viernes, 20 de mayo de 2011

Historias cortas. N.Urasawa

TERNURA Y HUMOR

Historias cortas
Naoki Urasawa
Planeta DeAgostini. Barcelona, 2011.
572 páginas, 22 euros

Hace años Naoki Urasawa nos deslumbró con la sobrecogedora Monster. Ahora llega un recopilatorio con sus primeras incursiones en el comic.

Lo cierto es que llevaba meses a dieta de productos japoneses, con la saludable excepción de Taniguchi. Sin duda me estoy perdiendo algo bueno, pero no llego a descubrir qué. Urasawa al menos ofrece cierta garantía de calidad. Digo cierta porque tras la agradable Pineapple Army, donde le descubrimos, y la irreprochable Monster, volvió a impresionarnos con Twenty Century Boys, pero el excesivo estiramiento de la serie acabó resultando cansino. Así que cuando inició Pluto, su nueva saga, ya me pilló un poco harto. Leí el primer episodio, que era correcto, y lo dejé. No quería volver a enfrentarme a otra historia innecesariamente alargada y verla acabar como el rosario de la aurora. Hay gente que me dice que no está mal, pero no consigo sobreponerme a la pereza heredada de sus Boys.

Este volumen de viejos relatos parecía en cambio muy apetecible. Un Urasawa despojado de la longitud sin medida, su principal problema, no podía ser malo. Y efectivamente no lo es. Encontramos representadas todas sus virtudes, empezando por una habilidad narrativa poco habitual. El dibujo es irregular, como por otro lado era de esperar en lo que son trabajos de formación. Pero la calidad media es muy alta. En ocasiones resulta un poco frustrante ver como algunas historias arrancan y apenas tienen desarrollo, se quedan en esbozos de lo que podrían haber sido. Pero como Urasawa tiende a pasarse de frenada, estos pequeños y delicados abortos son preferibles a sus criaturas engordadas e hinchadas sin control.

Todos los episodios que dedica a ese policía cantante son muy divertidos y en ellos descubrimos ese humor connatural al autor, menos evidente en sus obras más dramáticas pero que aquí fluye con naturalidad, permitiéndole poner en escena esos chistes tan japoneses sobre chicas, braguitas y demás. Casi nos sentimos en una película de Landa de los setenta. NASA, el relato de los aspirantes a astronautas, también se queda en esbozo de lo que podía haber sido, pero está lleno de ternura y emoción. Algunas de sus historias más cortas resultan igualmente satisfactorias, sobre todo la de la abuela del Oeste o la del delincuente disfrazado de conejo que finalmente encuentra su propio camino de redención.

Su esbozo de detective en el Japón de la era Taisho es convincente, en un estilo más serio, y no defraudan los episodios dedicados a ese aspirante a actor al que todo parece salirle mal. El autor se siente a gusto dibujando persecuciones y nos ofrece varias realmente trepidantes. Como la de los atracadores que se suben a un coche y convencen a su ocupante para que les haga de chofer. O el tronchante episodio de los enfermos de un hospital que intentan escaparse para comprar comida en la calle y son detenidos por un furibundo grupo de enfermeras.

En fin, es este un Urasawa menor, muy poco solemne, ligero, divertido y arrollador, también ingenuo y emocionante si se lo propone. Son los comienzos de un gran autor y no desmerecen en absoluto de sus trabajos posteriores, en una clave más humilde.

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