de obra menor les engañe. Leer más...
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2010.
232 páginas, 22 euros.
Tras publicar diversos recopilatorios más o menos prescindibles de Jonah Hex, finalmente se han animado a traducir los episodios dibujados por Truman en los noventa. Nunca es tarde si la dicha es buena. Ya saben que cuento a este autor entre mis favoritos, a pesar de que generalmente se le considera un artesano, una figura menor frente a astros más rutilantes.
Lo cierto es que todo lo que hace está bien y, en muchos casos, muy bien. Este exalumno de Kubert, cuya influencia se aprecia con facilidad en su fluida narrativa, nos sorprendió con una serie tosca y mal dibujada, un western postapocalíptico llamado Scout, que nadie se ha atrevido a reeditar, mientras nos castigan, por ejemplo, con nuevos tomos de Nexus, Bone y hasta ¡horror! de Cerebus. Sobre la marcha, aprovecho para confesarles que tras haberme comprado el primer volumen de la obra magna de Sim, traducido por ver primera al español, aún no he sido capaz de completar su lectura. Así que admitamos lo evidente y enviemos las aventuras del cerdo hormiguero más citado y menos leído de la historia del comic al baúl de los tebeos para vender. Seguro que alguien pica. Respecto a Nexus y Bone, qué les voy a contar que no sepan. Van en la misma saca que los comics de Chris Ware y algunos más. Se puede dibujar muy bien y ser un pésimo dibujante de tebeos. Lo primero es tener algo que contar.
Y Truman lo tiene, como demostró en Grimjack o con su obra maestra Hawkworld que, esta sí, ha sido recientemente reeditada. Échenle un vistazo. O a su entrega sobre Conan, personaje para cuya serie regular está ahora escribiendo unos espléndidos guiones. En Conan y las canciones de los muertos el argumento corría a cargo de Lansdale, que es el mismo que le acompaña en sus episodios para Jonah Hex. Allí probaron que hacían buena pareja y que el guionista se ajustaba con perfección a los mundos y la filosofía vital de Truman.
En el fondo, sus historias se parecen mucho a sus dibujos. Su aspecto es más bien tosco y hasta desagradable, de tebeo barato y si me apuran hasta vulgar. Pero pronto su habilidad narrativa consigue que nos olvidemos de su torpe carcasa y nos concentremos en la historia. Sus relatos están llenos de tipos duros y al tiempo nobles, sazonado siempre con grandes dosis de humor muy grueso y acción trepidante. El resultado es arrollador.
Es casi imposible resumir las andanzas en que mete al vaquero medio muerto de la DC, con zombies, imitadores de Buffalo Bill, niños con cabeza de oso, espectáculos de fenómenos y otros tantos disparates que caben en las historias de Lansdale, dibujadas con entusiasmo por Truman. Pero les brindo un fragmento de diálogo, para que aprecien el tono. Jonah se encuentra con un viejo amigo indio. “¡Huevos moteados!”. “Aquí me conocen como mano moteada”. “Pero tú no tienes motas en las manos”. Interviene entonces un vaquero enano: “¿Y tú cómo sabes que tiene motas en otro lado?”. “¡Mira este! Yo no le puse el nombre”. Y siguen así durante un buen rato.
No se lo pierdan ni dejen que su aspecto de obra menor les engañe. Leer más...
viernes, 22 de octubre de 2010
Zarpa de Acero.Tom Tully y Jesús Blasco
¡ESOS DEPRIMENTES TEBEOS INGLESES!
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2010.
112 páginas, 14,95 euros
Desde que hace unos años la editorial Planeta perdió los derechos para publicar en España los tebeos de la Marvel, los aficionados apenas podemos salir de nuestro asombro. Lo que en principio era una mala noticia, que hacía peligrar la continuidad de determinadas series, acabó siendo una nueva demostración de las virtudes del mercado y la libre competencia. Panini no lo hace nada mal con los superhéroes marvelianos y Planeta tuvo que espabilarse, dirigiendo su mirada en otras direcciones. Los resultados han sido espectaculares. Primero, recuperación de las colecciones DC, muchas de las cuales por fin hemos podido leer completas, después intentos varios con personajes y series europeas, lo que también es de agradecer. Ya he demostrado mi entusiasmo ante la reedición de clásicos tan imprescindibles como Julieta Jones. Y, por si todo esto no fuera suficiente, ahora le han hincado el diente al tebeo inglés.
No es la primera vez, ya se hicieron cargo de dos imprescindibles ediciones de James Bond y Modesty Blaise. Pero para el lector de mi edad, decir tebeos ingleses significa sobre todo un conjunto difuso de aventuras mal editadas en su momento por Vértice, cargadas de masas negras y una fantasía más bien bizarra. Encima, los protagonistas eran eso que ahora llamaríamos antihéroes, cuando tal término ni siquiera existía. Spider, Mitek el poderoso, Kelly Ojo Mágico, Zarpa de Acero… la lista es tremenda y a ella debemos añadir otra recuperación, la del Imperio de Trigán, al que me referiré en otro momento. Una de las sorpresas que nos llevamos con los años fue comprobar que muchos de esos tebeos de aspecto Dickensiano estaban dibujados por emigrantes españoles o sudamericanos, caso de Solano en Ojo Mágico, o el gran Jesús Blasco en Zarpa de Acero.
Ahora resulta casi habitual la ambigüedad moral en los comics y es inevitable que los héroes se columpien en una zona gris en la que caben ciertos excesos como la violencia y la anarquía. Pero en su momento que el protagonista de un tebeo fuera un ladrón o coqueteara con actividades delictivas era más que chocante. Más cuando entonces empezaban a llegar a los quioscos el reverso luminoso de esas series, los superhéroes de la Marvel que, tanto gráfica como conceptualmente, se situaban en el extremo opuesto de esas locuras ingleses. Siempre recordaré al director del Salón Internacional del Comic de Gijón, Faustino Rodríguez Arbesú, mi maestro en esto de los tebeos, confesándome su aversión a estos productos ¡en el curso de un viaje a Londres! Casi consiguieron que dejara de leer tebeos, ¡eran tan deprimentes!, decía. Y es cierto: el clima visual que transmiten es opresivo y como de posguerra. Y los relatos en general carecen de profundidad, más allá de lo insólito de ciertas premisas.
Mientras Spider empleaba su brillante inteligencia en los robos más disparatados, Ditko hablaba a través de Spiderman, enunciando los principios que luego se volverían explícitos en su Mr. A. No hay grises en la frontera entre el bien y el mal. Dura lex sed lex. Por supuesto, nos enganchamos a los productos americanos, olvidando las densas viñetas inglesas que, sin embargo, seguían latiendo en los rincones más salvajes de nuestro subconsciente. Ahora han vuelto. Las historias no son para tanto. Pero Blasco sigue siendo tan brillante como lo recordábamos. No es extraño que dibujantes tan extraordinarios como Bolland hayan reconocido su influencia y expresado su admiración hacia su trabajo. Blasco es uno de los grandes ilustradores realistas y su blanco y negro es espectacular. No se lo pierdan. Leer más...
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2010.
112 páginas, 14,95 euros
Desde que hace unos años la editorial Planeta perdió los derechos para publicar en España los tebeos de la Marvel, los aficionados apenas podemos salir de nuestro asombro. Lo que en principio era una mala noticia, que hacía peligrar la continuidad de determinadas series, acabó siendo una nueva demostración de las virtudes del mercado y la libre competencia. Panini no lo hace nada mal con los superhéroes marvelianos y Planeta tuvo que espabilarse, dirigiendo su mirada en otras direcciones. Los resultados han sido espectaculares. Primero, recuperación de las colecciones DC, muchas de las cuales por fin hemos podido leer completas, después intentos varios con personajes y series europeas, lo que también es de agradecer. Ya he demostrado mi entusiasmo ante la reedición de clásicos tan imprescindibles como Julieta Jones. Y, por si todo esto no fuera suficiente, ahora le han hincado el diente al tebeo inglés.
No es la primera vez, ya se hicieron cargo de dos imprescindibles ediciones de James Bond y Modesty Blaise. Pero para el lector de mi edad, decir tebeos ingleses significa sobre todo un conjunto difuso de aventuras mal editadas en su momento por Vértice, cargadas de masas negras y una fantasía más bien bizarra. Encima, los protagonistas eran eso que ahora llamaríamos antihéroes, cuando tal término ni siquiera existía. Spider, Mitek el poderoso, Kelly Ojo Mágico, Zarpa de Acero… la lista es tremenda y a ella debemos añadir otra recuperación, la del Imperio de Trigán, al que me referiré en otro momento. Una de las sorpresas que nos llevamos con los años fue comprobar que muchos de esos tebeos de aspecto Dickensiano estaban dibujados por emigrantes españoles o sudamericanos, caso de Solano en Ojo Mágico, o el gran Jesús Blasco en Zarpa de Acero.
Ahora resulta casi habitual la ambigüedad moral en los comics y es inevitable que los héroes se columpien en una zona gris en la que caben ciertos excesos como la violencia y la anarquía. Pero en su momento que el protagonista de un tebeo fuera un ladrón o coqueteara con actividades delictivas era más que chocante. Más cuando entonces empezaban a llegar a los quioscos el reverso luminoso de esas series, los superhéroes de la Marvel que, tanto gráfica como conceptualmente, se situaban en el extremo opuesto de esas locuras ingleses. Siempre recordaré al director del Salón Internacional del Comic de Gijón, Faustino Rodríguez Arbesú, mi maestro en esto de los tebeos, confesándome su aversión a estos productos ¡en el curso de un viaje a Londres! Casi consiguieron que dejara de leer tebeos, ¡eran tan deprimentes!, decía. Y es cierto: el clima visual que transmiten es opresivo y como de posguerra. Y los relatos en general carecen de profundidad, más allá de lo insólito de ciertas premisas.
Mientras Spider empleaba su brillante inteligencia en los robos más disparatados, Ditko hablaba a través de Spiderman, enunciando los principios que luego se volverían explícitos en su Mr. A. No hay grises en la frontera entre el bien y el mal. Dura lex sed lex. Por supuesto, nos enganchamos a los productos americanos, olvidando las densas viñetas inglesas que, sin embargo, seguían latiendo en los rincones más salvajes de nuestro subconsciente. Ahora han vuelto. Las historias no son para tanto. Pero Blasco sigue siendo tan brillante como lo recordábamos. No es extraño que dibujantes tan extraordinarios como Bolland hayan reconocido su influencia y expresado su admiración hacia su trabajo. Blasco es uno de los grandes ilustradores realistas y su blanco y negro es espectacular. No se lo pierdan. Leer más...
viernes, 15 de octubre de 2010
Marzi. 1984-1987
UNA INFANCIA POLACA
Sylvain Savoia-Marzela Sowa
Norma Editorial. Barcelona, 2010.
224 páginas, 24 euros.
Podría pensarse que los creadores de historietas son cada vez más perezosos ya que, cuando se interesan por la realidad, en muchos casos prefieren contar sus propias historias. Abundan las autobiografías y los relatos en los que incontables dibujantes nos explican circunstancias que van de lo chusco a lo dramático, pasando por la denuncia del maltrato al descubrimiento del sexo, entre otros misterios vitales. Si el género autobiográfico ha explotado en numerosas direcciones, fruto de la política de autor que ha dominado el mundo del comic en las últimas décadas, también encontramos otra vía documental, otra forma de alejarse de la fantasía que dominó el medio durante tantos años. Este segundo camino está menos transitado. Buenos representantes serían Delisle y Sacco, o Crumb con su Kafka. Pero, más allá de ciertas experiencias aisladas, algunas tan notables como el brillante ensayo visual de Talbot, Alicia en Sunderland, el comic evita en general competir con prensa y televisión en el análisis y la descripción de lo real.
Lo más curioso en este caso es que Savoia y Sowa intentan mezclar ambos géneros, el autobiográfico y el documental, para ofrecernos una visión de Polonia en los últimos días del comunismo, a través de la mirada de una niña, esa Marzi que da título al volumen. El enfoque es correcto, primando la interpretación de la niña y evitando esclarecer aquellos temas que ella no entendía. Así, se nos permite asistir a la histórica visita del Papa a Polonia o a los primeros enfrentamientos de Walesa con el régimen, pero sin profusión de datos ni insistir mucho en ello. Más importantes resultan las colas del supermercado, las vacaciones en casa de los abuelos o cualquier otra anécdota, relevante solo para la protagonista.
Anteponer lo particular a lo general es una buena elección, que aporta vida y verdad a un relato presidido por un dibujo delicado y eficaz, servido con un bonito bitono. Todo lo que se nos cuenta respecto a las miserias que constituían el día a día en aquel paraíso socialista tiene interés. También somos testigos de la pervivencia de una fe católica muy arraigada en las tradiciones populares y que tanta importancia tendrá en los cambios que se sucedieron. Tanto gráfica como argumentalmente Marzi resulta agradable y curiosa y se constituye en una lectura recomendable, si nos quedamos en esos aspectos.
Lamentablemente, falla estrepitosamente en el terreno de la puesta en escena. Constantes textos de apoyo van desarrollando la historia, de manera pausada en exceso y ralentizando lo que ya vemos en las imágenes. No es un absoluto desastre, pero nos distanciamos de los personajes y la información que se oculta en los textos acaba pesando demasiado, arruinando el ritmo de la narración. Todo lo que cuenta Marzi despierta nuestra curiosidad, los niños se comportan como tales, los protagonistas son pintorescos, pero apenas nos preocupa lo que hacen, todo es monocorde y algo plomizo y cuesta completar la lectura. Con todo, su contenido es interesante y recomendable. ¿Quién sabe? Quizás a ustedes no les resulte tan pesado, les animo a que lo intenten. Es lo que llamo un fracaso digno. Tenían todos los elementos para un gran tebeo, lo han intentado con ganas y el resultado tiene calidad. Pero a veces todo eso no es suficiente. Leer más...
Sylvain Savoia-Marzela Sowa
Norma Editorial. Barcelona, 2010.
224 páginas, 24 euros.
Podría pensarse que los creadores de historietas son cada vez más perezosos ya que, cuando se interesan por la realidad, en muchos casos prefieren contar sus propias historias. Abundan las autobiografías y los relatos en los que incontables dibujantes nos explican circunstancias que van de lo chusco a lo dramático, pasando por la denuncia del maltrato al descubrimiento del sexo, entre otros misterios vitales. Si el género autobiográfico ha explotado en numerosas direcciones, fruto de la política de autor que ha dominado el mundo del comic en las últimas décadas, también encontramos otra vía documental, otra forma de alejarse de la fantasía que dominó el medio durante tantos años. Este segundo camino está menos transitado. Buenos representantes serían Delisle y Sacco, o Crumb con su Kafka. Pero, más allá de ciertas experiencias aisladas, algunas tan notables como el brillante ensayo visual de Talbot, Alicia en Sunderland, el comic evita en general competir con prensa y televisión en el análisis y la descripción de lo real.
Lo más curioso en este caso es que Savoia y Sowa intentan mezclar ambos géneros, el autobiográfico y el documental, para ofrecernos una visión de Polonia en los últimos días del comunismo, a través de la mirada de una niña, esa Marzi que da título al volumen. El enfoque es correcto, primando la interpretación de la niña y evitando esclarecer aquellos temas que ella no entendía. Así, se nos permite asistir a la histórica visita del Papa a Polonia o a los primeros enfrentamientos de Walesa con el régimen, pero sin profusión de datos ni insistir mucho en ello. Más importantes resultan las colas del supermercado, las vacaciones en casa de los abuelos o cualquier otra anécdota, relevante solo para la protagonista.
Anteponer lo particular a lo general es una buena elección, que aporta vida y verdad a un relato presidido por un dibujo delicado y eficaz, servido con un bonito bitono. Todo lo que se nos cuenta respecto a las miserias que constituían el día a día en aquel paraíso socialista tiene interés. También somos testigos de la pervivencia de una fe católica muy arraigada en las tradiciones populares y que tanta importancia tendrá en los cambios que se sucedieron. Tanto gráfica como argumentalmente Marzi resulta agradable y curiosa y se constituye en una lectura recomendable, si nos quedamos en esos aspectos.
Lamentablemente, falla estrepitosamente en el terreno de la puesta en escena. Constantes textos de apoyo van desarrollando la historia, de manera pausada en exceso y ralentizando lo que ya vemos en las imágenes. No es un absoluto desastre, pero nos distanciamos de los personajes y la información que se oculta en los textos acaba pesando demasiado, arruinando el ritmo de la narración. Todo lo que cuenta Marzi despierta nuestra curiosidad, los niños se comportan como tales, los protagonistas son pintorescos, pero apenas nos preocupa lo que hacen, todo es monocorde y algo plomizo y cuesta completar la lectura. Con todo, su contenido es interesante y recomendable. ¿Quién sabe? Quizás a ustedes no les resulte tan pesado, les animo a que lo intenten. Es lo que llamo un fracaso digno. Tenían todos los elementos para un gran tebeo, lo han intentado con ganas y el resultado tiene calidad. Pero a veces todo eso no es suficiente. Leer más...
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