viernes, 19 de noviembre de 2010

ASTERIOS POLYP de DAVID MAZZUCCHELLI

ASTERIOS POLYP de DAVID MAZZUCCHELLI
Sins entido. Madrid, 2010.
344 páginas, 30 euros

CUANDO LO NUEVO PARECE VIEJO


La biografía de Mazzucchelli es tan breve como extraña. En los ochenta dibuja superhéroes firmando, con Frank Miller al guión, dos álbumes antológicos: Daredevil born again y Batman año I. Luego publica su propia revista a principios de los noventa, Rubber Blanket, donde incluye una serie de experimentos de difícil clasificación, en general de pequeño formato. Con dos excepciones: la peculiar Discovering America y la extraordinaria Big Man, ambas publicadas en español por mis compañeros de El Wendigo. En 1994 dibuja una adaptación de la novela de Paul Auster, City of Glass. Y luego, un conjunto de noticias sueltas. Una beca para estudiar en Japón, portadas para el New Yorker, clases en la School of Visual Arts


 Leímos su historieta japonesa en Nosotros somos los muertos y su adaptación de un cuento en el volumen editado por Spiegelman. Pero, sobre todo, esperábamos. Era un secreto a voces que David preparaba una novela gráfica, el trabajo definitivo de quien ya había demostrado que su talento como dibujante no tenía límites. Tampoco era mal escritor, en todos sus comics latía una preocupación existencial que los teñía de cierta melancolía y un sentimiento religioso poco habitual en sus contemporáneos.

Por fin nos llega su Asterios. Es un libro mimado en todos sus detalles, aunque no entiendo la tontería de la camisa corta en la cubierta ¿Es para que se estropeen los bordes? El color se soluciona alternando dos tipos de bitonos, de cálidos y fríos, respectivamente. Y su dibujo tiene la calidad de siempre. Utiliza una estructura de página dinámica, con muchos blancos y variedad de tamaños en las viñetas. El problema, como ya habrán supuesto, está en la historia. O mejor, las historias.

Hay una parte en la obra más agradable, como es la relación entre Asterios, el “héroe” de la novela, y Hana, la escultora japonesa. Tiene momentos muy verdaderos, especialmente la deliciosa secuencia muda en que acumula un montón de instantes cotidianos con gran efectividad. También convencen algunos de sus diálogos, en los que Asterios acaba siempre haciendo callar a su compañera. El arquitecto protagoniza otras partes creíbles, como la de la construcción de la cabaña, una celebración del esfuerzo y el trabajo bien hecho. O la visita al cráter, en la que el talento de Mazzucchelli para el dibujo realmente nos transmite la sensación de grandiosidad necesaria.
Viñeta de Asterios Polyp de David Mazzuchelli, edita en España Sins Entido

Pero son momentos aislados en el conjunto de una obra hinchada, presuntuosa e innecesaria. El autor parece contagiarse de la personalidad de su personaje, ese pedante insufrible que filosofa sobre la percepción de la realidad, la dualidad y otros asuntos igualmente graves y trascendentes. David despliega su bolsa de trucos y lo vemos esforzándose por resultar moderno, cambiando de estilo a voluntad, saltando de un manierismo al siguiente, repitiendo encuadres y jugando con los colores para contarnos ¿qué? Muy poco, la verdad.

Acumula retazos de historias pero falla a la hora de encadenar las secuencias, o quizás es que está por encima de esas menudencias. Así que nos quedamos sin saber en qué consistió la relación entre Hana y el insoportable Willy o porqué se separó de Asterios. Y, si me apuran, tampoco sabemos porqué se unen cuando él parece tan feliz tirándose a todas sus alumnas. Si los apartados filosóficos interrumpen el fluir de los hechos, lo mismo podría decirse de la estancia de Polyp en la casa del mecánico. Parece una excusa para aportar un tono “indie” a la narración y presentar unos cuantos personajes estrambóticos y pintorescos, entre los que destaca, por supuesto, Úrsula Major.

Lo peor no es que la novela resulte pretenciosa y grandilocuente, es que además es aburrida. Artificiosa y falsamente trascendente, como el capítulo dedicado al padre enfermo demuestra. No conseguimos entrar en lo que se nos cuenta, falta verdad, autenticidad. Sin duda Mazzucchelli se ha pensado mucho este trabajo, pero apenas consigue emocionarnos. Apreciamos su destreza, pero nos distanciamos de su helado interior.

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