viernes, 22 de octubre de 2010

Zarpa de Acero.Tom Tully y Jesús Blasco

¡ESOS DEPRIMENTES TEBEOS INGLESES!

Planeta DeAgostini. Barcelona, 2010.
112 páginas, 14,95 euros

Desde que hace unos años la editorial Planeta perdió los derechos para publicar en España los tebeos de la Marvel, los aficionados apenas podemos salir de nuestro asombro. Lo que en principio era una mala noticia, que hacía peligrar la continuidad de determinadas series, acabó siendo una nueva demostración de las virtudes del mercado y la libre competencia. Panini no lo hace nada mal con los superhéroes marvelianos y Planeta tuvo que espabilarse, dirigiendo su mirada en otras direcciones. Los resultados han sido espectaculares. Primero, recuperación de las colecciones DC, muchas de las cuales por fin hemos podido leer completas, después intentos varios con personajes y series europeas, lo que también es de agradecer. Ya he demostrado mi entusiasmo ante la reedición de clásicos tan imprescindibles como Julieta Jones. Y, por si todo esto no fuera suficiente, ahora le han hincado el diente al tebeo inglés.

No es la primera vez, ya se hicieron cargo de dos imprescindibles ediciones de James Bond y Modesty Blaise. Pero para el lector de mi edad, decir tebeos ingleses significa sobre todo un conjunto difuso de aventuras mal editadas en su momento por Vértice, cargadas de masas negras y una fantasía más bien bizarra. Encima, los protagonistas eran eso que ahora llamaríamos antihéroes, cuando tal término ni siquiera existía. Spider, Mitek el poderoso, Kelly Ojo Mágico, Zarpa de Acero… la lista es tremenda y a ella debemos añadir otra recuperación, la del Imperio de Trigán, al que me referiré en otro momento. Una de las sorpresas que nos llevamos con los años fue comprobar que muchos de esos tebeos de aspecto Dickensiano estaban dibujados por emigrantes españoles o sudamericanos, caso de Solano en Ojo Mágico, o el gran Jesús Blasco en Zarpa de Acero.

Ahora resulta casi habitual la ambigüedad moral en los comics y es inevitable que los héroes se columpien en una zona gris en la que caben ciertos excesos como la violencia y la anarquía. Pero en su momento que el protagonista de un tebeo fuera un ladrón o coqueteara con actividades delictivas era más que chocante. Más cuando entonces empezaban a llegar a los quioscos el reverso luminoso de esas series, los superhéroes de la Marvel que, tanto gráfica como conceptualmente, se situaban en el extremo opuesto de esas locuras ingleses. Siempre recordaré al director del Salón Internacional del Comic de Gijón, Faustino Rodríguez Arbesú, mi maestro en esto de los tebeos, confesándome su aversión a estos productos ¡en el curso de un viaje a Londres! Casi consiguieron que dejara de leer tebeos, ¡eran tan deprimentes!, decía. Y es cierto: el clima visual que transmiten es opresivo y como de posguerra. Y los relatos en general carecen de profundidad, más allá de lo insólito de ciertas premisas.

Mientras Spider empleaba su brillante inteligencia en los robos más disparatados, Ditko hablaba a través de Spiderman, enunciando los principios que luego se volverían explícitos en su Mr. A. No hay grises en la frontera entre el bien y el mal. Dura lex sed lex. Por supuesto, nos enganchamos a los productos americanos, olvidando las densas viñetas inglesas que, sin embargo, seguían latiendo en los rincones más salvajes de nuestro subconsciente. Ahora han vuelto. Las historias no son para tanto. Pero Blasco sigue siendo tan brillante como lo recordábamos. No es extraño que dibujantes tan extraordinarios como Bolland hayan reconocido su influencia y expresado su admiración hacia su trabajo. Blasco es uno de los grandes ilustradores realistas y su blanco y negro es espectacular. No se lo pierdan.

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