viernes, 24 de junio de 2011

STEPHEN KING: APOCALIPSIS

Stephen King: Apocalipsis - Pesadillas americanas de Aguirre Sacasa, Mike Perkins y Laura Martin
Aguirre-Sacasa, Mike Perkins y Laura Martin
Panini Comics. Barcelona 2011.
144 páginas. 17,95 euros.

OTRO BUEN GUIONISTA


Entre los últimos títulos superheróicos publicados, apenas puede destacarse alguno de interés. La excepción la marca un guionista a quien ya habíamos apreciado en trabajos anteriores: Roberto Aguirre-Sacasa.


Como siempre, no se fíen de los dibujos. Han llegado a las librerías especializadas diferentes volúmenes firmados por dibujantes respetables. Pero sus esfuerzos son baldíos, al no estar apoyados por un buen guión. Es el caso del español Daniel Acuña en Viuda Negra. Su lápiz y la forma en que aplica el color son agradables, pero de nada sirven si la historia es ininteligible y soporífera. Algo parecido le ocurre al gran Steve Dillon en Punisher: Kingpin. Al menos consigue que el relato de Jason “Scalped” Aaron se entienda, pero sólo para que apreciemos mejor el abismo que le separa de Ennis, a quien con terrible torpeza intenta imitar. Por último, Frank Cho pone toda la carne en el asador en Nuevos Ultimates y Jeph Loeb nunca decepciona del todo, pero tampoco convence. Un arranque confuso para un relato que no consigue hacernos olvidar a Millar y Hitch. Le falta convicción, garra.

Un pequeño paréntesis. Doy por supuesto que siguen la serie The Boys, donde Ennis nos demuestra su buena forma y que su visión del mundo no excluye una idea muy clara de la inocencia. Algo que muchos otros guionistas parecen haber olvidado. Cierro paréntesis.

Llegamos así a Aguirre-Sacasa a quien conocíamos por una saga de los Cuatro Fantásticos que nos había dejado un buen sabor de boca.

Viñeta de Stephen King: Apocalipsis - Pesadillas americanas de Aguirre Sacasa, Mike Perkins y Laura Martin
Ahora firma Marvel Divas, aventuras protagonizadas por unas cuantas enmascaradas de segunda división. Le acompaña Tonci Zonjic, que dibuja con precisión, frescura y una sencillez sólo aparente. El tono de la historia es bastante frívolo lo que permite a quien firma el prólogo la inevitable cita a Sexo en Nueva York, una teleserie cuyo éxito nunca podré entender. Soy admirador confeso de otras ficciones catódicas como Friends, que podría ver de rodillas. Pero en cuanto veo aparecer a la Sarah Jessica Parker me pongo de los nervios. Por no hablar de los diálogos y demás. Así que aviso para navegantes: esto tiene poco que ver con aquello. Precisamente la habilidad de Aguirre-Sacasa consiste en escribir un arranque que parece de comedia de solteras salidas, para bruscamente girar hacia el drama cuando una de las protagonistas descubre que tiene cáncer. No se asusten, el guionista no se solaza con la tragedia y las lágrimas. Sin abandonar la seriedad que el asunto requiere, consigue mantener un tono ligero y resolver la aventura con una mirada positiva y esperanzada. Una historia difícil que pocos habrían sido capaces de sacar adelante con tal habilidad.

Así que como seguramente después de esto querrán más, yo les recomiendo la adaptación que Aguirre-Sacasa está escribiendo de la novela de King, Apocalipsis. No he tenido el placer de leer el original literario pero su plasmación en viñetas está muy bien. Perkins, el dibujante, es de estilo más realista que Zonjic, un poco en la línea de Neal Adams o Brent Anderson. A veces se pasa con la gestualidad pero realiza en general una buena labor en la que destacan su tratamiento de las arrugas y sus generosas masas negras. El relato nos cuenta la clásica plaga que azota los Estados Unidos matando a gran parte de la población. Hay un escasísimo grupo de supervivientes, en quienes se centra la acción y parece que se prepara un gran enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal. Y es que, pese a su planteamiento básicamente “realista”, también entra en escena un personaje que más parece una pesadilla que otra cosa. Veremos. En sus dos primeros volúmenes Apocalipsis presenta el escenario de la historia y a algunos de sus personajes. Según parece serán muchos más, todos llenos de matices y sorpresas. Todo lo que ofrece hasta el momento es bueno y no faltan los momentos de puro terror, como esa travesía bajo el túnel en la oscuridad. No puedo, sin haber leído la novela, determinar qué parte del guión ha sido la aportada por Aguirre-Sacasa, pero desde luego su calidad es muy alta. Y me compraré el próximo tebeo que venga firmado por él.
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viernes, 17 de junio de 2011

Por el imperio. Merwan y Vivès

EL CAMINO A NINGUNA PARTE

Por el imperio
Merwan y Vivès
Diábolo Ediciones. Madrid 2011.
64 páginas, 15,95 euros.

Vivès se dio a conocer con unas peculiares historietas en las que lo cotidiano se transformaba en maravilloso gracias a su personal grafismo. Ahora nos sorprende con un relato épico en tres partes.

Con La fortuna se cierra esta aventura en la que un grupo de exploradores, aparentemente romanos aunque no se precisa, buscan por el mundo nuevos territorios que ofrecer a su emperador. El tono de la historia recuerda a ciertas películas del descubrimiento de América. No sé ustedes pero yo siempre me he preguntado porqué los americanos del norte han creado un género espléndido y vital a partir de sus complejas relaciones con los nativos americanos, mientras que en el sur todos los intentos de explicar la epopeya de la conquista de América se saldan con truños del calibre del Dorado de Saura o el Aguirre de Herzog. La cuestión es que tal y como se nos cuenta, aquello fue un pestiño, un latazo insufrible, con el clásico grupo de aventureros adentrándose en selvas siempre inescrutables, rodeados por tribus a las que nunca vemos y condenados irremediablemente a la locura y la autodestrucción.

Pues bien, más o menos eso es Por el imperio. Pero debo admitir que no carece de cierta fuerza. Los autores imaginan lugares legendarios, del país de las amazonas a una suerte de biblioteca universal plagada de monstruos y gigantes. Esa sensación de enfrentarse a lo desconocido, de pisar tierra ignota más allá de todo límite, resulta sobrecogedora y creíble. Y además va acompañada de buenas dosis de crueldad, de un tono empeñado en dejar atrás anteriores aproximaciones más estilizadas. Aquí la gente mata y muere sin remordimientos, algo por otro lado característico de las últimas aproximaciones televisivas a una antigüedad despojada de los filtros cristianos. De la un poco más seria Roma a la zarrapastrosa Spartacus, si en algo coinciden estas nuevas ficciones es en la ausencia de piedad y en la violencia que domina todas las relaciones.

Así que las sensaciones son ambivalentes. Por una parte sabemos desde el principio que no vamos a ninguna parte. El grupo protagonista está condenado de antemano al fracaso o la muerte. Pero por otro lado se nos cuentan andanzas entretenidas y paseamos por lugares sorprendentes. La gran baza es el dibujo de Vivès, que sigue en buena forma. Recientemente recibía en mi blog un comentario anónimo que calificaba una de las obras de este dibujante como “lo más baboso que había leído en años”. Y es cierto que su trabajo oscila entre lo blando y lo sugerente, con cierta tendencia al efectismo. Pero…

Aquí sorprende con una línea mínima, casi miserable, que apenas esboza un conjunto de personajes al borde siempre de la desaparición. Maneja bien las planos generales y llama la atención la grandiosidad que consigue con dibujos tan pequeños. Su grafismo ya de por sí raro, resulta aún más extraño debido al color que le acompaña, cargado de sugerencias y texturas. En contra, cierta indefinición general que nos impide reconocer bien a todos los personajes y una tendencia a que el color oscurezca en exceso situaciones ya confusas. Todo ello, por supuesto, nos distancia de lo narrado, acentuando su carácter onírico, como de pesadilla.

En fin, como en anteriores entregas de Vivès, un conjunto agridulce. No es un tebeo redondo ni mucho menos. Pero sensorialmente es interesante y explora territorios formales poco habituales en el comic.
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viernes, 10 de junio de 2011

Nocilla experience. La novela gráfica.

EL AZAR Y LA NECESIDAD

Nocilla experience. La novela gráfica.
Pere Joan y Agustín Fernández Mallo
Alfaguara. Madrid, 2011.
192 páginas. 18 euros.


El año pasado Pere Joan escribía el guión de Duelo de caracoles, que era transformado en imágenes por Sonia Pulido. Este año cambia de papel, dibujando una adaptación de la novela de Fernández Mallo.

Curiosamente, aunque toda su obra puede calificarse “de autor”, con unas características temáticas y formales muy particulares, Pere Joan nunca ha tenido problemas en colaborar con otros guionistas o dibujantes. Consigue apropiarse de esas historias que no son suyas o llevar a los demás a su terreno. En este caso, aunque realiza una adaptación muy fiel a la novela original, quitando sólo los textos que repetían lo que sus imágenes ya mostraban, sentimos cómo nos transporta a sus asuntos habituales. Esas geografías de la ambigüedad, como esas rocas batidas por el mar donde los personajes de los percebeiros buscan su fortuna y lo blando da forma a lo duro. Pere Joan siempre ha investigado las transiciones, los cruces, las intersecciones, espacios donde una cosa se transforma en su contrario. Por eso su rechazo a las estructuras, a cualquier tipo de rigidez. Fiel a sus intereses, su dibujo avanza en dirección contraria a esa perfección geométrica que subyuga a tantos creadores actuales. Él investiga una blandura servida por un trazo convulso, en el que un conjunto de aristas y esquinas levantan configuraciones aparentemente fofas y con tendencia a la desintegración.
En fin, aquí realiza un buen trabajo, convirtiendo en imágenes textos no tan sencillos de visualizar. Para ello recurre a un lenguaje que ya se había paseado por su monumental Azul y ceniza. Me refiero a esos pictogramas tan personales que intercala con naturalidad en su ya simplificado dibujo. La historia se deja leer gracias a una sabia combinación de imágenes y textos y, a pesar del peso de estos últimos, no puede hablarse de una obra pesada, desde el punto de vista narrativo.

Otra cuestión es el argumento. En sus solapas los editores nos dan algunas pistas de lo que vamos a encontrar: “Harold acaba su última caja de cereales, deja conectada su primitiva videoconsola y decide recorrer Norteamérica durante un lustro. Un tipo que maneja las grúas del puerto de Nueva York diseña una casa para suicidas. En Basora, un marine se enamora de una irakí en el instante en que la encañona. Un tal Julio da forma a una Rayuela alternativa..." Hay muchas otras, de los ya citados percebeiros al tipo que pinta chicles por la calle, pasando por la que viaja en un coche de madera. Fernández Mallo construye un puzzle gigantesco, con sucesos de aquí y de allá, buscando aportar un aire global y cosmopolita a su narración. Todo este rollo collage, transgenérico o, si lo desean, afterpop, según se describe en la contra, es más viejo que el hambre. Hace ya mucho que asistimos a pruebas con relatos no lineales, con mezclas espaciales y temporales donde el protagonismo se divide entre un montón de personajes. No tengo problemas con el procedimiento. Pero sí con sus resultados.

Por un lado, por razones puramente narrativas, de entretenimiento. Al abandonar una estructura convencional y dispersar la atención entre varios protagonistas, el interés corre el peligro de disiparse. Considero que se necesita mucho talento para fabricar una de esas composiciones corales en las que surge un orden entre un montón de voces que se alzan al mismo tiempo. Casos como Plácido del gran Berlanga, o el Tiovivo 1950 de Garci, una película excepcional que funcionaba por acumulación de fragmentos y de la que sorprendentemente nadie habla. Cuando falta esa capacidad para construir un todo a partir de la variedad, como lector pierdo interés y me distancio de lo narrado.
Con esto llegamos a un segundo tipo de razones, aun más preocupantes que las anteriores, puramente formales. No se llega a esta construcción porque sí. A lo largo de toda la narración se insiste en dos conceptos aparentemente opuestos: por un lado la idea del azar que gobierna nuestras vidas. Y por otro una reducción de lo humano a sus términos biológicos y hasta atómicos. Somos parte de un todo y, por tanto, no somos nada. A partir de semejantes premisas, lógicamente, no puede haber relato. Y no lo hay. Sólo una acumulación de anécdotas, de situaciones chispeantes, sorprendentes o excéntricas. Pero nada que pueda interesarnos. Los humanos somos amebas en el microscopio del autor, que narra divertido una sucesión de hechos chocantes. Pues que lo disfrute otro, yo soy incapaz.
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viernes, 3 de junio de 2011

Fernando Vicente. Universos.

EL DIBUJO COMO PROFESIÓN

Fernando Vicente. Universos.
Ilustraciones 1984-2011.
Casal Solleric. Palma.
Del 20 de abril al 7 de agosto de 2011.

Desde hace ya más de un mes puede verse en Palma una gran muestra dedicada a Fernando Vicente, conocido entre los aficionados al cómic por su participación en la revista Madriz.

El autor casi no ha vuelto a aproximarse al mundo de las viñetas. Resulta curioso que una revista tan mitificada por la crítica apenas produjera creadores que continuaran en el medio. Tres de los más conocidos han colgado su obra en el Solleric en los últimos años: Javier de Juan en 2003, Ana Juan en 2006 y ahora Vicente. Los tres han disfrutado de carreras muy fructíferas… al margen de los tebeos. En todo caso son grandes ilustradores y cualquier aficionado al dibujo puede apreciar su trabajo.

Vicente es sobre todo conocido por su colaboración con un periódico de tirada nacional. Paseando por esta retrospectiva inmediatamente quedan claros sus puntos fuertes: una enorme capacidad de producción y una técnica impecable, que destaca especialmente en su tratamiento de la pincelada, muy fresco y directo. El suyo es el trabajo de un maestro, que resuelve con aparente facilidad cualquier encargo. Su gama de color y el particular balanceo de sus figuras son característicos. Comparte con sus compañeros en el Madriz otro aspecto, como es la mejora de sus imágenes cuando abandona la publicación. En su caso tiene una explicación muy sencilla ya que se pasó un porrón de años curtiéndose en una agencia. Período en que su labor permanecía en el anonimato y su habilidad mejoraba. Por eso el “nuevo” Vicente resulta tan llamativo.

No me cuento entre sus fans. Reconozco su capacidad pero adolece de cierta frialdad que me distancia. Donde algunos (muchos) ven elegancia, yo percibo un amaneramiento poco convincente. La exposición confirma algunos de mis prejuicios, especialmente en la serie de las pin-ups, muy poco sexys y casi masculinas. Por otro lado, debo admitir que no tengo reparos ante sus caricaturas, sin duda lo mejor de la muestra, sólidas y perfectamente ejecutadas. O su serie de mapas, un capricho gráfico muy seductor. Un último apunte para sus excelentes vistas de Mallorca, que se enseñan con más detalle en el catálogo. El proyecto ha sido comisariado por Juan Roig, que incrementa así su larga lista de trabajos relacionados con el mundo del cómic y la ilustración. Tuve el honor de colaborar con él en el pasado y sigue en plena forma. Escribe una breve pero intensa presentación del autor y luego el libro se completa con una larga entrevista realizada por Álvaro Pons.

Recordar también el breve paso por Palma de la exposición dedicada a Joan Escandell, con motivo de las jornadas Comic Nostrum de este año. Venía de Ibiza acompañada por un digno librito donde el veterano profesional desgrana algunas de las claves de su carrera. Es casi obligado prestar atención a creadores que han dedicado toda su vida al dibujo y apenas son conocidos por el público. En este caso la coordinación corre a cargo del esforzado Juanmi Morey, responsable de las jornadas.

Además, hace algunas semanas se presentaba como proyecto fin de carrera en la Escuela Superior de Diseño de Palma (rechace imitaciones), el catálogo para la expo que Max ha abierto en Valencia. Otro libro excelente, diseñado por su hija Aina, que aglutina imágenes de todas las etapas del autor, reproducidas con esmero. Comisariado por la incombustible Marta Sierra, edita Kalandraka.

Cierro esta crónica adelantando la exposición que preparo para el Solleric: Josep Mª Blanco Ibarz, uno de los grandes dibujantes del TBO. Si todo va bien el autor nos acompañará en septiembre. Constituirá un gran homenaje no sólo a un creador extraordinario y muy divertido sino también a una revista mágica que injustamente va cayendo en el olvido.
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viernes, 27 de mayo de 2011

Empiezan las ferias del libro y...

SUEÑOS DEL FUTURO PASADO

1. Vida en otro planeta.
Will Eisner.
Norma Editorial. Barcelona, 2011.
Hace lo que parecen mil años se publicó por entregas en la revista Creepy. Desde entonces nadie se había decidido a reeditarlo. Y es tan bueno como recordábamos. Es cierto que Eisner se maneja mejor en terrenos más cercanos, hablándonos de sus familiares y vecinos. Pero sale bastante bien librado de esta interesantísima trama de alcance internacional. Dictadores tercermundistas, multinacionales, agentes de la CIA, espías del KGB, presidentes corruptos, sectarios y un montón de personajes más se dan la mano en un impresionante fresco que responde a la pregunta ¿qué ocurrirá cuando un día recibamos un mensaje desde otro planeta? Imprescindible.

2. La marcha del cangrejo.
Arthur de Pins.
Dib.buks. Madrid, 2011.
El autor sigue sorprendiéndonos. Convierte su corto de animación en una inesperada novela gráfica. Tan raro como bonito. No le pierdan la pista.

3. Nocilla experience. La novela gráfica.
Pere Joan.
Ediciones Santillana. Madrid, 2011.
Sólo Pere Joan podía haberse atrevido a realizar esta adaptación. Si a usted le gustó la novela original de Fernández Mallo, corra a comprársela. Si, como es mi caso, hace años que se pasó a la Nutella, corra en dirección contraria. “¡El horror, el horror…!”. Apocalypse Now, Francis Ford Coppola.

4. Cristina y sus amigas.
Manel Cuyás y Antonio Turnes.
Ediciones B. Barcelona, 2011.
Recordaba a Cuyás por Astroman, donde llamaba la atención lo sucio de su trazo, más cercano a las ilustraciones inglesas para los libros de Enid Blyton que a otras series de Bruguera. Ahora nos lo devuelven con la reedición de una serie ideada para Lili, aquella revista “para niñas”. El dibujo sigue siendo bonito y especial, pero los guiones no son nada del otro mundo.

5. Los muertos vivientes.
Robert Kirkman y Charlie Adlard.
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2011.
La emisión de la más que correcta adaptación televisiva ha facilitado la aparición de un grueso volumen que aglutina los primeros episodios. Si aún no lo tienen, recomiendo su adquisición. Para los ya enganchados a la saga, recordarles que siguen publicándose nuevas entregas, cada una mejor que la anterior. Del mismo guionista, sigue en marcha Invencible, un tebeo de superhéroes muy refrescante.

6. Blazing Combat.
Norma Editorial. Barcelona, 2011.
Ahora que los tomos de Creepy empiezan a cargarse de material de segunda, constituye una buena noticia la recuperación de la revista bélica de Warren. Archie Goodwin firma unos excelentes guiones dibujados por los más grandes. Sólo duró cuatro números ¡pero qué números!

7. Hellblazer.
Jaime Delano, John Ridgway y otros.
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2011.
Reedición de la etapa de Delano en la serie de terror protagonizada por Sting. Tan abominable como recordábamos. Un dibujo inglés más que correcto para arropar unas historias imaginativas y tremebundas.

8. Tóxico.
Charles Burns.
Random House Mondadori. Barcelona, 2011.
Burns vuelve reencarnado en Tintín. Tapa dura, interior a color y lomo entelado acogen la última ocurrencia del genio de Filadelfia. Es sólo un primer episodio pero la cosa promete. Neuras universitarias y aventuras en un Kandahar alternativo. ¡Que el difunto Bin Laden te inspire desde el fondo del mar, Charles!

9. Largo Winch. Mar Negro.
Van Hamme y Francq.
Norma Editorial. Barcelona, 2011.
Vuelven Van Hamme, inspirado por la última crisis del capitalismo. Su millonario en vaqueros nos explica como sortearla… o lo intenta. Como siempre, servido por el espectacular dibujo de Francq. ¡Abróchense los cinturones!

10. Conan Rey.
Roy Thomas y John Buscema.
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2011.
Si en su momento no compraron los tebeos de grapa, esta es su oportunidad de recuperar la saga más familiar de Conan. Con Thomas y Buscema en su mejor momento, acompañados del habitual pelotón de filipinos. Grandes aventuras servidas con un dibujo fresco y poderoso.

11. Lobezno, el viejo Logan.
Mark Millar y Steve McNiven.
Panini Comics. Barcelona, 2011.
Se reedita este homenaje de Mark Millar al Sin Perdón de Eastwood. Si lo dejaron escapar en su primera edición, como confieso que fue mi error, es su momento de recuperar esta salvajada en un estupendo tomito recopilatorio. No voy a molestarme ni en alabarlo. Léanlo y disfruten. Y descubran cómo derrotar a Hulk… desde dentro. ¡Vaya, he “destripado” el final! Oh, he vuelto a hacerlo, disculpen.
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viernes, 20 de mayo de 2011

Historias cortas. N.Urasawa

TERNURA Y HUMOR

Historias cortas
Naoki Urasawa
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2011.
572 páginas, 22 euros

Hace años Naoki Urasawa nos deslumbró con la sobrecogedora Monster. Ahora llega un recopilatorio con sus primeras incursiones en el comic.

Lo cierto es que llevaba meses a dieta de productos japoneses, con la saludable excepción de Taniguchi. Sin duda me estoy perdiendo algo bueno, pero no llego a descubrir qué. Urasawa al menos ofrece cierta garantía de calidad. Digo cierta porque tras la agradable Pineapple Army, donde le descubrimos, y la irreprochable Monster, volvió a impresionarnos con Twenty Century Boys, pero el excesivo estiramiento de la serie acabó resultando cansino. Así que cuando inició Pluto, su nueva saga, ya me pilló un poco harto. Leí el primer episodio, que era correcto, y lo dejé. No quería volver a enfrentarme a otra historia innecesariamente alargada y verla acabar como el rosario de la aurora. Hay gente que me dice que no está mal, pero no consigo sobreponerme a la pereza heredada de sus Boys.

Este volumen de viejos relatos parecía en cambio muy apetecible. Un Urasawa despojado de la longitud sin medida, su principal problema, no podía ser malo. Y efectivamente no lo es. Encontramos representadas todas sus virtudes, empezando por una habilidad narrativa poco habitual. El dibujo es irregular, como por otro lado era de esperar en lo que son trabajos de formación. Pero la calidad media es muy alta. En ocasiones resulta un poco frustrante ver como algunas historias arrancan y apenas tienen desarrollo, se quedan en esbozos de lo que podrían haber sido. Pero como Urasawa tiende a pasarse de frenada, estos pequeños y delicados abortos son preferibles a sus criaturas engordadas e hinchadas sin control.

Todos los episodios que dedica a ese policía cantante son muy divertidos y en ellos descubrimos ese humor connatural al autor, menos evidente en sus obras más dramáticas pero que aquí fluye con naturalidad, permitiéndole poner en escena esos chistes tan japoneses sobre chicas, braguitas y demás. Casi nos sentimos en una película de Landa de los setenta. NASA, el relato de los aspirantes a astronautas, también se queda en esbozo de lo que podía haber sido, pero está lleno de ternura y emoción. Algunas de sus historias más cortas resultan igualmente satisfactorias, sobre todo la de la abuela del Oeste o la del delincuente disfrazado de conejo que finalmente encuentra su propio camino de redención.

Su esbozo de detective en el Japón de la era Taisho es convincente, en un estilo más serio, y no defraudan los episodios dedicados a ese aspirante a actor al que todo parece salirle mal. El autor se siente a gusto dibujando persecuciones y nos ofrece varias realmente trepidantes. Como la de los atracadores que se suben a un coche y convencen a su ocupante para que les haga de chofer. O el tronchante episodio de los enfermos de un hospital que intentan escaparse para comprar comida en la calle y son detenidos por un furibundo grupo de enfermeras.

En fin, es este un Urasawa menor, muy poco solemne, ligero, divertido y arrollador, también ingenuo y emocionante si se lo propone. Son los comienzos de un gran autor y no desmerecen en absoluto de sus trabajos posteriores, en una clave más humilde.
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viernes, 13 de mayo de 2011

Four color fear.

MIEDO EN CUATRICOMÍA
Four color fear
Editado por Greg Sadowski
Diábolo Ediciones. Madrid, 2011.
320 páginas. 34,95 euros

A inicios de los 50 reinaban el horror y los tebeos subidos de tono, justo antes de que el Comics Code acabara con ellos. Ahora este delicioso volumen nos permite recordar aquellos salvajes tiempos.

En resumen el Comics Code fue la respuesta que la industria dio a mediados de los cincuenta a la creciente preocupación en torno a los comics. Se suponía que sus contenidos poco edificantes estaban detrás de la delincuencia juvenil y la drogadicción, entre otras lacras sociales. Así que los editores decidieron autocensurarse. En los setenta se deshicieron de esas normas y ya está. Pero mientras, ciertos temas habían sido expulsados de las viñetas. Géneros como el horror se desvanecieron como si nunca hubieran existido. Muy al contrario, habían gozado de muy buena salud y eran tremendamente populares, como este recopilatorio demuestra.

No hablamos precisamente de obras respetables. Son el producto de una nueva generación que se incorporaba a los tebeos, recién licenciados de la Segunda Guerra Mundial y con tremendas ganas de llamar la atención y divertirse. Los resultados eran tan irregulares como sorprendentes. El material es crudo, directo y muy populachero, sin lugar para las sutilezas. Han sido extraídos de la enorme marea de publicaciones de inicios de los cincuenta, un momento en que aparentemente cualquiera podía ser editor. No había apenas selección ni dinero para sueldos. Se llenaban páginas con entusiasmo y poco criterio y fueron el perfecto campo de entrenamiento para aquellos capaces de soportar semejantes condiciones laborales. Al final no fueron tantos.

En el terreno de la escritura son relatos cortos donde cuenta más la sorpresa, el golpe brutal, el final sorprendente, que la sutileza o el equilibrado desarrollo dramático. En general cargan con textos excesivos y su lectura no es especialmente agradable. Planteamientos muy básicos que provocan más risas que miedo. Atendiendo a cómo discurren algunas historias resulta difícil creer que alguien se las haya tomado en serio alguna vez. El repertorio de temas es el habitual: pactos con el diablo, maldiciones, asesinatos, vampiros, etc.

Por supuesto la gran baza es el dibujo. Aquí sí encontramos tipos capaces de generar ambientes y un montón de sorpresas agradables. O de confirmaciones respecto al valor de autores cuya obra inicial ya permite adivinar la calidad que luego alcanzarán. Es el caso de todos los que pronto colaborarán con la E.C. abandonando esas otras editoriales más populares. Pienso en Wood, perfectamente representado con una sugestiva historia. O Crandall, con un relato donde hasta el guión llega a parecer bueno. O de Evans, con dos episodios excelentes, o de Williamson o Kubert, que pronto iniciaría una brillante carrera en la D.C.

En otro apartado señalar a los tipos raros, esos que se hacen notar hagan lo que hagan. Aquí destaca por supuesto el gran Wolverton, bizarro entre los bizarros, con uno de los dibujos más peculiares y diferentes que se hayan visto jamás. Pero hay bastantes dibujantes con una marcada personalidad, como Manny Stallman, Nostrand o Powell. También llama la atención el estilo de algunos relatos que nos recuerda al de otros autores. Como el de Sid Check, muy a lo Wood, o Nostrand, que se parece mucho a Jack Davis.

En fin, hay muchas páginas y abundante material para disfrutar. Como broche de oro el volumen se completa con unas interesantísimas notas que nos permiten contextualizar el material. No se puede pedir más.

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viernes, 6 de mayo de 2011

La Odisea de la Metamorfosis. Starlin

EL FIN DEL PRINCIPIO

La Odisea de la Metamorfosis
Jim Starlin
Planeta DeAgostini.
Barcelona, 2011.

Allá por los ochenta empezó a publicarse esta extraña saga de Jim Starlin, un tipo al que le gusta jugar con la idea del Apocalipsis y el final de toda realidad conocida.

Ya apreciábamos a Starlin tras su paso por El Capitán Marvel, donde había firmado la espectacular saga protagonizada por Thanos y el cubo cósmico, un instrumento que permitía al villano adquirir los poderes de un dios. Esas elucubraciones con lo sagrado y la búsqueda metafísica se acentuaban en Warlock, otro desquiciado encargo, con muchos toques lisérgicos y de trayecto más irregular. Finalmente el autor nos convencía plenamente con la emocional Muerte del Capitán Marvel, una novela gráfica donde dejaba entrever sus sentimientos tras la muerte de su padre y que marcaba su madurez creativa.

A partir de ahí casi todo lo que ha hecho ha tenido interés, aunque él siempre ha sabido mantenerse en el filo que separa el puro entretenimiento comercial de las especulaciones filosóficas más personales e intransferibles. En ocasiones ha brindado su talento como escritor a otros dibujantes y en otras se ha comportado como el creador completo que es. Con este último registro nos ofreció a principios de los ochenta la serie Dreadstar, una arrolladora reflexión sobre la religión y el poder envuelta con los ropajes de una space-opera. Un trabajo intenso y más que recomendable, que también ha sido recientemente reeditado.

Por esa época aparecía la revista Epic, un intento de acercar los niveles de publicación americanos a los estándares europeos, con buen color, acabados pictóricos y temas más adultos. Allí se incluyeron un montón de experimentos curiosos, entre los que se cuenta La Odisea de la Metamorfosis de Starlin. En ella figuraba un tipo que se parecía a Dreadstar, pero cuya articulación con la saga posterior nunca quedo clara, ya que Epic dejó de publicarse en España tras sólo tres números. Así que nos quedamos preguntándonos cual era la relación entre los personajes de una y otra serie.

Ahora nos llegan todas las respuestas. La Odisea se sitúa en un tiempo anterior y sus protagonistas son responsables del fin de su realidad, algo por otro lado habitual en los tebeos de Starlin. Sólo Dreadstar y otro personaje sobreviven y después se van presentando quienes serán los héroes en la saga de Dreadstar: su amigo cabeza de gato, la chica con poderes telepáticos o, sobre todo, el mago guerrero. Aquí encontramos sus orígenes, ya que los editores han unido todos los episodios que componían La Odisea con los relatos sueltos que hacían de bisagra con Dreadstar. También se puede comprobar la influencia de Star Wars, que se había estrenado unos pocos años antes, en escenarios y personajes.

Esta recuperación nos permite volver a disfrutar del Starlin más pictórico ya que en Epic se les invitaba a experimentar con las técnicas, así que toda La Odisea es un despliegue de diferentes modalidades de color, no todas fáciles de reproducir. El autor consigue aportar unidad a pesar de esas peculiares variaciones en el acabado gracias a su reconocida habilidad con los guiones. Da igual de qué esté hablando, siempre resulta interesante y socarrón. Y sabe qué teclas tocar para conmovernos, como ocurre con ese personaje de la monja que apenas tiene diálogos pero al que sin embargo carga de humanidad con muy pocas líneas. Starlin siempre ha sido tan genial como irregular y este tomo nos lo devuelve en uno de sus mejores momentos. No se lo pueden perder.

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