viernes, 15 de octubre de 2010

Marzi. 1984-1987

UNA INFANCIA POLACA
Sylvain Savoia-Marzela Sowa
Norma Editorial. Barcelona, 2010.
224 páginas, 24 euros.

Podría pensarse que los creadores de historietas son cada vez más perezosos ya que, cuando se interesan por la realidad, en muchos casos prefieren contar sus propias historias. Abundan las autobiografías y los relatos en los que incontables dibujantes nos explican circunstancias que van de lo chusco a lo dramático, pasando por la denuncia del maltrato al descubrimiento del sexo, entre otros misterios vitales. Si el género autobiográfico ha explotado en numerosas direcciones, fruto de la política de autor que ha dominado el mundo del comic en las últimas décadas, también encontramos otra vía documental, otra forma de alejarse de la fantasía que dominó el medio durante tantos años. Este segundo camino está menos transitado. Buenos representantes serían Delisle y Sacco, o Crumb con su Kafka. Pero, más allá de ciertas experiencias aisladas, algunas tan notables como el brillante ensayo visual de Talbot, Alicia en Sunderland, el comic evita en general competir con prensa y televisión en el análisis y la descripción de lo real.

Lo más curioso en este caso es que Savoia y Sowa intentan mezclar ambos géneros, el autobiográfico y el documental, para ofrecernos una visión de Polonia en los últimos días del comunismo, a través de la mirada de una niña, esa Marzi que da título al volumen. El enfoque es correcto, primando la interpretación de la niña y evitando esclarecer aquellos temas que ella no entendía. Así, se nos permite asistir a la histórica visita del Papa a Polonia o a los primeros enfrentamientos de Walesa con el régimen, pero sin profusión de datos ni insistir mucho en ello. Más importantes resultan las colas del supermercado, las vacaciones en casa de los abuelos o cualquier otra anécdota, relevante solo para la protagonista.

Anteponer lo particular a lo general es una buena elección, que aporta vida y verdad a un relato presidido por un dibujo delicado y eficaz, servido con un bonito bitono. Todo lo que se nos cuenta respecto a las miserias que constituían el día a día en aquel paraíso socialista tiene interés. También somos testigos de la pervivencia de una fe católica muy arraigada en las tradiciones populares y que tanta importancia tendrá en los cambios que se sucedieron. Tanto gráfica como argumentalmente Marzi resulta agradable y curiosa y se constituye en una lectura recomendable, si nos quedamos en esos aspectos.

Lamentablemente, falla estrepitosamente en el terreno de la puesta en escena. Constantes textos de apoyo van desarrollando la historia, de manera pausada en exceso y ralentizando lo que ya vemos en las imágenes. No es un absoluto desastre, pero nos distanciamos de los personajes y la información que se oculta en los textos acaba pesando demasiado, arruinando el ritmo de la narración. Todo lo que cuenta Marzi despierta nuestra curiosidad, los niños se comportan como tales, los protagonistas son pintorescos, pero apenas nos preocupa lo que hacen, todo es monocorde y algo plomizo y cuesta completar la lectura. Con todo, su contenido es interesante y recomendable. ¿Quién sabe? Quizás a ustedes no les resulte tan pesado, les animo a que lo intenten. Es lo que llamo un fracaso digno. Tenían todos los elementos para un gran tebeo, lo han intentado con ganas y el resultado tiene calidad. Pero a veces todo eso no es suficiente.

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